FILOSOFÍA .- Prof. Laura Cousillas.
PROBLEMA FILOSÓFICO
-El planteamiento de los problemas es una de las tareas filosóficas primordiales.
LA PROBLEMATIZACIÓN de todo lo que se le presenta, de la realidad tanto como de
las proposiciones sobre ella, es misión de la filosofía.
-Por lo general un problema es una cuestión que se trata de aclarar o resolver aclarando. Puede
compararse a un nudo en el que se articulan aspectos contrapuestos de una cuestión. Lo que se
trata de hacer con él es “resolverlo” o “disolverlo”, o clarificar la dimensión de su carácter
problemático.
Podemos caracterizar el problema como una cuestión que exige investigación y que puede
adoptar la forma de una pregunta. Los problemas pueden surgir en todas las áreas del
conocimiento y en cada una se los aborda de manera diferente, específica. También pueden
surgir de la experiencia existencial del sujeto.
Sin embargo hay un denominador común a todos los problemas: su carácter de tensión, de
ignorancia inconsciente. Pero además esa tensión debe manifestarse como desafío, que implica
para el sujeto algo que impele a un esfuerzo de resolución.
-Pero, en fil., no se trata de “coleccionar problemas” sino de trazar el marco dentro del cual los
problemas adquieren sentido y ofrecen perspectivas de investigación.
La fil. no trata simplemente cualquier problema sino, por lo menos, reflexiona también sobre el
carácter del planteamiento del problema. La actividad de los mayores pensadores en el campo
de la filosofía ha consistido sobre todo en cambiar el planteo de los problemas (variando de
perspectiva, modificando el marco del análisis, descubriendo posibilidades ocultas que no se
habían visualizado).
Al ubicarse frente a un problema se entra en la lógica del conocimiento como proceso y no
como producto acabado. El problema quiebra la lógica de la certeza y nos sumerge en la
incertidumbre propia de la sensibilidad filosófica.
Nota: El carácter de proceso de conocimiento puede describirse mediante la dialéctica del
saber y el no saber. En cuanto se presenta la pregunta acerca de algo no-sabido, se quiebra el
carácter concluido de un determinado saber y se abre el proceso del buscar o de la investigación.
Pero sólo se llega a esta apertura si tanto el saber como el no-saber se resumen en la unidad de
“saberse a sí mismo”, de modo que se tiene conciencia del saber por contraposición al no saber
y del no-saber por contraposición al saber.
Subjetividad e historicidad de los problemas:
Los problemas no se presentan en abstracto. Para analizarlos hay que tener en cuenta la
situación real en que este problema se constituye.
Esta situación incluye:
⮚ Un sujeto, que es quien piensa y para quien existe el problema
⮚ Las circunstancias en que se enuncia el problema
⮚ La cuestión a que se refiere el problema
La palabra problema viene del griego y etimológicamente significa “lanzar o arrojar hacia
adelante”. En este sentido un problema es algo que está frente a mí, algo con lo que me
encuentro y me enfrenta. En otras palabras, un problema es un obstáculo (para que sea vivido
así no es suficiente que esté presente ante mí). Es indispensable que yo me proponga, que sienta
la necesidad de sortearlo, de pasar al otro lado, de salir de esa situación.
No toda interrogante es vivida como problema por el hombre. El hombre contemporáneo
percibe con claridad que desconoce muchas cosas pero puede habituarse a vivir con su
ignorancia sin intranquilizarse por ello.
El problema se caracteriza por su dimensión de problematicidad para alguien. La situación
adquiere entonces dramatismo.
En cuanto a su contenido tanto el problema como su solución se caracterizan por su
historicidad. La solución siempre tiene una zona de validez limitada, fuera de la cual será
sustituida por otra. Pero los problemas mismos son históricos y esto en 2 sentidos: un mismo
problema es una realidad variada a lo largo de la historia. Pero además, permanentemente
aparecen problemas nuevos y otros dejan de serlo.
En resumen, para que sea filosófico:
❖ Debe ser un problema significativo para los seres humanos como tales (no puede ser
privado ni trivial).
❖ Puede coincidir total o parcialmente con interrogantes que se plantean en el ámbito
religioso, artístico, político o científico; en este último caso no tiene que coincidir con
los interrogantes específicos de cada una de las ciencias.
❖ Puede tener que ver con situaciones límite –aquellas que no podemos cambiar y nos
enfrentan con fronteras que no podemos traspasar-, con elecciones de vida, con lo que
sabemos e ignoramos, con las relaciones entre individuo y sociedad, etc.
“Hacer filosofía” implica la actividad de preguntar…
Para trabajar con problemas es importante aprender a formular preguntas, a procesar nuestros
propios problemas cotidianos, a avanzar en la conceptualización (un problema bien planteado
implica parte de la solución). Pero es difícil aprender a formular preguntas y problemas que
sean fecundos conceptualmente, sobre todo cuando se está habituado a aprender únicamente
soluciones.
● Plantear preguntas exige información.
Plantear preguntas rigurosas e interesantes exige un elevado conocimiento del ámbito sobre
el que se está preguntando. De otro modo se caería en una trivialización y se plantearían
cuestiones que no tienen sentido y menos aún solución coherente.
En el campo filosófico la exigencia de información va estrechamente unida a la formación a
través de la lectura crítica de textos filosóficos originales.
● Es muy importante relacionar la capacidad de preguntar con el conocimiento previo que
se posee. Cuanto más se conoce y más formación técnica se posee, pueden plantearse
preguntas mejor construidas y verdaderamente creativas.
● Tratar con problemas supone adoptar una perspectiva interdisciplinaria.
Esto no sólo porque un problema puede resolverse desde ángulos diversos, sino porque los
más fecundos problemas filosóficos se han planteado desde terrenos diferentes a los de la
filosofía académica (revela la complejidad del saber humano y contrarresta la imagen
compartimentada de la realidad).
Perfeccionar la capacidad de formular buenas preguntas exige estas instancias:
⮚ Clarificación de la noción de pregunta
-Distinguir entre lenguaje enunciativo y lenguaje problemático.
-Comprender la actitud interrogativa como un elemento central de cualquier trabajo
conceptual.
-Relacionar la capacidad de preguntar con el conocimiento previo que se posee.
⮚ Tipología de preguntas
De modo esquemático podrían distinguirse los siguientes tipos:
a) Preguntas acerca del mundo y la realidad. Requieren una respuesta que admite una
comprobación empírica. Ej.: ¿Existe vida en otro planeta?
b) Preguntas que exigen una aclaración de sus términos. Requieren un tratamiento
semántico para ser respondidas. Si no se realiza la precisión terminológica pueden ser muy
ineficaces.
Ej.: ¿Piensan los animales?
c) Preguntas que suponen ciertos presupuestos. Estos deben aclararse e identificarse
adecuadamente. Ej.: ¿El “buen gusto” puede ser educado?
d) Preguntas que pueden responderse mediante un proceso de deducción, utilizando
conocimientos que ya se poseen. Ej.: Si se acepta como máxima que “el hombre es el único
fin en sí mismo”, ¿Qué consecuencias éticas pueden derivarse?
e) Preguntas que exigen creatividad conceptual y reflexión crítica.
Ej.: ¿Qué parámetros tenemos pasa saber si algo es real?
⮚ Contextualización de las preguntas
Cada pregunta tiene que ver con determinada área del conocimiento, con determinada
información previa, con determinado momento histórico, que es importante explicitar.
FILOSOFÍA .- Prof. Laura Cousillas.-
ACTITUD FILOSÓFICA, DOGMÁTICA Y ESCÉPTICA (frente al conocimiento)
1) ACTITUD FILOSÓFICA:
No es fácil contestar la pregunta “¿qué es filosofía?”. Hay quien ha optado por una
contestación fácil y la ha definido como “eso que hacen los filósofos”, lo que pone de
manifiesto que es una actividad a la que se vienen dedicando determinadas personas.
Hacer filosofía supone una actitud, adoptar un especial punto de vista ante las cosas, ante el
mundo, ante la vida, ante uno mismo. Una actitud que se lleva a cabo por el ejercicio del pensar
en el sentido más autónomo del término. Una disposición que al parecer aflora en todo ser
humano una vez que no se siente agobiado por la satisfacción de sus necesidades más básicas.
Aristóteles, en su Metafísica, se plantea la filosofía como una actividad nacida de la
admiración:
Pues los hombres comienzan y comenzaron a filosofar movidos por la admiración; al
principio, admirados por los fenómenos sorprendentes más comunes; luego, avanzando poco a
poco y planteándose problemas mayores, como los cambios de la Luna y los relativos al Sol y
las estrellas, y la generación del Universo.
Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia. Por eso también el
que ama los mitos es en cierto modo filósofo, pues el mito se compone de elementos
maravillosos. De suerte que, si los hombres filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que
buscaban el saber en vista del conocimiento, y no por utilidad alguna. (…)
-Se trata de una búsqueda del saber por sí mismo (supone huir de la ignorancia y tomar como
guía el uso de la propia razón). Se evita caer en el sometimiento o el fanatismo.
-La actitud filosófica se expresa en el “atrévete a saber” kantiano (sapere aude), que invita a
utilizar la propia capacidad de pensamiento para salir de la “minoría de edad”, que en el orden
del pensamiento supone la ignorancia. Solamente el uso del propio entendimiento puede
conducir a la libertad, a la independencia del pensamiento.
⮚ La actitud filosófica implica un espíritu crítico que, de alguna forma, se encuentra
en toda persona, ejerza o no de filósofo. Debe ser una reflexión que lleve a repensar
el propio mundo en el que uno se mueve, en el que desarrolla su existencia.
⮚ Analiza los prejuicios, entendidos como la admisión espontánea de explicaciones o
convicciones, en un momento de cada sociedad que afectan a todos los campos de
la vida (el saber crítico se opone a ellos).
⮚ Esta tarea sólo es posible llevarla a cabo con un cierto distanciamiento de la
realidad. Por eso se dice que sólo es posible filosofar cuando fallan las apariencias,
cuando el mundo en el que estoy inserto ya no me satisface. Necesito buscar nuevas
respuestas, para ello nuevas preguntas que me conduzcan a esas respuestas.
⮚ La filosofía es un saber radical, ha ido más allá que otros intentos de explicar el
mundo, como el mito o la ciencia. El esfuerzo de reflexión para hallar respuestas
globales a los interrogantes que se formula el ser humano y la voluntad de ser
radical, de “acercarse a la raíz” de los problemas, ha marcado su carácter.
Es un saber de los fundamentos. Donde las ciencias se paran, donde ellas no preguntan
y dan mil cosas por supuestas, allí empieza a preguntar el filósofo. Las ciencias
conocen; él pregunta qué es conocer. El hombre ordinario habla de sentido y finalidad.
El filósofo estudia qué hay que entender por sentido y finalidad.
⮚ Acude a categorías abstractas, conceptos que pretenden expresar la estructura
de lo real, no representarla simbólicamente como hacía el mito. Es este captar la
estructura de lo real lo que expulsa de la filosofía lo misterioso, lo sobrenatural,
para imponer un pensamiento racional.
⮚ La fil. se distingue de la ciencia: la fil. como expresión de la racionalidad
pretendió desde un principio desvelar la realidad y, en este sentido, recibió el
nombre de ciencia o conocimiento verdadero. Sin embargo, su tarea se
circunscribió al empleo de conceptos abstractos que permitían una concepción
contemplativa de la naturaleza, concepción que no exigía una confirmación
experimental de sus conclusiones.
La insuficiencia de este conocimiento para intervenir en la naturaleza hizo que el
modelo contemplativo no fuese suficiente y que se emprendiese un camino que
permitiese la aplicación del conocimiento. Aparece así la ciencia como un saber
que permite servirse de las fuerzas naturales. No se trata ya tanto de conocer las
esencias de las cosas como las cualidades que pueden ser estudiadas y modificadas.
La ciencia conserva el contacto inmediato con las cosas, su conocimiento
directo, y así progresa. Deja de lado la especulación para emprender una
investigación sistemática, guiada por el método experimental (establece hipótesis
que guían la investigación, reconstruye la realidad o cómo cree que funciona en
condiciones artificiales de laboratorio, experimenta o contrasta las hipótesis con la
experiencia).
2) ACTITUD DOGMÁTICA:
Un dogmático es una persona cuya estructura mental es ésta:
-existe un conjunto de verdades fundamentales acerca de x, y o z;
-yo (dogmático) las conozco;
-esas verdades, por ser lo que son, no exigen justificación racional y sobre todo
no pueden ser sujetas a críticas racionales;
-todos tienen que aceptar esas verdades (el mundo será mejor así);
-quienes no las acepten estarán en el error y el error no merece ser tolerado.
● El dogmatismo no es cuestión de “contenidos” sino de estructura mental.
Todos los dogmáticos son iguales puesto que poseen la misma estructura
mental, el mismo estilo de pensamiento (esto explica las conversaciones
“extremistas” que suelen darse entre ellos).
● Dentro del modelo dogmático no hay posibilidad de resolver racionalmente
ningún conflicto pues lo único que cabe es la anatematización del contrario.
-La actitud filosófica es antidogmática, ya que el filósofo puede llegar a convencerse de que
existen verdades básicas, pero no puede considerar que está eximido de fundamentarlas
racionalmente, ni que pueden quedar al margen de la crítica racional.
El verdadero filósofo es para el dogmático un personaje molesto, poco confiable,
ideológicamente complicado. El dogmático parte del supuesto de que negarse a aceptar la crítica
racional y ser intolerante son síntomas de firmeza de ideas. En verdad sólo son síntomas de
cerrazón intelectual y de mal carácter.
Los síntomas verdaderos de la firmeza de nuestras ideas son la coherencia de nuestro obrar
efectivo respecto de lo que proclamamos pensar y la valentía que supone someterlas al “ácido
cáustico” de la crítica.
3) ACTITUD ESCÉPTICA:
La experiencia del cambio constante de las cosas y los diferentes aspectos que adoptan,
expresado por Heráclito (siglo VI a.c.) con la afirmación de que “a la naturaleza le place
ocultarse”, hizo pensar a los filósofos griegos que tras de esas apariencias cambiantes se
escondía algo que, sin ser captado por los sentidos, constituía su componente último.
La búsqueda de ese algo oculto (elemento primero o arjé) llevó a estos primeros
filósofos a proponer la existencia de principios o elementos constitutivos de las cosas. Aunque
no se llegó a ningún acuerdo a la hora de determinar cuáles eran en concreto estos elementos,
esta experiencia al menos deja claro que, ya desde el principio, la diferencia entre lo observado
y lo que son las cosas mostraba que el hombre se veía limitado en su capacidad de conocer.
Gorgias: una de las primeras actitudes escépticas de la que tenemos constancia es la del sofista*
Gorgias (S. VI a.c.). Su desconfianza radical sobre la posibilidad de alcanzar un conocimiento
verdadero se expresa en las 3 afirmaciones siguientes: “nada existe; si algo existiera no lo
podríamos conocer, y, finalmente, aunque algo existiera y lo pudiéramos conocer, no lo
podríamos comunicar”.
-El mérito de este pensador es el haber planteado de forma tan radical y tan tempranamente, una
doctrina, el escepticismo, cuyo núcleo es la negación de todo conocimiento firme u opinión
segura.
-La base de este planteamiento es la afirmación de que a toda proposición es posible
contraponerle otra, de tal forma que todas las opiniones tienen el mismo valor. No hay, por lo
tanto, razones mayores para aceptar una opinión a otra, y la única postura honrada es la
“epojé”, suspender el juicio, a fin de llegar a la tranquilidad del alma perdida por el afán de
conocer.
Pirrón de Elis: La doctrina mantenida por Gorgias tuvo su continuidad en Pirrón de Elis (siglo
IV a.c.). Sin embargo, para éste, la suspensión del juicio, fruto de la imposibilidad del
conocimiento, no debe llevar al individuo a dejar de actuar. El hombre debe ajustar su conducta
a una moderación de las pasiones y dejarse guiar por la experiencia y por las costumbres.
En suma, el escepticismo se define como la doctrina según la cual el espíritu humano no puede
alcanzar con certeza ninguna verdad. El espíritu se niega a afirmar o negar cualquier cosa que
sea.
Se sabe que las “Meditaciones” de Descartes comienzan por el ejercicio de una duda absoluta:
rechaza el testimonio de los sentidos (en sueños cree ver, oír, moverse, y esto no es más que una
ilusión). También rechaza las verdades matemáticas (porque puede suceder que un “espíritu
maligno” todopoderoso se entretenga en hacerme equivocar en mis pensamientos).
Pero, esta duda cartesiana (duda metódica) se opone radicalmente a la duda escéptica (duda
radical). En primer lugar, que la duda cartesiana es “provisoria” (Duda para llegar a una
primera certeza. Su duda termina cuando se apercibe que puede dudar de todo a no ser del
hecho mismo que él piensa y que él duda; y esta evidencia inevitable: pienso, luego soy, es una
verdad de donde van a brotar muchas otras). Es pues, una duda voluntaria, “fingida”, cuya
función es acostumbrar “al espíritu a prescindir de los sentidos” aún de todo objeto de
pensamiento para revelar en su pureza el acto mismo de pensar. El genio maligno no es más que
un “títere metodológico”, una técnica puesta al servicio de la búsqueda de la verdad.
*Sofistas: maestros griegos ambulantes que relativizaban la verdad y el conocimiento,
apoyándose en la retórica o arte del buen hablar. Asombraban por su habilidad para cambiar la
forma de ver las cosas (validaban distintos puntos de vista a veces contradictorios entre sí)
mediante el uso de la argumentación.
LOS ARGUMENTOS DE LOS ESCÉPTICOS GRIEGOS:
El escepticismo absoluto de Pirrón y sus discípulos no es un punto de partida, sino una
conclusión (de un fracaso) en el término de la aventura del saber.
Enesidemo había agrupado los argumentos escépticos bajo diez títulos o “tropos” que
Sexto Empírico redujo a cinco.
a) La contradicción de opiniones: los sofistas griegos sorprendidos por la contradicción de los
filósofos griegos (por ejemplo, Heráclito decía: lo real no es más que un cambio, mientras que
Parménides negaba el cambio) llegaban a la conclusión pesimista de que la verdad (que debía
ser una y universal) es inaccesible.
Los escépticos eran con frecuencia grandes viajeros que, a fuerza de relacionarse con gentes
muy diversas en su manera de pensar, profesando opiniones diferentes, adoptando distintos
valores, llegaban a no creer en nada.
b) La regresión al infinito: una verdad no puede ser aceptada sin prueba como tal, porque no
existe un signo de lo verdadero (comparable a la marca impresa sobre el cuerpo de los esclavos
que permite reconocerlos cuando huyen). Pero, si propongo una prueba para demostrar una
afirmación, el escéptico me dirá: “Prueba tu prueba”. Así, la prueba que se trae para probar una
afirmación, tiene necesidad de otra prueba, y ésta de otra, y así hasta el infinito.
Para conocer una pequeña cosa me veo obligado a remontarme al infinito, es decir, poner este
dato en relación con una infinidad de hechos. Porque, cada cosa es relativa a todas las otras y
para conocer el menor objeto es necesario conocer su relación con todo el Universo. Nosotros
no conocemos el todo de nada, lo que equivale no conocer nada del todo.
c) La necesidad de aceptar los postulados inverificables: No pudiendo remontarse hasta el
infinito de prueba en prueba, el espíritu acepta siempre sin demostración un punto de partida
que es una simple suposición de la que la verdad no es garantía.
d) El círculo vicioso: no se puede razonar sin caer en los “círculos viciosos”. Así, yo demuestro
que A es verdadero, suponiendo que B es verdadero y demuestro que B es verdadero
suponiendo que A es verdadero. Cometo un círculo vicioso demostrando unas por otras las
proposiciones de las cuales ninguna está fundamentada “a priori”. El círculo vicioso por
excelencia es éste: para probar el valor de mi razón, es preciso que yo razone; he aquí que me
sirvo de esta razón cuyo valor está en duda.
e) Toda opinión es relativa: “El hombre –decía Protágoras- es la medida de todas las cosas”,
fórmula célebre que Anatole France comentaba así: “El hombre no conocerá del Universo más
que en cuanto sea capaz de humanizarse para entrar en él; no llegará a conocer más que la
humanidad de las cosas”. Toda afirmación sobre el Universo es relativa a aquello que se
afirma.
La afirmación sobre un mismo objeto difiere no sólo de un individuo a otro, sino también en el
mismo individuo considerado en distintos momentos (el mundo no me parecerá igual cuando
estoy alegre que cuando estoy triste), y aún según las perspectivas de observación. Para los
escépticos no hay verdades objetivas, sino sólo opiniones subjetivas todas diferentes.
Hay que señalar que el escepticismo se contradice a sí mismo al enunciarse; porque se presta
para una verdadera teoría del conocimiento. Poner como verdad que la verdad es inaccesible, es
al menos reconocer una verdad y, por tanto, desmentir su propia tesis.
FILOSOFÍA.- Prof. Laura Cousillas.-
LA NECESIDAD DE PENSAR FILOSÓFICAMENTE… (Walter Lépore)
Soy profesor de filosofía y llevo una carga sobre mi persona, tener que justificar la importancia
de la filosofía ante la gente, como le ocurrirá a los colegas. Digo justificar porque hay opiniones
como por ejemplo que es tema de locos, o que es para un grupo reducido de personas
especialmente inteligentes, pero no es así.
Voy a empezar por contarles de mi encuentro con un sobrino en una fiesta familiar.
Es un hombre joven, músico, inteligente y buena persona.
Bueno, mejor que contarles… escuchen lo conversado, casualmente tengo una grabación.
Sobrino – Sabés lo que pasa tío, ustedes los profesores de Filosofía confunden a la gente.
Tío en off – Y se rió porque como me agarró mal parado y los ojos se me abrían de sorpresa.
Pero me sobrepuse.
Tío - ¡¿Así que confundimos?! ¿No será que hacemos ver cosas que no se veían a primera
vista… con el sentido común?
Sobrino – Siii Y eso complica las cosas, precisamente lo que te quería decir… gracias por
ayudarme. Confunden porque complican las cosas.
Tío – Según ese criterio el médico también complica las cosas, cuando descubre alguna
dolencia que está ahí, pero que la persona no ha descubierto todavía…
Te imaginas al paciente diciéndole al médico: “Doctor, usted me está confundiendo… pasé con
este lunar 10 años de mi vida y ahora me viene a complicar diciéndome que hay que sacarlo
porque es peligroso”.
Sobrino – Pará tío… ¡¿Qué me querés decir?!
Tío – Que la realidad es compleja y que yo no confundo a nadie cuando descubro interrogantes
donde el sentido común no las vio.
Tío en off – Acá fue él quien tuvo que sobreponerse porque le estaba mostrando ahí mismo una
de las principales funciones de la filosofía: cuestionar, descubrir verdades más hondas.
(entonces apeló a la ironía casi riendo)
Sobrino – ¿Me podrías dar un ejemplo más filosófico que el del lunar?
Tío – Sí, cómo no. Si hay un tema que importa a la gente en general es el de Dios. ¿Estamos de
acuerdo?
Sobrino – Sí, es un tema que importa creamos que existe o no.
Tío – Justamente… quién alguna vez no ha hecho la pregunta de si dios existe o no…
Y la respuesta ha sido “existe, no existe o no sé”.
Sobrino – Sí es verdad… está bien… a ver cómo vas a complicar las cosas ahora… a ver,
filósofo…
Tío – Yo no complico, querido. La realidad es más compleja de lo que creemos. Porque no hay
una sola idea de Dios, hay varias. Así que habría que aclarar al responder, si habla de Dios
como creador del Universo y de todas las cosas o por ejemplo de Dios como el conjunto de
valores que más estimamos… justicia, bien, belleza y tantos otros.
Sobrino – No sabía tío, así que hay varias ideas de lo que es Dios.
Tío – Por supuesto, esas dos y otras… Ahora ¿estás confundido o te aclaré la realidad
haciéndote ver lo que hasta ahora no veías?
Tío en off – Entonces le dí un beso y le dije con bondad sin ironía:
Tío – Pasá por casa si te interesa que tengo algunos libros sobre filosofía que hablan de Dios.
Contesta en base a la charla entre tío y sobrino las siguientes preguntas:
1) ¿De qué crees que trata la función de la filosofía?
2) ¿Consideras que la filosofía tiene más que ver con un contenido que se enseña o con
cómo se enseña dicho contenido, es decir, una especial actitud hacia el conocimiento?
3) ¿Por qué te parece que la filosofía combate al sentido común?, ¿en qué forma puede
éste resultar peligroso?