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Clasificación de Contratos en el CCyC

El documento analiza las clasificaciones de contratos según el Código Civil y Comercial, destacando la supresión de la categoría de contratos reales y la inclusión de nuevas clasificaciones como los contratos de ejecución inmediata y diferida. Se explican las diferencias entre contratos unilaterales y bilaterales, así como los contratos plurilaterales y sus efectos. Además, se abordan las distinciones entre contratos onerosos y gratuitos, conmutativos y aleatorios, y la importancia de la forma en los contratos.

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Clasificación de Contratos en el CCyC

El documento analiza las clasificaciones de contratos según el Código Civil y Comercial, destacando la supresión de la categoría de contratos reales y la inclusión de nuevas clasificaciones como los contratos de ejecución inmediata y diferida. Se explican las diferencias entre contratos unilaterales y bilaterales, así como los contratos plurilaterales y sus efectos. Además, se abordan las distinciones entre contratos onerosos y gratuitos, conmutativos y aleatorios, y la importancia de la forma en los contratos.

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5.

Sobre los diversos criterios para clasificar los contratos

a) Clasificaciones explícitas adoptadas por el Código


El CCyC conserva algunas de las clasificaciones clásicas de los
contratos que provienen de los códigos del siglo XIX: unilaterales y
bilaterales, a título oneroso y gratuito, nominados e innominados. Y
agrega a los que estaban previstos en el Código civil, a las categorías
de conmutativos y aleatorios y formales y no formales.

b) Supresión de la categoría de los contratos reales


Merece destacarse que desaparece la clasificación de contratos
consensuales y reales, pues todos los contratos pasan a ser
consensuales.
Cabe aclarar a esta altura del discurso que contratos reales eran
aquellos que se perfeccionaban con la entrega de la cosa, como el
mutuo, el comodato, el depósito, el contrato oneroso de renta vitalicia.
Consensual es el contrato que se perfecciona con el mero acuerdo de
voluntades (la compraventa, la locación de cosas, el contrato de obra).
La supresión de la categoría de los contratos reales fue propiciada
por la doctrina; Bueres afirmaba que la entrega de la cosa no tiene
significado científico ni pragmático, por lo que proponía la supresión del
requisito de la datio rei, a la que calificaba de verdadera quinta rueda
del derecho. De tal forma, los que eran contratos reales bajo el sistema
del Código de 1869, funcionan ahora como contratos consensuales.

c) Clasificaciones implícitas en el Código


Alterini es quien apunta que de la lectura del Código Civil emanaba
la existencia de otras clasificaciones posibles de los contratos; tales son
los de ejecución inmediata y de ejecución diferida, de ejecución única y
de duración. Ello se mantiene en el Código vigente, en el que
encontramos también otras posibles clasificaciones: discrecionales y
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por adhesión a cláusulas generales predispuestas, pudiendo también
concebirse como una especie los contratos de consumo; amén de que
hay alguna regla para los de larga duración (art. 1011).
Estas clasificaciones serán tratadas más adelante en este mismo
capítulo.

6. Contratos unilaterales y bilaterales

a) Noción
En los contratos unilaterales una sola de las partes se obliga hacia la
otra; en los bilaterales ambas partes quedan recíprocamente obligadas.

b) Distinción con la clasificación de los actos jurídicos


Puede llevar a confusión esta clasificación con la de los actos
jurídicos, que también pueden ser unilaterales o bilaterales.
Pero la distinción es evidente, si se atiende al criterio clasificatorio.
Los actos jurídicos son unilaterales o bilaterales (o plurilaterales)
según sean obrados por una sola voluntad o por más de una. El
testamento es el típico acto jurídico unilateral; el matrimonio y el
contrato son siempre actos jurídicos bilaterales.
El contrato —siempre acto jurídico bi o plurilateral— es a su vez
unilateral o plurilateral según las obligaciones que nacen de él. Como
decíamos antes, es unilateral si una sola de las partes resulta obligada
y es bilateral si las dos partes lo son.

c) Tipos de contratos unilaterales o bilaterales

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Son unilaterales la donación, la fianza, el mandato gratuito, el mutuo
gratuito, la renta vitalicia.

d) Efectos de la distinción
El hecho de que el contrato sea bilateral produce importantes efectos.
Entre ellos:
— La cláusula resolutoria por incumplimiento (pacto
comisorio) es implícita en los contratos bilaterales (art.
1087);
— El pacto comisorio expreso se rige por las reglas del art.
1081;
— La suspensión del propio cumplimiento solo funciona en
los contratos bilaterales (arts. 1031/1032);
— El vicio de lesión sólo puede existir en los contratos
bilaterales (art. 332). En cuanto a la revisión o rescisión
por excesiva onerosidad sobreviniente, el Código
derogado la limitaba a los contratos onerosos y por ello
bilaterales; pero el art. 1091 del CCyC no impone que el
contrato sea oneroso con lo cual —sostienen
algunos autores— podría operar en contratos
unilaterales como la donación o el mandato gratuito;
— La caducidad del plazo (art. 353) rige en los contratos
bilaterales;
— Ciertos contratos unilaterales como el mandato y la
donación son susceptibles de revocación (arts. 1329 y
1569).

7. Contratos plurilaterales

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a) Regla general: aplicación de las reglas de los contratos bilaterales a
los plurilaterales
El art. 966 dice —en su último párrafo— que "las normas de los
contratos bilaterales se aplican supletoriamente a los contratos
plurilaterales". Ello exige una serie de precisiones.

b) Noción
Por regla general el contrato plurilateral se identifica con el de
sociedad, pues múltiples partes coinciden en una declaración de
voluntad común, consistente en la creación de una persona jurídica
distinta de cada una de ellas con la finalidad de obtener un lucro partible.
Está regulado en la Ley General de Sociedades.
También se han desarrollado los denominados contratos asociativos,
que tienen como finalidad facilitar el desarrollo de una actividad o
negocio en conjunto; originalmente regulados por la práctica
contractual, fueron incorporados a la Ley de Sociedades y ahora están
normados en el CCyC (arts. 1442 y ss.).
Lorenzetti identifica también como contratos plurilaterales el de
juego, la transacción cuando implica a más de dos partes con intereses
distintos, los contratos asociativos atípicos y otros.

c) Efectos
Se apunta que en estos contratos todos adquieren derechos y
obligaciones respecto de cada uno de los otros; las prestaciones
pueden ser de distinto valor y por ende los derechos y obligaciones que
se adquieren están en proporción a ese valor de participación. Y
la invalidez del vínculo de uno no afecta la validez del contrato.
Lo cierto es que la previsión del art. 966 debe ser tomada con
cuidado, pues el contrato plurilateral implica la existencia de varias
partes, pero no —necesariamente— de obligaciones recíprocas y ni
siquiera de intereses contrapuestos. Por el contrario, tanto en la
sociedad como en los contratos asociativos las partes tienen intereses
coincidentes.

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De allí que alguna doctrina haya cuestionado la calificación de la
sociedad como contrato y la haya catalogado como mero acto colectivo.
Pero superada esta posible calificación, no puede dejar de señalarse
que el de sociedad y los contratos asociativos son contratos en los
cuales las partes no están una frente a la otra sino una al lado de la
otra.
Por ello también es que Lorenzetti apunta que en estos contratos no
rige el pacto comisorio ni la excepción de incumplimiento; aunque ello
es solo relativamente cierto, pues en las sociedades reguladas por la
Ley General de Sociedades, el incumplimiento de las obligaciones de
aporte del socio pueden dar lugar a la suspensión de sus derechos y a
la extinción del vínculo (arts. 37 y 192).

8. Contratos bilaterales imperfectos


Algunos contratos unilaterales pueden ser causa de obligaciones de
la parte que inicialmente no está obligada. Verbigracia, el comodante
puede quedar obligado a resarcir ciertos gastos extraordinarios en que
haya incurrido el comodatario para la conservación de la cosa (art.
1540, inc. d]).
Ello lleva a cierta parte de la doctrina a calificar estas hipótesis como
contratos bilaterales imperfectos (aunque otros los llaman unilaterales
imperfectos).
Sin embargo la generalidad de nuestros autores rechaza esta
calificación, pues no existe la reciprocidad —o correspectividad— de
las obligaciones (López de Zavalía).

9. Contratos con prestaciones recíprocas


Con la inclusión del art. 216 Cód. Comercial, luego reproducido por
la reforma de la ley 17.711 al Código de 1869 (art. 1204), apareció
mencionada la categoría de los contratos con prestaciones recíprocas,
la que después fue replicada en el art. 20 de la Ley de Concursos.
Alguna doctrina y parte de la jurisprudencia intentó caracterizar los
contratos con prestaciones recíprocas diferenciándolos de los contratos
bilaterales.

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Sin embargo prevalece el criterio que identifica los contratos con
prestaciones recíprocas con los bilaterales. Ello sin perjuicio de las
distinciones que se han hecho en el ámbito del derecho concursal, pero
que son debidas a que el mencionado art. 20 de la Ley de Concursos
alude a los contratos con prestaciones recíprocas pendientes, lo cual
agrega un condimento que exige ciertas precisiones.

10. Contratos onerosos y gratuitos. Noción

a) Definición legal
El art. 967, bajo el epígrafe "Contratos a título oneroso y a título
gratuito", dice: "Los contratos son a título oneroso cuando las ventajas
que procuran a una de las partes les son concedidas por una prestación
que ella ha hecho o se obliga a hacer a la otra. Son a título gratuito
cuando aseguran a uno o a otro de los contratantes alguna
ventaja, independiente de toda prestación a su cargo".

b) Examen de la definición
Contratos onerosos son aquellos en que las partes procuran ventajas
recíprocas. Por ventajas se entienden atribuciones (López de Zavalía,
Alterini) y la distinción reposa en que en los contratos onerosos esas
ventajas son concedidas a la otra parte porque quien las hace a su vez
recibe otra. En cambio en el contrato gratuito, una de las partes atribuye
una ventaja a la otra sin recibir ninguna.

c) Relación con la clasificación de contratos bilaterales y unilaterales

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Todo contrato bilateral es oneroso. Los unilaterales pueden ser
gratuitos u onerosos; así un mutuo puede ser oneroso o gratuito según
se paguen o no intereses por el capital prestado.

d) Efectos de la clasificación
El vicio de lesión funciona solo en los contratos onerosos. Lo mismo
sucede con la obligación de saneamiento (art. 1033) y los vicios
redhibitorios (art. 1051). En cuanto a la revisión o rescisión del contrato
por excesiva onerosidad sobreviniente, el art. 1198 del Código
derogado limitaba su aplicación a los contratos onerosos; pero el art.
1091 del CCyC no incluye este requisito por lo que según cierta doctrina
puede aplicarse también a contratos gratuitos (Leiva Fernández).
En materia de interpretación el art. 1068, relativo a las expresiones
oscuras, dice que si el contrato es a título gratuito se debe interpretar
en el sentido menos gravoso para el obligado; y si es a título oneroso,
ha de serlo en el sentido que produzca un ajuste equitativo de
los intereses de las partes.
Por lo demás la determinación de si un contrato es oneroso o gratuito
es relevante para individualizar las condiciones de ejercicio de la acción
revocatoria o pauliana (art. 339, inc. c]); o, en el ámbito de la quiebra,
para el ejercicio de las acciones de recomposición patrimonial. Del
mismo modo, el subadquirente de buena fe y a título oneroso de cosas
registrables está protegido frente a los efectos reipersecutorios de la
acción de nulidad (art. 392).

e) Los contratos neutros


Algunos autores propician la existencia de contratos "neutros", esto
es, que no son gratuitos ni onerosos. Entrarían en esta categoría la
fianza, el mandato, el depósito y el contrato oneroso de renta vitalicia
(Leiva Fernández, Lavalle Cobo).
En nuestro criterio tal categoría de contratos neutros no existe. Es
obvio que el contrato oneroso de renta vitalicia es oneroso; y la fianza,
el mandato y el depósito bien pueden ser onerosos (una fianza —como
cualquier otra garantía— se puede dar a cambio de un precio; el
mandato dado al abogado es oneroso y si dejo los muebles en una casa
101
que los guarda es un depósito oneroso) o pueden ser gratuitos (si tengo
un mandato dado por mi hijo para que lo represente en un juicio o dejo
los muebles en casa de un amigo o afianzo las obligaciones del contrato
de locación de mi tía).
Con lo cual la categoría de los contratos neutros no solo no existe
sino que no tendría ningún efecto práctico.

11. Contratos conmutativos y aleatorios. Criterio de distinción

a) Texto legal
El art. 968 reza así: "Contratos conmutativos y aleatorios. Los
contratos a título oneroso son conmutativos cuando las ventajas para
todos los contratantes son ciertas. Son aleatorios, cuando las ventajas
o las pérdidas, para uno de ellos o para todos, dependen de un
acontecimiento incierto".

b) Análisis
Estos son una subespecie de los contratos onerosos. En los
conmutativos las ventajas dadas y recibidas son ciertas. En los
aleatorios tales ventajas para una o para todas las partes dependen de
un acontecimiento incierto.
De lo expuesto se desprende que el contrato puede ser aleatorio para
una de las partes y conmutativo para la otra, como sucede en el seguro.
O puede ser aleatorio para ambas partes, como acontece en el juego y
la renta vitalicia

c) Importancia de la clasificación

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El vicio de lesión solo puede presentarse en los contratos
conmutativos. La imprevisión funciona en los contratos conmutativos; y
en los aleatorios sólo cuando la prestación se ha
tornado excesivamente onerosa por causas ajenas al álea propia del
contrato.

d) Los contratos aleatorios y gratuitos


Del texto legal se desprende claramente que para el legislador los
contratos aleatorios son una subcategoría de los onerosos.
Sin embargo ha advertido Leiva Fernández que ciertos contratos
aleatorios son gratuitos. Ejemplifica con los juegos que se llevan a cabo
en programas de televisión, compras a crédito en que las cuotas son
reducidas o suprimidas si el seleccionado de fútbol hace un gol o gana
un torneo, o la liberación total o parcial de pagar la compra del
supermercado que se atribuye a algún consumidor por alguna razón
arbitraria como ser el comprador número 1000.

e) Enumeración de contratos aleatorios


Además de la renta vitalicia, el juego y apuesta y el seguro que son
aleatorios por su propia naturaleza, Leiva Fernández enumera algunos
contratos aleatorios por voluntad de las partes: la compra de cosa futura
(art. 1131), la compra a todo riesgo, con renuncia a las garantías de
evicción y vicios redhibitorios (arts. 1036/1037), la cesión de herencia
hecha como dudosa o incierta (art. 2305), etcétera.

12. Contratos formales y no formales

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a) Metodología del Código Civil y Comercial
El Código Civil de 1869 no definía de modo expreso la categoría de
los contratos formales. Pero obviamente el Código se refería a la forma
tanto de la manifestación de la voluntad en general (arts. 915 y ss.)
como de los contratos en particular (arts. 1180 a 1189).
El CCyC adopta la siguiente metodología:
— En la Sección 3ª. del Título IV del Libro Primero, trata de
la "Forma y prueba del acto jurídico" (arts. 284 a 288);
— En el Capítulo 7 del Título II del Libro Tercero aborda la
forma de los contratos (arts. 1015 a 1018);
— En el Capítulo 8 del Título II del Libro Tercero se refiere
a la prueba de los contratos (arts. 1019 y 1020);
— En el Capítulo 2 del Título II del Libro Tercero incluye el
art. 969 que no se limita, como veremos, a clasificar los
contratos en formales y no formales, sino que contiene
alguna previsión que excede de ello y condensa ciertas
soluciones que el Código Civil regulaba en preceptos
separados.
Esta superposición de regulaciones torna compleja la interpretación
del CCyC en esta materia.

b) Texto legal
El art. 969 se expresa así: "Contratos formales. Los contratos para
los cuales la ley exige una forma para su validez, son nulos si la
solemnidad no ha sido satisfecha. Cuando la forma requerida para los
contratos, lo es sólo para que éstos produzcan sus efectos propios, sin
sanción de nulidad, no quedan concluidos como tales mientras no se ha
otorgado el instrumento previsto, pero valen como contratos en los que
las partes se obligaron a cumplir con la expresada formalidad. Cuando
la ley o las partes no imponen una forma determinada, ésta debe
constituir sólo un medio de prueba de la celebración del contrato".

c) Análisis preliminar

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Los arts. 966 a 968 definen las distintas categorías de contratos, a
través de sus caracteres esenciales. En el art. 969 la expresión es
totalmente distinta pues no se dice qué es un contrato formal o las
distintas maneras en que la formalidad puede presentarse (absoluta,
relativa, ad probationem, solemne, según los criterios generalmente
reconocidos por la doctrina), sino que se entra directamente a
establecer los efectos que produce el incumplimiento de la
forma exigida por la ley.
A partir de esta metodología encontramos tres normas dentro de este
artículo:
— La que establece la sanción de nulidad para la hipótesis
de incumplimiento de la solemnidad exigida como
recaudo de validez;
— La que establece que el contrato para el cual la forma
no es un recaudo de validez, vale como contrato en el
que las partes se obligaron a cumplir con la forma;
— La que se refiere a los contratos para los que no se
requiere una forma determinada.

d) Primera regla: contratos para los cuales se exige la forma como


requisito de validez (solemnidad absoluta)
Se trata de los contratos que la doctrina considera solemnes
absolutos; la importancia radica en que al estar la forma exigida como
requisito de validez del negocio, éste es nulo si la forma no ha sido
satisfecha. Y, por ello, ninguna de las partes puede requerir que se
satisfaga la forma exigida por la ley.
En este párrafo se reitera la solución del art. 285 referido a la forma
impuesta al acto jurídico.
Ejemplos de esta categoría de contratos sujetos a una solemnidad
absoluta son la donación de cosas inmuebles, de cosas muebles
registrables y la de prestaciones periódicas y vitalicias (art. 1552).

e) Segunda regla: contratos de solemnidad relativa

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(i) Noción
Son aquellos contratos en los que una forma es requerida pero no
bajo pena de nulidad. En tal caso la solución del CCyC es que el
contrato no queda concluido como tal, pero vale como contrato en el
cual las partes se obligan a cumplir con la formalidad. Es una hipótesis
de conversión del negocio jurídico; esto es, el contrato vale como el de
menores requisitos, y obliga a satisfacer los recaudos de forma exigidos
para que se produzcan los efectos perseguidos por las partes.

(ii) Efectos del contrato


Durante la vigencia del Código Civil se discutió si el contrato
celebrado sin la forma exigida por la ley era ya un contrato obligacional
definitivo y por lo tanto produce los efectos propios del negocio de que
se trate: dar la cosa, pagar el precio, etc.; o si solo causaba la obligación
de instrumentar, configurándose entonces un contrato preliminar (en
esta orientación López de Zavalía, Bueres).
El CCyC ha tomado partida por esta última solución: el contrato que
no satisface la forma exigida por la ley vale solo como contrato que
obliga a extender el contrato definitivo con la forma exigida por la ley.
El ejemplo típico es el comúnmente denominado "boleto de
compraventa", esto es, el contrato de compraventa
de inmuebles extendido en instrumento privado; es inidóneo como
título para la transmisión del dominio, no llega a perfeccionar la
compraventa del inmueble porque le falta la forma exigida por la ley (la
escritura pública), pero vale como contrato que obliga a las partes a
otorgar la escritura pública.

(iii) Contratos sujetos a forma determinada

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En cuanto a los contratos en los cuales se exige una forma
determinada, cabe tener en cuenta el art. 1017 que enumera los
contratos que deben ser hechos en escritura pública: los contratos
sobre inmuebles, los que tienen por objeto derechos dudosos o
litigiosos sobre inmuebles, los actos accesorios de otros contratos
otorgados en escritura pública y los demás que por acuerdo de partes
o disposición de la ley, deben ser otorgados en escritura pública.

(iv) Tercera regla: formas probatorias


La regla general en materia de forma —aplicable a todos los actos
jurídicos y a los contratos— es justamente la libertad de formas (arts.
1015 y 284).
De modo que la exigencia de una forma determinada ha de emanar
de la ley o de la voluntad de las partes (arts. 284, segunda proposición;
y 1017, inc. d])
Por lo que cuando la ley o las partes no imponen una forma
determinada, ella tiene una finalidad puramente probatoria. Al respecto
dispone el art. 1020: "los contratos en los cuales la formalidad es
requerida a los fines probatorios pueden ser probados por otros
medios, inclusive por testigos, si hay imposibilidad de obtener la prueba
de haber sido cumplida la formalidad o si existe principio de
prueba instrumental o comienzo de su ejecución".

13. Contratos nominados e innominados (o típicos y atípicos)

a) Texto legal
La distinción entre contratos nominados e innominados está presente
en el art. 970, conforme al cual "Los contratos son nominados
e innominados según que la ley los regule especialmente o no. Los
contratos innominados están regidos, en el siguiente orden, por: a) la
voluntad de las partes; b) las normas generales sobre contratos y
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obligaciones; c) los usos y prácticas del lugar de celebración"; d) las
disposiciones correspondientes a los contratos nominados afines que
son compatibles y se adecuan a su finalidad.

b) Antecedentes
La clasificación de los contratos en nominados e innominados estaba
contemplada expresamente en el art. 1143 del Código de 1869, el que
se limitaba a mencionarlos sin especificar cuál sería el régimen al que
estarían sujetos los contratos innominados. Los sucesivos Proyectos de
reforma propusieron cambiar la denominación por contratos típicos y
atípicos y precisar cuáles serían las fuentes de integración de los
contratos atípicos (Proyecto de 1998: art. 913; Proyecto de la Comisión
creada por dec. 468/1992: art. 855; Proyecto de Unificación de 1987,
art. 1143); tales antecedentes se reflejan en este art. 970.
Lo curioso del art. 970 del CCyC es que mantiene la terminología del
Código: nominados e innominados, pero el criterio de la distinción
reposa en que la ley los regule o no. Con lo cual lo que hizo fue adoptar
la pauta de distinción entre contratos típicos y atípicos.

c) Diversas especies de contratos atípicos


Los contratos atípicos causan múltiples cuestiones, pues no se
presentan de manera unívoca. Así, la doctrina ha señalado que puede
haber contratos que tienen un contenido completamente extraño a los
tipos legales (atípicos puros); otros que tienen algunos elementos o
contenidos de contratos regulados (típicos) y algunos elementos no
previstos en ningún tipo legal que se suelen denominar mixtos.
También se alude a las uniones de contratos, que no serían
propiamente atípicos en la medida que se sumen o adicionen
prestaciones de más de un contrato típico.
En fin, los autores se han preocupado por tratar de sistematizar estos
contratos atípicos siguiendo distintos criterios.

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d) Regulación de los contratos atípicos
Pero lo que si se señala es que hoy en día la regla es la atipicidad,
pues aun partiendo de figuras tipificadas, la complejidad de las
relaciones negociales contemporáneas hace que sea muy poco
frecuente que esas figuras se presenten de modo puro. Particularmente
en la negociación empresaria y en la internacional, los contratos
presentan contenidos singulares que no permiten encajarlos
plenamente en ninguna figura típica.
Justamente esta pluralidad de maneras en que puede presentarse la
atipicidad y la circunstancia de que ella es hoy la regla, genera la
importante cuestión de saber cuáles son las fuentes en que ha de
encontrarse la regulación de tales contratos.
El Código establece entonces que el contrato atípico —o innominado
como sigue llamándolo— se rige en primer lugar por lo estipulado por
las partes, luego por las normas generales sobre contratos y
obligaciones, los usos y prácticas del lugar de celebración y las
disposiciones correspondientes a los contratos afines y que se adecuen
a su finalidad.
Con relación a los usos y prácticas, que ya están mencionados en el
art. 964 inc. d) como integradores del contrato, cabe una aclaración
importante. Los usos y prácticas actúan como medio de integración del
contrato cuando "han sido declarados obligatorios por las partes" o
porque son "ampliamente conocidos y regularmente observados en el
ámbito en que se celebra el contrato" (art. 964, inc. d]).
En cambio, si se trata de contratos atípicos, no se requiere que hayan
sido declarados obligatorios por las partes ni que sean ampliamente
conocidos y regularmente observados. Basta con que sean usos y
prácticas del lugar de celebración, lo que se entiende como referido a
la comarca o región donde se concluye el contrato (Leiva Fernández,
Díez Picazo).
Esto es muy relevante en los contratos con tipicidad social, a los que
nos referimos en el próximo apartado.

e) Contratos con tipicidad social

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Existen muchas relaciones convencionales que no están nominadas
en los códigos o leyes especiales pero son conocidas en la práctica
negocial y que van adquiriendo caracteres propios. Suele identificarse
como tal al contrato de garaje y lo cierto es que antes de su regulación
en los códigos o leyes muchos contratos bancarios y algunos contratos
de comercialización como la distribución, la concesión, el leasing y la
franquicia adquirieron esta tipicidad social.
La identificación de estos contratos con tipicidad social es relevante,
pues es el área en el cual van a operar con mayor facilidad los usos y
prácticas del lugar de celebración como norma integradora. Así, por
ejemplo, en el área de los negocios de petróleo y gas, los operadores
conocen los usos y prácticas de la industria como la lex petrolea y
forman parte de los contratos que se otorgan entre ellos.

f) Uniones de contratos
El CCyC no contempla expresamente las uniones de contratos ni los
contratos complejos que tuvieron tratamiento en la doctrina (Gastaldi) y
en la jurisprudencia elaborada durante la vigencia del Código Civil de
1869. De todos modos ello no descarta que tales criterios mantengan
vigencia, pues obviamente al amparo de la libertad contractual —que el
CCyC preserva expresamente— las partes podrán obligarse a través
de figuras que impliquen la unión de distintos contratos típicos (o
nominados).
Por lo tanto, a nuestro juicio resultaría aplicable el criterio según el
cual si un contrato contiene diversos elementos y un solo objeto, su
carácter se determina por el elemento prevaleciente, lo que obliga al
juez a desentrañar el carácter accesorio o principal de cada elemento,
el fin económico perseguido por las partes y la legitimidad de
los intereses en juego, todo lo cual le permitirá juzgar acerca de la
afinidad de ese negocio jurídico con alguna o algunas de las especies
contractuales disciplinadas en el derecho positivo y determinar los
efectos de sus cláusulas y las normas aplicables.

g) Contratos conexos

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El CCyC define los contratos conexos en el art. 1073 como
aquellos autónomos que se hallan vinculados entre sí por una finalidad
económica común previamente establecida, de modo que uno de ellos
ha sido determinante del otro para el logro del resultado perseguido.
Ejemplos de estos contratos conexos (también llamados por
algunos autores como cadenas de contratos o redes contractuales) son
la construcción de una planta industrial llave en mano o el transporte
multimodal. Lo mismo la tarjeta de crédito.
Aquí los contratos no pierden su individualidad en cuanto a su
régimen jurídico, pero la conexidad tiene relevancia en punto a
la interpretación, la responsabilidad por incumplimiento y los
legitimados para accionar. Todos estos temas los veremos en el
Capítulo XXI.

III. CLASIFICACIÓN SEGÚN LOS FINES ECONÓMICOS

14. Introducción
Hemos dicho en el Capítulo I que el contrato es el instrumento jurídico
de la vida económica. Tiene por lo tanto finalidades prácticas,
concretas, que son las perseguidas por las partes, tales como adquirir
la propiedad de una cosa o su uso y goce por un tiempo determinado,
o bien otorgar la representación a otro para que actúe por nosotros en
algún negocio, o disponer de un capital, etcétera.
Por lo que la doctrina que puso de relieve la función del contrato como
herramienta propia del mercado ha intentado múltiples agrupaciones en
función de las finalidades económicas que ellos persiguen.

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