Winter y Karina estaban en la biblioteca, sentadas en una mesa con varios libros abiertos
frente a ellas. Karina anotaba algo en su libreta con concentración, mientras Winter
intentaba—y fallaba—enfocarse en la ecuación que tenía frente a ella.
No era su culpa.
Era culpa de Karina y su estúpida forma de fruncir el ceño mientras estudiaba.
—Winter, ¿me puedes repetir cómo era este procedimiento? —preguntó Karina sin levantar
la mirada.
Winter se aclaró la garganta y trató de ignorar cómo su corazón se aceleró al escuchar su
voz.
—Ah, sí... Primero tienes que despejar la variable y luego—
—¡Jaewook! —exclamó Karina de repente, volteando a ver a alguien que pasaba cerca.
Winter parpadeó, confundida.
¿Jaewook? ¿Quién—?
Antes de que pudiera procesarlo, un chico alto y de aspecto impecable se acercó a su mesa
con una sonrisa confiada.
—Karina, qué coincidencia verte aquí —dijo Jaewook con un tono relajado.
Winter lo observó con atención. Su cabello estaba perfectamente peinado, su uniforme de
medicina se veía como sacado de un comercial, y su sonrisa... bueno, entendía por qué
algunas chicas lo miraban con corazones en los ojos.
Pero lo que más llamó su atención no fue él, sino Karina.
Porque Karina, la misma chica que siempre era tranquila y reservada, de repente sonreía de
una forma diferente.
—¿Estás estudiando para el examen? —preguntó Jaewook, apoyándose en la mesa con
naturalidad.
—Sí, pero Winter me está ayudando bastante —respondió Karina, girándose un poco hacia
Winter.
Winter, quien había estado observando todo en silencio, sintió que de repente la ponían en
el centro de atención.
—Ah, sí... Yo... sé hacer matemáticas.
"¡¿Qué fue eso?! ¡¿SE SUPONE QUE ESO ERA UNA FRASE?!"
Jaewook sonrió levemente.
—Eso es genial. Yo también he estado estudiando bastante. Aunque, si Karina necesita
más ayuda, puedo explicarle después de clases.
Winter sintió cómo su estómago se revolvía.
Karina sonrió, y Winter juró que sus ojos brillaban un poco más de lo normal.
—Eso sería genial.
Y en ese momento, Winter sintió algo que nunca antes había sentido con Karina.
Celos.
Pero no eran celos comunes.
Eran celos que la hacían querer levantarse de su asiento, tomar su mochila y salir corriendo
a cualquier lugar donde no tuviera que ver cómo Karina miraba a ese tipo como si fuera lo
mejor que le había pasado.
Pero no podía hacerlo.
Así que simplemente se quedó ahí, forzando una sonrisa y fingiendo que todo estaba bien.
—Bueno, nos vemos después —dijo Jaewook, despidiéndose con una sonrisa antes de
alejarse.
Karina suspiró con una pequeña sonrisa en los labios.
—Jaewook es muy amable, ¿no crees?
Winter sintió que la vida le daba un golpe directo al estómago.
—Sí... sí, es genial.
Y por primera vez en mucho tiempo, Winter se sintió insegura de lo que sentía.
Winter apenas pudo concentrarse después de eso.
Karina seguía estudiando como si nada hubiera pasado, pasando páginas y subrayando
frases con su resaltador amarillo, mientras Winter sentía que su cerebro era un hervidero de
pensamientos irracionales.
"¿Por qué te importa tanto? ¿Desde cuándo te importa tanto? ¿Por qué tu corazón está
actuando como si alguien lo estuviera pisoteando con tacones? ¿Por qué no puedes
simplemente seguir con tu vida y dejar de mirar a Karina como si se te estuviera escapando
algo?"
Se mordió el interior de la mejilla y trató de enfocarse en su cuaderno, pero sus ojos se
desviaban involuntariamente hacia Karina cada pocos segundos.
Era ridículo.
Jaewook era solo un chico. Karina podía hablar con quien quisiera. Y además, no es como
si ella tuviera derecho a sentirse así. No tenía ningún título sobre Karina. No había firmado
ningún contrato que dijera que Karina no podía admirar a otro chico con una expresión que
Winter prefería que fuera solo para ella.
Y sin embargo...
—Winter, ¿estás bien? —preguntó Karina de repente, mirándola con un ligero ceño
fruncido.
Winter parpadeó rápidamente.
—¿Eh? Sí, claro, obvio, ¿por qué no estaría bien? Estoy bien, bien-bien, nivel súper bien,
gracias por preguntar.
Karina ladeó la cabeza con una expresión dudosa.
—No sé, te quedaste viendo tu cuaderno como si intentaras asesinarlo con la mente.
Winter se apresuró a cerrar su cuaderno y soltó una risa forzada.
—Ja, ja, ja... No, solo estaba... ya sabes, repasando mentalmente.
Karina la miró por un segundo más, luego encogió los hombros.
—Bueno, si necesitas descansar un poco, podemos parar.
Winter asintió rápidamente.
—Sí, sí, buena idea. Deberíamos parar. Gran idea.
Karina la miró con confusión pero no dijo nada más.
Más tarde, cuando Winter llegó a casa, sacó su teléfono y llamó a Ryujin y Yeji en una
videollamada grupal
— Creo que a Karina le gusta Jaewook.
Hubo un segundo de silencio antes de que Ryujin soltara una carcajada.
—¿Jaewook? ¿El Jaewook el estudiante de Medicina? ¿Ese Jaewook?
Winter soltó un bufido.
—No, Ryujin, hablo de Jaewook, el cantante de trot. ¡Por supuesto que hablo de ese
Jaewook.
Yeji ladeó la cabeza.
—¿Y cómo llegaste a esa conclusión?
Winter jugó con la esquina de su cabello, incómoda.
—cuando estábamos estudiando y ella lo vio. Lo miraba con esa sonrisa. Esa sonrisa.
Ryujin puso cara de aburrimiento.
—Winter, Karina sonríe hasta cuando está maldiciendo a alguien en su cabeza.
—No es lo mismo —dijo Winter, obstinada—. Es una sonrisa diferente. Especial.
Yeji apoyó un codo sobre la mesa y la observó con curiosidad.
—¿Y te consta que le gusta él?
Winter abrió la boca para responder... y luego se quedó en silencio.
—No exactamente —admitió—. Pero lo parece.
Ryujin rodó los ojos.
—Winter, por favor. Que estudien juntos no significa que le guste. Es como decir que a mí
me gusta Yeji solo porque estudiamos juntas para el examen de historia.
Yeji fingió sorpresa.
—¿No te gusto?
—No seas ridícula.
Yeji puso cara ofendida y volvió a Winter.
—¿Ves? Y eso que hemos pasado horas juntas. Quizá Karina solo lo ve como un
compañero más.
Winter quería creerlo. De verdad. Pero la duda seguía ahí, molestándola como una piedra
en el zapato.
—Tal vez —dijo sin mucha convicción.
Ryujin le dio unas palmaditas en el hombro.
—Tienes dos opciones: o sigues haciéndote teorías conspirativas en tu cabeza, o averiguas
la verdad de una vez.
Winter hizo una mueca.
—Preferiría seguir sufriendo en silencio.
—Lo sabemos —dijeron Ryujin y Yeji al unísono.
Y con eso, Winter se hundió aún más en su crisis existencial.
Winter se pasó la mano por la cara, sintiendo cómo la frustración se le acumulaba en el
pecho.
—Esto es un infierno —murmuró.
—Lo es —confirmó Ryujin, dándole una palmadita en la espalda.
Yeji, en cambio, tenía los ojos entrecerrados en concentración.
—Ok, ok. Pero, ¿estás segura de que a Karina le gusta Jaewook?
Winter bufó.
—No la he visto escribir su nombre con corazoncitos en su cuaderno, si es lo que
preguntas, pero... sí. Lo veo en la forma en que le habla, en cómo sonríe cuando está con
él. Y hoy, mientras estudiábamos, mencionó algo sobre que él es "alguien muy confiable" y
que "le gusta cómo piensa".
Ryujin y Yeji intercambiaron una mirada.
—Uff —soltó Ryujin.
—Sí, uff —repitió Yeji, apoyando el mentón en su mano—. No suena muy prometedor para
ti.
Winter dejó caer la cabeza sobre la mesa.
—Lo sé.
Un silencio incómodo se instaló entre ellas. Ryujin jugó con su popote, se escuchó a Yeji
que tamborileó los dedos en la mesa. Al final, fue Ryujin quien habló.
—Mira, esto puede ir de dos maneras. O te lanzas de cabeza y le confiesas todo de una
vez...
Winter dejó escapar una risa seca.
—Ja. Sí, claro. Siguiente opción.
—...O averiguas qué tan en serio va lo de Jaewook antes de sacar conclusiones.
Winter levantó la cabeza.
—¿Cómo se supone que haga eso? ¿Le pregunto directamente si planea casarse con él y
tener cinco hijos?
Yeji se encogió de hombros.
—No sería la peor estrategia.
Winter la miró con el alma vacía.
—Eres pésima dando consejos.
—Lo sé.
Ryujin sonrió con suficiencia.
—Déjamelo a mí. Yo puedo hacer que Karina suelte información sin que se dé cuenta.
Winter entrecerró los ojos.
—¿Cómo?
—Tengo mis métodos.
—Tus métodos generalmente incluyen hacer preguntas demasiado obvias o provocar el
caos solo porque puedes.
—Exacto.
Winter suspiró.
—Esto es una mala idea.
—Probablemente —dijo Yeji.
—Definitivamente —corrigió Winter.
Pero lo cierto era que su desesperación estaba ganándole la batalla a su sentido común.
—Está bien —cedió al final—. Pero no hagas nada que la haga sospechar.
Ryujin le guiñó un ojo.
—Confía en mí.
Winter se arrepintió al instante.
Winter tenía un mal presentimiento.
Era un presentimiento fundado en la experiencia, en el conocimiento profundo de Ryujin y
su absoluta incapacidad de ser sutil.
Así que cuando, al día siguiente, la vio sentarse casualmente junto a Karina en la cafetería
con su sonrisa de "voy a hacer preguntas incómodas", supo que esto iba a terminar mal.
—Hey, Karina —saludó Ryujin con su mejor tono despreocupado.
—Hey —respondió Karina, revolviendo su ensalada sin mucho entusiasmo.
Winter observaba desde una mesa a unos metros de distancia, con la bandeja delante pero
sin tocar su comida. Yeji, sentada frente a ella, masticaba tranquilamente su sándwich.
—Si Ryujin hace una pregunta estúpida en los próximos cinco minutos, me voy a estrellar
contra la pared —murmuró Winter.
Yeji tragó y asintió.
—Considerando que es Ryujin, diría que en tres minutos máximo.
Winter sintió un escalofrío de ansiedad recorrerle la espalda.
—Entonces, Karina... —Ryujin giró la cuchara en su mano—. He escuchado por ahí que te
llevas muy bien con Jaewook.
Winter se atragantó con su propia saliva. Yeji ni siquiera se molestó en fingir sorpresa.
Karina, por su parte, sonrió un poco.
—Supongo que sí. Es fácil hablar con él.
Winter apretó los dientes.
—¿Fácil en qué sentido? —insistió Ryujin, inclinándose hacia ella con una sonrisa de
tiburón.
Karina se rió y negó con la cabeza.
—Fácil en el sentido de que... no sé, siento que nos entendemos bien.
Winter sintió que se le congelaban los órganos internos.
—¿Entenderse bien es el nuevo código para "me gusta"? —susurró, pero Yeji la ignoró
porque ahora la conversación se había puesto interesante.
—¿Y dirías que es tu tipo? —preguntó Ryujin, sin ningún pudor.
Karina se quedó pensativa por un momento.
Winter sintió que el tiempo se ralentizaba.
—Supongo que sí —respondió Karina al final.
Yeji soltó un suave "uf".
Winter sintió que el universo entero se apagaba a su alrededor.
—Ay, Dios —susurró, sintiendo una opresión en el pecho.
Pero Ryujin, la agente del caos, no había terminado.
—O sea, ¿te gusta?
Winter dejó de respirar.
Karina sonrió un poco, como si estuviera avergonzada.
—Tal vez.
Winter murió. Ahí mismo.
—Ya regresamos, Yeji —murmuró antes de levantarse de golpe y salir de la cafetería sin
mirar atrás.
Yeji dejó su sándwich en la bandeja y suspiró.
—Bueno. Lo vi venir.
Mientras tanto, Ryujin sonreía con satisfacción.
—Eso fue más fácil de lo que pensé.
Karina la miró con sospecha.
—¿Por qué tantas preguntas?
Ryujin se metió una cucharada de yogur en la boca.
—Curiosidad periodística.
Karina no pareció muy convencida, pero no insistió.
Mientras tanto, Winter caminaba por los pasillos sintiendo cómo el mundo entero se
desmoronaba a su alrededor.
Jaewook. Karina. Juntos.
Todo era un desastre.
Y lo peor de todo... es que dolía más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Winter no sabía exactamente a dónde iba, solo sabía que tenía que salir de ahí antes de
hacer o decir algo estúpido.
Terminó en la azotea del edificio, donde el viento le revolvió el cabello apenas abrió la
puerta.
Se dejó caer contra la pared, deslizando la espalda hasta quedar sentada en el suelo.
Su corazón latía demasiado rápido, y su cabeza era un desastre.
No debería sentirse así. No tenía derecho a sentirse así. Karina no le debía nada. Karina
podía gustar de quien quisiera.
Debería haberlo visto venir. Karina siempre había sido popular, siempre rodeada de gente.
Y Jaewook, por más torpe que fuera a veces, tenía cierto encanto. Era seguro de sí mismo,
era inteligente, era...
Winter golpeó el suelo con el puño, ahogada en su propia desesperación.
—¡Qué asco! —exclamó en voz alta, sin importar si alguien la escuchaba—. ¡Es tan injusto!
Se llevó una mano al pecho, donde sentía un nudo incómodo, algo que no podía arrancarse
ni aunque quisiera.
Era doloroso. No el tipo de dolor físico que puedes ignorar, sino uno que se queda ahí,
metiéndose en cada rincón de tu mente, en cada latido de tu corazón.
Porque la verdad era que... realmente le gustaba Karina.
Y no importaba cuánto lo negara, cuánto intentara enterrarlo.
Ya no podía hacer nada al respecto.
Winter cerró los ojos y apoyó la cabeza contra la pared, dejando que el viento intentara
calmarla.
Pero en su interior, todo era un caos.
Winter soltó un suspiro tembloroso y cerró los ojos.
¿Por qué se había hecho tantas ilusiones?
¿Por qué, en algún rincón absurdo de su mente, pensó que tenía alguna posibilidad?
Después de todo, era un hombre.
Jaewook. Un chico.
No era una sorpresa. No era algo fuera de lo común. No era algo que debería doler tanto.
Pero lo hacía.
Porque ahora todo tenía sentido. Karina nunca había dicho nada que insinuara que le
gustaban las chicas. Nunca le había dado señales claras a Winter. Nunca había hecho nada
que justificara la esperanza ridícula que había estado cultivando en secreto.
Todo había sido su culpa.
Había interpretado sonrisas amables como algo más. Había leído demasiado en pequeños
gestos de afecto que, al final, no significaban nada.
Claro que Karina preferiría a Jaewook.
Él no tenía que cuestionarse si tenía una oportunidad o no. No tenía que preocuparse de si
Karina siquiera podía verla de esa forma.
Él era la opción más sencilla. La opción más lógica.
Y Winter...
Winter solo era una amiga.
Siempre lo había sido. Siempre lo sería.
Se cubrió la cara con las manos, sintiendo un nudo formarse en su garganta.
Esto era estúpido. No debería estar llorando por algo que nunca tuvo.
Pero las lágrimas ardían en sus ojos de todos modos.
Porque, al final del día, no importaba cuánto intentara convencerse de que nunca había
tenido posibilidades.
Eso no hacía que doliera menos.
Winter se quedó en la azotea un rato más, abrazándose las rodillas y dejando que el viento
le secara las lágrimas antes de que pudieran caer.
No podía seguir así.
No podía seguir viéndola, hablándole como si nada, sintiendo este vacío en el pecho cada
vez que Karina sonriera por algo que no tenía que ver con ella.
Tenía que alejarse.
Tal vez con el tiempo se le pasaría. Tal vez, si ponía suficiente distancia entre ellas, si se
distraía con cualquier otra cosa, el dolor dejaría de ser tan insoportable.
La decisión estaba tomada.
Se obligó a ponerse de pie, a sacudirse la tristeza de encima como si pudiera arrancársela
con las manos.
Para cuando bajó de la azotea, su expresión era inexpresiva, su postura rígida.
Actuaría como si nada hubiera pasado. Como si nunca le hubiera importado.
Pero al día siguiente, cuando entró a la biblioteca y vio a Karina sentada con Jaewook,
inclinada sobre un libro con la misma sonrisa que solía dedicarle a ella...
Algo dentro de Winter se rompió un poco más.
Así que hizo lo único que podía hacer:
Dio media vuelta y se fue en dirección contraria.
A partir de ese día, evitaría a Karina a toda costa.
Porque verla feliz con alguien más... era más de lo que podía soportar.
Winter se volvió experta en desaparecer.
No de manera literal, claro. No podía esfumarse en una nube de humo y reubicarse en otro
plano de existencia, por más que lo deseara.
Pero sí podía medir sus tiempos, cambiar sus rutas, ajustar sus horarios para reducir las
posibilidades de encontrarse con Karina.
Si llegaba antes al salón, se aseguraba de ocupar un asiento lejos de ella. Si la veía en el
pasillo, fingía que tenía que revisar su celular o que de repente el techo era lo más
interesante del mundo. En la cafetería, elegía mesas estratégicamente ubicadas para que
Karina estuviera fuera de su campo de visión.
No era difícil. Karina estaba ocupada con Jaewook la mayor parte del tiempo.
Estudiaban juntos, hablaban en los pasillos, se reían en la cafetería.
Y Winter... bueno, Winter fingía que no lo notaba.
Fingía que no le dolía.
Y lo peor era que parecía funcionar.
Karina no se daba cuenta de nada. Seguía con su vida, sin notar la ausencia de Winter, sin
preguntar por qué ya no pasaban tanto tiempo juntas.
Igual de alguna manera, Winter logró convencer a Ryujin y Yeji de que dejaran de
mencionar el tema de sus sentimientos hacia Karina y que siguiera adelante con su vida. Al
principio, no estaban de acuerdo, pero al ver lo realmente afectada que estaba Winter,
decidieron respetar su decisión y apoyarla, ayudando a evitar la situación lo más que
pudieran.
Eso era lo que Winter quería, ¿no?
Era mejor así.
Entonces, ¿por qué se sentía tan miserable?
Winter estaba convencida de que podía seguir con esto indefinidamente.
Había aprendido a modular su expresión, a controlar sus reacciones, a fingir que no le
importaba cuando en realidad todo le seguía pesando como una piedra en el pecho.
Así que cuando Karina finalmente le habló, Winter estaba lista.
Fue en el pasillo, cuando menos lo esperaba.
—Winter —llamó Karina, con ese tono despreocupado de siempre.
Winter, que estaba sacando un libro de su mochila, se giró lentamente. No hubo sobresalto,
ni movimientos torpes, ni el clásico tropiezo con sus propios pies que tanto la había
delatado antes.
—¿Qué pasa? —respondió con una calma casi ensayada.
Karina parpadeó, como si hubiera esperado otra reacción.
—Nada, solo... Hace días que no hablamos.
Winter sostuvo su mirada con una expresión neutral.
—He estado ocupada.
No era mentira, al menos no del todo. Había estado ocupada esquivándola.
Karina ladeó la cabeza.
—¿Te pasa algo?
—No.
Hubo un pequeño silencio.
Antes, Winter habría llenado ese espacio con alguna excusa, con alguna sonrisa incómoda
o con un intento de cambiar el tema.
Pero esta vez solo esperó.
Karina la miró un momento más y luego asintió lentamente.
—Bueno... Nos vemos después, entonces.
—Nos vemos.
Karina se fue.
Y Winter...
Winter sintió que, por primera vez en días, su corazón no se aceleró.
Tal vez, después de todo, sí iba a poder con ello. Winter pensó que esa pequeña victoria
significaba que estaba avanzando.
Que estaba aprendiendo a convivir con su dolor sin dejar que la delatara. Pero entonces
pasó algo que no había previsto.
Karina empezó a hablarle más seguido. No con la misma frecuencia de antes, pero lo
suficiente para hacer tambalear la burbuja de distancia que Winter había construido. A
veces era en los pasillos, con un simple "¿cómo vas con tus clases?" o "te vi en la cafetería,
pero estabas ocupada con tus amigas".
Otras veces, después de clase, cuando Karina se acercaba a su mesa con algún
comentario casual. Winter respondía con tranquilidad, con monosílabos estratégicos y sin
darle demasiada entrada.
Pero algo había cambiado.
Karina la miraba diferente. No como antes, cuando Winter se ponía nerviosa con cada
palabra y tenía que desviar la mirada para no delatarse.
Ahora, Winter sostenía su mirada sin vacilar.
Y eso parecía desconcertar a Karina. Como si se hubiera dado cuenta de que algo era
distinto, pero no supiera exactamente qué. Winter notó ese cambio en la forma en que
Karina fruncía el ceño a veces, como si estuviera tratando de descifrar un rompecabezas.
Pero Winter no le daría ninguna pista.
No había vuelta atrás.
—Nos vemos, Karina —dijo una tarde, con una ligera inclinación de cabeza, antes de
alejarse sin apresurarse.
De reojo, vio a Karina quedarse ahí, con una expresión pensativa.
Y por primera vez, Winter sintió que tenía el control de la situación.