Cuentos infantiles: lecciones de vida
Cuentos infantiles: lecciones de vida
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Ugo, la tortuga
- ¡Esto tiene que cambiar!,- se propuso un buen día, harta de que sus
compañeros del bosque le recriminaran por su poco esfuerzo al realizar sus
tareas.
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- No es una gran idea - dijo una hormiguita - Lo que verdaderamente cuenta
no es hacer el trabajo en un tiempo récord; lo importante es acabarlo
realizándolo lo mejor que sabes, pues siempre te quedará la recompensa de
haberlo conseguido.
Se sentía feliz consigo misma pues cada día conseguía lo poquito que se
proponía porque era consciente de que había hecho todo lo posible por
lograrlo.
FIN
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Patito feo
La mamá Pata, avergonzada por haber tenido un patito tan feo, le apartó
con el ala mientras daba atención a los otros patitos. El patito feo empezó a
darse cuenta de que allí no le querían. Y a medida que crecía, se quedaba
aún más feo, y tenía que soportar las burlas de todos. Entonces, en la
mañana siguiente, muy temprano, el patito decidió irse de la granja.
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Triste y solo, el patito siguió un camino por el bosque hasta llegar a otra
granja. Allí, una vieja granjera le recogió, le dio de comer y beber, y el patito
creyó que había encontrado a alguien que le quería. Pero, al cabo de
algunos días, él se dio cuenta de que la vieja era mala y solo quería
engordarle para transformarlo en un segundo plato. El patito salió corriendo
como pudo de allí.
Un día, al pasar por un estanque, vio las aves más hermosas que jamás
había visto. ¡Eran cisnes! Y eran elegantes, delicadas y se movían como
verdaderas bailarinas, por el agua. El patito, aún acomplejado por la figura y
la torpeza que tenía, se acercó a una de ellas y le preguntó si podía bañarse
también en el estanque.
Y le dijo el patito:
- ¿Cómo que soy uno de los vuestros? Yo soy feo y torpe, todo lo contrario
de vosotros. Vosotros son elegantes y vuestras plumas brillan con los rayos
del sol.
Y ellos le dijeron:
- Entonces, mira tú reflejo en el agua del estanque y verás como no te
engañamos.
El patito se miró y lo que vio le dejó sin habla. ¡Había crecido y se había
transformado en un precioso cisne! Y en este momento, él supo que jamás
había sido feo. Él no era un pato sino un cisne. Y así, el nuevo cisne se unió
a los demás y vivió feliz para siempre.
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FIN
Ricitos de Oro
Érase una vez una familia de osos que vivían en una linda casita en el
bosque. Papá Oso era muy grande, Mamá Osa era de tamaño mediano y
Osito era pequeño.
Una mañana, Mamá Osa sirvió la más deliciosa avena para el desayuno,
pero como estaba demasiado caliente para comer, los tres osos decidieron
ir de paseo por el bosque mientras se enfriaba. Al cabo de unos minutos,
una niña llamada Ricitos de Oro llegó a la casa de los osos y tocó la puerta.
Al no encontrar respuesta, abrió la puerta y entró en la casa sin permiso.
En la cocina había una mesa con tres tazas de avena: una grande, una
mediana y una pequeña. Ricitos de Oro tenía un gran apetito y la avena se
veía deliciosa. Primero, probó la avena de la taza grande, pero la avena
estaba muy fría y no le gustó. Luego, probó la avena de la taza mediana,
pero la avena estaba muy caliente y tampoco le gustó. Por último, probó la
avena de la taza pequeña y esta vez la avena no estaba ni fría ni caliente,
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¡estaba perfecta! La avena estaba tan deliciosa que se la comió toda sin
dejar ni un poquito.
Después de comer el desayuno de los osos, Ricitos de Oro fue a la sala. En
la sala había tres sillas: una grande, una mediana y una pequeña. Primero,
se sentó en la silla grande, pero la silla era muy alta y no le gustó. Luego, se
sentó en la silla mediana, pero la silla era muy ancha y tampoco le gustó.
Fue entonces que encontró la silla pequeña y se sentó en ella, pero la silla
era frágil y se rompió bajo su peso.
Buscando un lugar para descansar, Ricitos de Oro subió las escaleras, al
final del pasillo había un cuarto con tres camas: una grande, una mediana y
una pequeña. Primero, se subió a la cama grande, pero estaba demasiado
dura y no le gustó. Después, se subió a la cama mediana, pero estaba
demasiado blanda y tampoco le gustó. Entonces, se acostó en la cama
pequeña, la cama no estaba ni demasiado dura ni demasiado blanda. De
hecho, ¡se sentía perfecta! Ricitos de Oro se quedó profundamente dormida.
Al poco tiempo, los tres osos regresaron del paseo por el bosque. Papá Oso
notó inmediatamente que la puerta se encontraba abierta:
—Alguien ha entrado a nuestra casa sin permiso, se sentó en mi silla y
probó mi avena —dijo Papá Oso con una gran voz de enfado.
—Alguien se ha sentado en mi silla y probó mi avena —dijo Mamá Osa con
una voz medio enojada.
Entonces, dijo Osito con su pequeña voz:
—Alguien se comió toda mi avena y rompió mi silla.
Los tres osos subieron la escalera. Al entrar en la habitación, Papá Oso dijo:
—¡Alguien se ha acostado en mi cama!
Y Mamá Osa exclamó:
—¡Alguien se ha acostado en mi cama también!
Y Osito dijo:
—¡Alguien está durmiendo en mi cama! —y se puso a llorar
desconsoladamente.
El llanto de Osito despertó a Ricitos de Oro, que muy asustada saltó de la
cama y corrió escaleras abajo hasta llegar al bosque para jamás regresar a
la casa de los osos.
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El gato con botas
Érase una vez un molinero muy pobre que dejó a sus tres hijos por herencia
un molino, un asno y un gato. En el reparto, el molino fue para el hijo mayor,
el asno para el segundo y el gato para el más joven. Éste último se lamentó
de su suerte en cuanto supo cuál era su parte.
—¿Qué será de mí? Mis hermanos trabajarán juntos y harán fortuna, pero
yo sólo tengo un gato.
El gato escuchó las palabras de su joven amo y decidido a ayudarlo, dijo:
—No se preocupe mi señor, yo puedo ser más útil y valioso de lo que
piensa. Le pido que por favor me regale un saco y un par de botas para
andar entre los matorrales.
Aunque el joven amo no creyó en las palabras del gato, le dio lo que pedía
pues sabía que él era un animal muy astuto.
Poniendo su plan en marcha, el gato reunió algunas zanahorias y se fue al
bosque a cazar conejos. Con el saco lleno de conejos y sus botas nuevas,
se dirigió hacia el palacio real y consiguió ser recibido por el rey.
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—Su majestad, soy el gato con botas, leal servidor del marqués de Carabas
—este fue el primer nombre que se le ocurrió al gato—. El marqués quiere
ofrecerle estos regalos.
Los conejos agradaron mucho al rey.
Al día siguiente, el gato con botas volvió al bosque y atrapó un jabalí. Una
vez más, lo presentó al rey, como un regalo del marqués de Carabas.
Durante varias semanas, el gato con botas atrapó más animales para
presentarlos como regalos al rey. El rey estaba muy complacido con el
marqués de Carabas.
Un día, el gato se enteró que el rey iba de visita al río en compañía de su
hija, la princesa, y le dijo a su amo:
—Haga lo que le pido mi señor, vaya al río y báñese en el lugar indicado. Yo
me encargaré del resto.
El joven amo le hizo caso al gato. Cuando la carroza del rey pasó junto al
río, el gato se puso a gritar con todas sus fuerzas:
—¡Socorro, socorro! ¡El señor marqués de Carabas se está ahogando!
Recordando todos los regalos que el marqués le había dado, el rey ordenó a
su guarda a ayudar al joven. Como el supuesto marqués de Carabas se
encontraba empapado y su ropa se había perdido en la corriente del río, el
rey también ordenó que lo vistieran con el traje más elegante y lo invitó a
pasar al carruaje. En el interior del carruaje se encontraba la princesa quien
se enamoró inmediatamente del apuesto y elegante marqués de Carabás.
El gato, encantado de ver que su plan empezaba a dar resultado, se fue
delante de ellos. Al encontrar unos campesinos que cortaban el prado en un
enorme terreno, dijo:
—Señores campesinos, si el rey llegara a preguntarles a quién pertenecen
estas tierras, deben contestarle que pertenecen al marqués de Carabás.
Háganlo y recibirán una gran recompensa.
Cuando el rey se detuvo a preguntar, los campesinos contestaron al
unísono:
—Su majestad, estas tierras son de mi señor, el marqués de Carabás.
El gato, caminando adelante de la carroza, iba diciendo lo mismo a todos los
campesinos que se encontraba. El rey preguntaba lo mismo y con cada
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respuesta de los campesinos, se asombraba más de la riqueza del señor
marqués de Carabás.
Finalmente, el ingenioso gato llegó hasta el más majestuoso castillo que
tenía por dueño y señor a un horripilante y malvado ogro. De hecho, todas
las tierras por las que había pasado el rey pertenecían a este castillo.
El gato sabía muy bien quién era el ogro y pidió hablar con él. Para no ser
rechazado, le dijo al ogro que le resultaba imposible pasar por su castillo y
no tener el honor de darle sus respetos. El ogro sintiéndose adulado le
permitió pasar.
—Señor, he escuchado que usted tiene el envidiable don de convertirse en
cualquier animal que desee —dijo el gato.
— Es cierto —respondió el ogro—, y para demostrarlo me convertiré en
león.
El gato se asustó de tener a un león tan cerca. Sin embargo, estaba
decidido a seguir con su elaborado plan.
Cuando el ogro volvió a su horripilante forma, el gato dijo:
—¡Sus habilidades son extraordinarias! Pero me parecería más
extraordinario que usted pudiera convertirse en algo tan pequeño como un
ratón.
—Claro que sí puedo—respondió el ogro un tanto molesto.
Cuando el ogro se convirtió en ratón, el gato lo atrapó de un solo zarpazo y
se lo comió.
Al escuchar que se acercaba el carruaje, el gato corrió hacia las puertas del
castillo para darle la bienvenida al rey:
—Bienvenido al castillo del señor marqués de Carabás.
—¿Cómo, señor marqués de Carabás? —exclamó el rey—. ¿También este
castillo le pertenece?
El rey deslumbrado por la enorme fortuna del marqués de Carabás, dio su
consentimiento para que se casara con la princesa.
Aquel joven que antes fue pobre se había convertido en un príncipe gracias
a la astucia de un gato. El joven nunca olvidó los favores del gato con botas
y lo recompensó con una capa, un sombrero y un par de botas nuevas.
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FIN
Hansel y Gretel
Un humilde leñador vivía con sus dos hijos y su nueva esposa en un bosque
a las afueras del pueblo. El niño se llamaba Hansel y la niña, Gretel. Todos
los días el leñador trabajaba sin descanso. Sin embargo, llegó un momento
en el que no le alcanzaba para el sustento de su familia. Preocupado, el
leñador le dijo a su esposa una noche:
—No tengo lo suficiente para comprar pan y mantequilla, ¿qué haré para
alimentarnos y alimentar a los niños?
—Esto es lo que haremos —respondió la mujer—, mañana por la mañana,
llevaré a Hansel y a Gretel a la entrada del pueblo y los dejaré ahí; una
familia acaudalada se apiadará de ellos y vivirán una vida muy cómoda y
feliz. Entonces, solo tendremos que preocuparnos por nosotros.
—Jamás lo permitiré —dijo el hombre—. ¿Cómo crees que puedo
abandonar a mis hijos?
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—Debes hacerlo —refutó la mujer—. Si no lo haces, todos vamos a tener
hambre.
Los dos niños, incapaces de dormir por el hambre, habían escuchado la
conversación. Llorando, Gretel le dijo a su hermano:
—Hansel, no puedo creer lo que hemos escuchado.
—No te preocupes Gretel —respondió Hansel con voz tranquila—. Tengo
una idea.
Al amanecer, la malvada mujer despertó a sus dos hijastros gritando:
—¡Levántense ya, no sean flojos! Vamos al mercado a comprar alimentos.
Luego, les dio a los pequeños un trozo de pan y les dijo:
—Este es el almuerzo; no se lo coman enseguida, porque no hay más.
Gretel guardó el pan en su delantal. Hansel puso el suyo en el bolsillo de su
abrigo y lo desmenuzó en secreto, con cada paso que daba, arrojaba las
migas de pan en el camino.
—Espérenme aquí —dijo la madrastra cuando se encontraban en medio del
bosque—, ya regreso.
Sin embargo, pasaron las horas sin que volvieran a saber de la mujer. Tan
grande era su maldad que los había abandonado sin tomarse la molestia de
dejarlos en el pueblo.
Hansel y Gretel se sentaron en la oscuridad y compartieron el pedazo de
pan de Gretel. Pronto, los dos niños se quedaron dormidos. Cuando
despertaron en medio de la noche, Gretel comenzó a llorar y dijo:
—¿Cómo encontraremos el camino a casa?
Hansel la consoló diciéndole:
—Espera a que salga la luna, luego seguiremos mi camino de migas de pan
hasta la casa. Sin embargo, cuando salió la luna no pudieron seguir el
camino porque las aves del bosque se habían comido las migas. Los dos
pequeños se encontraban perdidos en el bosque.
Después de muchos días y noches de vagar por el bosque, los niños
hallaron una casita que estaba hecha con pan de jengibre.
—¡Comamos! —dijo Hansel—, mordisqueando el techo mientras Gretel
probaba parte de la ventana.
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De repente, la puerta se abrió y una anciana salió cojeando apoyada en un
bastón. Hansel y Gretel estaban tan asustados que dejaron caer los
pedazos de jengibre que habían estado comiendo. La anciana sonrió muy
amablemente y les dijo:
—Soy una viejita muy solitaria, me siento muy feliz de verlos.
La anciana los condujo al interior de su casa, cocinándoles una maravillosa
cena. Luego, los llevó a dos lindas camitas, y Hansel y Gretel durmieron
cómodamente. Pero la amable anciana era en realidad una bruja que usaba
su casa para atrapar a los niños y convertirlos en muñecos de jengibre.
Temprano en la mañana, la bruja encerró a Hansel en una jaula mientras
dormía. Luego despertó a Gretel y le dijo:
—Levántate floja, y ayúdame a preparar el horno. ¡Voy a convertir a tu
hermano en un muñeco de jengibre!
Gretel lloró al escuchar las palabras de la bruja, pero no tuvo más remedio
que hacer lo que le ordenaba. Cuando la niña encendió el fuego del horno,
la bruja le dio una nueva orden:
—Métete adentro y mira si el horno está lo suficientemente caliente.
En el momento que Gretel estuviera dentro, la bruja tenía la intención de
cerrar el horno y convertir a la pobre niña en una muñeca de jengibre. Pero
Gretel conocía las crueles intenciones de la bruja y respondió:
— No sé qué hacer, ¿cómo entro al horno?
—La puerta es lo suficientemente grande, mírame entrar —respondió la
bruja muy molesta.
Luego, abrió la puerta del horno mágico y se metió adentro. Gretel
instantáneamente cerró la puerta. Una vez dentro del horno, ¡la bruja se
convirtió en una muñeca de jengibre!
Gretel liberó a Hansel de su prisión. A la salida de la casa de la bruja,
Hansel tropezó con un baúl lleno de joyas. Los dos niños se llenaron los
bolsillos de oro, perlas y diamantes. Felices, recorrieron el bosque hasta que
vieron a su padre en la distancia.
El angustiado hombre abrazó a sus hijos con fuerza, todos los días salía a
buscarlos. Tanta era su pena que no quiso volver a saber de su malvada
esposa. Hansel sacó las joyas de sus bolsillos, y dijo con emoción:
—Mira papá, nunca tendrás que volver a cortar leña.
Fue así que esta pequeña familia vivió feliz para siempre.
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FIN
El flautista de Hamelín
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Apenas se había dado por terminada la infructuosa reunión, los presentes
oyeron algo inesperado. En la puerta del Concejo Municipal sonaba un
ligero repiqueteo.
Entonces entró en la sala el hombre más extraño que se puedan imaginar.
Llevaba una larga capa formada por recuadros negros, rojos y amarillos. Era
alto, delgado y con brillantes ojos azules, portaba una sonrisa que dirigía a
unos y otros, como si se hallara entre viejos amigos.
—Es bien sabido en toda Alemania que Hamelín tiene un problema con las
ratas. Si ahuyento a todas las ratas, ¿cuál sería mi recompensa? —dijo el
extraño.
Por un momento, el alcalde se quedó atónito. Le resultaba difícil creer que el
estrafalario hombre pudiera liberarlos del problema.
—Diez monedas de oro del tesoro municipal si puedes cumplir lo que
prometes— dijo el alcalde.
El extraño asintió con la cabeza y se marchó.
Estando en la calle, tomó una flauta que llevaba colgada en el cuello y
comenzó a tocarla. En todos los rincones de Hamelín podía escucharse una
hermosa melodía.
De repente hubo un estruendo, miles de ratas llegaron desde todas las
direcciones siguiendo el sonido que provenía de la flauta. El extraño se
dirigió hacia el río, todas las ratas, ratones y ratoncitos se zambulleron en
sus aguas quedando atrapadas en la corriente. No quedó rastro de un solo
roedor en las calles de Hamelín; el extraño flautista había cumplido su
promesa.
Al cabo de unas horas, el extraño regresó al Concejo Municipal a reclamar
su recompensa. Pero el alcalde, los concejales y los pobladores habían
cambiado de opinión.
—Has hecho un gran trabajo, pero diez monedas de oro son demasiado
pago por tocar la flauta. Te pagaremos una moneda de oro y nada más —
dijo el alcalde.
El extraño los miró con sus brillantes ojos azules, dio media vuelta y se
marchó.
Encontrándose en la calle, sacó nuevamente su flauta y comenzó a tocarla.
Esta vez la melodía que provenía del instrumento era diferente, pero
igualmente hermosa. Todos los niños y niñas de Hamelín salieron de las
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escuelas y de las casas y comenzaron a seguir al extraño; bailaban,
cantaban y aplaudían.
El extraño salió de la ciudad, pasó por el río y desapareció en la espesura
del bosque… todos los niños lo siguieron.
FIN
Jack y los frijoles mágicos
Érase una vez un niño llamado Jack que vivía con su mamá en una humilde
granja. Ellos eran muy pobres y lo único que tenían era una vaca flaca.
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Jack le contestó:
—¿Cómo pudiste cambiar lo único que tenemos por unos pocos frijoles? —
dijo su mamá—. Muy enojada, arrojó los frijoles por la ventana. Jack estaba
muy triste y se fue a dormir sin cenar.
—¿Señora, puede por favor darme algo de comer y beber?, tengo mucha
hambre.
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El gigante tenía un aspecto horripilante. Jack estaba aterrorizado y de un
salto se escondió en la alacena.
El gigante exclamó:
El arpa tocaba música alegre, pero Jack se sentía triste al ver la pobre
gallina enjaulada. Mientras el gigante dormía, Jack tomó la gallina y el arpa.
De repente, el arpa gritó:
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El gigante se despertó y vio a Jack con sus dos preciados tesoros. Furioso,
corrió detrás de él. Jack descendió el tallo con el arpa y la gallina a cuestas.
Al tocar tierra llamó a su mamá:
¡CATAPLÚN!
Cayó el gigante tan fuerte que fue a dar al otro lado del mundo.
FIN
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ADIVINAN
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¡
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Vuelo de noche, duermo en el día y nunca veras
plumas en ala mía.
MUERCIELAGO
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CHISTES
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¿Qué se necesita para encender una vela?
Que esté apagada.
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Cualquiera, porque las casas no saltan.
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DINÁMIC
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1.- Basquetglobo
Desarrollo
Cada uno coge un papel sin mirarlo y se lo coloca en la frente, para que
todos los demás puedan verlo, menos él. Haremos rondas de preguntas por
turnos, en las que solo se podrán hacer preguntas cuya respuesta sea sí o
no.
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Así, hasta que cada uno de los participantes adivine que personaje o
película es.
Desarrollo: El animador dice color, color y un color. Los niños y las niñas
tienen que ir a buscar y tocar el color antes que el animador los atrape. El
atrapado pasará a ser el que dice el color.
4.- El encuentro
5.- El Gato
6.- La Granja
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7.- La ola
A la señal del profesor, dicho jugador pasará al segundo la pelota por entre
sus piernas. Éste la tomará y se la pasará al tercero por encima de su
cabeza, el tercero se la pasará al cuarto por entre sus piernas, y así
sucesivamente. Cuando el último coge la pelota, se desplaza corriendo
hasta la primera posición, (provocando que todo el equipo se desplace una
posición hacia atrás), comenzando el ciclo nuevamente.
8.- La Sombra
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10.- Canasta de frutas
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Dinámicas para formar
grupos
1. Los abrazos: Esta dinámica consiste en dejar a los alumnos y alumnas que
se distribuyan por el espacio mientras la música suena. Cuando la música
pare, tienes que decir un número al azar y los alumnos se deben agrupar
con las personas que tengan alrededor. En la última ronda, debes decir el
número de participantes que quieres que tenga cada grupo, así cuando se
hayan juntado, esos serán los grupos que se conformarán para la actividad
posterior. ¡Existen muchas variaciones de este juego y muy divertidas!
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desarrollar la técnica cooperativa del puzzle o rompecabezas o un proyecto
de clase en el cual cada grupo tenga una función, entre otras ideas.
4. Las cartas: Para esta actividad necesitarás una baraja de cartas que
deberás preparar previamente según el número de alumnos y alumnas en el
aula. Seguidamente, reparte al alumnado una carta boca abajo que deberán
descubrir todos a la vez y luego juntarse sin hablar con sus compañeros/as
siguiendo un mismo patrón (quizá se juntan por objetos, por números, por
colores…).
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7. Mi favorito: ¿Cuál es tu comida favorita? ¿Cuál es tu color favorito? ¿Cuál
es el mes de tu cumpleaños? ¡Para desarrollar esta dinámica deberás lanzar
preguntas para que los alumnos y alumnas se junten según sus gustos!
¡Cuando se formen aquellos grupos que creas adecuados, puedes acabar el
juego!
RONDA
S
INFANTI
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¿Qué son las rondas infantiles?
La ronda constituye un gran recurso didáctico, una valiosa fuente de apoyo
para la adquisición de conocimientos, no solo de tipo formativo sino del
ámbito general de todo el hábitat del individuo. Es un elemento de expresión
ritmo-plástica muy completa ya que permite la participación activa del niño
en forma espontánea y va mejorando su formación integral como tal,
además estimula el desarrollo social. Es un instrumento de poderosas
sugerencias para convivencia y las normales relaciones entre los niños.
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A PARES Y NONES
Ronda para los más pequeños. Se debe cuidar que los jugadores sean
mínimos tres y sumen número impar.
A pares y nones
vamos a jugar
el que quede solo
ese perderá ¡YA!
Al cantar “¡Ya!” todos deben abrazar a una pareja, pues el que quede solo,
pierde.
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LOS POLLITOS DICEN
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LINDO PESCADITO
En el agua clara
que brota en la fuente
un lindo pescado
salta de repente.
—Lindo pescadito
¿no quieres salir
a jugar con mi aro?
¡Vamos al jardín!
Lindo pescadito,
yo te debo amar
porque a tu mamita
sabes respetar.
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PIN-PON
Todos en rueda van señalando las partes del cuerpo que se van
nombrando, haciendo la mímica respectiva. Los adultos pueden auxiliarse
de este canto a la hora de las comidas y del arreglo personal.
Se desenreda el pelo
con peine de marfil,
y aunque se da estirones
no llora ni hace así
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(gestos de llanto y desagrado).
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LA RUEDA DE SAN MIGUEL
Se repite y se van nombrado, uno a uno, hasta que todos los integrantes
estén de espaldas; entonces se vuelve a nombrar, uno a uno, hasta que,
nuevamente, todos queden frente al grupo.
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LA PÁJARA PINTA
Todos
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dame un besito que sea de tu boca.
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Cucú, cucú, cantaba la rana
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Las letras de arroz con leche
Con esta sí, con esta no, con esta señorita me caso yo.
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Yo tenía 10 perritos
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solo me quedaron 5.
De los 5 que quedaban, de los 5 que quedaban,
uno se perdió en el teatro:
nada más me quedan 4
De los 4 que quedaban, de los 4 que quedaban,
uno se volteó al revés:
solo me quedaron 3.
De los 3 que me quedaban, de los 3 que me quedaban,
a uno lo atacó la tos:
y ahora solo quedan 2.
De los 2 que yo tenía, de los 2 que yo tenía,
uno se lo llevó Bruno:
¡ay!, que solo queda 1.
El perro que me quedaba, el perro que me quedaba,
se fue a acampar al cerro:
¡ya no tengo ningún perro!
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FABULAS
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La liebre y la tortuga
Había una vez una liebre muy vanidosa que se pasaba todo el día
presumiendo de lo rápido que podía correr.
Cansada de siempre escuchar sus alardes, la tortuga la retó a competir en
una carrera.
—Qué chistosa que eres tortuga, debes estar bromeando—dijo la liebre
mientras se reía a carcajadas.
—Ya veremos liebre, guarda tus palabras hasta después de la carrera—
respondió la tortuga.
Al día siguiente, los animales del bosque se reunieron para presenciar la
carrera. Todos querían ver si la tortuga en realidad podía vencer a la liebre.
El oso comenzó la carrera gritando:
—¡En sus marcas, listos, ya!
La liebre se adelantó inmediatamente, corrió y corrió más rápido que nunca.
Luego, miró hacia atrás y vio que la tortuga se encontraba a unos pocos
pasos de la línea de inicio.
—Tortuga lenta e ingenua—pensó la liebre—. ¿Por qué habrá querido
competir, si no tiene ninguna oportunidad de ganar?
Confiada en que iba a ganar la carrera, la liebre decidió parar en medio del
camino para descansar debajo de un árbol. La fresca y agradable sombra
del árbol era muy relajante, tanto así que la liebre se quedó dormida.
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Mientras tanto, la tortuga siguió caminando lento, pero sin pausa. Estaba
decidida a no darse por vencida. Pronto, se encontró con la liebre
durmiendo plácidamente. ¡La tortuga estaba ganando la carrera!
Cuando la tortuga se acercó a la meta, todos los animales del bosque
comenzaron a gritar de emoción. Los gritos despertaron a la liebre, que no
podía dar crédito a sus ojos: la tortuga estaba cruzando la meta y ella había
perdido la carrera.
Moraleja: Ten una buena actitud y no te burles de los demás. Puedes
ser más exitoso haciendo las cosas con constancia y disciplina que
actuando rápida y descuidadamente.
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El perro y su reflejo
Un perro muy hambriento caminaba de aquí para allá buscando algo para
comer, hasta que un carnicero le tiró un hueso. Llevando el hueso en el
hocico, tuvo que cruzar un río. Al mirar su reflejo en el agua creyó ver a otro
perro con un hueso más grande que el suyo, así que intentó arrebatárselo
de un solo mordisco. Pero cuando abrió el hocico, el hueso que llevaba cayó
al río y se lo llevó la corriente. Muy triste quedó aquel perro al darse cuenta
de que había soltado algo que era real por perseguir lo que solo era un
reflejo.
Moraleja: Valora lo que tienes y no lo pierdas por envidiar a los demás.
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El lobo y la grulla
Un día como cualquier otro, un joven y fornido lobo sintió cómo su garganta
se atoraba con el pequeño hueso de una de sus presas. Viéndose en la más
precaria situación, comenzó a aullar con lo poco que le quedaba de aliento:
—¡Socorro, auxilio! Ayúdame y serás recompensado.
Los animales del bosque ignoraron las palabras del lobo ya que todos
sabían que él no era de fiar. Sin embargo, una grulla incauta que caminaba
por ahí escuchó sus lamentos y decidió ayudarlo. Con su largo y delgado
pico, entró en la garganta del lobo y luego de haber extraído el hueso, exigió
el pago prometido. Sin embargo, el lobo sonriendo y rechinando sus dientes,
exclamó:
—¿Qué es lo que me pides? Te aseguro que ya tienes la recompensa que
te mereces al haber metido tu cabeza en la boca de un lobo y haber seguido
con vida.
Moraleja: Cuando sirves a los malos de corazón, no esperes
recompensa. Agradece si escapas las consecuencias de tus acciones.
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El león y el mosquito
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El gallo y la joya
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El león y el ratón
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La cigarra y la hormiga
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—¿Qué hiciste tú en el verano mientras yo trabajaba? —preguntó la
hormiga.
—Andaba cantando y jugando —contestó la cigarra.
—Pues si cantabas y jugabas en verano —repuso la hormiga—, sigue
cantando y jugando en el invierno.
Dicho esto, cerró la puerta.
La cigarra aprendió a no burlarse de los demás y a trabajar con disciplina.
Moraleja: Para disfrutar, primero tienes que trabajar.
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