LA IGLESIA EN AMÉRICA LATINA Y EL PERÚ
8. La Iglesia y la liberación en América Latina
Preguntas de autoevaluación.
1. ¿Cuál fue la actitud de la Iglesia frente a las dictaduras?
La actitud de la Iglesia frente a las dictaduras en América Latina ha variado según el
contexto y el país. En algunos casos, optó por la cautela y la supervivencia, evitando
enfrentamientos directos con los regímenes autoritarios. En otros, asumió una postura
profética y de denuncia, defendiendo los derechos humanos y la dignidad de los más
vulnerables.
En ciertas ocasiones, la jerarquía eclesiástica mantuvo relaciones con los gobiernos
militares, lo que generó críticas por su aparente pasividad o complicidad. Sin embargo,
también surgieron figuras dentro de la Iglesia que desafiaron el poder, como
monseñor Óscar Romero en El Salvador, quien denunció la violencia y fue asesinado
por su compromiso con los pobres.
A partir de los años 70 y 80, la Iglesia en América Latina adoptó un enfoque más claro
hacia la defensa de los derechos humanos, promoviendo la teología de la liberación y
la protección de las víctimas de la represión. En países como Argentina y Chile, algunos
obispos y comunidades religiosas jugaron un papel clave en la resistencia contra los
regímenes militares.
En definitiva, la relación entre la Iglesia y las dictaduras ha sido compleja, marcada por
tensiones internas entre quienes optaron por la colaboración, la prudencia o la
confrontación abierta. Hoy, su legado sigue siendo objeto de debate en la historia
política y religiosa de la región.
2. ¿Qué entiendes por “catolicismo social”?
El catolicismo social es una corriente dentro de la Iglesia que busca aplicar los
principios del cristianismo a la realidad social, especialmente en contextos de pobreza,
desigualdad y conflictos laborales. Su objetivo es promover la justicia social, la
dignidad humana y el bien común, inspirándose en la doctrina social de la Iglesia.
Surge como respuesta a los problemas generados por la industrialización y el
capitalismo, defendiendo los derechos de los trabajadores y la necesidad de reformas
económicas más equitativas. En América Latina, se relaciona con movimientos como la
Acción Católica y la teología de la liberación, que han buscado vincular la fe con el
compromiso social y político.
El catolicismo social ha influido en la creación de instituciones de ayuda, la promoción
de leyes laborales justas y el acompañamiento a comunidades marginadas. A lo largo
de la historia, ha sido un pilar en la defensa de los derechos humanos y en la lucha
contra la explotación económica.
3. ¿Cómo entiendes tú la religiosidad popular?
La religiosidad popular es la forma en que la fe se vive y expresa en la cultura cotidiana
de los pueblos, especialmente en América Latina. No es simplemente una
manifestación sentimental, sino una expresión auténtica de fe arraigada en la vida del
pueblo, con tradiciones, devociones y prácticas que refuerzan la identidad
comunitaria.
Esta religiosidad se manifiesta en procesiones, peregrinaciones, fiestas patronales,
imágenes sagradas, oraciones espontáneas y símbolos externos. También refleja una
teología popular, donde las personas interpretan su relación con Dios desde
experiencias concretas, muchas veces con un fuerte sentido de providencia y
protección divina.
Más que una práctica individual, la religiosidad popular es un vínculo social,
especialmente entre los sectores más marginados, ofreciendo consuelo, esperanza y
pertenencia. Es un espacio donde la fe responde a las necesidades reales de la gente, a
veces de manera más cercana que las estructuras oficiales de la Iglesia.
4. ¿Qué es el CELAM? ¿Cuándo se crea y qué funciones tiene? ¿En qué
se diferencia con la CAL?
El CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe) es una institución eclesial
creada en 1955, tras la Primera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
en Río de Janeiro, con el objetivo de coordinar y fortalecer la labor pastoral de la
Iglesia en América Latina y el Caribe. Su función principal es promover la comunión y
cooperación entre las Conferencias Episcopales de la región, organizando encuentros,
impulsando estudios teológicos y pastorales, y orientando la misión evangelizadora.
Por otro lado, la CAL (Comisión Pontificia para América Latina) fue creada en 1958 por
el Papa Pío XII, con la misión de apoyar las Iglesias latinoamericanas desde el Vaticano.
A diferencia del CELAM, la CAL depende directamente de la Santa Sede, y su función es
asesorar al Papa y a los dicasterios romanos en temas relacionados con América
Latina, coordinando el apoyo institucional desde Roma.
La diferencia fundamental es que el CELAM es un organismo de los obispos
latinoamericanos, enfocado en el trabajo pastoral y en la aplicación de las decisiones
eclesiales dentro de la región, mientras que la CAL es una entidad vaticana, que actúa
como vínculo entre América Latina y el Papa.
Resumen
Capítulo III
La Iglesia y la liberación en América Latina
Durante el siglo XX, la Iglesia en América Latina enfrentó un contexto de revolución popular, dictaduras
e intentos de secularización. Aunque la región conservaba su carácter rural y su mentalidad liberal, los
gobiernos liberales dejaron de perseguir abiertamente a la Iglesia en algunos países y se consolidó la
separación entre Iglesia y Estado.
La primera mitad del siglo XX puede dividirse en tres períodos: las guerras, la posguerra y el período
conciliar. En un primer momento, la Iglesia mantenía una pastoral moral y conservadora, con
metodologías enfocadas en la defensa y la conservación, sin captar del todo la transformación social ni
los desafíos del sindicalismo y el comunismo.
Las persecuciones religiosas marcaron la época: en México, entre 1911 y 1937, se promovió una
constitución anticlerical que marginó a la Iglesia; en Guatemala, desde 1870 hasta 1955, la Iglesia fue
catalogada como una secta fuera de la ley; en Ecuador, desde 1895 hasta la década de 1940, las
constituciones eliminaron referencias religiosas. Uruguay vivió un proceso de descristianización
impulsado por José Batlle.
Brasil experimentó una transición menos agresiva tras la caída del imperio y la separación entre Iglesia
y Estado. La relación con los gobiernos se estabilizó con Getulio Vargas (1930-1945), quien favoreció
una colaboración con la Iglesia.
Las dictaduras marcaron la historia de la Iglesia, obligándola a adoptar una postura de supervivencia.
Aunque no participó activamente en enfrentamientos políticos, fue criticada por su aparente
complicidad con regímenes autoritarios.
En la década de 1930, la Iglesia comenzó a enfrentar nuevos desafíos, como el auge del
protestantismo, la escasez de sacerdotes, el marxismo, los frentes populares y el sindicalismo, lo que
cuestionó sus métodos pastorales.
12.1 El catolicismo social
En el siglo XX, América Latina experimentó una profunda transformación con el crecimiento urbano, la
industrialización y la aparición de movimientos sindicalistas y comunistas, en medio de problemas
como dictaduras, concentración de riqueza y desigualdad estructural.
Ante estos cambios, surgió el catolicismo social, especialmente en México, Argentina y Chile, como
respuesta a las injusticias. Desde este movimiento nacieron reflexiones teológicas de liberación,
impulsadas por comunidades católicas fuertes y contextos de gran desigualdad social.
Aunque la Iglesia mantenía una visión tradicional y centrada en lo eclesiástico, la Acción Católica
permitió la expansión de este pensamiento en toda la región, conectando el catolicismo con las luchas
sociales y sindicales.
Hasta la década de 1940, el laicado católico en América Latina tenía poca formación social, y
la Iglesia mantenía una postura paternalista y cautelosa frente al avance del socialismo y el
comunismo. La doctrina no había logrado transformar la mentalidad de las élites, y su acción
social era más simbólica que efectiva.
A partir de los años 40, la Iglesia comenzó a perder influencia sobre las masas populares, que
se alejaban de ella. La acción social pasó de ser un proyecto pastoral a una práctica de buena
conciencia. Con el tiempo, la Iglesia dejó de estar a la vanguardia y quedó en la retaguardia
frente a los cambios sociales.
Actualmente, la propuesta social de la Iglesia en América Latina se canaliza a través del
enfoque del documento de Santo Domingo y del compromiso de algunos miembros que viven
su fe de manera cercana y encarnada con las comunidades. Su acción no busca protagonismo,
sino compartir la experiencia cristiana con quienes más lo necesitan.
12.2 Fidelidad religiosa y religiosidad popular
La religiosidad popular en América Latina ha sido una expresión profunda de fe, manifestada
en el folclore, las devociones y las prácticas comunitarias. No se limita a lo sentimental, sino
que representa una forma de vivir el cristianismo en medio de la cultura y la identidad del
pueblo.
A pesar de las dificultades políticas y sociales, el sustrato católico se ha mantenido, con una
fidelidad constante del pueblo hacia la Iglesia. Aunque han existido lagunas pastorales
aprovechadas por otras confesiones cristianas, la fe sigue arraigada en la identidad
latinoamericana, dando al continente un sentido providencialista de esperanza y religiosidad.
La devoción popular se basa en una teología espontánea, donde la dependencia de Dios se
refleja en expresiones como "Gracias a Dios" o "Papá Lindo". La fidelidad a la Iglesia ha sido
evidente en momentos de persecución, como la guerra de los cristeros en México (1926-1929)
y las manifestaciones de apoyo a la Iglesia en Colombia tras 1930.
Entre las manifestaciones más comunes de la religiosidad popular se encuentran los bautismos,
procesiones, templos rurales, peregrinaciones, rogativas, el culto mariano, la adoración
nocturna y el culto a los muertos. La práctica de sufragios y aniversarios refuerza la conexión
entre los vivos y sus ancestros, resaltando el carácter comunitario de la fe.
12.3 Crisis y nuevo comienzo
La crisis en América Latina se ha manifestado en tres niveles: revolución popular, integración regional y
autonomía cultural. Estos procesos han sido respuestas a problemas estructurales como la pobreza, el
analfabetismo, la desigualdad y la presencia de dictaduras.
Tras el fin de los regímenes militares, surgieron movimientos revolucionarios que intentaron redefinir
la relación entre economía, política y religión, aunque a menudo se enfrentaban a la injusticia
cotidiana. La integración regional buscó la convergencia de los países latinoamericanos, pero sus
intentos han sido obstaculizados por intereses políticos.
Por otro lado, el descubrimiento de la autonomía cultural ha llevado a una mayor toma de conciencia
sobre la identidad latinoamericana, promoviendo la independencia cultural frente a la influencia
extranjera. En este contexto, la Iglesia debe reconocer su papel dentro de una sociedad en
transformación y redefinir su misión sin perder sus principios fundamentales.
12.4 La Iglesia ante los grandes desafíos
La Iglesia en América Latina ha enfrentado diversos desafíos, desde estados militaristas y movimientos
armados hasta minorías raciales y reformas agrarias. Entre sus respuestas han destacado los
momentos colegiales, en los que ha buscado definir su misión y estrategia frente a los cambios
políticos y sociales.
Durante la Colonia, los concilios regionales y provinciales ayudaron a generar conciencia sobre el trato
a los nativos, aunque la Iglesia tuvo que adaptarse a ideologías extranjeras. En el Concilio Vaticano I,
hubo poca participación latinoamericana, mientras que en el Vaticano II, cerca de 600 prelados
asistieron, marcando un cambio significativo en la acción pastoral.
La aplicación del Vaticano II en América Latina llevó a la Conferencia de Medellín, cuyo lema fue "La
Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio". A partir de ahí, otras
conferencias episcopales se enfocaron en la evangelización y la promoción humana, como Puebla y
Santo Domingo.
Estas conferencias han dinamizado la acción pastoral, permitiendo a la Iglesia afrontar problemas
sociales sin perder su identidad. Sin embargo, su postura ha sido considerada subversiva por algunos
gobiernos, lo que ha dificultado su labor en ciertos países.
Río de Janeiro (1955)
La Iglesia en América Latina ha enfrentado diversos desafíos, desde estados militaristas y
movimientos armados hasta minorías raciales y reformas agrarias. Entre sus respuestas han
destacado los momentos colegiales, en los que ha buscado definir su misión y estrategia frente
a los cambios políticos y sociales.
Durante la Colonia, los concilios regionales y provinciales ayudaron a generar conciencia sobre
el trato a los nativos, aunque la Iglesia tuvo que adaptarse a ideologías extranjeras. En el
Concilio Vaticano I, hubo poca participación latinoamericana, mientras que en el Vaticano II,
cerca de 600 prelados asistieron, marcando un cambio significativo en la acción pastoral.
La aplicación del Vaticano II en América Latina llevó a la Conferencia de Medellín, cuyo
lema fue "La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio". A
partir de ahí, otras conferencias episcopales se enfocaron en la evangelización y la promoción
humana, como Puebla y Santo Domingo.
Estas conferencias han dinamizado la acción pastoral, permitiendo a la Iglesia afrontar
problemas sociales sin perder su identidad. Sin embargo, su postura ha sido considerada
subversiva por algunos gobiernos, lo que ha dificultado su labor en ciertos países.
Medellín (1968)
La Conferencia de Medellín se celebró del 26 de agosto al 6 de septiembre de 1968, bajo el pontificado
de Pablo VI, quien la convocó en enero de ese año. Reunió a 140 obispos, además de representantes
religiosos, sacerdotes y observadores no católicos.
Fue la primera conferencia con un documento de trabajo preparado por el CELAM, estructurado en
torno a tres enfoques: ver, juzgar y actuar. Sus temas principales fueron la promoción humana, la
evangelización y la organización eclesial.
Medellín reflejó la transformación impulsada por el Vaticano II, marcando un giro pastoral hacia un
compromiso social más profundo. Destacó la necesidad de una Iglesia cercana al pueblo, enfatizando
la lucha contra la pobreza, el pecado social y la justicia. Inspirada por Gaudium et Spes y Populorum
Progressio, promovió el papel activo del Evangelio en la transformación del mundo.
Entre sus impactos más importantes, fomentó las comunidades eclesiales de base, fortaleció la
teología de la liberación, alertó sobre la violencia institucionalizada y animó a la Iglesia a
comprometerse con los sectores más vulnerables.
Puebla (1979)
La Conferencia de Puebla se celebró del 28 de enero al 15 de febrero de 1979 y fue inaugurada por
Juan Pablo II, marcando su primer viaje a América Latina. Convocada inicialmente por Pablo VI, su
realización atravesó las transiciones de tres pontificados.
Participaron 400 delegados, incluyendo obispos, sacerdotes, religiosas, laicos y observadores no
católicos. Se presentó un documento de trabajo como base para las discusiones, que culminaron en la
elaboración del documento final bajo el tema: "La evangelización en el presente y el futuro de América
Latina".
Inspirado en Lumen Gentium y Evangelii nuntiandi, el texto desarrolló una teología de la historia
latinoamericana, diferenciándose de las ideologías del ateísmo marxista y el liberalismo capitalista. Se
estructuró en cuatro líneas fundamentales:
Su conclusión enfatizó que la Iglesia debe ser sacramento de comunión y servir al pueblo a través de su
acción misionera. Como continuación de Medellín, Puebla promovió la evangelización como tarea
universal, la denuncia de los antivalores y la búsqueda de soluciones reales desde el Evangelio.
Santo Domingo (1992)
La Conferencia de Santo Domingo se celebró en 1992, con motivo del V centenario de la
evangelización de América y bajo la consigna de "Nueva Evangelización, Promoción
Humana y Cultura Cristiana", promovida por Juan Pablo II desde 1983.
Participaron 358 delegados, incluyendo cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos,
además de representantes de otros países y observadores de distintas confesiones. El proceso
preparatorio incluyó documentos de consulta y trabajo, con debates organizados por el
CELAM.
El desarrollo de la conferencia fue complejo, y algunos señalaron una "manipulación
romana", diferencias metodológicas y la falta de una postura clara sobre la liberación de
América Latina. Sin embargo, su documento final significó un avance respecto a Medellín
(liberación) y Puebla (comunión y participación), centrándose en la evangelización de la
cultura.
El documento se estructuró en tres partes, con Cristo como eje central:
Jesucristo, Evangelio del Padre, llamado a la esperanza desde la historia.
Jesucristo evangelizador en su Iglesia, en el marco de la evangelización, la promoción
humana y la cultura cristiana.
Jesucristo, vida y esperanza de América Latina y el Caribe, con líneas pastorales
prioritarias.
Aparecida (2007)
La Conferencia de Aparecida se celebró del 13 al 31 de mayo de 2007, inaugurada por el
Papa Benedicto XVI y organizada por el CELAM con la orientación de la Pontificia
Comisión para América Latina. Su tema central fue "Discípulos y Misioneros de
Jesucristo, para que nuestros pueblos tengan en Él vida", inspirado en Juan 14,6.
El papa Francisco, entonces arzobispo de Buenos Aires, tuvo una participación significativa en
la conferencia, destacando cuatro pilares clave:
1. Participación de las Iglesias locales en la preparación, en lugar de depender de un
documento base rígido.
2. Ambiente de oración, con una fuerte presencia del Pueblo de Dios en celebraciones
litúrgicas.
3. Deseo de un nuevo Pentecostés, concibiendo la conferencia como el inicio de una
Misión Continental.
4. Presencia de María, madre de América, como referente espiritual.
Aparecida enfatizó la importancia de una pastoral misionera en lugar de una meramente
conservadora, llamando a la Iglesia a respuestas más dinámicas y adaptadas a los desafíos
actuales. Su propuesta busca renovar la evangelización y transformar la presencia de la Iglesia
en América Latina.
La Iglesia frente a los Estados militares y burgueses
Desde la década de 1950, varios países latinoamericanos quedaron bajo regímenes militares, y
posteriormente bajo gobiernos burgueses y reformistas, caracterizados por corrupción y
oligarquías con respaldo económico internacional.
Ante esta realidad, la Iglesia no siempre ha jugado un papel profético, ya que en ocasiones se
ha visto inmersa en estas dinámicas. Sin embargo, han surgido figuras dentro de la Iglesia que
han optado por el servicio y la evangelización como vía de liberación, sin recurrir a la violencia
ni defender privilegios adquiridos.
Con el tiempo, la Iglesia dejó de centrarse en la defensa de sus propios intereses y pasó a
priorizar la defensa de la dignidad humana, lo que ha generado conflictos con los gobiernos.
En muchas regiones, asumió un papel profético de denuncia social, que en algunos casos ha
costado la vida de sus líderes. Esto ha mantenido a la Iglesia en una tensión constante con el
Estado, ya que ambas instituciones tienen un impacto significativo en la realidad
latinoamericana.
La Iglesia ante el comunismo social y la violencia subversiva
La Iglesia en América Latina ha enfrentado desafíos frente a los gobiernos socialistas
totalitarios en Cuba, México y Chile, y ante grupos subversivos en Colombia, Bolivia,
Guatemala y Perú. En algunos casos, se ha visto comprometida, ya sea apoyando o criticando
a estos movimientos.
Ante esta realidad, surgió un compromiso social, representado por figuras como el obispo
Hélder Cámara, quien defendió a los más necesitados sin caer en extremismos. Algunos
obispos, sacerdotes y laicos asumieron un papel profético, promoviendo el Evangelio desde la
justicia y el servicio.
Con el tiempo, los grupos subversivos han cambiado su enfoque, pasando de la lucha por la
justicia social a convertirse en estructuras económicas financiadas por el secuestro, la tortura,
los atentados y el narcotráfico. La caída de la revolución socialista entre 1989 y 1991 debilitó
estas organizaciones, aunque su influencia aún persiste.
Las minorías raciales
La Iglesia en América Latina ha enfrentado desafíos frente a los gobiernos socialistas
totalitarios en Cuba, México y Chile, y ante grupos subversivos en Colombia, Bolivia,
Guatemala y Perú. En algunos casos, se ha visto comprometida, ya sea apoyando o criticando
a estos movimientos.
Ante esta realidad, surgió un compromiso social, representado por figuras como el obispo
Hélder Cámara, quien defendió a los más necesitados sin caer en extremismos. Algunos
obispos, sacerdotes y laicos asumieron un papel profético, promoviendo el Evangelio desde la
justicia y el servicio.
Con el tiempo, los grupos subversivos han cambiado su enfoque, pasando de la lucha por la
justicia social a convertirse en estructuras económicas financiadas por el secuestro, la tortura,
los atentados y el narcotráfico. La caída de la revolución socialista entre 1989 y 1991 debilitó
estas organizaciones, aunque su influencia aún persiste.
La reforma agraria
La reforma agraria en América Latina surgió como un intento de reducir la concentración de
tierras, permitiendo que el Estado comprara terrenos de grandes propietarios para distribuirlos
entre campesinos. Sin embargo, las luchas sociales, los abusos y la corrupción dificultaron su
éxito.
La Iglesia tuvo un papel ambiguo: algunos obispos y terratenientes cristianos cedieron tierras
en favor de los pobres, mientras que otros mantuvieron una postura de estabilidad y
conformismo ante el sistema. También promovió la conciencia social sobre el problema
agrario, lo que generó críticas.
En cuanto a la estructura eclesial, los obispos han mostrado distintas posturas: algunos
anclados en el pasado, otros proyectados hacia el futuro y otros buscando vivir su compromiso
histórico. Los sacerdotes han estado en el centro de los conflictos sociales, y algunos
movimientos sacerdotales han intentado reformar la Iglesia en medio de crisis políticas.
Los religiosos y laicos han participado en la vida social y política. Algunos laicos promovieron
democracias cristianas, impulsadas por el sindicalismo cristiano, los movimientos eclesiales
y la intelectualidad universitaria, lo que llevó a la creación de partidos políticos con identidad
confesional.
El individualismo ha generado conflictos dentro de la Iglesia, dificultando la aplicación de
reformas. Aunque se insiste en una praxis liberadora, muchas discusiones no llegan a
acciones concretas, manteniendo una tensión constante entre las distintas posturas dentro del
catolicismo latinoamericano.
13. Reflexiones sobre la historia de la Iglesia en América Latina
13.1 Los cambios económicos, sociales y políticos
La reforma agraria en América Latina surgió como un intento de reducir la concentración de
tierras, permitiendo que el Estado comprara terrenos de grandes propietarios para distribuirlos
entre campesinos. Sin embargo, las luchas sociales, los abusos y la corrupción dificultaron su
éxito.
La Iglesia tuvo un papel ambiguo: algunos obispos y terratenientes cristianos cedieron tierras
en favor de los pobres, mientras que otros mantuvieron una postura de estabilidad y
conformismo ante el sistema. También promovió la conciencia social sobre el problema
agrario, lo que generó críticas.
En cuanto a la estructura eclesial, los obispos han mostrado distintas posturas: algunos
anclados en el pasado, otros proyectados hacia el futuro y otros buscando vivir su compromiso
histórico. Los sacerdotes han estado en el centro de los conflictos sociales, y algunos
movimientos sacerdotales han intentado reformar la Iglesia en medio de crisis políticas.
Los religiosos y laicos han participado en la vida social y política. Algunos laicos promovieron
democracias cristianas, impulsadas por el sindicalismo cristiano, los movimientos eclesiales
y la intelectualidad universitaria, lo que llevó a la creación de partidos políticos con identidad
confesional.
El individualismo ha generado conflictos dentro de la Iglesia, dificultando la aplicación de
reformas. Aunque se insiste en una praxis liberadora, muchas discusiones no llegan a
acciones concretas, manteniendo una tensión constante entre las distintas posturas dentro del
catolicismo latinoamericano.
13.2 La Iglesia y futuro
13.2.1 La Iglesia y la sociedad de consumo
La Iglesia enfrenta el desafío del consumismo, donde el valor de las personas se mide por lo
que poseen en lugar de lo que son. Este fenómeno, impulsado por el capitalismo y los mass-
media, ha generado problemas como contaminación, pérdida de autenticidad y desigualdad
social.
En este contexto, la Iglesia busca contrarrestar la cultura del materialismo, promoviendo
valores como la austeridad, solidaridad y vocación religiosa. Los votos religiosos ofrecen
una alternativa a la acumulación desmedida, invitando a todos los cristianos a reflexionar sobre
el verdadero sentido de la vida.
Sin embargo, esta lucha no es fácil, ya que la influencia del consumismo está profundamente
arraigada en la sociedad actual. La Iglesia debe continuar su misión, proponiendo una visión
basada en la dignidad humana y el equilibrio entre lo material y lo espiritual.
13.2.2 Iglesia y tecnología
La tecnología ha sido clave en la transformación de la sociedad, desde las comunicaciones
satelitales y la fibra óptica hasta la inteligencia artificial y los avances bioquímicos. Estos
cambios han redefinido la realidad humana, y la Iglesia enfrenta el reto de iluminar estos
progresos con el Evangelio.
La nueva evangelización debe adaptarse a este entorno, integrando nuevas metodologías
prácticas y expresivas sin perder su identidad. Su éxito dependerá del entusiasmo y
compromiso con su misión, promoviendo un mensaje que dialogue con la modernidad sin
renunciar a su esencia.