Universidad Mayor
Facultad de Psicología
Sede Temuco
Técnicas Psicoanalíticas
Taller de Psicoterapia Infanto-Juvenil
Integrantes:
René Alarcón
Lorena Curihuinca
Sandra Guaitiao
Mariana Ponce
Juan Pablo Saavedra
Mabiz Volpi
Hsiu Jiuan Wu
Profesora:
Ps. Patricia Muñoz P.
Temuco, Octubre de 2005
Introducción al Psicoanálisis
Como se sabe, lo clave del psicoanálisis es el desarrollo de la teoría de lo
inconsciente. Esta idea surgió a fines del siglo pasado de las investigaciones del Dr.
Josef Breuer, médico internista vienés, con su amigo y colega Sigmund Freud en
torno al cuadro clínico que padecían los pacientes histéricos . Ambos descubrieron que
los pacientes histéricos, no eran enfermos orgánicos, sino que sus síntomas eran
consecuencia de los efectos permanentes que ejercían en la mente, ciertas vivencias
traumáticas del pasado, que por su carácter contradictorio habían sido "desalojadas"
de la conciencia (reprimidas), por lo que no podían ser olvidadas. Esto significaba
que tales pensamientos reprimidos, no habían tenido la posibilidad de ser elaborados
e integrados a la psiquis, por lo que quedaban en la mente como una especie de
"cuerpo extraño", siempre pugnando por expresarse conscientemente, ya sea a través
de un síntoma, de lapsos, de un sueño, etc. La compulsión a la "reminiscencia" del
histérico era entonces, reflejo de su incapacidad neurótica para olvidar. Las
investigaciones mostraban que estos procesos habían perdido la cualidad consciente,
al ser expresamente desatendidos por la persona (represión). Esta desatención parecía
motivada por el displacer o sufrimiento que algunos de estos pensamientos (p.e. de
una experiencia traumática) habían generado en la mente del paciente, al entrar en
conflicto con otros pensamientos.
La teoría de lo inconsciente, sistematiza lo que el sentido común ha apreciado
desde siempre: que detrás de la mayoría de las actitudes y comportamientos
conscientes de una persona, podemos suponer intenciones, pensamientos y
sentimientos, que están, en general, ocultos e inadvertidos para la persona misma y
para los demás. Esta idea, por supuesto, era muy antigua en la cultura anterior. Freud,
inspirado por la investigación de los casos clínicos, transforma esta teoría, en un pilar
del paradigma psicoanalítico, en un sistema, siempre inferido, con su propia lógica y
"contenido", con sus propios procesos, funciones y organización, en un mundo activo,
efectivo, determinante de los procesos mentales que adquieren conciencia, en el
cultivo de la intencionalidad y de la creatividad, en el punto clave, donde arrancan las
riendas de la voluntad y el trasfondo de la espontaneidad y la libertad humana. Freud
describe "la" conciencia, "el" preconsciente y "el" inconsciente como "lugares" de
donde salen y entran pensamientos y sentimientos, como si aquellos fueran
sustantivos existentes, con el fin de explicar en forma didáctica de este modelo. La
noción de "modelo" parece importante en la manera en que Freud conceptualiza la
teoría.
Mundo interno y transferencia
Dejar de buscar un suceso traumático reprimido en la memoria del paciente
como si fuera un hecho realmente ocurrido y que sería la causa de los síntomas, tuvo
una consecuencia notable: que el terapeuta pusiera atención en el mundo de fantasías
del paciente, como una realidad interna determinante del mundo psíquico de la
persona. La persona podía enfermar no solamente a raíz de una experiencia real
externa traumática, sino que también por la interpretación de una vivencia normal,
influida y distorsionada por el mundo de fantasías internas de la persona, la mayoría
de ellas inconscientes.
Desde este momento, en vez de pensar en encontrar activamente la "verdad"
de la historia que lograría generar el alivio y la curación sintomática, el terapeuta
atenderá el espontáneo despliegue de los pensamientos, sentimientos, fantasías,
sensaciones, recuerdos, etc. a través del lenguaje verbal y no verbal de un paciente
“consciente”. De esta manera se pone el acento en el análisis del mundo interno del
paciente. La posición le permitirá a éste, concentrarse y sumergirse en esta tarea. El
tránsito entre la búsqueda del "secreto", del "trauma", de la "causa" de los síntomas,
al modelo de la atención "libre", al despliegue del mundo interno del paciente, en el
"aquí y ahora", reflejan la flecha del tiempo de la teoría y técnica psicoanalítica
clásica. El análisis no busca la historia verdadera, deja de lado el afán de la
objetividad y se centra en el "aquí y ahora" de la experiencia emocional del paciente,
en la investigación e interpretación de la transferencia. La teoría de la transferencia es
otro de los conceptos centrales, en este caso una de las básicas teorías de la técnica
psicoanalítica.
Desde sus orígenes, los psicoanalistas deben ser pacientes, deben esforzarse
en conocerse a sí mismos, en tratar de comprender y aliviar sus propios dolores, en
reconocer lo que es suyo y así tratar de diferenciarse de los dolores y pensamientos de
sus propios pacientes, para así poder atenderlos y comprenderlos sin confundirlos ni
dañarlos.
Es menester considerar otros aspectos de la teoría psicoanalítica, como es el
caso de los niños de Melanie Klein, quien generó toda una teoría del desarrollo que
acentúa aspectos tardíamente atendidos por Freud, como es el caso del precoz de la
agresión innata, en la formación de la psiquis humana. O el caso de analistas
británicos como Winnicott, que han dado un rol importante a los recursos que la
mente trae y que promueven el desarrollo en el contexto de relaciones
suficientemente buenas de crianza madre-hijo.
Desde el corazón de la tradición clínica freudiana nació, la teoría de las
relaciones objetales, que describe la mente como un mundo construido en el
desarrollo de una red de relaciones emocionalmente significativas, vividas e
interiorizadas por el sujeto con otras personas ("objetos" mentales), noción
sumamente útil para mirar la constitución de la relación analítica entre terapeuta y
paciente, específicamente la llamada "transferencia".
Es así, que podemos entonces ver en este tiempo, un crecimiento de la teoría y
técnica psicoanalítica en el contexto de una comunidad que investiga, cambia y
diverge en la interrelación con sus objetos de estudio, pero que mantiene ciertas bases
que desde Freud le dan su identidad: la teoría de lo inconsciente y la teoría de la
transferencia.
La cura por la palabra
La mente, abrumada por el dolor o la angustia, reprime, es decir, saca de la
conciencia lo traumático. Sin embargo, estas experiencias, registradas en la memoria
como imagen y como emoción, siguen escondidas de la conciencia, pero
expresándose indirectamente a través de síntomas, muchos de ellos corporales. La
duración de los síntomas significaba que la represión era un esfuerzo mental
persistente y por ello los síntomas también lo eran. Se dieron cuenta que el esfuerzo
represivo consistía en evitar que la persona pensara en algo que podría perturbarla
enormemente. Por ello el camino debía consistir en ayudar al paciente a hablar y a
asociar, lenta y cautelosamente, a la manera de un “detective”, en busca de las raíces
ocultas de los síntomas. Había que actuar con cautela pues el desocultamiento de la
raíz traería salud pero antes el dolor. Por ello había que acompañar con prudencia,
respeto y empatía. De esta manera la persona volvería a ser capaz de pensar en lo que
no podía pensar, y a restituir su mente, una parte que por dolor mantenía disociada.
Breuer y Freud construían así los pilares del psicoanálisis: Una teoría del
inconsciente, una teoría psicológica de la histeria, un método psicológico de
tratamiento y luego la proposición de un modelo de la mente en que los conceptos de
memoria, yo, pensar y carácter consciente e inconsciente de los procesos psíquicos
eran los centrales.
Otro concepto emblemático es la transferencia. Este factor es central en la
técnica psicoanalítica. Es propiamente el campo en el que trabajan terapeuta y
paciente. Es una experiencia de éste último, básicamente inconsciente, en la que éste
revive, en las circunstancias especiales en que se desenvuelve el psicoanálisis, ciertas
relaciones emocionales infantiles. Muchos vínculos humanos están siempre
impregnados de esta condición, sobre todo aquellos con un fuerte compromiso
emocional y vital. En la vida de las personas uno puede encontrar una verdadera
compulsión a repetir antiguos modos de relaciones. Como es de imaginarse, si algo
dañino del pasado infiltra, sin que nos demos cuenta nuestras relaciones reales
actuales, puede llevarnos a una seria confusión y pérdida. Cuando esto ocurre en el
tratamiento lo interfiere (resistencia). El terapeuta, como actitud clave, se dedica a
intuir e investigar en la transferencia al paciente que trata de actuar en la sesión para
así, en el momento adecuado, mostrársela (interpretación). La comprensión de este
hecho generará un cambio en la resistencia del paciente, y en general en sus procesos
psíquicos, permitiéndole poder pensar en forma más productiva, verdadera y real.
Todo esto permitirá al terapeuta escuchar a su paciente evitando el prejuicio o la
racionalización apresurada, la tentación de adoctrinarlo, al peligro de maltratarlo o
explotarlo.
Terapia de juego psicoanalítica
El papel del juego en el psicoanálisis del niño es más ambiguo de lo que se
cree comúnmente. Hug-Hellmuth (1921), menciona que el niño juega con sus propios
juguetes en el curso de las sesiones y recomienda que lo haga en su propia casa, en
tanto que Anna Freud, se refiere al juego como un recurso para promover la
verbalización del niño, lo que es tomado como el medio verdadero de análisis durante
el periodo de latencia. Sin embargo, Fries (1937), proporciona una explicación
detallada de la utilización del juego en el análisis de un niño de cuatro años dirigido
bajo la supervisión de Anna Freud; quien delineó las diferencias entre los enfoques
freudianos y kleinianos para la utilización del juego en el trabajo analítico del niño.
Presenta el papel de juego como una fuente de indicios hacia la vida interior del niño,
pero enfatiza la convivencia de ocultar la interpretación hasta que él ha obtenido
acceso a sus experiencias traumáticas únicas y específicas, mediante el manejo
sistemático de sus resistencias.
Por el contrario, la Escuela Berlín/Londres dirigida por Melanie Klein (1932),
concebía el juego infantil como un equivalente de las “asociaciones libres” de los
pacientes adultos. En consecuencia, las actividades del juego eran y se trataban como
el dato principal sobre el que se basaban las interpretaciones; es más, el juego infantil
se tradujo al supuesto lenguaje del inconsciente, por lo general dentro del marco de la
configuración de transferencia adjudicado.
El método kleiniano no sólo utiliza el juego como un medio para promover la
relación y una futura comunicación en el tratamiento, sino como un fin por si mismo.
Esto se produjo por la tendencia de Klein de tratar niños muy pequeños (de 2 a 3
años), que apenas hablaban, en tanto que el grupo de Viena se inclinaba a tratar niños
mayores en los que sus habilidades estuvieran mejor establecidas.
Uso del juego de la terapia psicoanalítica
Debe quedar claro que la terapia psicoanalítica en niños y adultos, se basa en
el análisis de la resistencia y la transferencia, y que en el fondo todas las
intervenciones se adaptan a estos fines fundamentales.
De este modo, el juego no se utiliza como un medio para lograr acción dentro
de la terapia psicoanalítica infantil. En los casos que por lo general se ven en
psicoterapia o análisis en la actualidad, la estructura del trastorno es tan compleja y
variada las determinantes del conflicto inconsciente, que ningún proceso activo que
fracase al explorar las defensas inconscientes y restricciones del yo puede ser de un
valor más que transitorio.
El juego no es utilizado para proporcionar al niño una recreación. La
expansión del repertorio de recreaciones del niño es una meta valiosa en el proceso de
tratamiento con muchos niños, en especial aquellos que se encuentran sobre limitados
o inmaduros. Debe admitirse que es difícil, en ocasiones imposibles, evitar cierto
grado de participación en el juego del niño, sin embargo, el terapeuta debe mantener
su atención en el objetivo principal, que es el servir como observador participante, y
no como compañero de juego.
El juego tampoco es utilizado para educar al niño, el juego puede ser en otros
contextos un instrumento de instrucción útil y legítima; los educadores lo explotan en
esa dirección.
La función de la terapia psicoanalítica es resolver esos conflictos que pueden
interferir con su habilidad para utilizar al máximo su capacidad de recursos
educativos comunes. Indudablemente, el niño puede obtener algunos beneficios
educativos secundarios a partir del tratamiento, a través de una identificación con el
terapeuta o de la práctica de ciertas actividades de juego. De esta forma el juego es
utilizado para establecer contacto como un dispositivo que promueve la
comunicación interpretativa.
El uso terapéutico de los juegos
El uso original del juego de Anna Freud (1964) sería como un medio para
evaluar y trabajar con niños.
Slavons y cols., desarrollaron la terapia de grupo de actividad, una forma no
interpretativa de terapia de grupo para los pequeños en edad de latencia.
El papel de los juegos y las actividades del juego en el desarrollo
El juego es la principal y la más significativa de las formas en que el niño
aprende (ensayo de las actividades de papeles sociales) y llega a las condiciones con
objetos y personas en su ambiente.
Es un medio catártico, auto revelador, de naturaleza instructiva, divertido y
auto motivador.
Usos terapéuticos
- Es un medio de expresión natural, experimentación y aprendizaje en general
del niño.
- El niño se siente cómodo en un escenario de juego.
- Facilita la comunicación y la expresión, permite una liberación catártica de
sentimientos, de frustraciones y ansiedades.
- Las experiencias de los juegos son renovadoras, saludables y constructivas.
- Permite a los adultos comprender el mundo de los niños, observándolos en sus
juegos.
El papel de los juegos en la Consulta y Terapia
Cuatro aspectos los hacen útiles en la evaluación y como herramienta terapéutica:
1.- Las grandes distorsiones perceptuales y de juicio que regularmente ocurren.
2.- La excesiva importancia que se da a los resultados.
3.- El compromiso afectivo que acompaña al juego.
4.- La intensidad de fantasía y actividad motora de los participantes y espectadores.
Además, existen seis funciones de ayuda, que resultan de la utilización del juego en la
consulta y terapia, estos son:
- Herramienta de evaluación proyectiva.
- Puede provocar una situación en la que la ansiedad y ciertas condiciones
puedan provocar confrontarse.
- Se enfrentan a las “reglas del juego” que sirven como analogía de vivir en
forma responsable según normas aceptables por la sociedad y de ver los
derechos y privilegios propios en relación con los demás.
- Surgen fantasías se pueden liberar potencial creativo para la vida y solución
de problemas.
- Produce autoconciencia con lo que la persona reconozca y prueba nuevas
conductas en la situación de juego, y quizás generalizarlas a otras situaciones
de la vida.
- Conduce a conductas más novedosas, enfrentarse a la agresividad con
habilidad, aceptando retos, siendo criticado, hostilizada y rechazada por los
demás.
El uso del juego para reducir la resistencia terapéutica
Se utiliza por la habilidad limitada y falta de disposición de los niños para hablar
directamente de sus problemas y sentimientos.
Winnicott (1971) propone la técnica del garabateo para comunicarse
metafóricamente con los niños. El objetivo es, establecer una comunicación con los
pensamientos y sentimientos del niño mediante un intercambio que “quita el
obstáculo del camino del desarrollo del paciente”.
Gardner (1971) y Kritzberg, presentan el juego de decir, sentir y hacer. El
propósito terapéutico es el de desviar el superyo hablando directamente al yo. En
estos juegos el niño y el terapeuta llevan a cabo un intercambio temático de material
inconsciente y subconsciente en un estilo estructurado y altamente interactivo.
Los juegos como centro del sistema terapéutico
Schachter (1974), habla sobre la Psicoterapia Cinética: que consiste en juegos
familiares modificados para movilizar sentimientos y estimular la interacción entre
los participantes.
Se desprenden tres aspectos:
- Una vez que el participante muestra un sentimiento durante alguna de las
actividades, se suspende el juego y el conductor y el grupo le enseñan a
identificar y verbalizar tal sentimiento.
- Durante la actividad, los participantes presentan conductas de enfrentarse a
algo. Cuando estas se vuelven evidentes, el conductor y el grupo, enseñan a
los participantes a ensayar formas alternativas de enfrentamiento. Así, tratan
de diferentes formas de responder ante sentimientos y situaciones.
El terajuego: Es un sistema para pre-escolares en desventaja y emocionalmente
perturbados (Geruberg, 1973, 1979). Se entremezclan los juegos de la primera
infancia con arrullos, caricias, cosquillas y una interacción física continua.
La relación física placentera y continua con el terapeuta, se considera como una
condición necesaria y suficiente para llenar el vacío hipotético de relaciones
interpersonales y experiencias sensoriales que durante la primera infancia condujeron
a los problemas emocionales.
El estímulo físico y los juegos de iniciativa en la terapia
El estímulo físico ofrece una alternativa eficaz que depende de los procesos
verbales y cognitivos y señala que los pacientes físicamente imposibilitados son en
especial receptivos a una intervención que fomente:
a) Un sentido de integridad física.
b) Desarrollo de habilidades motoras físicas.
c) El uso del cuerpo para confrontar un problema.
Los juegos de iniciativa incluyen un problema, que deben resolver trabajando
juntos para encontrar la solución. Además, fomentan el uso de habilidades cognitivas
como la planeación, evaluación y toma de decisiones. También alientan al
crecimiento interpersonal.
A menudo se incorporan las actividades de estimulación física a programas que
enfatizan el desarrollo personal, autorrealización y aprendizaje del trabajo en equipo.
Guías de procedimientos
Criterios adicionales para la selección del juego:
a) Debe ser familiar o fácil de aprender.
b) Debe ser apropiado en edad y desarrollo.
c) Debe tener propiedades claras en relación con los resultados terapéuticos que
se desean.
Las diferencias se centran en la orientación teórica del terapeuta y en la
centralidad de estos en el proceso terapéutico
Las semejanzas de los enfoques radica en:
1) Las conductas problemas son un intento por comunicar.
2) Los sentimientos y las conductas se exploran a través de los juegos.
3) Los sentimientos y las conductas se exploran en una atmósfera en la que
existen salida para su expresión, así como medios para su sublimación, y
donde puedan aprenderse nuevas conductas por la observación, modelamiento
y ensayo.
Terapia de Juego: Técnicas y Escenarios Especiales
La observación del juego del niño puede revelar los niveles cognitivos, social y
emocional del desarrollo.
- El juego se relaciona con el nivel de inteligencia, desarrollo y grado de
psicopatología del niño.
- El niño debe ser tratado en su contexto del problema idealmente, por ejemplo:
si tiene problemas escolares, realizar la intervención con los recursos de la
escuela.
Los materiales y técnicas se dirigen hacia:
1.- Hacer el juego o la conversación más atractivos para el niño.
2.- Estructura el juego de modo que sea menos amenazados
3.- Crear materiales apropiados para un escenario muy específico para un niño.
Estableciendo el contacto
En un principio se creía que el análisis infantil requería un “periodo
preparatorio” para atraer el interés del niño y establecer una transferencia positiva.
Para conseguir este objetivo Hug-Hellmuth y Anna Freud visitarían al niño en su
casa, e inclusive conducirían ahí el tratamiento, utilizando los propios juguetes del
niño para promover lo que ahora llamaríamos “una alianza de trabajo”. Sin embargo,
los trabajos subsiguientes principalmente el de Berta Bornstein (1945), sobre la
técnica de análisis de resistencias, condujeron a la eliminación de la fase preparatoria,
permanece vigente que el analista buscará la mejor manera de facilitar el interés del
niño en el tratamiento, buscando el nivel de poder comunicarse mejor, para el niño
ese nivel es el de juego.
Los materiales de juego deben estar disponibles para el niño. El terapeuta se
debe cuidar de sugerir su uso, su posición debe ser permisiva pero no directiva,
teniendo presente el objetivo final del tratamiento, que sería ayudar al niño a
verbalizar conflictos y hacer uso de los esfuerzos interpretativos del terapeuta.
Promoviendo la observación
Para los kleinianos, el juego del niño se considera totalmente equivalente a las
asociaciones libres de los adultos e igualmente accesible para la interpretación según
la teoría kleiniana del desarrollo y la formación de síntomas. Sin embargo, para el
terapeuta freudiano el problema es más complejo, el juego se ve como un modo de
conducta egomediadora que sirve a una variedad de propósitos psicológicos (cf.
Waelder, 1933), produciendo un cuerpo sustancial de datos, pero requiriendo
suplementos de fuentes adicionales diferentes, incluyendo a los padres. Por lo tanto,
el juego es sólo una de las fuentes de las que el terapeuta obtiene inferencias sobre el
niño, pero que puede ser muy útil, en el proceso de la evaluación diagnóstica inicial y
durante el tratamiento.
El juego como medio de interpretación
Cualquiera sea el medio por el que el analista llegue a las formulaciones sobre
los conflictos del niño, su herramienta fundamental en la terapia es la interpretación,
donde se pone a prueba la habilidad, el tacto y la sensibilidad empática, es decir,
como el terapeuta va expresar mejor sus pensamientos para que el paciente pueda
aceptarlos y utilizarlos.
Con el paciente adulto, las interpretaciones se redactan en el lenguaje del
proceso secundario, utilizando un lenguaje lo más parecido a lo que usa el paciente.
Aunque este es el objetivo fundamental en el análisis infantil, su obtención es difícil,
debido a la organización cognoscitiva inmadura a las limitaciones del uso del
lenguaje, a la dependencia de quienes figuran en sus conflictos, y el carácter tenaz de
sus resistencias. Todos estos factores se configuran para formar modo de
comunicación al que Ekstein y Caruth (1966); denominan “interpretación dentro de la
metáfora”, lo que comprende, a varios niveles, el uso de la situación de juego, las
figuras representadas o ambos, dentro de él como el sujeto y objeto de la oración
interpretativa.
La comunicación dentro del contexto metafórico desplazado de la situación
del juego es un punto de inicio necesario para el proceso gradual de hacer llegar a la
expresión verbal el afecto y conflicto del niño.
Ekstein y Friedman (1957), proporcionan una aplicación más elaborada, compleja e
ingeniosa de este principio, describiendo el amplio tratamiento de un adolescente
psicótico límite, mediante el uso de diversos niveles de “acción de juego, actuación
de juego y acting out”. Gran parte del trabajo interpretativo se lleva cabo por la
comunicación dentro de la metáfora de la fantasía delincuente y criminal del paciente,
con el terapeuta funcionando siempre como observador pero con ciertos grados de
participación.
Lewis (1974), distinguió niveles de intervención variantes en el análisis infantil, los
que incluyen:
- Afirmaciones de atención, dirigidas a provocar la conciencia del niño “el
contexto básico de sus acciones, verbalizaciones o ambas”.
- Reductivas, las que buscan demostrar patrones de conducta no advertidos
reduciendo los sucesos dispares a una forma común.
- Situacionales, las que buscan hacer al niño consciente de aquellas situaciones
que hacen surgir ciertos afectos o conductas.
- Interpretaciones de transferencia, que pretende mostrarle al niño como se
refleja sus conflictos en su relación con el terapeuta.
- Afirmaciones etiológicas, que buscan unir la conducta actual del paciente con
sus sucesos de desarrollo temprano.
Una vez más el tacto, la habilidad y un reconocimiento de las capacidades
cognoscitivas del niño señalarán que nivel de comunicación elegirá el terapeuta y el
grado al que enmarca su comunicación dentro de la metáfora del juego.
Materiales y su uso
Como en cualquier forma de interacción la comunicación psicoterapéutica con
el niño debe estar a tono con su nivel de desarrollo afectivo y cognoscitivo. Esta
máxima se aplica, específicamente a la alternativa y utilización de los materiales de
juego en la terapia infantil. Una gran cantidad de materiales de juego provocará más
confusión en el niño que su involucración, además tenderá a representar al terapeuta
como un gratificador inagotable, en lugar colaborador en una institución terapéutica.
Como lo señalan algunos autores “lo que se recomienda se deriva de otro principio
básico de toda teoría, lo que demanda que se haga lo más con lo menos; un cuarto de
tratamiento debe contener juguetes simples y durables y proporcionar un mínimo de
desorden”. Por último, los materiales deberán ser consistentes con el sentido de
comodidad del terapeuta y de la realidad del espacio disponible.
Un equipo de materiales de juego adecuado puede incluir (aunque no
necesariamente limitarse a) una buena cantidad de papel para dibujar y recortar,
crayones y marcadores, plasticina para moldear, cubos de diferentes tamaños para
construir, muñecas pequeñas y flexibles y algunos muebles para ellas; algunos títeres
para juego dramático, un biberón de juguete y una muñeca que pueda vestirse y
desvestirse, carros y camionetas, dos pistolas de juguete y una pelota de goma o
plástico. Para niños en la etapa de latencia (especialmente varones), es muy útil un
tablero y un ajedrez y también un juego de indios y vaqueros de plástico. Para niños
mayores de la etapa de latencia, pueden servir modelos de aviones y barcos pero
pueden obtenerse los adecuados y no deben guardarse sistemáticamente.
En particular, deben evitarse los juegos de tablero complejos y los juguetes de
construcción complicada; los de baraja tienden a oponer resistencia en vez de
establecer comunicación.
En la medida de lo posible, los materiales deben alentar y no restringir el
juego libre de la imaginación del niño, y promover y no retardar la verbalización de
fantasías, expresión del afecto y revelación de mecanismos de defensa característicos.
Erickson señaló ciertos aspectos importantes de la psicogeografía y
psicodinámicas del juego de importancia clínica para el terapeuta infantil. En
particular hace diferencia entre los diversos terrenos en los que se desenvuelven la
fantasía y el juego del niño – la autósfera, refiriéndose al cuerpo y funciones
corporales del niño; micrósfera, el mundo mayor de la situación terapéutica
incluyendo al terapeuta.
Erickson señala que el juego del niño en la micrósfera en ocasiones puede
referirse a sus preocupaciones en la autósfera (por ejemplo, alimentar a la muñeca
puede relacionarse con sentimientos de privación bucal) pero reflejar a la vez deseos
relacionados con la macrósfera (por ejemplo, el deseo de ser alimentado por el
terapeuta).
El arte de la interpretación, incluye el juicio del terapeuta para enfatizar
cualquiera de estos significados durante las intervenciones. Erikson también demostró
el principio de “interrupción del juego” aceptado actualmente y que significa que la
interrupción en la secuencia y continuidad del juego del niño es un indicador de
ansiedad y una pista para que el terapeuta examine el contenido manifiesto o latente
de fantasías para señalar una configuración conflictiva de alta significación.
Por ejemplo: Toni, de seis años, jugaba con una familia de títeres. Después de una
escena convencional en donde “mami” acostó a los niños, “mami y papi” empezaron
a discutir, después comenzaron a golpearse. De pronto la niña arrojó los títeres y
dijo “tengo que ir al baño”. El terapeuta le dijo “te causa mucho temor el escuchar
a tu mami y papi pelear, te enfada”. Toni respondió “gritan mucho” – y se olvidó de
ir al baño.
Este juego tan dramático es característico de preescolares y niños en edad
edípica. Durante la latencia, cuando la comunicación verbal es más segura, las
defensas se consolidan más fuertemente, y los mecanismos obsesivo-compulsivos son
comunes tal expresión relativamente libre de fantasía y conflicto se reemplaza a
menudo por formas de expresión disfrazadas- dibujo, relato de aventuras
complicadas, o en especial con varones, juegos competitivos. Beiser escribió
ampliamente sobre el uso de juegos en la psicoterapia, con los que se muestra más
entusiasta que muchos. Estos, no sólo son útiles como medio para evaluar las
defensas favorecidas, la capacidad para tolerar la frustración y el nivel de desarrollo
del superyó (hacer trampas), sino también como un medio para generar fantasías y
evaluar las habilidades perceptomotoras. Los juegos simples de lápiz y papel como el
“gato” y el “colgado” a menudo se inician por el propio niño; otros como el dominó y
las damas deben ser parte del equipo del cuarto de juegos.
Alrededor de la preadolescencia, el uso del juego por lo general desaparecerá
de la experiencia de tratamiento, el que dependerá principalmente de la comunicación
verbal incluyendo el recurso de la interpretación de los sueños como medio de
exploración. Sin embargo, ocasionalmente, el preadolescente y el adolescente joven,
quizá necesiten regresar defensivamente a actividades de juego y debe permitírseles
hacerlo dentro del contexto de esfuerzos interpretativos por resolver los conflictos
que generaron tal resistencia regresiva. Por ejemplo, esto puede ocurrir con
muchachos que encuentran hablar de fantasías sexuales como para comentarlos, y
recurren a jugar compulsivamente a “cachar”, o juego de fichas como un medio para
controlar su ansiedad.
Características del Terapeuta
Se necesitan ciertas precondiciones para la práctica de la terapia psicoanalítica
infantil. Cualquiera que sea su disciplina, el terapeuta debe tener una base profunda
en desarrollo infantil y experiencia en la observación de niños normales y desviados
en diferentes situaciones. Debe estar profundamente familiarizados con la teoría
psicoanalítica del desarrollo de la personalidad, su estructura y función, y ser
conocedor de la literatura en el campo. Por último, haber tenido una amplia
experiencia supervisada en el tratamiento de niños en el escenario de una clínica. Tal
entrenamiento debe ser a nivel de graduado, presuponiendo una instrucción básica
adecuada y cierta experiencia en la disciplina clínica básica.
Sin embargo, más allá de estos requisitos de instrucción, quien se propone
aventurarse dentro del campo de la terapia psicoanalítica infantil debe poseer también
ciertas características de personalidad. Ser lo suficientemente maduro para poder
empalizar sin sobreidentificarse, permitirse cierta medida de regresión controlada sin
perder su capacidad para observar e interpretar y soportar presiones afectivas intensas
sin perder el control. Debe ser capaz de sobrellevar la provocación sin ser provocado,
con la seducción sin ser seducido. El terapeuta debe estar lo suficientemente
satisfecho con la resolución de sus propios problemas infantiles como para soportar
su resurgimiento en la situación de tratamiento y su representación en el juego del
niño. Es raro el individuo que posee todos estos recursos sin haber tenido la
experiencia del psicoanálisis personal. Pero sobre todo, el terapeuta infantil debe
tener un interés genuino en los niños, una curiosidad sensitiva sobre lo que los
caracteriza y el deseo de subordinar los juicios doctrinarios a las observaciones
clínicas actuales. Por último, debe estar dispuesto y capaz de ser completamente
honesto con el paciente y consigo mismo.
La primera hora de juego, su significado
Freud, descubrió que si un niño juega, es porque necesita elaborar situaciones
traumáticas. Antes se creía que el niño a diferencia del adulto no tenía conciencia de
enfermedad, ni voluntad de curación.
Las conclusiones fueron diferentes durante la aplicación de la técnica de la
hora de juego, durante la primera sesión, fuese esta la iniciación de un análisis o
simplemente de observación diagnóstica aparecía la fantasía inconsciente de
enfermedad o curación.
Con la técnica del juego se comprueba que el niño nos comunica desde la
primera hora cual es su fantasía inconsciente sobre la enfermedad o conflicto por el
cual es traído al tratamiento y en mayor parte de los casos su fantasía inconsciente de
curación.
El temor de repetir su relación con el objeto originario es lo que nos
transforma en alguien y de quien se desconfía. El objeto originario cargado de
frustración y miedo proyectado en el terapeuta transforma a este en alguien temido
por el niño y de quien espera que adopte la misma conducta negativa de sus padres y
lo ataque. Este objeto originario en sus aspectos amados, en cuanto lo ha satisfecho
en sus necesidades, confiere al terapeuta los atributos necesarios para curarlo.
Esta doble fuente de la transferencia debe ser interpretada desde el primer
momento pero como los dos aspectos están siempre presentes durante el tratamiento,
la interpretación de su significado debe hacerse tan bien en las sucesivas.
Es fundamental que desde el primer momento asumamos el papel de
terapeutas porque esto ayuda al niño a ubicarse como paciente y a ir haciendo
consciente lo mostrado esto ayuda al niño a ubicarse como paciente y a ir haciendo
consciente lo mostrado como fantasía inconsciente, por lo cual debemos interpretar la
doble imagen y sus significados. Ya frente a los padres habremos aclarado nuestro
papel de terapeutas del hijo y no de ellos, que confirmamos al no pedirles cambios en
su vida familiar y al anticiparles la reserva que mantendremos con las sesiones del
hijo.
Conclusiones
En el tratamiento psicoanalítico infantil, el juego tiene una función establecida
y bien definida. Promueve la relación de trabajo entre el paciente y el terapeuta, y
permite la comunicación de deseos, fantasías y conflictos en una forma que el niño
puede tolerar afectivamente y expresar al nivel de sus capacidades cognitivas. La
función del terapeuta es observar, intentar entender, integrar y finalmente comunicar
los significados del juego del niño con el fin de promover el entendimiento del mismo
sobre su conflicto hacia el fin de una resolución más adaptativa. El juego en la terapia
psicoanalítica es el medio para ese fin. No se concibe como un agente terapéutico,
sino como uno de muchos instrumentos mediante los que el niño y el terapeuta se
comunican cuál será su objetivo terapéutico común.
Técnicas psicoanalíticas
Las técnicas de juego en la terapia psicoanalítica son muy variadas unas más
generales y otras enfocadas a trastornos psicológicos que se dan en la niñez.
Existen técnicas psicoanalíticas que utilizan el arte como el medio terapéutico
del juego. Usa el juego y el arte de manera conjunta para aclarar los pensamientos,
sentimientos y motivaciones inconscientes del niño.
Dibujo en serie
Es una técnica para niños pequeños y está orientada a trabajar ciertos aspectos
de las relaciones de apego padre-hijo, en las que el niño empieza a sentirse querido,
aceptado y respetado y a su vez que el niño exprese su inconsciente en forma
simbólica y de este modo penetrar en el potencial curativo de la psique.
Esta técnica consiste en lo siguiente: una etapa inicial (2 a 3 sesiones) con tres
aspectos principales del dibujo que proporcionan una visión del mundo interno del
niño, una etapa intermedia (4 a 7 sesiones) marcada por una separación de la
ambivalencia con una expresión más clara de los sentimientos dolorosos y la etapa
final (8 a 10 sesiones), en la que hay un cambio rápido hacia la solución de los
sentimientos más profundos y al dolor.
Técnicas que utilizan el arte
Psicoiconografia
Esta técnica se desarrolla principalmente en el trabajo de niños perturbados,
en la que el terapeuta utiliza el material que el paciente dibuja para valorar el nivel de
la emoción en lo psicológico utilizando el material altamente reprimido en
transacciones terapéuticas futuras. Con estos niños, por lo general, la actividad de arte
se utiliza en conjunto con otras interacciones terapéuticas y durante un periodo más
largo.
El juego de dibujar garabatos
Es una técnica útil para obtener material temático y comunicativo a través de
metáforas dibujadas y la narración de historias con niños en edad de latencia que se
resisten al cuestionamiento directo de sus problemas y sentimientos.
Esta técnica lleva al niño a la revelación de pensamientos y sentimientos
reprimidos y personalmente inaceptables. Consiste básicamente en pedir al niño que
haga un dibujo a partir del garabato que dibuja en primera instancia el terapeuta, y
posteriormente invierte el procedimiento, en donde el niño comienza con el garabato
y hace una historia sobre él y plantea las preguntas.
La técnica ilumina tu vida
Esta técnica fue creada por la dificultad que presentan muchas veces los
pacientes infantiles para verbalizar formas de conductas orientadas a la acción; sin
embargo, se ha planteado la hipótesis de que ésta es también la dificultad oculta en
los niños impulsivos, que actúan agresivamente y cuyas habilidades de socialización
no están desarrolladas.
Para poseer un adecuado manejo de los propios afectos, se debe tener
conciencia de la variedad de estados afectivos, la capacidad de relacionar estos
mismos con la vida cotidiana y poder verbalizarlos de una forma correcta.
Los objetivos específicos de la técnica ilumina tu vida son:
1. Aumentar la conciencia de los niños sobre los diferentes estados afectivos.
2. Alentar a los niños a discutir los sucesos en un nivel afectivo.
3. Ayudar a los niños a hacer la transición desde una forma de conducta
puramente orientada a la acción a una más verbal.
4. Ayudar a los terapeutas a obtener información sobre el nivel afectivo pasado y
presente del niño, de una forma menos amenazante que las entrevistas
verbales tradicionales.
Los materiales que se utilizan son simplemente papel y lápices de colores.
Arbitrariamente se asocian afectos particulares con colores, se debe permitir que el
niño intervenga en la asociación, de modo que le sea más fácil apropiarse del código,
luego de esto, el terapeuta debe estar seguro de que el niño pueda diferenciar en cada
combinación de color y sentimiento, una vez que ésta se ha establecido, se le da a
cada niño una hoja de papel y se le pide que ilumine con colores que muestren los
sentimientos que ha experimentado en su vida.
En este punto, el terapeuta continúa fomentando la verbalización del niño,
procurando hablar menos él.
Finalmente, es importante resaltar que esta técnica no es un instrumento
terapéutico, sino un método o situación de juego para provocar verbalización de la
acción afectiva.
Técnicas de juego simulado
En el proceso del juego simulado existen dos partes en el tratamiento: jugar y
hablar de ello. Mientras que algunos niños necesitan ayuda para simular, la mayoría
la requiere del juego para aprender a hablar de ello, para así tener un sentido del
juego, uniéndolo a la experiencia. A medida que los niños logran un control gradual
de su mundo interior de sentimientos con el uso del lenguaje, aprenden a manejar las
ansiedades relacionando sucesos, extrayendo significados de las experiencias,
haciendo cambios en su conducta, y por lo tanto, en sus vidas.
Técnica del mundo de arena de Lowenfeld
Técnica creada por la analista Margaret Lowenfeld, y consiste en ser un
actividad productiva, pero poco utilizada, que puede estimular el juego de fantasía,
siendo útil con la mayoría de los niños en la etapa de latencia.
Sin embargo, parece ser más fructífera para los que se encuentran en los
extremos de la línea conductual: los inhibidos y que resisten al juego (carecen de
habilidades para etc.) y aquellos hiperactivos que tiene dificultad para poner atención.
En este procedimiento se les pide que realicen “un cuadro en la arena”y se les
proporciona una colección de juguetes en miniatura, que contiene personas, animales
transportes y materiales no estructurados como plasticina, papel, madera y piedra. A
partir de esto, Lowenfeld descubrió que los niños creaban mundos, de los cuales era
posible describir este proceso como un “pensamiento no verbal”, un tipo de actividad
que ayuda a los niños a hablar “sin el uso del lenguaje” entonces esto ayudaría a los
niños a expresar lo inexpresable, siendo una forma de proyectar el mundo interior de
los sentimientos.
Títeres en el tratamiento infantil
Los títeres son una forma de drama en la que los personajes humanos o
fantásticos imitan la vida. Los títeres, para los niños proporcionan una salida segura,
substituta de los impulsos y fantasías, lo cual ha significado su utilización en
diferentes escenarios clínicos.
Al utilizar los títeres como herramienta de evaluación, el juego proporciona
información simbólica, no verbal, e interaccional. Para este procedimiento
diagnóstico es importante disponer de una gama considerable de títeres, y de una
selección de materiales adecuada dentro de cada categoría. Las categorías pueden
incluir figuras familiares auténticas y de la realeza, animales salvajes y domésticos y
tipos simbólicos, como diablos fantasmas, brujas.
Después que se termina el proceso de selección se le pide al niño que empiece
la historia “a los personajes seleccionados, con el niño infracontrolado, sirve para
prolongar el primer “entrar en calor” produciendo un diálogo amistoso con los títeres
(no con el niño) para ayudarlo a enfocar, simular y sentirse más cómodo. Es
importante no “dirigir” pues podría contaminarse la información, sino hacer
preguntas abiertas que conduzcan a facilitar las asociaciones para la historia de
seguimiento.
En cierto sentido la representación de la historia es similar al contenido
manifiesto de un sueño, está lleno de distorsiones y enmascaramientos con el fin de
proteger y ocultar. Descifrar la historia sin las historias del niño es enredarse en un
análisis tremendo. Tanto el niño como el terapeuta necesitan trabajar para
comprender el significado de las asociaciones y elaboraciones del primero.
Frente a este proceso hay que tener tres aspectos en cuenta ya que entregan
información valiosa acerca del niño:
1. Proceso de selección: con frecuencia los niños responden rápidamente,
quizás en un nivel menos que consciente, a los materiales y a la invitación a
jugar. Los materiales. A mediada que se les presentan los materiales surge una
serie de impulsos cognoscitivos, afectivos y sensoriales.
2. Contenido: el contenido de la historia proporciona claves sobre las
preocupaciones del niño y las formas de lidiar con ellos.
3. Forma: las historias pueden describirse según sus características formales o
configuracionales, pueden ser estáticas o fluidas, desorganizadas o
terminadas, originales o esteriotipadas, balanceadas o desequilibradas. Todos
estos elementos proporcionan al observador señales sobre el estado interno del
niño y el grado de organización.
Entrevista del juguete miniatura de Murphy
Diseñado para los preescolares o niños en edad de latencia temprana.
El propósito de la entrevista, es ver las necesidades, impulsos, problemas y estructura
del niño en relación con su temperamento y percepción de su espacio vital. Por lo
tanto, la entrevista facilita observar el contenido o sobre qué es el juego y la forma o
cómo juega el niño.
Para realizar esta técnica se coloca una serie de juguetes miniatura en
semicírculo sobre el piso. Los juguetes son figuras de personas y animales domésticos
y salvajes, medios de transporte, materiales sensorios motores, etc. Al estar los
juguetes en su lugar se le pide al niño que juegue con ellos en la forma que desee. El
terapeuta observa, tomando nota para registrar el proceso, e interviene según la
orientación terapéutica con el fin de acumular la información posterior.
Dramas improvisados
Esta técnica tiene por objetivo crear una situación en la que los niños puedan
expresar sus fantasías en el juego libre, el autor utiliza una entrevista de
improvisación.
Después que se les enseña el contenido de un vestuario y de la caja de
accesorios, se les pide a los más pequeños que vean en ella; la caja de vestuario
contiene máscaras, sombreros, maquillaje y piezas de vestir.
Luego que seleccionan algunos accesorios, se les pide que hagan una historia,
por lo general, asumen todos los papeles, sin embargo, en ocasiones esto no es
posible y el terapeuta puede intervenir, pero aclara que es la historia del niño y debe
dirigirla el mismo.
El terapeuta debe asumir un papel “creíble”, teniendo cuidado de no
contaminar el material, permaneciendo alerta a los posibles resultados de la
intervención. Si el juego se vuelve confuso, se le pide al niño que “invierta papeles”,
lo cual es un procedimiento psicodrama tipo común, que proporciona información del
punto de vista del niño.
Técnica de narración mutua de historias
Creada por el Dr. Richard A. Gardner como una solución propuesta a la
pregunta de cómo puede el terapeuta utilizar las historias auto creadas del niño
terapéuticamente. El terapeuta comienza por preguntarle al niño si le gustaría ser
invitado de honor de un programa de televisión de mentira en el que se narran
historias. Si el niño acepta se enciende la grabadora y se empieza:
“Buenos días niños y niñas, damas y caballeros. Me alegra darles la
bienvenida al programa de televisión inventa una historia del (nombre del
terapeuta).
En este programa invitamos a los niños a ver lo bien que inventan historias.
Es contra de las reglas decir historias de algo que haya sucedido realmente a ustedes
o a alguien que conozcan. La historia no puede ser sobre algo que hayan visto en la
TV., oído en la radio o leído de libros. Naturalmente, mientras más aventura y
excitación tenga su historia, más divertido será después verla en televisión. Al
terminar tu historia nos dices tu moraleja o lección de ella. Todo el mundo sabe que
todas las buenas historias tienen una moraleja o lección. En seguida (nombre del
terapeuta) inventará una historia y dirá la moraleja de la misma.
Y ahora me alegra mucho comunicarles que tenemos un nuevo niño(a) que
está ahora por primera vez con nosotros. ¿Nos puedes decir tu nombre?”
El terapeuta hace al niño una serie de preguntas que pueden contestarse con
palabras sueltas o frases sencillas, como su edad, dirección, escuela y nombre de su
profesor. Estas preguntas disminuyen la ansiedad del niño sobre temas menos
estructurados que contiene inventar una historia. Después se le dice: “Ahora que
sabemos algo de ti nos interesa escuchar qué tienes para nosotros. Estás al aire”
En este momento la mayoría de los niños comienza a narrar una historia con –
había una vez- cuando el niño termina, se le pide un consejo o moraleja. Èsta
proporciona información respecto a cuál temas de la historia será más útil enfocarse.
Después el terapeuta hace conjeturas sobre un significado
psicodinámicamente, determinar los temas inapropiados o inadaptados, se elaboran
conjeturas sobre qué figuras simboliza el niño o los diversos aspectos de su
personalidad y cuáles representan figuras significativas en el ambiente del niño. La
historia del terapeuta incluye a los mismos personajes en un escenario similar, pero
introduce adaptaciones más saludables y soluciones a los conflictos exhibidos en la
historia del niño, hay una gran oportunidad de que se escuche el mensaje y se
incorpore a la estructura psíquica del niño, se evitan confrontaciones directas y
provocadoras de ansiedad. Finalmente, después de completar la historia, se le pide al
niño que trate de deducir la lección o moraleja para ver el grado en que el niño es
capaz de lograr un insight y/o que se refiera a él.
Técnica de hablar, sentir y hacer
Introducida por Richard Gardner. El juego comienza cuando el niño y el
terapeuta acomodan sus piezas en la posición de inicio. Alternan turnos, arrojando el
dado y moviendo sus piezas a lo largo de un camino curvo a cuadros que terminan en
la posición final. Si la pieza de juego cae en un cuadro blanco, el jugador toma una
tarjeta de hablar, si cae sobre uno amarillo, una tarjeta de sentir; y si cae sobre un
cuadro rojo, una tarjeta de hacer. Si la pieza cae sobre un cuadro que dice girar, el
jugador hace girar una manecilla que dirige los movimientos ya sea hacia delante o
hacia atrás, o hace ganar o perder fichas. Tanto la manecilla como los últimos cuadros
tienen poco significado psicológico, sencillamente sirven para agregar diversión y
lograr mayor participación.
Se le da al niño la oportunidad de no responder si no lo deseen. Se les informa
que el no contestar significa, que no obtendrán una ficha de recompensa, y si
responden a la pregunta se le entrega una ficha de recompensa. La primera persona en
llegar a la posición final obtiene cinco fichas extras de recompensa. El ganador es
quien tiene más fichas después de que ambos jugadores llegan al final, o después de
que se haya interrumpido el juego porque la sesión terminó. En cada montón hay 104
tarjetas.
Las tarjetas de hablar estimulan al niño a hacer comentarios principalmente
dentro del terreno cognoscitivo e intelectual.
¿Qué piensas de una niña que no cuida a su perro?
¿Toda la gente tiene uno o más malos hábitos?. Menciona alguno de los tuyos.
Escribe el mensaje que pondrías en una botella para arrojarla al mar.
Las tarjetas de sentir se enfocan a los aspectos emocionales.
Di algo que has hecho y que te hizo sentir orgulloso.
Di tres malas palabras. ¿Qué piensas de las personas que la utilizan?
Todos los niños de la clase se reían de un niño. ¿Qué sucedió?
Las tarjetas de hacer incluyen actividades físicas y de actuación de juego o de ambas
cosas.
Piensas que alguien tomó algo tuyo. ¿Qué harías?
Estás haciendo una fila para comprar algo y un adulto se introduce justo delante de
ti. Muestra ¿Qué harías?
Haz de cuentas que estás leyendo una revista con fotografías de mujeres desnudas
¿Qué piensas de estas revistas?
Las preguntas comprenden un amplio rango de respuestas humanas, y los
aspectos relacionados con las respuestas son importantes para determinar la etiología
de la perturbación psicológica del niño. Las respuestas de los niños revelan aquellos
aspectos psicológicos que son más importantes en ese momento. Cada respuesta debe
servir como punto de partida para intercambios terapéuticos.
El terapeuta juega en forma similar al niño, responde a las preguntas del juego
a paso lento. Debe ser discreto para decidir cuántos comentarios son necesarios para
cada paciente. Al responder a una pregunta del juego, selecciona una experiencia
personal que sea importante para el niño y que no comprometa su privacía a la de su
familia. Es útil relatar experiencias de acuerdo a edad del niño.
Técnicas para trastornos específicos
Terapia de juego con el acting-out
Características del niño acting-out.
Creen que no tienen lo necesario para establecer y mantener el interés por los
demás y que existe algo esencialmente indeseable en ellos. Esta falta de sentido
básico de conexión con otras personas en su vida, constituye un área fundamental de
la vulnerabilidad narcisista en la personalidad del niño. Creen que a los ojos del
mundo son insignificantes, sin valor y repulsivos, y a su vez estos niños ven a los
adultos como privadores, sin amor y odiosos.
La conducta explosiva se puede entender en términos de esta vulnerabilidad
narcisista oculta. Con el fin de desviar la ansiedad, la ira y la depresión relacionadas
con un yo devaluado y despreciado, estos niños adoptan una actitud alienada de “no
me interesa”. La crítica a un aspecto de la conducta del niño se siente como una
condena total del yo básico. Al sentirse tan vulnerable, el niño cree que es necesario
mantener una constante alerta para llamar a las operaciones de seguridad primitivas y
agresivas para defenderse de tales ataques.
Diversas investigaciones sugieren que los niños hiperagresivos están dotados
constitucionalmente con temperamentos agresivos muy activos. Tienen sentimientos
excesivos de soledad, tienden a sentirse despreciados y no amados. Surge en ellos la
necesidad de apoyarse en sus instintos autopreserváticos para proveerse una pequeña
cantidad de seguridad. Generalmente no reconocen su autoimagen devaluada y tratan
desesperadamente de externarla a otras personas y cosas. Dificultades para mantener
cualquier clase de área segura en las que se pueden hablar o representar sus
preocupaciones, es decir, que tienen dificultades de comunicarse simbólicamente. Su
comportamiento se caracteriza por decir obscenidades, a escribir garabatos, lanzar
juguetes para obtener atención y alejarse de sus sentimientos de vacío.
Características de la familia del niño acting-out.
Estos niños han experimentado cierto grado de cuidados de sus padres no
adecuados, partiendo de formas insuficientes y no empáticas combinadas con castigo
físico, hasta formas más duras de negligencia y maltrato infantil. La intensidad,
frecuencia y desarrollo de estas experiencias traumáticas, son factores importantes en
la determinación de resultados caracterológicos específicos.
El niño se puede centrar en una decepción mayor por la falta de protección
adecuada, abuso o pérdida de atención paterna por divorcio, nacimiento de un
hermano o depresión de los padres. Esto aumenta que el niño se sienta desprotegido,
no amado indeseable. Interfiere con el desarrollo de actitudes positivas hacia los
adultos y ayuda a consolidar una sensación de ira en relación con el mundo adulto.
Tooley en base a observaciones familiares sugiere que las madres de los niños
hiperagresivos en potencia, no mantienen una vigilancia cercana sobre sus hijos a
medida que estos van a través de las diversas fases del desarrollo y que en
consecuencia fracasan en protegerlos de daños excesivos cuando corren, saltan y
exploran el mundo. Es fácil imaginarse que los niños se encuentran relativamente
descuidados, pueden llegar a pensar que no les interesa lo suficiente a los padres para
que estos los cuiden en forma amorosa. Las madres de niños hiperagresivos también
fracasan en proteger a sus hijos de hacer cosas que hagan que otras personas se
enojen con ellos, por ejemplo, golpear una lámpara, derramar café sobre la abuela.
La técnica del juego.
El juego sirve como un vehículo de interacción y como amortiguador contra la
intimidad amenazante. Ayuda a que el niño permanezca en salón de tratamiento,
mantiene su conducta dentro de límites razonables y a no temer a la terapia. Los
juegos ayudan a preparar el escenario para interacciones significativas.
Establecer una alianza entre el niño y el terapeuta porque el problema básico
del niño ha sido su incapacidad para establecer una alianza progresiva con alguien. Es
importante que la relación terapéutica sea cooperadora y satisfactoria mutuamente.
El niño se observa con una postura hostil y desafiante. Tienden a lanzar
juguetes, salir corriendo de la sala, prefieren desordenar el mobiliario y las oficinas de
los terapeutas, en lugar de expresar simbólicamente lo que le ocurre o hablar sobre
sus sentimientos. El niño al haber aprendido a desviar viejos daños y deseos de
dependencia frustrados, con una actitud de “chico duro”, cualquier terapeuta que
ofrezca una relación íntima de cariño inevitablemente será víctima de sospecha.
La sala de tratamiento no debe contener objetos que puedan destruirse
fácilmente, debe tener poco mobiliario para concentrarse y relajarse. El terapeuta
debe cuidarse de un posible ataque inesperado a los genitales.
La terapia de juego depende de que el niño exprese varias configuraciones de
impulso y defensa a través de combinaciones de verbalización y juego, que permitan
al terapeuta hacer observaciones empáticas, preguntas e interpretaciones. En un
principio el terapeuta manifiesta interés en el niño tratando de introducirlo en un
juego entretenido o un diálogo significativo, éste verá las preguntas del terapeuta con
un intento de sobornar sus controles precarios sobre los puentes del pasado. El
terapeuta se ve confrontado a un paciente que se siente amenazado y en consecuencia
rechaza la situación terapéutica. Según Tooley los niños hiperagresivos tienen poca
capacidad de verbalización expresiva o reflexiva, o para el juego imaginativo y
dramático. Tienden a sentirse intensamente amenazados por la más mínima pregunta
u observación por parte del terapeuta.
Las actividades de juego sublimado se convierten en representaciones de sexo
y violencia. Al sentirse amenazados con las preguntas e interpretaciones del
terapeuta, estos niños huyen del material que les provoca ansiedad y se entregan a los
acting-out.
Cuando se ve a los niños acting-out en terapia de juego, se observan ciertas
conductas que pueden entenderse como intentos de comprobar y provocar la
preocupación de sus padres ligeramente ansiosa con sus advertencias, prohibiciones e
intervenciones físicas que en forma ordinaria obtendría un niño por parte de sus
padres cariñosos. Se observan esfuerzos iniciales por escapar del terapeuta, que se
convierten en forma gradual en juegos de esconderse e incluso juegos de despedida.
La cualidad antisocial inicial de su juego refleja el hecho de que para los niños
agresivos, esta línea del desarrollo está cargada de ansiedad y agresión adicional
debido a la convicción del niño de que por alguna razón no puede contar con ser
capaz de establecer y mantener el interés de quien lo cuida, en jugar estos juegos tan
importantes para el desarrollo.
Debido a que estos niños tienen dificultades de comunicarse simbólicamente,
por lo general abandonan el intento de hacerlo. Se sienten más seguros en actividades
más estructuradas que tienen menos probabilidad de activar tales tendencias y
ansiedades tan intensas. Prefieren juegos de tablero o de cartas, sin embargo, estos
juegos inevitablemente hacen surgir aspectos de ganar o perder, los que son muy
amenazadores para estos niños debido a sus grandes problemas con la regulación de
la autoestima.
Durante la terapia, los niños agresivos tratan de obtener orientación por parte
del terapeuta. Inicialmente, y dependiendo del grado de perturbación, tal motivación
puede ser vigorosamente negada y la conducta puede aparecer como agresivamente
provocativa.
Parece que los niños hiperagresivos en terapia, tiene una convicción de que las
figuras de transferencia que representan a sus padres no se molestarán lo suficiente
para vigilar por su seguridad y que por lo tanto deben forzarlos a hacerlo
manifestando conductas con un valor provocador de estímulo. Este estilo de forzar un
cuidado estrecho mientras actúan como si fueren lo último que desearan, puede
entenderse como una forma de dependencia encubierta.
El terapeuta hace un intento para que la conducta del niño tenga sentido; para
comprender la naturaleza de la disfunción del yo del niño tan completamente como
sea posible y encontrar formas no amenazantes de comunicar este entendimiento al
niño para aliviar las ansiedades que impulsan su acting-out agresivo.
Con el transcurso del la terapia de juego el niño puede responder a estas
intervenciones ya sea produciendo material posterior significativo, o volviéndose más
defensivo. El terapeuta puede comentar sobre la respuesta del niño y de esta forma
procede el diálogo terapéutico. Los comentarios del terapeuta deben adaptarse a la
forma en que el niño reacciona, teniendo cuidado de no agobiarlo con
interpretaciones y estar preparado para retroceder si se pone muy ansioso.
El terapeuta hace comentarios sobre cualquier señal de que el niño se
estuviera poniendo ansioso, enojado o tenso, o de alguna otra forma molesto durante
el transcurso del juego. El niño por lo general reacciona furiosamente a cualquier
observación, amenazando al terapeuta si continúa hablando. Sin embargo, es prudente
que el terapeuta insista firmemente y explique que deben discutir los sentimientos y
pensamientos que perturban al niño, los que se vuelven tan fuertes que el niño no
puede evitar arrojar un juguete al piso, terminando así el trabajo junto y dejando al
niño mal por su pérdida de control. Al hacerlo el terapeuta como un superyo auxiliar
del niño, proporcionándole señales de advertencia importantes.
Si el tratamiento de terapia de juego continua, puede observarse qué aspectos
que aparecieron en un principio como manifestaciones violentas, agresivas y en
ocasiones sexuales, se han trabajado de tal manera que surgen versiones más
saludables del desarrollo temprano del juego a medida que el niño regresa a donde se
detuvo y finalmente progresa hacia una pista de desarrollo más normal.
La terapia de juego con niños agresivos y con actino-out es un proceso difícil,
pero también puede ser una experiencia emocional, reconfortante y desafiante para el
terapeuta, ya que proporciona beneficios para el niño y para todos aquellos que
comparten con él.
Terapia de juego con niños de padres divorciados.
El divorcio es un proceso doloroso para todos los niños y tendrá secuelas
reflectivas en la etapa del niño en el momento del divorcio, y en sus fuerzas
constitucionales y disposición previa de la personalidad y el ambiente.
La preocupación de los clínicos sobre el impacto del divorcio en los niños
referidos para ayuda psicoterapéutica, está apoyada por recientes estudios
psicológicos estadísticos.
Según la sugerencia de Kalter, el cual señala que es más útil pensar en el
divorcio en términos de “interferencia en el desarrollo”. “Una interferencia en el
desarrollo” puede definirse como cualquier cosa que perturbe el desenvolvimiento
típico en el desarrollo” (Nagera, 1996), particularmente las grandes privaciones
ambientales o las demandas que no están proporcionadas a la capacidad inmadura del
yo del niño para hacerles cumplir o enfrentarlas. El divorcio puede convertirse en una
situación de este tipo para el niño porque lo priva de una relación personal, casi
siempre con el padre, necesaria para la negociación exitosa de las labores apropiadas
a la fase. También, el trauma de las hostilidades de los padres y la pérdida súbita de
uno de ellos en el hogar, pueden sobrecargar las habilidades emocionales y
cognoscitivas del niño.
El grado hasta el que el divorcio es una interferencia en el desarrollo
dependerá de los siguientes factores:
1. La edad y el nivel de desarrollo del niño antes del divorcio.
2. La naturaleza del ambiente del niño y las interferencias en el desarrollo antes del
momento del divorcio.
3. Las fuerzas constitucionales del niño.
4. La madurez de los padres y su habilidad para mantener al niño fuera de las
hostilidades matrimoniales y de divorcio.
5. La psicología v/s la salud mental relativa del padre que se hará cargo de la
custodia (por lo general la madre), y su habilidad para ser comprensiva y estar
disponible emocionalmente para el niño, en vez de ser negligente o utilizarlo
como un objeto de sus propias necesidades emocionales.
6. La disponibilidad, salud relativa y, madurez del padre sin custodia.
7. El apoyo disponible, en términos de otros miembros de la familia y la comunidad.
8. La disponibilidad de algún familiar y en quien el niño pueda confiar que, en cierta
forma, haga las veces del padre que le falta.
Adquiere gran importancia el nivel de desarrollo del niño en el momento del
divorcio, ya que sirve para determinar qué tan perturbado se manifestará. En forma
más significativa, Kalter encontró evidencia de un “efecto de déficit acumulativo
moderado” (en tanto más pequeño sea el niño al momento del divorcio, mayor será la
perturbación). También encontró que la disolución del vínculo matrimonial en una
etapa temprana de la vida del niño, de dos años y medio o menos, se relacionaba con
dificultades en la separación durante la lactancia; el divorcio durante la fase edípica
se acompañaba de un efecto notable relacionado al sexo en la adolescencia, una
inhibición sorpresiva de la agresión en los hombres y un “efecto de bomba de
tiempo” en las mujeres con agresión problemática combinada con dificultades
académicas. Nelly y Wallerstein encontraron que los niños menores en edad
preescolar, eran más susceptibles a regresiones en la fase de la separación de sus
padres; los que están en edad de latencia tenían una mejor habilidad para tolerar y
expresar afectos dolorosos; pero los niños de todos los grupos de edades reaccionaron
al divorcio de sus padres con ira, tristeza, auto culpa, evidencia de herida narcisista,
temores al abandono y rechazo con un marcado sentido perturbado de seguridad e
identidad.
Así, el divorcio puede funcionar como una interferencia en el desarrollo en
una etapa temprana o tardía en el niño, predisponiéndolo al desarrollo de ciertas
estructuras de carácter o ciertos conflictos neuróticos, pero es más probable que no se
lleve al niño con el psicoterapeuta hasta que (y si acaso), manifieste el tipo de
conducta que resulta más frecuente en la referencia a una clínica psiquiátrica, a saber,
problemas de agresión o relacionados con la escuela cuando el niño llega a la edad de
la latencia; conducta delincuente. Acting-out sexual, o abuso de drogas en la
adolescencia. Para el niño más pequeño, la terapia de juego puede ser un componente
del tratamiento.
La terapia de juego es un componente importante en un enfoque total de
tratamiento integrado para niños perturbados, que incluye trabajar con él o los padres,
y en ocasiones, con el personal de la escuela u otras figuras importantes en el
ambiente del niño. A veces, al trabajar con niños en quienes el efecto del divorcio de
sus padres es el factor principal, la terapia de juego no es necesaria o, incluso,
indicada. Se puede distinguir que en algunos casos el trabajo de corta duración, apoyo
educativo y orientado a la crisis, realizado con los padres poco tiempo después del
divorcio, tenía éxito al mejorar significativamente el efecto del divorcio en el niño.
Cuando los conflictos matrimoniales y personales se sitúan en el niño, de tal forma,
podemos llevar a cabo una estrategia de intervención que es el tratamiento de la
“relación padre-hijo” a través de “orientación a padres”. Cuando el niño posee padres
comprensibles y sensibles lo más indicado es un trabajo individual educativo y de
apoyo orientado a la crisis.
La mayoría de los hijos de padres divorciados son enviados a terapia varios
años después de que ocurre el divorcio, por lo que los efectos sobre la personalidad
del niño están más arraigados y enredados con la secuela interna de otras influencias
ambientales que interactúan con la personalidad en desarrollo del niño.
La terapia de juego con orientación analítica es el mejor formato para permitir
que las fantasías del niño se desdoblen en el contexto de un ambiente seguro y
desarrollar con el tiempo una relación de confianza, para que la naturaleza de los
conflictos del niño y la estructura de la personalidad son comprendidas por el
terapeuta y el niño mediante la interpretación y se puedan hacer intervenciones
ambientales apropiadas a través de la orientación a padres. Según palabras de Mort
Chethik “es mi experiencia con niños pequeños, el proceso de hablar a menudo un
lenguaje extraño que los niños aprenden con el objeto de comprender el mundo de los
adultos; el juego es su lenguaje natural y afectivo, y la expresión de su vida afectiva”.
Duelo.
El divorcio significa la pérdida parcial de una relación (por lo general, con el
padre, aunque el niño casi siempre tendrá que soportar la disponibilidad disminuida
de ambos padres, ya que la madre tendrá que trabajar o de alguna manera estará
preocupada, es decir, deprimida). No obstante la pérdida es permanente. La habilidad
del niño para lamentar una pérdida permanente es tema de controversia. Bowlby
señala que la manifestación de protesta, desesperación y negación en niños muy
pequeños separados de sus madres, es como algo similar al duelo patológico de los
adultos.
Deutsch propuso que el yo del niño no está suficientemente desarrollado para
soportar la presión del duelo y por lo tanto, trata de burlar al proceso mediante una
regresión infantil o por la movilización de defensas primitivas como la omisión del
afecto. También se puede distinguir la negación, la fantasía, escisión del yo, en el
cual el niño puede dar evidencia verbal de que está cognoscitivamente consciente de
la naturaleza de la pérdida, aunque emocionalmente rehúsa a aceptarla. Esto se
manifiesta en particular en los niños, por el divorcio, a través de fantasías de reunión
y reconciliación o rechazo desafiante a aceptar un padre sustituto.
Es importante ayudar al niño a tolerar y a expresar el dolor, la furia, tristeza y
el temor que acompañan al dolor por la pérdida de uno de sus padres, para que éste
como adulto no sufra la constricción del afecto relacionado con el tratar de evitar
sentimientos dolorosos, o se sienta agobiado de intentos neuróticos por terminar el
proceso de duelo incompleto.
El niño, bajo la presión de necesidades de desarrollo, puede aferrarse
precipitadamente a una nueva relación o puede recrear o mantenerse atado a la
relación perdida a través de fantasías. En este caso la terapeuta cumple un rol de
“facilitador del desarrollo”, ya que el proceso terapéutico parece permitirles una
nueva oportunidad, con el objeto nuevo para completar muchas de las tareas del
desarrollo que se interfirieron con el divorcio. Así, un niño puede emprender una
actividad fálica competitiva por primera vez con el terapeuta, o una niña coquetear
con éste para obtener los suministros narcisistas que no pudo recibir de su padre. Sin
embargo, es importante tener presente que el terapeuta sólo puede ser un objeto de
reemplazo parcial y no puede en verdad, tomar el lugar de uno de los padres en forma
real. Ante esto, toma gran importancia el que exista un hogar que propicie la
protección del desarrollo en el niño de la habilidad para tolerar el proceso de duelo.
Esto muchas veces resulta difícil producto, que el padre encargado de la custodia
mantiene todavía sentimientos amargos hacia el cónyuge que se marchó, teniendo
dificultades para enfrentar sus propios sentimientos de ira, dolor, pérdida y rechazo.
Esta situación puede ser confrontada con una orientación de padres, en el cual
aprendan a tolerar sus propios sentimientos para que de esta forma puedan apoyar al
niño en la expresión de sus afectos.
Fantasías de reunión.
La tendencia del niño a mantener o recrear la relación del objeto perdido es
una evidencia de su incapacidad para completar el proceso de duelo. En ocasiones de
fantasía permanecerá dormida o se conservará en secreto durante años porque crea al
niño conflicto en el conocimiento de la realidad, solo podrá abrirse con la
provocación de un suceso externo amenazante como el nuevo matrimonio de uno de
los padres o decepción con un padre substituto.
Se utiliza el término de fantasía de reconciliación para denotar el deseo del
niño de continuar los lazos de un padre al otro como a si mismo, esta fantasía puede
alimentarse por el apego no resuelto de los padres, que puede manifestarse por
encuentros sexuales continuos, o riñas acerca de los niños, como la custodia, los
derechos a las visitas, apoyo al niño, y similares para ver quien es el mejor de los
padres. La culpa puede ser un factor que contribuye a fortalecer las fantasías de
reconciliación, ya que el niño desea deshacer la separación de sus padres por la que
puede sentirse responsable.
Temor al Abandono y el Resultado de la Culpa.
La seguridad que proporciona una unidad de padres intacta se da por sentada
en la mayoría de los niños, sin embargo, los niños de padres divorciados nunca más
pueden sentir esa seguridad. Siempre existe la posibilidad, aunque no se hable de ella,
de que si el padre puede ser expulsado, también puede serlo el niño y si el padre los
abandonó también puede hacerlo la madre. Investigadores encontraron que niños en
edad preescolar percibían a su madre como alguien poderosa y amenazante, que podía
desterrar a los miembros de la familia con quienes estuviera enojada.
Los niños en edad preescolar, tienden a culparse, sintiendo que si se hubieran
comportado mejor o si no hubieran tenido actitudes de desobediencia se hubiera
evitado la tragedia. Un niño pequeño, aún bajo el dominio del proceso de
pensamientos mágicos y fantasías omnipotentes preedípicas, puede sostener sus
intensos sentimientos de furia o deseos sensuales que conducen a la convicción de
que estos son malos y deben controlarse. A menudo el niño se encuentra atrapado en
sentimientos de lealtad entre sus padres o puede sentirse culpable por aceptar a un
padrastro, sintiendo que es una traición al padre ausente idealizado.
Problemas de identificación.
El sentido del yo de una persona se debe, en gran medida a la identificación
con objetos de figuras paternas durante la infancia temprana, esta identificación juega
un papel importante en el desarrollo del superyó ideal del yo e identidad sexual.
Se ha observado que es común que los niños traten de retener al padre
divorciado ausente a través del proceso de identificación. En ocasiones el niño se
vuelve el objeto perdido, esta identificación defensiva se puede establecer, en especial
si el padre con la custodia tiene la necesidad de que el niño asuma ciertos aspectos del
padre que se fue, con le fin de continuar la batalla matrimonial o retomar conflictos
familiares de su propia infancia.
Se observa que la ausencia de uno de los padres durante la etapa edípica del
desarrollo, tiene un potencial patógeno para la formación del superyó y la
identificación sexual.
Terapia de juego para el maltrato infantil y negligencia.
No se puede negar que el maltrato y la negligencia infantil son problemas que,
lamentablemente, son más comunes de los que desearíamos. La mayoría de los niños
sufren un daño total en el funcionamiento del yo relacionado con problemas de
rendimiento escolar, estados de pánico, como resultado de diversos traumas, ya sean
estos inflingidos o temidos, distorsiones graves de las relaciones objetables con falta
de confianza en los demás, control de impulsos alterados, bajo autoconcepto y
autoestima, conductas autodestructivas y dificultades con la separación.
No cabe duda que el maltrato y la negligencia provocan un daño grave y
devastador en el desarrollo de la personalidad del niño, el cual raramente es corregido
con el simple hecho de proporcionar un ambiente seguro al niño.
Una característica distintiva de esta problemática es que las características
conductuales y de personalidad, también se encuentran presentes en sus progenitores,
quienes a menudo informan que padecieron maltrato o negligencia en su infancia.
Esto indicaría que estas perturbaciones de niños maltratados y tratados con
negligencia tienden a ser crónicas si no son tratadas.
Metas de la Terapia de Juego.
La principal meta de la Terapia de Juego es ayudar a los niños a dominar las
múltiples tensiones del maltrato y la negligencia, así como también corregir y
prevenir desviaciones en el desarrollo psicosocial futuro. El juego es en particular
útil, ya que en la mayoría de los niños víctima de maltrato aún más que en los niños
en general, tienden a expresar sus sentimientos y fantasías más profundas y de
manera más rápida a través de la acción que de la verbalización. Esta técnica permite
el distanciamiento necesario de los sucesos traumáticos y de los padres con el uso de
materiales simbólicos.
Para poder tratar de manera más eficiente esta problemática es necesario
definir áreas comunes de trauma psicológico, que se resumen a continuación:
1. Temor al ataque físico o abandono que conduce a la depresión y ansiedad. Esto
dispara defensas de agresión, desconfianza y problemas con el control de
impulsos.
2. El fracaso para cumplir las expectativas distorsionadas de los padres, conduce a
relaciones objetales defectuosas, luchas por las dependencia, internalización de
una autoimagen de “niño malo” con baja autoestima. Aumenta la depresión
existente.
3. Dificultad para lograr la separación y autonomía. El niño se mantiene “escindido”
entre el yo y los demás, en totalmente bueno o malo, basado en experiencias de
ser recompensado en forma alterna o rechazado de manera impredecible y en
forma arbitraria.
4. Los múltiples rechazos, ubicados fuera de la casa, incluyendo hospitalizaciones,
prolongan y aumentan la ansiedad de separación y la ambivalencia sobre el apego
a los cuidadores adultos.
Indicaciones.
Es recomendada para niños en edad preescolar y escolar temprana que
presenten perturbaciones emocionales. Lo ideal sería que la terapia comenzara
después de que el ambiente hogareño del niño ha sido estabilizado lo suficiente para
prevenir un nuevo maltrato o la negligencia continua.
Sería ideal que los padres, de manera simultánea, asistieran a terapia, pero no
en forma conjunta. Este momento es crítico, ya que muchos padres se rehúsan a
cambiar.
Contraindicaciones.
Según lo señalado, existe una contraindicación principal para la Terapia de
Juego: No debe intentarse, si produce tanta ira en los padres, que ponga en peligro la
seguridad del niño.
Escenario y Materiales Utilizados en la Terapia de Juego.
Para poder permitir la expresión segura de estos niños, se necesita un salón de
juegos separado de la oficina. Debe estar relativamente planeado, bien alfombrado, ya
que muchas veces resulta más cómodo trabajar en el piso, y sólo tener los juguetes
seleccionados para la sesión. Debe ser un ligar donde se permita la movilidad del niño
para permitir al niño retirarse cuando no pueda tolerar la cercanía física del terapeuta.
Por otra parte, se recomienda que las paredes sean lavables, así como también una
decoración poco costosa y fácil de renovar.
En cuanto a los materiales, la selección de los juguetes depende de la edad del
niño y de la etapa en que se encuentra la terapia. No debe ser costoso, ser
reemplazable, relativamente indestructible y lo suficientemente seguros. Los
materiales de plástico resultan ser los mejores. Debido a que los conflictos familiares
serán tratados en el juego, los juguetes deben alentar y facilitar la expresión de sus
experiencias y fantasías. Por ejemplo una casa de muñecas es un material
adecuadamente estructurado y apropiado para la representación de la situación
familiar, ya que contamos con habitaciones convencionales, mobiliario y personas.
La mayoría de los niños maltratados son muy concretos y se confunden con
facilidad si sólo cuentan con materiales de juego muy ambiguos, tales como plasticina
o greda, papel maché o inclusive lápiz y papel para dibujar. La utilización de estos
materiales podría ser recomendado para etapas posteriores de la terapia, de lo
contrario, pueden ser fuente de ansiedad para ellos.
Por otro lado, muchos niños víctima de maltrato y negligencia necesitan sentir
cierta distancia entre ellos y el terapeuta, razón por la cual la comunicación verbal
directa puede resultar en extremo, amenazante para estos niños. Por esto se
recomienda la utilización de teléfonos de juguete para comunicarse, y de esta forma,
el niño se sentirá más seguro y se le darán los tiempos que él necesita para establecer
un vínculo, pero respetando siempre sus necesidades.
Técnicas para Introducir al Niño en la Terapia de Juego
Enseñando cómo jugar, se refiere a que hay niños que nunca aprendieron a jugar, se
encuentran fijados o regresivos, sin imaginación e inhibidos. En este caso, el
terapeuta debe guiar y motivar al niño, en un principio para que se decida a jugar.
Alimentación, en general para los niños que no han sufrido maltrato o negligencia
basta con invitarlos a jugar para que se motiven. En cambio para los niños que han
sufrido esta problemática, y que además han estado privados de comida, muchas
veces necesitan más que la simple invitación para jugar, siendo motivados a través de
la comida.
Proporcionando constancia del objetivo, se refiere a permitirles a los niños que se
lleven algún pequeño regalo por parte del terapeuta para que sientan que mantienen
un lazo concreto con ellos. Así sienten que no serán olvidados, al mismo tiempo que
sirve para perpetuar su confianza.
Tolerar la dependencia y frustración, para los niños maltratados víctimas de
negligencia, la sensación de dependencia nunca ha sido satisfecha, por lo cual a veces
puede resultar abrumadora, una vez que ha abandonado su postura inicial
caracterizada por la distancia y desconfianza. Pero este es un proceso normal que
depende del niño, por lo que hay que esperar a que se sienta preparado para ir
logrando su autonomía de manera paulatina.
Las etapas de la terapia.
Fase I: Establecimiento de la empatía y aprender como jugar (1 a 3 meses aprox.)
Esta fase se relaciona con el establecimiento del vínculo terapéutico, el cual
puede demorarse más que lo ocurrido con otros trastornos, debido principalmente a la
sensación de desconfianza que manifiestan estos niños. Una vez establecido este, se
le motiva y guía al niño a jugar, en caso que no supiera hacerlo para poder continuar
con la terapia.
Fase II: Regresión y abreacción del trauma (4 a 7 meses aprox.).
Esta etapa se caracteriza por la aparición de regresiones en el niño. Muchas
veces estas regresiones se ven manifestadas en el juego más infantil en relación con la
edad del individuo o en comportamientos de niño pequeño. Por ejemplo, que en el
juego él quiera ser el bebé comportándose y deseando ser tratado como tal en todos
los sentidos.
También en esta etapa se pede ver parte de la experiencia de maltrato
vivenciada por el niño a través del juego. Por ejemplo, una niña jugando a ser la
mamá reta a su hija y la golpea de manera similar a como pasó con ella.
Fase III: Comprobación de relaciones reales, desarrollo del control de impulsos y
autoestima (8 a 14 meses aprox.).
El niño comienza a dejar se estado regresivo y comienza a tener juegos y
conductas más acorde a su edad. Además, se presenta una mejora en el ámbito escolar
así como también el niño comienza a manifestarse más comprensivo y con menor
grado de agresividad. Comienzan a presentar mayor nivel de autoconfianza.
Fase IV: terminación (15 a 6 mese aprox.)
Esta etapa corresponde a la final y se refiere a que el terapeuta debe comenzar
a despedirse del niño. Durante esta fase se pueden presentar signos de regresión,
debido a la futura separación. La manera más apropiada para él. Es común realizar
intercambio de fotos y objetos e incluso, se pueden llegar a pactar llamadas
mensuales para hacer esta etapa lo más propicia para el desarrollo del infante.
Seguimiento.
Se recomienda realizar una etapa de seguimiento para conocer el estado
actual del paciente y poder informarse como ha resultado su evolución a través del
tiempo.
Es importante señalar que cuando un terapeuta trabaja con niños víctimas de
maltratos y negligencias debe estar en contacto permanente con sus propios
sentimientos y reacciones, ya que éstas pueden interferir en el proceso de tratamiento.
Muchas veces ocurre que el terapeuta siente furia y desprecio hacia los adultos que
maltratan a los niños, pueden provocar lástima y fantasías que no caben en las
necesidades reales del niño y descuidan los aspectos positivos que puede tener el
vínculo entre éste y sus padres.
Por otra parte, el terapeuta que intenta ocupar el lugar de un mejor padre deja
al niño confundido, ansioso y más deprimido por el mensaje de que la persona más
significativa de su vida –sus padres- de quienes es parte, son malos.
Para finalizar, se ha descubierto que los niños que pertenecían en terapia de
juego por un año, cuando menos, mostraban mejorías significativas en su habilidad
para confiar en los adultos, retrasar gratificaciones y verbalizar sentimientos. Se
mejoró su autoestima y su capacidad para sentir placer. Los cambios positivos son
más rápidos si el niño es pequeño y los padres permiten que el terapeuta pueda influir
en el contexto escolar y del hogar.
Terapia de Juego y Trauma Psíquico.
El juego postraumático es un tipo recientemente definido de juego observado
en niños que han experimentado un trauma psíquico. La experiencia traumática es tan
súbita, no anticipada y tan intensa que los mecanismos de defensa ordinarios no son
suficientes para evitar que el niño se sienta agobiado por la ansiedad. Es por esto que
una vez que el trauma ha ocurrido, el niño comienza a repetir esta experiencia, ahora
en su juego, teniendo este 2 características definitivas:
Es un ritual monótono y es secreto.
Actualmente se encuentran las siguientes características definidas como
pertenecientes al juego postraumático:
1. Repetición compulsiva.
2. Enlace inconsciente entre el juego y el suceso traumático.
3. Carácter literal del juego con defensas sencillas únicamente.
4. Fracaso en aliviar la ansiedad.
5. Amplio rango de edad.
6. Intervalo variable de tiempo previo a su desarrollo.
7. Extensión de poder a los niños no traumatizados.
8. Contagio a nuevas generaciones de niños.
9. Peligro.
10. Uso de garabatos, pláticas, mecanografías y reproducciones de audio como
formas juego repetido.
11. Posibilidad de reconstruir terapéuticamente el juego postraumático a un trauma
anterior.
Lo señalado anteriormente se relaciona con la causa que genera el juego
postraumático, ahora pasaremos a explicar los tipos de Terapia de Juego que pueden
ser útiles en los trastornos de estrés postraumáticos de la infancia.
Uso de la Terapia de Juego.
Terapia de Liberación (Tratamiento Abreactivo).
En algunos artículos sobre el juego y traumas psíquicos infantiles, el nombre
David Levy (1938, 1939, 1945), sugiere la “Terapia de Liberación”, como un
tratamiento que permite que los niños tengan abreacciones sin recibir directamente
una interpretación psicoterapeuta. En otras palabras se trata de dejar jugar a los niños
con sus sentimientos, sin interpretarlos directamente. En este tipo de terapia la
función interpretativa del terapeuta se reduce al mínimo y puede no existir, en
especial con niños de dos, tres y cuatro años.
Psicoterapia utilizando el Juego Espontáneo.
En este tipo de terapia, se deja a los niños jugar con lo que ellos deseen así
como también se deja que ellos se comporten como quieran, ya que es así como
manifiestan de manera espontánea, sus experiencias, las cuales son de gran ayuda
para que el terapeuta pueda interpretar y luego peda ayudar al niño en su
problemática relacionando estas conductas a su problemática.
Psicoterapia utilizando el Juego Preestablecido.
La terapia de Juego Preestablecida o predispuesta, que Levy (1939), llamó
Juego de Control, permite que el niño traumado “encuentre” juguetes que el terapeuta
aplicables en particular a la experiencia aterradora del niño. Este selecciona y juega
espontáneamente con los artículos que el terapeuta le proporciona. Este juego puede
parecer muy semejante al juego postraumático espontáneo, pero es importante
recordar que el terapeuta, no el niño, es quien acomoda el contexto al juego.
Terapia de Juego utilizando un desenlace correctivo.
Se ha descubierto que el juego con desenlace correctivo tiene mucho éxito en
la intervención breve con niños traumados. Éste consiste principalmente en que el
terapeuta ayuda al niño a encontrar, en retrospección, una solución que pudo haber
evitado el trauma o determinar la agresión en su totalidad. Ésta “respuesta” o
desenlace es la clase de posibilidad que los niños tratan de encontrar retrospectiva y
mágicamente en la formación de sus presagios (Terr, 1979), pero en el caso del juego
con desenlace correctivo, la solución que se proporciona es real, no mágica. Esto
permite que le niño víctima se dé cuenta (1) de que no pudo haber evitado el suceso
traumático porque no sabía como y (2) que ahora tiene las habilidades para hacer
frente a un seceso similar si este ocurriera en el futuro. El Juego de Desenlace alivia
tanto la culpa como el temor.
Es importante destacar que para realizar este tipo de terapia, el trauma a tratar
debe ser uno en el cual sea posible esta forma de solución. Por ejemplo, los desastres
naturales a gran escala, las enfermedades catastróficas, los ataques al azar no
provocados no pueden re-trabajarse de ninguna manera.
Terapia de Juego para niños Límite.
Los niños límite: son aquellos cuyos equilibrios se localizan marginadamente
en su utilización de mecanismos neuróticos y psicóticos; es decir gravemente
neuróticos, con una vida de fantasía activa en estado de vigilia, escasamente en el
aquí-ahora, el cual es evitado por estos pacientes (perdidos en guerras que se llevan a
cabo en el espacio exterior y en ocasiones en el espacio psicológico interior).
La Terapia de Juego con estos niños es una combinación de fantasía creativa
inconscientemente alimentada y una prueba de realidad adaptativa, guiada por nuevas
fuerzas del yo; el juego del niño refleja el conflicto entre el regresivo y el adaptativo,
entre las ansiedades y los temores, el trauma del nacimiento y el crecimiento, entre
las fuerzas del crecimiento y la adaptación.
Técnicas.
El jugar a hacer películas: permite que se desplacen en el tiempo, predice su
conducta futura y en ocasiones permite llevarlo a su mundo social real.
La pregunta es: ¿cómo vamos a cruzar las fronteras y aventurarnos en un lugar
donde las fuerzas brutas de la naturaleza, las fantasías mágicas paranoides y los
encuentros del tercer tipo están rigiendo en estos niños? Una forma es que el lenguaje
del niño, la forma en que va expresando guiones vaya siendo “comentado”, pero de
tal forma que el niño pueda entenderlo, no le atemorice y le permita continuar con el
proceso (debe poder elegir entre permanecer en la vida de fantasía de la condición
límite o en ocasiones incursionar en la situación social que a veces pensamos es la
verdadera).
Nunca debemos atacar el papel que el niño ha escogido o la identidad que ha
tomado prestada y las alusiones tienen que ser hechas de tal manera que demuestren
que tratamos de entenderlos sin imponerle una cualidad que no puede aceptar o
comprender, hacerle las cosas más entendibles en lugar de insistir en un cambio.
Es importante que las iniciativas no sean nuestras sino de ellos, en cuanto a las
historietas, metáforas, etc.; ya que éstas actuarán como puente entre el mundo interno
y externo del niño (entre ellos, los padres y la comunidad); por lo mismo, al
interpretar es útil hacerlo en la misma mitología privada que el ha escogido para
transmitirnos su problema ( por ejemplo: ofrecer metáforas en vez de una
interpretación directa pues lo importante es entender su mitología, pues aspiramos a
obtener intromisión en la psique, en vez de ver los mecanismos psíquicos que regulan
su mente, ya que el lenguaje metafórico va a construir un puente entre el consciente y
preconsciente, un sistema de seguridad por medio del cual hacemos que el poder del
inconciente se aleje del peligro y se convierta en una fuente de creatividad.
Terapia de juego para niños con incapacidades para el aprendizaje.
El uso actual del término se ocupa únicamente a los problemas del aprendizaje
atribuidos a disfunciones del sistema nervioso central (es decir problemas del
aprendizaje con base neurológica: dificultades de memoria auditiva, coordinación
motriz, equilibrio, etc.)
El trastorno con déficit atencional con hiperactividad se aplica a los niños que
también presentan hiperkinesia y que no existe otra base para ésta, por lo general se
presenta agitación motriz, impulsividad, poca atención, dificultades en el aprendizaje
y labilidad emocional; tiende a evaluarse, pues causa problemas a los demás.
Resulta imprescindible señalar que las dificultades académicas y de la vida
diaria que no provienen de retraso mental, patología orgánica cerebral, alteraciones
emocionales primarias, desorganización familiar o alguna de las otras bases
tradicionales, apenas han empezado a surgir como una entidad clínica de las
incapacidades.
Consistentemente se han identificado en los niños con inteligencia artificial,
problemas secundarios en las áreas de adaptación emocional y social, ya que
muestran autoconceptos pobres, baja autocompetencia y autoconfianza y pueden
convertirse fácilmente en víctimas del desamparo aprendido; los cuales son en parte
consecuencias del problema primario, debido que se ven incapaces de lograr lo que
los demás esperan de ellos, se ven como inferiores y que a diferencia de otros tienen
poca fuerza para lograr los resultados deseados. En todo lo cual es un determinante el
que ellos así como el medio (padres, profesores, etc.) proporcionan retroalimentación
negativa, lo que va tener efectos perjudiciales en el concepto que se están
desarrollando del yo en relación a los ambientes sociales y de aprendizaje. Los
fracasos tempranos y los sentimientos de ineficiencia hacen que sean más
dependientes del reforzamiento externo (motivación extrínseca), por lo que resulta
relevante reforzarlos siempre que se atrevan a intentarlo en ve de recompensarlos sólo
por el resultado de complejos productos terminados.
Terapia del juego.
Los métodos directos para los déficit neurológicos no existen o no son
aprobados, ya que las manifestaciones abiertas de los deterioros neurológicos están en
las conductas académicas inadecuadas (perceptomotoras, emocionales, sociales); por
lo cual las corrientes terapéuticas dirigidas a cada uno de los problemas conductuales
permanecen en la actualidad como las más aprobadas para el tratamiento de las
incapacidades para el aprendizaje y entre ellas unos de los que ha demostrado ser más
útil para lidiar con estos problemas es la terapia de juego. Es importante señalar que
las faltas de las diferentes terapias son diferentes, pero todos tratan de obtener la
reducción de los síntomas o de las conductas inapropiadas (y falta investigación para
poder determinar cual es la más adecuada para los diferentes patrones de los
problemas de incapacidad del aprendizaje).
A diferencia del terapeuta conductual, el terapeuta de juego tendrá una meta
más amplia (que desarrollar por ejemplo atención para la aritmética), como
incrementar las habilidades del niño para lidiar en forma más apropiada con sus
sentimientos o relacionarse mejor con las figuras que presentan autoridad, etc. Es
utilizada también en niños que presentan déficit académico, a pesar de una
inteligencia normal y sin patología orgánica.
Todo clínico que intente ofrecer terapia de juego debe reconocer (cuando los
problemas conductuales o sociales son el motivo de remisión del niño) que la
neurosis provocada por el medio y los conflictos intrapsíquicos que se presentan
pueden ser secundarios al deterioro neurológico (no requiere que el clínico tome una
posición en la primacía médica o en la etiología de los problemas que se presentan).
La terapia de juego dota al niño con una experiencia de crecimiento positivo
ante la presencia de un adulto que ofrece apoyo, lo que ayuda a que el niño vaya
descubriendo fuerzas internas que no pueden ser reveladas en situaciones que debe
cuidarse por los aspectos evaluativos presentes comúnmente en la vida real. La
posibilidad de fantasear permite que el niño practique y experimente éxitos y
desarrolle un sentimiento de satisfacción consigo mismo y sus habilidades,
experiencias que promueven una conducta más madura y adaptativa en la vida real y
ayuden al desarrollo cognitivo.
Técnicas.
Terapia de juego no dirigida.
A los niños se les da permiso para expresarse verbalmente en la forma que
ellos seleccionen, sólo se establecen límites que son estrictamente ejecutados.
Los juguetes que no son estructurados, pueden utilizarse de muchas formas,
por ejemplo: barro, pinturas, títeres y materiales para construcción. Al niño no se le
dan instrucciones, él se dirige solo respecto a qué jugar y decir. El terapeuta acepta
las direcciones y expresiones del niño y le responde en forma empática, ofreciéndole
una mayor aceptación y libertad para controlarse a si mismo, disminuyendo las
conductas indeseables y acercándolo hacia otras más maduras.
Ha resultado útil para niños con problemas en lectura, señalándose que tiende
a remover más los déficit secundarios que los primarios, pero este aumento en la
adaptación personal actuará facilitando el logro posterior en la lectura. También ha
resultado útil en niños inadaptados, delincuentes. En niños con bajo rendimiento, se
ha visto que logra incrementar la atención y otras habilidades no verbales (visuales,
motoras).
En conductas que acompañan a los deterioros neurológicos (como:
responsabilidad forzada a los estímulos, perseveración, control motor pobre,
sobrereacción a los pequeños detalles, inaptitud social y emocional), se recomienda
eliminar las pinturas de agua y usar juguetes que tengan un potencial de enfoque
como son los bloques para la construcción, clavos para remachar, sierras, rifles, etc.;
ya que proporcionan forma y dirección a las urgencias desorganizadas de estos niños,
dentro de una atmósfera donde se les da aliento, lo que aumentará la tolerancia a la
frustración de estos niños y podrán enfocar su energía en metas y objetivos dentro y
fuera de la terapia.
Terapia de juego en grupo.
El hombre social es la variable principal que indica que esta técnica es la más
adecuada. Se supone que el niño mostrará al grupo y al terapeuta algunas de las
mismas conductas que muestra ante sus padres y compañeros y a través de las
interacciones con el grupo, se modificarán estas conductas como se necesite para
conducir a un ser social más aceptable.
Es útil para los niños antisociales, impulsivos, agresivos, con conductas de
aislamiento y con bajo rendimiento que no presentan daño cerebral, organicidad,
como también para tratar estas conductas en niños con hiperactividad.
Para los niños frustrados o emocionalmente perturbados, se recomienda
utilizar materiales y conductores estructurados ya que estos niños funcionan en ciertas
actividades inferiores a sus compañeros; se puede citar como ejemplo: títeres,
figurines o reproducciones de animales para ayudar a los niños en sus conductas
sociales.
El juego sirve como un mediador para ayudar al niño a aprender sobre sí y
establecer niveles realistas de aspiraciones, a formar relaciones con otros niños y a
examinar el papel del entorno del salón de clases sobre su conducta. El terapeuta y el
grupo ayudarán al niño en el examen de las consecuencias de su conducta y a revisar
formas alternativas desde resolver problemas.
En niños con deterioro neurológico, resulta útil proporcionar gratificación al
cooperar con otros compañeros, otorgándole así al niño un ambiente social que
pudiera enseñar conductas adecuadas al niño cuyo repertorio no las incluye (facilita la
adquisición de nuevas conductas).
Otras corrientes de terapia de juego.
Técnica de narración mutua de historias: como una idea estructurada de terapia de
juego el niño narra una historia y el terapeuta narra otra propia, utilizando los
personajes del niño y sus palabras, expresando la comprensión del niño y alentando el
desarrollo del insight.
El juego de hablar, sentir y hacer que desarrollo Gardner para promover la
expresión y el insight, se dirige a los problemas emocionales y después a los déficit
de aprendizaje.
El juguete Battling tops de Golberg son unos trompos que giran y chocan en
un área redonda, incluye instrucciones y expectativas que en sesiones sucesivas
ayudan a eliminar las conductas indeseadas; en niños con disfunción cerebral se da
especial atención a las experiencias de triunfo y se contienen las conductas
impulsivas; los niños con déficit motores y/o problemas de atención al dominar el
juego, conduce a una mayor motivación y autonomía; el impulsivo se vuelve más
relajado; el deprimido más esperanzado, vital, energético; el obsesivo o inhibido
menos restringido y más capaz para expresar afectos en las colisiones de los trompos.
Los padres como terapeuta.
Dado que los problemas de los niños con inteligencia artificial se manifiestan
tanto en casa como en la escuela, los profesores como padres van a estar involucrados
en manejarlos. Generalmente el diagnóstico hace que la familia se sienta menos
punitiva con respecto al problema, pero no les ayuda a lidiar con él eficazmente.
La terapia filial enseña a los padres con hijos con inteligencia artificial, a
utilizar la terapia de juego dirigida. El formato común tiene pocos cambios, pero se
han introducido algunas modificaciones; como por ejemplo para niños hiperactivos
cuya impulsividad a menudo prohíbe el procesamiento completo de las reglas; la
estructura del salón de juego se hace en términos muy positivos y simples, en vez de
prohibiciones, proporcionándoles una orientación positiva directa a conductas
aceptables.
A los padres se les instruye (completamente para conducir las sesiones con
demostraciones y retroalimentación de su desempeño), sobre la naturaleza del
síndrome de inteligencia artificial y/o hiperactividad de tal manera que puedan
apreciar la importancia del lenguaje que utilizan. La terapia filial se utiliza para
reducir los síntomas secundarios y no para cambiar el cuadro neurológico básico;
pero en la medida que la terapia no dirigida pueda tener un impacto sobre el
desarrollo del control cognitivo y la organización de la conducta propia, puede haber
una mejora indirecta en el aprendizaje del niño, pero principalmente los cambios que
se esperan incluyen: una mejor adaptación en el hogar, escuela y comunidad;
aumento del autocontrol, de la autoconfianza, de la autonomía, independencia y la
iniciativa; además de la disminución de los temores.
Terapia de juego para niños con retrasos mentales o imposibilitados en el
desarrollo.
Tres suposiciones generales:
I. El niño con retardo mental tiene una gran dificultad para utilizar las señales y
estímulos del medio que lo rodea, lo que ocasiona problemas reales en la habilidad
total para tomar desiciones apropiadas de enfrentamiento en situaciones de orden
social.
Se debe tomar en cuenta que mientras más retrasado parezca el niño en las sesiones
de terapia, mayor deberá ser la cantidad del juego dirigido que proporcione el
terapeuta.
Procedimiento:
1. El niño hace algo (reconociendo que aún nada es “algo”).
2. El terapeuta interviene, preguntando qué está haciendo el niño.
3. Si el niño responde de cualquier forma (ruidos, palabras, gestos, etc.) se
permite que la conducta continúe con el terapeuta proporcionando la
descripción necesaria de la actividad, por ejemplo “estás construyendo con
bloques” o “estás haciendo este sonido” (imitando el sonido).
4. Si el niño fracasa el responder de algún modo, el terapeuta interviene,
deteniendo la actividad explicando que ésta no puede continuar.
II. El terapeuta debe lograr que el niño alcance un nivel de competencia social que le
permita interactuar en forma adecuada con su familia y dentro del ambiente social
donde habita.
Se debe considerar que el procedimiento sea de corta duración evitando así
alterar la ecología del niño. De lo anterior se desprende que la intervención debe ser
conducida a la modificación de una o dos conductas de lata prioridad muy específica
y que este provocando gran dificultad y colocando la supervivencia social del niño en
peligro.
III. Los niños aprenden principalmente unos de otros, por lo que los procesos de
imitación pueden ser tan valiosos como cualquier otra intervención del terapeuta.
Uno de los factores que debe considerar el terapeuta constantemente no es en
la forma en que juega el niño sino cómo juega en relación con otros niños. La primera
pregunta es ¿el niño puede jugar exitosamente dentro de un grupo en forma
consistente con las exigencias de sus compañeros y la comunidad? si la respuesta es
no, por mostrar formas diferentes o peculiares de conducta en relación a ellos, éstos y
los elementos más dominantes de la comunidad lo rechazan, entonces existe la gran
posibilidad de que el niño esté en terapia de grupo.
Manipulación de la estructura.
La estructura se define como el grado de preconcepción de forma u orden que
se encuentra en el campo terapéutico.
Para provocar el proceso de modificación de conducta, se modifica la
estructura de la terapia de modo que el niño sea colocado en situaciones de la vida
cotidiana que estén provocando mayores dificultades adaptativas. Por lo tanto la clave
para el proceso psicoterapéutico es la modificación de conducta, y para ésta es la
manipulación y control de la estructura o el orden y forma que rodean al niño durante
la terapia de juego.
Antes el terapeuta debe determinar:
1. Cuáles conductas son la clave que producen conflictiva en él o los ambientes
que rodean al niño.
2. Forma su estrategia de resolución de problemas utilizados por el niño.
3. Nivel de desarrollo, tanto social como intelectual.
4. Nivel de entrenamiento y experiencia previa, con respecto a la conducta en
cuestión.
Luego de haber determinado estos puntos el terapeuta determinará el tipo de
terapia y los pasos a seguir, en otras palabras la estructura o nivel de estructuración,
con el fin de que el niño utilice apropiadamente las señales ambientales y así toma
decisiones sociales basadas en estas señales.
Entre los objetivos se encuentran:
-Intentar incrementar el nivel de funcionamiento y control de la conducta, por lo
que se espera que los niños aprendan a hacer más cosas.
-Mejorar la habilidad cognoscitiva, y a través de la habilidad mejorada, lidiar con
situaciones críticas con el fin de que sean personas más felices y útiles.
Lo anterior guarda relación con el primer principio, por lo cual debe ser
reeducado con respecto a las normas sociales específicas en que está inadaptado.
Esta reeducación implica límites que se deben concebir:
1. En términos de la relación entre el paciente con terapeuta (puede lograr
llegar al punto de la seguridad personal).
2. En términos de relación del paciente con los materiales que se utilizan en
el juego.
3. En términos del tiempo y espacio (escenario).
Sin embargo estos límites, no deben ser impuestos como un castigo sino como
modos para incrementar la propia libertad del niño dentro del escenario terapéutico.
Técnicas
A. Materiales no estructurados con enfoques terapéuticos no estructurados (NE-
NE).
La importancia de los materiales no estructurados radica en la mayor
habilidad del paciente para controlar, crear, cambiar y desarrollar actividades de
juego con ellos. Pueden aprender que son personas capaces de crear y controlar
materiales. Esto prepara el terreno para que aprendan que pueden controlarse a sí
mismos y finalmente permite que interactúen con los demás.
B. Materiales no estructurados con enfoques terapéuticos estructurados (NE-E).
Lo principal es una relación cálida y empática con el paciente, esto dado que
el niño debe ver al terapeuta como un modelo a seguir y ante el cual se deben mostrar
conductas socialmente aceptables, dentro de este tipo de técnica se incluyen
actividades de dibujo, música, recreación y otros similares.
C. Materiales estructurados con enfoques terapéuticos estructurados (E-E).
Esta forma se basa en la premisa de que muchas aberraciones de la
personalidad se deben a una conciencia de incapacidad para funcionar a un nivel
similar al de sus compañeros. Esta suposición no requiere que el niño tenga un
conocimiento de todas las ramificaciones de la perturbación, sino la observación de
que no está actuando tan bien como sus pares, en áreas importantes. El terapeuta
ayuda al niño a entender que aún existan problemas y que posiblemente pueden
encontrar formas alternativas de trabajar con ellos.
Los materiales que se utilicen para este método deben ser definitivamente
muy estructurados, con un énfasis tanto en la producción de contenido cognoscitivo
como en la producción de expresión creativa. El producto final es importante como lo
son las consecuencias de la conducta.
Cada sesión se prepara con anterioridad; el terapeuta arregla la escena,
asegurándose constantemente de que el paciente permanece en el tipo de situación
que el terapeuta inventó.
Técnicas Objetivos
(NE-NE) -Reconocimiento del yo. Es el objetivo principal porque se debe
alentar al niño a desarrollar una motivación para el crecimiento y ser
capaz de lidiar con problemas más desafiantes.
-El segundo objetivo abarca la obtención del entendimiento de que
los impulsos pueden ser controlados.
-El tercer objetivo es el entrenamiento para vivir dentro de los
límites sociales.
(NE-E) -Producir un autoconcepto mejorado, este método une la autoimagen
con la realidad objetiva en términos de la habilidad real y se
convierte en una forma de mejorar el autoconcepto proporcionando
autoconfianza.
-Control de impulsos por medio de incrementar la comprensión de
que los deseos básicos se pueden satisfacer en una forma
socialmente aceptable.
-Mejoramiento de la habilidad para interactuar socialmente; los
niños tienden a aprender dónde y cómo se imponen estos limites y la
diferencia entre los mayores y menores.
(E-NE) -Ayudar al niño a construir relaciones seguras con las cosas y
personas al nivel de comprensión de que una interacción más
democéntrica, y más expresiva con el ambiente, el terapeuta ayuda y
enseña medios aceptables de expresar sentimientos sin destruir el
ambiente o la relación interpersonal.
-Ayudar a los niños a lidiar con las realidades sociales y culturales
en términos del hecho de que se encuentran en una posición de crear
cierta alegría y gratificación dentro de su medio.
-Ayudar a los niños a evaluar sus experiencias pasadas a la luz de
nuevas actitudes, auxiliar en su desarrollo y establecer objetivos
personales en términos de un nivel de aspiración realista y una
conciencia realista del ser.
(E-E) -Mejoramiento del nivel de madurez social a través del desarrollo de
una función cognoscitiva mejorada.
-Desarrollo de la comprensión por parte del niño sobre como
acomodarse dentro del entorno y lograr la aceptación personal.
-Construcción de niveles realistas de aspiración incluyendo un
sentido de reglas y de logro.
Si el niño aprende a través del juego a enfrentarse con estos problemas en una
forma controlada, puede trasladar este aprendizaje a su vida cotidiana, ya como
adolescente o adulto. Los logros principales de la terapia de juego incluyen la
habilidad para conocer las demandas críticas de la sociedad y la experiencia de lidiar
satisfactoriamente con estas demandas.
En el trabajo con los padres un aspecto de su participación en la terapia de
juego es la posibilidad de iniciar un juego más directo dentro de la situación del
hogar, otro aspecto para mejorar la forma de los servicios es , enseñar a los padres
como alentar ciertos modos de conducta donde el niño se traslada del tipo de
enfrentamiento inadaptativo a uno mejor dentro de los amplios aspectos de la
situación hogareña, además se le brinda al niño una oportunidad para un amplio
patrón de continuidad de lo que ha aprendido en terapia de juego sobre su casa.
Terapia de juego con niños minusválidos
Es un hecho que las incapacidades físicas imponen cargas psicológicas sobre
los niños y sus familias. A menudo las familias de los niños minusválidos
contribuyen a sus problemas, los padres muestran desilusión, resentimiento y sobre
atención respecto a su hijo minusválido.
El énfasis de la sociedad sobre la belleza y fortaleza física, además de cuerpos
saludables acentúa los problemas de los minusválidos, lo que puede provocar una
autoconciencia e imagen personal pobre.
La incapacidad física se ha relacionado con frecuencia con sentimientos de
inferioridad, vergüenza, culpa, amargura, envidia y autocompasión.
El juego como tratamiento
Son posibles varias clases de intervenciones terapéuticas para utilizarse con niños
minusválidos, pero los principios básicos de la terapia de juego la hacen
especialmente apropiada para muchos de ellos (Axline 1947).
1. El terapeuta debe crear una relación amistosa y una buena empatía con el niño, y
mostrar aceptación del paciente. Los niños minusválidos tienen mayor necesidad
de consideración positiva incondicional y actitudes permisivas que quienes no lo
están.
2. Se debe enfatizar el reconocimiento y la reflexión de los sentimientos.
3. La terapia de juego puede ser el método a elegir para niños pasivos y
dependientes. El terapeuta le brinda la oportunidad de resolver problemas y cree
que el paciente es capaz de tomar esa responsabilidad.
No es posible por el momento establecer conclusiones firmes sobre la eficacia de la
terapia de juego para ayudar a los niños a enfrentarse a la hospitalización, la terapia
de juego tiene el potencial de enfrentarse al estrés.
Terapia de juego y abuso sexual infantil.
Los abusos tienen efectos diferentes para niños y niñas. Los niños que han
sido agredidos es más probable que abusen de otros menores mostrándose agresivos,
mientras que las niñas suelen sentir depresión y ansiedad.
En cuanto a los agresores, la mayoría son varones que casi en la mitad de los
casos, realizan su primer comportamiento de abuso antes de cumplir los dieciséis
años. De hecho los abusos cometidos por adolescentes y jóvenes está creciendo
debido a factores como el abuso del alcohol y drogas. Los agresores suelen ser
reincidentes y remisos al tratamiento. En la otra mayoría de los casos se trata de
familiares o conocidos de los niños y niñas.
¿Cómo afrontar un caso de abuso?, los expertos recomiendan creer al niño, y
en cualquier caso dejarles claro que ellos no son culpables de lo sucedido. Además
hay que denunciar los hechos. Puede parecer una obviedad, pero no lo es. Muchos
casos de abuso se silencian, pese a que la denuncia es una obligación social y legal,
además de ser una de las escasas vías existentes para garantizar que los agresores
reciban tratamiento.
¿Por qué un niño o joven no hablan sobre un hecho de abuso sexual?, va a
depender de la edad del abusado, tipo de vínculo con el abusador y las concepciones
sociales sobre la infancia y la sexualidad. Algunas razones para mantener el silencio:
No hay edad suficiente para comprender lo que está sucediendo.
No sabe expresar con palabras lo sucedido.
Ha sido persuadido o amenazado para que no hable.
Por vergüenza o culpa, sí creen ser cómplices o que han provocado los hechos.
Piensan que nadie les va a creer o que van a ser castigados por eso.
Signos físicos.
Dificultades para caminar o sentarse.
Rasguños, mordeduras, hematomas en el cuerpo y zona genital.
Manchas de sangre en la ropa interior.
Signos conductuales.
Cambios en los hábitos de alimentación y sueño.
Disminución del rendimiento económico.
Conductas regresivas.
Conductas erotizadas o sexualizadas.
Fugas del hogar o la escuela.
Mentiras y robos.
Utilización del tema sexual en dibujos y juegos.
Una vez cometido el abuso sexual se presentan una serie de consecuencias del
acto que pueden ser imborrables o alterar el curso normal del desarrollo evolutivo del
niño abusado.
Terapia de juego.
Por medio de ésta y la utilización de sus distintas técnicas, un niño puede
develar que está siendo abusado sexualmente. Durante el juego semidirigido,
generalmente con una familia de animales, se guía al niño para que proyecte a través
del juego la situación conflictiva por la que atraviesa, la que no puede ser expresada
verbalmente. El objetivo radica en encontrar los indicadores más significativos en el
juego del niño en una sesión diagnóstica o de tratamiento.
La terapia de juego sirve como una herramienta para poder validar ante la
justicia el daño sufrido por niños victimizados de una forma que contenga y ayude,
teniendo en cuenta las necesidades y capacidades de los niños evitando nuevas
revictimizaciones.
La prevención es la psicoeducación, desde la etapa preescolar (desde los dos
años de edad), a través de un juego llamado “conociendo mi cuerpo”, al principio es
una etapa sensorial: lo que me gusta ver, tocar, oler, gustar, jugar, y lo que no me
gusta. Luego se introducen elementos psicoeducativos como son educación sexual
principalmente.
En una segunda etapa se introducen tipos recordativos e informativos como:
“quienes pueden tocarte”, “cómo deben tocarte”, “qué parte de tus cuerpo pueden
tocarte otros”, etc.
En una tercera etapa enseñarles que el respeto a las personas mayores y a las
figuras de autoridad, no significa que tienen que obedecer ciegamente, y que si algo
les hace sentir incómodos se lo hagan saber. Decirle a los niños “que si alguien trata
de tocarte el cuerpo y de hacerte cosas que te hacen sentir raro, dile no a la persona,
aléjate de ella y ven a contármelo enseguida”.
Referencias
- Schaefer Charles E. y O. Connor Kevin J. Manual de terapia de juego. Editorial El
manual moderno, S.A. de C.V. México. D. F. 1988.