Malestar Ex-sistente en Psicoanálisis
Malestar Ex-sistente en Psicoanálisis
PATHOS
El malestar ex-sistente
DISEÑO EDITORIAL
Lic. Scalerandi, Antonella
COMITÉ DE ARBITRAJE
6.
EDITORIAL
EL MALESTAR
EX-SISTENTE
10.
Cynthia Palavecino
ENTREVISTA
COLETTE SOLER
Javier Aguirre y
Gabriel Goycolea
14.
DOSSIER
EL PATRIARCADO Y EL
EMPUJE AL SACRIFICIO
Osvaldo Delgado
21.
DOSSIER
DE LA INTEMPERANCIA Y LA
LEY DE HIERRO
(Apuntes de investigación)
Emilio Vaschetto
33.
DOSSIER
EL TRAUMA EN LA
CULTURA DEL MALESTAR
Y EN LA NUESTRA
DOSSIER
LA VERDAD DE LA CIENCIA:
salud pública o segregación
Julieta Panero y Tomás Pettina
52.
DOSSIER
60.
TEMÁTICA LIBRE
MASOQUISMO: entre
aperturas, cernimientos e
interrogantes
Juan Manuel Ferraro
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 6 - 9
ISSN: 2313-93920
EDITORIAL
Cynthia Palavecino*
El malestar ex-sistente
6.
1.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 6 - 9
ISSN: 2313-93920
Editorial
2.
7.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 6 - 9
ISSN: 2313-93920
Editorial
el Discurso, tiene menos recursos psíquicos ante lo real traumático que derivan en
manifestaciones patológicas no-sintomáticas.
Julieta Panero en su artículo: “La verdad de la ciencia: Salud Pública o segregación”,
analiza la copulación entre los conceptos de ciencia y capitalismo. Para la autora la
ciencia se presenta en el contexto de la pandemia como la privilegiada para dar
respuesta a la enfermedad, paradójicamente esta circunstancia evoca una lógica
mercantilista que refuerza los efectos de segregación, remarcando la vulnerabilidad
de gran parte de la población mundial. La ciencia incrementa el bienestar de la vida
de las personas, pero también ha profundizado la desigualdad, ya que ofrece a los
sujetos respuestas a través de la producción de sus propios objetos. Enfatiza que el
Discurso Universitario ha tomado el relevo del Discurso del Amo antiguo y la ciencia
se ha convertido en una aliada del capitalismo. Su preocupación marcada por la
salud pública la hace retomar los desarrollos sobre universalización, segregación y lo
colectivo.
Por su parte, el artículo de Juan Manuel Ferraro: “Masoquismo: entre aperturas,
cernimientos e interrogantes”, nos aproxima al campo del masoquismo en cuatro
movimientos: Krafft Ebing, Freud, Reik y Lacan. Además, busca los parangones entre
la conceptualización freudiana y lacaniana del masoquismo, discurriendo desde la
disposición perversa polimorfa hacia la perspectiva estructural lacaniana que nos
ubica de pleno en el masoquismo fantasmático. Por último hace algunas
consideraciones clínicas sobre la dupla actividad-pasividad y la violencia de género.
En su artículo: “Algunas precisiones sobre la diferencia entre emergencia, urgencia
subjetiva y padecimiento subjetivo”, Florencia Aquino explora las diferencias
conceptuales de estos fenómenos. Puntualiza que la “emergencia” es un concepto que
hace referencia a la ruptura de la normalidad de un sistema, asociándolo al
sanitarismo y la objetividad. La urgencia subjetiva, concepto de tratamiento
psicoanalítico, se asocia a la percepción y las significaciones subjetivas de la ruptura
del lazo y a veces con el propio cuerpo. Por último, el padecimiento subjetivo se lee
como una suposición del sujeto al sufrimiento.
Como se advierte, los artículos de este número de Pathos, discurren y debaten sobre
el malestar ex-sistente y la lógica de los discursos, su reconfiguración y las nuevas
dimensiones ante la amenaza del virus y los efectos subjetivos de la pulsión de
muerte. Por otra parte, se denuncia la cristalización de las controversias en torno a
las respuestas de la ciencia en contextos de alta incertidumbre o la escasa atención a
2.
8.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 6 - 9
ISSN: 2313-93920
Editorial
los efectos sociales y subjetivos de la pandemia, ante la inminencia del riesgo vital. Se
da cuenta de procesos de segregación y fragmentación social en franco crecimiento
que requieren ser atendidos y analizados en sus múltiples consecuencias y como
condicionantes del lazo social contemporáneo.
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VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 10 - 13
ISSN: 2313-93920
ENTREVISTA
Colette: en realidad elegí el tema, que es el tema del lazo social y de las amenazas
que pensamos que pesan sobre los lazos sociales actuales, a la convergencia de dos
preocupaciones: una, es un tema de moda todos hablan del lazo social, de los
desenlaces, etc.; y nuestro futuro encuentro internacional de los foro en Medellín en
2016 es bajo el título “Enlaces y desenlaces”, entonces es exactamente el tema. Pero
tenía otra intención porque en París hemos trabajado todo el año sobre el tema de la
identidad y de la identificación, y eso me trajo a releer a Freud y sus tres tipos de
identificación que permiten plantear lo que pasa con la libido que opera en el lazo
social del capitalismo; entonces mi elección fue a intentar mostrar que el capitalismo
en realidad no es un discurso, no es un discurso en el sentido de Lacan. En el sentido
de Lacan lo que él llama discursos son tipos de lazo social; el capitalismo es un orden
del mundo económico que no hace lazo entre los individuos, y entonces hay una
tensión entre la propensión humana a hacer lazo –porque hay una propensión
humana, los humanos no se sabe por qué no les gusta la soledad, quieren conectarse
con otros, y no les gusta tampoco la inestabilidad, quieren tener una seguridad-. Y
entonces hay una tensión entre lo que programa el capitalismo, o sea nada respecto a
los lazos sociales, nada y que empuja a los individuos sólo a conectarse con los
objetos del mercado: producirlos y consumirlos. Y es todo un tema, no sé si es así
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VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 10 - 13
ISSN: 2313-93920
Entrevista
pero en Francia se habla mucho de la consumación de los ménages, las parejas que
tienen una pequeña familia, es todo un tema. El capitalismo no se ocupa de los lazos
pero se ocupa de como cada sujeto se conecta con los objetos de la producción; y aquí
hay una tensión, no una polémica porque el capitalismo no dice nada, el capitalismo
funciona, continúa en su eje. Así encontramos problemas, en el análisis el problema
repercute bajo la forma de cómo tratar los nuevos síntomas del capitalismo; o sea las
nuevas formas de gozar, de algunos más de goces que no existían cincuenta años
atrás. Pero son formas de goce que el psicoanálisis recibe, porque recibimos los
sujetos del capitalismo.
Entrevistador: contemporáneos.
Colette: contemporáneos, sí. Son ellos a los cuales debemos contestar. Entonces el
problema a nivel social, viene al consultorio de los psicoanalistas, todos los
problemas sociales vienen al consultorio.
Colette: una auto segregación elegida, encontrarse entre los mismos, esa es una
segregación vivir con los mismos y aislarse de los diferentes; y es todo un problema
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ISSN: 2313-93920
Entrevista
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VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 10 - 13
ISSN: 2313-93920
Entrevista
Colette: yo escribí a propósito de Joyce en el libro que llamé “La aventura literaria”
con tres autores y podría decir que era mi época clásica (risas), es decir que en este
libro seguí exactamente la tesis dominante de la época sobre la psicosis y la tesis
dominante provenía de algo bien sencillo, Lacan habla en el texto de la forclusión de
hecho del padre y todos –yo incluida- hemos concluido: psicosis. Les hago observar
que nunca Lacan dijo psicosis con Joyce, nunca, nunca; y no es casualidad, no es
casual. Años después conociendo más las elaboraciones de Lacan a partir de los años
70, releí todo y capté un poco otros aspectos sobre todo, un retorno a Joyce más
lacaniano.
Entrevistador: y ahora, ¿cuál sería la hipótesis que tendría con respecto a Joyce?
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VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 14 - 20
ISSN: 2313-93920
DOSSIER
Osvaldo Delgado*
El patriarcado y el
empuje al sacrificio
Resumen
Abstract
14.
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ISSN: 2313-93920
Dossier
that reveal the joy of God, in the act of sacrifice, as one of the forms that truth can
take. At present, contemporary neoliberalism adopts this sacrificial figure in the
figure of the dark gods in which the enjoyment of hatred deepens, who wishes that
the hated object does not exist. Therefore, the offering to these gods implies a
voluntary servitude, which translates into the push to sacrifice; In this sense, instead
of referring to a fall of the patriarchy, we are facing one of its forms of cruelty.
Keywords: patriarchy|joy|sacrifice
I.
Respecto al patriarcado, he notado que hay un aspecto que no ha sido demasiado
interrogado y debatido en la actualidad. Y tratándose la cuestión que desarrollaré,
me llama mucho la atención.
Me refiero al padre del sacrificio, aquel del cual vemos y hemos visto demasiados
efectos de su presencia. Uno de los más notables es el del sacrificio de los hijos en la
ofrenda al padre.
Ya Freud, en “Tótem y tabú”(1913) , nos habla de dos tiempos, que hay que
entenderlos como lógicos. Debe ser pensado el segundo como el primero lógicamente
en una perspectiva fantasmática. Las honras al padre sacrificador que permiten
distanciarse de las mujeres, construyen en los rituales, vía el sentimiento de culpa, a
ese protopadre.
Por esto es que Freud va a desplazar en “El yo y el ello”(1923) al sentimiento
inconsciente de culpabilidad en el núcleo del síntoma, y va a ubicar en su lugar a la
necesidad de castigo.
Efectivamente, esto no es sin el fantasma “pegan a un niño” y su fundamental
segundo tiempo. Recordemos que Freud anuda allí masoquismo moral y femenino, y
que “femenino” no tiene nada que ver con femineidad. La libido es siempre activa,
sea cual sea la elección de posición sexuada, y el fantasma es siempre de finalidad
pasiva, sea la elección sexuada que sea.
Lacan nos va a decir en lo que llama la “Historieta de Cristo” que este se dio la tarea
no de salvar a los hombres, sino a Dios, y “pagó lo suyo por ello: ‘Padre, ¿por qué me
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ISSN: 2313-93920
Dossier
has abandonado?’”.
AAAAAFreud, afortunadamente, nos brindó una interpretación necesaria (que no
AAAAAcesa de escribirse, como definió a lo necesario) del asesinato del hijo como
AAAAAbase de la religión de la gracia. No lo dijo del todo así, pero marcó bien que
AAAAAese asesinato era un modo de denegación que constituye una forma posible
II.
Llegado a este punto, pasamos a interrogar cómo el neoliberalismo contemporáneo
se ha anoticiado completamente de esta cuestión, por eso se puede gozar del odio sin
velos tal como lo formula Aristóteles en su “Retórica”. Es en ese texto donde va a
formular que el que está indignado sufre, pero el que odia, no. Sólo quiere que el otro
no exista.
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ISSN: 2313-93920
Dossier
Sabemos, a partir de Lacan, de la conjunción de Kant con Sade, de tal modo que
podemos leer en el testimonio de Eichmann en Jerusalén la particular interpretación
del imperativo kantiano, a pesar de confesar que era un gran lector de la Crítica de la
Razón Práctica. Según lo que nos transmitió Arendt, Eichmann había actuado de
acuerdo al imperativo categórico.
Todo hace pensar que para él, el Führer seguía viviendo después del suicidio y de la
capitulación de Alemania, ya que asesina a cientos de judíos posteriormente. “Es la
forclusión de todo deseo, de toda modalidad que pueda provenir del amor”, según la
expresión de J. A. Miller en Lakant.
Diego Tatián, siguiendo a Spinoza en la referencia de este a Aristóteles, se va a referir
a que “finalmente el iracundo, que a diferencia de quien odia, experimenta él
también pesar (busca causar un mal a quien es objeto de su ira), el que odia desea
que el objeto odiado no exista”.
Por otra parte, he escuchado por primera vez a un dirigente social lo suficientemente
iluminado sobre esta cuestión. Me refiero a Juan Grabois.
Le preguntaron por qué los movimientos sociales no salen a combatir a las calles más
contundentemente contra la injusticia. Él respondió “¡porque siempre ponen los
muertos los jóvenes y los pobres!”.
La posverdad se ha develado tal como lo que es: la canallada más despiadada
siguiéndole los pasos a Goebbels en la época del reinado del mercado financiero.
Más allá de las categorías hegeliano-marxistas, como decía Lacan, la terrible ofrenda
a los dioses oscuros se puede expresar en la servidumbre voluntaria, como lo ha
formulado lúcidamente Etienne de la Boétie, en “Discurso sobre la servidumbre
voluntaria”, donde se da cuenta de ese empuje al sacrificio, al goce oscuro.
Además, se mata y se muere en nombre de Dios, como afirma Jacques-Alain Miller, y
se puede formular como el presidente de Brasil: “somos terriblemente cristianos”,
fórmula que puede tomar el valor simbólico de la época. Ya que podemos ser amados
por buscar y consentir al sacrificio de una vida de miseria sin límites.
No se trata acaso de una caída del patriarcado, sino de una versión absolutamente
cruel.
Lacan lo denominó en “Los no incautos yerran”(1973), no como declinación del
Nombre del Padre, sino forclusión y su retorno en lo real como ley de hierro.
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ISSN: 2313-93920
Dossier
III.
Jacques Alain Miller dice lúcidamente que tenemos que salir del reino del Nombre
del Padre, que se trata de lo intolerable del padre para nuestra civilización, en el
texto “Feminismos” (2018).
Al mismo tiempo, en un Miller versus Miller, en el curso “Piezas Sueltas”(2013)
plantea que el régimen del para todo daba lugar a la excepción. El régimen del no
todo no hace conjunto, sino serie. Por lo tanto no hay excepciones. Incluso agrega “en
el régimen del no todo no ser como la serie abierta puede ser estigmatizado” (p.45).
Desde esta perspectiva el régimen hacia dónde nos encaminamos puede atentar
contra la singularidad en tanto “no admite el dato de excepción”. Incluso puede ser
estigmatizado (por ejemplo, aquel que no desee utilizar el lenguaje inclusivo).
¿Esto implica acaso cantarle loas al régimen del Nombre del Padre? De ninguna
manera.
Dice Rita Segato (2003) en “Las estructuras elementales de la violencia”: “el
patriarcado es entendido, así, como perteneciendo al estrato simbólico y, en lenguaje
psicoanalítico, como la estructura inconsciente que conduce los afectos y distribuye
valores entre los personajes del escenario social” (p. 14). Esto es efectivamente así, en
un psicoanálisis del Nombre del Padre.
La salida del patriarcado es un gran avance de la civilización. Pero como toda
subversión, debemos estar atentos a sus efectos y consecuencias, a sus impasses y
desvíos.
Finalmente, el régimen venturoso del no todo, ¿elimina el empuje al sacrificio en las
pasiones singulares y en el destino de las comunidades?
Es más acorde al psicoanálisis y a los Derechos Humanos, eso seguro que sí.
Un psicoanálisis, uno por uno, orientado por una clínica del sinthome, sí puede
resolver la pasión fantasmática del sacrificio. El canalla, ídolo del neoliberalismo, no
es analizable, se lo impide su ética del mal.
IV.
Más allá del uno por uno y la propuesta del último Lacan para la resolución de la
posición de goce, debemos plantear otras cuestiones con relación a los colectivos
sociales.
Para decirlo de una vez, el neoliberalismo es un proyecto totalitario, enmarcado en el
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Dossier
odio.
El llamado mundo occidental y nuestra Latinoamérica están siendo objeto de una
pasión oscura, que promueve el sacrificio de millones de seres. Se trata de una ética
del mal con la trama de mercado financiero.
Se alienta el sacrificio mediante operaciones masivas de comunicación, buscando
producir sujetos como desechos humanos que se encaminen a un holocausto de
masas, adormecidos y sugestionados.
Hoy los guardias de los campos de concentración son periodistas, jueces, fiscales,
ciertos políticos, CEOs. Se trata de la universalización de lo que postula Kant como el
mal radical, en su texto “La religión dentro de los límites de la mera razón”. ¿Y cuál es
el látigo neoliberal? Las mentiras seguidas de decepciones, y el arrasamiento
acelerado de todos los derechos, según mi colega Miguel Furman, “el poder sabe
cómo angustiar para paralizar” y debilitar la voluntad liberadora.
El presente y el futuro cercano se encaminan a la construcción de sociedades
fascistas. ¿Cuál será nuestro ghetto de Varsovia?, para que no acontezca lo que
formula el personaje llamado Barsut, en “Los siete locos” de Roberto Arlt: “¿cómo es
posible que la gente no se haya dado cuenta de la extraordinaria belleza que hay en
ese acto… en el de quemar vivo a un hombre? Y por no creer en Dios, ¿se da cuenta
usted? Por no creer en Dios”. En el dios oscuro.
Y nuestro ghetto de Varsovia aconteció. El 11 de agosto pasado el pueblo argentino le
dijo que no a la encarnación actual del dios oscuro en el mundo, Donald Trump, y a
sus súbditos. Su súbdito argentino dijo: si me hacen enojar les puedo hacer mucho
daño. Fue la única verdad que formuló en todo su mandato.
Referencias
Arlt, R. (2014). Los siete locos. Buenos Aires: Barenhaus
De La Boétie, E. (2016). Discurso sobre la servidumbre voluntaria. Barcelona: Virus
Freud, S. (1984 [1923]) “El yo y el ello”. En Obras completas, Vol. XIX. Buenos Aires:
AAAAAAmorrortu.
Freud, S. (1986 [1913]) “Tótem y tabú”. En Obras completas, Vol. XIII. Buenos Aires:
AAAAAAmorrortu.
Freud, S. (1988 [1919]) “Pegan a un niño”. En Obras completas, Vol. XVII. Buenos Aires:
AAAAAAmorrortu.
Kierkegaard, S. (2008) Temor y temblor. Buenos Aires: JCE ediciones.
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Dossier
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ISSN: 2313-93920
DOSSIER
Emilio Vaschetto*
De la intemperancia
y la ley de hierro
(Apuntes de investigación)
Resumen
Abstract
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ISSN: 2313-93920
Dossier
another that does not exist has permeated, disappeared, its dominance was diluted to
give way to: an Other that exists. The clinical problem that this entails is, in some
way, the effort to try to detach, to detach from this time the practical consequences in
the approach with subjects where the effects of this paternal resignation can be
verified. This panorama leads us to ask ourselves, what status does psychic suffering
have today? And in this sense we return to Lacan's perspective from Seminar 21:
being named for, the social knot and the iron order imposed by maternal desire
allows us theoretical approaches to understand subjects that, without suffering the
clinical effects of foreclosure, however they suffer a vital catastrophe.
Hay hechos clínicos que devienen de modos radicales de rechazo. Las alucinaciones,
los delirios, los actos inmotivados, los fenómenos de fragmentación del cuerpo son
efecto de eso que Lacan llamó “forclusión” (Verwerfung). Hay un rechazo primordial
de un significante que es aquel que viene a ordenar el resto de la cadena de palabras.
Ese significante llamado Nombre del Padre, es un orden, o más bien es el emblema
del orden tradicional representado por el mito del Edipo como ingreso al campo de la
cultura. Las formas admitidas de la tradición, de autoridad y de respeto son
solidarias de este orden. En Sigmund Freud aquello está metaforizado en el término
“filogenia” en donde los muertos se transforman en la pesadilla de los vivos.
Asimismo, con indisimulada belleza leemos en el poema de Borges titulado Al hijo
esta versión de la herencia:
AANo soy yo quien te engendra. Son los muertos.
AASon mi padre, su padre y sus mayores;
AASon los que un largo dédalo de amores
AATrazaron desde Adán y lo desiertos
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Dossier
El problema clínico
Lo que llamo el problema clínico es, de algún modo, el esfuerzo por tratar de
desgajar, de desprender de este tiempo las consecuencias prácticas en el
acercamiento con sujetos donde pueden verificarse los efectos de esta dimisión
paterna. Sin embargo, difícilmente podríamos acceder a ellos si utilizamos la grilla
estructural (neurosis, psicosis, perversión) o la psicopatología de manual –a menos
* Estos tópicos han sido desarrollados en detalle junto a mi colega Jorge Faraoni en al menos tres
artículos: “Lo heterogéneo”, en Rotstein, J. Estudios sobre lo real en Lacan, Barcelona, Xoroi, 2020; “Una
civilización sin dios” recuperado de: [Link]
faraoni-una-civilizacion-sin-dios/ y “Subjetividades” recuperado de:
[Link]
** Recuerdo la acertada idea de Kojéve de que en la verdadera autoridad es capaz de generar un
cambio de conducta en el otro sin tener que por ello modificar su propio carácter.
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Dossier
que hagamos entrar uno por uno en el lecho de Procusto de las clasificaciones
conocidas.
En la instancia clásica de esplendor del orden simbólico, el Otro como sede del código
fue también el efector tácito de las interdicciones. Oráculo y prohibición, ideal y
tormento a la vez, éste delimitó los contornos de una clínica en donde el practicante
supo orientarse con una mayor fiabilidad. Las figuras clínicas de la transgresión o del
exceso fueron reorientadas hacia un modo de continencia o dique. Represión y
retorno de lo reprimido, falta y castración son aquí congruentes con las grietas
generadas dentro de las cuales se abisma cualquier ilusión homeostática. El punto de
llegada, conceptualizado como una roca viva y centrado en la castración como uno
de los nombres de lo imposible configuró la orientación ética del psicoanálisis, tema
dejado en adarajas y retomado con vigor por Jacques Lacan a propósito del final de
análisis. No obstante, las vicisitudes, los avatares pulsionales a lo largo de la vida
(fijaciones, traumas, acontecimientos del cuerpo) van a manifestarse en cada sujeto
conforme habiten un determinado Otro de la civilización. De tal manera que, si nos
situamos en la época freudiana vemos cómo la dominación de una moral sexual
victoriana y su marco particular de prohibiciones, hacen que toda transgresión
genere una agitación en el amo médico quien, a su vez, oficia de regulador o de
árbitro para operar, ya sea en el orden individual o institucional, en su continencia.
La tendencia a la evacuación
El ascenso del plus de gozar al cénit de la civilización, del objeto a –en su carácter de
gadget– en la posmodernidad puso una barra sobre el Otro y promovió satisfacciones
sin dilación las cuales, lejos de volverse deseables, se volvieron obligatorias. El
superyó en su carácter anfibológico desplazó su faz interdictora hacia el imperativo
de gozar. La postergación se transformó en inmediatez y lo prohibido en necesario.
Al mismo tiempo, esta licuefacción del goce admitió una regulación, pero ésta no se
efectuó a través de la autoridad ni del orden tradicional, sino que surgió de modo
transversal. Son las llamadas –paradójicamente– “comunidades de goce”. Narcóticos,
alcohólicos, adictos al sexo, etc… todos aglutinados de forma anónima alrededor de
un significante amo, en un enjambre, sin liderazgo. El matema es ilustrado con
simplicidad por Jacques Lacan como S1, esto significa que hay un significante que
comanda las identificaciones de múltiples sujetos los cuales encuentran así un freno
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Dossier
a la errancia.
Esta figura del Otro que ilustré, del Otro tachado, en una época del Otro que no existe,
ha perimido. Con esto no quiero decir exactamente que desapareció, sino que se
diluyó su dominancia para dar paso a lo ya mencionado: un Otro que existe.
Patologías “actuales”
Me he preguntado una y otra vez de qué se tratan las patologías actuales. Lo que
llamamos –por ejemplo– psicosis actuales o incluso neurosis actuales. ¿Qué estatuto
posee el sufrimiento psíquico hoy? Quizás una respuesta posible sea que la novedad
es lo difuso. Las propias transformaciones antropológicas definen un universo
heterogéneo en cuanto a la sintomatología lo cual implica a todas las praxis clínicas
en su conjunto:
AAEl terapeuta se enfrenta entonces con una demanda a la que ya no
AAAAAcorresponde una unidad semántica clara y distinta, un requerimiento que
AAAAAsobrepasa el estricto marco universitario de reparación y para la cual el
AAAAAtratamiento se revela a menudo impotente. (Laplantine, 1999, p. 319)
La brújula, el gnomon, el eje organizador de las categorías y los tipos clínicos, como
anuncié, están en efecto puesto en cuestión. Es una de las maneras de hablar de la
“evaporación del padre”, pero al mismo tiempo, enunciar que si la norma (nor-male,
dirá Lacan en L’etourdit -1972-, jugando homofónicamente entre norma macho y
norma mala) está subvertida, si el patrón está esmerilado resulta una tarea reñida el
pensar en términos de enfermedad, de trastornos o de psicopatología. Quizá sea
entonces más oportuno hablar de “subjetividades marginales”.
En este tiempo de mutaciones donde es evidente que las coordenadas del Otro y sus
condiciones de humanidad han ido variando, la dimensión de sujeto del inconsciente
también se ha transformado. Pues si es que consideramos que el inconsciente no
posee un estatuto óntico sino ético, la noción de sujeto que es correlativa de éste
también ha mutado. Podemos todavía ir más allá y decir que en muchos casos lo que
observamos (escuchamos) son manifestaciones palmarias del rechazo del
inconsciente con una consecuente revocatoria del sujeto del significante. ¿Esto hace
inviable el psicoanálisis? ¿Esto anula la posibilidad de la experiencia analítica?
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ISSN: 2313-93920
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Decir revocatoria del sujeto del inconsciente, rechazo del inconsciente no es decir
rechazo del psicoanálisis. La respuesta podemos encontrarla en Lacan mismo,
cuando define que “el psicoanalista forma parte del concepto de inconsciente”,
instaurando las condiciones de operatividad del psicoanálisis. ¿Y si hay rechazo?
Pues también incluimos al analista formando parte del rechazo del concepto (Lacan,
1984, pp. 26-27).
En este sentido, el sujeto moderno no es el de la tragedia, no es el del Edipo ni
tampoco el sujeto enfermo; es el portador de una pregunta –dice François Regnault–
o más aun, es aquél que se encuentra en estado de sufrimiento respecto a las normas.
No es algo en absoluto novedoso. Ya Lacan en el Seminario 3 (1955-1956), al hablar de
las identificaciones conformistas en las psicosis, hace extensivo esto a la forma
precaria y limitada en la que se sostiene “el mundillo de los hombrecitos solitarios de
la multitud moderna” (Lacan , 1993, pp. 289). Pues bien, se trata de eso, de un
interrogante no clínico sino más bien “posclínico”: cuál es el soporte, el nudo para
cada ser hablante.
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Dossier
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Dossier
deseante sino más bien alguien aferrado a un imperativo de goce (un “sujeto del
goce”, según el sintagma utilizado fugazmente por Lacan en el año 66’), al fin y al
cabo, un “orden de hierro”. Esto significa que no es alguien que va desplazándose
conforme a la ley del deseo, la del Nombre del Padre. Es sabido que aquél que
nombra –el padre del nombre–, el que da nombre a las cosas, habita la dimensión
metonímica del deseo. A punto tal que es siempre un nombre desplazado, ágil,
analizable y por ende, siempre puede ser otra cosa. Su antítesis es esa forma
inflexible de nominación que Lacan caracteriza aquí como un “nombrar para”
[nommer á]. Esto marca un trazado implacable, un destino, un fatuum. No es muy
extraño ver que hay sujetos que evitan la errancia encauzados hacia lo peor. Aquí el
término “degeneración catastrófica” no parece ser un eufemismo sino más bien el
signo de lo ineluctable.
Un campo de investigación
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Dossier
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ISSN: 2313-93920
Dossier
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VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 33 - 42
ISSN: 2313-93920
DOSSIER
Mario Chades
El trauma en la
cultura del malestar
y en la nuestra
Resumen
Abstract
The civilization described by Freud in "The malaise in culture" is one that operated a
harsh restriction of the sexual and aggressive desires of the individual, with the
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Dossier
consequent loss of happiness and increased feelings of guilt, repression being its
mechanism par excellence. It was effectively the civilization of neurosis, in which
however there was an "arrangement" with the traumatic.
Another story is that of today, in which trauma is revealed as the protagonist on the
scene. Thus, the elimination of suffering is evident in a way other than that of the
word, which is not inscribed in the formations of the unconscious. Consequently, our
time poses new challenges for Psychoanalysis, perhaps it is concerned a clinic of the
beyond the pleasure principle (of enjoyment), a clinic that "provokes" the subject,
there where exists only the impact of the Real.
Keywords: trauma|culture|discomfort|joy
Introducción
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Dossier
el sujeto actual, sujeto no engañado del discurso y por ello con menos recursos frente
a lo Real traumático; cuestión que veremos expresada en la incidencia de nuevas
manifestaciones patológicas no sintomáticas. Finalmente consideraremos algunos
puntos que plantean nuevos desafíos a la clínica psicoanalítica actual.
El trauma como efecto de un hecho sexual “oculto”, llevaría a Freud (2007c) a definir
el mecanismo de la represión como elemento fundamental. Ciertamente, la Cultura o
Civilización del malestar, descripta por Freud (2007d) en el “Malestar en la cultura”,
no es otra que la erigida sobre la renuncia pulsional en pos de ser incluido en “la
grey”.
Efectivamente, la imposibilidad de satisfacción pulsional que la Cultura impone, no
podría menos que inocular malestar* en el individuo, en tanto supone una dura
restricción a los anhelos sexuales y agresivos, con una consecutiva pérdida de
felicidad y un incremento del sentimiento de culpa. Aquello que Freud (2007d) llama
el malestar en la civilización no es otro que el producido por la inhibición de la
sexualidad y por la interiorización de la agresividad, fuerza en la que la Cultura
encuentra su obstáculo más poderoso, pues el autor ubica en la agresión un
subrogado de la pulsión de muerte.
Freud (2007d) hace gravitar la adquisición de la neurosis, también en la frustración
de los deseos, como en el desengaño a la promesa de bienestar propuesta por el
progreso de la civilización. Es decir que, si bien la Cultura puede hacer mucho por
mejorar las condiciones de vida de los hombres, lo forja con profusos límites, ya sea
esto por el fracaso en su cometido o generando, colateralmente, nuevas dificultades
inherentes a su propio desarrollo y evolución.
Digamos, entonces, que el sujeto se vuelve neurótico tanto por frustración como por
desengaño respecto a la vida en civilización y, el modo en como Freud (2007d)
entiende este efecto, será justamente, concibiendo a la neurosis como un refugio
frente al desengaño y como una satisfacción sustitutiva.
*La palabra “Malestar” es utilizada por Freud en el “Malestar en la cultura” para indicar intolerancia
del Yo a la presión de la culpa. Ciertamente, el malestar se trataría de una sensación de incomodidad
experimentada por el Yo, bajo las presiones del Super Yo.
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Dossier
En este sentido es preciso subrayar que el síntoma viene a relevar al malestar que
incomoda al Yo, aportando una satisfacción sustitutiva.
Debemos decir, en todo caso, que la neurosis es sólo una de las respuestas al
malestar, pues, como reconoce Freud (2007d) ya en los inicios del siglo pasado,
existían además toda una serie de estrategias paliativas a las que el ser humano
recurría para aliviar el dolor de vivir. El autor ubica entre ellas: poderosas
distracciones, sustancias embriagadoras, también asigna lugares a la religión y al
amor; aunque habló también de procedimientos más enérgicos todavía, como en el
caso de la psicosis, en tanto se rompe de un modo más radical el vínculo con la
realidad.
Empero, no podemos dar a todos estos procedimientos la misma tesitura.
Efectivamente algunos de ellos son acordes al propósito de la civilización, mientras
que otros más bien pretenden abolirla de algún modo.
No obstante, existe un enemigo mayor de la Cultura. Se trata efectivamente de la
agresividad, la fuerza bruta, subrogado de la pulsión de muerte. Por ello, la Cultura
no ahorra en esfuerzos por inhibirla, arrogándose el derecho de ejercer violencia
sobre el exaltado.
Ahora bien, si consideramos la sentencia de Freud (2007d) que versa: “[…] el ser
humano se vuelve neurótico porque no puede soportar la medida de frustración que
la sociedad le impone en aras de sus ideales culturales […]” (p. 86), deberíamos
pensar entonces, por la inversa, que aquellos medios que contribuyan a aliviar el
padecimiento* evitarían, de algún modo, la neurosis o, al menos, la pondrían en
suspenso.
El proyecto de la Modernidad.
La civilización que Freud (2007d) describe en su texto no es otra que la del proyecto
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Dossier
de la modernidad.
Como plantea Villaverde en Cosentino, Vidal, y Cragnolini (1999), podemos resumir
los aspectos socioculturales de la modernidad en positivismo, cientificismo,
optimismo, igualitarismo y realismo. De ese modo, los valores imperantes en esta
época eran la razón y el progreso, apuntalados en la ciencia y el cálculo. De este
modo, podemos decir, que orden, paz y progreso sintetizarían su ideario.
La civilización del malestar no es otra que la de la pérdida constitutiva, es la
civilización que impone al sujeto un gravamen. El precio que el sujeto debe pagar por
pertenecer es una restricción a su goce. Empero, el malestar no es en absoluto lo que
traumatiza al sujeto, más bien tenderíamos a pensar que es un “arreglo” con el
trauma, su procesamiento. Veamos de qué se trata.
* Según Freud (2007d) el programa que fija una finalidad a la vida es el del principio del placer, dicho
principio supone mantener un óptimo estado de tensión en el psiquismo y de ese modo evitar
desbordes pulsionales que conduzcan a estados anegados de tensión, en cuya fuente el autor ubica la
causa del sufrimiento.
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al fracaso, a la insuficiencia del primado del principio del placer, he ahí el trauma.
Podríamos señalar que el sufrimiento es la traducción subjetiva del trauma.
En este sentido, la Cultura sería la gran respuesta al desamparo originario, el intento
planetario de procesamiento del trauma.
El crepúsculo de la modernidad
Numerosos autores coinciden en afirmar que alrededor de los años ‘50 sucedió una
modificación en las formas típicas de organización de la Cultura.
Tal como advierte Barros (1996), el fenómeno más destacable de los últimos tiempos
es que, al parecer, ya no hay nada que sea intocable, nada está excluido de las leyes
del intercambio simbólico representadas, sobre todo, por las leyes del mercado
mundial, que intentan uniformar los modos de gozar e inundar de objetos (gadgets).
En el nuevo contexto, como señala Goldenberg (2014) el Ideal no tiene una función
reguladora y, en consecuencia, la radicalización de los valores de cambio vuelve todo
negociable. Como puntúa Soler (1998): “[…] el sujeto moderno, podemos decir
utilizando la expresión de Lacan, es un sujeto ‘non duperie’ un sujeto no engañado del
discurso, que no cree más en los semblantes que permiten dar sentido a lo real” (p.
4).
La decadencia de valores sólo se refiere a los valores supremos. Con la caída de Dios-
padre, la instancia bloqueadora excepcional, todos los demás valores pueden
intercambiarse, sustituirse, transformarse. Esto, sin embargo, no impide al
significante funcionar, por el contrario: “Se fomentan las redes, se produce un hiper-
funcionamiento del significante” (Barros, 1996, p. 66). Se produce una liberación de
toda dimensión referencial y el significante funciona en su máxima eficacia,
indiferente a la dimensión del sentido. Ya nadie cree en política y la política sigue
marchando; la educación perdió su objeto, sin embargo se sigue educando.
Entiéndase, el progreso sigue, aunque su idea haya desaparecido.
En todo esto, el discurso de la ciencia tuvo mucho que ver, pues como plantea Miller
(2005) la ciencia se instituyó separando el sentido de lo Real, en su intento por
apartarse de la religión. De este modo colocó el saber en lo Real, un saber que no se
trataba de un mensaje, sino más bien un saber que no quería decir nada para nadie.
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Desde aquel momento hasta hoy, el discurso de la ciencia cierne su hegemonía como
nunca antes en la historia. El mismo hace existir una causalidad programada
(Laurent, 2002). Lo que cuenta aquí es que todo puede ser observado, medido y
cuantificado y de allí establecer pronósticos certeros. La Cultura actual responde a
este mismo patrón de programación.
Efectivamente, en este contexto de hiper-significantización lo que escapa a lo
programado irrumpe como trauma. Tal como advierte Laurent (2002): “Lo que
desborda en la Cultura de la causalidad programada es llamado el ‘escándalo del
trauma’ ” (p.2)
Consecuentemente, asistimos a una descripción científica del mundo a partir de este
concepto “Todo lo que no es programable deviene trauma” (Laurent, 2004, p. 24). Se
produce una extensión de este concepto, desmedida a nuestro criterio, tomándolo
como significante amo para remitir a fenómenos culturales que exceden la
descripción científica del mundo. No es extraño, en este contexto, vincular lo
traumático a las guerras y las catástrofes, pero lo que llama la atención, como señala
García (2005) es que la cotidianeidad misma haya tomado este tinte.
En un artículo anterior, Laurent (2002) diría: “La lista de los peligros mezcla
catástrofe técnica, accidente individual o colectivo, agresión individual o atentado,
guerra y violación” (p. 3). Estos eventos precedentemente referidos, representan
potenciales incidentes frente a los cuales hay que estar cada vez más preparados,
anticiparse a ellos o, en todo caso, una vez sucedidos localizar a los responsables de
haberlos permitido, pues si algo falló eso se ha debido a la ineptitud o voluntaria
ineficacia de algún funcionario, nunca a la contingencia misma.
Lo imprevisible o lo imposible, de la previsión total, es absolutamente desalojado del
discurso, de este modo nos sorprenderá el hecho de que, efectivamente, todo aquello
que retorne, lo haga de un modo escandaloso. “El hecho de que el goce quede
excluido del discurso es lo que determina su irrupción salvaje y devastadora desde lo
real” (Barros, 1996, p. 67).
No se trata de pensar que el hombre en la civilización actual, por los avatares
propios de una época cruda, se haya más traumatizado que el de tiempos anteriores,
sino más bien que, apoyado en el discurso de la ciencia, pretende ilusoriamente
desalojar de su horizonte, todo impróvido que remita, más o menos directamente, a
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AAAAAQue los discursos que regulan los lazos sociales -en el sentido que Lacan
AAAAAutiliza- no logran como lograban anteriormente, hacer de pantalla a lo real”.
AAAAA[…] el sujeto moderno […] no cree más en los semblantes que permiten dar
AAAAAsentido a lo real. Y es por eso que hoy me parece que los sujetos se han vuelto
AAAAAmás traumatizables que antes. No es que haya más irrupción de lo real, hay
AAAAAformas nuevas. No es un problema de cantidad, pero sí hay sujetos más
AAAAAtraumatizables. (p. 2)
En la época actual se intenta la eliminación del sufrimiento por una vía distinta a la
de la palabra (hay una pérdida de consistencia de los discursos) que, dejando de ser
sintomática, no por ello cesa de ser patológica. Estas manifestaciones incluyen de un
modo particular al cuerpo y las acciones impulsivas que ponen en juego un
sufrimiento que excede lo tramitable a través de la palabra. Estos son los casos, por
ejemplo, de las adicciones, los actos de violencia, la anorexia y la bulimia, los
“trastornos de ansiedad”, etc.
Los trastornos considerados en el párrafo anterior pueden ser pensados en relación a
los diques pulsionales que Freud (2007a) ubicó en el asco, la vergüenza, la moral, el
dolor y la compasión, y que tienen un estrecho vínculo con la represión. Estos diques
serían los que en la actualidad (de un cierto modo) estarían perdiendo su hegemonía,
dando lugar a nuevas formas de arreglo con la pulsión. La mudanza en lo contrario y
la vuelta sobre la propia persona de la que nos habló Freud (2007b), cobran ahora
relevancia. En la manifestaciones patológicas antes referidas, no sería vía
representaciones que se produce la tramitación de la pulsión (Laznik y cols., 2001). El
padecimiento aquí no se inscribirá por la vía de las formaciones del inconsciente y,
en consecuencia, no pueden ser considerados “síntomas”.
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Conclusión
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DOSSIER
Resumen
Abstract
The following writing aims to articulate the COVID-19 pandemic situation and the
vaccination campaign that is being carried out in different countries, with the
copulation that Lacan raises between science and capitalism. In a context where
science appears as the privileged discourse to provide responses to the disease,
paradoxically the objects that it produces respond to a market-oriented logic, and
whose effect is segregation. Raising health at the service of capital ends up violating
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Dossier
El malestar en la ciencia
Nuestro presente nos invita a reflexionar sobre el lugar que ocupa la ciencia en una
sociedad bombardeada por la expansión de las tecnologías, la mundialización y la
globalización, que se vio afectada por la pandemia del SARS-CoV-2 acudiendo a la
ciencia esperando una solución. Dicho conflicto posicionó a la ciencia como aquello
que podía dar una respuesta a la enfermedad y sus consecuencias, mediante la
investigación del virus y el posterior desarrollo de protocolos, tratamientos médicos y
vacunas para paliarlo. Ahora bien, ¿conviene ubicar a la ciencia como la solución a
los peligros que enfrenta la humanidad?
En El malestar en la cultura (1930), Freud indaga sobre los supuestos logros que la
ciencia ha conseguido en su gobierno sobre la naturaleza. Allí señala la paradoja en
el hecho de que los múltiples avances y desarrollos de la ciencia generados para
mejorar la vida de las personas, terminan despertando a su vez nuevas necesidades,
en un ciclo que se retroalimenta constantemente. La satisfacción que la ciencia
propicia sirve para responder a una necesidad que ella misma ha despertado, como
Freud sostiene señalando que “si no hubiera ferrocarriles que vencieran las
distancias, el hijo jamás habría abandonado la ciudad paterna, y no haría falta
teléfono alguno para escuchar su voz” (2012, pp. 87). Así como la ciencia ha
producido dicha, su expansión también ha generado malestar, el cual deberá ser
paliado con más ciencia, más desarrollo y más tecnología.
En la actualidad, las soluciones ofrecidas por la ciencia ante la emergencia del
COVID-19 se posicionan como respuestas a problemas que no tendrían existencia en
un mundo menos marcado por los desarrollos industriales y la proliferación
desenfrenada de recursos tecnológicos. Es evidente que la humanidad no se
enfrentaría a una enfermedad de escala mundial de no ser por los “avances”
posibilitados por la ciencia que permiten, por ejemplo, traslados masivos e
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El a-mo moderno*
* Se busca con este título referenciar al discurso capitalista, donde el sujeto aparece como agente que
se dirige a la ciencia, y termina siendo comandado por los objetos que la misma produce
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Dossier
La ciencia entonces es quien responde a la orden del amo y procura que la cosa siga
marchando. Ahora bien, ¿es posible que la cosa marche para todos? ¿Es este el deseo
del amo capitalista moderno?
Considerando que hoy la ciencia aparece como aliada del capitalismo, generando
conocimiento y objetos en servicio del capital, sus objetivos estarán comandados por
el ideal de la mayor ganancia posible y no por la salud de las comunidades. En este
punto cabe retomar la noticia elaborada por Navas (2021), quien se interroga sobre el
motivo por el cual no se liberan las patentes para producir vacunas de forma masiva,
en dicha nota manifiesta el posicionamiento de Pascal Soriot, presidente ejecutivo de
AstraZeneca (uno de los pocos laboratorios poseedores de patentes para fabricación
de vacunas). Soriot defiende la propiedad intelectual como una de los pilares
fundamentales de la industria farmacéutica y agrega que, si esta no es protegida, no
habría para las empresas ningún incentivo para innovar en el desarrollo de vacunas
y tecnologías necesarias (Navas, 2021). Mientras nos preguntamos qué mayor
incentivo necesita la ciencia (además de los millonarios movimientos económicos por
parte de los Estados) para evitar la muerte y las consecuencias negativas para la
población mundial, los empresarios nos cuentan sin tapujos su punto de vista: en el
fondo todo se trata de la competencia. Detrás de la carrera en pos de una cura, el
imperativo del mercado es quien sigue marcando el paso.
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AAAAArostro, pero que tiene un nombre que, aunque se lo transforme o no, siempre
AAAAAquerrá decir lo mismo y que va a suceder: la segregación. (Lacan, 1967, pp.
AAAAA29-30)
La segregación da cuenta de un proceso íntimamente relacionado con la ciencia y su
avance. Se puede deducir de la cita anterior que la ciencia implica dos mecanismos
complementarios, que van de la mano pero que no son homologables:
universalización y segregación.
La universalización podemos pensarla como aquella dirección hacia un ideal común
“para todos”, ideal que cada vez más se articula en función del mercado, el verdadero
amo en el discurso capitalista. Como indica Colette Soler, “el capitalismo es una
versión de la ética de los bienes de la época de la ciencia. Todos los bienes ahora se
han reducido al valor del dinero” (2015, pp. 39). La segregación aparece entonces, y
cada vez con más evidencia, como “el precio con que se paga la universalización del
sujeto” (Lacan, 1967, pp. 29).
Frente al objetivo de la ciencia, que busca imponer un modelo común para todos, un
sujeto en tanto universal –sujeto del mercado–, se produce un resultado inevitable:
aquello que no entre en esa lógica, aquello que escape o no se adapte a dicho ideal
“para todos” de la ciencia, a la universalización, es rechazado… segregado.
La ciencia, como señala Lacan en Radiofonía, “constituye una ideología de la
supresión del sujeto” (2014[1970], pp. 460), en otras palabras, lo que la caracteriza es
un rechazo del sujeto, de lo singular del sujeto. La universalización del sujeto (esto es,
producir un sujeto en tanto universal) es el objetivo a alcanzar por la ciencia, ella
apunta al universal, pero su fin implica un costo: aquello singular, propio de cada
quien, debe ser expulsado: como sostiene Lacan, la ciencia “procede de una puesta
fuera de juego, de una expulsión del goce” (Lacan, 1971, pp. 35). Por lo tanto, será
rechazado el goce propio en pos de un goce universal, único, que es el goce propuesto
por la ciencia y el capitalismo: el consumo, al que no todos pueden acceder. Lo que
no es tolerado y por eso se rechaza, es lo que escapa al modelo de goce del mercado y
de este modo el sujeto queda reducido al lugar de consumidor.
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La universalización del sujeto, a partir del avance del capitalismo aliado a la ciencia,
deriva en un sujeto amo, sujeto homologado en tanto unidad de valor cuyo mayor
atributo es formar parte del sistema de intercambios capitalista. La diferencia se da
entre quienes poseen el capital y quienes no; estos últimos, al quedar excluidos del
mercado, quedarán por fuera del lazo social. De este modo, la segregación muestra
sus efectos sobre aquellos que no pueden ser parte de la lógica propuesta por el
capitalismo, y esto es algo que se manifiesta de diversas maneras, por ejemplo, en las
campañas de vacunación.
Las vacunas se consolidan como respuesta universal para el acceso a la salud y la
lucha contra el avance de la enfermedad del COVID-19, pero su acceso está limitado a
aquellos que poseen el capital suficiente para poder adquirirlas. La ciencia, en su
copulación con el capitalismo, no produce estos objetos tomando a la salud colectiva
y pública como su objetivo, sino que los mismos están puestos al servicio del
mercado, lo que provocará que los países deban disputarse entre ellos la compra de
las vacunas de acuerdo a sus posibilidades económicas y de negociación. Por otro
lado, aquellos países que no tienen los recursos para poder abastecerse dependen
únicamente de la “solidaridad” de las potencias, poseedoras de mayor cantidad de
vacunas de las que necesitan. Esto trae como correlato el avance de la segregación, la
exclusión de quienes no tienen cómo pagarlas, y el consecuente agravamiento de las
divisiones entre fronteras y regiones. La nota periodística de Passarinho (2021)
reflexiona sobre esto, planteando que la desigualdad en el acceso a las vacunas entre
países puede tener como correlato una división del mundo. Los países que logren
inmunizar a sus poblaciones podrán retomar el comercio, el turismo y los viajes
entre territorios, mientras que los que no completen la vacunación ni controlen la
aparición de nuevas variantes terminarán aislados del resto del mundo y clasificados
como zonas de riesgo amarillas o rojas. Frente a esta posibilidad, es necesario hacer
lugar a otras soluciones. Si continuamos pensando la salud pública en los términos
propuestos por el capitalismo, siempre quedará alguien por fuera y no será posible
una verdadera salida a una enfermedad que requiere inmunización colectiva. Es una
posición insostenible, que podemos vincular a la idea de capitalismo que sostiene
Lacan, al plantear que este es un discurso “astuto, pero destinado a estallar” (1972,
s.p.). Aunque aquí cabe preguntarnos ¿qué estallará primero, el capitalismo o la
humanidad?
Es menester entonces, para garantizar el porvenir de las poblaciones, dar lugar a
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Dossier
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Dossier
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DOSSIER
Resumen
Este trabajo, parte del Equipo de Investigación del Servicio de Asistencia Psicológica
de la Cátedra de Psicopatología 2, perteneciente a la Facultad de Psicología de la
Universidad Nacional de Córdoba; el mismo se propone explorar y definir categorías
conceptuales que muchas veces se usan como sinónimos, estas son: emergencia,
urgencia subjetiva y padecimiento subjetivo. ¿A qué se denomina urgencia
subjetiva?, ¿se diferencia de la emergencia?, ¿es un tipo de padecimiento subjetivo?,
son interrogantes que nos convocan a estudiar desde la perspectiva del psicoanálisis
lacaniano. Especialmente en el contexto de la Pandemia por COVID-19, consideramos
que la diferenciación de estos conceptos nos orientan en la práctica profesional. Se
trata de un estudio cualitativo, metodología de abordaje exploratorio.
Abstract
In this work, part of the Research Team of the Psychological Assistance Service of the
Chair of Psychopathology 2, belonging to the Faculty of Psychology, UNC, propose to
explore and define conceptual categories that are often used as synonyms, these are
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Introducción
Sobre la emergencia
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Las urgencias
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las define como una “perturbación del pensamiento, sentimientos o acciones que
requieren tratamiento inmediato o como una alteración psicopatológica aguda que
reclama la presencia inmediata del especialista para su valoración o posible
tratamiento” (Garmendia en Belaga, 2006, pp. 47). Soler (2009) dirá que el psiquiatra
hace hablar al paciente pero con la mirada puesta en las huellas de la enfermedad,
no del sujeto, para que pueda darle los signos de la especie mórbida a la que
pertenece. Podemos decir entonces, que la urgencia en el campo de la psiquiatría es
la de atender a una enfermedad, la situación disruptiva en la que puede llegar un
paciente, luego de estabilizarse, dejaría por resultado una entidad psicopatológica.
Lejos de la objetividad, de la clínica de la mirada, el psicoanálisis recibe a una
persona padeciente, por lo que la modalidad de intervención será distinta: ante
cortes, ingestas, alucinaciones, delirios, gritos, manifestaciones ruidosas de la
urgencia que llaman a la intervención inmediata, a la aplicación de protocolos
estandarizados para poner a salvo la vida; el analista entiende que hay un más allá,
otro tiempo para su modalidad de intervención, que apuesta a pasar del hecho al
dicho (Sotelo, 2009).
Para ocuparnos de delimitar el concepto de las urgencias subjetivas, desde el
psicoanálisis, apelamos al plural dado que puede haber tantas urgencias subjetivas
como sujetos (Ochoa De la Maza et al, 2018).
Las urgencias subjetivas son un fenómeno que compromete al sujeto, en lo más
íntimo siente que le concierne aunque no pueda articular el cómo ni el por qué. Esta
implicación es singular, pero aún no puede subjetivarla como propia, es una
percepción del sujeto, lejos de lo que los profesionales puedan considerar o evaluar;
el psicoanálisis toma, y “despliega un abanico de significaciones para mostrar lo que
hay de singular en cada urgencia” (Bassols en Sotelo, pp.12, 2015).
Estos momentos de crisis en la vida de un sujeto que al no poder dar cuenta de su
padecimiento, se queda sin palabras, sin imágenes, donde una ruptura aguda
quiebra el equilibrio de la vida, los lazos con otros, con el trabajo, con el
pensamiento, incluso con el propio cuerpo, conducen al sujeto a un grito sin
articulación significante.
Compartimos con Sobel (en Sotelo, 2009) que la clínica de las urgencias subjetivas se
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Conclusión
El contexto mundial, de pandemia, que irrumpió en la vida de todas las personas, sin
diferenciar geografía, clase social, educación o demás categorías, que cortó con las
actividades cotidianas, espacios frecuentados, relaciones interpersonales (laborales,
educativas, etc.), nos lleva a pensar en algunas posibles consecuencias subjetivas. Es
por ello que nos convoca como practicantes del psicoanálisis a especificar algunas
categorías que en ocasiones se utilizan como sinónimo pero que sin embargo se
corresponden a campos distintos.
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Dossier
Parte del equipo de investigación continuamos nuestro trabajo en esta línea y es con
este recorrido teórico que arribamos a dos conclusiones: la primera corresponde a la
diferenciación entre emergencia y urgencias subjetivas, dado que corresponden a
discursos diferentes. El primero se corresponde con el discurso técnico de la OMS y
organismos internacionales cuya labor técnica precisa un lenguaje universal. En
cambio, en la misma línea que diferentes autores (Belaga, 2006; Sotelo, 2009; Sotelo,
2015; Ochoa De La Maza et al, 2018) consideramos la clínica de las urgencias
subjetivas en plural, entendiendo que hay tantas urgencias como sujetos. Es una
clínica donde puede alojarse el psicoanálisis aplicado con su particularidad de
extraterritorialidad y eficacia, cuya presencia hace una diferencia para aquellas
personas en crisis que pueden encontrar en un analista un destino ante la prisa.
Y en segundo lugar, ya dentro del mismo marco teórico, el psicoanálisis, se precisan a
las urgencias subjetivas como diferentes al padecimiento subjetivo, dado que las
primeras son un movimiento de subjetivación que convocan al sujeto a un cambio de
posición subjetiva. Estas irrumpen sorpresivamente en la vida de la persona, dejando
al sujeto sin posibilidad de representarse dado que la cadena de significantes se
rompe, pero con una percepción de que tal movimiento le concierne en lo más
íntimo, aunque aún no pueda subjetivarlo. Realizar esa articulación que lo llevará a
una nueva posición subjetiva, será trabajo tanto del sujeto como del analista que lo
acompañe, ofertando por un lado un lugar, y por otro, una pausa, que permita que el
sujeto pueda localizarse en eso que le acontece e implicarse para luego realizar un
trabajo analizante, ya con un padecimiento subjetivo del que pueda dar cuenta.
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TEMÁTICA LIBRE
Resumen
Abstract
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Temática libre
Keywords: medicine|masochism|psychoanalysis|psychiatry
Introducción
En virtud del ameritado recorte de toda escritura –y todo enfoque–, nos proponemos
escribir este artículo a partir de la siguiente interrogación: ¿Cómo funciona en la
conceptualización de masoquismo la conceptualización freudiana y la lacaniana?
Para anticipar los mojones de nuestro recorrido, diremos lo siguiente: la
conceptualización freudiana funciona en una apertura; la conceptualización
lacaniana, en un cernimiento –que no es clausura–; y las consecuencias de allí
extraídas, funcionan en una interrogación vigente, la cual pretendemos dejar como
tal, planteada y abierta.
Partiríamos de un mal paso si redujeramos el tema desde Krafft Ebing, sin considerar
que el interés médico por la vida sexual de los seres humanos ya estaba desde el
tratamiento moral, y la dama de 30 años que Esquirol no duda en nombrar como
ninfómana (Esquirol, 2012 [1805], pp. 322). Pero sí es cierto que la primera
sistematización al respecto de la vida sexual en psiquiatría se halla con Krafft Ebing y
su Psychopathia sexualis (Krafft Ebing, 1907 [1886]), obra en la que se introducen en
medicina los conceptos de sadismo y masoquismo en el grupo de las parestesias (pp.
63-148).
Este texto viene a funcionar como opus sine qua non para la conceptualización
freudiana, ya que, en el primero de sus Tres ensayos (1905), Freud parte justamente
de las aberraciones sexuales, para ir de a poco desmoronando la idea que se tratare
de una aberración, e introducirla al campo de la sexualidad normal. “Ya en el acto
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sexual más normal se anuncian los esbozos de (…) perversiones” (Freud, 2021 [1905],
pp. 136), tras lo cual nombra en esa vía a metas sexuales preliminares al coito como
los jalones, palpar al denominado objeto sexual, y mirarlo, actos que en sí mismos
conllevan un placer.
Este acto de apertura que hace Freud, es traslúcido en la siguiente cita:
AAAAALos médicos que primero estudiaron las perversiones en casos bien acusados
AAAAAy bajo circunstancias particulares se inclinaron, desde luego, a atribuirles el
AAAAAcarácter de un signo patológico o degenerativo (…). La experiencia cotidiana
AAAAAha mostrado que la mayoría de estas transgresiones, siquiera las menos
AAAAAenojosas de ellas, son un ingrediente de la vida sexual que raramente falta en
AAAAAlas personas sanas (…). En ninguna persona sana faltará algún complemento
AAAAAde la meta sexual normal que podría llamarse perverso (Freud, 2012 [1905],
AAAAApp. 146)
De esta manera, la conceptualización freudiana hace funcionar un acto de apertura
que abre al campo de las perversiones, desde el circunscripto campo de lo médico–
legal como aberraciones, al más amplio campo de la más cotidiana vida sexual de los
seres humanos. Y no sólo esto, sino que cierto orden de estas aberraciones sexuales,
harán las veces de una disposición perversa polimorfa, la cual es imposible no
reconocer como común a todos los seres humanos, “en la uniforme disposición a
todas las perversiones” (Freud, 2012 [1905], pp. 174) de la infancia.
De todas maneras, es oportuno señalar que lo que se nos ofrece es una suerte de
espectro, que va desde la sexualidad más comúnmente aceptada –o admitida–, hasta
la “compulsión criminal” (Freud, 2012 [1905] , pp. 279) que precisa que su objeto se
convierta en cadáver.
De este acto de apertura, de este acto de expansión del campo de las perversiones,
Freud se ve particularmente tentado a abordar variantes de las perversiones, en el
fetichismo (Freud, 2012 [1905]) y especialmente el masoquismo (Freud, 2012 [1905] ).
Del masoquismo que nos atañe, éste ya había servido como excusa para hablar de las
pulsiones y sus destinos (Freud, 2012 [1915] ), donde conserva la idea del par de
opuestos sadismo–masoquismo, como contrarios reversibles, en un simple enroque
de sujeto/objeto, y actividad/pasividad. Pero la noción de masoquismo, en su
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diversidad, mereció una sistematización que llegará con El problema económico del
masoquismo (1924), del cual se enuncian sus tres figuras como erógeno, femenino y
moral, siendo este último una “conducta en la vida” (pp. 167).
Así el masoquismo no solo es parte de la actividad sexual y una disposición común a
todos los seres humanos, sino también parte del día a día cotidiano y las
interrelaciones entre los hombres. Es en todo esto que vemos una función de
apertura freudiana.
El cernimiento lacaniano
En la vía inaugurada por Freud; Reik tomará la posta del masoquismo como “actitud
general ante la vida” (Reik, 1971), estando en la base propiciante de logrados actos
fallidos con tintes de necesidad de castigo en Irene quebrándose la pierna, y el
beneficio secundario del síntoma de la niña que distinguía sufrimientos interesantes
cuando éstos “estaban liados al hecho por ejemplo de recibir visitas (…) después de
una operación”.
Pero además de la riqueza clínica de estos ejemplos, Reik nos aporta un nuevo
intento de sistematización del masoquismo a través de cuatro elementos que
distingue como esenciales: la fantasía, el factor suspensivo, el rasgo demostrativo y el
factor provocador.
De todas maneras, por más intento sistematizador de Freud o de Reik, el masoquismo
continúa expandiéndose como fenómeno, y hallando un refugio eventual en formas
insólitas de la vida cotidiana y fenómenos de la clínica misma.
Es Lacan quien, recién tras poder valerse de operadores como distinguir al pequeño
otro de un gran Otro, y otorgarnos como una hostia el objeto a, puede cernir al
masoquismo desde una perspectiva de estructura, movimiento el cual, además,
produce una ruptura con la concepción freudiana del masoquismo en opuesto
contrario y reversible al sadismo.
Lo hace en su Seminario 10 (2015 [1962-1963]) donde se propone desandar los
caminos trillados que ubican al sadismo–masoquismo en una relación de
reversibilidad (pp. 117). Seminario del cual los siguientes pasajes, paradójicamente,
no tienen desperdicio y hacen de punto de llegada de clases anteriores.
Dicen – el masoquista apunta al goce del Otro (…) esta idea esconde que de hecho, en
último término, se dirige a la angustia del Otro. Esto es lo que permitirá desbaratar la
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maniobra. Del lado del sádico, observación análoga. Lo patente es que el sádico busca
la angustia del Otro. Lo que aquí se enmascara de este modo es el goce del Otro
(Lacan,2015 [1962-1963], pp. 192).
Acto inmediato posterior, resume lo hasta allí hallado para que no perdamos el punto
de vista: “Nos encontramos pues, entre sadismo y masoquismo, en presencia de lo
que se presenta como una alternancia. Lo que en cada uno de ellos está en el segundo
nivel, velado, oculto, aparece en el otro como meta” (pp. 192). Y luego nos deja
entrever el paso siguiente de su elucidación, que termina por desenmascarar la
alternancia, para mostrarla tan sólo como aparente: “Hay ocultación de la angustia
en el primer caso, del objeto a en el otro” (pp. 192). Una vez declarado esto, pasa a
romper la lectura freudiana en lo siguiente: “No por ello se trata de un proceso
inverso, de una inversión. El sadismo no es el reverso del masoquismo. No es una
pareja reversible. La estructura es más compleja” (pp. 192).
Lo extraído desanda el trillado camino de la reversibilidad entre sadismo y
masoquismo, mostrándonos que lo que se presenta in prima facie como fenómeno, y
dio razón de ser a tantas lecturas descriptivas que antecedieron a la lectura
lacaniana, no es sino apariencia engañosa. Y a tal punto engañosa que el masoquista
y el sádico mismo se engañan: el uno supuestamente apuntando al goce del Otro, y el
otro a su angustia, respectivamente. Pero no queremos dejar pasar la nota con la que
Lacan describe la relación del masoquista con este fantasma de ofrecerse al goce del
Otro: “es que cree, por supuesto, que lo que busca es el goce del Otro, y precisamente
porque lo cree no es esto lo que busca” (pp. 166).
La nota con la que describe la relación del masoquista con ese fantasma es la de la
creencia. Nota que lo ubica en el mismo sitio de engañado que cualquier otro sujeto –
por no decir sencillamente: neurótico–, y también lo coloca en el plano de la locura
del Rey que se cree Rey, justamente por creerse, a diferencia de Napoleón que no se
creía Napoleón (Lacan, 2015, pp. 170).
Conclusiones e interrogantes
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del sujeto y del caso por caso no tienen asidero. De tal modo, nuestra posición ha de
ser diversa, ¿pero cuál?
Creemos que huelga decir que con esto no pretendemos negar aquellas situaciones
de violencia, pero sí marcar que, en tanto guiados por la orientación psicoanalítica,
no podemos dejarnos llevar por un discurso ajeno –como es en este caso un discurso
mediático–jurídico–policial–, ni desconocer los refugios por donde en el sujeto se
esconde el masoquismo. Esta cuestión en su núcleo gozante nos debe llevar a abrir la
pregunta: ¿qué es lo que acontece en el sostenimiento de ciertos lazos en los que se
puede llegar a presentir este masoquismo operando? Y más aún: ¿por dónde se
refugia el masoquismo estructural que es parte de toda constitución subjetiva?
Interrogarnos nosotros, a la vez que pasamos a adoptar una posición de silente
abstención y escucha, permitirá así que abramos el interrogante del lado del parlêtre
respecto de aquello que padece, si tomamos como guía de nuestra práctica la
pregunta por el lugar del sujeto en su escena fantasmática. Quizás así podamos abrir
el espacio para que el masoquismo nos siga haciendo pensar en la actualidad de
nuestra práctica y los escollos que ella conlleva.
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Revista académica anual, gratuita y digital
de la Cátedra de Psicopatología I
de la Universidad Nacional de Córdoba