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Malestar Ex-sistente en Psicoanálisis

El tercer número de la revista Pathos se centra en el 'malestar ex-sistente' en el contexto de la pandemia COVID-19, explorando la intersección entre psicoanálisis y psicopatología. Los artículos abordan temas como el patriarcado, la segregación social, el trauma y la relación entre ciencia y capitalismo, destacando la necesidad de analizar las consecuencias subjetivas y sociales de la crisis actual. La editorial enfatiza la importancia de entender el impacto del capitalismo en los lazos sociales y cómo los nuevos síntomas emergen en la práctica psicoanalítica contemporánea.

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Malestar Ex-sistente en Psicoanálisis

El tercer número de la revista Pathos se centra en el 'malestar ex-sistente' en el contexto de la pandemia COVID-19, explorando la intersección entre psicoanálisis y psicopatología. Los artículos abordan temas como el patriarcado, la segregación social, el trauma y la relación entre ciencia y capitalismo, destacando la necesidad de analizar las consecuencias subjetivas y sociales de la crisis actual. La editorial enfatiza la importancia de entender el impacto del capitalismo en los lazos sociales y cómo los nuevos síntomas emergen en la práctica psicoanalítica contemporánea.

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VOL.

3 | DICIEMBRE 2021 | ISSN: 2313-93920

PATHOS
El malestar ex-sistente

REVISTA ANUAL DE LA CÁTEDRA DE PSICOPATOLOGÍA I - FACULTAD DE PSICOLOGÍA - UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA


El malestar ex-sistente

VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | ISSN: 2313-93920


PATHOS
Revista de la Cátedra de Psicopatología de la Universidad Nacional de
Córdoba, se propone alojar y divulgar producciones originales y de revisión
en el campo del Psicoanálisis, en su articulación con la Psicopatología y
otros discursos, sustentadas en el rigor conceptual y ético; con el desafío de
promover una transferencia de trabajo con los lectores.

DIRECTOR COMITÉ EDITORIAL


Dr. Aguirre, Javier Lic. Eckerdt, Ariadna
Universidad Nacional de Córdoba Lic. Frances, Marina
javierluisaguirre@[Link]
COMITÉ DE DIFUSIÓN
COMITÉ DE REDACCIÓN Lic. Marini, Guillermina
Lic. Eckerdt, Ariadna Lic. Scalerandi, Antonella
Lic. Frances, Marina Lic. Spinelli, María Bella
Lic. Goycolea, Gabriel
Lic. Palavecino, Cynthia PLATAFORMA VIRTUAL
Lic. Scalerandi, Antonella Est. Rech, Ulises Simón

DISEÑO EDITORIAL
Lic. Scalerandi, Antonella
COMITÉ DE ARBITRAJE

DR. ÁLVAREZ, JOSÉ MARÍA


Hospital Universitario Río Ortega de
Valladolid

DRA. CAMBRA BADII, IRENE


Universitat de Vic-Universitat Central de
Catalunya

DR. DUNKER, CHRISTIAN


Universidad de San Pablo - Brasil

MGTER. GONZÁLEZ, DAVID ALBANO


Universidad Nacional de Córdoba

DR. LAIA, SÉRGIO


Universidade FUMEC - Brasil

DR. MUÑOZ, PABLO


Universidad de Buenos Aires - Argentina

DR. OREJUELA, JOHNNY


Universidad de San Aventura - Colombia

LIC. SUEN, PABLO


Universidad Nacional de Córdoba -
Argentina

DRA. TENDLARZ, SILVIA


Universidad de París VIII - Francia
ÍNDICE

6.
EDITORIAL

EL MALESTAR
EX-SISTENTE

10.
Cynthia Palavecino

ENTREVISTA

COLETTE SOLER
Javier Aguirre y
Gabriel Goycolea

14.
DOSSIER

EL PATRIARCADO Y EL
EMPUJE AL SACRIFICIO
Osvaldo Delgado

21.
DOSSIER

DE LA INTEMPERANCIA Y LA
LEY DE HIERRO
(Apuntes de investigación)
Emilio Vaschetto
33.
DOSSIER

EL TRAUMA EN LA
CULTURA DEL MALESTAR
Y EN LA NUESTRA

43. Mario Chades

DOSSIER

LA VERDAD DE LA CIENCIA:
salud pública o segregación
Julieta Panero y Tomás Pettina

52.
DOSSIER

ALGUNAS PRECISIONES SOBRE LA


DIFERENCIA ENTRE EMERGENCIA,
URGENCIA SUBJETIVA Y
PADECIMIENTO SUBJETIVO
María Florencia Aquino

60.
TEMÁTICA LIBRE

MASOQUISMO: entre
aperturas, cernimientos e
interrogantes
Juan Manuel Ferraro
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 6 - 9
ISSN: 2313-93920

EDITORIAL

Cynthia Palavecino*
El malestar ex-sistente

Es un placer para todo el equipo de nuestra Revista, presentarles el tercer número de


Pathos. El hilo conductor de nuestra convocatoria hizo hincapié en la atención
especial que merece la interpretación clínica particular y las producciones del
inconsciente en la coyuntura actual de la pandemia COVID-19. Este señalamiento nos
permitió entrever que desde los textos socio-antropológicos de Freud hasta el
concepto de Discurso de Lacan, el psicoanálisis ha tenido la tarea inexorable de
explicar la juntura de la experiencia social y la lógica del inconsciente.
Se señaló de esta manera, que la relación inextricable entre pulsión de muerte y
vínculo social, ha sido de manera ingenua reducida a un “malestar” inespecífico, o la
pura dicotomía, que la despojan de su naturaleza paradojal.
El malestar ex-sistente, es esta colisión constructiva entre ambas tradiciones la que,
lejos de llevarnos al cinismo o la indiferencia de la experiencia social, nos coloca de
pleno en la dificultad de pensarlas conjuntamente e insiste en sus encuentros
fallidos.
En este número de Pathos se abordan algunos de esos encuentros, transitando desde
la discusión del lazo social, los obstáculos a su movimiento libidinal, sus
consecuencias segregatorias y las consecuencias clínicas que conllevan. Encontrarán
artículos que abordan temas espinosos sobre la caída del patriarcado, el goce del odio
del liberalismo, la copulación entre los conceptos de ciencia y capitalismo, el
masoquismo, abordajes novedosos del clásico concepto de “malestar” freudiano y el
padecimiento subjetivo.

*Universidad Nacional de Córdoba|[Link]@[Link]

6.
1.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 6 - 9
ISSN: 2313-93920
Editorial

En la inauguración, en la entrevista realizada a la Dra. Colette Soler, se puntualiza


sobre la propensión al lazo y el fuera-de-discurso, de qué manera el capitalismo
impide la realización del movimiento libidinal del lazo social y propicia la
segregación: la manera que nuestras sociedades encuentran para tratar las
diferencias entre los individuos o grupos. También se abordan cuestiones referidas a
cierta “objeción” de la evolución de los humanos, que la autora encuentra en las
raíces de la infancia.
En el dossier encontramos los artículos de Osvaldo Delgado y Emilio Vaschetto.
El artículo de Osvaldo Delgado, “El patriarcado y el empuje al sacrificio”, explora las
consecuencias del sacrificio del Padre que pueden leerse en el síntoma y en
fantasma. Delgado se apoya en los relatos bíblicos, los cuales a su parecer dejan al
descubierto el goce de Dios, puntualizando, además, sobre el goce del odio del
neoliberalismo. Su recorrido no solo aborda la producción psicoanalítica, sino la
filosófica tradicional y actual, la literatura. Su desarrollo llega a discurrir sobre la
posverdad y lo que denomina “la canallada del mercado financiero”, enfatizando una
versión absolutamente cruel de la caída del patriarcado.
Por su parte, Emilio Vaschetto, en su artículo “De la intemperancia y la ley de hierro”,
destaca los efectos segregatorios que se producen como consecuencia de la
desaparición del Otro que no existe, lo que ha dado paso a Otro que existe, que se
encarna en la figura del bravado o bravucón; con connotaciones profundas en el
sufrimiento psíquico. El ser “nombrado para”, el nudo social y el orden de hierro
impuesto por el deseo materno, le parecen la vía regia para comprender los efectos
clínicos de la catástrofe vital de los sujetos actuales. Vaschetto además señala cómo el
Padre fue avanzando desde su esplendor a su carencia, explicando el sintagma de
evaporación paterna y los efectos de segregación ramificada que conlleva.
En su artículo “El trauma en la cultura del malestar y en la nuestra”, Mario Chades
explica la manera en la que el trauma se revela como protagonista en la escena
psíquica actual y el sufrimiento psíquico se patentiza por una vía distinta a la de la
palabra, no inscripta en la vía del inconsciente. Esta circunstancia, nos coloca en una
clínica del goce, más allá del principio del placer, un desafío para los analistas, ya que
el sujeto se hallaría en donde hay impacto de lo real. Chades, puntúa los rasgos
distintivos del “malestar en la cultura” freudiano y sus cambios actuales en
articulación con el sufrimiento del hablante en la actualidad, recurriendo a los
conceptos de trauma y de agresividad. El autor plantea que el sujeto no engañado por

2.
7.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 6 - 9
ISSN: 2313-93920
Editorial

el Discurso, tiene menos recursos psíquicos ante lo real traumático que derivan en
manifestaciones patológicas no-sintomáticas.
Julieta Panero en su artículo: “La verdad de la ciencia: Salud Pública o segregación”,
analiza la copulación entre los conceptos de ciencia y capitalismo. Para la autora la
ciencia se presenta en el contexto de la pandemia como la privilegiada para dar
respuesta a la enfermedad, paradójicamente esta circunstancia evoca una lógica
mercantilista que refuerza los efectos de segregación, remarcando la vulnerabilidad
de gran parte de la población mundial. La ciencia incrementa el bienestar de la vida
de las personas, pero también ha profundizado la desigualdad, ya que ofrece a los
sujetos respuestas a través de la producción de sus propios objetos. Enfatiza que el
Discurso Universitario ha tomado el relevo del Discurso del Amo antiguo y la ciencia
se ha convertido en una aliada del capitalismo. Su preocupación marcada por la
salud pública la hace retomar los desarrollos sobre universalización, segregación y lo
colectivo.
Por su parte, el artículo de Juan Manuel Ferraro: “Masoquismo: entre aperturas,
cernimientos e interrogantes”, nos aproxima al campo del masoquismo en cuatro
movimientos: Krafft Ebing, Freud, Reik y Lacan. Además, busca los parangones entre
la conceptualización freudiana y lacaniana del masoquismo, discurriendo desde la
disposición perversa polimorfa hacia la perspectiva estructural lacaniana que nos
ubica de pleno en el masoquismo fantasmático. Por último hace algunas
consideraciones clínicas sobre la dupla actividad-pasividad y la violencia de género.
En su artículo: “Algunas precisiones sobre la diferencia entre emergencia, urgencia
subjetiva y padecimiento subjetivo”, Florencia Aquino explora las diferencias
conceptuales de estos fenómenos. Puntualiza que la “emergencia” es un concepto que
hace referencia a la ruptura de la normalidad de un sistema, asociándolo al
sanitarismo y la objetividad. La urgencia subjetiva, concepto de tratamiento
psicoanalítico, se asocia a la percepción y las significaciones subjetivas de la ruptura
del lazo y a veces con el propio cuerpo. Por último, el padecimiento subjetivo se lee
como una suposición del sujeto al sufrimiento.
Como se advierte, los artículos de este número de Pathos, discurren y debaten sobre
el malestar ex-sistente y la lógica de los discursos, su reconfiguración y las nuevas
dimensiones ante la amenaza del virus y los efectos subjetivos de la pulsión de
muerte. Por otra parte, se denuncia la cristalización de las controversias en torno a
las respuestas de la ciencia en contextos de alta incertidumbre o la escasa atención a

2.
8.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 6 - 9
ISSN: 2313-93920
Editorial

los efectos sociales y subjetivos de la pandemia, ante la inminencia del riesgo vital. Se
da cuenta de procesos de segregación y fragmentación social en franco crecimiento
que requieren ser atendidos y analizados en sus múltiples consecuencias y como
condicionantes del lazo social contemporáneo.

2.
9.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 10 - 13
ISSN: 2313-93920

ENTREVISTA

Javier Aguirre* y Gabriel Goycolea**


Colette Soler

Entrevistador: ¿por qué elige trabajar “Lazo social y fuera-de-discurso” como


temática central de la conferencia en Córdoba?

Colette: en realidad elegí el tema, que es el tema del lazo social y de las amenazas
que pensamos que pesan sobre los lazos sociales actuales, a la convergencia de dos
preocupaciones: una, es un tema de moda todos hablan del lazo social, de los
desenlaces, etc.; y nuestro futuro encuentro internacional de los foro en Medellín en
2016 es bajo el título “Enlaces y desenlaces”, entonces es exactamente el tema. Pero
tenía otra intención porque en París hemos trabajado todo el año sobre el tema de la
identidad y de la identificación, y eso me trajo a releer a Freud y sus tres tipos de
identificación que permiten plantear lo que pasa con la libido que opera en el lazo
social del capitalismo; entonces mi elección fue a intentar mostrar que el capitalismo
en realidad no es un discurso, no es un discurso en el sentido de Lacan. En el sentido
de Lacan lo que él llama discursos son tipos de lazo social; el capitalismo es un orden
del mundo económico que no hace lazo entre los individuos, y entonces hay una
tensión entre la propensión humana a hacer lazo –porque hay una propensión
humana, los humanos no se sabe por qué no les gusta la soledad, quieren conectarse
con otros, y no les gusta tampoco la inestabilidad, quieren tener una seguridad-. Y
entonces hay una tensión entre lo que programa el capitalismo, o sea nada respecto a
los lazos sociales, nada y que empuja a los individuos sólo a conectarse con los
objetos del mercado: producirlos y consumirlos. Y es todo un tema, no sé si es así

*Universidad Nacional de Córdoba|javierluisaguirre@[Link]


** Universidad Nacional de Córdoba|gabrielgoycolea@[Link]

10.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 10 - 13
ISSN: 2313-93920
Entrevista

pero en Francia se habla mucho de la consumación de los ménages, las parejas que
tienen una pequeña familia, es todo un tema. El capitalismo no se ocupa de los lazos
pero se ocupa de como cada sujeto se conecta con los objetos de la producción; y aquí
hay una tensión, no una polémica porque el capitalismo no dice nada, el capitalismo
funciona, continúa en su eje. Así encontramos problemas, en el análisis el problema
repercute bajo la forma de cómo tratar los nuevos síntomas del capitalismo; o sea las
nuevas formas de gozar, de algunos más de goces que no existían cincuenta años
atrás. Pero son formas de goce que el psicoanálisis recibe, porque recibimos los
sujetos del capitalismo.

Entrevistador: contemporáneos.

Colette: contemporáneos, sí. Son ellos a los cuales debemos contestar. Entonces el
problema a nivel social, viene al consultorio de los psicoanalistas, todos los
problemas sociales vienen al consultorio.

Entrevistador: recientemente, Francia padeció cruentos ataques terroristas. ¿Cuál es


su opinión al respecto?

Colette: la segregación –no he hablado hoy de la segregación, he hablado bastante en


el pasado- la segregación es una manera de tratar las diferencias entre individuos o
grupos, manejando los espacios de vida: los unos de un lado los otros del otro lado; o
sea es un tratamiento a un nivel real no un tratamiento que utiliza el simbólico, de
ninguna manera. Y la segregación evidentemente va progresando, Lacan lo ha
previsto, la segregación es el tratamiento vía los campos –conocemos los campos de
concentración, incluso exterminación-; pero los campos son más amplios que estos
campos. Y es verdad que siempre más. La segregación puede ser elegida, y es más
interesante la elegida que la que uno padece, o porque por ejemplo en las ciudades
los privilegiados se ponen en un lugar con barreras.

Entrevistador: una auto segregación.

Colette: una auto segregación elegida, encontrarse entre los mismos, esa es una
segregación vivir con los mismos y aislarse de los diferentes; y es todo un problema

11.
2.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 10 - 13
ISSN: 2313-93920
Entrevista

social, en Francia especialmente intentan por ejemplo promover lo que llaman la


mixidad social: es decir, obligar a los barrios de las ciudades a tener una proporción
de habitación social para la gente que no puede pagar su alquiler. Entonces hay todo
un esfuerzo del Estado para la mixidad social, y regularmente fracasa y reintentan
de nuevo; fracasa porque la gente evidentemente que tiene recursos no quiere tener
gente que no tiene recursos, se perciben amenazados e incluso los que no tienen
recursos no se sienten bien en los barrios.

Entrevistador: usted dice que es un tratamiento de lo real.

Colette: es un tratamiento a nivel real, se separan los diferentes.

Entrevistador: llegada a la Argentina su libro “Lo que queda de la infancia”. ¿Aquí


aborda la cuestión del autismo? ¿Cómo piensa la infancia desde el psicoanálisis?

Colette: el libro “Lo que queda de la infancia” es la publicación de un curso, que no


es un escrito, es un curso que dicté en París. Mi intención no era apuntar
específicamente a la psicosis, al autismo –lo hablé a la pasada-, pero no era eso; era
más bien el hecho de que es curioso constatar que los analizantes, a quienes
ponemos como regla: pueden decir lo que quieran, cualquier cosa que quieran.
Inevitablemente no pueden hacer sin, finalmente después de un tiempo, hablar de su
infancia: padre, madre, hermanos, los dolores de la infancia. Entonces es lo que me
empujó a preguntarme, y creo que sí encontramos aquí algo, un punto de inercia,
una objeción a la evolución de los humanos; y es que cada uno se encuentra enraciné,
tiene sus raíces en su infancia. Y la infancia no es sólo el trauma, generalmente se
habla del trauma infantil, existe, pero la infancia no es sólo trauma es todo una,
haber vivido en un lugar, en una lengua, una cocina, costumbres, todas estas cosas a
las cuales cada uno queda pegado; y con las nostalgias, con el dolor del exilio, la
satisfacción de volver, volver como dice Gardel.

Entrevistador: sobre su actual trabajo en torno a Joyce le consultamos: la hipótesis


pos-Lacaniana que Joyce era una psicosis no desencadenada. ¿Es posible argumentar
esa afirmación, desde las elaboraciones topológicas de Lacan, particularmente de la
topología del nudo borromeo?

12.
2.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 10 - 13
ISSN: 2313-93920
Entrevista

Colette: yo escribí a propósito de Joyce en el libro que llamé “La aventura literaria”
con tres autores y podría decir que era mi época clásica (risas), es decir que en este
libro seguí exactamente la tesis dominante de la época sobre la psicosis y la tesis
dominante provenía de algo bien sencillo, Lacan habla en el texto de la forclusión de
hecho del padre y todos –yo incluida- hemos concluido: psicosis. Les hago observar
que nunca Lacan dijo psicosis con Joyce, nunca, nunca; y no es casualidad, no es
casual. Años después conociendo más las elaboraciones de Lacan a partir de los años
70, releí todo y capté un poco otros aspectos sobre todo, un retorno a Joyce más
lacaniano.

Entrevistador: y ahora, ¿cuál sería la hipótesis que tendría con respecto a Joyce?

Colette: mi hipótesis es que Joyce ha logrado hacer lo que se hace en un psicoanálisis


y es la tesis de Lacan, lo dice explícitamente en la segunda conferencia sobre Joyce:
ha logrado hacer sin el psicoanálisis lo que se hace en un psicoanálisis.

13.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 14 - 20
ISSN: 2313-93920

DOSSIER

Osvaldo Delgado*
El patriarcado y el
empuje al sacrificio

Resumen

En el presente trabajo se desarrolla un aspecto del patriarcado en relación al


sacrificio del padre, y los efectos que de ello pueden leerse en el síntoma y en el
fantasma. El trabajo se apoya en los relatos bíblicos que describen las ofrendas de
Cristo e Isaac que dejan al descubierto el goce de Dios, en el acto del sacrificio, como
una de las formas que puede adoptar la verdad.
En la actualidad, el neoliberalismo contemporáneo adopta esta figura sacrificial en la
figura de los dioses oscuros en los cuales se profundiza el goce del odio, que desea
que el objeto odiado no exista. Por lo que, la ofrenda a estos dioses, implica una
servidumbre voluntaria, que se traduce en el empuje al sacrificio; en este sentido, en
lugar de referirnos a una caída del patriarcado estamos frente a una de sus formas
de crueldad.

Palabras claves: patriarcado|goce|sacrificio

Abstract

In the present work an aspect of patriarchy is developed in relation to the sacrifice of


the father, and the effects that can be read in the symptom and in the phantom. The
work is supported by biblical accounts that describe the offerings of Christ and Isaac

*Universidad de Buenos Aires | [Link]@[Link]

14.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 14 - 20
ISSN: 2313-93920
Dossier

that reveal the joy of God, in the act of sacrifice, as one of the forms that truth can
take. At present, contemporary neoliberalism adopts this sacrificial figure in the
figure of the dark gods in which the enjoyment of hatred deepens, who wishes that
the hated object does not exist. Therefore, the offering to these gods implies a
voluntary servitude, which translates into the push to sacrifice; In this sense, instead
of referring to a fall of the patriarchy, we are facing one of its forms of cruelty.

Keywords: patriarchy|joy|sacrifice

I.
Respecto al patriarcado, he notado que hay un aspecto que no ha sido demasiado
interrogado y debatido en la actualidad. Y tratándose la cuestión que desarrollaré,
me llama mucho la atención.
Me refiero al padre del sacrificio, aquel del cual vemos y hemos visto demasiados
efectos de su presencia. Uno de los más notables es el del sacrificio de los hijos en la
ofrenda al padre.
Ya Freud, en “Tótem y tabú”(1913) , nos habla de dos tiempos, que hay que
entenderlos como lógicos. Debe ser pensado el segundo como el primero lógicamente
en una perspectiva fantasmática. Las honras al padre sacrificador que permiten
distanciarse de las mujeres, construyen en los rituales, vía el sentimiento de culpa, a
ese protopadre.
Por esto es que Freud va a desplazar en “El yo y el ello”(1923) al sentimiento
inconsciente de culpabilidad en el núcleo del síntoma, y va a ubicar en su lugar a la
necesidad de castigo.
Efectivamente, esto no es sin el fantasma “pegan a un niño” y su fundamental
segundo tiempo. Recordemos que Freud anuda allí masoquismo moral y femenino, y
que “femenino” no tiene nada que ver con femineidad. La libido es siempre activa,
sea cual sea la elección de posición sexuada, y el fantasma es siempre de finalidad
pasiva, sea la elección sexuada que sea.
Lacan nos va a decir en lo que llama la “Historieta de Cristo” que este se dio la tarea
no de salvar a los hombres, sino a Dios, y “pagó lo suyo por ello: ‘Padre, ¿por qué me

15.
2.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 14 - 20
ISSN: 2313-93920
Dossier

has abandonado?’”.
AAAAAFreud, afortunadamente, nos brindó una interpretación necesaria (que no
AAAAAcesa de escribirse, como definió a lo necesario) del asesinato del hijo como
AAAAAbase de la religión de la gracia. No lo dijo del todo así, pero marcó bien que
AAAAAese asesinato era un modo de denegación que constituye una forma posible

AAAAAde la confesión de la verdad. Freud salva así, de nuevo, al padre. En lo cual


AAAAAimita a Jesucristo”. (Lacan, 1981, pp. 131-132)
Indudablemente, el punto crucial de la argumentación de Lacan en el capítulo “Del
barroco” es que la encarnación del padre en el cuerpo de Cristo como pasión sufrida,
va a dar cuenta del goce de Dios mismo.
Kierkegaard lo dice claramente: (Abraham)
AAAAAdesde el momento mismo en que se decide a sacrificar a Isaac, la expresión
AAAAAética de su acción se puede resumir con estas palabras: odia a Isaac. Pero si
AAAAAverdaderamente odiase a su hijo, es seguro que Dios no le pediría una acción
AAAAAsemejante, pues no es idéntico a Caín. Es necesario que ame a Isaac con toda
AAAAAsu alma, y amarle aun más (si ello es posible) en el momento mismo que Dios
AAAAAse lo exige, solo entonces estará en condiciones de sacrificarlo” (Kierkegaard,
AAAAA2008, pp.98).
Por eso, citando a Pascal, Miller va a decir que “Dios no es un sujeto supuesto saber,
sino un Dios con un deseo, y finalmente que los Nombres del Padre son cuentos que
tratan de explicar la transferencia del goce hacia el Otro; esos son los Nombres del
Padre” (Miller, 1992, pp. 41).

II.
Llegado a este punto, pasamos a interrogar cómo el neoliberalismo contemporáneo
se ha anoticiado completamente de esta cuestión, por eso se puede gozar del odio sin
velos tal como lo formula Aristóteles en su “Retórica”. Es en ese texto donde va a
formular que el que está indignado sufre, pero el que odia, no. Sólo quiere que el otro
no exista.

16.
2.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 14 - 20
ISSN: 2313-93920
Dossier

Sabemos, a partir de Lacan, de la conjunción de Kant con Sade, de tal modo que
podemos leer en el testimonio de Eichmann en Jerusalén la particular interpretación
del imperativo kantiano, a pesar de confesar que era un gran lector de la Crítica de la
Razón Práctica. Según lo que nos transmitió Arendt, Eichmann había actuado de
acuerdo al imperativo categórico.
Todo hace pensar que para él, el Führer seguía viviendo después del suicidio y de la
capitulación de Alemania, ya que asesina a cientos de judíos posteriormente. “Es la
forclusión de todo deseo, de toda modalidad que pueda provenir del amor”, según la
expresión de J. A. Miller en Lakant.
Diego Tatián, siguiendo a Spinoza en la referencia de este a Aristóteles, se va a referir
a que “finalmente el iracundo, que a diferencia de quien odia, experimenta él
también pesar (busca causar un mal a quien es objeto de su ira), el que odia desea
que el objeto odiado no exista”.
Por otra parte, he escuchado por primera vez a un dirigente social lo suficientemente
iluminado sobre esta cuestión. Me refiero a Juan Grabois.
Le preguntaron por qué los movimientos sociales no salen a combatir a las calles más
contundentemente contra la injusticia. Él respondió “¡porque siempre ponen los
muertos los jóvenes y los pobres!”.
La posverdad se ha develado tal como lo que es: la canallada más despiadada
siguiéndole los pasos a Goebbels en la época del reinado del mercado financiero.
Más allá de las categorías hegeliano-marxistas, como decía Lacan, la terrible ofrenda
a los dioses oscuros se puede expresar en la servidumbre voluntaria, como lo ha
formulado lúcidamente Etienne de la Boétie, en “Discurso sobre la servidumbre
voluntaria”, donde se da cuenta de ese empuje al sacrificio, al goce oscuro.
Además, se mata y se muere en nombre de Dios, como afirma Jacques-Alain Miller, y
se puede formular como el presidente de Brasil: “somos terriblemente cristianos”,
fórmula que puede tomar el valor simbólico de la época. Ya que podemos ser amados
por buscar y consentir al sacrificio de una vida de miseria sin límites.
No se trata acaso de una caída del patriarcado, sino de una versión absolutamente
cruel.
Lacan lo denominó en “Los no incautos yerran”(1973), no como declinación del
Nombre del Padre, sino forclusión y su retorno en lo real como ley de hierro.

17.
2.
VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 14 - 20
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Dossier

III.
Jacques Alain Miller dice lúcidamente que tenemos que salir del reino del Nombre
del Padre, que se trata de lo intolerable del padre para nuestra civilización, en el
texto “Feminismos” (2018).
Al mismo tiempo, en un Miller versus Miller, en el curso “Piezas Sueltas”(2013)
plantea que el régimen del para todo daba lugar a la excepción. El régimen del no
todo no hace conjunto, sino serie. Por lo tanto no hay excepciones. Incluso agrega “en
el régimen del no todo no ser como la serie abierta puede ser estigmatizado” (p.45).
Desde esta perspectiva el régimen hacia dónde nos encaminamos puede atentar
contra la singularidad en tanto “no admite el dato de excepción”. Incluso puede ser
estigmatizado (por ejemplo, aquel que no desee utilizar el lenguaje inclusivo).
¿Esto implica acaso cantarle loas al régimen del Nombre del Padre? De ninguna
manera.
Dice Rita Segato (2003) en “Las estructuras elementales de la violencia”: “el
patriarcado es entendido, así, como perteneciendo al estrato simbólico y, en lenguaje
psicoanalítico, como la estructura inconsciente que conduce los afectos y distribuye
valores entre los personajes del escenario social” (p. 14). Esto es efectivamente así, en
un psicoanálisis del Nombre del Padre.
La salida del patriarcado es un gran avance de la civilización. Pero como toda
subversión, debemos estar atentos a sus efectos y consecuencias, a sus impasses y
desvíos.
Finalmente, el régimen venturoso del no todo, ¿elimina el empuje al sacrificio en las
pasiones singulares y en el destino de las comunidades?
Es más acorde al psicoanálisis y a los Derechos Humanos, eso seguro que sí.
Un psicoanálisis, uno por uno, orientado por una clínica del sinthome, sí puede
resolver la pasión fantasmática del sacrificio. El canalla, ídolo del neoliberalismo, no
es analizable, se lo impide su ética del mal.

IV.
Más allá del uno por uno y la propuesta del último Lacan para la resolución de la
posición de goce, debemos plantear otras cuestiones con relación a los colectivos
sociales.
Para decirlo de una vez, el neoliberalismo es un proyecto totalitario, enmarcado en el

18.
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ISSN: 2313-93920
Dossier

odio.
El llamado mundo occidental y nuestra Latinoamérica están siendo objeto de una
pasión oscura, que promueve el sacrificio de millones de seres. Se trata de una ética
del mal con la trama de mercado financiero.
Se alienta el sacrificio mediante operaciones masivas de comunicación, buscando
producir sujetos como desechos humanos que se encaminen a un holocausto de
masas, adormecidos y sugestionados.
Hoy los guardias de los campos de concentración son periodistas, jueces, fiscales,
ciertos políticos, CEOs. Se trata de la universalización de lo que postula Kant como el
mal radical, en su texto “La religión dentro de los límites de la mera razón”. ¿Y cuál es
el látigo neoliberal? Las mentiras seguidas de decepciones, y el arrasamiento
acelerado de todos los derechos, según mi colega Miguel Furman, “el poder sabe
cómo angustiar para paralizar” y debilitar la voluntad liberadora.
El presente y el futuro cercano se encaminan a la construcción de sociedades
fascistas. ¿Cuál será nuestro ghetto de Varsovia?, para que no acontezca lo que
formula el personaje llamado Barsut, en “Los siete locos” de Roberto Arlt: “¿cómo es
posible que la gente no se haya dado cuenta de la extraordinaria belleza que hay en
ese acto… en el de quemar vivo a un hombre? Y por no creer en Dios, ¿se da cuenta
usted? Por no creer en Dios”. En el dios oscuro.
Y nuestro ghetto de Varsovia aconteció. El 11 de agosto pasado el pueblo argentino le
dijo que no a la encarnación actual del dios oscuro en el mundo, Donald Trump, y a
sus súbditos. Su súbdito argentino dijo: si me hacen enojar les puedo hacer mucho
daño. Fue la única verdad que formuló en todo su mandato.

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VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 21 - 32
ISSN: 2313-93920

DOSSIER

Emilio Vaschetto*
De la intemperancia
y la ley de hierro
(Apuntes de investigación)

Resumen

En el presente trabajo abordamos el fenómeno de “evaporación” del padre, en cuyas


cicatrices pueden hallarse los efectos de una segregación ramificada en una época en
la que el Otro que no existe, ha perimido, desapareció, se diluyó su dominancia para
dar paso a: un Otro que existe. El problema clínico que esto conlleva es, de algún
modo, el esfuerzo por tratar de desgajar, de desprender de este tiempo las
consecuencias prácticas en el acercamiento con sujetos donde pueden verificarse los
efectos de esta dimisión paterna. Este panorama nos lleva a plantearnos ¿qué estatuto
posee el sufrimiento psíquico hoy?
Y en este sentido retomamos la perspectiva de Lacan del seminario 21: el ser
nombrado para, el nudo social y el orden de hierro impuesto por el deseo materno
nos permite las aproximaciones teóricas para entender sujetos que, sin padecer los
efectos clínicos de la forclusión, sin embargo sufren una catástrofe vital.

Palabras claves: nombre del padre|comunidades de goce|subjetividades marginales

Abstract

In the present work we address the phenomenon of "evaporation" of the father in


whose scars the effects of a branched segregation can be found in a time in which

*Universidad de Buenos Aires | [Link]@[Link]

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Dossier

another that does not exist has permeated, disappeared, its dominance was diluted to
give way to: an Other that exists. The clinical problem that this entails is, in some
way, the effort to try to detach, to detach from this time the practical consequences in
the approach with subjects where the effects of this paternal resignation can be
verified. This panorama leads us to ask ourselves, what status does psychic suffering
have today? And in this sense we return to Lacan's perspective from Seminar 21:
being named for, the social knot and the iron order imposed by maternal desire
allows us theoretical approaches to understand subjects that, without suffering the
clinical effects of foreclosure, however they suffer a vital catastrophe.

Keywords: father's name|communities of enjoyment|marginal subjectivities

Esplendor y carencia paterna

Hay hechos clínicos que devienen de modos radicales de rechazo. Las alucinaciones,
los delirios, los actos inmotivados, los fenómenos de fragmentación del cuerpo son
efecto de eso que Lacan llamó “forclusión” (Verwerfung). Hay un rechazo primordial
de un significante que es aquel que viene a ordenar el resto de la cadena de palabras.
Ese significante llamado Nombre del Padre, es un orden, o más bien es el emblema
del orden tradicional representado por el mito del Edipo como ingreso al campo de la
cultura. Las formas admitidas de la tradición, de autoridad y de respeto son
solidarias de este orden. En Sigmund Freud aquello está metaforizado en el término
“filogenia” en donde los muertos se transforman en la pesadilla de los vivos.
Asimismo, con indisimulada belleza leemos en el poema de Borges titulado Al hijo
esta versión de la herencia:
AANo soy yo quien te engendra. Son los muertos.
AASon mi padre, su padre y sus mayores;
AASon los que un largo dédalo de amores
AATrazaron desde Adán y lo desiertos

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AADe Caín y de Abel, en una aurora

AATan antigua que ya es mitología.


AAY llegan, sangre y médula, a este día
AADel porvenir, en que te engendro ahora.
AASiento su multitud. Somos nosotros
AAY, entre nosotros, tú y los venideros
AAHijos que has de engendrar. Los postrimeros
AAY los del rojo Adán. Soy esos otros,
AATambién. La eternidad está en las cosas
AADel tiempo, que son formas presurosas.
Cuando ese fundamento está forcluido, rechazado, aparecen los estragos que la
clínica de la psicosis muy bien ilustra. La ausencia del Nombre del Padre empuja al
sujeto psicótico a buscarse una nueva genealogía. Y de allí que en los inicios de la
psicosis clínicas muchos busquen darse un nombre con figuras ideales provenientes
de héroes, mitos o figuras destiladas por la historia. Napoleón, San Martín, Jesucristo,
María, Juana de Arco, desfilan en los delirios genealógicos de los locos tradicionales.
No obstante, el esplendor del padre debe ser puesto en consideración junto a la
declinación de su propia función. Anunciado tempranamente por Lacan en su texto
sobre La familia (1938) nunca dejó de pendular entre el vigor simbólico de su función
y su propia carencia en el plano social: “Al menos en una estructura social como la
nuestra, el padre es siempre, en algún aspecto, un padre discordante en relación a su
función, un padre carente, un padre humillado, como diría Claudel.” (Lacan, 1996,
pp. 56). Digo esto, pues desde algunas usinas de los estudios culturales se critica al
psicoanálisis por la exaltación del Edipo y de lo que se ha dado en llamar “la solución
paterna” por estar fuera de sintonía con las “nuevas formas de paternidad y
parentalidad”. Sin embargo, Jacques Lacan luego de anunciar la caída del relato
trágico, describió en el año 68’ un fenómeno de “evaporación” del padre en cuyas
cicatrices pueden hallarse los efectos de una segregación ramificada.
Ahora bien, los efectos de la llamada hipermodernidad están modulados sobre esta
evanescencia de la función paterna y se manifiesta en manifestaciones más o menos

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caprichosas de poder. Si contábamos históricamente con un orden encarnado por un


Padre –habiendo hecho la salvedad de su contrapunto carente– al modo de la religión
como figura prevalente de autoridad, en la modernidad advertimos su ausencia e
incluso su tachadura. Ciertamente, Jacques Lacan habló de la inexistencia del Otro,
en un momento en el que las alabanzas al Padre proliferaban en los ámbitos
psicoanalíticos.
Luego exhortó a ir más allá del padre, “prescindir del Nombre del Padre” a condición
de poder servirse de él. Finalmente, podemos completar la serie ubicando junto al
Otro clásico y el Otro que no existe, un Otro que existe*. ¿Qué significa esta figura?
Jacques-Alain Miller advierte que ese Otro que existe no es un lugar de respeto ni de
referencia sino que ese Otro está encarnado en una figura que denomina como
“bravado” o bravucón. Podemos decir que no es alguien a quien se le adjudica un
carisma particular, sino más bien se trata del ascenso de un líder caprichoso o
incluso –según las modalidades que hemos elaborado junto a Jorge Faraoni– de
estereotipos payasescos o autísticos. Exaltación de figuras desprovistas de autoridad
y, por consiguiente, preñadas de autoritarismo**. Individuos desconectados de la
masa (lo cual no quiere decir sin aval de las mayorías), en el sentido de que no
reflejan –en muchos casos– el pensamiento de sus propios adeptos quienes, por otra
parte, suelen identificarse a algunos de sus rasgos más violentos o disruptivos.

El problema clínico

Lo que llamo el problema clínico es, de algún modo, el esfuerzo por tratar de
desgajar, de desprender de este tiempo las consecuencias prácticas en el
acercamiento con sujetos donde pueden verificarse los efectos de esta dimisión
paterna. Sin embargo, difícilmente podríamos acceder a ellos si utilizamos la grilla
estructural (neurosis, psicosis, perversión) o la psicopatología de manual –a menos

* Estos tópicos han sido desarrollados en detalle junto a mi colega Jorge Faraoni en al menos tres
artículos: “Lo heterogéneo”, en Rotstein, J. Estudios sobre lo real en Lacan, Barcelona, Xoroi, 2020; “Una
civilización sin dios” recuperado de: [Link]
faraoni-una-civilizacion-sin-dios/ y “Subjetividades” recuperado de:
[Link]
** Recuerdo la acertada idea de Kojéve de que en la verdadera autoridad es capaz de generar un
cambio de conducta en el otro sin tener que por ello modificar su propio carácter.

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que hagamos entrar uno por uno en el lecho de Procusto de las clasificaciones
conocidas.
En la instancia clásica de esplendor del orden simbólico, el Otro como sede del código
fue también el efector tácito de las interdicciones. Oráculo y prohibición, ideal y
tormento a la vez, éste delimitó los contornos de una clínica en donde el practicante
supo orientarse con una mayor fiabilidad. Las figuras clínicas de la transgresión o del
exceso fueron reorientadas hacia un modo de continencia o dique. Represión y
retorno de lo reprimido, falta y castración son aquí congruentes con las grietas
generadas dentro de las cuales se abisma cualquier ilusión homeostática. El punto de
llegada, conceptualizado como una roca viva y centrado en la castración como uno
de los nombres de lo imposible configuró la orientación ética del psicoanálisis, tema
dejado en adarajas y retomado con vigor por Jacques Lacan a propósito del final de
análisis. No obstante, las vicisitudes, los avatares pulsionales a lo largo de la vida
(fijaciones, traumas, acontecimientos del cuerpo) van a manifestarse en cada sujeto
conforme habiten un determinado Otro de la civilización. De tal manera que, si nos
situamos en la época freudiana vemos cómo la dominación de una moral sexual
victoriana y su marco particular de prohibiciones, hacen que toda transgresión
genere una agitación en el amo médico quien, a su vez, oficia de regulador o de
árbitro para operar, ya sea en el orden individual o institucional, en su continencia.

La tendencia a la evacuación

El ascenso del plus de gozar al cénit de la civilización, del objeto a –en su carácter de
gadget– en la posmodernidad puso una barra sobre el Otro y promovió satisfacciones
sin dilación las cuales, lejos de volverse deseables, se volvieron obligatorias. El
superyó en su carácter anfibológico desplazó su faz interdictora hacia el imperativo
de gozar. La postergación se transformó en inmediatez y lo prohibido en necesario.
Al mismo tiempo, esta licuefacción del goce admitió una regulación, pero ésta no se
efectuó a través de la autoridad ni del orden tradicional, sino que surgió de modo
transversal. Son las llamadas –paradójicamente– “comunidades de goce”. Narcóticos,
alcohólicos, adictos al sexo, etc… todos aglutinados de forma anónima alrededor de
un significante amo, en un enjambre, sin liderazgo. El matema es ilustrado con
simplicidad por Jacques Lacan como S1, esto significa que hay un significante que
comanda las identificaciones de múltiples sujetos los cuales encuentran así un freno

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a la errancia.
Esta figura del Otro que ilustré, del Otro tachado, en una época del Otro que no existe,
ha perimido. Con esto no quiero decir exactamente que desapareció, sino que se
diluyó su dominancia para dar paso a lo ya mencionado: un Otro que existe.

Patologías “actuales”

Me he preguntado una y otra vez de qué se tratan las patologías actuales. Lo que
llamamos –por ejemplo– psicosis actuales o incluso neurosis actuales. ¿Qué estatuto
posee el sufrimiento psíquico hoy? Quizás una respuesta posible sea que la novedad
es lo difuso. Las propias transformaciones antropológicas definen un universo
heterogéneo en cuanto a la sintomatología lo cual implica a todas las praxis clínicas
en su conjunto:
AAEl terapeuta se enfrenta entonces con una demanda a la que ya no
AAAAAcorresponde una unidad semántica clara y distinta, un requerimiento que
AAAAAsobrepasa el estricto marco universitario de reparación y para la cual el
AAAAAtratamiento se revela a menudo impotente. (Laplantine, 1999, p. 319)
La brújula, el gnomon, el eje organizador de las categorías y los tipos clínicos, como
anuncié, están en efecto puesto en cuestión. Es una de las maneras de hablar de la
“evaporación del padre”, pero al mismo tiempo, enunciar que si la norma (nor-male,
dirá Lacan en L’etourdit -1972-, jugando homofónicamente entre norma macho y
norma mala) está subvertida, si el patrón está esmerilado resulta una tarea reñida el
pensar en términos de enfermedad, de trastornos o de psicopatología. Quizá sea
entonces más oportuno hablar de “subjetividades marginales”.
En este tiempo de mutaciones donde es evidente que las coordenadas del Otro y sus
condiciones de humanidad han ido variando, la dimensión de sujeto del inconsciente
también se ha transformado. Pues si es que consideramos que el inconsciente no
posee un estatuto óntico sino ético, la noción de sujeto que es correlativa de éste
también ha mutado. Podemos todavía ir más allá y decir que en muchos casos lo que
observamos (escuchamos) son manifestaciones palmarias del rechazo del
inconsciente con una consecuente revocatoria del sujeto del significante. ¿Esto hace
inviable el psicoanálisis? ¿Esto anula la posibilidad de la experiencia analítica?

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Decir revocatoria del sujeto del inconsciente, rechazo del inconsciente no es decir
rechazo del psicoanálisis. La respuesta podemos encontrarla en Lacan mismo,
cuando define que “el psicoanalista forma parte del concepto de inconsciente”,
instaurando las condiciones de operatividad del psicoanálisis. ¿Y si hay rechazo?
Pues también incluimos al analista formando parte del rechazo del concepto (Lacan,
1984, pp. 26-27).
En este sentido, el sujeto moderno no es el de la tragedia, no es el del Edipo ni
tampoco el sujeto enfermo; es el portador de una pregunta –dice François Regnault–
o más aun, es aquél que se encuentra en estado de sufrimiento respecto a las normas.
No es algo en absoluto novedoso. Ya Lacan en el Seminario 3 (1955-1956), al hablar de
las identificaciones conformistas en las psicosis, hace extensivo esto a la forma
precaria y limitada en la que se sostiene “el mundillo de los hombrecitos solitarios de
la multitud moderna” (Lacan , 1993, pp. 289). Pues bien, se trata de eso, de un
interrogante no clínico sino más bien “posclínico”: cuál es el soporte, el nudo para
cada ser hablante.

Una “degeneración catastrófica”

El “ser nombrado para”, es una formulación que Lacan esboza en el seminario 21


“Les non dupes errent” y que ha sido fruto de numerosas elaboraciones.
AASer nombrado para algo, he aquí lo que despunta en un orden que es
AAAAAefectivamente sustituir al Nombre del Padre. Salvo que aquí, la madre se
AAAAAbasta por sí sola para designar su proyecto, para efectuar su trazado, para
AAAAAindicar su camino (…) es sin embargo ella, ella, su deseo, lo que señala a su
AAAAAcrío ese proyecto que se expresa por el nombrar para. Ser nombrado para
AAAAAalgo, he aquí lo que, para nosotros, en el punto de la historia en que nos
AAAAAhallamos, se ve preferir –quiero decir efectivamente preferir, pasar antes- lo
AAAAAque se sustituye al Nombre del Padre.
AAAAAEs bien extraño que aquí lo social tome un predominio de nudo, y que
AAAAAliteralmente produzca la trama de tantas existencias: él detenta ese poder del

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AAAAA“nombrar para” al punto de que después de todo, se restituye con ello un


AAAAAorden, un orden que es de hierro; ¿qué designa esa huella como retorno del
AAAAANombre del Padre en lo real, en tanto que precisamente el Nombre del Padre

AAAAAestá verworfen, forcluido, rechazado?; y si a ese título designa esa forclusión


AAAAAde la que dije que es principio de la locura misma, ¿acaso ese “nombrar para”
AAAAAno es el signo de una degeneración catastrófica. (Clase 19/3/1974)
Veamos detenidamente lo siguiente. Lacan sitúa en los efectos de la forclusión
paterna una “degeneración catastrófica” y, al mismo tiempo, articula una solución,
una respuesta. Dicha solución es atribuida a un nudo, el ser nombrado para como un
modo de mantener unidos los registros imaginario, simbólico y real. Claro que este
modo de existencia, esta forma de la trama, introduce un sujeto que no es de deseo
sino de goce –según la expresión de Lacan del año 66’–; una fórmula con la cual el
superyó moderno monopoliza ciertas subjetividades. Mientras el Nombre del Padre
introduce un orden simbólico –cifrando el enigma del deseo materno e introduciendo
una ley más o menos zigzagueante–, el ser nombrado para comporta un orden rígido
e inflexible que, si bien evita la errancia, no logra instaurar el deseo ni el amor. Es, de
hecho, “un orden sin amor” –como bien lo califica la acertada observación de Juan
Carlos Indart-. Esta dirección inflexible, este deseo de la madre congelado en un
proyecto, genera un nuevo tipo de ser hablante, un no incauto.
Difícil es entonces eludir esta interpelación de Jacques Lacan en lo que concierne a
nuestra historia hoy. Hay hechos que demuestran palmariamente que existen cada
vez incontadas personas cuyo proyecto está inmerso en formas anónimas de destino.
Los términos, más o menos peyorativos, injuriantes o estigmatizantes –pero siempre
imperativos– han tomado en lo social el estatuto de nudo (drogón, puto, paquero,
negro, marginal…). Transitan un camino, tejen una trama pero sin historia,
entendiendo ésta como el desarrollo dialéctico que desnuda la forma verbal del
futuro anterior (“habrá sido”). No hallaremos en esa huella la impresión producida
por el efecto del padre en la estructura, función que destila el efecto anacrónico de
retroacción significante. (Recordemos al pasar que un nudo, así sea bajo una forma
plural como lo es el nudo social, es aquello que permite una estabilidad de los
registros RSI).
El deseo de la madre que está allí para dar su trazado no da como resultado un sujeto

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deseante sino más bien alguien aferrado a un imperativo de goce (un “sujeto del
goce”, según el sintagma utilizado fugazmente por Lacan en el año 66’), al fin y al
cabo, un “orden de hierro”. Esto significa que no es alguien que va desplazándose
conforme a la ley del deseo, la del Nombre del Padre. Es sabido que aquél que
nombra –el padre del nombre–, el que da nombre a las cosas, habita la dimensión
metonímica del deseo. A punto tal que es siempre un nombre desplazado, ágil,
analizable y por ende, siempre puede ser otra cosa. Su antítesis es esa forma
inflexible de nominación que Lacan caracteriza aquí como un “nombrar para”
[nommer á]. Esto marca un trazado implacable, un destino, un fatuum. No es muy
extraño ver que hay sujetos que evitan la errancia encauzados hacia lo peor. Aquí el
término “degeneración catastrófica” no parece ser un eufemismo sino más bien el
signo de lo ineluctable.

Un campo de investigación

Hablamos de destinos ineluctables como una modalidad posclínica dominante en


este tiempo. La relación entre lo prohibido y lo permitido no obtiene la mediación del
deseo ni la tensión por el dominio de sí mismo sino el abandono. Nadie mejor que
Jean Claude Milner ha otorgado las claves para leer esta dinámica libidinal. Tomando
las reflexiones aristotélicas en la Ética nicomáquea, localiza cómo la proximidad del
cuerpo con la causa del placer produce como resultado una mayor intemperancia –
akolasia, es el término griego utilizado. Esto nos lleva a entender que a menor
mediación, ante una mayor accesibilidad, mayor devoración: “…abandonados a sí
mismos, los placeres innatos en cada uno no son más que el despliegue de todas las
devoraciones.” (Milner, 1997, pp. 20)
El buen uso de los placeres será denominado por los griegos como enkrateia, palabra
vecina del término sophrosyne (que significa templanza, prudencia y dominio de sí).
La enkrateia, refiere a un tipo de continencia, apunta a alguien que no se deja
arrastrar por los placeres a lo cual se opone la akrasia, la incontinencia. Aquí se
sitúa, como lo desarrolla Foucault, el “eje de lucha”: hay un combate, una tensión y
una resistencia. Esta es la dinámica propia de la moral cristiana clásica y de la actitud
del hombre ante ese Otro de la ley y la prohibición.
Por otro lado tenemos la templanza, la sophrosyne, la cual propone un justo medio,

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una moderación. A esta última opuesta, como dije, a la intemperancia (akolasia). Es a


este término que deseábamos arribar pues se refiere a una decisión deliberada por
los malos principios. Decisión insondable, agregaré. Este otro eje –espero ser claro en
este punto– abre un campo novedoso de investigación, sobre todo en lo que respecta
a los consumos. Logra separarse de la lógica tradicional entre la continencia y la
incontinencia (enkrateia/akrasia) para abrirse hacia otro binomio: la templanza y la
intemperancia (sophrosyne/akolasia). Mientras el incontinente puede “curarse y
conseguir el dominio de sí” el intemperante “no puede curarse ni arrepentirse” pues
goza “con esa mala conducta.” (Foucault, 2003, pp. 63)
Recuerdo el caso de un hombre que concurrió al tratamiento en una institución de
urgencias junto a su ex mujer. El consumo de sustancias y las conductas de riesgo lo
condujeron desde adolescente hacia una pendiente vital. La mujer que, hasta hacía
un tiempo “era una buena compañera”, paradójicamente era el objeto de sus
denigraciones, lugar de desecho coincidente con el que su madre le asignaba. “Ella
nunca quiso mi bien”, es la sentencia que refleja la dirección indeclinable del deseo
materno. Su hermano gemelo, con problemas de adicción y ligado a la delincuencia
murió siendo joven. Al relatar ese suceso reconoce que nunca habló de eso dando
paso a la frase siguiente: “lo de mi hermano es muy mío”, “drogones” –acentuará. De
todos modos, a lo largo del tratamiento logrará un desplazamiento importante, una
rectificación –si se quiere– de su posición frente a las mujeres a partir del equívoco
ya esbozado “buena compañera”. El “infierno” vivido en su historia –y aún hoy–
quedaba matizado, ligeramente regulado, gracias a la presencia de una mujer a su
lado. La degradación del objeto amoroso que en el plano especular lo situaba en el
mismo lugar respecto del deseo materno (“ella nunca quiso mi bien”) pudo ser
separado, a la hora de compartir con otras mujeres quienes por su belleza o su
inteligencia introducían –según sus términos– algún tipo de “freno” al infierno, más
cerca de la moderación que del dique pulsional.
Si retomamos la perspectiva de Lacan del seminario 21, esta nos provee los
elementos teóricos que actualizan la dinámica libidinal explorada por los griegos. El
ser nombrado para, el nudo social y el orden de hierro impuesto por el deseo
materno nos permite las aproximaciones teóricas para entender sujetos que, sin
padecer los efectos clínicos de la forclusión, sin embargo sufren una catástrofe vital.
Mi impresión es que hay ciertas modalidades de existencia ligadas a los consumos o a
ciertas tendencias mortíferas que, pese a evitar la errancia, reproducen en no pocas

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ocasiones destinos funestos*.


Recordemos los términos enunciados antes por Lacan: proyecto, camino, trazado,
trama. El término extraído por Milner y Foucault del clasismo griego, la
intemperancia (akolasia), la decisión deliberada por los malos principios, nos orienta
hacia esas existencias que se sostienen en una nominación social sin la referencia
paterna. Así como en algún tiempo las identificaciones encontraban en las
comunidades de goce un modo de continencia, bajo esta otra lógica la nominación
instaura un nuevo tipo de sujeto definido no a partir del significante sino del goce.
Ante la intemperancia (akolasia) la lógica desde donde promover su regulación será
no la continencia sino la templanza (sophrosyne). Se abre aquí una perspectiva
diferente para la intervención analítica: en tanto se trata de existencias orientadas en
una trama (rígida), con un nombre de destino, es preciso habilitar la escucha para
propiciar una rectificación del nudo social sin que esto implique anular al sujeto.
Para que el deseo del analista pueda ser puesto en su cúspide es menester integrar
las subjetividades marginales, aquellas desde donde emergieron las conquistas
freudianas sobre el deseo. (Lacan, 2008, pp. 586)

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ISSN: 2313-93920

DOSSIER

Mario Chades
El trauma en la
cultura del malestar
y en la nuestra

Resumen

La civilización descripta por Freud en “El malestar en la cultura”(1930) es aquella


que operaba una dura restricción de los anhelos sexuales y agresivos del individuo,
con la consecutiva pérdida de felicidad e incremento del sentimiento de culpa,
siendo la represión su mecanismo por excelencia. Se trataba efectivamente de la
civilización de la neurosis, en la que sin embargo había un “arreglo” con lo
traumático.
Otra historia es la de hoy, en la que el trauma se revela como protagonista en la
escena. Se patentiza así la eliminación del sufrimiento por una vía distinta a la de la
palabra, que no se inscribe en las formaciones del inconsciente. Consiguientemente,
nuestra época plantea nuevos desafíos para el psicoanálisis, acaso se trate de una
clínica del más allá del principio del placer (del goce), una clínica que “provoca” al
sujeto, allí donde sólo hay impacto de lo Real.

Palabras claves: trauma|cultura|malestar|goce

Abstract

The civilization described by Freud in "The malaise in culture" is one that operated a
harsh restriction of the sexual and aggressive desires of the individual, with the

*Universidad Nacional de San Luis|machades3@[Link]

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consequent loss of happiness and increased feelings of guilt, repression being its
mechanism par excellence. It was effectively the civilization of neurosis, in which
however there was an "arrangement" with the traumatic.
Another story is that of today, in which trauma is revealed as the protagonist on the
scene. Thus, the elimination of suffering is evident in a way other than that of the
word, which is not inscribed in the formations of the unconscious. Consequently, our
time poses new challenges for Psychoanalysis, perhaps it is concerned a clinic of the
beyond the pleasure principle (of enjoyment), a clinic that "provokes" the subject,
there where exists only the impact of the Real.

Keywords: trauma|culture|discomfort|joy

Introducción

Si el fenómeno del trauma ya hace más de un siglo se reveló a Freud tamizando el


origen de la neurosis, éste fue aprehendido en las mismas tinieblas del recuerdo de
los enfermos. Otra historia es la de nuestros días. Hoy el trauma se revela como
protagonista en la escena y, por cierto, del modo más escandaloso.
Justamente, en el presente trabajo nos proponemos efectuar un contrapunto entre los
rasgos distintivos de la cultura descripta por Freud (2007d) en su escrito “Malestar en
la cultura”” (1930) y la civilización actual, intentando dar una localización al
concepto de trauma en ambas teorizaciones, analizar desde allí las posibles
incidencias de los cambios culturales en la subjetividad humana, señalando los
nuevos desafíos que presenta a la clínica psicoanalítica.
Respondiendo al cometido antes planteado, partiremos de considerar la articulación
cultura y malestar que Freud destaca en su texto y sobre lo que hace gravitar la
adquisición de la neurosis. Ubicaremos la relación que ello posee con el sufrimiento,
contextualizando estos enunciados en el escenario de la civilización moderna.
Intentaremos luego dar un lugar al trauma entre esas teorizaciones y en especial su
articulación conceptual con el término malestar. Seguidamente destacaremos el
cambio de época, la incidencia que en ella posee la economía de mercado y ésta sobre

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el sujeto actual, sujeto no engañado del discurso y por ello con menos recursos frente
a lo Real traumático; cuestión que veremos expresada en la incidencia de nuevas
manifestaciones patológicas no sintomáticas. Finalmente consideraremos algunos
puntos que plantean nuevos desafíos a la clínica psicoanalítica actual.

Del malestar en la civilización

El trauma como efecto de un hecho sexual “oculto”, llevaría a Freud (2007c) a definir
el mecanismo de la represión como elemento fundamental. Ciertamente, la Cultura o
Civilización del malestar, descripta por Freud (2007d) en el “Malestar en la cultura”,
no es otra que la erigida sobre la renuncia pulsional en pos de ser incluido en “la
grey”.
Efectivamente, la imposibilidad de satisfacción pulsional que la Cultura impone, no
podría menos que inocular malestar* en el individuo, en tanto supone una dura
restricción a los anhelos sexuales y agresivos, con una consecutiva pérdida de
felicidad y un incremento del sentimiento de culpa. Aquello que Freud (2007d) llama
el malestar en la civilización no es otro que el producido por la inhibición de la
sexualidad y por la interiorización de la agresividad, fuerza en la que la Cultura
encuentra su obstáculo más poderoso, pues el autor ubica en la agresión un
subrogado de la pulsión de muerte.
Freud (2007d) hace gravitar la adquisición de la neurosis, también en la frustración
de los deseos, como en el desengaño a la promesa de bienestar propuesta por el
progreso de la civilización. Es decir que, si bien la Cultura puede hacer mucho por
mejorar las condiciones de vida de los hombres, lo forja con profusos límites, ya sea
esto por el fracaso en su cometido o generando, colateralmente, nuevas dificultades
inherentes a su propio desarrollo y evolución.
Digamos, entonces, que el sujeto se vuelve neurótico tanto por frustración como por
desengaño respecto a la vida en civilización y, el modo en como Freud (2007d)
entiende este efecto, será justamente, concibiendo a la neurosis como un refugio
frente al desengaño y como una satisfacción sustitutiva.

*La palabra “Malestar” es utilizada por Freud en el “Malestar en la cultura” para indicar intolerancia
del Yo a la presión de la culpa. Ciertamente, el malestar se trataría de una sensación de incomodidad
experimentada por el Yo, bajo las presiones del Super Yo.

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En este sentido es preciso subrayar que el síntoma viene a relevar al malestar que
incomoda al Yo, aportando una satisfacción sustitutiva.

Procedimientos para contrapesar el sufrimiento

Debemos decir, en todo caso, que la neurosis es sólo una de las respuestas al
malestar, pues, como reconoce Freud (2007d) ya en los inicios del siglo pasado,
existían además toda una serie de estrategias paliativas a las que el ser humano
recurría para aliviar el dolor de vivir. El autor ubica entre ellas: poderosas
distracciones, sustancias embriagadoras, también asigna lugares a la religión y al
amor; aunque habló también de procedimientos más enérgicos todavía, como en el
caso de la psicosis, en tanto se rompe de un modo más radical el vínculo con la
realidad.
Empero, no podemos dar a todos estos procedimientos la misma tesitura.
Efectivamente algunos de ellos son acordes al propósito de la civilización, mientras
que otros más bien pretenden abolirla de algún modo.
No obstante, existe un enemigo mayor de la Cultura. Se trata efectivamente de la
agresividad, la fuerza bruta, subrogado de la pulsión de muerte. Por ello, la Cultura
no ahorra en esfuerzos por inhibirla, arrogándose el derecho de ejercer violencia
sobre el exaltado.
Ahora bien, si consideramos la sentencia de Freud (2007d) que versa: “[…] el ser
humano se vuelve neurótico porque no puede soportar la medida de frustración que
la sociedad le impone en aras de sus ideales culturales […]” (p. 86), deberíamos
pensar entonces, por la inversa, que aquellos medios que contribuyan a aliviar el
padecimiento* evitarían, de algún modo, la neurosis o, al menos, la pondrían en
suspenso.

El proyecto de la Modernidad.

La civilización que Freud (2007d) describe en su texto no es otra que la del proyecto

* No aparecen suficientes elementos en “Malestar en la cultura” para establecer una diferencia


conceptual clara entre los términos sufrimiento y padecimiento. Da la impresión que Freud (2007d)
los utiliza indistintamente.

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de la modernidad.
Como plantea Villaverde en Cosentino, Vidal, y Cragnolini (1999), podemos resumir
los aspectos socioculturales de la modernidad en positivismo, cientificismo,
optimismo, igualitarismo y realismo. De ese modo, los valores imperantes en esta
época eran la razón y el progreso, apuntalados en la ciencia y el cálculo. De este
modo, podemos decir, que orden, paz y progreso sintetizarían su ideario.
La civilización del malestar no es otra que la de la pérdida constitutiva, es la
civilización que impone al sujeto un gravamen. El precio que el sujeto debe pagar por
pertenecer es una restricción a su goce. Empero, el malestar no es en absoluto lo que
traumatiza al sujeto, más bien tenderíamos a pensar que es un “arreglo” con el
trauma, su procesamiento. Veamos de qué se trata.

El lugar del trauma en la civilización del malestar

Ahora bien, si intentamos darle una localización al trauma respecto a las


conceptualizaciones vertidas por Freud (2007d) en el “Malestar en la cultura”,
debemos hacerlo partiendo del distingo entre las palabras “malestar” y
“sufrimiento”.
El malestar es aquello que se precipita en el sujeto, es lo que in-cómoda por formar
parte del orden de la civilización. Como ya dijimos, esto supone la renuncia
pulsional. La renuncia pulsional directa no implica en modo alguno la pérdida de
vigencia del principio del placer, no desborda al aparato psíquico en su posibilidad
de simbolización, el malestar entraña un rodeo para la consecución de la meta de la
pulsión, que desprende displacer.
El sufrimiento que Freud vincula a tres fuentes (el híper poder de la naturaleza, la
finitud de nuestro cuerpo y la insuficiencia de las normas que regulan los vínculos)
muestra en cambio tener otra textura. Todos ellos representan al mismo tiempo,
aquellos obstáculos frente a los cuales la Cultura se erige, pero también frente a los
cuales la Cultura fracasa. El sufrimiento* nos remite indefectiblemente al desamparo,

* Según Freud (2007d) el programa que fija una finalidad a la vida es el del principio del placer, dicho
principio supone mantener un óptimo estado de tensión en el psiquismo y de ese modo evitar
desbordes pulsionales que conduzcan a estados anegados de tensión, en cuya fuente el autor ubica la
causa del sufrimiento.

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al fracaso, a la insuficiencia del primado del principio del placer, he ahí el trauma.
Podríamos señalar que el sufrimiento es la traducción subjetiva del trauma.
En este sentido, la Cultura sería la gran respuesta al desamparo originario, el intento
planetario de procesamiento del trauma.

El crepúsculo de la modernidad

Numerosos autores coinciden en afirmar que alrededor de los años ‘50 sucedió una
modificación en las formas típicas de organización de la Cultura.
Tal como advierte Barros (1996), el fenómeno más destacable de los últimos tiempos
es que, al parecer, ya no hay nada que sea intocable, nada está excluido de las leyes
del intercambio simbólico representadas, sobre todo, por las leyes del mercado
mundial, que intentan uniformar los modos de gozar e inundar de objetos (gadgets).
En el nuevo contexto, como señala Goldenberg (2014) el Ideal no tiene una función
reguladora y, en consecuencia, la radicalización de los valores de cambio vuelve todo
negociable. Como puntúa Soler (1998): “[…] el sujeto moderno, podemos decir
utilizando la expresión de Lacan, es un sujeto ‘non duperie’ un sujeto no engañado del
discurso, que no cree más en los semblantes que permiten dar sentido a lo real” (p.
4).
La decadencia de valores sólo se refiere a los valores supremos. Con la caída de Dios-
padre, la instancia bloqueadora excepcional, todos los demás valores pueden
intercambiarse, sustituirse, transformarse. Esto, sin embargo, no impide al
significante funcionar, por el contrario: “Se fomentan las redes, se produce un hiper-
funcionamiento del significante” (Barros, 1996, p. 66). Se produce una liberación de
toda dimensión referencial y el significante funciona en su máxima eficacia,
indiferente a la dimensión del sentido. Ya nadie cree en política y la política sigue
marchando; la educación perdió su objeto, sin embargo se sigue educando.
Entiéndase, el progreso sigue, aunque su idea haya desaparecido.
En todo esto, el discurso de la ciencia tuvo mucho que ver, pues como plantea Miller
(2005) la ciencia se instituyó separando el sentido de lo Real, en su intento por
apartarse de la religión. De este modo colocó el saber en lo Real, un saber que no se
trataba de un mensaje, sino más bien un saber que no quería decir nada para nadie.

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El Escándalo del Trauma

Desde aquel momento hasta hoy, el discurso de la ciencia cierne su hegemonía como
nunca antes en la historia. El mismo hace existir una causalidad programada
(Laurent, 2002). Lo que cuenta aquí es que todo puede ser observado, medido y
cuantificado y de allí establecer pronósticos certeros. La Cultura actual responde a
este mismo patrón de programación.
Efectivamente, en este contexto de hiper-significantización lo que escapa a lo
programado irrumpe como trauma. Tal como advierte Laurent (2002): “Lo que
desborda en la Cultura de la causalidad programada es llamado el ‘escándalo del
trauma’ ” (p.2)
Consecuentemente, asistimos a una descripción científica del mundo a partir de este
concepto “Todo lo que no es programable deviene trauma” (Laurent, 2004, p. 24). Se
produce una extensión de este concepto, desmedida a nuestro criterio, tomándolo
como significante amo para remitir a fenómenos culturales que exceden la
descripción científica del mundo. No es extraño, en este contexto, vincular lo
traumático a las guerras y las catástrofes, pero lo que llama la atención, como señala
García (2005) es que la cotidianeidad misma haya tomado este tinte.
En un artículo anterior, Laurent (2002) diría: “La lista de los peligros mezcla
catástrofe técnica, accidente individual o colectivo, agresión individual o atentado,
guerra y violación” (p. 3). Estos eventos precedentemente referidos, representan
potenciales incidentes frente a los cuales hay que estar cada vez más preparados,
anticiparse a ellos o, en todo caso, una vez sucedidos localizar a los responsables de
haberlos permitido, pues si algo falló eso se ha debido a la ineptitud o voluntaria
ineficacia de algún funcionario, nunca a la contingencia misma.
Lo imprevisible o lo imposible, de la previsión total, es absolutamente desalojado del
discurso, de este modo nos sorprenderá el hecho de que, efectivamente, todo aquello
que retorne, lo haga de un modo escandaloso. “El hecho de que el goce quede
excluido del discurso es lo que determina su irrupción salvaje y devastadora desde lo
real” (Barros, 1996, p. 67).
No se trata de pensar que el hombre en la civilización actual, por los avatares
propios de una época cruda, se haya más traumatizado que el de tiempos anteriores,
sino más bien que, apoyado en el discurso de la ciencia, pretende ilusoriamente
desalojar de su horizonte, todo impróvido que remita, más o menos directamente, a

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la incompletud. El resultado de ello es análogo a pretender eliminar por la puerta de


atrás, lo que reingresa por la de adelante, allí donde la incompletud es rechazada, el
traumatismo se revela con una fuerza inusitada. Como plantea Soler (1998):
AAAAA“Quizás, más bien, es que los recursos de los sujetos son ahora más débiles.

AAAAAQue los discursos que regulan los lazos sociales -en el sentido que Lacan
AAAAAutiliza- no logran como lograban anteriormente, hacer de pantalla a lo real”.
AAAAA[…] el sujeto moderno […] no cree más en los semblantes que permiten dar
AAAAAsentido a lo real. Y es por eso que hoy me parece que los sujetos se han vuelto
AAAAAmás traumatizables que antes. No es que haya más irrupción de lo real, hay
AAAAAformas nuevas. No es un problema de cantidad, pero sí hay sujetos más
AAAAAtraumatizables. (p. 2)
En la época actual se intenta la eliminación del sufrimiento por una vía distinta a la
de la palabra (hay una pérdida de consistencia de los discursos) que, dejando de ser
sintomática, no por ello cesa de ser patológica. Estas manifestaciones incluyen de un
modo particular al cuerpo y las acciones impulsivas que ponen en juego un
sufrimiento que excede lo tramitable a través de la palabra. Estos son los casos, por
ejemplo, de las adicciones, los actos de violencia, la anorexia y la bulimia, los
“trastornos de ansiedad”, etc.
Los trastornos considerados en el párrafo anterior pueden ser pensados en relación a
los diques pulsionales que Freud (2007a) ubicó en el asco, la vergüenza, la moral, el
dolor y la compasión, y que tienen un estrecho vínculo con la represión. Estos diques
serían los que en la actualidad (de un cierto modo) estarían perdiendo su hegemonía,
dando lugar a nuevas formas de arreglo con la pulsión. La mudanza en lo contrario y
la vuelta sobre la propia persona de la que nos habló Freud (2007b), cobran ahora
relevancia. En la manifestaciones patológicas antes referidas, no sería vía
representaciones que se produce la tramitación de la pulsión (Laznik y cols., 2001). El
padecimiento aquí no se inscribirá por la vía de las formaciones del inconsciente y,
en consecuencia, no pueden ser considerados “síntomas”.

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Conclusión

Para concluir, podemos plantear que la neurosis ha sido la operatoria sintomática


por excelencia que permitió hacer frente al sufrimiento a la civilización moderna,
alrededor de ello se funda casi toda la teoría freudiana. El síntoma, que ha sido
coetáneo al malestar en su tesitura profundamente simbólica, ha mantenido al sujeto
relativamente a salvo del sufrimiento producto del desborde pulsional traumático.
El sufrimiento en la época actual no ha variado en su magnitud, más sí los recursos
para hacerle frente. Sufrimientos despojados del ropaje lenguajero y extraño al lazo
social plantean nuevos desafíos para el psicoanálisis, lejos de poder explorar cada
uno de ellos en este trabajo, podemos sin embargo señalar que nos conducen a una
clínica del goce. Clínica que más que develar el inconsciente reprimido apunta a
hacerlo existir y, mediante la presencia del analista, viabilizar un significante que
sitúe un goce singular no simbolizado y traumático que venga a ordenar la existencia
del sujeto. Se trata efectivamente de una clínica que “provoca” al sujeto, allí donde
sólo hay impacto de lo Real.
Si el siglo XX condujo a Freud a hablar de la cultura y su malestar, nuestro siglo nos
depara la cuestión del goce.

Referencias
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VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 43 - 51
ISSN: 2313-93920

DOSSIER

Julieta Panero* y Tomás Pettina**


La verdad de la ciencia:
salud pública o
segregación

Resumen

El siguiente escrito se propone articular la situación de pandemia por el COVID-19 y


la campaña de vacunación que se está llevando a cabo en diferentes países, con la
copulación que Lacan plantea entre la ciencia y el capitalismo. En un contexto donde
la ciencia aparece como el discurso privilegiado para dar respuestas ante la
enfermedad, paradójicamente los objetos que esta produce responden a una lógica
orientada por el mercado, y cuyo efecto es la segregación. Plantear una salud al
servicio del capital, termina vulnerando y limitando el derecho a una salud
verdaderamente pública y colectiva.

Palabras claves: segregación|ciencia|capitalismo|salud pública|pandemia

Abstract

The following writing aims to articulate the COVID-19 pandemic situation and the
vaccination campaign that is being carried out in different countries, with the
copulation that Lacan raises between science and capitalism. In a context where
science appears as the privileged discourse to provide responses to the disease,
paradoxically the objects that it produces respond to a market-oriented logic, and
whose effect is segregation. Raising health at the service of capital ends up violating

*Universidad Nacional de Córdoba|julietapaner@[Link]


**Universidad Nacional de Córdoba| tomasdelsurpettina@[Link]

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and limiting the right to a truly public and collective health.

Keywords: segregation|science|capitalism|public health|pandemic

El malestar en la ciencia

Nuestro presente nos invita a reflexionar sobre el lugar que ocupa la ciencia en una
sociedad bombardeada por la expansión de las tecnologías, la mundialización y la
globalización, que se vio afectada por la pandemia del SARS-CoV-2 acudiendo a la
ciencia esperando una solución. Dicho conflicto posicionó a la ciencia como aquello
que podía dar una respuesta a la enfermedad y sus consecuencias, mediante la
investigación del virus y el posterior desarrollo de protocolos, tratamientos médicos y
vacunas para paliarlo. Ahora bien, ¿conviene ubicar a la ciencia como la solución a
los peligros que enfrenta la humanidad?
En El malestar en la cultura (1930), Freud indaga sobre los supuestos logros que la
ciencia ha conseguido en su gobierno sobre la naturaleza. Allí señala la paradoja en
el hecho de que los múltiples avances y desarrollos de la ciencia generados para
mejorar la vida de las personas, terminan despertando a su vez nuevas necesidades,
en un ciclo que se retroalimenta constantemente. La satisfacción que la ciencia
propicia sirve para responder a una necesidad que ella misma ha despertado, como
Freud sostiene señalando que “si no hubiera ferrocarriles que vencieran las
distancias, el hijo jamás habría abandonado la ciudad paterna, y no haría falta
teléfono alguno para escuchar su voz” (2012, pp. 87). Así como la ciencia ha
producido dicha, su expansión también ha generado malestar, el cual deberá ser
paliado con más ciencia, más desarrollo y más tecnología.
En la actualidad, las soluciones ofrecidas por la ciencia ante la emergencia del
COVID-19 se posicionan como respuestas a problemas que no tendrían existencia en
un mundo menos marcado por los desarrollos industriales y la proliferación
desenfrenada de recursos tecnológicos. Es evidente que la humanidad no se
enfrentaría a una enfermedad de escala mundial de no ser por los “avances”
posibilitados por la ciencia que permiten, por ejemplo, traslados masivos e

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ISSN: 2313-93920
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intercambios entre poblaciones de diversas regiones del mundo. Por lo tanto, la


expansión de la ciencia en la sociedad contemporánea ha posibilitado que un
problema surgido en una región del planeta pudiera convertirse en una catástrofe
sanitaria a nivel mundial. Lo paradójico de esto es que, hoy más que nunca, nos
dirigimos a la ciencia para demandar una solución, suponiéndole un saber que
pueda dar remedio al malestar que la misma ha producido. Sin embargo, ¿cuáles son
las características de las respuestas propuestas por la ciencia? ¿Qué genera el
discurso que la misma reproduce?

El a-mo moderno*

En la primera clase de su seminario: El reverso del psicoanálisis (1969-1970), Lacan


hará referencia al discurso universitario, señalando que este es “un discurso muy de
actualidad” (pp. 19). Un poco más adelante, señalará que “un verdadero amo, esto es
algo que hemos visto hasta épocas recientes, y cada vez se ve menos, no desea saber
nada en absoluto, lo que desea un verdadero amo es que la cosa marche” (Lacan,
1992 [1969-1970] , pp. 22). El hecho de que un amo sea algo que cada vez veamos
menos no parece ser un problema; podríamos pensar incluso que para Lacan no
sería necesario que el amo se manifieste para que la cosa marche. Estas dos
referencias, nos permiten ir delimitando algo que él trabaja en profundidad durante
ese seminario: la continuidad entre el discurso del amo y el universitario.
Siguiendo los planteos de Lacan (1992), podemos sostener que en la actualidad el
discurso universitario es quien ha tomado el relevo del lugar anteriormente ocupado
por el amo antiguo. Ahora el saber toma el lugar del mando: se trata de un todo
saber, un saber que ahora no se ubica en el esclavo ya que “se ha vuelto puro saber
del amo y está a sus órdenes” (Lacan, 1992[1969-1970], pp. 110). Este discurso es
además “el que muestra en qué se apoya el discurso de la ciencia” (1992 [1969-1970],
pp. 109), discurso en el que, para Lacan, estamos todos embarcados y frente al cual
no podemos resistirnos: el imperativo, la orden del amo, ocupa en este el lugar de la
verdad por lo que “es imposible dejar de obedecer esa orden que está ahí, en el lugar
que constituye la verdad de la ciencia” (1992 [1969-1970], pp. 110).

* Se busca con este título referenciar al discurso capitalista, donde el sujeto aparece como agente que
se dirige a la ciencia, y termina siendo comandado por los objetos que la misma produce

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ISSN: 2313-93920
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Si lo que constituye la verdad del discurso de la ciencia es el imperativo del amo, su


mandato, podemos plantear que en este punto Lacan homologa el discurso
universitario con el de la ciencia, donde a lo que se apunta es a seguir sabiendo,
imperativo de progreso y avance desmedido, que no se pregunta sobre las
consecuencias que provoca, ni sobre el deseo que lo moviliza.
En la clase del 17 de diciembre Lacan indica que “lo que se produce en el paso del
discurso del amo antiguo hasta el del amo moderno, que llamamos capitalista, es una
modificación en el lugar del saber” (1992[1969-1970] , pp. 32); es decir, si el saber
cambia de dueño, aparece un nuevo amo, el capitalista. Esta idea será retomada por
Lacan cuando señala que el progreso del discurso del amo reveló “su mejor
expresión en el discurso del capitalista, en su curiosa copulación con la ciencia”
(1992[1969-1970], pp. 116). Podemos pensar que dicha modificación en el lugar del
saber, “aquella mutación capital, también ella, que da al discurso del amo su estilo
capitalista” (Lacan, 1992[1969-1970], pp. 181), refiere al cuarto de vuelta introducido
por el discurso de la ciencia: ahora esta se muestra como un todo saber que se
complementa a la perfección con los intereses del capitalismo, dando lugar a la
emergencia del amo moderno capitalista. De este modo, podemos nombrar como
diferentes al discurso de la ciencia y al discurso del amo moderno (capitalista) a
sabiendas que entre ambos se produce una profunda relación. ¿Cómo se establece
dicha relación, la copulación entre el amo capitalista y la ciencia?
Lacan esclarece este interrogante en su seminario de 1971, indicando que esta
transformación, el paso del discurso del amo al discurso capitalista sólo requiere una
pequeña modificación. Este cambio será resultado de la inversión entre el agente y la
verdad: en el discurso del amo, el agente es el S1 y el sujeto ocupa el lugar de la
verdad, la transformación del discurso capitalista implica que el agente pasa a ser el
sujeto, y en el lugar de la verdad se ubicará el amo, el imperativo (Lacan, 1992). Este
sujeto, el amo capitalista, se dirige entonces al S2, al todo-saber propuesto por la
ciencia: allí podemos pensar la copulación.
La ciencia se ofrece ante el sujeto como el lugar en el cual se encuentran las
respuestas a sus interrogantes, a partir de los objetos que la misma le facilita; la
relación termina siendo entre el sujeto y los objetos producidos por la ciencia, con la
particularidad de que serán finalmente estos objetos los que lo comanden. El amo
que quiere el capitalismo es el sujeto fuera del lazo social, dirigiéndose a la ciencia en
busca de aquello que pueda suturarlo.

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La ciencia entonces es quien responde a la orden del amo y procura que la cosa siga
marchando. Ahora bien, ¿es posible que la cosa marche para todos? ¿Es este el deseo
del amo capitalista moderno?
Considerando que hoy la ciencia aparece como aliada del capitalismo, generando
conocimiento y objetos en servicio del capital, sus objetivos estarán comandados por
el ideal de la mayor ganancia posible y no por la salud de las comunidades. En este
punto cabe retomar la noticia elaborada por Navas (2021), quien se interroga sobre el
motivo por el cual no se liberan las patentes para producir vacunas de forma masiva,
en dicha nota manifiesta el posicionamiento de Pascal Soriot, presidente ejecutivo de
AstraZeneca (uno de los pocos laboratorios poseedores de patentes para fabricación
de vacunas). Soriot defiende la propiedad intelectual como una de los pilares
fundamentales de la industria farmacéutica y agrega que, si esta no es protegida, no
habría para las empresas ningún incentivo para innovar en el desarrollo de vacunas
y tecnologías necesarias (Navas, 2021). Mientras nos preguntamos qué mayor
incentivo necesita la ciencia (además de los millonarios movimientos económicos por
parte de los Estados) para evitar la muerte y las consecuencias negativas para la
población mundial, los empresarios nos cuentan sin tapujos su punto de vista: en el
fondo todo se trata de la competencia. Detrás de la carrera en pos de una cura, el
imperativo del mercado es quien sigue marcando el paso.

Entre el “para todos” y lo colectivo

Durante el transcurso de la pandemia, los laboratorios han puesto en marcha la


búsqueda de un producto que pudiese frenar el avance del virus, lo que decantó en la
creación de distintas vacunas que desde hace un tiempo comenzaron a ser
distribuidas a lo largo del mundo. Sin embargo, esta solución no está al alcance de
todos. Lejos de que las farmacéuticas liberen las patentes a todos los países,
permitiendo un acceso equitativo a las mismas, se concentró cada vez más la venta y
producción de vacunas en manos de unos pocos. Los grandes laboratorios
demostraron su poder frente a los Estados, quienes tuvieron que negociar
individualmente para poder asegurar la salud de sus ciudadanos. Queda en
evidencia que el avance del capitalismo en conjunción con la ciencia, no será sin
consecuencias; la ciencia en su progreso apunta a la universalización como ideal,
pero, como señala Lacan:

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AAAAALos progresos de la civilización universal van a traducirse, no solamente por


AAAAAun cierto malestar (…) sino por una práctica, que verán que va a volverse
AAAAAcada vez más extendida, que no dejará ver inmediatamente su verdadero

AAAAArostro, pero que tiene un nombre que, aunque se lo transforme o no, siempre
AAAAAquerrá decir lo mismo y que va a suceder: la segregación. (Lacan, 1967, pp.
AAAAA29-30)
La segregación da cuenta de un proceso íntimamente relacionado con la ciencia y su
avance. Se puede deducir de la cita anterior que la ciencia implica dos mecanismos
complementarios, que van de la mano pero que no son homologables:
universalización y segregación.
La universalización podemos pensarla como aquella dirección hacia un ideal común
“para todos”, ideal que cada vez más se articula en función del mercado, el verdadero
amo en el discurso capitalista. Como indica Colette Soler, “el capitalismo es una
versión de la ética de los bienes de la época de la ciencia. Todos los bienes ahora se
han reducido al valor del dinero” (2015, pp. 39). La segregación aparece entonces, y
cada vez con más evidencia, como “el precio con que se paga la universalización del
sujeto” (Lacan, 1967, pp. 29).
Frente al objetivo de la ciencia, que busca imponer un modelo común para todos, un
sujeto en tanto universal –sujeto del mercado–, se produce un resultado inevitable:
aquello que no entre en esa lógica, aquello que escape o no se adapte a dicho ideal
“para todos” de la ciencia, a la universalización, es rechazado… segregado.
La ciencia, como señala Lacan en Radiofonía, “constituye una ideología de la
supresión del sujeto” (2014[1970], pp. 460), en otras palabras, lo que la caracteriza es
un rechazo del sujeto, de lo singular del sujeto. La universalización del sujeto (esto es,
producir un sujeto en tanto universal) es el objetivo a alcanzar por la ciencia, ella
apunta al universal, pero su fin implica un costo: aquello singular, propio de cada
quien, debe ser expulsado: como sostiene Lacan, la ciencia “procede de una puesta
fuera de juego, de una expulsión del goce” (Lacan, 1971, pp. 35). Por lo tanto, será
rechazado el goce propio en pos de un goce universal, único, que es el goce propuesto
por la ciencia y el capitalismo: el consumo, al que no todos pueden acceder. Lo que
no es tolerado y por eso se rechaza, es lo que escapa al modelo de goce del mercado y
de este modo el sujeto queda reducido al lugar de consumidor.

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La universalización del sujeto, a partir del avance del capitalismo aliado a la ciencia,
deriva en un sujeto amo, sujeto homologado en tanto unidad de valor cuyo mayor
atributo es formar parte del sistema de intercambios capitalista. La diferencia se da
entre quienes poseen el capital y quienes no; estos últimos, al quedar excluidos del
mercado, quedarán por fuera del lazo social. De este modo, la segregación muestra
sus efectos sobre aquellos que no pueden ser parte de la lógica propuesta por el
capitalismo, y esto es algo que se manifiesta de diversas maneras, por ejemplo, en las
campañas de vacunación.
Las vacunas se consolidan como respuesta universal para el acceso a la salud y la
lucha contra el avance de la enfermedad del COVID-19, pero su acceso está limitado a
aquellos que poseen el capital suficiente para poder adquirirlas. La ciencia, en su
copulación con el capitalismo, no produce estos objetos tomando a la salud colectiva
y pública como su objetivo, sino que los mismos están puestos al servicio del
mercado, lo que provocará que los países deban disputarse entre ellos la compra de
las vacunas de acuerdo a sus posibilidades económicas y de negociación. Por otro
lado, aquellos países que no tienen los recursos para poder abastecerse dependen
únicamente de la “solidaridad” de las potencias, poseedoras de mayor cantidad de
vacunas de las que necesitan. Esto trae como correlato el avance de la segregación, la
exclusión de quienes no tienen cómo pagarlas, y el consecuente agravamiento de las
divisiones entre fronteras y regiones. La nota periodística de Passarinho (2021)
reflexiona sobre esto, planteando que la desigualdad en el acceso a las vacunas entre
países puede tener como correlato una división del mundo. Los países que logren
inmunizar a sus poblaciones podrán retomar el comercio, el turismo y los viajes
entre territorios, mientras que los que no completen la vacunación ni controlen la
aparición de nuevas variantes terminarán aislados del resto del mundo y clasificados
como zonas de riesgo amarillas o rojas. Frente a esta posibilidad, es necesario hacer
lugar a otras soluciones. Si continuamos pensando la salud pública en los términos
propuestos por el capitalismo, siempre quedará alguien por fuera y no será posible
una verdadera salida a una enfermedad que requiere inmunización colectiva. Es una
posición insostenible, que podemos vincular a la idea de capitalismo que sostiene
Lacan, al plantear que este es un discurso “astuto, pero destinado a estallar” (1972,
s.p.). Aunque aquí cabe preguntarnos ¿qué estallará primero, el capitalismo o la
humanidad?
Es menester entonces, para garantizar el porvenir de las poblaciones, dar lugar a

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concepciones en salud que se orienten hacia lo público y no al beneficio individual de


unos pocos. Una salud verdaderamente pública y colectiva no puede regirse por fines
mercantiles, sino que debe perseguir nuevos ideales. Teniendo en cuenta la noción
de colectivo que plantea Miller (2018), según la cual las formaciones colectivas se
asumen como “una multiplicidad de relaciones individuales respecto al Uno del Ideal
del yo” (Miller, s.p.), entendemos que las colectividades que se dirijan a asegurar la
salud de las sociedades deberán seguir un ideal de salud donde se instaure como
significante amo, ya no el mercado, imperativo y modelo central en el discurso
capitalista, sino el bienestar de las poblaciones.

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DOSSIER

María Florencia Aquino*


Algunas precisiones sobre la
diferencia entre emergencia,
urgencia subjetiva y
padecimiento subjetivo

Resumen

Este trabajo, parte del Equipo de Investigación del Servicio de Asistencia Psicológica
de la Cátedra de Psicopatología 2, perteneciente a la Facultad de Psicología de la
Universidad Nacional de Córdoba; el mismo se propone explorar y definir categorías
conceptuales que muchas veces se usan como sinónimos, estas son: emergencia,
urgencia subjetiva y padecimiento subjetivo. ¿A qué se denomina urgencia
subjetiva?, ¿se diferencia de la emergencia?, ¿es un tipo de padecimiento subjetivo?,
son interrogantes que nos convocan a estudiar desde la perspectiva del psicoanálisis
lacaniano. Especialmente en el contexto de la Pandemia por COVID-19, consideramos
que la diferenciación de estos conceptos nos orientan en la práctica profesional. Se
trata de un estudio cualitativo, metodología de abordaje exploratorio.

Palabras claves: emergencia|urgencia subjetiva|padecimiento subjetivo|


psicoanálisis lacaniano

Abstract

In this work, part of the Research Team of the Psychological Assistance Service of the
Chair of Psychopathology 2, belonging to the Faculty of Psychology, UNC, propose to
explore and define conceptual categories that are often used as synonyms, these are

*Universidad Nacional de Córdoba|[Link]@[Link]

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emergency, subjective urgency and subjective suffering. What is called subjective


urgency? Is it different from an emergency? Is it a type of subjective suffering? These
are questions that call us to study from the perspective of Lacanian psychoanalysis.
Especially in the context of the COVID-19 Pandemic, we consider that the
differentiation of these concepts guides us in professional practice. It is a qualitative,
exploratory methodology.

Keywords: emergency|subjective urgency|subjective suffering|lacanian


psychoanalysis

Introducción

El contexto sociohistórico en el que se comenzó ésta investigación influye en el


camino de este estudio, se describe brevemente: en el mes de diciembre, se alerta a la
Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre una situación sanitaria alarmante en
Wuhan, China, la cual se fue acrecentando en poco tiempo y esparciendo a nivel
mundial. En el mes de marzo, dado el panorama mundial de brotes epidémicos por el
nuevo virus, la OMS declaró la pandemia del COVID-19, lo que alarmó a la población
mundial, y rápidamente los conceptos de emergencia y urgencia tomaron especial
importancia (OMS, 2020).
El presente trabajo es parte del Proyecto de Investigación CONSOLIDAR 2020-2023:
“Manifestaciones actuales del síntoma”, perteneciente a la Cátedra de Psicopatología
2, Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Córdoba. Este equipo sigue una
línea de investigación, en relación al concepto de padecimiento subjetivo, y es por
ello que algunas personas nos vimos convocadas a precisar las diferencias entre los
conceptos de emergencia, urgencia subjetiva y padecimiento subjetivo desde la
clínica del psicoanálisis lacaniano.

Sobre la emergencia

Partimos del concepto de emergencia declarado por la OMS en el documento “Marco

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de Respuestas a Emergencias” (2013), el cual dice: “Las emergencias pueden ser el


resultado de desastres naturales, conflictos, brotes de enfermedades, contaminación
de alimentos o derrames químicos o radionucleares, entre otros peligros.” (pp.7).
Refiere este documento que las consecuencias pueden llegar a persistir durante
varios años con repercusiones políticas, económicas, sociales y de salud pública.
Ochoa Cepero (2015) aclara que la emergencia supone una ruptura de la normalidad
de un sistema, sin embargo, no excede la capacidad de respuesta de la comunidad.
En Argentina se declaró el Estado de Emergencia Sanitaria (Decreto 287/2020) debido
a la pandemia COVID-19 en el mes de marzo de 2020, y responde a los criterios
mencionados, cabe destacar que ésta caracterización se utiliza en el ámbito
internacional como parámetro situacional, que es un encuadre técnico, objetivo y
específico. Es decir, el concepto de emergencia responde a encuadres distintos al
psicoanálisis.
Esta diferenciación es fundamental, ya que nos permite hacer una primera
aclaración al entender que al hablar de emergencia, estaremos posicionados en un
encuadre técnico que responde a la realidad material objetiva.

Las urgencias

Luego de realizar una especificación de la emergencia, delimitaremos ahora el


terreno de las urgencias.
La clínica de las urgencias es amplia y compleja, porque son muy variadas sus
manifestaciones, en algunas oportunidades, también se torna confusa, esto se debe a
que en el campo de la salud mental convergen diferentes discursos. Como todo
entrecruzamiento de saberes, algunas presentaciones clínicas son nombradas como
lo agudo, emergencia, riesgo, urgencia, etc, de acuerdo al discurso que lo determine, a
veces incluso como sinónimos (Ochoa De La Maza et al, 2018). Pero no todo es lo
mismo, ya diferenciamos a la emergencia como una ruptura del sistema, que
requiere un abordaje estandarizado a nivel comunitario, también las
manifestaciones fenoménicas de lo urgente se trabajarán de acuerdo con el
posicionamiento discursivo y disciplinario de cada profesional.
Entonces, para aclarar algunas de estas diferencias importantes dentro del campo de
la salud mental, comenzaremos distinguiendo las urgencias psiquiátricas, que
corresponden al discurso de la medicina y psicopatología. Este tipo de urgencias se

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las define como una “perturbación del pensamiento, sentimientos o acciones que
requieren tratamiento inmediato o como una alteración psicopatológica aguda que
reclama la presencia inmediata del especialista para su valoración o posible
tratamiento” (Garmendia en Belaga, 2006, pp. 47). Soler (2009) dirá que el psiquiatra
hace hablar al paciente pero con la mirada puesta en las huellas de la enfermedad,
no del sujeto, para que pueda darle los signos de la especie mórbida a la que
pertenece. Podemos decir entonces, que la urgencia en el campo de la psiquiatría es
la de atender a una enfermedad, la situación disruptiva en la que puede llegar un
paciente, luego de estabilizarse, dejaría por resultado una entidad psicopatológica.
Lejos de la objetividad, de la clínica de la mirada, el psicoanálisis recibe a una
persona padeciente, por lo que la modalidad de intervención será distinta: ante
cortes, ingestas, alucinaciones, delirios, gritos, manifestaciones ruidosas de la
urgencia que llaman a la intervención inmediata, a la aplicación de protocolos
estandarizados para poner a salvo la vida; el analista entiende que hay un más allá,
otro tiempo para su modalidad de intervención, que apuesta a pasar del hecho al
dicho (Sotelo, 2009).
Para ocuparnos de delimitar el concepto de las urgencias subjetivas, desde el
psicoanálisis, apelamos al plural dado que puede haber tantas urgencias subjetivas
como sujetos (Ochoa De la Maza et al, 2018).
Las urgencias subjetivas son un fenómeno que compromete al sujeto, en lo más
íntimo siente que le concierne aunque no pueda articular el cómo ni el por qué. Esta
implicación es singular, pero aún no puede subjetivarla como propia, es una
percepción del sujeto, lejos de lo que los profesionales puedan considerar o evaluar;
el psicoanálisis toma, y “despliega un abanico de significaciones para mostrar lo que
hay de singular en cada urgencia” (Bassols en Sotelo, pp.12, 2015).
Estos momentos de crisis en la vida de un sujeto que al no poder dar cuenta de su
padecimiento, se queda sin palabras, sin imágenes, donde una ruptura aguda
quiebra el equilibrio de la vida, los lazos con otros, con el trabajo, con el
pensamiento, incluso con el propio cuerpo, conducen al sujeto a un grito sin
articulación significante.

Un lugar para las urgencias subjetivas

Compartimos con Sobel (en Sotelo, 2009) que la clínica de las urgencias subjetivas se

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ubica en el ámbito del psicoanálisis aplicado, en tanto que inserta su práctica en un


dispositivo que le es ajeno, haciendo jugar su discurso extraterritorial en el campo de
la medicina (Lacan, 1991). Esto convoca a las analistas a armar del espacio
institucional, un lugar “donde pueda surgir el decir del paciente” (Agüero Pozzo y
Aquino Cabral, 2017), haciendo de su presencia, un destino que aloje, ya que si la
urgencia no se dirige a una, se dirige a todo el mundo (Seldes en Belaga, 2006).
La tarea del analista será localizar al sujeto de la urgencia y para orientarnos hacia
ella, retomamos los aportes de Seldes (en Belaga, 2006), que propone pensar las
urgencias subjetivas como una ruptura de la cadena significante, de éste modo, al no
poder articularse el significante, el sujeto no puede representarse, lo que implica un
efecto de mortificación. San Miguel (en Sotelo, 2009) agrega que ese momento en el
que emerge la angustia es una ocasión especial para pensar las urgencias subjetivas,
estando el sujeto eclipsado por la presentificación de un real que lo deja sin
referencias. Belaga y Sotelo (en Sotelo, 2009) presentan como resultado de una
investigación, que en su mayoría las personas que llegan a las guardias o servicios de
urgencia muestran un cuadro con variedad de elementos somáticos: síntomas
respiratorios, cardiovasculares, digestivos, neuromusculares; y elementos psíquicos:
inquietud, perplejidad, desaliento, terror, duda, angustia traumática. Esta
descripción, además de brindar indicadores clínicos que orienten la práctica
profesional, muestran una escena donde el sujeto pierde su anclaje y se sitúa en un
borde que lo empuja a actuar (acting out o pasaje al acto) para salir de su
indeterminación.

Diferente al padecimiento subjetivo

Este equipo de investigación delimita al padecimiento subjetivo como una suposición


de un sujeto al sufrimiento, entendiendo que éste se camufla entre significantes y
toma distintas formas, de acuerdo con la época y contexto particular (Aquino Cabral
y Yesuron, 2018). El modo de acceso a este padecimiento subjetivo será a través de lo
que el sufriente pueda decir, por lo que, se convoca al sujeto en su saber, para
acceder al conflicto que lo aqueja.
En el caso de las situaciones de urgencia subjetiva, entendemos que se tratan de
movimientos de subjetivación, que requieren un trabajo de elaboración ante la
sorpresa de lo ocurrido, aquello que irrumpió en su vida y dejó petrificado al sujeto

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en un instante de ver. La invitación será a construir un relato, a hilar los


acontecimientos de la vida con la irrupción de la misma, posibilitando comenzar a
armar una trama, ligando S1-S2 y de este modo, empezar a apropiarse de esta
urgencia (Sotelo, 2009). Este tiempo de comprender, que queda aplastado ante la
urgencia, el analista busca darle lugar, acompaña a construir. Ante la prisa por
concluir que atraviesa a las personas en crisis, el analista propone una pausa, para
leer aquello que aconteció.
Cuando el sujeto se ve confrontado con el exceso, suele ser frecuente la aparición de
la angustia, afecto que no engaña según Lacan (2006), ya que se refiere a ella como
una señal de lo real. Presenta la misma característica que la certeza, es decir el sujeto
desconoce qué, pero se sabe implicado en lo que le acontece, lo que convoca a un
cambio de posición del sujeto (Aquino, 2019). Este indicador es una brújula en la
clínica lacaniana pero especialmente en la clínica de las urgencias subjetivas, aunque
no el único. Respecto de la angustia, San Miguel (en Sotelo, 2009) plantea que se
puede pensar en la angustia como una defensa contra lo imposible de soportar de lo
real. Es en este sentido que Laurent, en Sotelo (2009), dirá “el analista es un
partenaire que traumatiza el discurso común para autorizar otro discurso, el del
inconsciente” (pp.20).
Incluir el tiempo de saber, un momento de concluir, es el que permite al inconsciente
ir del pasaje al acto al acto fallido, aquel que puede descifrarse, que permite localizar
al sujeto y su goce, para luego administrarlo usando al analista como espacio de
tramitación (Seldes en Belaga 2006). Ese movimiento dará fin a la urgencia subjetiva,
implica un cambio de posición subjetiva producto de la subjetivación. Este proceso es
el que diferencia a las urgencias subjetivas del padecimiento subjetivo.

Conclusión

El contexto mundial, de pandemia, que irrumpió en la vida de todas las personas, sin
diferenciar geografía, clase social, educación o demás categorías, que cortó con las
actividades cotidianas, espacios frecuentados, relaciones interpersonales (laborales,
educativas, etc.), nos lleva a pensar en algunas posibles consecuencias subjetivas. Es
por ello que nos convoca como practicantes del psicoanálisis a especificar algunas
categorías que en ocasiones se utilizan como sinónimo pero que sin embargo se
corresponden a campos distintos.

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Parte del equipo de investigación continuamos nuestro trabajo en esta línea y es con
este recorrido teórico que arribamos a dos conclusiones: la primera corresponde a la
diferenciación entre emergencia y urgencias subjetivas, dado que corresponden a
discursos diferentes. El primero se corresponde con el discurso técnico de la OMS y
organismos internacionales cuya labor técnica precisa un lenguaje universal. En
cambio, en la misma línea que diferentes autores (Belaga, 2006; Sotelo, 2009; Sotelo,
2015; Ochoa De La Maza et al, 2018) consideramos la clínica de las urgencias
subjetivas en plural, entendiendo que hay tantas urgencias como sujetos. Es una
clínica donde puede alojarse el psicoanálisis aplicado con su particularidad de
extraterritorialidad y eficacia, cuya presencia hace una diferencia para aquellas
personas en crisis que pueden encontrar en un analista un destino ante la prisa.
Y en segundo lugar, ya dentro del mismo marco teórico, el psicoanálisis, se precisan a
las urgencias subjetivas como diferentes al padecimiento subjetivo, dado que las
primeras son un movimiento de subjetivación que convocan al sujeto a un cambio de
posición subjetiva. Estas irrumpen sorpresivamente en la vida de la persona, dejando
al sujeto sin posibilidad de representarse dado que la cadena de significantes se
rompe, pero con una percepción de que tal movimiento le concierne en lo más
íntimo, aunque aún no pueda subjetivarlo. Realizar esa articulación que lo llevará a
una nueva posición subjetiva, será trabajo tanto del sujeto como del analista que lo
acompañe, ofertando por un lado un lugar, y por otro, una pausa, que permita que el
sujeto pueda localizarse en eso que le acontece e implicarse para luego realizar un
trabajo analizante, ya con un padecimiento subjetivo del que pueda dar cuenta.

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VOL. 3 | DICIEMBRE 2021 | PP. 60 - 67
ISSN: 2313-93920

TEMÁTICA LIBRE

Juan Manuel Ferraro*


Masoquismo: entre
aperturas, cernimientos e
interrogantes

Resumen

Brindamos una aproximación a la temática del masoquismo a partir de ordenarlo en


cuatro distintos movimientos: primero, la introducción por parte de Krafft Ebing de
la noción de masoquismo en medicina. Segundo, la apertura que hace Freud de éste,
llevándolo a la más generalizada vida sexual de los seres humanos. Dicha apertura
no cesa de efectuarse, y empuja a Reik a denominarlo como una actitud general ante
la vida. Es recién con la distinción lacaniana entre el otro y el Otro que Lacan puede
hacer una lectura más ajustada del fenómeno masoquista en lo que calificamos como
un cernimiento. El cuarto movimiento es el que nos deja el interrogante: ¿qué nos
hace pensar el masoquismo en la actualidad?

Palabras claves: masoquismo|medicina|perversión|psicoanálisis|psiquiatría

Abstract

We provide an approach to the topic of masochism by sorting it out into four


different movements: first, Krafft Ebing’s introduction of the concept into the
medical field. Second, Freud’s expansion to a wider participation in human’s sexual
life. Such expansion goes on, and leads Reik into considering it as a “general attitude
towards life”. Only with Lacan’s distinction between the other and the Other, a more

*Universidad Nacional de Rosario|jmsdferraro@[Link]

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accurate reading of the masochistic phenomenon can be possible in what we qualify


as a sifting. Lastly, the fourth movement is what leaves us with the interrogation:
what does masochism make us think nowadays?

Keywords: medicine|masochism|psychoanalysis|psychiatry

Introducción

En virtud del ameritado recorte de toda escritura –y todo enfoque–, nos proponemos
escribir este artículo a partir de la siguiente interrogación: ¿Cómo funciona en la
conceptualización de masoquismo la conceptualización freudiana y la lacaniana?
Para anticipar los mojones de nuestro recorrido, diremos lo siguiente: la
conceptualización freudiana funciona en una apertura; la conceptualización
lacaniana, en un cernimiento –que no es clausura–; y las consecuencias de allí
extraídas, funcionan en una interrogación vigente, la cual pretendemos dejar como
tal, planteada y abierta.

De Krafft Ebing a Freud: La función de apertura

Partiríamos de un mal paso si redujeramos el tema desde Krafft Ebing, sin considerar
que el interés médico por la vida sexual de los seres humanos ya estaba desde el
tratamiento moral, y la dama de 30 años que Esquirol no duda en nombrar como
ninfómana (Esquirol, 2012 [1805], pp. 322). Pero sí es cierto que la primera
sistematización al respecto de la vida sexual en psiquiatría se halla con Krafft Ebing y
su Psychopathia sexualis (Krafft Ebing, 1907 [1886]), obra en la que se introducen en
medicina los conceptos de sadismo y masoquismo en el grupo de las parestesias (pp.
63-148).
Este texto viene a funcionar como opus sine qua non para la conceptualización
freudiana, ya que, en el primero de sus Tres ensayos (1905), Freud parte justamente
de las aberraciones sexuales, para ir de a poco desmoronando la idea que se tratare
de una aberración, e introducirla al campo de la sexualidad normal. “Ya en el acto

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sexual más normal se anuncian los esbozos de (…) perversiones” (Freud, 2021 [1905],
pp. 136), tras lo cual nombra en esa vía a metas sexuales preliminares al coito como
los jalones, palpar al denominado objeto sexual, y mirarlo, actos que en sí mismos
conllevan un placer.
Este acto de apertura que hace Freud, es traslúcido en la siguiente cita:
AAAAALos médicos que primero estudiaron las perversiones en casos bien acusados
AAAAAy bajo circunstancias particulares se inclinaron, desde luego, a atribuirles el
AAAAAcarácter de un signo patológico o degenerativo (…). La experiencia cotidiana
AAAAAha mostrado que la mayoría de estas transgresiones, siquiera las menos
AAAAAenojosas de ellas, son un ingrediente de la vida sexual que raramente falta en
AAAAAlas personas sanas (…). En ninguna persona sana faltará algún complemento
AAAAAde la meta sexual normal que podría llamarse perverso (Freud, 2012 [1905],
AAAAApp. 146)
De esta manera, la conceptualización freudiana hace funcionar un acto de apertura
que abre al campo de las perversiones, desde el circunscripto campo de lo médico–
legal como aberraciones, al más amplio campo de la más cotidiana vida sexual de los
seres humanos. Y no sólo esto, sino que cierto orden de estas aberraciones sexuales,
harán las veces de una disposición perversa polimorfa, la cual es imposible no
reconocer como común a todos los seres humanos, “en la uniforme disposición a
todas las perversiones” (Freud, 2012 [1905], pp. 174) de la infancia.
De todas maneras, es oportuno señalar que lo que se nos ofrece es una suerte de
espectro, que va desde la sexualidad más comúnmente aceptada –o admitida–, hasta
la “compulsión criminal” (Freud, 2012 [1905] , pp. 279) que precisa que su objeto se
convierta en cadáver.
De este acto de apertura, de este acto de expansión del campo de las perversiones,
Freud se ve particularmente tentado a abordar variantes de las perversiones, en el
fetichismo (Freud, 2012 [1905]) y especialmente el masoquismo (Freud, 2012 [1905] ).
Del masoquismo que nos atañe, éste ya había servido como excusa para hablar de las
pulsiones y sus destinos (Freud, 2012 [1915] ), donde conserva la idea del par de
opuestos sadismo–masoquismo, como contrarios reversibles, en un simple enroque
de sujeto/objeto, y actividad/pasividad. Pero la noción de masoquismo, en su

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diversidad, mereció una sistematización que llegará con El problema económico del
masoquismo (1924), del cual se enuncian sus tres figuras como erógeno, femenino y
moral, siendo este último una “conducta en la vida” (pp. 167).
Así el masoquismo no solo es parte de la actividad sexual y una disposición común a
todos los seres humanos, sino también parte del día a día cotidiano y las
interrelaciones entre los hombres. Es en todo esto que vemos una función de
apertura freudiana.

El cernimiento lacaniano

En la vía inaugurada por Freud; Reik tomará la posta del masoquismo como “actitud
general ante la vida” (Reik, 1971), estando en la base propiciante de logrados actos
fallidos con tintes de necesidad de castigo en Irene quebrándose la pierna, y el
beneficio secundario del síntoma de la niña que distinguía sufrimientos interesantes
cuando éstos “estaban liados al hecho por ejemplo de recibir visitas (…) después de
una operación”.
Pero además de la riqueza clínica de estos ejemplos, Reik nos aporta un nuevo
intento de sistematización del masoquismo a través de cuatro elementos que
distingue como esenciales: la fantasía, el factor suspensivo, el rasgo demostrativo y el
factor provocador.
De todas maneras, por más intento sistematizador de Freud o de Reik, el masoquismo
continúa expandiéndose como fenómeno, y hallando un refugio eventual en formas
insólitas de la vida cotidiana y fenómenos de la clínica misma.
Es Lacan quien, recién tras poder valerse de operadores como distinguir al pequeño
otro de un gran Otro, y otorgarnos como una hostia el objeto a, puede cernir al
masoquismo desde una perspectiva de estructura, movimiento el cual, además,
produce una ruptura con la concepción freudiana del masoquismo en opuesto
contrario y reversible al sadismo.
Lo hace en su Seminario 10 (2015 [1962-1963]) donde se propone desandar los
caminos trillados que ubican al sadismo–masoquismo en una relación de
reversibilidad (pp. 117). Seminario del cual los siguientes pasajes, paradójicamente,
no tienen desperdicio y hacen de punto de llegada de clases anteriores.
Dicen – el masoquista apunta al goce del Otro (…) esta idea esconde que de hecho, en
último término, se dirige a la angustia del Otro. Esto es lo que permitirá desbaratar la

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maniobra. Del lado del sádico, observación análoga. Lo patente es que el sádico busca
la angustia del Otro. Lo que aquí se enmascara de este modo es el goce del Otro
(Lacan,2015 [1962-1963], pp. 192).
Acto inmediato posterior, resume lo hasta allí hallado para que no perdamos el punto
de vista: “Nos encontramos pues, entre sadismo y masoquismo, en presencia de lo
que se presenta como una alternancia. Lo que en cada uno de ellos está en el segundo
nivel, velado, oculto, aparece en el otro como meta” (pp. 192). Y luego nos deja
entrever el paso siguiente de su elucidación, que termina por desenmascarar la
alternancia, para mostrarla tan sólo como aparente: “Hay ocultación de la angustia
en el primer caso, del objeto a en el otro” (pp. 192). Una vez declarado esto, pasa a
romper la lectura freudiana en lo siguiente: “No por ello se trata de un proceso
inverso, de una inversión. El sadismo no es el reverso del masoquismo. No es una
pareja reversible. La estructura es más compleja” (pp. 192).
Lo extraído desanda el trillado camino de la reversibilidad entre sadismo y
masoquismo, mostrándonos que lo que se presenta in prima facie como fenómeno, y
dio razón de ser a tantas lecturas descriptivas que antecedieron a la lectura
lacaniana, no es sino apariencia engañosa. Y a tal punto engañosa que el masoquista
y el sádico mismo se engañan: el uno supuestamente apuntando al goce del Otro, y el
otro a su angustia, respectivamente. Pero no queremos dejar pasar la nota con la que
Lacan describe la relación del masoquista con este fantasma de ofrecerse al goce del
Otro: “es que cree, por supuesto, que lo que busca es el goce del Otro, y precisamente
porque lo cree no es esto lo que busca” (pp. 166).

La nota con la que describe la relación del masoquista con ese fantasma es la de la
creencia. Nota que lo ubica en el mismo sitio de engañado que cualquier otro sujeto –
por no decir sencillamente: neurótico–, y también lo coloca en el plano de la locura
del Rey que se cree Rey, justamente por creerse, a diferencia de Napoleón que no se
creía Napoleón (Lacan, 2015, pp. 170).

Conclusiones e interrogantes

Llegamos al punto en que la perspectiva freudiana de reversibilidad entre sadismo y


masoquismo, expresada en el guión que hace las veces de trait d’union entre lo uno y
lo otro, es más bien de desunión con la perspectiva lacaniana. Da esto razón a que en

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su Seminario 11 (Lacan, 2015) llame sencillamente al sado–masoquismo como un


“acoplamiento de dos términos” (p. 185), relación puramente gramatical, como así
también su fundamento de un supuesto enroque entre pasividad y actividad, cosa
que comienza a caer cuando la más somera apreciación nos enseña que “aun en su
supuesta fase pasiva, el ejercicio de una pulsión, masoquista, por ejemplo, exige que
el masoquista, si me permiten decirlo así, sude la gota gorda” (p. 208). De esta
manera, desnuda la actividad en la aparente pasividad, y la activa búsqueda de la
angustia del Otro, en la engañosa pasividad de ofrecerse a su goce.
Más allá de estas consideraciones, creemos hallar aún un hilo conductor entre la
apertura freudiana –de la disposición perversa polimorfa– y la perspectiva
estructural lacaniana –al reconocer fantasmas masoquistas aún sin ser el fantaseador
un verdadero masoquista (Lacan, 2015) No obstante, el quiebre de la lectura
lacaniana se da por el cernimiento del masoquismo en su estructura, y la caída del
engañoso fantasma de reciprocidad, que derrumba haciendo caduca por efecto
dominó a la fenomenología que lo describe en términos de actividad y pasividad.
Esto abre las puertas a un par de cuestiones: el hecho de que en la conservación de
dicha apertura freudiana se pueda conservar un espectro de fenómenos masoquistas
que van desde la existencia de fantasmas perversos en neuróticos –lugar en el que
hallan refugio– hasta la más cruda demostración del masoquismo en el cuerpo del
Señor M (M’Uzan, 1978). El hecho de que en éste citado caso se pueda leer como “De
pronto, M. dejaba de ser solamente el objeto pasivo de las sevicias ejercidas por un
tercero, ya no era solamente aquel que se dejaba hacer; pasaba a la acción, si bien
discretamente y sin parecerlo” (pp. 154), cuestión de lectura forcluida si se maneja
uno en el sentido de que lo que se juega en el masoquismo es una pasividad.
Pero ese mismo marco espectral, nos sitúa en las problemáticas de la cura misma,
considerando que “La vida no quiere curarse. La reacción terapéutica negativa le es
sustancial” (Lacan, 2012, pp. 348), y que así como nuestra lectura del masoquismo no
puede guiarse en la brújula de la actividad–pasividad, reconocer también que, en el
marco de la atención hospitalaria que en ocasiones nos suele enfrentar con casos de
pacientes que llegan tras haber padecido alguna violencia por parte de su partenaire
–tan sólo por demarcar algunos casos, sin caer en la extranjera y totalizante
adjetivación de mujeres ni violencia de género–, la posición del analista no puede
estar balizada por los mojones de víctima y victimario (Geiser, 2008), porque son
subsecuentes del fantasma de actividad–pasividad, y son un a priori que en la clínica

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del sujeto y del caso por caso no tienen asidero. De tal modo, nuestra posición ha de
ser diversa, ¿pero cuál?
Creemos que huelga decir que con esto no pretendemos negar aquellas situaciones
de violencia, pero sí marcar que, en tanto guiados por la orientación psicoanalítica,
no podemos dejarnos llevar por un discurso ajeno –como es en este caso un discurso
mediático–jurídico–policial–, ni desconocer los refugios por donde en el sujeto se
esconde el masoquismo. Esta cuestión en su núcleo gozante nos debe llevar a abrir la
pregunta: ¿qué es lo que acontece en el sostenimiento de ciertos lazos en los que se
puede llegar a presentir este masoquismo operando? Y más aún: ¿por dónde se
refugia el masoquismo estructural que es parte de toda constitución subjetiva?
Interrogarnos nosotros, a la vez que pasamos a adoptar una posición de silente
abstención y escucha, permitirá así que abramos el interrogante del lado del parlêtre
respecto de aquello que padece, si tomamos como guía de nuestra práctica la
pregunta por el lugar del sujeto en su escena fantasmática. Quizás así podamos abrir
el espacio para que el masoquismo nos siga haciendo pensar en la actualidad de
nuestra práctica y los escollos que ella conlleva.

Referencias
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Freud, Sigmund ([2012] 1917). Conferencia 20, en Obras Completas, Vol. XVI. Buenos Aires:
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Freud, Sigmund ([2012] 1924). El problema económico del masoquismo, en Obras Completas,
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AAAAAAmorrortu.
Geiser, Irene (2012). Psicoanálisis sin diván. Buenos Aires: Paidós.
Krafft Ebing, Richard ([1886] 1907). Psychopathia sexualis. Stuttgart: Ferdinand Enke.
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Lacan, J. ([2012]1955), “El deseo, la vida y la muerte”, Seminario 2: El Yo en la teoría de Freud


AAAAAy en la Técnica Psicoanalítica. Paidós, Barcelona,
Lacan, Jacques ([2015] 1962-1963). Seminario 10: La angustia. Buenos Aires: Paidós.
Lacan, Jacques ([2015] 1964). Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del
AAAAApsicoanálisis. Buenos Aires: Paidos.
M’Uzan, Michel (1978). Del arte a la muerte. Barcelona: Icaria.
Reik, Theodor (1971). Le masochisme. Paris: Payot.

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Revista académica anual, gratuita y digital
de la Cátedra de Psicopatología I
de la Universidad Nacional de Córdoba

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