Programa Lectorado Historia Lengua Española 2024
Programa Lectorado Historia Lengua Española 2024
Antes de presentarse al examen de la profesora titular será necesario aprobar el examen del lectorado.
La prueba final constará de dos exámenes, uno escrito y uno oral. Ambas pruebas versarán sobre los
temas tratados y estudiados durante el lectorado, exigiéndose así mismo un nivel C2 del Marco de
Referencia Europeo para las Lengua
En parejas se presentará un trabajo de grupo que se expondrá en clase y que versará sobre un tema
de los propuestos en el programa del curso
El alumno aportará materiales de ampliación relacionados con estas temáticas para las clases y para
el examen oral.
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a) Cataluña
Juan Claudio de Ramón, Por una ley de lenguas (de una maldita vez)
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Mercè Pujol Berché - Política lingüística: lengua, cultura e identidad, el ejemplo de Cataluña
b) Política lingüística del País Vasco
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d) Cataluña
Juan Claudio de Ramón, Por una ley de lenguas (de una maldita vez)
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Mercè Pujol Berché - Política lingüística: lengua, cultura e identidad, el ejemplo de Cataluña
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TEXTOS
Las políticas lingüísticas son actuaciones que se llevan a cabo por iniciativa de las instituciones en
relación al uso de las lenguas en determinados ámbitos. Cuanto más importantes sean y mayor poder
tengan esas instituciones, mayor será el ámbito de actuación y, por tanto, las políticas lingüísticas
realizadas tendrán mayor fuerza y difusión. En España, una política lingüística de alcance nacional la
encontramos en la Constitución de 1978 al declarar al castellano lengua oficial del Estado. Serán
oficiales también las lenguas que se hablan en diferentes comunidades autónomas como Cataluña,
Galicia y País Vasco1. No obstante, es necesario aclarar que las políticas lingüísticas pueden tener un
alcance menor o mayor que un estado o nación. Hay políticas lingüísticas (decisiones sobre usos
lingüísticos) que atañan sólo a un grupo, por ejemplo, las decisiones que tomaron en los últimos años
colectivos de mujeres que, como parte de la lucha contra la discriminación de género, intentan
modificar conductas discursivas2. De esta manera empezó a considerarse políticamente correcto
decir queridos amigos y queridas amigas en lugar de queridos amigos, o usar la arroba como
elemento neutral que permite no marcar el género en algunos textos. Es evidente que este tipo de
decisiones de actuación lingüística no tienen la fuerza de una ley por lo que su cumplimiento
dependerá del poder simbólico de un grupo o colectivo en contextos determinados y del uso que se
vaya implantando. Por otra parte, la muestra más actual de política lingüística de alcance supracional
es el Marco Común Europeo de Referencia p para el Aprendizaje, la Enseñanza y la POLÍTICAS
LINGÜÍSTICAS Claudia Fernández Silva 1 El artículo 3 de la Constitución Española de 1978 dice
textualmente: “1. El castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de
conocerla y el derecho a usarla. 2. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las
respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo a sus Estatutos. 3. La riqueza de las distintas
modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y
protección.” 2 Fue en 1975, en México, en la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, cuando
empezó a combatirse el sexismo en el lenguaje. 2 Evaluación de las Lenguas (en adelante MERC)
elaborado por el Consejo de Europa y que se ha convertido, en muy poco tiempo, en una obra de
referencia ineludible para toda actuación relacionada con las lenguas segundas y extranjeras en la
Unión Europea desde 2001. Este documento recoge la tradición de las políticas lingüísticas europeas,
a saber, la defensa del plurilingüismo, el fomento del aprendizaje autónomo, la formación continua
o a lo largo de toda la vida, y el desarrollo de la conciencia y de las destrezas interculturales. Para ello,
se han diseñado diferentes instrumentos destinados a garantizar la transparencia y la coherencia en
el aprendizaje, la ense- ñanza y la evaluación de lenguas, como el Portafolio Europeo de las Lenguas,
el Manual para relacionar exámenes con el MCER, la Guía de las Políticas lingüísticas y los Niveles de
Referencia. Finalmente, distinguiremos las políticas lingüísticas de la planificación lingüística3,
conceptos que suelen ir juntos. Mientras que, para decidir una política lingüística se necesita un buen
estudio y diagnóstico de la situación en la que se quiere intervenir, la planificación lingüística precisa
de un plan de acción mucho más complejo y detallado que permita llevar a cabo dicha política
lingüística. La dificultad consiste en saber exactamente cómo llevar a la práctica una política
lingüística, con qué medios se cuenta o cuáles son los caminos más eficaces para realizarla con éxito.
“La acción concertada sobre la lengua y las lenguas puede reducirse al siguiente esquema: sea S1 la
situación sociolingüística inicial, que luego de analizarse se considera no satisfactoria. Sea S2 la
situación que se querría alcanzar. La definición de las diferencias entre S1 y S2 constituye el campo
de intervención de la política lingüística, y el problema de saber cómo pasar de S1 a S2 es el dominio
de la planificación lingüística” (Calvet, 1997: 39). 3 El concepto de planificación lingüística surge a
propósito de los problemas lingüísticos de Noruega. El objetivo primordial de Einar Haugen, en 1959,
era presentar una intervención estandarizadora por parte del Estado noruego para construir una
identidad nacional después de siglos de dominación danesa. Así entendida, la planificación lingüística
será considerada sociolingüística aplicada
Juan Carlos de Ramón “Por una ley de lenguas (de una maldita vez) De Ramón, Juan Claudio : Por una ley de
lenguas (De una maldita vez) : El Pais
Lo más absurdo de los problemas de España es que tienen solución. Algunas están tan al alcance de
la mano, que uno se siente tentado de pensar que es la mala fe de los políticos, y no su
incompetencia, la que impide el acuerdo. Ocurre singularmente con la querella de las lenguas, que
tanto desfonda nuestra convivencia.
España no es, en su diversidad lingüística, muy distinta del resto de países. Albergar más de una
lengua es la regla en los Estados, no la excepción, y en casi todos se registran tensiones de variado
voltaje. Basta viajar un poco para hallar conflictos que traen un inconfundible aire de familia. Sucede
que los países, al hacerse mayores —al adoptar la ley democrática— se procuran soluciones
razonables que cifran en la ley. En España, en cambio, preferimos seguir semienterrados en nuestro
secular duelo a garrotazos. Culpa y vergüenza nuestra. Necesitamos como el respirar una ley de
lenguas oficiales. El precio que estamos pagando por no tenerla, en forma de envenenamiento,
bronca y derroche malsano de energía, es inasumible. ¿Qué espíritu debería guiar esa ley?
Convendría, para empezar, que el Estado se tomara en serio la pluralidad de lenguas en España. En
esta tarea nos hemos quedado a medias. La Constitución de 1978 permitió a hablantes de catalán,
vasco y gallego salir del reducto familiar en el que el franquismo los había confinado. Nuevas
generaciones pudieron educarse en su lengua, se cambiaron las leyes del registro, se rescataron
toponimias tradicionales, se ha distinguido a escritores en catalán, gallego o euskera con premios
nacionales. Es injusto pensar que nada se ha hecho, y erróneo que está todo hecho.
Convendría, para empezar, que el Estado se tomara en serio la pluralidad de lenguas en España
Catalán, vasco y gallego deberían ser lenguas oficiales del Estado, con el castellano. A algunos les dará
la risa y otros se llevarán las manos a la cabeza. ¿No existe ya una koiné, una eficaz lengua común?
¿No conllevaría una factura monstruosa multiplicar todo por cuatro? Pero la cooficialidad de las
cuatro lenguas no significa que todos los funcionarios deban aprender las cuatro ni que todo acto
administrativo deba cuadruplicarse. Se trata más bien de una obligación de visualizar el hecho de que
todas ellas son lenguas españolas, de igual rango y dignidad, y de facilitar su uso, en el nivel estatal,
de manera razonable y progresiva. No parece alocado poder declarar en tribunales con jurisdicción
en todo el Estado, solicitar la renovación del DNI o consultar las páginas web ministeriales en el
idioma oficial de la preferencia de cada uno.
En principio estas disposiciones ya existen, pero no se vela por su cumplimiento. No haría daño que
el aeropuerto de Barajas saludase a los viajeros también en catalán, o que el catálogo del Museo del
Prado estuviese disponible en euskera. Ni pasaría nada si dejásemos de emplear la letra ñ en todos
los logotipos oficiales. Una ley de lenguas oficiales debería mandatar a los poderes públicos para que
estimulasen el aprendizaje de las otras lenguas españolas, de manera que en el currículo de un
colegio andaluz se estudie la última poesía en gallego, nociones de catalán, o la fascinante filogenia
del euskera. A los que objetaran el coste de estas medidas —que no sería, sospecho, tan
descabellado— cabría responder que es el precio de una mejor España. ¿Qué debería suceder en el
Congreso? En mi opinión, en el Congreso, por ser el foro común por antonomasia, debería hablarse
en la lengua común, para resaltar precisamente su valor de acervo compartido. En el Congreso el
castellano merece más que en ningún otro lugar ser llamado español. Pero incluso en ese caso el
hablar español debería ser fruto de la costumbre entre diputados, y no una obligación reglamentaria.
La co-oficialidad no implica que todos los funcionarios deban aprender las cuatro lenguas
Ahora bien, poco avanzaremos en el logro de la paz lingüística si las comunidades con más de una
lengua no desisten de posiciones dogmáticas y maximalistas. Tomemos el caso de Cataluña, por ser
en ella más reñida la cuestión. Nadie niega el derecho de los nacionalistas catalanes a defender su
modelo de enseñanza monolingüe, pero les pediríamos que no invocaran para ello falsos pretextos.
A menudo escuchamos decir a los portavoces del catalanismo que en Cataluña no hay un problema
de lenguas, que son todo insidias de la prensa de Madrid. Pero son familias catalanas, y no tertulianos
madrileños, las que batallan en los tribunales, y son intelectuales y académicos catalanes los más
conspicuos críticos del sistema. Por si fuera poco, tenemos conocido que mozos de escuadra y otros
colectivos han encontrado un singular medio de protestar: usar únicamente el castellano,
capitalizando el estigma que pesa sobre él. ¡Curiosa manera de no tener un problema!
La Generalitat nunca ha realizado una encuesta en la sociedad catalana para saber lo que prefieren
los padres
Está al alcance de cualquier inteligencia que una enseñanza bilingüe no implica la temida segregación
por razón de lengua; no se separa a los alumnos, se separan las materias, unas pocas en una lengua,
otras tantas en otra. Es una razonable vía intermedia que los nacionalistas catalanes se encargan
convenientemente de olvidar, aunque luego algunos no se recaten, si pueden, en enviar a sus hijos a
escuelas extranjeras basadas en esa filosofía. Sobre el supuesto aval internacional al modelo catalán,
como ha explicado la profesora Mercè Vilarrubias en este diario, se trata de un sistema que no existe
en ningún otro país o provincia del mundo con más de una lengua oficial (ni siquiera en Quebec,
donde los anglófonos disponen de escuelas en inglés). Ese derecho a la enseñanza bilingüe (sin que
ello implique la doble vía) también habría de ser recogido por una ley como la que propongo.
Mercè Pujol Berché - Política lingüística: lengua, cultura e identidad, el ejemplo de Cataluña
El llamado nacionalismo catalán se ha ido construyendo con casi los mismos parámetros que los
nacionales de estado –territorio, lengua e identidad–, siendo una de las características más
definitorias, la lengua, la llamada por Pompeu Fabra lengua ancestral elevada a lengua nacional. En
efecto, desde diferentes sectores del nacionalismo catalán, se considera a la lengua como uno de los
elementos constitutivos de la nación catalana. El estado de las Autonomías quería, entre otras cosas,
establecer una estructura administrativo-política capaz de sobrepasar los grandes desequilibrios
entre las regiones observados y forjados en los siglos XVIII y XIX y las heridas colectivas del siglo XX.
A pesar de todo ello, la «violencia simbólica» quedaba ahí y las tensiones estructurales siguen sin
resolverse. Según el partido o los partidos en el poder, la visión de España y la construcción que de
una nación quieren hacer, varía entre la unidad política centralizada, centralista y homogénea del
Estado-nación y los movimientos independentistas de ruptura. Se discuten nuevamente el estado-
nación unitario, homogéneo y monolingüe, las posiciones separatistas para algunos, la federación,
como nivel intermediario, para otros. Todos sabemos que Cataluña reivindica, como así consta en el
Estatuto de autonomía, su estatus de nación y la lengua catalana es y ha sido objeto sociocultural,
lingüístico y arma política de unos y otros.
2Para demostrar cómo la lengua catalana es indisociable de un proyecto nacional catalán, deberemos
mencionar brevemente algunos hechos históricos –siglos XIX, XX y XXI– que nos permitirán anclar y
contextualizar mejor la relación entre lengua, identidad y cultura en el Principado, ya que sin recordar
la historia es imposible entender cómo se elabora una política lingüística: por qué, con qué finalidad,
cómo. Estas pinceladas históricas nos recordarán que hubo periodos de prohibición de la lengua
catalana con periodos –relativamente cortos– de uso libre de la misma y por lo tanto de democracia.
Aunque a pesar de la prohibición, la gente ha seguido utilizando la lengua y que los diferentes
partidos políticos en el Gobierno catalán nunca han querido dos comunidades lingüísticas –castellana
y catalana– separadas, sino una sola, bilingüe (salvo excepciones de partidos extremistas tanto de
derechas como de izquierdas). Veremos también como ha existido y sigue existiendo una oscilación
entre lo catalán y lo español, un «tira y afloja» entre los gobiernos centrales y los regionales o
autonómicos a propósito de la lengua y, como no, de la nación y el Estado.
5Expondremos, para empezar, unos cuantos datos que jalonan la relación entre la cultura, la lengua
catalana y la identidad desde un punto de vista político. La lengua catalana es considerada como
elemento definitorio de la identidad de Cataluña, elemento por lo tanto del particularismo cultural y
lingüístico con relación a España. El debate actual en Cataluña alrededor de la realización de una
consulta popular por la independencia y la creación de un estado independiente de España no es
nuevo, es el producto de la historia que se inicia en el siglo XVIII con la sucesión a la corona española
(1700-1714). A pesar de la prohibición de la lengua catalana durante el siglo XVIII (decreto de Nova
Plantade Felipe V) se observa una fidelidad lingüística bien enraizada; en otras palabras, la gente
utiliza cotidianamente esta lengua. A partir de mediados del siglo XIX surge una conciencia todavía
más clara sobre el uso de la lengua en los ámbitos públicos y el debate sobre la lengua, la identidad
y la nación emerge con fuerza. Destacaremos obviamente, la celebración de «Els Jocs florals» (Juegos
florales) con el resurgimiento de la literatura, la reanimación de la catalanidad, al mismo tiempo que
se reivindicaba la españolidad de Cataluña, como así lo demuestran las palabras pronunciadas por el
secretario de estos últimos, Antoni de Bofarull, en 1858, quien subraya que el «pasado glorioso de
Cataluña es compatible con la españolidad del presente». Este «doble vínculo», esta doble identidad
o, en el ámbito de la lengua, este bilingüismo diglósicos se observa también en la famosa «Oda a
España» escrita en 1898 por Joan Maragall que empieza de forma explícita con una declaración a la
vez de la España plural y de la españolización de Cataluña. Así durante todo el siglo XIX el imaginario
catalán se fue nutriendo de componentes míticos y mistificados, a la vez históricos y literarios,
imaginario en el cual el mito catalán y el mito español van oscilando a partir de la ley Moyano. Dicho
de otra forma, las tradiciones, las artes y obviamente la lengua van promoviéndose de forma
ideológica para ir creando una comunidad imaginada.
6Con la industrialización, Cataluña se transforma demográficamente puesto que la gente del campo
se dirige hacia las ciudades y van llegando españoles procedentes de otras regiones, sobre todo de
Murcia, que lingüísticamente se van integrando en la sociedad catalana. En el ámbito político, la Lliga
Regionalista creada entre 1898 y 1901, como consecuencia del desastre de 1898 y la incapacidad del
Gobierno español de llevar a cabo un proyecto político, estará en el poder hasta la dictadura de Primo
de Rivera (1923) y mostrará un catalanismo conservador (burgués), muy regionalista aunque con
algunos valores progresistas. Uno de sus principales líderes fue Prat de la Riba quien animará los
debates sobre la nación y el estado y sobre la nacionalidad y el estado, siendo la finalidad de los
mismos la de reclamar que Cataluña es una nación. Este político publicó La nacionalitat
catalana (1906), en donde hace una clara distinción entre estado y nación. El Estado es una
«organización política y creación artificial», mientras que la Nación es una «entidad natural con una
historia y una cultura en común, con una lengua propia que tiene gran importancia para la creación
y la consolidación del sentimiento nacional, con un arte, un derecho». A partir de ahí estos conceptos
van adquiriendo un fuerte valor simbólico. Vemos pues que el debate en torno a «nación» (nación
catalana), con el corolario de lengua catalana e identidad no es nuevo.
7Barcelona crece de forma fulgurante entre las dos exposiciones universales (1888-1926), sigue
recibiendo emigrantes tanto en la misma ciudad (sobre todo) como en el resto del área de su
influencia (Baix Llobregat, Vic, Berguedà: colonias industriales de minas carbón, textiles, etc.) y el
tema del uso de la lengua en las escuelas es de gran vigencia. Recordemos que ya se había solicitado
a la Reina Regente (María Cristina de Habsburgo-Lorena, esposa de Alfonso XII) durante el Congreso
Pedagógico de 1888, el derecho a escolarizar en lengua catalana al menos en las escuelas de párvulos.
En 1906 se celebra elPrimer Congrès Internacional de la Llengua Catalana, organizado y presidido por
Antoni M. Alcover, en el cual la ponencia de Joan Bardina plantea claramente la polémica de que el
catalán sea la única lengua de enseñanza.
8El catalán, como sucedió en otras construcciones nacionales, pasará de ser lengua ancestral, a
lengua nacional de la mano de Pompeu Fabra que permitirá, junto con otros factores, la construcción
de una identidad colectiva catalana compartida por casi toda la población de la época. Con el Institut
d’Estudis Catalans, creado en 1907 por Prat de la Riba, se lleva a cabo, a partir de la variedad
barcelonesa a la que se le quitaron los castellanismos, la estandarización de la lengua (lo que se llama
normativización) que será elevada a lengua de Catalonia y de los Países Catalanes. Pompeu Fabra
jugará por lo tanto un papel explícito en la construcción de la nación catalana. Además, gracias a
la Mancomunitatcatalana creada también por Prat de la Riba en 1914 se llevan a cabo una serie de
acciones culturales a favor no solo de la lengua, sino de la enseñanza y de las bibliotecas. Para los
sectores populares, tanto urbanos como rurales, los valores propios de Cataluña eran la lengua, la
cultura, las tradiciones y las costumbres, mientras que los burgueses empiezan, según Riquer, a tener
una sensibilidad catalanista a través justamente de temas lingüístico-culturales. Catalanizar se opone
durante los años treinta a españolizar.
9Hace más de un siglo que el autogobierno (bajo formas obviamente distintas) existe en España
puesto que el Gobierno español aprobó, como acabamos de mencionar, en diciembre de 1914 la
Mancomunidad con descentralización administrativa y autogobierno en materia de economía. La
dictadura de Primo de Rivera (1923) paraliza todo el proceso de descentralización y de autonomía
durante ocho años, de 1924 a 1932. Gracias a la II República, Cataluña obtiene su estatuto de
autonomía el 9 de septiembre de 1932. El inicio de la España de las autonomías se sitúa por lo tanto
en ese momento. La República ofrecía una coexistencia pacífica «un tipo de estado que se autodefinía
como integral, es decir capaz de admitir el pluralismo territorial y de desplazar el debate sobre la
definición polémica de nación hacia contenidos de políticas públicas». La concepción de nación por
parte de Azaña (movimiento republicano-socialista) tiene carácter jurídico-político dejando de lado
las cuestiones emotivas, desgraciadamente presentes y numerosas en este tipo de cuestiones.
10En lo concerniente al catalán, durante la guerra civil, las clases populares siguieron contribuyendo
a catalanizar el Principado gracias al uso de la lengua escrita en periódicos y carteles
propagandísticos. Siguiendo nuevamente a Riquer, la alta burguesía abandona la cuestión de la
lengua o se va al extranjero por lo que no va a ocuparse de la problemática nacional catalana. Está
más preocupada por sus intereses de clase que por la nacionalización de Cataluña y al final de la
guerra civil renuncia a hacer política catalanista, mientras que sí lo había hecho precedentemente en
1901 ante la crisis del Estado. A pesar de la prohibición de la lengua catalana durante la dictadura
franquista, siguió existiendo una conciencia lingüística importante de los catalanes hacia el uso de la
lengua. Dos datos, entre otros muchos, corroboran y ejemplifican el mantenimiento del uso de la
lengua catalana durante la dictadura. Por una parte, el fenómeno de la Nova Cançó, a partir de
1961,con Miquel Porter Moix a la cabeza y la creación de los llamados Setze Jutges (Dieciséis Jueces)
que reivindicaban el uso de la lengua catalana a través de sus canciones que tenían raíces claramente
francesas (Brassens, Brel). Por otra parte, la creación clandestina de la Asamblea de Cataluña el 7 de
noviembre de 1971 por la coordinadora de fuerzas políticas de Cataluña con orientaciones políticas
nacionalistas de derechas, de izquierdas, sindicatos y agrupaciones culturales. Tras la dictadura de
Franco y la vuelta a la democracia con la Constitución de 1978, las 17 Comunidades Autónomas y las
2 ciudades Autónomas elaborarán sus respectivos estatutos a partir de 1979. En el caso concreto de
Cataluña, éste se refrendó el 25 de octubre de 1979 y su reforma tuvo lugar el 18 de junio de 2006 y
el fallo del Tribunal Constitucional en 2010
EL GALLEGO
2La situación actual de la lengua gallega subraya la urgencia de estudiar el papel de los diferentes agentes
sociales implicados en los procesos de mantenimiento y recuperación lingüísticos en el contexto familiar. El
trabajo que presentamos a continuación tiene como objetivo analizar la vitalidad de la lengua gallega. Con
tal objetivo, partimos de los datos de transmisión lingüística intergeneracional y estudiamos el papel que
juegan los diferentes perfiles sociolingüísticos familiares en los procesos de mantenimiento y recuperación
del idioma minoritario con la finalidad de reconducir las políticas lingüísticas vigentes en Galicia, que se
han revelado como poco efectivas2. La primera parte del trabajo, utilizando un método cuantitativo, se
centra en analizar la presencia, evolución y distribución espacial de los diferentes perfiles de transmisión
lingüística familiar. La segunda parte del estudio, empleando un método cualitativo, recoge las diferentes
estrategias lingüísticas utilizadas por cada tipología familiar.
3Para ello, este trabajo se estructura en cuatro apartados. En el primero, se define el concepto de
transmisión lingüística intergeneracional y su importancia para la situación actual del idioma gallego. En la
segunda parte de la introducción se explican las estrategias familiares de la transmisión del gallego desde
la perspectiva de la política lingüística. En el segundo apartado se expone la metodología utilizada en esta
investigación. El tercero está centrado en la exposición de los resultados, concretados en los siguientes
puntos: familias donde se mantiene la lengua familiar (3.1), familias caracterizadas por un proceso de
sustitución de la lengua gallega por el castellano (3.2) y, por último, familias donde se produce un proceso
de recuperación de la lengua minoritaria (3.3). Por último, finalizamos este trabajo con una recapitulación
sobre la importancia de la transmisión lingüística familiar y su transcendencia para la lengua gallega.
5La figura 1 presenta un panorama general de la situación sociolingüística gallega teniendo en cuenta uno
de los factores de mayor transcendencia en la sociolingüística gallega, el factor geográfico. La población
gallega se agrupa mayoritariamente sobre el conocido como “eje atlántico”, especialmente en las áreas
urbanas de A Coruña y Vigo, donde se concentra el tejido socioeconómico de Galicia; y es precisamente en
este eje donde el número de castellanohablantes supera el de gallegohablantes, con la excepción de la
comarca de Santiago de Compostela. La situación en las provincias interiores y costeras de Galicia es la
inversa: el número de hablantes habituales de gallego supera el de hablantes de castellano, a excepción
de la comarca de Ourense; sin embargo, el número de habitantes de estas es mucho menor que el de las
comarcas que conforman el eje atlántico.
5 Xaime SUBIELA, «O idioma galego, alarmas e esperanzas», Tempos Novos. Anuario 2010 (2010), p. 247-2 (...)
6La sustitución progresiva del gallego por el castellano durante la segunda mitad del siglo pasado se
relacionó con factores como la masiva emigración de la población rural gallegohablante, los procesos de
urbanización e industrialización, el acceso a la educación y la extensión de los medios de comunicación
audiovisuales, entre otros5. Muchas familias procedentes del medio rural, plegándose a las exigencias para
la integración y el ascenso social en el medio urbano, fueron incorporando el castellano a su repertorio
comunicativo, tanto en los ámbitos formales como en los informales, incluida la transmisión familiar. Por
el contrario, segmentos castellanizados de la pequeña burguesía urbana cultivada mantuvieron o
recuperaron el uso del gallego como una forma de reivindicación de su identidad étnica y política.
7Los procesos de reproducción lingüística en el contexto familiar tuvieron una importancia decisiva para
que la lengua gallega llegase al siglo XXI con la elevada vitalidad demográfica que, de momento, conserva.
Sin embargo, los procesos de desgalleguización tuvieron y tienen una importancia notable, que supera en
número a los de regalleguización que, aunque menos frecuentes, poseen gran relevancia cualitativa y
marcado carácter ideológico6. Es así que la situación sociolingüística gallega actual se caracteriza por la
presencia de dinámicas familiares interconectadas entre las que destaca la convivencia de procesos de
mantenimiento de la transmisión intergeneracional en el contexto familiar (i.e. gallego, castellano) junto a
procesos de ruptura de esta transmisión (i.e. desgalleguización, regalleguización).
11Louis-Jean Calvet describe la familia como un «campo de batalla»10; con esta metáfora da cuenta del
conflicto que puede implicar la planificación y gestión lingüística en hogares bilingües, donde la elección de
lengua está en proceso de continua negociación11. Aunque la investigación sobre familias bilingües ya es
un campo bien establecido, la PLF comenzó como un campo de estudio independiente en la última década,
tomando en cuenta las decisiones explícitas y/o implícitas que los miembros adultos de la familia toman
sobre el aprendizaje y el uso de la(s) lengua(s) por parte de los niños en el ámbito doméstico 12.
12La PL, bien proceda del gobierno o bien se dé dentro de la familia, contiene tres elementos básicos:
ideologías lingüísticas (basadas en las creencias de la comunidad), gestión lingüística (planificación en
todos los niveles) y prácticas de la lengua13. Las prácticas lingüísticas están relacionadas con la ecología
del lenguaje14; es decir, se refieren a los comportamientos lingüísticos sistemáticos y esperados que
constituyen el uso del idioma en diferentes contextos y para fines específicos. A su vez, las ideologías
lingüísticas se manifiestan en las prácticas lingüísticas. Por ejemplo, en contextos familiares, los padres
transmiten su ideología lingüística a los hijos mediante las opciones lingüísticas realizadas en las
interacciones en una sociedad bilingüe. Es decir, el mero hecho de utilizar una lengua y no otra en las
interacciones con sus hijos puede reflejar las ideologías que los padres tienen respecto al valor de las
lenguas presentes en el entorno familiar y social15.
13La gestión lingüística en PLF, por su parte, se refiere a las decisiones conscientes y explícitas de los
padres y otros miembros adultos de la familia para mantener el control del comportamiento lingüístico de
los niños en un contexto dado. Las expectativas de los padres respecto al desarrollo lingüístico de los hijos
constituyen uno de los aspectos más significativos de la PLF, en la medida en que son estas expectativas
las que mejor señalan los objetivos de la PL del hogar16. Por otra parte, existen otros elementos como el
idioma de los progenitores, el conocimiento del bilingüismo social, las experiencias personales con el idioma
minoritario, el ambiente de alfabetización en el hogar, las relaciones sociales de los padres fuera de la
familia y el acceso familiar a diferentes tipos de capitales, entre otros, que también determinan la
planificación del idioma dentro del contexto familiar. Otro elemento importante de la gestión lingüística es
la intervención de los padres, quienes incorporan una serie de actividades de alfabetización formales e
informales, como leer libros juntos, apoyar las tareas escolares o buscar ayuda profesional externa a través
de las clases particulares. Sin embargo, la distinción entre gestión y práctica lingüística dentro de la familia
a veces es confusa, porque los padres pueden llegar a controlar o intervenir en el uso del idioma de sus
hijos a través de correcciones de errores.
2. Método
14El campo de estudio de la sociolingüística gallega se ha visto inmerso estos últimos años en una discusión
metodológica, pues si la metodología de encuestas fue la más frecuente durante el pasado siglo, las críticas
a su validez y fiabilidad de aplicación a la disciplina han dado paso, durante los primeros años del siglo XXI,
a una metodología de corte cualitativo centrada en grupos de discusión y, posteriormente, entrevistas en
profundidad; en esta recién iniciada segunda década del siglo XXI el método etnográfico está comenzando
a ser utilizado en la investigación sociolingüística en Galicia. Este trabajo quiere iniciar una línea de
investigación donde prime la colaboración entre investigadores que trabajen desde la óptica etnográfica y
aquellos investigadores que lo hagan desde un enfoque demolingüístico, es decir, este estudio consta de
dos partes en las que se utilizan dos metodologías diferenciadas: a) Parte I, metodología cuantitativa; b)
Parte II, metodología de corte cualitativo.
16Para construir los perfiles familiares que son objeto de estudio en este trabajo se tuvieron en cuenta los
siguientes criterios: a) el mantenimiento de la lengua familiar (i.e. sí, no), b) el idioma (i.e. gallego,
castellano) y la generación (i.e. abuelos/as, progenitores/as e hijos/as del entrevistado). Teniendo en
cuenta esta serie de variables que giran alrededor de la transmisión lingüística intergeneracional obtenemos
dos perfiles de familias: aquellas que reproducen la lengua familiar durante varias generaciones (i.e.
mantenedoras/reproductoras) y aquellas que no (i.e. no mantenedoras); posteriormente estas
agrupaciones se subdividen obteniendo un total de seis grupos (ver Tabla 1).
17En primer lugar, tenemos las familias caracterizadas por una PLF de mantenimiento/reproducción del
idioma gallego (GA) y, por otro lado, aquellas que mantienen el castellano (CAST). Para que una familia
llegue a formar parte de alguno de estos grupos, el proceso de reproducción de la lengua familiar tuvo que
asentarse como mínimo a lo largo de tres o más generaciones (i.e. abuelos a progenitores, progenitores a
entrevistado y/o entrevistado a descendientes). Por otro lado, se encuentran los núcleos familiares que
están inmersos en un proceso de cambio lingüístico intergeneracional y que puede consistir tanto en la
sustitución del gallego por el castellano (DESGA1, DESGA2), como en la sustitución del castellano por el
gallego (REGA1, REGA2). Dentro de estos procesos de cambio debe distinguirse entre los asentados
(DESGA2, REGA2), en los cuales el cambio se extiende a dos generaciones (progenitores a entrevistado y
entrevistado a descendientes) y los no asentados (DESGA1, REGA1), aquellos en los que el cambio
intergeneracional se produjo durante esta generación (entrevistado a descendientes).
Castellanohablantes CAST
2ª generación DESGA2
(asentado)
2ª generación REGA2
(asentado)
18Como ya se indicó, este trabajo utiliza la «Enquisa estrutural a fogares», antes denominada «Encuesta
de condiciones de vida de las familias», actividad estadística que realiza el IGE desde 1999. Esta encuesta,
que se dirige a los hogares gallegos con la finalidad de obtener información sobre sus características
socioeconómicas, consta de dos módulos: el primero es de carácter general y se repite anualmente,
mientras que el segundo, más específico, está conformado por bloques temáticos de variables que
muestran una evolución más lenta, por lo que no necesitan una recolección anual de datos. El «Módulo de
coñecemento e uso do galego» se encontraría en este segundo módulo y se repitió, con modificaciones,
quinquenalmente durante los años 2003, 2008, 2014 y 2018. La «Enquisa estrutural a fogares» aplicada
en 2018 incorporaba una parte específica denominada «Módulos de novas tecnoloxías e coñecemento e
uso do galego».
20 20Partiendo de las herramientas etnográficas, este trabajo se apoya en notas de campo y observación
y en entrevistas semiestructuradas realizadas a seis progenitores del contexto periurbano y urbano de
Santiago de Compostela20. Para este estudio se seleccionaron progenitores que pasaron por el sistema
educativo de Galicia a partir del 1975 y vivieron las primeras PLs autonómicas, es decir personas con
edades comprendidas entre los 35 y 55 años. No queremos dejar de señalar que todos los participantes
son funcionarios de la Xunta de Galicia, por lo tanto, pertenecientes a un sector económicamente
acomodado y representan, en gran parte, la clase media, media-alta gallega. La tabla 2 proporciona una
visión general de las familias que vamos a presentar como estudios de caso y su relación con los perfiles
explicados en la tabla 1. Se utilizan nombres ficticios para mantener el anonimato de los participantes:
21Para analizar los datos, se aplicó un análisis temático21, que permite obtener una perspectiva más
amplia sobre las múltiples experiencias personales, a partir de las narraciones en que se plasma el discurso
sobre las PLs implícitas del nivel micro. Las observaciones e ideas iniciales se fueron anotando desde la
fase de entrevistas. Una vez terminada la transcripción, el material se revisó varias veces para generar los
códigos preliminares que planteaban las preguntas principales de esta investigación. Después, las primeras
categorías fueron preparándose en base a estos códigos, que se referían al desarrollo de la política
lingüística familiar. Finalmente, varias categorías interrelacionadas dieron forma a los temas que
respondían a los ejes de esta investigación. Es importante anotar que los temas que no contaban con
suficientes datos para apoyarlos fueron excluidos del análisis para mantener la claridad del enfoque de la
investigación.
3. Los perfiles sociolingüísticos familiares
22A continuación, presentamos los resultados de las diferentes agrupaciones según sus PL de reproducción
o cambio del idioma familiar. Para la distinción entre los diferentes perfiles familiares se toma como
referencia la transmisión o ruptura intergeneracional del idioma de la familia. La elaboración de los perfiles
lingüísticos familiares en Galicia es una línea investigación del actual equipo de trabajo 22, aunque se han
realizado algunas modificaciones sobre las categorías presentadas en relación con publicaciones anteriores
ampliando el número de generaciones que se tuvieron en cuenta para el análisis y se han descartado las
alternativas intermedias para fomentar el carácter divulgativo de la publicación.
23El perfil sociolingüístico familiar más numeroso en Galicia son aquellas familias que siguen una PLF de
reproducción del idioma gallego (53,6%), familias caracterizadas por seguir una línea de mantenimiento
del idioma gallego en el núcleo familiar durante generaciones (GA), es decir, los datos retratan una situación
donde el idioma minorizado en Galicia es más transmitido que la lengua dominante en el núcleo familiar,
el castellano, que alcanza una presencia importante (CAST: 22%), por lo que a priori, los datos retratan
una situación sociolingüística propicia para el idioma propio. No obstante, esta valoración cambia cuando
se incluyen en el análisis factores como la cronología o la distribución espacial de las familias. Las familias
reproductoras/mantenedoras del castellano (CAST) tienen una presencia importante (22%), aunque
bastante inferior al de las familias GA, ya que non llegan a suponer ni la mitad. Es decir, las familias que
reproducen el castellano en su núcleo familiar y que perdieron los referentes familiares en gallego es un
perfil importante pero no tan numeroso como el GA. No obstante, es un perfil que está en continuo
crecimiento dado el gran poder social y simbólico del castellano (Figura 2).
24Las familias GA que están en proceso de cambio, en concreto, aquellas que no transmiten a sus
descendientes la lengua recibida por sus progenitores, es decir que están en procesos
de desgalleguización (i.e. DESGA1, DESGA2) suponen un 22% del total da población. Un 15% está inmerso
en este proceso que se está produciendo durante esta generación (i.e. DESGA1), mientras que un 7% ya
provenía de la generación anterior (i.e. DESGA2).
25Las cifras relacionadas con los núcleos familiares con PLF caracterizadas por un proceso de recuperación
del idioma gallego son relativamente bajas (i.e. REGA1, REGA2), de hecho, estos dos perfiles sumarían un
total de un 2,4%. No obstante, estos perfiles tienen una gran importancia simbólica para los procesos de
recuperación de las lenguas minoritarias en contextos no favorables.
27El análisis temporal de los perfiles sociolingüísticos familiares caracterizados por la retención lingüística
(GA, CAST) revela las dinámicas internas del sistema de convivencia de las lenguas en el ámbito familiar
gallego. Así, como acabamos de ver, los datos generales señalan al perfil GA como mayoritario, mientras
que desde una perspectiva evolutiva este perfil va lentamente perdiendo presencia con el transcurso de los
años, partiendo de una posición mayoritaria entre los nacidos durante la primera mitad del siglo XX, pero
descendiendo a cifras inferiores al 50% durante la segunda mitad (Figura 3). En contraposición con la
evolución negativa del perfil familiar de reproducción del idioma gallego, el CAST ha ido paulatinamente
adquiriendo importancia, pues de tratarse de un perfil familiar casi testimonial a mediados del siglo pasado
(nacidos antes de 1944: 11,5%), actualmente representa la mitad de la población con hijos nacidos a
finales del siglo pasado. Estos dos perfiles, complementarios con procesos intermedios de cambio,
retratarían una situación de ruptura de la transmisión del gallego en el contexto familiar provocado por un
proceso de sustitución de la lengua minoritaria por la mayoritaria en las prácticas lingüísticas familiares,
fundamentales para la supervivencia del idioma. Además, estos resultados nos aproximan a los diversos
factores que desde mediados del siglo pasado afectan negativamente a las prácticas lingüísticas familiares
(por ej.: socioeconómicos, movimientos migratorios, avances tecnológicos, políticas lingüísticas).
42Indicadores como la transmisión intergeneracional o las prácticas lingüísticas en la gente más joven
caracterizan la convivencia de las dos lenguas oficiales como un proceso de sustitución en el que los
hablantes del gallego dejan de usarlo, lo usan en cada vez menos ámbitos de comunicación o dejan de
transmitirlo de generación en generación. Esta situación indica que las PL llevadas a cabo hasta el momento
en la región, centradas especialmente en el contexto educativo y en la adquisición de competencias
lingüísticas, han sido poco efectivas para frenar o reconducir estos procesos.
43A pesar de las transformaciones que ha ido sufriendo en los últimos años y el peso ganado por otras
instituciones, la familia continúa siendo la unidad social central para la adquisición y el aprendizaje de
lenguas —particularmente las lenguas iniciales— y, por lo tanto, en la transmisión intergeneracional del
idioma. Por lo tanto, continúa siendo un indicador fundamental para evaluar la vitalidad del gallego.
44Teniendo esto como punto de partida, observamos que en la mayoría de las familias de Galicia el gallego
es la lengua principal y lleva transmitiéndose desde hace generaciones (53,6%), mientras que las familias
donde el castellano predomina son más escasas (22%).
45Sin embargo, dado que las familias transmisoras del gallego se han caracterizado por residir en los
contextos menos dinámicos socioeconómicamente que las transmisoras del castellano, su número ha ido
reduciéndose con el paso de los años en favor de las segundas, asociadas a los ámbitos más dinámicos. En
los niños y niñas, este viaje de las familias de un perfil GAL a CAST comienza con su escolarización en
Infantil y Primaria, donde se exponen al gran valor social y simbólico del español. Esta exposición conduce
a la transformación de sus prácticas lingüísticas, primero en estos contextos y finalmente en sus relaciones
intrafamiliares. Conscientes de ello, algunas familias GAL con una visión crítica de la situación
sociolingüística, buscan estrategias para convertir los espacios de socialización secundaria en contextos de
inmersión lingüística, considerados seguros para que sus hijos e hijas puedan desenvolverse en gallego. A
pesar de los esfuerzos, estas estrategias no tienen asegurado su éxito en contextos no favorables como
los hábitats urbanos o periurbanos. En uno de los ejemplos comentados, vimos como las prácticas
lingüísticas de una familia en uno de estos contextos se ven afectadas por un ambiente dominado por el
castellano, convirtiendo sus esfuerzos en insuficientes para la reversión de un proceso
de desgalleguización que comenzó en la generación precedente.
46Igualmente, observamos que los procesos de regalleguización, aunque tienen gran trascendencia a nivel
ideológico, no son significativos demográficamente, con una presencia que no alcanza el 2,5% de las
familias, habiendo llegado a ser el 4% durante los años setenta y ochenta.
47Por otro lado, los resultados muestran cómo se produjo cronológicamente este proceso de sustitución
lingüística en el contexto familiar y ponen el foco en las prácticas lingüísticas. Indican también que las
familias con una ruptura de la transmisión intergeneracional del idioma gallego, producida durante la
generación de los progenitores o produciéndose actualmente con sus hijos, son muy numerosas (22%).
48Estas familias en vías de desgalleguización difieren entre sí, en la manera en que las transformaciones
se han producido y según si se trata de un proceso asentado o no. Los DESGA2 asentados se relacionan
con migraciones internas del ámbito rural al urbano en los que la introducción del castellano en la
transmisión familiar se percibía como una forma de facilitar el ascenso social en los nuevos contextos. En
cambio, en los DESGA1 la introducción del castellano proviene de la socialización secundaria, permeando
poco a poco en el contexto familiar hasta romper la cadena de transmisión.
49En resumen, el gallego es la lengua más hablada en Galicia en la actualidad y esto es así porque las
familias gallegas transmitieron su lengua propia de una generación a la siguiente durante años. Desde el
siglo pasado, el número de familias que rompieron la cadena de transmisión intergeneracional hasta llegar
a perder toda presencia de esta lengua ha ido aumentando, primero lentamente y con más fuerza en los
últimos años. Si nada se lo impide, este proceso terminará con la completa sustitución de la lengua gallega
por la castellana en el ámbito familiar, un espacio que ha sido decisivo para su llegada al siglo XXI con una
vitalidad demográfica considerable. En términos generales, estos procesos de desgalleguización tienen un
impacto muy superior a los de regalleguización, aunque estos tienen una gran relevancia, dado que se
producen en un contexto claramente desfavorable: el desplazamiento de la lengua materna por un idioma
adquirido en la socialización secundaria, con un menor prestigio social y en una situación regresiva.
Que se pueda hablar de conflicto lingüístico implica, en cualquier caso, hablar primero de convivencia
de lenguas o, por mejor decir, de ¿convivencia? de comunidades que hablan en lenguas diferentes,
puesto que las lenguas, como tales, no plantean problemas en términos de conflicto; no luchan entre
ellas si no es a partir de esa relación metonímica, que muchos se empeñan en materializar, entre la
lengua en que algunos hablan y las aspiraciones de algunos que hablan en una determinada lengua.
En el caso que nos ocupa, el del País Vasco, las lenguas que conviven ¾o que coexisten, según se
mire¾ sí que parecen plantear un problema, más político que lingüístico, para la convivencia de las
comunidades que la poseen como primera lengua o lengua materna.
Paralelamente, la recuperación del patrimonio lingüístico considerado propiamente vasco -y, por lo
tanto, euskaldun- es el fruto de un largo proceso de concienciación que se inicia con la producción
literaria y cultural de los apologistas vascos, defensores y divulgadores al tiempo de la riqueza,
histórica por su antigüedad y lingüística por su excepcionalidad, del eusquera -entre los que destacan,
como precursores, Joanes Etxeberri y Larramendi . A partir de ahí, el interés por la recuperación
cultural vasca irá en aumento hasta llegar, a finales del XIX, a la necesidad de acompañar la
recuperación cultural de una reivindicación política que consiga los medios adecuados para asegurar
dicha recuperación. Así lo explica Luis Michelena: "De fines del siglo XIX a comienzos del XX se plantea
el problema de los vascos. No es sólo cuestión de lengua, también lo político interesa. En todos los
campos literarios, tanto entre los bertsolaris como en la pastoral, en los poetas y escritores, está
latente la «vasquitud». El vasco tiene derecho a crear su obra literaria en la medida en que no debe
someterse a una censura , tal como acontecía aún no hace mucho, y lo hace por medio del libro y la
prensa, por medio de la imprenta en general. Pero todavía no es dueño por completo de su
enseñanza a pesar de la espléndida aventura de las Ikastolas y se dispone, dentro de la comunidad
autónoma de Euskadi, a dominar los medios de comunicación de masas, como el cine, la radio y la
televisión. Resulta normal, para quien sea capaz de llegar hasta el fondo de su creación, que reclame
semejante derecho a la cultura plena en su propia lengua." La convivencia lingüística en el País Vasco
no se ha planteado siempre como un problema. Puede decirse que la expresión de dicha convivencia
en términos de conflicto toma fuerza a finales del siglo XIX, como resultado de la simbolización
nacional del eusquera como expresión lingüística diferencial del ser nacional y racial vasco. Esta
simbolización nacional del eusquera, cuyo principal artífice es Sabino Arana Goiri, fundador del
Partido Nacionalista Vasco, se inscribe en el contexto ideológico surgido de la escuela historiográfica
alemana. Para este personaje, la lengua vasca ¾que, por otro lado, no ocupa un lugar preeminente
dentro de su imaginario nacionalista¾ no era tan solo una más de las lenguas que se hablaban dentro
de España: "No es el euskera uno de tantos idiomas españoles como lo son el gallego, el catalán, el
castellano, etc. (...) Los idiomas españoles son lenguas regionales de la nación de España; el euskera
es lengua nacional de Euskalerria". Antes al contrario, el eusquera era, entre las lenguas del mundo,
lo que los vascos entre las "razas" del mundo: "Sólo el euskera permanece aislado en medio de todos
los idiomas; como la raza que lo habla, entre todas las razas".Sin embargo, las ideas lingüísticas
derivadas de su purismo exacerbado, paradójicamente, van a prestar un flaco favor a la lengua vasca,
no ya solo por su afán de limpiar la lengua vasca de toda "impureza", presente o pretérita, con el que
la lengua se vería forzada a un artificialismo impracticable. También por su falta de realismo
lingüístico, por no decir de su completa ignorancia sobre qué sea una lengua, ya que al primar la
comunión entre raza y lengua condenaba al eusquera a un ámbito de uso restringido y a su inevitable
desaparición: "Tanto están obligados los bizkainos a hablar su lengua nacional, como a no enseñársela
a los maketos o españoles (...) la diferencia del lenguaje es el gran medio de preservarnos del contagio
de los españoles y evitar el cruzamiento de las dos razas. Si nuestros invasores aprendieran el
euskera, tendríamos que abandonar éste (...) y dedicarnos a hablar el ruso, el noruego o cualquier
otro idioma desconocido para ellos, mientras estuviésemos sujetos a su dominioLas ideas políticas
de Sabino Arana, sujetas a su concepto racial de nación vasca, suponen, en definitiva, la exaltación
del eusquera como la única lengua de los vascos o euskaldunes ('los que poseen el eusquera') y del
País Vasco o Euskadi (nombre de su invención, tomado de la raíz eusk-, más el sufijo colectivizador -
ti/di). A partir de él, la lengua vasca va a ir ligada a un ideario político-simbólico concreto,
determinado por la concepción nacionalista de una nación, una lengua. Esta identificación entre
nación y lengua ha experimentado cambios a lo largo de la historia del nacionalismo vasco, según se
concediera mayor importancia a la vasquidad (o euskaldunidad) por la raza o por la lengua. En el
primer caso, la vasquidad es una condición de orden biologista determinada por la etnicidad, por la
pertenencia a la raza vasca, condición que aun estando ligada a la posesión de la lengua vasca como
lengua propia, la supera y la subordina al mismo tiempo (el eusquera, como cualquier lengua, puede
aprenderse, mientras que la etnia vasca se posee por herencia, no se puede adquirir). En el segundo,
el nacionalismo se plantea la vasquidad en términos más lingüísticos (aparte de otras consideraciones
políticas y culturales), convirtiendo la lengua (vasca) en el vehículo de nacionalización del individuo,
bien entendido que es la lengua la que condiciona la visión del mundo del hablante. De esta manera,
la nacionalización del individuo ¾del individuo no euskaldun¾ no pasa por la etnicidad intrínseca de
este, sino por la adquisición de la lengua nacional, que lo redime y lo asimila dentro del grupo. A
partir de la concepción de la lengua vasca como lengua propia del País Vasco, el nacionalismo
democrático ¾el nacionalismo radical continúa manteniendo los mismos presupuestos de unificación
nacional y lingüística en torno a su programa político exclusivamente euskaldun (ver nota 10)¾ sigue
defendiendo, aunque desde unos presupuestos formales distintos, esa exclusividad y procura poner
todos los medios políticos y culturales necesarios para recuperar y asegurar la vitalidad del eusquera
como lengua de uso en todos los ámbitos. Esto no debería significar, en principio, una discriminación
de la otra lengua con la que convive el eusquera, puesto que el Estatuto de Autonomía vasco
reconoce la diversidad sociolingüística del País Vasco (aunque solo reconoce al eusquera como
lengua propia del país, mientras que el castellano tiene el reconocimiento de lengua cooficial y
establece las bases para el cumplimiento, por parte de los poderes públicos, del deber de
salvaguardar la libertad y la igualdad del individuo, independientemente de cuál sea su lengua. Sin
embargo, la realidad sociolingüística vasca (si nos atenemos a los datos estadísticos sobre el
conocimiento y el uso de ambas lenguas en la actualidad) parece desmentir esa consideración
exclusivista del eusquera como lengua propia del País Vasco. Lo cierto es que el conocimiento del
eusquera ha aumentado entre la población no vascohablante, con lo que el número
de euskaldunberris ('nuevos hablantes de eusquera') ha crecido bastante en los últimos años;
igualmente, los ámbitos de uso, o de posible uso, también se han extendido: la escuela, la
administración, los medios de comunicación (estos en menor medida), etc. No obstante, este
aumento de euskaldunes potenciales y de ámbitos de uso no se corresponde con un aumento de la
presencia del eusquera en la vida pública, en su uso real. La lengua castellana sigue siendo, con
mucho, la más utilizada en todos los aspectos de la vida pública en el País Vasco, entre otras cosas
porque la mayor parte de la población la tiene como lengua principal (aunque no sea necesariamente
su lengua materna) en el intercambio comunicativo cotidiano.
Las consideraciones lingüísticas del nacionalismo respecto de ambas lenguas: eusquera como lengua
propia y castellano como lengua cooficial, sumadas a su compromiso político por la recuperación y la
ampliación del eusquera como lengua nacional y común entre los vascos, despiertan ciertos recelos
entre los vascos y los inmigrantes castellanohablantes no nacionalistas. Puede decirse que esta
política lingüística de recuperación cultural está más o menos bien vista y es aceptada por la
población castellanohablante al entender que el eusquera, como lengua del país que es, debe ser
conocida y utilizada en igualdad de condiciones que el castellano, tal como establece el estatuto de
autonomía y tal como lo dicta el sentido común. Sin embargo, ese mismo sentido común que
establece el bilingüismo como una solución lingüística aceptable y que se funda en la aceptación del
derecho individual del hablante a utilizar su lengua entra en contradicción con la realidad
sociolingüística aludida, mayoritariamente monolingüe en lengua castellana. En consecuencia, el
derecho individual puede entrar en conflicto con el derecho colectivo (también individual) de uno de
los grupos, el vascohablante, que se ve impelido a conocer y a utilizar las dos lenguas del país,
mientras que el otro grupo, el castellanohablante, puede funcionar perfectamente en una lengua. Y
este es, de hecho, uno de los argumentos más utilizados por aquellos que justifican la necesidad de
implantar la inmersión lingüística en eusquera: la necesidad de que la lengua vasca ocupe los mismos
ámbitos de uso que la lengua castellana y, consecuentemente, la obligación de que todos los vascos
conozcan y usen el eusquera, lengua propia del País Vasco.
Precisamente en esa necesidad y obligación de conocer y utilizar el eusquera reside el temor a que,
en igualdad de condiciones, la lengua símbolo del grupo dominante acabe por eliminar o, cuando
menos, por menoscabar los derechos del grupo dominado. En este sentido, Benjamín Tejerina
establece en su estudio que la necesidad de saber eusquera o su valoración, como un mérito más,
para acceder a ciertos puestos de trabajo, ha supuesto que la lengua vasca se convierta en un nuevo
motivo de conflicto. Según este autor, el idioma se convierte en el responsable del fracaso o del éxito
en la carrera profesional, por lo que se transforma en "un mecanismo ilegítimo que introduce
distorsiones en una hipotética situación natural de igualdad de oportunidades". Sobre la necesidad y
obligación de conocer y usar la lengua vasca como vehículo de comunicación habitual y natural en el
País Vasco se ha escrito mucho. Pero sobre el peligro que entraña la pretensión nacionalista de
arrogarse la exclusividad lingüística y la legitimidad de la obligación política (¿moral?) de instaurar la
cultura euskaldun como la única cultura propia del País Vasco, también se ha escrito largo y tendido
desde distintas perspectivas.
Julio Caro Baroja, a propósito de la pretendida identificación entre lengua y nación, escribe: "Cuando
el país cuenta con una población que en su mayoría no es vasca de habla, ni rural, y, en gran parte,
es de origen foráneo, especular sobre la posibilidad de imponer un criterio de unidad por la lengua
resulta cosa inimaginable para muchos (e insoportable también)". [15] También Pello Salaburu,
miembro de Euskaltzaindia (Academia de la Lengua Vasca), escribía en El Correo Español acerca de la
necesidad de tener en cuenta la realidad sociocultural del País Vasco a la hora de establecer los
criterios de construcción nacional, señalando que "(...) los nacionalistas debemos ser conscientes de
que no tenemos la exclusiva de nada: la realidad social es pluriforme y el mismo problema puede ser
abordado desde perspectivas tan legítimas como distintas". Hay también autores, como José Antonio
Villarroel López, que han realizado algún estudio sobre la implantación de la política lingüística en el
País Vasco. Así como en el estudio ya mencionado de Benjamín Tejerina, la atención del autor está
dirigida a las actitudes de los hablantes respecto de la situación actual de la lengua vasca y de la labor
de las instituciones por su recuperación, en el trabajo de Villarroel López se pone en tela de juicio
precisamente la política lingüística que está implantando el Gobierno vasco. Para este autor, la
imposición del bilingüismo en la comunidad vasca encubre la intención nacionalista de desplazar el
castellano en favor del eusquera, al amparo de la legalidad estatutaria, pero socavando sutilmente
los derechos fundamentales del castellanohablante en materia lingüística. El conflicto lingüístico
existente "tiende a agravarse por la actitud cerril de los actuales gobernantes, que se niegan a aceptar
la realidad e intentan imponer, como sea, sus principios fundamentales a modo de revanchismo
histórico. Denuncia que la actitud de los dirigentes nacionalistas no se ha alejado en lo esencial,
aunque no lo demuestren formalmente, de los postulados del nacionalismo clásico arriba reseñados.
Para el nacionalismo, la lengua castellana es una lengua auxiliar, una lengua extranjera, por lo que no
resulta extraño que todos los esfuerzos de este grupo político estén encaminados a cambiar la
situación lingüística, dominada por lo castellano. Para Villarroel, las intervenciones públicas de los
dirigentes nacionalistas suponen una provocación constante para una parte de la comunidad vasca,
al tiempo que dejan entrever una solución poco satisfactoria para el conjunto de la sociedad. En
conclusión, Villarroel apela a la diversidad sociolingüística como base para la elaboración de una
política de recuperación cultural de lo vasco, respetando siempre la libertad individual y colectiva de
las comunidades que conforman la realidad social de Euskadi actualmente: "La protección de la
diversidad lingüística ha de realizarse por razones culturales, y nunca por inspiración de programas
políticos nacionalistas en los que ¾como hemos comprobado con el euskera¾ se produce una
instrumentalización de la lengua, en beneficio de determinados grupos." De lo que hemos visto hasta
aquí, las motivaciones que han dado en el posible conflicto lingüístico (y no lingüístico,
desgraciadamente) que enfrenta hoy a las dos leguas y, en cierto modo, a las dos comunidades que
las hablan, son, principalmente, de orden político, con todas las desviaciones, simbolismos y diatribas
que se le quieran añadir. La cosa parece clara ¾aunque, ni muchísimo menos, tenga una solución
sencilla: hay dos comunidades lingüísticas que, amén de las divergencias políticas e ideológicas en
que se muevan, reclaman sus respectivos derechos lingüísticos, tanto individuales como colectivos.
Ahora bien, la balanza sociolingüística en el País Vasco, como hemos visto, está muy descompensada
en favor de la lengua castellana, que es la lengua mayoritaria. Sin embargo, esta decompensación no
es fruto de este siglo, ni producto de maquinacionesexternas, solamente; hay que remontarse en el
tiempo para entender que el proceso de deseuskaldunización empieza, sobre todo, a partir del siglo
XVI, y no precisamente debido al influjo de la inmigración, sino al abandono progresivo del eusquera
como lengua de cultura.
Pero, ¿es la lengua castellana realmente una lengua extraña, no autóctona, en el País Vasco? Para el
nacionalismo, la respuesta es bien sencilla: lo es, y así lo recoge, de hecho, el estatuto, al conferirle
el grado de lengua cooficial, y no propia, cuya exclusividad ostenta el eusquera. Esta es la lengua
originaria, ancestral de los vascos, cuya antigüedad se desconoce y que no ha podido ser
emparentada, de momento, con ninguna familia lingüística conocida. Este es un hecho lingüístico
irrefutable, a nuestro entender, en el que no vamos a abundar. Sin embargo, desde una perspectiva
también lingüística, hay quienes sostienen que esa supuesta antigüedad del eusquera sobre el
castellano es, cuando menos, discutible. Discutible porque, dependiendo del enfoque que se le
quiera dar al estudio histórico de la evolución de la lengua vasca, esta no es estrictamente más
antigua que la castellana.
Una de las claves que delimitan esa antigüedad la encontramos en las dos glosas escritas, hacia finales
del siglo X o principios del siglo XI, en lengua éuscara (término introducido por Martinet para
denominar el tronco lingüístico del que deriva el vasco actual) de los manuscritos del códice 60
Emilianense. Hablamos de lengua éuscara y no de vasco propiamente al referirnos a estas glosas por
la sencilla razón de que no se ha podido interpretar desde ninguna de las variedades de la lengua
vasca actual. Se sabe que formalmente es vasco, y se conoce su significado porque es traducción,
pero nada más. Esta imposibilidad de interpretación implica, obviamente, que estamos ante un
estado de lengua anterior y distinto del vasco actual; es decir, ante una muestra de protovasco, del
que nada se sabe y nada puede saberse debido a la falta de documentación gráfica. La existencia de
un protovasco, que en nada debería sorprendernos, responde a la innegable transformación que
sufren las lenguas con el uso y el tiempo. De igual manera, tenemos un protorrománico de las lenguas
románicas, el latín, bien conocido, y un protoindoeuropeo, del que no hay registros escritos fuera de
la reconstrucción lingüística, del que han tenido que derivar las lenguas de origen indoeuropeo.
Este es, por ejemplo, el punto de vista del lingüista Gregorio Salvador, para quien el castellano podría
considerarse más antiguo que el eusquera dentro del territorio vasco. A propósito del autor de las
glosas vascas del códice emilianense, juega este autor con la ficción al considerar que si el fraile del
monasterio riojano (San Millán de la Cogolla) resucitara ahora y tuviera que entenderse con un vasco-
euskaldun, podrían entenderse recurriendo al castellano, pero difícilmente podrían hacerlo si cada
uno de ellos utilizara su eusquera: "O sea, que hace ya diez siglos existía ya el castellano, al lado de
una lengua vasca que era todavía protovasco, ininteligible desde la actual. Si el francés de aquellas
fechas no es todavía francés, en el sentido de que es incomprensible, sin estudio, para un simple
conocedor de la lengua francesa actual y eso con todo el peso de la escritura y del latín que gravita
sobre él pero que no ha impedido su vertiginosa evolución, a una lengua como ese vasco originario
o protovasco, sin apoyatura escrita, sin norma unitaria, no es aventurado, sino perfectamente lógico,
suponerle una más acelerada evolución. Hasta cinco o seis siglos más tarde, precisamente cuando
empiezan a aparecer testimonios escritos más sólidos y una cierta normalización literaria,
particularmente en el labortano, no se puede hablar de una lengua vasca realmente interpretable
desde su estado actual". De la antigüedad de la lengua vasca y de cómo fuera ese protovasco, poco
puede decirse con un mínimo de rigor. Sin embargo, al criterio de inteligibilidad se opone otro criterio
lingüístico, establecido por la lingüística histórica del siglo XIX, que presupone la imposibilidad de
determinar cuándo, a lo largo del contínuum lingüístico, un estado de lengua constituye una lengua
distinta respecto del estado anterior; es decir, cuándo se puede hablar de lenguas distintas. Así, por
ejemplo, Pello Salaburu y Endrike Knörr, miembros de la Academia de la Lengua Vasca, consideran, a
propósito de la antigüedad relativa de ambas lenguas defendida por Gregorio Salvador, que la
lingüística admite ya hace tiempo la inexistencia de lenguas más viejas que otras, puesto que todo
estado de lengua proviene de otro estado de lengua anterior. Con este punto de vista, el eusquera
actual es un estado de lengua de una misma lengua (protovasco), igual que las lenguas románicas lo
son del latín, sin que pueda establecerse cuál de ellas es más antigua y a partir de cuándo empiezan
a hablarse.
Cierto es que en el transcurso histórico de una lengua resulta difícil establecer una barrera a partir
de la cual se pueda empezar a hablar de lenguas distintas, puesto que los hablantes utilizan una
lengua que permite la comunicación intergeneracional al mismo tiempo que se van produciendo
innovaciones en esa misma lengua que hablan, sin que estas dificulten la inteligibilidad de un estado
de lengua generacional posterior respecto de otro anterior. Eso es lo que ocurre con las lenguas
románicas respecto del protorrománico, el latín, hasta la reforma carolingia en el siglo VIII, que
suponía una vuelta al latín clásico. Mientras el latín se leyó según la pronunciación romance, no hubo
conciencia de diferenciación lingüística, porque no había habido una ruptura en la inteligibilidad de
la lengua transmitida de padres a hijos. Pero la irrupción del criterio latinoclásico en la lectura de los
textos latinos evidenció el abismo que separaba a ambas lenguas: la latina y la romance, y supuso la
toma de conciencia del pueblo respecto de su propia lengua, ya muy distinta del latín. Pero esa toma
de conciencia, íntimamente relacionada con el criterio de inteligibilidad, no invalida la imposibilidad
de determinar en qué momento el latín deja de serlo para convertirse en romance.
Grosso modo, puede establecerse una analogía entre el supuesto latinorromance y el caso que nos
interesa, el protovasco. Como no disponemos de más testimonios de ese estado de lengua que la
información legada por las glosas emilianenses, establecer comparaciones mil años después no
resuelve gran cosa. De todos modos, el caso es similar: hoy los vascohablantes son ¾o deben
serlo¾ conscientes de que la lengua del monje riojano no es la lengua que ellos hablan, aunque no
pueda decirse si se trata de un estado de lengua o de una variedad (difícil saberlo) de un mismo
tronco lingüístico, el éuscaro. En cualquier caso, el éuscaro ha estado ahí desde antes de que los
romanos llegaran a Vasconia, período hasta el que podemos remontarnos con la seguridad
testimonial que nos ofrecen las crónicas romanas. Otra cosa, sin embargo, es preguntarse por la
antigüedad del castellano en el solar vasco.
La cuna del castellano comprende parte del extremo occidental de Vizcaya y parte del sudoeste de
Álava, la vecina Cantabria y el norte de Burgos. Nace, pues, en zona de contacto lingüístico
vascolatino. Por ello, la lengua castellana, dentro del contexto general de las lenguas románicas y del
contexto particular de los romances peninsulares, presenta ciertas características atribuibles a su
génesis en zona de contacto con lenguas éuscaras que lo convierten en un romance de filiación
vascorrománica (así como el francés puede considerarse galorrománico). Surge, y utilizo la tesis de
Ángel López García, como una lengua koinética, como una modalidad de transición obligada entre
dos lenguas para facilitar el entendimiento entre gentes de hablas distintas: "el español no fue un
simple dialecto de transición ¾algo imposible entre el euskera y el latín, como es obvio, y de ahí que
no se produjese nada similar en Francia, por ejemplo¾, sino que nació con voluntad de constituirse
en lengua mixta que podrían adoptar también quienes no hablaban ni vasco, ni la variedad romance
del Alto Ebro". Esa característica de lengua koinética vascorrománica es la que permite concebir la
lengua castellana (o española) como una lengua propia también de los vascos, porque, puestos a
rememorar los lazos de parentesco que unen a los vascos con el eusquera, lengua esta que puede
tenerse por la lengua privativa de los vascos (la lengua ancestral), no es menos cierto que fueron
vascos también los que ayudaron a crear la variedad romance castellana con su lengua éuscara: "El
castellano no puede, pues, sin error y sin justicia, ser considerado extraño en Vasconia. Y no puede
serlo porque brotó en su interior, del seno de un sector de su población que no era advenedizo, sino
arraigado en la tierra desde hacía siglos, de modo que es producto del genio vasco y pertenece, por
ende, a los vascos con el derecho de pertenencia que da la creación". Estas palabras de Azaola
explican por sí mismas parte de la otra cara del conflicto del que hablamos, y pueden explicar también
por qué en la adopción de este romance desde hace siglos no ha habido un extrañamiento y un
sentimiento de abandono de la propia identidad.
Volviendo al tema del castellano como koiné, es precisamente ese carácter koinético el que debería
sobresalir sobre otro tipo de consideraciones más políticas. Además de ser la lengua de la mayoría
de la población del País Vasco, es esencialmente una lengua de intercambio que permite la
comunicación entre los vascos, y entre estos y el resto de hablantes de koiné. Al mismo tiempo,
permite a los vascos participar de y en una cultura con una larga tradición, bien conocida y de
amplísimo cultivo. Esto que para algunos puede ser sinónimo de asimilación a la cultura dominante
(españolización, le llaman), no tiene por qué impedir el proceso de recuperación del eusquera y de
la cultura vasca, el cual, por otra parte, es un proceso deseable y necesario ¾al tiempo que
irreversible.
Ahora bien, cuando el énfasis cultural se decanta demasiado por lo que se viene considerando
autóctono en exclusividad (lo vasco-euskaldun), entendiendo así que se está subsanando un agravio
histórico, la pretendida recuperación no sirve, precisamente, para avanzar hacia el futuro, sino para
retroceder, casi de forma mimética, al pasado que quiere enmendarse, tan plagado de errores e
injusticias. Es, además, y desde una perspectiva claramente enraizada en el presente, un craso error
de cálculo cultural puesto que, en el mundo en que vivimos, cada vez más interconectado, una
educación casi exclusivamente monolingüe en eusquera no facilitaría las cosas a sus hablantes; antes
al contrario, supondría una limitación en todos los sentidos. En una comunidad como la vasca, en la
que el bilingüismo es una realidad (todo hay que decirlo, más territorial que individual o colectiva),
igual que en otras comunidades como Galicia y Cataluña, lo deseable es que ese bilingüismo se
conserve y vaya generalizándose a toda la población, pero nunca que se tienda hacia una situación
monolingüe en cualquiera de las dos lenguas, lo cual sería una pérdida y no una ganancia, como
presumen algunos muy desacertadamente. De algunos que así piensan, ya hemos hablado por
extenso; pero hay otros que, amparándose en la idea de la inevitable desigualdad de las lenguas, no
por preconizar ideas de signo contrario, aciertan más y mejor. Parece innegable que hay lenguas que
ocupan un ámbito de cultura superior al de otras lenguas, entre otras cosas porque son muchos los
siglos de cultivo cultural intenso e ininterrumpido en dichas lenguas. Por lo tanto, el caudal de cultura
mensurable en volúmenes escritos, que equivalen a memoria gráfica transmisible como modelo,
tiene que ser, también, considerable.
Pero precisamente esas consideraciones sustentan la idea de que las lenguas más fuertes
culturalmente son las que deben cultivarse preferentemente, por derecho, a costa de las demás
lenguas, generalmente minoritarias. De ahí a cuestionar las posibles ventajas del bilingüismo en las
comunidades con lengua autóctona, solo hay un paso. En este sentido, no nos resistimos a reproducir
la opinión de Gregorio Salvador: "El caso es que se ha puesto de moda, entre nosotros y también
fuera, hablar de las excelencias del bilingüismo de los pueblos y no niego que, en algunos casos, tal
posición pueda ser el producto de un entusiasmo utópico, carente, desde luego, de la más mínima
reflexión. Son bilingües o plurilingües las personas, pero no los pueblos. Los pueblos han sustituido
con frecuencia, en su decurso histórico y siempre con lentitud, unas lenguas por otras, porque la
fuerza de intercambio ha podido con el espíritu de campanario. (...) El bilingüismo popular, en los
estratos bajos de la población, lo que suele producir es un lamentable semilingüismo, una palmaria
incapacidad para expresarse coherentemente en ninguno de los dos idiomas en contacto. Eso es lo
cierto y lo comprobable, lo que demuestra la ciencia y la experiencia. El plurilingüismo es un lujo,
apetecible como todos los lujos, y una comodidad, indudablemente, para andar por otras tierras. Y
el monolingüismo, que es la situación habitual de la mayor parte de la humanidad, será tanto más
suficiente cuanto mayor sea la extensión geográfica y demográfica de esa única lengua poseída y, por
supuesto, su dimensión histórica y cultural". Estas manifestaciones, y otras que abundan en su libro,
tienen como trasunto, además de las ideas propias del autor, la ciencia y la experiencia de las quejas
y los temores que le han transmitido personas castellanohablantes de alguna de las comunidades
bilingües a las que se refiere, principalmente Cataluña y el País Vasco. Y ahí reside, precisamente, el
inconveniente: en la confirmación positiva de una tendencia monolingüe castellanófona como
actitud razonable y adecuada.
Lo que para este lingüista es "producto de un entusiasmo utópico, carente, desde luego, de la más
mínima reflexión", es el fruto de una evolución histórica y lingüística lógica y necesaria en cada una
de las comunidades con lengua autóctona; el problema, a nuestro entender, no está en que exista
una política lingüística de recuperación de la lengua vernácula, como ya hemos explicado arriba, sino
en la manera como se aplique esa política. En cualquier caso, cualquiera que sea su aplicación, de lo
que no cabe duda es de que, detrás, hay una profunda reflexión, encaminada a la consecución de los
propósitos de dicha recuperación. Insistimos, pues, en que lo que podría estar desencaminada es,
precisamente, una reflexión demasiado partidista. Por otro lado, que "el bilingüismo popular, en los
estratos bajos de la población" produzca "un lamentable semilingüismo, una palmaria incapacidad
para expresarse coherentemente en ninguno de los dos idiomas en contacto" es tan cierto como la
incapacidad palmaria para expresarse con un mínimo de coherencia que pueda presentar un
hablante monolingüe de los estratos bajos de la población, que no haya querido o tenido la
oportunidad de recibir una educación razonable. Parece evidente que la falta de educación y de
pericia lingüística en un hablante monolingüe dificultaría su capacidad expresiva y limitaría
enormemente su conocimiento del "acervo histórico y cultural" de su lengua, independientemente
de la lengua que hablara. Y en cuanto a la afirmación de que el monolingüismo es "la situación
habitual de la mayor parte de la humanidad", no cabe más que echar una mirada a la realidad étnico-
lingüística de la humanidad para cerciorarse de que lo habitual es la diferencia (que vale tanto como
decir que eso es lo normal), la heterogeneidad, y no precisamente la homogeneidad.
Ante tanta obviedad, parece clara cuál es la intención que esconden manifestaciones de este tipo, en
absoluto exclusivas del autor que hemos mencionado. Como ya hemos apuntado, no por ser de signo
contrario, son más aceptables. Y la razón es bien sencilla, creemos. La exclusividad en cualquiera de
ambas direcciones no propiciaría una solución razonablemente aceptable para
el problema lingüístico de que estamos hablando, precisamente por las aspiraciones irrenunciables
que parecen sostener ambos sectores. Con ello no queremos decir que el sentimiento de
conflictividad sea general: afortunadamente, buena parte de la comunidad vasca vive en su lengua
con cierta normalidad (normalidad que se ve sacudida, demasiado a menudo, por la violencia de todo
tipo de ciertos sectores del nacionalismo radical), y no obstaculiza el proceso de recuperación
cultural, aunque esto no implique, necesariamente, la aceptación de
una euskaldunización generalizada. Más bien, supone una aceptación de la realidad lingüística del
país, claramente bilingüe, a pesar de que la proporción de bilingüismo no sea del agrado de todos.
Así, cuando autores como Gregorio Salvador reconocen explícitamente la pluriculturalidad española,
recogida por la Constitución, para a continuación enmendarle la plana con un pero, no acaba de
quedar muy claro si es bueno o malo que la realidad cultural española y, por ende, la lingüística, sea
de esa manera y no de otra. La realidad cultural es como es, plural, y de ella participan muchas
personas en una o en dos lenguas, según las comunidades y la suerte o las ganas de haberlas
aprendido. Y funcionar de esa manera es un modo de enriquecerse culturalmente, no de
empobrecerse. Sin embargo, estos autores ponen demasiado énfasis en la suposición de que las
políticas de inmersión lingüística que se practican en algunas comunidades (como Cataluña y
Euskadi), o los intentos de recuperación de los dialectos históricos peninsulares (como el bable y el
aragonés), han de suponer un perjuicio para los que participan de estas propuestas, desde el
momento en que se les puede privar de adquirir adecuadamente el conocimiento y el manejo del
castellano o español, lengua común de todos los españoles, priorizando el cultivo de la lengua
vernácula sobre aquella y, consecuentemente, menguando su capacidad y enriquecimiento
cultural. Esto puede suceder, qué duda cabe, si las políticas culturales aplicadas no responden a las
necesidades reales de los habitantes de esas comunidades. Pero no es menos cierto que la educación
bilingüe, bien dirigida, no tiene por qué acabar, como se puede comprobar, en ese resultado. Por
otro lado, la educación monolingüe en lengua castellana de la mayor parte de España no está
asegurando, precisamente, una adquisición lingüística aceptable de los estudiantes, como se
desprende de las estadísticas realizadas a tal efecto. En definitiva, según los parámetros de medición
cultural que aplican estos autores, el éxito o el fracaso en la adquisición lingüística y, por ende,
cultural, depende de la calidad de la educación que se recibe, no de la lengua o lenguas en que se
aprende.
Ya para ir acabando, retrocederemos al principio. Como habíamos dicho, las lenguas que conviven
en el País Vasco plantean una situación de convivencia o coexistencia conflictiva, que presentábamos
más como un problema político que como un problema lingüístico. La larga coexistencia de ambas
lenguas en el mismo territorio ha dado en que una de ellas se haya constituido en la lengua más
hablada, por los motivos que ya hemos comentado, y que haya ido desplazando a la otra, casi hasta
arrinconarla. Pero como también se ha visto, no son las lenguas, a pesar de su metaforización
humanizante, las que ganan terreno o cometen atropellos, las que escriben libros y dictan leyes, las
que conforman las culturas de los pueblos. Son los hablantes los que hacen todo eso en y con una
lengua. Y, por eso mismo, son ellos los que deben respetar y ser respetados por su lengua, y en ella.
Al cabo, ni el eusquera, obligado a ser símbolo antes que lengua, ni el español, lengua koinética donde
las haya, también aupado a símbolo cultural, tienen por qué representar la idea devasquidad o
de españolidad de todos los vascos -y, por extensión, la concepción identitaria de los otros bilingües
del ámbito hispanohablante. Por eso, también, las políticas lingüísticas deberían ser, antes que otra
cosa, lingüísticas.
En cualquier caso, nos sumamos a los buenos deseos -que queremos realidad, aunque parezcan
utopía- de estas palabras: "La defensa de la koiné no puede descansar en los que se creen hablantes
prototípicos por haberla creado históricamente. Antes bien al contrario, es necesario que la koiné sea
reivindicada por los bilingües, por los que con mayor propiedad usan la koiné en calidad
de koinéticos (...). De simbolizar algo, la koiné sólo puede simbolizar un estar siendo, un dejar a cada
uno, a cada hablante y a cada comunidad, en la posesión y en el disfrute de sus peculiaridades
culturales que no se oponen a ella, sino que, al contrario, la hacen posible. Una sociedad de hombres
libres, distintos en su ser comunitario, pero iguales en su estar político y social, he aquí el mensaje
que la koiné, a pesar de los errores del pasado y de algunas desafortunadas reivindicaciones del
presente, proclama a los cuatro [Link] también lo mismo de las otras lenguas. Ojalá.
Para el hablante español medio, la autoridad máxima, algo así como el tribunal supremo del idioma,
es la Real Academia Española. Esta institución oficial nació, en 1713, con un carácter exclusivamente
técnico (diferente del de hoy, que es en gran parte honorífico) y con una finalidad muy definida, que
está de manifiesto en su lema: Limpia, fija y da esplendor.
Es decir, su misión era, basándose en el uso de los mejores escritores, establecer una forma precisa
y bella de la lengua, exenta de impurezas y elementos superfluos. Con tal objetivo, compuso la
Academia su célebre Diccionarioen seis volúmenes llamado "de Autoridades" (1726-1739), y más
tarde su Ortografía (1741) y su Gramática (1771). La autoridad que desde un principio se atribuyó
oficialmente a la Academia en materia de lengua, unida a la alta calidad de la primera de sus obras,
hizo que se implantase en muchos hablantes -españoles y americanos-, hasta hoy, la idea de que la
Academia "dictamina" lo que debe y lo que no debe decirse. Incluso entre personas cultas es
frecuente oír que tal o cual palabra "no está admitida" por la Academia y que por lo tanto "no es
correcta" o "no existe".
En esta actitud respecto a la Academia hay un error fundamental, el de considerar que alguien -sea
una persona o una corporación- tiene autoridad para legislar sobre la lengua. La lengua es de la
comunidad que la habla, y es lo que esta comunidad acepta lo que de verdad "existe", y es lo que el
uso da por bueno lo único que en definitiva "es correcto".
La propia Academia, cuando quiso imponer una determinada forma de lengua, no lo hizo a su
capricho, sino presentando el uso de los buenos escritores. La validez de un diccionario o de una
gramática en cuanto autoridades depende exclusivamente de la fidelidad con que se ajusten a la
realidad de la lengua culta común; ninguna de tales obras ha de decirnos cómo debe ser la lengua,
sino cómo es, y por tanto su finalidad es puramente informativa. Se puede buscar en ellas
orientación, no preceptos.
La actitud de reverencia ciega a la Academia, unida a la adhesión literal a uno de los principios de
fundación de ésta, da lugar a la posición purista, que rechaza cualquier palabra nueva por ser
extranjera o simplemente por ser nueva. El punto de partida de esta postura es el de suponer que
una lengua es una realidad fija, inmutable, perfecta; ignorando que tiene que cambiar al paso que
cambia la sociedad que la habla, y que, al ser un instrumento al servicio de los hablantes, éstos la van
adaptando siempre a la medida de sus necesidades.
Pero no debe confundirse el purismo, tradicionalista y cerrado, desdeñable por absurdo, con una
conciencia lingüística en los hablantes -realista y crítica a la vez- que con sentido práctico sepa
preferir, entre las varias formas nuevas que en cada momento se insinúan, las más adecuadas a los
moldes del idioma, y que, reconociendo la necesidad de adoptar extranjerismos, sepa acomodarlos
a estos mismos moldes. El desarrollo de tal conciencia lingüística sería uno de los mejores logros de
una buena enseñanza de la lengua.
Aunque es indudable la existencia de una norma en la lengua, también es innegable que no existe
"una" norma. Lasupernorma, la norma general, es, desde luego, la lengua culta escrita, que presenta
una clara uniformidad básica en todo el mundo hispanohablante; pero el uso cotidiano se fragmenta
en normas menores, variables según la geografía y según los niveles, que, sin romper la unidad
general del idioma,, ofrecen a menudo matices muy peculiares. A esta variedad de normas, y no sólo
a una dogmática norma unitaria, debe atender una enseñanza realista de la lengua, en beneficio de
los hablantes y de la propia lengua.
El diccionario está hecho con el propósito de que se puedan consultar palabras que ayuden a
comprender no solo un texto del español actual, sino de aquel con el que Quevedo adornaba sus
páginas. Esa es la razón, explican en la Real Academia, de que algunos vocablos chisporroteen en la
mentalidad moderna. Son molestos, ofensivos, irritantes, merecedores de cambios o acotaciones.
Pero los académicos no encuentran motivos de expulsión: su misión se limita, señalan, a dar cuenta
de lo que hay, el diccionario “no es más que un catálogo, nosotros no promovemos un uso ni una
palabra”, solo se recoge con pretensión notarial, dice José Antonio Pascual, vicedirector de la
Academia. El secretario de la institución, Darío Villanueva, comparte la opinión: “Recogemos las
palabras que funcionan y podemos perfeccionar las definiciones, corregir errores..., pero no se puede
concebir un diccionario celestial, porque las palabras definen lo conveniente y lo inconveniente, lo
justo y lo injusto, como decía Aristóteles”.
Diversos colectivos y personas llaman cada año a la puerta de la institución proponiendo cambios,
matices, nuevas palabras. Estos días fueron los judíos quienes pidieron la expulsión definitiva del
término judiada: acción mala, que tendenciosamente se consideraba propia de judíos. La Academia
contesta a todos, pero no siempre de acuerdo con sus requerimientos. La respuesta a este colectivo
ha sido no. De una forma general, Villanueva dice: “No se puede confundir la palabra con la actitud y
el sentimiento. ¿Quién admitiría un diccionario expurgado?, sería inquisitorial”.
Inquisición. Eso le recuerda al escritor Manuel Rivas, académico de la lengua gallega, que también los
judíos tendrían alguna palabra para definir el sufrimiento que les infligían los guardianes de la
ortodoxia católica, pero ese término no se encuentra en el diccionario. ¿Por qué? “Porque ya se sabe
que quien tiene el diccionario tiene el poder”. Rivas no quiere dejarse engañar con “posiciones de
supuesta neutralidad, que suelen ser conservadoras” y cree que esto cabe para diccionarios y
Academias. “A veces el lenguaje es un elemento de dominación y hay que desenmascararlo”. No cree
que sea exacto eso de que el lenguaje recoge la realidad, sino que “el lenguaje agresivo, de dominio,
de desprecio, precede a un estado real de desprecio y de dominio. No refleja, anticipa”, dice. “El
lenguaje es un campo de batalla, un espacio de lucha, es ingenuo verlo de otra forma; es un espejo
de las relaciones de poder, y los que trabajan con las palabras no pueden ser ajenos a ello”, añade.
Pero eso no significa que se expulsen términos, aunque el escritor no lo descarta —“En el diccionario
gallego se ha quitado gitanada”— porque, a su parecer, “tirar una palabra también constituye una
agresión. En la quema de libros de los nazis en 1933 no se echaba a la hoguera el libro de Freud, en
realidad era quemar al propio Sigmund Freud”, ejemplifica. “No hay por qué ignorar un término, pero
sí significarlo”. Lo que pide es que se incluyan palabras y que se modifiquen. De nuevo cita al
diccionario gallego, donde la palabra matrimonio incluye la unión entre dos personas,
independientemente de su sexo. “Eso da cabida a todo el mundo”, dice. La Real Academia también
ha modificado esta entrada para ajustarla a la legislación.
Reclama, finalmente, una actitud por parte de los académicos que vaya más allá del mero reflejo de
cierta realidad: pide que sean promotores, no solo notarios, a la búsqueda de esas palabras para la
paz, porque “hay que llamar a la gente como quiere ser llamada, siempre fruto de un consenso”.
Coinciden con él en la necesidad de cierta promoción o de iniciativas sobre la lengua por parte de la
Academia algunos colectivos feministas, que han batallado por modificar o incluir algunos términos
desde hace años. La economista y editora Ana Mañeru Méndez, algunos años vinculada al Instituto
de la Mujer, lo explica con un ejemplo, el de la poeta norteamericana Emily Dickinson: “Se saltó todas
las reglas de la lengua, las de puntuación, las mayúsculas, atribuía el género como le parecía,
descolocaba las estrofas y no la destrozó ni la afeó, sino que abrió otro universo de expresión”. Cree
que la lengua, “una herramienta poderosa de control y poder, no necesita tantas normas —porque
se excluye a aquellos que no la usan como queda estipulado—, sino una actitud por parte de los
académicos de observación, de admiración, de asombro, incluso de devoción por lo que ocurre, por
cómo vive y evoluciona. Sin embargo, la Academia se limita a recoger algunos términos cuando ya es
inevitable, porque el ridículo sería grande, cuando el fenómeno está consolidado”. Y finaliza: “Yo
tampoco estoy por eliminar palabras, pero sí por introducir algunas, como prostituidor. El papel de
la RAE debe ser activo, no de propiedad, de promotores, no de guardianes”.
Los académicos están acostumbrados a las críticas y las quejas desde 1726, con aquel primer
Diccionario de autoridades. En 1818, cuando ya Fernando VII había vuelto a España con su
absolutismo y su Inquisición, un fraile denunció a la Academia por su definición de caos: desorden
antes de la creación. “Antes de la creación no había nada, dijo el fraile, por tanto, el texto era
herético”, relata Darío Villanueva. La Academia resistió el envite. Ahora tiene normas para resistir
algunos otros, que no son pocos. “Quizá esto es más desconocido, pero las empresas titulares de
marcas registradas son refractarias a que esas marcas se conviertan en nombre común; tenemos
maicena, teflón, zodiac, y nos piden insistentemente que las quitemos. Alegan propiedad”. La
respuesta que reciben es que “la gente las usa ignorando su origen y no se puede expropiar a los
hablantes de sustantivos comunes. Una cosa es la patente avalada por investigación o fórmula y otra,
la palabra que la designa”, dice Villanueva.
Cita también las llamadas marcas del diccionario (en desuso, obsceno, coloquial, vulgar) como
matices ilustrativos para aquellos vocablos que pueden resultar insultantes. A la Academia se le ha
acusado de muchas cosas, reconoce Villanueva, “de gazmoños y de pacatos en términos de sexo, por
ejemplo, y es verdad, se han incorporado muchas palabras que tenían que estar, como mamada”.
También se les dice que no están al tanto de lo que se mueve a su alrededor, que son lentos de
reacción. “Tiempo al tiempo”, dicen. “Las palabras deben pasar un mínimo de cinco años de
cuarentena para ver si se consolidan. El año pasado se presentó a pleno pagafantas, que incluso daba
nombre a una película; se discutió y se sometió a la revisión de continuidad: ya no se usa. Estamos
viendo también si se consolida perroflauta”, menciona Villanueva. Es decir, si alcanza las condiciones
que le darán entrada en el diccionario, sobre todo una frecuencia de uso.
Esta es la función de la Academia, recoger lo que se habla en la calle cuando satisface las normas
establecidas. De ahí la existencia de palabras malsonantes, términos incómodos o hirientes. Después
de todo, dice Villanueva, “eso no significa que los hablantes tengan la obligación de usarlos”. Cierto,
pero así como un uso masivo concede la entrada en el diccionario, el desuso no la hará desaparecer
nunca, porque han de quedar como referentes de un habla del pasado.
El escritor Andrés Trapiello deja esta reflexión mediante un correo electrónico: “Las palabras mueren
de muerte natural, no porque lo decida ninguna Academia. La palabra judiada respondía a tiempos
en los que en la España tridentina se veía a los judíos como responsables de la crucifixión, igual que
la palabra jesuítico remite a cuando los jesuitas se apoderaron del Estado con malas artes. La
comunidad judía o la Compañía de Jesús, que saben mucho de expulsiones, están en su derecho de
pedir la expulsión de esas palabras del diccionario, pero seguirán utilizándose, si hay gente que las
encuentra expresivas y en según qué contexto, o se arrumbarán por desusadas. Y como en todo, si
hay personas a las que molesta, no cuesta nada, por cortesía, no usarlas; tenemos otras muchas en
el diccionario para significar lo que queríamos decir con ellas”, dice.
No se conforma con esa ausencia de uso la escritora “española y judía” Esther Bendahan. “Las
palabras responden a un inconsciente colectivo y su percepción sobre minorías. Si no se explican, si
se descontextualizan, se las despoja del significado exacto. No digo quitarlas, porque interesa la
historia de esa palabra, pero sí desactivarlas, si nos ponemos ciertas fronteras el uso va
desapareciendo, hay que explicarlas. Y eso también se hace en el diccionario”.
Debía dirigirme al aeropuerto de Bogotá, en diciembre de 1997, y una empleada colombiana del
Hotel de la Ville, coqueto y francés, en el norte de la ciudad, me advirtió: "No vaya usted por esa
avenida, porque a estas horas se encontrará un trancón".
Estos cromosomas de las palabras -tan vinculados a la genética del idioma- constituyen la base que
nos permite asegurar que 400 millones de personas hablamos la misma lengua.
En Zacatecas (México) , precisamente durante el congreso sobre el idioma español, necesité comprar
lo que en España se llaman cuchillas de afeitar, concepto que, tomando la parte por el todo (
sinécdoque) , incluye no sólo la hoja sino también el manguito de plástico en el que ésta se inserta
para mayor comodidad del usuario. En fin, necesitaba cuchillas. La dependienta me entendió muy
bien, a pesar de que ella tampoco habría empleado nunca la expresión que yo acababa de usar. "Ah,
ya sé", me respondió. "Usted lo que quiere es un rastrillo".
En efecto, la cuchilla de afeitar, o de depilar, se acompaña por una especie de rastrillo que pasa por
la superficie de la cara, o de las piernas, para arrancar el vello y respetar la piel, como el rastrillo del
labrador quita las piedras sin llevarse la tierra.
En los últimos años han llegado al diario donde trabajo numerosos periodistas latinoamericanos, que
cumplen en la Redacción sus prácticas o sus becas, generalmente tras unos meses de estudios en la
Escuela de Periodismo Universidad Autónoma-ElPaís. A veces utilizan en sus reportajes ―que se
publican con normalidad en el diario, puesto que durante su estadνa ejercen como redactores―
palabras que, perteneciendo al idioma español, tienen mayor presencia en sus países que en España,
donde el uso las sustituye por otras igualmente válidas. Por ejemplo, ellos emplean muya menudo
"inclusive" en el lugar de "incluso". Algunos editores les han corregido, sobre todo años atrás. Yo creo
que no habría que hacerlo, y ésa parece ser la tendencia actual. Por ejemplo, el 5 de agosto de 1988
se publica en la sección de Deportes una información de Hernán Iglesias, argentino que cursaba el
posgrado en la Escuela de Periodismo de El País. Yexplica su texto: "La comisión se expidió ayer
también sobre los casos del Betis y el Valencia". En efecto, "se expidió" sonará raro a muchos
hispanohablantes, pero el Diccionario registra tal expresión como propia de Chile y Uruguay (vemos
que también en Argentina, como no podía ser de otra manera si tenemos en cuenta la situación
geográfica de los tres países), y la define así en la entrada "expedir": "Pronominal [por
tanto, expedirse,. es decir, como el periodista argentino emplea el verbo]. Manejarse, desenvolverse
en asuntos o actividades". y pese a ser una expresión propia de determinados países, los cientos de
miles de lectores de ElPaís de Madrid habrán comprendido perfectamente su significado, que habrán
asociado sin duda con "despachar".
Hablar un mismo idioma no equivale a utilizar las mismas palabras para todo. A los españoles nos
suenan hermosísimas muchas expresiones de América Latina porque se hunden en lo más profundo
de nosotros mismos y se nos muestran como soluciones lógicas, pero diferentes, para nuestras
propias ideas; y definen además con exactitud nuestras propias ideas; aunque de un modo distinto.
Supongo que lo mismo le ocurre a un latinoamericano al escuchar a un español oa cualquier otro
hispanohablante de un país distinto al suyo. Es.o es la unidad del idioma, el genio profundo que da
vigor a todo el sistema lingüístico, la sima que podemos compartir 21 países y que arroja hacia la
superficie criaturas identificables porque proceden de la misma cultura. Que no es ya la cultura que
impusieron los españoles a partir de 1492, sino la que todos los pueblos hispanohablantes han ido
creando conjuntamente durante estos siglos.
La unidad del idioma no se altera en absoluto por el hecho de que un español bucee en la "piscina"
mientras un mexicano nada en la "alberca " y un argentino se baña en la "pileta", estando todos ellos
en el mismo lugar. Las tres -precisas, hermosas- parten de lo más profundo de nuestro ser intelectual
colectivo. Podemos ver el ADN de "piscina" en piscis, y en "piscifactoría ", y hasta saber que la palabra
procede de aquellos estanques de los jardines que se adornaban con peces; y relacionar su significado
con un lugar donde se almacena agua y donde, como peces en el agua, podemos aumentar la
velocidad mediante unas aletas como las del pez, y también nadar al estilo rana. Y la "alberca "
mexicana ( del árabe al birka, estanque) nos llevará por la genética y la historia a terrenos de regadío
rurales donde se hacía preciso almacenar el agua para luego esparcirla, y donde los mozos del campo
se remojaban para ahuyentar la sofoquina. Y a la "pileta" podemos asociarlacon "pila"y con "pilón"
("¡al pilón, al pilón", se grita en los pueblos de Castilla cuando el grupo verbenero se quiere bajar del
escenario demasiado pronto), y tam expresión española es como las dos anteriores.
Los jóvenes mexicanos harán un clavado en el agua donde los barceloneses se tirarían de cabeza o
los limeños, entre otros, disfrutarían de una zambullida, y el estilo empleado al hacerlo le parecería
lindo a un chiapaneco y bonito a un sevillano; y ambos se entenderían también, por más que el
sevillano nunca dijese "lindo" ni el chiapaneco "bonito", igual que el español pronunciaría "paliza "
donde el americano "golpiza" y los dos entenderán la expresión del otro sin haberla pronunciado
jamás. Y ambos sabrán de lo que hablan cuando el mexicano cite "la computadora" y el europeo "el
ordenador", inf1uido aquél por el por el inglés (pero con familia en el español: computar, cómputo...)
y éste por el francés (pero con los genes de las romances: orden, ordenar, el que ordena: ordenador).
Y si preguntamos en Argentina cuánto nos falta para llegar a una calle pueden contestarnos que "dos
cuadras" donde nosotros diríamos "dos manzanas", pero tan metafórica resulta una expresión como
otra y las comprenderemos sin problemas 1.
El cada vez más intenso intercambio cultural entre los dos lados hispanos del Atlántico va
reproduciendo un fenómeno curioso: las palabras específicas -esas soluciones distintas a cada lado,
halladas en las esencias del idioma- circulan ahora cada vez más desde Latinoamérica hacia España,
asumidas rápidamente por quienes las reconocen como propias aun inventadas a miles de kilómetros
de distancia. Los españoles, por ejemplo, hablan ya del "ninguneo" que sufre alguien, una expresión
y un verbo (ningunear) inexistentes en la península hace apenas diez años; y "grabadora" "está
sustituyendo a "casete" con la fuerza del oleaje que la impulsó desde América; y el "culebrón" ha
reemplazado a la "telenovela" en las pantallas y en el vocabulario de la gente. y con la gente empieza
a abrirse paso la palabra "engentarse", que podemos definir como "saturación de presencia humana
", "estar ahíto de gente"; por ejemplo, en un bar de moda en el cual se hace imposible llegar a la
barra para pedir una copa. O en una fiesta a la que han acudido más invitados de los que se esperaba.
Situaciones ambas que le engentan a uno y le incitan a marcharse, o al menos a desearlo.
El intercambio de palabras, sin embargo, no data de los tiempos actuales. De ello puede dar buena
imagen la historia de la voz "tiza ", que designa esa arcilla terrosa blanca que se utiliza para escribir
en los encerados. Un elemento, por cierto, que va desapareciendo de los colegios, sustituida por los
rotuladores de alcohol y las pizarras ( que ya no lo son) de plás tico blanco; pero que permanecerá
aún muchos años entre los jugadores de billar, quienes usan un compuesto de greda y yeso para
afinar la suela de los tacos y al que llaman igualmente "tiza". Pues bien, la palabra "tiza" procede del
náhuatl, del vocablo tizatl que decían los indígenas, y de allí se llevaron la palabra los españoles. Sin
embargo, los mexicanos llaman a la tiza "gis", palabra de raíz griega (del griego gipsum, yeso) llevada
a México precisamente. ..por los españoles.
El lenguaje del fútbol en España ha dado paso a numerosos argentinismos, y así los locutores hablan
de "botar un saque de esquina ", en una acepción del verbo "botar" (lanzar, arrojar) que rara vez se
usa para otros lanzamientos en la Península y las islas. Pocos españoles saben que la palabra "hincha
", que todos ellos conocen como descriptiva del apasionado seguidor de un equipo, nació en Uruguay,
y que arranca del hecho de que el forofo que más animaba al Nacional de Montevideo de principios
de siglo era Reyes, el que hinchaba los balones; el "hincha ".
La palabra "auspiciar" -apoyar, proteger-, que el lingüista Rafael Lapesa 2 recogía en 1966 como
propia del español de América y desconocida en España, circula ya con su documento de identidad
por toda la Península y cualquier español habla ya de algo "novedoso ", una voz que entró en
el Diccionario en los años veinte, a propuesta de Ramón Menéndez Pidal, con marchamo de
americanismo. y con letras de canciones -Chabuca Granda, Les Luthiers, Los Chalchaleros, Los Cuatro
Cuartos, Cholo Aguirre y sus ríos. .. Víctor Jara, Quilapayún, Facundo Cabral, Alberto Cortez, Cafrune,
Larralde, Chavela Vargas- o con las frases de la literatura, llegaron también términos como "quebrada
" (arroyo en Argentina, lo que un chileno llamaría "acequia"), o "pollera" (falda), o "vereda" (acera en
Argentina) o "capitalino" ( de la capital). En ellas vemos con precisión su significado: ¿No es hermoso
pensar en los quiebros que da el agua del riachuelo, o en los pollitos que alguna mujer reunió en su
falda, o en la vereda en la que un día se plantó el cemento de la acera?; y las entendemos; y por eso
podemos pensarlas.
Lo mismo sucede cuando una camarera latinoamericana le pregunta a un español: " ¿Le provoca un
café?". Tal vez tenga la tentación de contestar que le provoca más la camarera, pero habrá entendido
el significado profundo de "provocar" en español 3.
¿Y cómo no comprender lo que se intenta decir cuando alguien anima a otro: "hombre, no te me
achicopales"? Y los hispanohablantes europeos reconoceremos que achicopalarse refleja mucho más
que acobardarse o retraerse, que no se trata de un vocablo equivalente sino de otra manera de
emplear el español, en este caso con sus influencias indígenas, para llegar a un resultado singular,
cuyos cromosomas podemos relacionar con "achicarse" o hacerse pequeño ante una
adversidad. 4 Más fácil aún resultará entender a la mexicana que nos presente a su novio con buen
humor, resolviendo de un plumazo las dudas del lado europeo del Atlántico entre "mi compañero",
"mi amigo", "mi prometido", "mi chico"." que las distintas formas de convivencia han acabado por
superar y que derivan en que la gente que aún no ha llegado acierta edad se enrede en dudas al
referirse a su pareja. Pero la mexicana dirá: "...Y aquí le presento a mi pioresnada". Y la
comprenderemos perfectamente.
1
El Diccionario da una escueta explicación de la palabra "cuadra", al definirla simplemente como algo
cuadrado. Tal vez debiera añadir que una cuadra es el lugar donde se encierra a los animales
(generalmente a los équidos) y también un conjunto de edificios cuyas calles adyacentes forman un
cuadrado.
2
Rafael Lapesa. Revista de Occidente, art. cit. "América y la unidad de la lengua española ". Ese
artículo se reproduce en El español moderno y contemporáneo, Rafael Lapesa, op. cit.
3
"Provocar", por influencia del inglés, se hace equivaler a veces a "causar": "le provocó una herida",
en lugar de "le causó una herida". "Provocar" implica una acción que acarrea o incita a otra acción.
Causar supone simplemente una acción, que alguien o algo recibe de manera pasiva. Se ve mejor la
diferencia en los sustantivos: causa y provocación; la causa necesita sólo una acción; la provocación
precisa una, pero pretende dos.
4
Ni achicopalarse ni engentarse figuran en el Diccionario de la Real Academia Española.