Ce.R.P. del Norte.
2024
Especialidad: Literatura
Modalidad: Semipresencial
Unidad curricular: Gramática española
Práctico 1 para la primera prueba parcial.
Trabajo en equipo: Hasta cuatro integrantes.
Atención: Es imprescindible para la resolución de cada consigna declarar la bibliografía de
consulta: Di Tullio 2014. RAE 2009, dos tomos. /2010 Manual. GDLE 2009, Diccionarios de
la RAE. Indicar la referencia completa: nombre de la obra, año de publicación, capítulo,
página, párrafo.
Además de la bibliografía indicada, pueden consultar el material de apoyo sobre este tipo de
ejercicios “Aplicación de la gramática en el aula” Bosque, 2014
Consigna:
Análisis directo
1) Explicite la información gramatical (modo, tiempo, número y persona) de los verbos
destacados en gris. (1,5 puntos)
Los verbos son: venía, vio, hice, he venido, matara.
Venía: pretérito imperfecto, primera persona, irregular, modo indicativo.
Vio: irregular, pasado, tercera persona, modo indicativo.
Hice: primera persona del singular, pasado, modo indicativo, pretérito perfecto
simple.
He venido: pretérito perfecto compuesto, primera persona del singular, pasado, modo
indicativo.
Matara: regular, modo indicativo, pasado, pretérito imperfecto del subjuntivo, primera
persona del singular.
María Elizabeth
Quenón.
2) Explique qué motiva que los términos subrayados no aparezcan en el DLE. (1 punto)
La ausencia de una palabra en el Diccionario de la Real Academia Española (DLE) puede
darse por diferentes motivos:
En el caso de Recabarren: carece de un significado léxico debido. Es un nombre propio por lo
que no posee sinónimos o antónimos y no son traducibles.
“acostumbrando”: no aparece en el DLE porque es una forma verbal conjugada del verbo
“acostumbrar”.
3) Clasifique los términos que aparecen destacados en celeste, según sean palabras derivadas
o compuestas y señale sus morfemas constituyentes. Clasifíquelas según la categoría a la que
pertenezcan: sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios, determinantes (especifique cuál),
pronombres, conjunciones, interjecciones (1,5 punto)
“infinitamente”: es una palabra derivada, adverbio del adjetivo “infinito”. “infinito”
lexema, “-mente” sufijo.
“que”: palabra simple, pronombre relativo. Lexema “que”. Se utiliza para introducir
una oración determinada que se relaciona con la oración principal.
“ejecutor”: palabra derivada, sustantivo derivado del verbo “ejecutar”. “ejecut”
lexema, “-or” sufijo.
“forastero”: palabra derivada, adjetivo. “foraster” lexema, “-o” sufijo.
“con” palabra simple, preposición. “con” lexema. Las preposiciones son palabras que
indican relaciones entre otras palabras en una oración.
“contrapunto”: palabra compuesta, sustantivo. “contrapunt” lexema, “-o” sufijo.
“ganoso”: palabra derivada, adjetivo. “gano” lexema, “oso” sufijo.
“antebrazo”: palabra compuesta, sustantivo. “antebrazo” lexema.
“hachazo”: palabra derivada, sustantivo. “hach-” lexema, “-azo” sufijo.
“ensangrentado”: palabra derivada, participio del verbo “ensangrentar”. “ensangrent”
lexema, “-ado” sufijo.
“justiciero”: palabra derivada, adjetivo calificativo. “justici” lexema, “-ero” sufijo.
María Elizabeth
Quenón.
-Di Tullio, Á. (2014). Manual de gramática del español (2da ed.). Ciudad Autónoma de
Buenos Aires. Waldhuter Editores. Capítulo 2. (pp. 35-44)
Análisis de ambigüedad
4) Explicite dos posibles interpretaciones para los siguientes enunciados y explique qué
genera esta ambigüedad. (1,5 punto)
Estaba cansada, no podía dormir.
Presenta una ambigüedad léxica y podría interpretarse de diferentes maneras:
Insomnio: el enunciado podría indicar que la persona puede tener dificultades para conciliar
el sueño.
Cansancio mental: otra interpretación posible es que la persona puede estar estresada o
padece de ansiedad.
La ambigüedad radica en la posibilidad de interpretar la frase de diferentes maneras.
Fernando compró barato su automóvil en la revendedora.
Ofrece una ambigüedad léxica, puede interpretarse de distintas maneras:
Calidad del automóvil: el automóvil es de baja calidad debido a lo “barato” que estaba.
Precio del automóvil: Fernando adquirió un automóvil a un precio bajo.
La ambigüedad surge debido a la palabra “barato”, ya que puede tener diferentes significados
según el contexto.
-Real Academia Española (2019). Glosario de términos gramaticales. Ediciones Universidad
de Salamanca. (pág. 32).
María Elizabeth
Quenón.
Análisis de pares
5) Explicite a qué categoría corresponden los términos subrayados en los ejemplos. Además,
clasifíquelos según sean clases variables o invariables. Explique su decisión en función de los
ejemplos del ejercicio. (1,5 puntos)
a) Colócalo cerca de la estufa. Adverbio.
b) El viento derribó la cerca. Sustantivo
c) ¿Te sirves té o café? Pronombre personal. Sustantivo masculino.
Cerca, es una palabra variable, puede pertenecer a diferentes categorías gramaticales según
el contexto. En el caso del ejemplo a) el adverbio expresa proximidad en lugar.
En el cado de b) el sustantivo se refiere a un muro o valla que rodea el lugar.
En el caso del enunciado c) “Te” es un pronombre personal, variable también, se utilizan
cuando queremos sustituir a un sustantivo. “té” es un sustantivo masculino, varaiable, puede
pertenecer a diferentes categorías gramaticales.
-Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2010).
Manual de la Nueva Gramática de la Lengua Española. Editorial Espasa. Capítulo 1. (pp. 10-
11).
Análisis de agramaticalidad
6) Explique qué genera la agramaticalidad de las siguientes estructuras: (1.5 puntos)
* Los jóvenes riverense.
En esta estructura, sin la “s” al final es agramatical debido a la falta de concordancia en
número. El adjetivo “riverense” también debe concordar en número con el sustantivo
“jóvenes” al que modifica. La oración correcta sería “Los jóvenes riverenses”.
* El gato bebe la carne.
María Elizabeth
Quenón.
Este caso es agramatical porque carece de contexto. En español no existe sentido para esta
oración. Los gatos no beben la carne, la comen. Es decir, aunque no hay errores gramaticales,
la oración es ambigua.
Felipe caminar por la playa durante toda la tarde.
Es agramatical porque el verbo “caminar” está en infinitivo, pero para que esta oración
concuerde, necesitamos que la conjugación del verbo concuerde con el sujeto “Felipe”, la
forma correcta sería “Felipe camina por la playa durante toda la tarde”.
-Di Tullio, Á. (2014). Manual de gramática del español. (2da ed.). Ciudad Autónoma de
Buenos Aires. Waldhuter Editores. Capítulo 1. (pp. 19-21).
Análisis inverso
7) Escriba dos enunciados (a y b) en los que aparezca el término pila, en un caso debe
corresponder al sustantivo (ejemplo a) y en el otro a un adverbio (ejemplo b). (1 punto)
a) El reloj de pulsera necesita una nueva pila para seguir funcionando.
b) Mientras doblaba una pila de ropa limpia, Luisa limpiaba el ropero que tenía moho.
Escriba un sintagma preposicional requerido por un verbo de acción. (1 punto)
“La profesora les entregó las calificaciones a sus estudiantes”. La preposición “a” introduce
al sintagma preposicional “a sus estudiantes”.
8) Escriba un término para cada una de las siguientes propuestas (1, 5 puntos):
a) Palabra compuesta formada por una preposición y una base nominal (sustantivo).
“portafolios”: “porta” preposición, “folios” sustantivo. Se unen para referirse a una carpeta
utilizada para llevar documentos.
b) Palabra derivada que contenga un alófono del prefijo in.
“injusto”: palabra derivada con el prefijo “in”, la variante alófana es la “j” en lugar de la “n”
inicial.
María Elizabeth
Quenón.
c) Rasgos distintivos de los sonidos fonológicos que se ensamblan en las palabras: mesa –
pesa- tesa.
Mesa: /m/ consonante bilabial, sonante, nasal. /e/ fonema vocálico anterior palatal de abertura
media. /s/ consonante alveolar, fricativo, sordo. /a/ fonema vocálico de mayor abertura.
Pesa: /p/ consonante bilabial, oclusivo, sordo. /e/ fonema vocálico anterior, palatal de
abertura media. /s/ consonante alveolar, fricativo sordo. /a/ fonema vocálico de mayor
abertura.
Tesa: /t/ consonante alveolar, oclusivo, dental, sordo. /e/ fonema vocálico anterior, palatal de
cobertura media. /s/ consonante alveolar, fricativo, sordo. /a/ fonema vocálico de mayor
abertura.
-Di Tullio, Á. (2014). Manual de gramática del español. (2da ed). Ciudad Autónoma de
Buenos Aires. Waldhuter Editores. Capítulo 4. (pp. 75-77).
- Di Tullio, Á. (2014). Manual de gramática del español. (2da ed). Ciudad Autónoma de
Buenos Aires. Waldhuter Editores. Capítulo 11. (pp. 214-216).
-Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2010).
Manual de la Nueva Gramática de la Lengua Española. Editorial Espasa. Capítulo 1. (pág. 5)
Texto
Jorge Luis Borges (1899–1986) EL FIN (Artificios, 1944; Ficciones, 1944)
RECABARREN, tendido, entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco. De la
otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra, una suerte de pobrísimo laberinto que se
enredaba y desataba infinitamente…
María Elizabeth
Quenón.
Recobró poco a poco la realidad, las cosas cotidianas que ya no cambiaría nunca por
otras. Miró sin lástima su gran cuerpo inútil, el poncho de lana ordinaria que le envolvía las
piernas. Afuera, más allá de los barrotes de la ventana, se dilataban la llanura y la tarde; había
dormido, pero aún quedaba mucha luz en el cielo. Con el brazo izquierdo tanteó dar con un
cencerro de bronce que había al pie del catre. Una o dos veces lo agitó; del otro lado de la
puerta seguían llegándole los modestos acordes. El ejecutor era un negro que había aparecido
una noche con pretensiones de cantor y que había desafiado a otro forastero a una larga
payada de contrapunto. Vencido, seguía frecuentando la pulpería, como a la espera de
alguien. Se pasaba las horas con la guitarra, pero no había vuelto a cantar; acaso la derrota lo
había amargado. La gente ya se había acostumbrado a ese hombre inofensivo. Recabarren,
patrón de la pulpería, no olvidaría ese contrapunto; al día siguiente, al acomodar unos tercios
de yerba, se le había muerto bruscamente el lado derecho y había perdido el habla. A fuerza
de apiadarnos de las desdichas de los héroes de las novelas concluimos apiadándonos con
exceso de las desdichas propias; no así el sufrido Recabarren, que aceptó la parálisis como
antes había aceptado el rigor y las soledades de América. Habituado a vivir en el presente,
como los animales, ahora miraba el cielo y pensaba que el cerco rojo de la luna era señal de
lluvia.
Un chico de rasgos aindiados (hijo suyo, tal vez) entreabrió la puerta. Recabarren le
preguntó con los ojos si había algún parroquiano. El chico, taciturno, le dijo por señas que no;
el negro no cantaba. El hombre postrado se quedó solo; su mano izquierda jugó un rato con el
cencerro, como si ejerciera un poder.
La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta, como vista en un sueño. Un punto se
agitó en el horizonte y creció hasta ser un jinete, que venía, o parecía venir, a la casa.
Recabarren vio el chambergo, el largo poncho oscuro, el caballo moro, pero no la cara del
hombre, que, por fin, sujetó el galope y vino acercándose al trotecito. A unas doscientas varas
dobló. Recabarren no lo vio más, pero lo oyó chistar, apearse, atar el caballo al palenque y
entrar con paso firme en la pulpería.
Sin alzar los ojos del instrumento, donde parecía buscar algo, el negro dijo con dulzura:
—Ya sabía yo, señor, que podía contar con usted.
El otro, con voz áspera, replicó:
—Y yo con vos, moreno. Una porción de días te hice esperar, pero aquí he venido.
María Elizabeth
Quenón.
Hubo un silencio. Al fin, el negro respondió:
—Me estoy acostumbrando a esperar. He esperado siete años.
El otro explicó sin apuro:
—Más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos.
Los encontré ese día y no quise mostrarme como un hombre que anda a las puñaladas.
—Ya me hice cargo —dijo el negro—. Espero que los dejó con salud.
El forastero, que se había sentado en el mostrador, se rió de buena gana. Pidió una caña
y la paladeó sin concluirla.
—Les di buenos consejos —declaró—, que nunca están de más y no cuestan nada. Les
dije, entre otras cosas, que el hombre no debe derramar la sangre del hombre.
Un lento acorde precedió la respuesta de negro:
—Hizo bien. Así no se parecerán a nosotros.
—Por lo menos a mí —dijo el forastero y añadió como si pensara en voz alta—: Mi
destino ha querido que yo matara y ahora, otra vez, me pone el cuchillo en la mano.
El negro, como si no lo oyera, observó:
—Con el otoño se van acortando los días.
—Con la luz que queda me basta —replicó el otro, poniéndose de pie.
Se cuadró ante el negro y le dijo como cansado:
—Dejá en paz la guitarra, que hoy te espera otra clase de contrapunto.
Los dos se encaminaron a la puerta. El negro, al salir, murmuró:
—Tal vez en éste me vaya tan mal como en el primero.
El otro contestó con seriedad:
—En el primero no te fue mal. Lo que pasó es que andabas ganoso de llegar al segundo.
Se alejaron un trecho de las casas, caminando a la par. Un lugar de la llanura era igual a
otro y la luna resplandecía. De pronto se miraron, se detuvieron y el forastero se quitó las
espuelas. Ya estaban con el poncho en el antebrazo, cuando el negro dijo:
María Elizabeth
Quenón.
—Una cosa quiero pedirle antes que nos trabemos. Que en este encuentro ponga todo su
coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace siete años, cuando mató a mi hermano.
Acaso por primera vez en su diálogo, Martín Fierro oyó el odio. Su sangre lo sintió
como un acicate. Se entreveraron y el acero filoso rayó y marcó la cara del negro.
Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo
dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos, pero es intraducible como una
música… Desde su catre, Recabarren vio el fin. Una embestida y el negro reculó, perdió pie,
amagó un hachazo a la cara y se tendió en una puñalada profunda, que penetró en el vientre.
Después vino otra que el pulpero no alcanzó a precisar y Fierro no se levantó. Inmóvil, el
negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió
a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie.
Mejor dicho, era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre.
María Elizabeth
Quenón.