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Marx y la crítica al capitalismo actual

BUEN ENSAYO

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2.2.2 El Marx definitivo y la crítica fundamental al capitalismo.

El mejor Marx, el definitivo, es el posterior a 1857, el de Los

Grundrisse (escritos fundamentales), el de las cinco redacciones de El

Capital, el de la crítica fundamental al capitalismo, y es al que se hará

referencia directamente, pero sobre todo, bajo la mirada y mediación de

E. Dussel, F. Hinkelammert y J.J. Bautista Segales. Es el Marx del siglo XXI.

Ahora bien, quizá sea necesario precisar que, la intensión de este

título no es exponer en su totalidad el pensamiento de Marx, tan solo, lo

que se considera esencial en él, y que bajo cierto planteamiento, también

esencial a esta investigación. Es imperioso insistir, esta no es una tesis de

economía (o filosofía económica), pero debe afirmarse con toda

determinación; sin un juicio económico, la presente investigación seria

ingenua e inútil.

Estudiar un cine hecho en los andes, y no preguntar por la

representación de la pobreza del hombre andino, no interrogar por la

reproducción de la desigualdad, la exclusión y humillación histórica, las

lógicas de dominación y explotación que sufre el pueblo peruano y

cusqueño, o los orígenes de tal condición, convierte la investigación

cinematográfica con pretensión crítica, en fetichista (autorreferencial),

espuria y frívola, y revela al investigador como un hipócrita y cómplice de

un mortal y oscuro proceso de opresión. O en el mejor de los casos, en un

desamparado ciego. Y ese, no es el camino elegido en este trabajo de

investigación.

El capitalismo es el único sistema económico que destruye por

partes iguales las dos formas de vida principales de este planeta, el hombre

y la naturaleza. Mata al hombre porque genera riqueza a partir de la

apropiación del trabajo del obrero o trabajador, y mientras por arriba se


incrementa la acumulación de capital, por abajo, en sentido

diametralmente proporcional, se genera desposesión y miseria. Las dos

caras de la moneda.

Véase un pequeño ejemplo. Por un lado, según el INEI (2023), el

gasto real promedio per cápita mensual se ubicó en 825 soles, y la pobreza

monetaria a nivel nacional supuso el 27,5% de la población del país, es

decir, una aproximado de más de nueve millones de peruanos. Debe

tenerse claro, la pobreza es muerte sistémica, lenta y silenciosa. Y por el

otro lado, las tres personas más ricas en el Perú (Rodríguez-Pastor, Brescia

y Hochschild) acumularon una fortuna de más de 62 mil millones de soles.

Es simple, esta es la pobreza y desigualdad en el Perú neoliberal del siglo

XXI.

Pero también el capitalismo, desde su supuesto “poder civilizador”,

es destrucción de la naturaleza. El mito del progreso no es otra cosa que la

proyección al crecimiento infinito de la producción industrial y tecnológica

moderna, que entiende a la naturaleza como un objeto explotable, y lo peor

de todo, como fuente ilimitada de recursos.

Ni el hombre ni la naturaleza son infinitos, sino entidades vivas

limitadas y frágiles; y el capitalismo, en su modernidad, en su brutal

competencia, en su ciego criterio de elección tecnológica, en su

desmedida ambición por el incremento de la tasa de ganancia, y su

progresiva producción de pobreza y miseria, lo niega.

Entonces, no existe autor en este nuevo siglo, ni en el anterior, que

pueda explicar mejor la razón de la pobreza y desigualdad global, y la

destrucción de la naturaleza que Marx. Nombres como los de J. M Keynes,

Amartya Sen, J. Stiglitz, T. Piketty o Y. Varoufakis son importantes,

algunos más que otros, obviamente, pero todo ellos, como la gran mayoría,
se montan sobre el capitalismo triunfante y hegemónico, lo asumen, y por

tanto, lo validan y legitiman, pasivamente lo reproducen. En consecuencia,

ninguno será capaz de dispararle al corazón del Moloch. Marx lo hizo hace

más de ciento cincuenta años.

Finalmente, este no es un pensamiento fuera de la realidad, víctima

de un voluntarismo alucinado, sino por el contrario, es una convicción

muy práctica, y de cierto modo evidente, pues si no se empieza a criticar al

capitalismo desde su misma esencia, y a la modernidad como su

fundamento, todos los esfuerzos de liberación, de autodeterminación, de

conservación de la naturaleza y de proporcionarle justicia social para los

pueblos sudamericanos, e investigaciones que como esta quieren contribuir

a estos objetivos, simplemente, serán en vano.

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