Paternidad y Propósito del Génesis
Paternidad y Propósito del Génesis
C. El diluvio (6--9)
C. Jacob (27-36)
D. José (37-50)
DATOS IMPORTANTES ACERCA DE GÉNFSLS
1. Palabra clave: comienzos
RESUMEN DE GÉNESIS
1. [Link] TRATAS DE DIOS F19 GENERAL CON LA HUMANIDAD (CAPS. 1-11)
A. LA CREACIÓN (1-2)
Estos dos capítulos afirman el hecho de una creación especial por parte de Dios. Moisés, con términos
sencillos, no científicos, declara que Dios creó de manera sobrenatural todas las cosas del universo. No empleó
materia preexistente, sino que creó la tierra y el universo de la nada (véase He. 11:3). Estos dos capítulos
responden a las dos preguntas clave que involucran los orígenes: el origen del universo material y el origen del
hombre. (Para una discusión de las teorías básicas acerca de los orígenes, véase Apéndice II, «Varios puntos de
vista acerca de los orígenes», p. 254.)
1. Los días de la creación (L1-31)
La declaración inicial en 1:1 es crítica para nuestra comprensión del relato de la creación. Este primer
versículo recapitula el relato creacional que sigue al declarar que Dios creó todo el universo organizado y todo
lo que este contiene («cielos y tierra»). El Nuevo Testamento da luz adicional al revelar que el Creador es el
Dios Trino y Uno: Padre, Hijo y Espíritu Santo (Jn. 1:3; Col. 1:16 con Job 33:4; Sal. 33:6). La palabra
empleada para «creó» es la hebrea hura para expresar la idea de una actividad extraordinaria por parte de Dios.'
Sencillamente, Dios hizo que el universo existiera.
Toda esta actividad tuvo lugar «en el principio», lo que se refiere a la semana de la creación y no a miles
de millones de años en el pasado.
«"Principio" se refiere al inicio del tiempo en nuestro universo, y demuestra que la materia del universo
tuvo un origen definido; ni es eterno ni empezó por sí mismo.»2
Además, Éxodo 20:11 y 31:17 ayudan a definir el «principio» al definir los límites cronológicos de la
creación como dentro de un período de seis días.3
Así que con esta sencilla pero profunda declaración, Moisés afirma que hay un Dios, que este Dios es
poderoso, y que es mayor que su creación. Las implicaciones de este primer versículo en el Antiguo
Testamento son enormes. Por cuanto Dios es el uno y único Creador, Él tiene el poder y la potestad de hacer lo
que decida con su creación. Él merece ser honrado y adorado por sus criaturas (véase Ap. 4:11). Sin embargo,
los hombres impíos se resisten voluntariosamente a reconocer al gran Dios Creador.
(a) Día 1: la creación de la luz (1:2-5)
Dios creó la tierra material el primer día Pero la tierra no tenía rasgos distintivos como montes o
continentes. En este punto estaba inacabada, deshabitada y vacía («informe y vacía»).' Esperaba la acción
creadora de Dios.'
La creación de la luz fue el siguiente acto de Dios, estableciendo separación entre la luz y las tinieblas.
Dios creó una fuente de luz, que no era el sol, a fin de señalar el ciclo diurno-nocturno, mientras la tierra giraba
sobre su eje. El sol fue creado en el día cuarto, después de la creación de la tierra Quizá esto fue para hablar en
contra del futuro culto pagano al sol «creador», contra la falsa ciencia religiosa de la astrología, y contra la idea
evolucionista de que la tierra procede del sol.
Aunque no hay ninguna declaración específica en Génesis 1 acerca del tema de los seres angélicos,
pueden haber sido creados el primer día, como parte de la creación de los cielos y de la tierra (Sal. 148:2-5; Job
38:7).
(b) Día 2: la creación de las aguas de arriba y de las de abajo (1:6-8)
Al elevar algunas de las aguas que estaban sobre la tierra a una región por encima de la tierra, Dios
creó la atmósfera de la tierra. Algunos creen que estas aguas de arriba eran nubes de lluvia ordinarias.' Otros
creen que formaban una gran capa de vapor de agua que rodeaba la tierra, proveyendo un efecto de
«invernadero» sobre la tierra. Este punto de vista también contempla las aguas de arriba como una gran fuente
del agua para el diluvio de los tiempos de Noé.'
Dios habló y grandes zonas de la tierra aparecieron de repente de debajo de las aguas de abajo. La tierra,
que tenía una corteza fría, tenía ahora montes, llanuras y cuencas oceánicas. Dios luego hizo que existieran los
árboles y la vegetación. Fueron creados totalmente crecidos, con la capacidad de reproducirse según su propia
naturaleza.
Antes de la creación de Eva, todas las relaciones de Adán eran verticales: con Dios por encima de él y
con los animales por debajo de él. Adán estaba «solo». A fin de clarificar esto a Adán, Dios hizo destilar
delante de él los tipos básicos de animales. Adán les dio nombre, pero en esto se dio cuenta de que no tenía a
nadie como «complemento» para él mismo. Dios dio a Adán su ayuda idónea creando a Eva. Dios no creó a
Eva del polvo de la tierra, sino de una de las costillas de Adán para enfatizar su unidad. Las verdades
significativas y fundamentales del matrimonio se encuentran en esta sección.
B. LA CAÍDA DEL HOMBRE (3-5)
1. La entrada del pecado (3:1-24)
El estado «bueno en gran manera» de la creación no duró mucho tiempo. Satanás, que puede que no
hubiera estado caído mucho tiempo antes de esto, tentó a Eva arrojando dudas acerca de la Palabra y la
bondad de Dios. Ella quedó engañada y tomó fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal (el
conocimiento experimental del bien y del mal moral). Adán no fue engañado (1 Ti. 2:14), pero tomó del fruto y
pecó contra Dios. Este acto voluntarioso introdujo una inmediata muerte espiritual (Ro 5:12-19), y muchos
años después la muerte física. Adán y Eva fueron echados de Edén y se enfrentaron a un mundo maldecido
por Dios. Y ahora tenía que comenzar la gran obra de Dios de la redención.
2. La historia de Caín y Abel (4:1-25)
El efecto del pecado se vio tempranamente en la experiencia humana al asesinar Caín a su hermano Abel,
y se dio una evidente división entre los píos y los impíos.
3. Los descendientes de Adán (5:1-32)
Génesis 5 es dado para llevamos rápidamente de los tiempos de Adán a los de Noé. Este capítulo nos
muestra también el cumplimiento de la maldición (2:17) de muerte sobre el hombre a causa del pecado.
C. EL DILUVIO (6-9)
1. El cataclismo (6:1--8:19)
Para la época de Noé, la humanidad había degenerado totalmente, y el mundo se había transformado en
un lugar terrible para vivir (Gn. 6:5, 11, 13). El pecado se había apoderado de manera tan completa del hombre
que sólo se dice de Noé que fuese justo (Gn. 6:9; He 11:7). Dios declaró que destruiría el mundo con un
diluvio de aguas (6:17). Noé recibió orden de construir un arca para salvar a todas las criaturas con espíritu de
vida. Esta estructura, semejante a una barcaza, medía unos 450 pies (137 metros) de longitud, unos 75 pies (23
metros) de anchura y unos 45 pies (14 metros) de altura. Tenía tres cubiertas, con una superficie total de
alrededor de 95.7(X) pies cuadrados (8.890 metros cuadrados)." Tenía abundante sitio para transportar su
cargamento de seres vivos.
El diluvio que sobrevino 120 años después del pronunciamiento de Dios de juicio sobre la humanidad fue
universal. Esto se ve por el uso de términos globales como «todos» y «todo» al describir la destrucción de
aquellos tiempos. El hecho de que el diluvio durase más de un año (cosa que no sucede con las inundaciones
locales) indica que el diluvio de Noé abarcó toda la tierra. Además, la declaración de Génesis de que todos los
montes altos que había debajo de todos los cielos fueron cubiertos, y que el agua subió veinte pies (seis metros)
más después que fueran cubiertas las más altas cimas, dicta un diluvio que no quedó confinado a una zona local
(7:19-20). Incluso la construcción misma del arca y la reunión de los animales en ella tiene poco sentido
excepto si el diluvio fue a escala mundial.' El Salmo 104:1-9 hace referencia a una actividad a escala mundial,
catastrófica, durante el tiempo del diluvio.` Todos estos factores apuntan al diluvio como un juicio sobrenatural
de extensión universal.
El diluvio no resolvió el problema del pecado del hombre, aunque sí trató con una crisis de maldad y
reveló el poder, la santidad y la gracia de Dios. Cuando Noé y su familia se apartaron del arca conmenzó una
nueva era, y Dios les dio algunas nuevas normas. Estas normas, comúnmente conocidas como el «pacto
noético», incluyen lo siguiente: el hombre debía esparcirse por toda la tierra; el hombre podía ahora comer
carne; el hombre tenía el derecho a ejecutar a los asesinos; y el hombre sería ahora instintivamente temido por
los animales (9:1-7). Dios prometió que nunca más volvería a destruir el mundo con agua, y dio el arco iris
como señal de este pacto.
D. LAS NACIONES (10-1 1)
1. Las antiguas familias (10:1-32)
Este capítulo es un registro parcial del desarrollo de la raza humana a través de los hijos de Noé. Hay un
énfasis en los cananeos y su tierra, por cuanto Moisés quería enlazar toda esta infor mación con la promesa de
Dios de bendecir a Israel como nación en la Tierra Prometida de Canaán." La familia de Sem es mencionada en
último término en el relato porque el resto del Antiguo Testamento es la historia de Abraham, un descendiente
de Sem.
2. La torre de Babel (l l : 1-32)
El incidente de la torre de Babel explica cómo la raza humana quedó tan dividida a pesar de que
descendía de un hombre y su familia. Cronológicamente, el capítulo 11 precede al capítulo 10. A pesar del
mandamiento de Dios de extenderse por toda la tierra (9:1-7), el hombre escoció desobedecer y congregarse
todos juntos (11:4). Previendo la resultante maldad, Dios intervino con un acto singular de juicio. Introdujo un
caos y confusión totales entre los hombres haciendo que los hombres en Babel («confusión») comenzasen a
hablar lenguajes separados y distintos. El resultado fue la dispersión de la raza humana por áreas geográficas
separadas.` Este acontecimiento marca el origen de los diferentes lenguajes humanos, y, quizá, el origen de los
distintos grupos raciales.
El capítulo termina (11:10-32) dando las generaciones de Sem, conduciendo hasta Abraham. Así quedan
bosquejados unos 2(XX) años de la historia primigenia del hombre, y ahora Moisés está listo para registrar el
llamamiento de Abraham. Con el llamamiento de Abraham se abre la segunda división principal del Antiguo
Testamento.
II. L()S TRATOS iw Dios CON I,A NACIÓN DE ISRAE1, (CAP%. 12-50)
A. AKRAHAM (12-23)
1. El llamamiento de Abraham (12:1-9)
Estos versículos registran el segundo llamamiento de Abraham (Abram). Dios llamó por vez primera a
Abraham cuando vivía en Urde los caldeos (Gn. 11:31; Hch. 7:2-4). Abraham y varios miembros de la familia
abandonaron Ur y viajaron a Harán, que estaba situada en la zona septentrional del Creciente Fértil. Después
de varios años allí, y tras la muerte de su padre Taré, Abraham partió de Harán. Evidentemente, no sabía
adonde le estaba llevando Dios (He. 11:8), pero sabía lo suficiente como para dirigirse a Canaán. Dios confirmó
su pacto cuando Abraham llegó a Cancán a la edad de setenta y cinco años. Este pacto es la piedra angular del
Antiguo Testamento. Sin entender el pacto abrahámico poco se comprenderán los propósitos y los planes de
Dios.
La idea de un pacto entre individuos era dominante en la vida del antiguo Cercano Oriente. Se ve a
menudo en el Antiguo Testamento. Eran frecuentes los pactos entre hombres ([Link]., Gn. 21:32), entre grupos
([Link]., 1 S. 11:1), y entre naciones ([Link]., Éx. 23:32). Un pacto era un acuerdo entre dos partes que los
vinculaba con intereses y responsabilidades comunes. La concertación de un pacto era cosa sumamente seria y
sagrada. Y los pactos generalmente incluían bendiciones y maldiciones; bendiciones sobre quien cuin pliese su
compromiso en el pacto, y maldiciones sobre quien quebrantase su juramento.
Por eso, cuando Dios concertó pacto con Abraham, no fue un acontecimiento extraño ni inusual. Desde
luego, no era cosa común que uno concertase un pacto con el Dios omnipotente. Pero Abraham estaría
totalmente familiarizado con la idea de un pacto y con la celebración de un pacto. El registro del pacto hecho
con Abraham se encuentra en Génesis 12:1-3; 13:14-17; 15:1-21; 17:122; y 22:15-18.
El pacto también miraba más allá de la línea de Abraham para incluir a toda la humanidad: «... y serán
benditas en ti todas las familias de la tierra» (Gn. 12:3). No era la intención de Dios aislar a Israel de las
naciones, sino que Israel fuese una bendición universal (Gn. 18:18: 22:17-18; 26:3-4; 28:13-14). El
cumplimiento último de esta parte del pacto tendrá lugar en «la simiente» de Abraham, el Señor Jesucristo (Gá.
3:16). Este aspecto del pacto ha sido, está siendo y será cumplido.
B. LA NATURALEZA I)EL PACTO ABRAHÁMIC()
1. Es un pacto eterno
Varias veces Dios declaró que este pacto debía ser eterno (Gn. 13:15; 17:7-8, 13, 19). No se impuso
ningún límite temporal sobre esta relación de pacto. Israel iba a ser una nación para siempre y permanecería en
relación con el Señor (Jer. 31:36).
2. Es un pacto incondicional
Casi todos los pactos concertados entre hombres o naciones eran de carácter condicional: esto es, un
participante debía cumplir ciertas condiciones antes que la otra parte quedara obligada a cumplir sus
compromisos. Por ejemplo, en el pacto mosaico Dios prometió bendecir a Israel si Israel obedecía sus
mandamientos.
Pero el pacto abrahámico era incondicional. Dios se comprometió a hacer ciertas cosas para Abraham y
la nación que provendría de él. La negligencia o la incredulidad por parte de Abraham o de Israel no anularían
este pacto. Éste es un punto extremadamente crucial para la interpretación de numerosos pasajes de las
Escrituras que tienen que ver con la posesión de la tierra de Canaán por parte de Israel, con su continuidad
como nación, con el reinado de su Mesías sobre la tierra, y la futura redención de la nación. El carácter
incondicional de este pacto es indudablemente una de las claves más importantes de la interpretación bíblica.
Un punto de vista es que el pacto abrahámico no tiene condiciones algunas excepto la original, que
Abraham debía dejar su patria de Ur de los caldeos para ir a la tierra de Canaán. Una vez hizo esto, el pacto
era incondicional.
Es importante observar la relación de obediencia a este programa de pacto. Que instituyera Dios un
programa de pacto o no, dependía del acto de obediencia de Abraham de salir de la tierra. Una vez
cumplido este acto, y Abraham obedeció a Dios, Dios instituyó un programa irrevocable,
incondicional."
Excepto por la condición original de salir de su patria y dirigirse a la tierra prometida, el pacto es
concertado sin condición alguna. Es más bien una declaración profética de Dios de lo que
verdaderamente sucederá, y no es más condicional que cualquier otro plan anunciado de Dios que
dependa para su cumplimiento de la soberanía de Dios."
Esta posición enfatiza de manera apropiada la naturaleza incondicional del pacto abrahámico y nos pone
sobre una sólida base para la interpretación del resto del Antiguo Testamento.
Otro punto de vista que también destaca de manera correcta el carácter incondicional del pacto declara
que la palabra de Dios a Abraham, «vete de tu tierra» (Gn. 12:1), no es una condición, sino más bien una
invitación.
Este imperativo va seguido de dos imperfectos, y luego sigue una serie de cohortativos imperfectos
(formas verbales que expresan exhortación) en los versículos 2-3. Pero, ¿acaso un mandamiento
equivale a una condición formal sobre la intención divina de bendecir? ... el énfasis del pasaje reside en
los cohortativos que enfatizan la intencionalidad más que la obligación.... Así, el llamamiento a «ir» era
una invitación a recibir el don de la promesa por medio de la fe.`
Esta posición sugiere que no hubo una condición «original» sobre el pacto abrahámico. En cualquier
caso, el énfasis adecuado cae sobre la incondicionalidad del pacto.
Antes que pasara mucho tiempo, una dura hambre azotó Canaán, y Abraham descendió a Egipto. Se
trata evidentemente de un tiempo de fracaso en la vida del patriarca. (Un «patriarca» era el cabeza legal y
espiritual de la familia Tenía un gran poder sobre su clan, pero era también responsable del bienestar y de la
protección de todos en su unidad familiar.) Abraham no demostró fe en el Señor cuando huyó a Egipto, ni
cuando hizo que su mujer Sara mintiese acerca de la relación que tenían (12:10-20).
Volviendo de Egipto, Abraham se separó de su sobrino Lot, renovó su fe en el Señor en Bet-el, y
experimentó prosperidad material de parte del Señor (13:1-1S). Su prosperidad se vio también en el gran
número de siervos en su casa (quizá más de 1000, en base de 14:14). Según Abraham iba evidenciando una
creciente fe en el Señor (como se ve en el valeroso rescate de Lot y en el pago del diezmo a Melquisedec, 14:1-
24), Dios volvió a revelarse a Abraham y reafirmó el pacto (15:1-21). (Para una discusión adicional acerca de
los títulos de Dios, véase Apéndice III, «Los nombres de Dios en el Antiguo Testamento», p. 257.)
Sin embargo, y a pesar de todas las bendiciones de Dios sobre sus vidas, Abraham y Sara seguían sin
tener hijos, y la promesa de Dios de hacer de él una gran nación parecía remota.
Cuando Abraham entró en Canaán originalmente tenía setenta y cinco años, y Sara sesenta y cinco. Pero
ahora habían transcurrido diez años, y seguían sin tener hijos. Creyendo que debían resolver este problema por
sí mismos, Abraham y Sara recurrieron a una costumbre de aquel tiempo, y Sara entregó su criada personal,
Agar, a Abraham como concubina.
Según las tabletas de Nuzi, unos antiguos documentos hurritas cuneiformes que tratan de las
costumbres y leyes de este período, la acción de Abram y de su mujer a este respecto era totalmente
legítima. Todos los hijos nacidos por este arreglo serían considerados herederos legales del marido a no
ser y hasta que naciesen hijos de la esposa verdadera."
De esta unión nació un hijo llamado Ismael (16:15-16). Abraham quería al muchacho, y deseaba que
Dios le aceptase como el hijo del pacto (17:18-19). Dios rechazó su petición participándole a Abraham que
sería Sara la que daría a luz al hijo del pacto. Dios cumplió su promesa cuando Abraham tenía cien años. Sara
tuvo ciertamente un hijo cuando tenía noventa años (21:1-5). Este nacimiento milagroso tenía el propósito de
exhibir ante todos que Dios estaba en acción para hacer de Abraham una gran nación. Él iba a poblar esta
nueva nación.
Pocos años después, la fe de Abraham fue puesta a prueba de la manera mas intensa cuando Dios le
mandó que sacrificase a su hijo Isaac (22:1-19). Abraham creía que Isaac era el escogido de Dios para recibir el
pacto. Frente al mandamiento de dar muerte a Isaac, Abraham llegó a la conclusión de que Dios habría de
resucitar a Isaac de los muertos, por cuanto él era el hijo, el único, del pacto (He. 11:17-19). Dios honró a
Abraham por este acto de fe, y proveyó también un sacrificio en aquella ocasión. Vale la pena notar que el
emplazamiento geográfico de este drama de sacrificio, el monte Moriah, fue el mismo donde 2.(XX) años
después Dios sacrificaría a su Hijo Jesús, por los pecados del mundo (Gn. 22:2; 2 Cr. 3: l ).
4. Los últimos años de Abraham (23:1-20; 25:1-8)
Dios bendijo y prosperó a Abraham en los años que siguieron. Después de la muerte de Sara, Abraham
volvió a casarse. Tuvo otros hijos con su mujer Cetura. Pero Isaac, sólo Isaac, fue el hijo a quien fue
transmitido el pacto.
B. ISAAC (24-26)
La historia de Isaac se cuenta brevemente. Fue hijo de un famoso padre y padre de un famoso hijo:
Jacob. El énfasis de la historia de Génesis sigue siendo la población de una «gran nación», e Isaac forma parte
de esta historia.
Isaac se casó con Rebeca. Abraham había enviado a su siervo de confianza a harán, donde seguía
viviendo gran parte de la familia, para conseguir esposa para Isaac (24:1-67). Rebeca accedió a viajar a Cancán
y casarse con Isaac. Isaac y Rebeca se enfrentaron con la angustia de la esterilidad. Durante muchos años no
les nació hijo alguno. No fue sino hasta que Isaac buscó al Señor en cuanto a esto que cambió la situación.
Dios estaba encargado de poblar esta nación. Isaac y Rebeca tuvieron gemelos, a los que llamaron Jacob y
Esaú (25:19-34). Dios seleccionó a Jacob para que recibiese las bendiciones del pacto.
C. JACOH (27-36)
La «primogenitura» pertenecía al hijo mayor en aquella sociedad. En el caso de Jacob y de Esaú, que
eran gemelos, Esaú recibió la «primogenitura» porque nació pocos momentos antes que Jacob. Había
beneficios en la posesión de la primogenitura, como tener precedencia sobre los otros hijos, recibir una parte
doble de la herencia, y llegar a ser la cabeza del clan a la muerte del padre (Gn. 43:33; Dt. 21:7; 1 Cr. 5:1). Sin
embargo, estos beneficios podían perderse por alguna ofensa, por venta o por disposición de la última voluntad
del padre. Esta última voluntad era llamada la «hendición» y era en realidad más importante que la
«primogenitura», por cuan lo se podían modificar, o incluso cancelar, los derechos del hijo mayor. La
«bendición» pronunciada por el padre era legalmente vinculante.
A fin de evitar la cólera de su hermano Esaú, Jacob emprendió la huida a Harán, a casa de su tío Labán.
En este lugar permaneció Jacob durante veinte años. A través de una serie de planes y de circunstancias, Jacob
acumuló una gran riqueza así como dos mujeres, dos concubinas y once hijos (28:1-31:55). Cuando Jacob
volvió a Caimán, después de veinte años en Harán, le nació el hijo número doce. Estos doce hijos de Jacob
llegarían a ser las piedras fundamentales de la nación que Dios estaba edificando.
Jacob era conocido por sus manejos y capacidad de engaño. Pero al volver a Canaán se encontró con el
Señor de una manera singular (32:1-32). Después de este encuentro fue un hombre diferente, transformado por
Dios. El nombre de Jacob (que significa «suplantador») fue cambiado por el de Israel (que significa «que tiene
poder para con Dios»).
Jacob se asentó en el sur de Cancán, y prosiguió la historia de Dios constituyéndolos en una «gran
nación», desplazándose la atención de Jacob a José, su undécimo hijo.
D. JosÉ (37-50)
Jacob cometió el error fundamental de mostrar abiertamente su favoritismo hacia José. Esto suscitó la
envidia y el odio de los hermanos mayores de José. Estos tramaron matar a José, pero luego cambiaron de
parecer y vendieron a su hermano, que contaba entonces con diecisiete años, a una caravana que se dirigía a
Egipto. Los hermanos engañaron luego a su padre Jacob para que creyese que José había sido muerto por
fieras.
A través de una asombrosa cadena de circunstancias dirigidas por el Señor, José (ahora de treinta años de
edad, 41:46) llegó a ser el segundo más poderoso gobernante de la tierra de Egipto. Todo esto formaba parte
del plan de Dios para preservar a su nación.
Una intensa hambre cayó sobre Egipto y Canaán, obligando a los hijos de Jacob a dejar Canaán y a
acudir a Egipto para comprar alimentos, que se podían encontrar allí. Después de ver que habían cambiado,
José se reveló a sus asombrados hermanos. Lo que siguió fue una gran reunión de familia en Egipto. Jacob y
todos los otros miembros de la familia descendieron a vivir en Egipto, bajo el protector cuidado de José. La
«nación» tenía ahora una población de unas setenta y cinco personas (46:27).
Egipto devino ahora el protector de la incipiente nación. Dios puso a su nación embrionaria en el
incubador de Egipto hasta que hubiese crecido lo suficiente para poder andar por sí misma. Egipto protegió a
Israel de tres maneras. Primero, la protegió físicamente. Aunque el ejército egipcio no lo sabía, estaban
guardando a Israel contra incontables reyes y bandas de forajidos que hubieran podido borrar a esta joven
nación en unas pocas horas. Segundo, Egipto protegió moralmente a Israel. Aunque Egipto no era conocido por
su justicia era superior a los perversos cananeos. Al sacar a Israel de la degradante influencia de esta perversa
gente canana, Dios preservaba a su pueblo de una caída moral, que desde luego hubiese sobrevenido si se
hubiesen quedado en Canaán. Tercero, Egipto aseguró la pureza racial de Israel. Israel seguramente se habría
entremezclado con los cananeos (como se ve en Gn. 34), pero no podrían mezclarse con los egipcios. Los
egipcios menospreciaban a los israelitas debido a su oficio de pastores (46:34), y esto fue un factor clave para
mantener separadas a estas dos naciones.
Génesis finaliza con Israel a salvo dentro de los protectores límites de Egipto. La nación no tiene tierra, ni
ley, y sólo setenta y cinco personas. Pero Dios está obrando, y Él cumplirá su promesa a Abraham: «Y haré de
ti una nación grande.»