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Hipoacusia: Impacto y Estrategias Educativas

La hipoacusia, que afecta al 5% de la población mundial, es una discapacidad auditiva que puede ser congénita o adquirida, y se clasifica según su severidad en leve, moderada, severa y profunda. Esta condición impacta significativamente en la comunicación y el desarrollo social de los individuos, especialmente en niños, y requiere atención temprana y el uso de dispositivos auditivos como audífonos o implantes cocleares para mejorar la calidad de vida. La detección temprana y la intervención adecuada son cruciales para el desarrollo del lenguaje y la inclusión social de las personas con hipoacusia.
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Hipoacusia: Impacto y Estrategias Educativas

La hipoacusia, que afecta al 5% de la población mundial, es una discapacidad auditiva que puede ser congénita o adquirida, y se clasifica según su severidad en leve, moderada, severa y profunda. Esta condición impacta significativamente en la comunicación y el desarrollo social de los individuos, especialmente en niños, y requiere atención temprana y el uso de dispositivos auditivos como audífonos o implantes cocleares para mejorar la calidad de vida. La detección temprana y la intervención adecuada son cruciales para el desarrollo del lenguaje y la inclusión social de las personas con hipoacusia.
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Hipoacusia y Sordera

Ficha de recopilación bibliográfica para la Cátedra de Pedagogía Especial


(Lic. Vanina A. Somer fonoaudióloga)

Podemos definir a la audición como la percepción de cierta clase de estímulos vibratorios que, captados por el
oído impresionan en el área cerebral correspondiente, haciendo que el individuo tome conciencia de ellos. Para
eso se necesita de un fenómeno “fisiológico” (cuando las ondas sonoras excitan al órgano de Corti) y de otro
“psicocortical” (mediante el que se comprense el conjunto de sonidos, se analiza y se archiva en el cerebro).
La hipoacusia o pérdida de la capacidad auditiva es una discapacidad crónica que afecta alrededor del 5% de la
población mundial. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la hipoacusia ocupa el tercer
lugar entre las patologías que involucran años de vida con discapacidad. Se considera hipoacusia cuando la perdida
auditiva supera los 20 dB. Leve: de 21 a 40 db; Moderada: 41 a 60 dB. Severa de 61 a 80dB y Profunda es cuando
supera los 81 dB. Hay diferentes orígenes para la hipoacusia por lo que reconocer su causa ayudará al abordaje de
esta.

Causas: Congénita, hereditaria, sindrómica, infecciosa, por ototóxicos, debido al ruido o presbiacusia (hace
referencia a la alteración más común observada en la población adulta, relacionada con el proceso de
envejecimiento). La hipoacusia puede ser congénita o adquirida a lo largo de la vida. En el primer caso, o cuando
se pierde el oído en la temprana infancia, esta se convierte en un obstáculo para la adquisición de la lengua del
entorno en el que ha nacido, lo que ocasiona dificultades para comunicarse con el entorno desde una edad
temprana, y con ello problemas de inclusión social en su comunidad (Fontané Ventura, 2005; Marazita et al.,
1993).

Factores de riesgo asociados a la hipoacusia:


- Antecedentes familiares de déficit auditivo.
- Hiperbilirrubinemia que requiera transfusión.
- Infecciones intrauterinas: TORCH.
- Anomalías craneofaciales incluyendo el pabellón auricular y CAE.
- Sindromes que involucren alteraciones en la audición como la neurofibromatosis, osteopetrosis, Sme de
Usher, Waardenburg, alport, Pendred y Sindromes de Jervell Lange-Nielsen.
- Meningitis bacterial o viral.
- Fractura de base del cráneo o petrosa que requieran tratamiento hospitalario.
- Quimioterapia.
- Otitis Media recurrente que persiste más de 3 meses.
- Preocupación de los padres con relación a la audición o desarrollo del lenguaje del hijo/a.

En cuanto al momento de aparición podemos clasificarlas en: pre, peri y posnatales (antes, durante y después del
momento del parto) y teniendo en cuenta al momento de adquisición del lenguaje: pre, peri y postlocutiva (antes de
los 2 años; entre los 2 y los 5 años; posterior a los 5 años).
La hipoacusia tendría un impacto significativo en la salud mental de quienes la padecen, siendo la depresión, la
mas común, en la población adulta.
La OMS estableció que 1 de cada 5 personas pueden beneficiarse con el uso del audífono (teniendo acceso a este).
Su uso ha demostrado un mejoramiento en la calidad de vida y en las relaciones intra e interpersonales
favoreciendo a la estabilidad emocional. No es tan común el Implante Coclear debido a que necesita una cirugía
que suele ser bastante costosa. Los IC se utilizan a modo de puente para las células que están dañadas en el oído
interno y poder así estimular directamente al nervio auditivo.

Una pérdida auditiva leve o ligera: puede pasar desapercibida tanto en casa como en la escuela. El niño presenta
desajustes poco importantes. Se muestra distraído y poco atento, disperso, juguetón, hiperactivo, porque la atención
auditiva hace que se fatigue. En su habla pueden aparecer alteraciones o ausencias de algunos sonidos y en su
rendimiento escolar pueden aparecer ciertas dificultades en la lectura y escritura.
Manifestará dificultades para oír sonidos poco intensos o distantes y puede perder más de un 10% de lo que se dice
si el docente/profesor está a más de un metro de distancia o el ambiente de la clase es ruidoso.

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Como puede percibir mal las interacciones con los compañeros, puede manifestar dificultades en la socialización y
en el concepto de sí mismo. Pero en general el suyo es un cuadro que no alarma ni despierta sospechas, aunque
necesita de una atención concreta:
- Temprana identificación.
- Cuidado de la audición y de todo su aparato auditivo.
- Ubicación en el aula cerca del docente.
- Control sobre la correcta percepción auditiva.
- Vigilancia atenta al desarrollo del habla y su vocabulario, comprensión de las situaciones, interacción con los
compañeros.

La hipoacusia media o moderada es más fácil de detectar: Si la pérdida es prelocutiva, es posible que el niño
manifieste una clara debilidad auditiva y que el lenguaje esté severamente afectado. Habrá diferentes trastornos de
sonidos del habla (TSH), alteraciones de la entonación, dificultades más severas en la lectura y/o escritura,
trastornos de la personalidad y retraso escolar más importante. No siempre oye de forma correcta y la información
que recibe le llega mutilada.
Sin el uso de aparatos auditivos la palabra tendrá que ser muy fuerte para que pueda entenderla. Por eso perderá
gran parte de la información en una situación normal de comunicación y, una conversación, puede ofrecerle
grandes dificultades. Su lenguaje estará afectado en la prosodia, fonética, semántica y sintaxis hasta llegar en
algunos casos a ser ininteligible.
Necesita del uso de audífonos durante todo el día y si es posible del uso de un sistema de FM. Requiere también de
tratamiento fonoaudiológico para la construcción de sus habilidades auditivas, además del apoyo en la prosodia,
fonética, semántica, praxis del lenguaje, lectura y escritura. Al menos de forma transitoria necesitará también de
apoyo psicopedagógico.
Puede sufrir un impacto negativo en su autoestima al sentirse menos valorado por sus compañeros y profesores. Si
el proceso rehabilitador es correcto podemos esperar que la funcionalidad de su audición y el lenguaje conseguidos
sean cercanos a lo que correspondería a la pérdida inferior. El proceso se verá tanto más limitado cuanto más se
acerque la pérdida a los 70 dB.

Las deficiencias auditivas severas: Sin amplificación puede oír solamente voces fuertes a unos 30 cm. del oído.
Con audífonos puede identificar sonidos ambientales y la palabra de forma limitada, en situaciones óptimas. Si la
sordera es prelocutiva, el lenguaje oral no aparece de forma espontánea y natural o, si existe, es muy limitado y con
muy graves alteraciones, basado en pocas palabras o expresiones muy usuales, en general poco comprensibles con
lo que la comunicación está severamente comprometida y con ella el desarrollo global de la persona. La
intervención específica es imprescindible. De manera natural aparece una base de comunicación gestual, creada
entre el niño y su entorno.
Si se trata de una pérdida postlocutiva y sin la debida atención correctiva, es posible que el habla se deteriore en
sus cualidades prosódicas y fonéticas haciéndolo poco agradable y en ocasiones incomprensible.
En este caso, la lectura labial no es sólo un complemento, sino una ayuda básica para permitir la comunicación.
Los audífonos y la intervención fonoaudiológica permanentes se hacen absolutamente imprescindibles. Necesitará
también apoyo psicopedagógico. Pese a la gravedad de la pérdida, el niño o niña tiene conciencia sonora, factor
que resultará eficaz para mejorar habla y audición. A pesar de todo, son niños eminentemente visuales.
Puede ser candidato al implante coclear.
Las deficiencias auditivas profundas: percibe tan solo ruidos. Con frecuencia, la sensación no es sonora, sino
táctil, a través del componente vibratorio de la onda sonora. Los restos de audición se conservan preferentemente
en las frecuencias graves, por lo que no pueden percibir la palabra. No aparece lenguaje de forma espontánea y sí
una base de comunicación gestual espontanea con el ambiente familiar o más cercano. La comunicación se
establece a través del campo visual. Carece de referentes auditivos. Cuando un niño no desarrolla ningún sistema
alternativo de comunicación, pudiera padecer problemas de origen distinto. A pesar de la gravedad de esta pérdida,
la presencia de respuesta auditiva en las frecuencias entre 2000–4000 Hz, aunque sea a intensidades muy altas (100
dB), marca una clara diferencia hacia una mayor funcionalidad de la audición y una mayor flexibilidad al empleo
de la palabra hablada.
Necesita de la utilización de aparatos auditivos. En algunos casos se beneficiará del uso de un sistema de FM y
siempre, de un programa terapéutico intensivo y especial para desarrollar las habilidades lingüísticas y las áreas
académicas. No obstante, no todos los casos alcanzan el mismo nivel de competencia en la comunicación oral.
Puede haber situaciones en las que el niño y la familia opten y sean necesarios sistemas comunicativos gestuales
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y/o la inclusión entre la comunidad sorda. Cuando se trata de sorderas prelocutivas profundas o severas y la
detección e intervención se hacen tempranamente, es un candidato óptimo para el implante coclear.
El diagnóstico requiere de otras pruebas, objetivas y subjetivas que junto a la audiometría permiten un diagnóstico
médico preciso y orientan la intervención rehabilitadora.
La función básica de la audición no es únicamente la percepción del lenguaje. El objetivo de la función auditiva en
el ser vivo es la percepción y ubicación en el mundo y en la vida. A través de la audición los seres vivos,
comienzan muy tempranamente, a interpretar toda la información que procede del mundo sonoro, el animal
reacciona con la huida, el niño con risa o el llanto ante sonidos desconocidos o se gira en busca de la voz que
conoce. Por eso el aprovechamiento funcional de cualquier resto de audición tiene una gran importancia incluso
aunque no pueda lograr la comprensión del lenguaje.

El oído cumple entre otras, estas funciones:


-Alerta, provocando reacción ante lo que se intuye peligroso o de interés.
-Desarrollo emocional y de la afectividad, anticipando información, avisando de antemano y evitando con ello el
susto y el miedo.
- El desarrollo de los conceptos espacial y temporal, calculando la distancia en base al tiempo en que se suceden
los sonidos.
- Desarrollo del lenguaje: comprensión, expresión y elaboración del propio pensamiento.
- Desarrollo cognitivo e intelectual, con el conocimiento y la información recibida y elaborada para comprender el
mundo.
Por eso, aunque la audición sea residual, resulta tan importante aprender a utilizarla y a interpretar los mensajes
sonoros. El desarrollo del habla y el lenguaje, son las más visibles para el común de la gente; son las que le van a
permitir abrirse a la comunicación, entender la palabra del otro, anticiparse a su pensamiento, expresar el suyo
propio, acomodarlos al pensamiento y la palabra del otro. De ahí el enorme interés con que se estudia actualmente
la relación deficiencia auditiva y Teoría de la Mente (ToM).
De ahí la importancia de una prueba más, la audiometría llamada vocal o logoaudiometría, que permite conocer
el porcentaje de palabras que el niño es capaz de comprender por vía auditiva y también determina el umbral de
voz y el de palabra.

Pistas ante la sospecha, para detectar una pérdida auditiva en niños del aula. (Si coinciden varios de estos
rasgos y las comprueban en repetidas ocasiones es conveniente derivar al ORL):
- El niño responde con irregularidad a los estímulos auditivos. A veces reacciona y otras no. No siempre entiende
lo que se le dice.
- Con frecuencia responde ¿qué?, o pide que se le repita la información.
- Se acerca al hablante en un gesto de oír mejor.
- Busca la cara del que le habla para entender mejor.
- Participa poco en las actividades de la clase o interrumpe y llama constantemente la atención.
- Utiliza un vocabulario limitado, a veces mal pronunciado y con frases incorrectas.
- En clase es inquieto, poco atento, distraído y con tendencia a molestar a sus compañeros.
- En ocasiones se muestra agresivo y con tendencia al aislamiento.
- No se gira o no responde si le hablas de espalda, o tienes que acercarte mucho.
- No reacciona ante el sonido del papel de un caramelo o al rasgar una hoja de papel a su espalda.
- No logra repetir correctamente las palabras cuchicheadas que le dices a la espalda.

¿QUE SUPONE LA FALTA DE AUDICIÓN?

El hecho de no oír conlleva una falta de control sobre lo que ocurre a alrededor, y provoca una gran desazón e
inseguridad en la persona que la padece, que intenta compensar con otras vías sensoriales como es la visual. Pero la
vía visual no va a permitir recibir la totalidad de la información, de manera que la persona sorda se siente y
realmente está en desventaja respecto a las personas oyentes.

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Niños con discapacidad auditiva: No todos los niños con pérdida auditiva son iguales en el ámbito educativo.
Después de lo visto hasta ahora y según su disponibilidad comunicativa, podemos hacer dos grandes grupos: niños
con buena funcionalidad auditiva (cualquiera sea su pérdida auditiva con audífonos o implante coclear) y, niños
con pérdidas severas sin funcionalidad.
Los primeros, por lo general son los llamados “hipoacúsicos” o niños que, detectados muy tempranamente,
favorecidos con una correcta adaptación protésica o implante coclear y que han disfrutado de una correcta
estimulación rehabilitadora. Los segundos son deficientes auditivos severos o profundos con escaso
aprovechamiento auditivo. Ambos pueden acceder al uso de la lengua oral, pero se trata de situaciones distintas
que han de ser enfocadas y tratadas de manera distinta también.
El niño con audición funcional: Oyen, aunque no perfectamente. Tienen dificultades para entender el lenguaje
oral o los mensajes sonoros ambientales al tiempo que presentan alteraciones más o menos importantes en su
expresión oral, sin embargo, son eminentemente auditivos y asientan su comunicación en el uso del lenguaje oral y
en el mundo sonoro. Sus limitaciones y necesidades son tanto mayores, cuanto mayor sea la pérdida auditiva o más
tempranamente haya aparecido. Perciben bien los sonidos vocálicos y muchos consonánticos, pero no todos porque
carecen de suficiente capacidad de discriminación auditiva. Confunden unos fonemas con otros o no los oyen y en
el habla los sustituyen, omiten o deforman. Tienen dificultades para saber de dónde viene el sonido o para seguir
una conversación y explicación dentro de un grupo o en un ambiente sonoro. En general, y disponiendo de las
ayudas necesarias, pueden alcanzar un desarrollo del lenguaje esperable y unos procesos fonológicos muy similares
a los del niño oyente. No obstante, van a necesitar ayuda e intervención profesional durante mucho tiempo, tanto
en el área de la audición y el lenguaje como en los procesos pedagógicos.

Para ellos será siempre necesario que:

-Utilicen de manera continua los audífonos, temprana y adecuadamente adaptados, limpios, con moldes correctos y
pilas cargadas para que pueda escuchar el hablar un tiempo suficientemente largo.
-Se apoyen en la vía visual porque la labiolectura les resulta altamente efectiva y complementaria al mensaje
auditivo. El interlocutor debe situarse en lugar luminoso, a corta distancia del niño, sin obstáculos que le impidan
ver la boca del hablante (la mano, un bigote excesivo, barbijo, etc.) utilizando una dicción correcta y un
vocabulario y estructura gramatical acorde también a su nivel lingüístico.
- El oyente sea para él referente, un espejo en el que pueda descubrir el habla con la mayor pureza. Ese espejo
tendrá que convertir el habla oral en el sistema básico de comunicación y crear el necesario ambiente estimulador
que le hable y le escuche al mismo tiempo.
-Que se les ofrezca un acompañamiento atento, para que no se queden al margen del grupo familiar o clase y
garantizar su amplia comprensión de las situaciones.

El niño con audición residual: con pérdida auditiva severa o profunda no desarrolla el lenguaje ni el habla de
manera espontánea y sin intervención. Los audífonos, que debe utilizar siempre, le aportan una información útil e
importante pero limitada, con la que no puede entender el lenguaje oral ni controlar la calidad de su expresión
porque tampoco oyen su propia voz. La situación será más negativa cuanto más tardíamente se inicie la
intervención. Pueden llegar a identificar sonidos, discriminar palabras apoyado en la percepción de los elementos
prosódicos (longitud de la palabra, intensidad, tensión). En situaciones cerradas podrá discriminar palabras o frases
muy concretas, pero el aprovechamiento auditivo no le permitirá adquirir el hablar sólo por vía auditiva. Aunque,
la adaptación protésica temprana, la buena calidad de los audífonos digitales además de un correcto proceso de
estimulación auditiva podrán, proporcionarle una funcionalidad que junto con la lectura labial y las informaciones
ambientales le permitirán un nivel de inmersión satisfactoria en el mundo sonoro, a pesar de su limitación. Deberá
aprender a descubrir la presencia del sonido y, aún más, a descubrir que ese sonido tiene un significado, que la
palabra que le dirigen trae un mensaje, que él puede reproducir esos sonidos, descubrir lo que los otros dicen, lo
que piensan y al tiempo, manifestar su pensamiento (ToM).

Todos ellos necesitan cubrir unas necesidades muy significativas:

- Potenciar el uso continuo de un aparato auditivo en perfectas condiciones.


- Alentar el uso continuo del lenguaje como medio vehicular de comunicación.
- Una necesidad constante de completar con la vista la información auditiva, uso de un lenguaje sencillo.
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- Un medio que le tenga en cuenta, que potencie sus capacidades sin rebajar exigencias, que no regale nada y
espere en ese niño.
- Un acompañamiento atento que equilibre entre la exigencia y la inteligente valoración de sus límites y necesidad
de apoyo.

¿Qué es la funcionalidad de la audición?

La persona con audición normal posee la suficiente inteligibilidad como para captar por vía auditiva todos los
sonidos del habla, y así, oír y entender lo que se dice tanto en un ambiente silencioso como en un grupo o
envueltos en ruidos ambientales. Tiene capacidad para buscar e identificar a la persona que habla o la fuente
sonora. La audición funcional alcanzada por personas con audición deficiente no permite una perfecta
discriminación de todos los sonidos del lenguaje además de que se ve dificultado por múltiples circunstancias tales
como la conversación entre varias personas, la distancia, los ruidos ambientales, etc. Seguir una explicación en el
aula, escribir al dictado, entender todas las palabras, entender lo que dice el docente y lo que responden sus
compañeros desde otro punto de la clase son tareas que en ocasiones les resultan inalcanzables. Tienen una muy
buena audición para la vida cotidiana, es verdad, pero necesitarán durante mucho tiempo de la ayuda especializada
de un fonoaudiólogo y en el aula, de ser tenidos en cuenta por su docente y compañeros en relación con sus
dificultades concretas en la comunicación además de apoyos pedagógicos.
Cuando solo se posee una audición limitada o residual mínima, aunque puedan llegar a discriminar algunas pocas
palabras en determinadas situaciones, su audición no les permite adquirir el lenguaje oral que deberán aprender
bajo la enseñanza del fonoaudiólogo. Sus limitaciones pueden ser tan serias que llegue a necesitar hacer uso de
lenguajes alternativos como la Lengua de Signos (en Argentina la LSA).
Para aquellos que tienen una pérdida ligera o media, el procedimiento de estimulación pretenderá desarrollar al
máximo sus capacidades de audición y escucha, de lenguaje y de habla. Son niños cuya vía esencial de
comunicación con el entorno es la auditiva, que han desarrollado la función auditiva y el habla de manera
espontánea y deben utilizarla.
Los niños con pérdida auditiva severa o profunda, equipados con audífonos o con implante coclear, necesitan
desarrollar la funcionalidad auditiva partiendo de cero. Es decir, tienen que tomar conciencia, aprender a oír y, en
ese aprendizaje, necesitan ser acompañados.
El bebé que nace con audición normal muy pronto empieza a ser consciente de los sonidos ambientales y del habla.
Oye, escucha y aprende a diferenciar cada sonido vocálico o consonántico, las palabras, las canciones, las
expresiones de cariño, las frases que continuamente le dirige el adulto. La madre le habla, aunque aparentemente
no entienda, le canta, aunque casi no haya reacción, cuando sus palabras y su entonación le dicen que le quieren y
así, casi sin que nadie se dé cuenta un buen día, empieza a hablar y, a partir de ese momento su comunicación se
desarrolla de forma vertiginosa y sorprendente. Lo entiende todo, lo dice todo. Cuando está presente la pérdida
auditiva el milagro de la audición y el habla no suceden.
El niño con discapacidad auditiva severa o profunda, aunque desarrolle su funcionalidad auditiva no se beneficiará
de forma natural. Siempre necesitará de un acompañamiento y guía muy cercanos e intensos en la forma y en el
tiempo, de un ambiente familiar y escolar que estimule, desarrolle, alimente y retroalimente su memoria auditiva y
su proceso de desarrollo del lenguaje.

AUDÍFONOS E IMPLANTES COCLEARES

Los audífonos: Son aparatos externos de uso personal que captan la señal sonora a través de un micrófono, la
procesan y amplifican para hacerla llegar al paciente de forma que pueda ser mejor percibida por su capacidad
auditiva. Existen muchos tipos de audífonos. No pueden elegirse de forma aleatoria por su tamaño o su precio.
Deben estar perfectamente adaptados a las características de la pérdida auditiva. Lo recomienda el ORL, y es el
audioprotesista quien lo adapta en función de la audiometría del paciente. Al fonoaudiólogo le corresponde realizar
el entrenamiento auditivo necesario para obtener la funcionalidad y optimización.
Tradicionalmente los audífonos se han fabricado con técnicas analógicas, es decir, el sonido era convertido en
electricidad a través del micrófono, la electricidad se ampliaba y de nuevo era convertida en sonido en el altavoz.
Aunque pueden modificar la señal sonora para adecuarla a las necesidades del paciente (por ejemplo, reduciendo la
intensidad de los sonidos graves o agudos que pueden molestar), el mismo procesamiento modifica y deteriora la
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calidad del sonido final. Actualmente con la tecnología digital, la adaptación de audífonos se ha vuelto
extremadamente precisa y eficaz para el usuario. Disponen de un procesador (minicomputadora), que permite
programar el sonido de manera muy precisa y ajustada a las características de la pérdida y con ello, alcanzar una
mayor inteligibilidad y comodidad en su uso, notablemente superior a lo que permitían los anteriores audífonos
analógicos.

Sin embargo, en las pérdidas perceptivas, el audífono sólo permite alcanzar un limitado nivel de inteligibilidad.

- Una pérdida auditiva media (50-60 dB), con audífonos se aproximará a una pérdida ligera y, si es
neurosensorial, la inteligibilidad completada con la lectura labial será buena, aunque no alcance el 100%
en situaciones abiertas (en conversaciones inesperadas).
- Si la pérdida es severa (70-80 dB), se aproximará a una pérdida media, pero su nivel de inteligibilidad se
limitará a palabras o expresiones en situaciones cerradas (se conoce de qué se habla) y no mejorará,
aunque se incremente la ganancia del aparato. Son personas para las que la lectura labial es absolutamente
imprescindible.
- Una pérdida profunda (90-100 dB) se aproxima a una severa en la percepción del sonido o la palabra, pero
no consigue inteligibilidad de las palabras. A pesar de todo, la información que proporciona el audífono les
será siempre muy valioso porque mejorará su nivel de comprensión del medio en el que está inserto.

El implante coclear: No es un amplificador del sonido sino una prótesis que transforma las señales acústicas en
señales eléctricas. Consta de diferentes partes externas (micrófono, procesador y receptor) e internas (receptor y
electrodos). Mediante una intervención quirúrgica se introducen en la cóclea los electrodos que sustituyen las
células ciliadas dañadas. De este modo las señales acústicas captadas por la parte externa del aparato llegan a
través del receptor hasta los electrodos, donde se transforman en señales eléctricas y son enviadas a través del
nervio auditivo hasta el cerebro que puede procesar y comprender la información.
El implante coclear se reserva para pérdidas perceptivas neurosensoriales, severas o profundas que no pueden
obtener beneficios significativos del uso de audífonos.
La efectividad real del implante coclear, por sí sola es superior a la de cualquier audífono, quedando supeditado a
los diversos factores que condicionan la funcionalidad auditiva: para determinar el aprovechamiento auditivo
esperable en las sorderas prelocutivas, importa la edad de implantación, tiempo de permanencia de le pérdida
auditiva. En pacientes postlocutivos la calidad de la estimulación ambiental o de la rehabilitación.

Resumiendo: a pesar de su importancia y de que son capaces de cambiar la calidad de vida de la persona sorda,
ningún tipo de auxiliar auditivo es suficiente por sí solo para compensar los efectos de la pérdida auditiva. Además,
es necesario no perder de vista que en la educación del niño sordo es imprescindible llevar a cabo un trabajo en
equipo en el que nadie tiene un papel secundario. Los profesionales de la audición y la palabra cubren aspectos
técnicos que sólo a ellos corresponden, la familia y la escuela son los encargados de facilitar su vivencia de
persona sorda dentro de la normalización, de hacer operativos los logros conseguidos, de hacerle sentir y
experimentar, además, que esos logros mejoran su calidad de vida.
El implante coclear reporta beneficios importantes a sus usuarios, personas con sordera profunda que no pueden
beneficiarse del uso de un buen audífono. No obstante, en pérdidas prelocutivas quedan condicionados por la edad
en que se realice el implante.

Mejoramiento de la señal acústica. El sistema de Frecuencia Modulada

A pesar de los indiscutibles avances de la tecnología, los audífonos y los implantes no dan respuesta a todas las
necesidades de la persona sorda, particularmente en ambientes ruidosos o cuando el usuario no está cerca de la
fuente de sonido (situación del aula).
El sistema de Frecuencia Modulada consiste en un accesorio que utiliza la persona con audífonos o implante
coclear para mejorar la audición en clases, reuniones, conferencias. Consta de un transmisor, un micrófono y un
receptor. El micrófono se sitúa cerca de la fuente sonora, por ejemplo, el docente, y lleva la señal al receptor que se
coloca en el audífono o implante, de modo que el mensaje se transmite de forma totalmente clara y nítida.
La emisora de frecuencia modulada mejora la percepción porque ayuda a superar determinadas limitaciones:

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- La distancia. Cada metro de distancia reduce aproximadamente 6 dB la intensidad. La señal sonora llega al niño
tanto más débil cuanto más alejado esté de la persona que habla. La FM elimina este obstáculo.
- El ruido de fondo, que dificulta la comprensión del mensaje. El ruido ambiente del aula o el de la calle, pueden
comprometer la comprensión del mensaje. La FM elimina también este obstáculo.
- La reverberación o eco que se produce por el reflejo en las paredes, el techo o el piso de la onda sonora. Las
señales se solapan y la comprensión se compromete. También la FM constituye un elemento útil.

La lectura labial: labio lectura o lectura labiofacial, es la capacidad de interpretar el mensaje de un interlocutor a
través de los movimientos articulatorios de sus órganos articulatorios, la expresión facial y corporal y la situación.
Aunque se denomina lectura labial, no solamente son los labios los que ofrecen información, sino todos los
órganos articulatorios visibles: labios, lengua, maxilares y, como componente importantísimo, la expresión y
tensión tanto facial como corporal. Es una habilidad compleja, ya que gran parte de los movimientos articulatorios
no son visibles o son parecidos.
En realidad, la lectura labial es una función compleja, posible y muy eficaz, que requiere de otros varios
componentes:
- Conocimiento de los fonemas y su buena producción.
- Conocimiento del lenguaje y dominio para su interpretación.
- Conocimiento del tema que se está tratando.
- Conocimiento y control de la situación en la que se encuentra.

Oralismo y bilingüismo: en la educación de las personas sordas se han enfrentado tradicionalmente algunas
posturas opuestas: las más difundidas son el oralismo y el bilingüismo (la lengua de señas). Desde la perspectiva
oralista, la hipoacusia se percibe como una enfermedad que debe ser tratada con distintos procedimientos que le
permitan al sordo disminuir su condición e integrarse con los miembros de la comunidad.
Por otro lado, el bilingüismo, también llamado enfoque bilingüe, se caracteriza por equiparar la condición de la
hipoacusia con una cultura, en la cual, la lengua de señas funciona como su primera lengua, al concebirse como
una lengua natural. El sordo debe aprender la lengua de señas de la comunidad sorda y desenvolverse en el mundo
a través de ella en todas las actividades sociales, entre ellas la inclusión familiar y la social. El Estado, la sociedad
y la familia deberán propiciar las condiciones para que esto sea posible. Además de su lengua principal, también
podrá aprender la lengua de su comunidad, como segunda lengua, a través del canal visual en procesos de
lectoescritura, y, por lo tanto, convertirse en un ser bilingüe. Ambas lenguas las aprende a partir de procesos de
escolarización.
No obstante, esto ha planteado algunas dificultades. La lengua de señas es bien dominada por los sordos que logran
aprenderla, pero no por todos los miembros oyentes de su comunidad. A pesar del servicio que prestan los
intérpretes, no siempre se ha logrado generar la comunicación que se requiere entre los sordos y los oyentes
(Becerra Sepúlveda, 2008). Por otro lado, en la comprensión y expresión en la segunda lengua, el español, no son
competentes como los oyentes y esto ha traído dificultades en la inclusión familiar, social y escolar. La lectura y la
escritura no se desarrollan de manera completa, por lo que, a pesar de los esfuerzos, una parte de la escolarización,
basada en procesos de aprendizaje lecto escriturales, no se alcanza plenamente como en los oyentes (Alegría, 2010;
Gutiérrez Cáceres & Salvador Mata, 2010; Lapenda, 2005; Rusell & Lapenda, 2012).

NECESIDADES REHABILITADORAS Y PEDAGÓGICAS

El hogar y la escuela son los primeros lugares en los que la comunidad debe propiciar espacios para la
inclusión. No obstante, no siempre es así, pues el temor y el desconocimiento hacen que pueda existir una
comunicación mínima con solo algún miembro de la familia, y en algunas ocasiones no hay verdadera
comunicación (Bagatella-Toxtle & Escalona-Contreras, 2014).

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• Desempeños para los aprendizajes: Muchas variables inciden en el desempeño para el aprendizaje de los niños
con discapacidad auditiva y dependerán del procedimiento educativo y rehabilitador que vaya a ser más adecuado
en cada caso. Afortunadamente, la situación en estos últimos años ha experimentado un profundo cambio.
Hoy la mayoría de los niños nacidos acceden al implante coclear en edades tempranas antes del año. Impulsando a
los sistemas de estimulación temprana para que puedan aplicarse casi en el mismo momento en que se diagnostica
la sordera. Sin embargo, hay que ser realistas. Para que todo funcione no hay que olvidar que un niño con implante
coclear sigue siendo un niño sordo. Su audición no es totalmente normal y no llega a alcanzar la funcionalidad que
da el oído indemne. La mayoría de los pacientes sólo oyen por un oído, con lo que carece de audición
estereofónica, su eficacia disminuye al aumentar la distancia, los ruidos ambientales o la rapidez de la
conversación dificultan la inteligibilidad.
Algunos reciben el implante años más tarde de haber iniciado la utilización de un lenguaje gestual o sufrir
importantes desfases escolares. Este grupo es muy numeroso y necesita ser atendido de manera específica y acorde
a su situación. Las circunstancias y características personales serán las que aconsejen el medio escolar más
adecuado en cada caso.
Sin embargo, cualquier niño necesitará de la acción coordinada de tres atenciones especializadas que le ofrezcan:
a. Atención terapéutica rehabilitadora. Su responsabilidad se centra en la estimulación auditiva y del lenguaje.
Cuando se haya optado por la Lengua de Signos también será necesaria una adecuada intervención para facilitar un
buen dominio de la lengua, con riqueza de vocabulario y de contenidos conceptuales.
b. Inclusión en la escuela ordinaria, cuando se cumplen todos los requerimientos necesarios y el niño puede
beneficiarse de las condiciones para un desarrollo más normalizado, en general niños con funcionalidad auditiva
y/o que, aun con audición residual, han desarrollado un nivel de dominio lingüístico adecuado para interactuar con
sus compañeros oyentes y poder seguir el curriculum escolar requerido.
c. Escolarización en centro específico de educación especial, cuando la situación requiere de una intervención
rehabilitadora y educativa más intensa, organizada y sistemática en general orientada a paliar las consecuencias de
una limitada capacidad para el habla funcional, la necesidad de utilizar un sistema comunicativo signado
complementario o alternativo del oral, la necesidad de una intervención fonoaudiológica intensiva y la necesidad
de introducir modificaciones curriculares significativas en los contenidos escolares.
Escolaridad combinada, en la que el niño comparte tiempos en el centro de educación especial y tiempos de
integración en la escuela ordinaria. La escolaridad integrada con oyentes no es fácil para el niño. Sin embargo,
facilita el intercambio y la comunicación mejorando la capacidad comunicativa.
En resumen, la escolaridad en centros específicos favorece el entendimiento, los aprendizajes, la comunicación a
niveles de mayor intimidad y satisfacción, el intercambio de problemas y la solución de conflictos. Afectivamente
suele ser más satisfactorio para el sujeto, pero le prepara peor para su integración social posterior.

Apoyo pedagógico: es el último eslabón en esta cadena de necesidades. El niño sordo, cualquiera sea su situación,
encuentra dificultades para seguir la actividad y los contenidos escolares. Pierde buena parte de las explicaciones
en el aula porque no las oye; su lenguaje es limitado y no entiende todo lo que escucha; no comprende
completamente lo que lee y, por lo tanto, sus aprendizajes son limitados.
El riesgo es tan mayor cuanto menor es la funcionalidad auditiva. Además, el niño sordo tiene una buena capacidad
de imitación, copia y aparente adaptación. En jardín de infantes y en los primeros años de Primaria puede pasar de
un curso a otro con buenas calificaciones sin haber adquirido los aprendizajes esperados. El desfase será todavía
mayor cuando llegue educación secundaria pero entonces corregir el error y cubrir baches, será casi imposible.

De cualquier forma, sea cual sea la opción educativa aconsejada y/o elegida, todos los niños sin distinción deberán
beneficiarse de los servicios mencionados en el ámbito educativo y en el rehabilitador. Requieren de
profesionalidad, frecuencia y duración para proporcionar a cada niño:

 Acceso temprano a la comunicación oral, a ser posible a través de la funcionalidad auditiva. Hay niños que no
habrán recibido una adaptación protésica y una rehabilitación tardías y eso implica la obtención de un habla poco
funcional que limitará su interacción con el mundo del oyente.

 Acceso a la comunicación signada.


 Acceso al lenguaje escrito, aunque la opción comunicativa sea la Lengua de Signos. La lectura y escritura es un
medio visual de dominio del lenguaje, de importancia capital por la autonomía y enriquecimiento que puede
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ofrecer a la persona sorda. El dominio de la Lengua de Signos no conlleva la comprensión lectora. Es un sistema
comunicativo importante, muchas veces imprescindible, pero el acceso a la comprensión y expresión escrita sólo se
consigue desde estructura del español.
 Atención de apoyo educativo. Que favorezca la mejor comprensión de los contenidos curriculares, la
participación en el aula, el cuidado y seguimiento del proceso de aprendizaje y desarrollo y maduración de sus
aspectos psicológicos y afectivos; control del seguimiento curricular, adaptación de métodos y procedimientos para
que: a) reciba información, b) participe plenamente, c) adquiera conocimientos y aprendizajes, c) adquiera
seguridad en sí mismo y logre la maduración personal.

IMPLICACIONES DE LA PÉRDIDA AUDITIVA Y RESPUESTA EN EL AULA

La sordera es algo más que no percibir los sonidos. El problema es mucho más complejo porque la deficiencia
auditiva grave conlleva importantes implicaciones en el desarrollo global de la persona.
Vimos que el oído tiene otras funcionalidades básicas además de la percepción del habla. Gracias a la información
auditiva, cuando aún no puede desplazarse, el bebé oyente va adquiriendo seguridad, se sabe querido, aprende a
calcular el tiempo y la distancia con algo tan simple como la voz de la madre que le habla desde la cocina mientras
el sonido de la cuchara le indica que están pensando en él y preparando su comida. El sonido de unos pasos le avisa
de la llegada de una persona y le permite reconocerlo al escuchar su voz. El oído anticipa la seguridad que poco
después le confirmará la vista.
Todo cuanto llega a nuestro sistema cognitivo, emocional y de comportamiento lo hace a través de los sentidos. El
oído que no funciona supone una falta de control y de conocimiento de lo que ocurre alrededor, al perder unos
estímulos que no puede suplir otros sentidos. La vista no le permite el contacto continuo con lo que ocurre, porque
es estática y puntual. Sólo sabrá que le llevan la papilla cuando vea a su madre con el plato en la mano. Vista y
oído contribuyen al normal desarrollo espaciotemporal y el crecimiento en la autonomía personal.
Además, el niño desarrolla el lenguaje oral a través de la audición en relación con su entorno, desde el primer
momento de su vida. El medio le estimula hablándole y ofreciéndole información sonora de forma permanente, al
tiempo que anima su expresión porque le hace sentirse escuchado. Y se amplía así el dominio cognitivo de la
realidad.
Es verdad que padecer una pérdida auditiva importante desde el momento del nacimiento o antes de desarrollar el
lenguaje supone la alteración del desarrollo lingüístico, cognitivo, emocional, afectivo y social. Sin embargo, y
esto es lo más importante, padecer una deficiencia auditiva, ser sordo, no supone la incapacidad para el desarrollo
personal o la adaptación social. Un niño con discapacidad auditiva tiene las mismas posibilidades intelectuales y de
crecimiento que el oyente, pero necesita de intervenciones específicas para dar respuesta a su diferente ritmo y
forma de aprender. Y esa intervención es para él un derecho y para nosotros un reto apasionante.
No oír supone un cierto riesgo de que las implicaciones de la falta de audición lleguen a manifestarse de manera
altamente limitante.
El desarrollo de la percepción auditiva y la paralela aparición de la expresión y comprensión oral es un proceso que
requiere de trabajo de orientación profesional largo, sistemático y estructurado, que en buena manera dependen de
un grupo importante de factores. Según sean estos, cada niño o niña seguirá su propio ritmo, alcanzará metas
distintas.

Todos los establecimientos educativos, no sólo el que en un determinado momento trabaje con el niño sordo,
necesita de una formación básica que le permita:

- Conocer las implicaciones de la pérdida auditiva.


- Conocer estrategias básicas para comunicarse con ellos de forma efectiva y facilitar su paso por la escuela.
- Estar preparado para utilizar técnicas y realizar adaptaciones que faciliten el proceso de inclusión y de enseñanza
en el aula.
- Perder el miedo y aprender a manipular mínimamente los aparatos auditivos, contribuir a su cuidado y buen
funcionamiento, tomando conciencia de su importancia y limitación al tiempo
- Flexibilidad para no negarse a utilizar personalmente una emisora de FM si hay alumnos que la utilizan.
- Ser igualmente accesible a la presencia de un intérprete de lengua de signos, si hubiese algún alumno con esta
circunstancia.

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 Disponibilidad de los maestros para utilizar:
- Lenguaje oral, ajustado al nivel lingüístico de cada uno de los niños.
- Bimodal (oral y signado al mismo tiempo).
- Lengua de Signos (si fuese necesario).
 En las actividades académicas:
- Desdoblamiento del grupo que permitan las adaptaciones curriculares más o menos significativa, adaptación del
vocabulario, estructura lingüística y extensión de los textos sin modificar los contenidos.
- Posibilidad para ofrecer apoyo pedagógico para los contenidos de las áreas curriculares.
 En los tratamientos rehabilitadores específicos:
- Fonoaudiólogo/a.
- Atención rehabilitadora específica, individual y/o grupal.
- Profesor capacitado para la lengua de signos si es necesario.
 En el equipamiento y medios materiales específicos:
- Equipos de amplificación auditiva, individuales y colectivos para el tratamiento y rehabilitación de la audición y
el lenguaje.
- Medios informáticos específicos para el desarrollo del lenguaje oral y escrito.
quehacer de todos los profesionales.

Es sumamente importante que los compañeros oyentes conozcan todo sobre la deficiencia auditiva, para poder
valorar al compañero sordo, adaptar su modo de hablar y el discurso, contar con él en juegos, conversaciones,
actividades. Una metodología cooperativa y participativa de la escuela contribuirá indudablemente a que esto sea
posible. El nombramiento de un compañero tutor es sumamente beneficioso. Esta figura suele aparecer de forma
espontánea entre los niños. Si tiene un amigo, será él quien se preocupe de realizar estas tareas, pero el adulto
deberá estar atento por si fuese necesario inducirlo.
Es preciso que el docente esté bien atento al proceso cognitivo y curricular. Son niños/as que suelen copiar con
tanta facilitad y agilidad pudiendo retener en su memoria tantas cosas, que son capaces de resolver aparentemente
las tareas propuestas sin haber conseguido una comprensión real. Seguramente requiera adaptaciones curriculares y
procedimientos que le permita una mayor comprensión de lo que estudia, textos más breves para leer, definiciones
y párrafos con lenguaje adaptado a su nivel de comprensión, apoyos de imágenes, esquemas y resúmenes,
explicaciones previas, conocimiento de nuevo vocabulario, explicación de las estructuras lingüísticas que no
entiende, aun conociendo cada una de las palabras que componen la frase.

En el trabajo curricular es imprescindible tener en cuenta que casi todas sus dificultades, las manifiestas y las que
pueden quedar ocultas, se deben siempre a la falta de dominio del lenguaje y a su siempre limitada comprensión
lectora, aunque no todas las áreas presentan el mismo nivel de dificultad.

 Matemáticas: la pérdida auditiva no es causa por sí sola de problemas en los conceptos matemáticos. En Infantil
ya ha comenzado a resolver sencillos problemas orales o por medio de gráficos y dibujos y suelen gustarle. El
cálculo tampoco le es especialmente difícil y también le gusta. La dificultad se presenta cuando ha de enfrentarse a
la comprensión lectora.

 Conocimiento del medio natural, social y cultural: estas áreas tienen un alto valor formativo pues encierran la
posibilidad de ofrecerle el acceso a la experiencia. Es importante evitar que se limiten al estudio memorístico, por
otra parte, necesario. Sencillas investigaciones y búsquedas, solo y/o con algún compañero, pueden ofrecerle
oportunidades de descubrir y comprobar conceptos temporales que tanta dificultad le ofrecen.

Es buena ayuda graficar la línea del tiempo de forma vital, es decir, la que corresponde al transcurso del acontecer
de la clase, haciéndole entender su paralelismo con el paso del tiempo en los temas que esté estudiando. Los
esquemas le ayudan en la comprensión.
Es de suma importancia el vocabulario y el lenguaje utilizado. Hay que constatar si lo entiende o se limita a
utilizarlo sin saber con claridad lo que dice y si es así, clarifícalo porque de otro modo no asimilará los conceptos y
contenidos de forma razonada y precisa. Prestar especial atención a los conceptos temporales, al orden lógico y
secuencial de los acontecimientos, relaciones y consecuencias entre ellos.
Empezar o terminar el tema con un mapa conceptual constituye una estrategia útil, permitiendo organizar los
conceptos de manera ordenada.

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 Educación Artística: No son pocas las personas sordas que en la danza e incluso la música llegan a encontrar
espacios de satisfacción, aunque estos sean distintos a los de la persona oyente. No podemos poner límites al ser
humano. No obstante, habrá que estar alerta para introducir las necesarias adaptaciones curriculares y supresión de
contenidos.
 Lenguas extranjeras: En general es un área que puede requerir importantes adaptaciones curriculares. Por
ejemplo, la reducción de la materia, de la parte oral o de determinadas dificultades en la estructura lingüística del
idioma. Pero aun de forma limitada y de acuerdo con la particularidad de cada niño, la lengua extranjera le
enriquece.
Distinta consideración van a necesitar los niños implantados muy tempranamente o con funcionalidad auditiva, que
presentan interesantes habilidades para otras lenguas distintas a las suya y para los que constituyen un instrumento
eficaz de estimulación de la funcionalidad auditiva.

• Otras Sugerencias para el aula:

Para favorecer la participación del niño sordo en las actividades del aula es colocar a los alumnos en semicírculo
(media luna), cerca del maestro y de forma que el niño con dificultad auditiva pueda ver también a sus compañeros
cuando hablan. Y además beneficia a todo el grupo.
Un gesto o una mirada del docente/profesor señalando al niño que va a intervenir, centra la atención del niño sordo
y de todos los demás.
Las preguntas han de ir dirigidas también al niño o niña sordos. Será necesario acomodar la expresión y la
velocidad de la pregunta al nivel de comprensión del niño sordo, y darle tiempo para la respuesta.
Las imágenes, los dibujos, unas líneas en la pizarra que subrayan las ideas le ayudan a comprender.
El niño sordo debe participar, ser invitado a opinar, sugerir y/o responder. Si no lo hiciera correctamente, no es el
momento para corregir la pronunciación o la estructura lingüística, sí para tomar nota de sus errores.
Es mejor que las explicaciones no sean muy largas. Intercambio de opiniones o de idas, intervenciones espontáneas
la harán más interesante y comprensible para todos. También para el niño sordo.
Sus dudas e interrogantes son similares a las del resto de los alumnos. Despierta su interés por transmitir a sus
compañeros las respuestas a sus dudas y preguntas.
Las pruebas escritas han de estar redactadas en un lenguaje comprensible para él, y así estar seguros que no es por
falta de comprensión de vocabulario.
Necesitará apoyos individuales siempre que pueda perderse en las explicaciones generales.
Un maestro que descubra su potencial y le exija con confianza será el mejor garante de su integración, ahora de
niño, y mañana de adulto.

IMPLICACIONES DE LA PÉRDIDA AUDITIVA EN EL LENGUAJE

Puesto que su capacidad de recepción e imitación está altamente limitada, el dominio del lenguaje será pobre o
incluso nulo. Si no se interviene a tiempo, la mudez será la consecuencia más visible. Necesita de reeducación
específica en un tiempo prolongado. La adquisición del lenguaje y del habla seguirá un ritmo lento y lo adquirirá
con escasa espontaneidad, fácil para el olvido por la falta de oportunidades para repetir su utilización pragmática.
No resulta fácil la conversación abierta y espontánea con la persona sorda. Por eso, en particular los niños, la
conversación frecuentemente se limita a la utilización de preguntas cerradas que no favorecen la ampliación de su
lenguaje interior ni provocan un intercambio de pensamientos. Es necesario que el adulto tome conciencia de estas
dificultades y entienda la utilidad de respetar algunas estrategias eficaces.

Limitaciones importantes en el desarrollo de las habilidades lingüístico-comunicativas son:

- Dificultad en la discriminación de sonidos vocálicos y consonánticos, por lo que se dan alteraciones en su habla
(sustituciones, omisiones fonéticas).
- Alteraciones en los aspectos suprasegmentales del habla: calidad del tono o intensidad de la voz; anomalías en el
ritmo o la entonación, que hacen el lenguaje poco comprensible.
- Diversidad de niveles en la calidad de la lectura labial, desde niños que la tienen excelente, hasta los niños que la
tienen mala o muy mala. Constituye un magnífico instrumento para la comprensión de la conversación.

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- Pobre comprensión auditiva y expresión comunicativa. No todos los niños responden del mismo modo. A veces
comprende más de lo que puede expresar, pero en general, a más comprensión, mejor expresión.
- Alteraciones en la morfología: mal uso y omisión de los pronombres, mal dominio del género y el número,
limitado uso de los marcadores de tiempo, omisión de las preposiciones.
- Limitado acceso al lenguaje escrito y la comprensión lectora.
- Uso de un lenguaje infantil, empobrecido con:
• Reducido vocabulario.
• Escaso uso de nexos; pronombres, preposiciones, formas verbales.
• Estructuras lingüísticas incorrectas. Uso casi exclusivo de oraciones simples.

El aula, sus compañeros y maestros son lugar óptimo para que su lenguaje sea vivo y se vaya enriqueciendo
paulatinamente. No hay que aceptar sus dificultades como insuperables, por el contrario, debemos contribuir a
enriquecer el vocabulario que entiende y expresa y su adecuada aplicación; el aprendizaje y utilización de frases
hechas y expresiones coloquiales; el paso en la comprensión y explicaciones de ordenes sencillas a más complejas;
la corrección de su expresión oral desde la palabra frase de los primeros momentos al lenguaje más complejo,
pasando por la utilización de la oración simple y la paulatina introducción en la oración compuesta.
Puede que necesite de señas o gestos de apoyo para entender. Que entienda un determinado vocabulario, pero no
pueda entenderlo fuera del contexto. Que no comprenda dos órdenes juntas. Que sólo utilice frases formadas por
sujeto + verbo + complemento. Quizá responda a preguntas, pero tenga dificultad para hacerlas de forma correcta.
Tal vez necesite el apoyo de la imagen para entender lo que le estás diciendo y puede que no comprenda con
precisión el significado de interrogantes como cuándo, quién, dónde, para qué, con qué, de quién.
Además, dependiendo de su edad puede que no pronuncie todos los fonemas o algunos los pronuncie de forma
incorrecta o los sustituya por otros, la entonación, el ritmo, la intensidad de su voz y de su habla no sean las
adecuadas o utilice un lenguaje demasiado infantil. Este campo es tarea específica del fonoaudiólogo. Pero el lugar
donde se generalizan se corrige o incluso siendo incorrectos se conviertan en vehículo de pensamiento, afectividad
y conocimiento, son aquellos en los que el habla se convierte en instrumento insustituible.
Es importante, para conocimiento de la familia y de aquellos con los que el niño mantiene mayor relación, que
tomen conciencia del tipo de lenguaje que los adultos utilizan con los niños pequeñitos y dirigirse al pequeño sordo
de la misma manera.

IMPLICACIONES DE LA PÉRDIDA AUDITIVA EN LA LECTURA Y EN LA ESCRITURA

Habitualmente el niño con discapacidad auditiva tiene dificultades importantes para alcanzar un nivel de
comprensión lectora eficaz, debido al escaso dominio del lenguaje. Si no entiende no es sólo porque tenga un
vocabulario pobre y limitado o porque su estructuración sintáctica sea incorrecta, aunque todo ello repercute de
manera importante. Nos encontramos a veces con que un alumno es capaz de resolver un crucigrama o de
responder a las preguntas hechas sobre una lectura, lo que aparentemente prueba su conocimiento del vocabulario,
y, sin embargo, sus respuestas son mecánicas y aunque sean correctas, no hay en ellas una real comprensión.
Debemos tener en cuenta que trabajar la comprensión lectora beneficiará a toda la clase, no solo al niño/a con
pérdida auditiva.
El texto escrito es medio para acceder a lo imaginario, la sospecha, la espontánea anticipación, la súplica, la
oración, la poesía. Si logra disfrutar con la lectura podrá derribar murallas. Habla, audición, pensamiento, lectura,
escritura forman un todo de influencia mutua.
Es bueno que lea en voz alta para mejorar su fonética y acercar su entonación a la normalización a medida que
mejora la comprensión. En el proceso básico de relación con el texto todo niño, y especialmente el niño sordo,
debe ser guiado para que llegue a realizarlo automática y naturalmente. Para inferir, por ejemplo, implica ir más
allá de la comprensión literal o de la información superficial del texto.
Resulta eficaz enseñar al niño sordo determinadas estrategias y habilidades lectoras para que se centren en la
estructura del texto. Esas habilidades pueden desarrollarse fácilmente a través de ejercicios que les guíen en la
identificación de la idea fundamental de un texto, la secuencia de los hechos narrados, los detalles, las relaciones
causa-efecto, uso de las preposiciones, sufijos, terminaciones verbales.
Intervenir para el desarrollo de la comprensión lectora y la escritura en el niño sordo supone por tanto guiarle en la
lectura atendiendo a mejorar:

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-La información previa que pueda tener sobre el tema de la lectura y claves contextuales y estructurales
(vocabulario, anáforas, prefijos, sufijos, preposiciones, terminaciones inflexivas).
-Desarrollo de habilidades de comprensión de la información contenida en el texto.

Algunas de las dificultades encontradas en las producciones escritas evidencian "incoherencias, escasa cohesión y
errores morfosintácticos, en los escritos de los estudiantes sordos. Su léxico parece más limitado que el de sus
iguales oyentes […] los pronominales, los tiempos verbales, los relativos y los complementos eran las estructuras
sintácticas de mayor complejidad en los textos escritos de los jóvenes sordos” (Fernández-Viader & Pertusa, 1996,
p. 6). Aunque los sordos pueden llegar a dominar bien aspectos de vocabulario, son los aspectos de la sintaxis los
que más generan dificultad y con ello, una baja competencia en la lengua que imposibilita la plena comunicación
(Massone et al., 2005).
Para ser competente en una lengua, no basta con dominar el léxico o algunas expresiones, ni mucho menos una
sintaxis reducida o incompleta, pues “quienquiera que tenga la capacidad de hacerse comprender de algún modo en
una lengua dada, solo porque de ella ha aprendido el léxico y una serie limitada de frases y oraciones, tendrá
ciertamente competencia comunicativa en esa lengua, pero no competencia lingüística (Radelli, 2000, p. 22). A
partir de esto, surge la necesidad de replantear la comunicación de los sordos con la comunidad en la que están
inmersos para lograr verdaderos procesos de participación e inclusión. Si bien es cierto que el código escrito es la
clave, también es cierto que las concepciones y métodos utilizados han dado respuestas precarias y se requiere una
nueva mirada.

La logogenia: en contraste con estas metodologías de enseñanza del español en personas sordas, se encuentra la
logogenia para “propiciar la capacidad de comprender y producir un número infinito de oraciones de la lengua a la
cual se está expuesto y de reconocer cuáles son las oraciones que le pertenecen a aquella lengua (o sea que son
gramaticalmente correctas en esa lengua) y cuáles no. (Radelli, 2000, p.4).
La logogenia es un método mediante el cual, a diferencia de las otras posturas, al sordo no se le enseña la lengua,
sino que se lo expone a ella para que él mismo pueda adquirirla; “adquirir una lengua es un proceso muy distinto
de aprenderla y el método de la logogenia tiene el objetivo de activar en los sordos un proceso de adquisición del
español que sea lo más afín posible al proceso natural de adquisición de la lengua que se desarrolla en todos los
niños durante los primeros años de vida (Radelli, 2000, p.4). A diferencia del bilingüismo, la logogenia no
considera el español escrito como una segunda lengua que se pueda enseñar, sino como una primera que se puede
adquirir sin mediación de otro sistema (Fernández Botero, 2004; Radelli, 2000). Es un método basado en la Teoría
de Chomsky y se afirman dos ideas fundamentales: la primera, que el lenguaje es una facultad innata que permite
la adquisición de la lengua en cualquier humano, pues “todo niño nace con un mecanismo especial —conocido
como el mecanismo de adquisición del lenguaje— que le hace apto para aprender no una lengua en particular sino
cualquier lengua” (Bernal Leongómez, 1983, p. 57). Radelli (2000) señala que en vista de que es imposible
presentar toda la información lingüística necesaria para propiciar un desarrollo lingüístico completo, esto es, la
comprensión de los elementos de contenido, elementos funcionales y reglas de la lengua, tras la activación del
proceso de adquisición del lenguaje mediante la logogenia, la exposición a la lectura proporciona el input necesario
para desarrollar una competencia lingüística igual a la de los oyentes.
A través de la logogenia, se crean las condiciones para exponer al sordo al código escrito de la lengua, y se induce
el desarrollo de habilidades de discriminación gramatical, no solo a partir de palabras aisladas, sino de frases y
oraciones que demuestren las relaciones sintácticas (Fernández Botero, 2004; Radelli, 2001, 2000). No se trata de
una enseñanza guiada a través de la instrucción, sino en un método que expone al alumno en el que se sustituye el
canal auditivo por el visual y se busca una adquisición de la lengua, análoga a la que se da en oyentes. No existe
una explicación de los elementos de la lengua, sino una exposición a ellos, lo que permite un aprendizaje implícito,
entendido este como “un modo adaptativo de procesamiento de la información novedosa que está basado en la
extracción de los rasgos estructurales de una situación experimentada y cuya adquisición se produce en ausencia de
una exploración intencional explícita de dichos rasgos” (López-Ramón, 2007, p. 126).
Después de la aparición de la logogenia a comienzo de la década del 90, se han realizado y sistematizado distintas
experiencias que han mostrado notables avances en la adquisición de la lengua a partir del proceso de
logogenización (Aristizábal et al., 2017; Chamorro et al., 2017; Franchi, 2004; Olsen, 2016).

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IMPLICACIONES DE LA PÉRDIDA AUDITIVA EN EL DESARROLLO AFECTIVO-SOCIAL

Al hablar de desarrollo afectivo-social nos referimos al proceso de adaptación del niño o niña a la sociedad en la
que vive. La simbiosis creada con el grupo social permite que en el pequeño aparezcan los vínculos afectivos,
adquiera los valores, normas y conocimientos sociales y aprenda las costumbres y conductas de la sociedad.
Aunque no se conocen los mecanismos a través de los que se produce la influencia social, lo que sí es cierto es que
la familia y el medio interactúan sobre el niño de tal manera que contribuyen poderosamente a configurar su
identidad personal, dependiendo en buena manera de la forma y coherencia en que comunique afecto y valoración
y se controle y modele el comportamiento infantil.
La incomunicación puede traer consigo implicaciones sociales y afectivas limitantes. Es causa de aislamiento,
limitación de experiencias, dependencia, inseguridad y sentimientos de inferioridad. No en todos los niños el efecto
es el mismo, pero hay que estar atentos, muy atentos, para que la maduración afectiva se produzca con las menores
lesiones posibles. El niño no sabe poner nombre a sus sentimientos ni expresar lo que siente. Todo ello justifica
unas reacciones y comportamientos que pueden ser calificados de inadaptabilidad social.
El adulto debe tratar de evitar que crezca sin haber madurado emocionalmente y su maduración depende en buena
manera del tiempo y modo en que el adulto entienda cómo puede y debe ayudar al niño sordo a organizar su
mundo interior y su modo de pensar. El aislamiento no se produce solamente por la dificultad de establecer una
comunicación, aparece también por el temor de sus compañeros, padres, profesores, adultos a acercarse a él, al no
saber cómo manejar la situación. Quedarse solo, no poder hablar con confianza con sus padres o maestros o amigos
es el principal riesgo de privación socioemocional: la falta de oportunidades para establecer relaciones tales que le
permitan adquirir las estrategias del grupo social.
Estas dificultades son un reto más que hacen de la educación del niño o niña sordos una apasionante tarea de
esperanza. Maestros, compañeros, familia son el medio en el que debe adquirir las estrategias necesarias para
ajustar su desarrollo emocional, su comportamiento, autonomía, etc., a lo entendido como correcto socialmente y
para desarrollar habilidades que le permitan crecer en autoestima, controla sus reacciones, en una palabra, sentirse
mejor consigo mismo y con los demás. No podemos dejarle solo y no es difícil acompañarle. La escuela puede
apoyar estos procesos de socialización y afectivo-emocional. Como en tantas otras cosas, la escuela ofrece un
espacio único para fortalecer el desarrollo de los hábitos de seguridad, la autoestima, su identidad personal. Un
trabajo sobre su inteligencia emocional que revertirá al fin en la mejora de su maduración personal.
La escuela reúne en sí misma condiciones óptimas, por su carácter social y amigable, para contribuir al que el
pequeño sordo crezca como:
-Niño autónomo, capaz de tomar decisiones paulatinamente por sí solo, sin ceder a las presiones de los demás. Con
creciente confianza en sí mismo, conciencia de sus posibilidades y limitaciones, capaz en un momento de actuar
con control sobre sus emociones y reacciones. Que sea capaz de comprender y respetar los sentimientos de los
demás. De ser socialmente empático e integrado, como persona sorda.

IMPLICACIONES DE LA PÉRDIDA AUDITIVA EN EL DESARROLLO COGNITIVO

Desarrollo cognitivo. La sordera, en principio no afecta por sí sola a la capacidad intelectual del niño ni limita su
habilidad para aprender. No es causa de ninguna incapacidad que limite el desarrollo de las habilidades cognitivas.
No obstante, la falta de lenguaje y más aún, la falta de comunicación flexible como es el lenguaje oral puede traer
consigo desajustes cognitivos y retrasos sobre los que se ha discutido mucho a lo largo de los años. Y esos
desajustes, han hecho y hacen pensar en ocasiones, que la inteligencia y las habilidades cognitivas de los niños
sordos presentan un retraso con relación a los niños oyentes. La audición y el lenguaje limitados afectan al
desarrollo cognitivo del niño. Queda alterada la relación con los demás iguales y los adultos, y la enriquecedora
interacción que surge en el intercambio social se ve muy empobrecida. Su limitada capacidad para seguir una
conversación en grupo, percibir los matices de la entonación o los dobles sentidos, compromete las posibilidades
de concatenar, deducir, ordenar, agrupar, clasificar ideas y conceptos y con ello, queda comprometido el
pensamiento reflexivo y crítico.
Evaluar la inteligencia y el desarrollo de las habilidades cognitivas del niño con discapacidad auditiva ha sido y
sigue siendo un tema de interés y sus resultados, junto al del desarrollo lingüístico comunicativo, indispensable
para plantear las necesarias adaptaciones curriculares. Pero los instrumentos de medición habitualmente utilizados
son de difícil aplicación dado su limitado dominio del lenguaje y la escasa comprensión lectora, excepto en las
pruebas manipulativas. Se dispone de pruebas adaptadas y/o específicas (el WISC, por ejemplo, además de las
pruebas no verbales, tiene unas normas de aplicación para estos casos) modificadas no sólo por la dificultad de
aplicar las existentes sino, lo que es más interesante, porque ha cambiado el concepto de la persona con

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discapacidad auditiva. Si bien es verdad que las distintas valoraciones hablan de un nivel intelectual ligeramente
inferior al de los oyentes de la edad, en ocasiones resulta difícil conocer las verdaderas causas, si están
efectivamente en el desarrollo de ciertas habilidades cognitivas o si en buena parte de los casos se deben a las
dificultades de comprensión lingüística de los enunciados y sus inevitables influencias. Otro tanto podríamos decir
de las dificultades encontradas en la planificación del juego simbólico o del juego en general.
Estos hechos son causa a su vez de un claro retraso en los niveles educativos. Se dice que un niño con sordera
severa o profunda puede llegar a acumular entre 2 y 4 años de desfase escolar con relación al oyente, que aminora
en algunos aspectos, pero no en todos.
Este niño sordo es sin embargo inteligente, capaz de seguir los contenidos curriculares, de comprender a las
personas, los gestos, lo insinuado. Es apto para el juego simbólico incluso sin que haya que esperar tiempo hasta
que adquiera el lenguaje oral.
Como adulto será un hábil trabajador. Su retraso en el desarrollo de las capacidades cognitivas no se debe a una
falta de inteligencia sino a la dificultad de interacción con los iguales y los adultos que debieran facilitar la
construcción de su pensamiento.

Desarrollo e integración sensorial: La percepción, la recepción y reconocimiento de todos los estímulos que
llegan hasta el niño, organizados por su sistema nervioso central, encierran un potencial capaz de contribuir a su
mejor desarrollo escolar, familiar y social y fortalecer el desarrollo de sus aprendizajes. Al niño con discapacidad
auditiva, con las limitaciones de percepción que la misma origina, le resulta altamente beneficioso ese trabajo
directo y organizado sobre su sistema nervioso. Cuanto menor es el niño, más importante es la intervención,
individual y grupal que favorezcan el desarrollo de los sistemas propioceptivo, táctil, olfativo, motriz y visual,
junto a ello, y también en los primeros años, adquiere una importancia relevante el desarrollo de la atención y la
memoria. Ese trabajo estimula la atención y la capacidad de reconocimiento de estímulos ya conocidos. Cada
nuevo estímulo, contrastado con el recuerdo estimula la memoria. Atención y memoria adquieren una importancia
capital para el niño sordo.

BIBLIOGRAFIA UTILIZADA:

-Desafíos de la diferencia en la escuela. Guía de orientación para la inclusión de alumnos con N.E.E. en el aula
ordinaria. Alumnos con discapacidad auditiva. Necesidades y respuesta educativa. Autora: Sonia Barros Barcelona.
-[Link]. CONDES-2016;27(6)731-739. Hipoacusia: Trascendencia, incidencia y prevalencia. Dra
Constanza Diaz. Dr. Marcos Goycoolea PhD. Dr. Felipe Cardemil PhD.
- La importancia de la Audición. Libro Audiología Práctica 5ta edición. Editorial Medica Panamericana. Autor:
Gonzalo de Sebastián.
- Adquisición del español en niños sordos a través de la logogenia para la inclusión familiar, escolar y social.
Revista Internacional de Apoyo a la Inclusión, Logopedia, Sociedad y Multiculturalidad. Volumen 6, Número 2,
junio 2020, ISSN: 2387-0907. DOI: [Link] (pág. 53-68).

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