Secuencia (112), enero-abril, 2022: e1827 DoI: [Link]
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E-ISSN 2395-8464 ARTÍCULOS 1/23
El concepto de trabajo:
perspectiva histórica*
The Concept of Work: Historical Perspective
Laura Andrea Cristancho Giraldo**
[Link]
Politécnico Grancolombiano, Bogotá, Colombia.
lcristancho@[Link]
Resumen: A partir de un reconocimiento del significado de trabajo en la
his- toria del hombre, el presente artículo expone las diferentes maneras
como se ha concebido el trabajo desde la profunda transformación de las
sociedades campesinas a las ciudades levemente industrializadas con las
que culminó la Edad Media, dando así inicio a la denominada Modernidad;
el hito histórico del descubrimiento de América con los grandes contrastes
de una sociedad avanzada y unos grupos indígenas con sus saberes
ancestrales propios de sus culturas nativas, que lentamente se vieron
obligados a adaptar sus saberes a los de sus colonizadores y en algunos
casos conquistadores, hasta el pensa- miento contemporáneo en donde el
trabajo intelectual cobra especial fuerza y valor social y, finalmente, es
expuesto el concepto de trabajo en Latinoamé- rica hasta finales del siglo
xx.
* Este artículo es derivado de un capítulo de contextualización histórica de la tesis
doc- toral Pertinencia de la política económica en materia de generación de empleo “decente” en la
ciudad de Bogotá, Colombia, Universidad Nacional de Educación a Distancia, Espaúa.
** Doctora en Análisis de Problemas Sociales. Docente de tiempo completo en el pro-
grama de Economía en Politécnico Grancolombiano, Bogotá, Colombia. Línea de
investiga- ción: mercado laboral, sociología del trabajo.
CóMo CITAR: Cristancho Giraldo, L. A. (2022). El concepto de trabajo: perspectiva histórica. Secuencia
(112), e1827. DoI: [Link]
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histórica
Palabras clave: historia del trabajo; trabajadores; sociedad;
transformación social.
Abstract: Beginning with the acknowledgement of the significance of work
in the history of humankind, this article explains the ways work has been
con- ceived from the profound transformation of peasant societies to the
slightly industrialized cities with which the Middle Ages ended, marking
the start of Modernity. It explores the historical milestone of the discovery
of America with the enormous contrasts between an advanced society and
certain indig- enous groups with their ancestral knowledge typical of their
native cultures, which were slowly forced to adapt their knowledge to that
of their colonizers and in some cases conquerors. It goes on exploring the
contemporary thought in which intellectual work acquires a particular
strength and social value and, lastly, it explains the concept of work in
Latin America until the end of the 20th century.
Keywords: history of work; workers; society; social transformation.
Recibido: 26 de marzo de 2020 Aceptado: 14 de septiembre de 2020
Publicado: 28 de enero de 2022
INTRODUCCIÓN
E ste trabajo forma parte de la historia del ser humano desde su
creación; para los antepasados se vinculó a penurias y necesidades,
considerándose limitante de la libertad de los individuos, y como
condición indispensable para formar parte del mundo de la “polis” como
ciudadano. Por lo tanto, la sociedad antigua fue conservadora y sólo
contempló la idea de libertad como el ocio y la contemplación, que
subvaloró el trabajo manual ya que era exclu- sivo de los esclavos y
campesinos, quienes, a pesar de representar la mayoría de la sociedad y
cumplir una función productiva y necesaria, eran actividades no deseables.
La Edad Media trajo consigo un cambio relevante, dándole un valor moral
a las actividades relacionadas con el trabajo físico y subvalorando las
actividades que no implicaban esfuerzo o sacrificio, tales como el comer-
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cio y la gobernanza, lo anterior gracias al preponderante papel que
desem- peúó la Iglesia católica en la definición del trabajo en el mundo.
El presente trabajo expone un recorrido histórico desde la
Modernidad, y el impacto del descubrimiento de América en el cual se
ponen en mani- fiesto los grandes contrastes de una sociedad avanzada y
unos grupos indíge- nas que lentamente adaptaron sus saberes a sus
colonizadores y en algunos casos conquistadores, se dan retrocesos en el
trabajo retomando la esclavitud y el trabajo como sacrifico y penuria,
pasando por el pensamiento contem- poráneo, periodo en donde el trabajo
intelectual cobra especial fuerza y valor social y en la actualidad se
comienzan a esbozar nuevas formas de trabajo y ocupación; además, el
descanso se convierte en un elemento fundamental de la sociedad
moderna, el anhelo inalcanzable del asalariado relacionado con dedicar su
vejez al descanso con comodidades y un salario que le permita terminar
su vida dignamente.
Finalmente, se expone la transformación del trabajo bajo la
sociedad latinoamericana del siglo xx, con su mezcla de culturas que
construyeron su propio concepto del trabajo y todas las preguntas con las
que el siglo xxI comienza a cimentar los nuevos estudios laborales de la
región.
EL TRABAJO DESDE LA EDAD MODERNA
HASTA LA CONTEMPORÁNEA
Con el declive del modelo económico denominado feudalismo, hacia el siglo
xII que culmina finalmente en el siglo xv, según Guerra (2011), a causa de
la pro- ducción más eficiente de algunos bienes en las ciudades, y como
consecuencia de las grandes migraciones de personas del campo hacia las
nuevas y florecien- tes ciudades, transforman el concepto de riqueza antes
concebido a partir de la posesión de tierras hacia la del dinero obtenido a
través de dos fuentes princi- pales: la primera el comercio, y la segunda los
salarios pagados por el trabajo en las fábricas. En las zonas donde se desarrolló
con fuerza el comercio, las asocia- ciones o agremiaciones de artesanos
tomaron tanta fuerza que llegaron a inter- venir en los gobiernos para
defender sus propios intereses, convirtiéndose así en una nueva clase social
acaudalada e influyente, pero sobre todo que comenzó a gozar de
reconocimiento en las nuevas pequeúas sociedades urbanas, convir- tiéndose
en el preámbulo de la producción capitalista que expone tres princi- pios:
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histórica
la propiedad privada, el trabajo asalariado y los primeros mercados.
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En este contexto es que se desarrolla el periodo denominado La
Edad Moderna, comprendido entre el siglo xv y xv III, el cual enmarca
algunos hechos históricos relevantes, tales como el descubrimiento de
América (1492) y la revolución francesa (1789), que dio inicio a la Edad
Contemporánea. Uno de los grandes cambios que trajo consigo este periodo
fue un nuevo concepto del trabajo en donde se considera una actividad
valiosa y se desprecia el ocio, porque se relaciona con la pereza.
Con el descubrimiento de América1 vinieron consecuencias
socioeco- nómicas y políticas importantes, ya que algunos sistemas de
relaciones socia- les como la esclavitud, en decadencia en Europa, toman
fuerza en las colo- nias. Tras este hito histórico, en el siglo xv, se
presentaron contrastes sociales muy fuertes, ya que comenzaron a convivir
sociedades primitivas dedicadas a labores como la cacería, la agricultura y
la pesca junto con sus respectivos colonizadores, y en algunos territorios
con conquistadores, quienes procedían de sociedades en donde la esclavitud
y la servidumbre estaban íntimamente ligadas con el concepto de trabajo.
Es importante no desconocer que algunas culturas nativas de
América ya habían alcanzado importantes desarrollos en sus relaciones
productivas, y habían logrado –además de desarrollar sus actividades del
sector primario, como ya se mencionó– desarrollar, aunque sutilmente, el
intercambio. En este sentido, Florescano (2009) en su obra El origen del
poder en Mesoamérica expone elementos de la cultura azteca en donde se
destaca la repartición del trabajo, el manejo de los excedentes en la
producción agrícola que llevaba al intercambio y la necesidad de protección
de sus posesiones a partir de la cons- truccion de fortalezas, que de algún
modo se relacionan, por una parte, con la necesidad de un Estado protector
y benefactor y, por otro, con la propiedad privada como elemento generador
de riqueza.
Es, por lo anterior, que el descubrimiento de América por parte de
los espaúoles, en el siglo xv, hace necesario que en Sudamérica se instaure
un sis- tema de repartición de poblaciones indígenas, tratando de imponer
la cultura europea en el nuevo continente, en donde imperó la encomienda,
que pronto se fortaleció con la movilización forzada y la esclavitud de
africanos traslada- dos forzosamente al continente americano con el objetivo
de convertirse en la
1
El descubrimiento de América ocurrió en 1492, con la llegada a América de una
expe- dición dirigida por Cristóbal Colón por mandato de los reyes católicos (Isabel I de
Castilla y Fernando II de Aragón).
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mano de obra que reemplazó a los indígenas sublevados para llevar a cabo
el trabajo manual en las plantaciones.
Por otro lado, algunas comunidades religiosas hacia el siglo xvII,
den- tro de las que destacan los jesuitas (en Sudamérica, en particular),
formaron comunidades a partir del concepto de “reducción” compuestas por
aproxima- damente 500 familias que desarrollaron relaciones sociales más
de coopera- ción y trabajo común (Supervielle, s. a.):
[…] cada reducción tenía tierras que se consideraban comunes, las
cosechas eran repartidas bajo la vigilancia de los padres. En segunda
instancia se repar- tían lotes por familia para los cultivos de sus plantas
alimenticias. El resto de la tierra seguía siendo comunal y de ella se
retiraba la producción con la cual se pagaban los impuestos reales, para el
mantenimiento de los misioneros y para el intercambio con otros productos
necesarios que no eran producidos por la misión (p. 18).
En este sentido, la premisa general de los jesuitas fue mantener
ocu- pados en laborales manuales a los indígenas y evitar así los tiempos
de ocio, considerado por los religiosos como pecado. De esta forma, se
evangelizaba a la población hacia la doctrina religiosa y se convertían los
hombres en indi- viduos sumisos a la misma. Finalmente, hacia mediados
del siglo xvIII los jesuitas fueron expulsados de América, dejando en estas
poblaciones grandes enseúanzas que pronto se convirtieron en los primeros
eslabones de una inci- piente industrialización originada a partir de los
procesos y técnicas enseúa- das por la comunidad religiosa.
Al mismo tiempo que ocurrió el descubrimiento de América, surgió
un movimiento cultural en Europa Occidental denominado Renacimiento
durante los siglos xv y xvI. Fue un periodo de transición entre la Edad
Media y los inicios de la Edad Moderna. En el Renacimiento, los ahora
llamados empresarios o dueúos de las industrias y de los bancos cobraron
fuerza no sólo económica, sino también escalaron socialmente, lo que
obligó a redefinir el concepto de ética y virtud; como consecuencia, la
Iglesia católica se divi- dió por el movimiento protestante, ahora el
trabajo dignifica al hombre y la riqueza es el resultado de una vida
laboriosa que Dios bendice (Guerra, 2011).
Durante los siglos xvI y xvIII al concepto de trabajo se le relacionó
con la idea de “hacer trabajar” o lo que hoy se conoce como “emplear” y
su res- pectiva contraprestación en dinero, que lentamente se transformó
al compás
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de la movilización de las sociedades predominantemente campesinas
hacia las grandes urbes, ahora en proceso de industrialización, al
comienzo del siglo xx. Las organizaciones comenzaron a crecer
extraordinariamente, al punto de tenerse que organizar jerárquicamente, y
muchos de los artesanos que trabajaban en estas nunca tenían contacto
con sus clientes, ya que tra- bajaban para un empresario o intermediario
que vendía sus productos en otros mercados.
Las naciones europeas colonizadoras, posterior al descubrimiento
de América, ahora en la Edad Moderna, se vieron beneficiadas por las
rique- zas provenientes de las colonias que comenzaron a movilizar
mercancías en grandes volúmenes como nueva fuente de riqueza, lo cual
fortaleció el comercio internacional. Así, comenzó a consolidarse una
división de trabajo por países, lo cual transformó los procesos de
producción interna de los mis- mos. Por un lado, países como Espaúa
redujeron sus actividades productivas y comenzaron a consumir en su
mayoría productos importados, mientras que países como Inglaterra se
dedicaron a aumentar su producción hacia el exterior con el objetivo de
abastecer a otros países y de esta forma hacer cre- cer sus dominios.
Según Guerra (2011), con la revolución industrial las industrias
acapa- raron la mayor parte de la producción de las naciones europeas, la
produc- ción artesanal redujo su competitividad porque que no logró la
producción en grandes volúmenes ni permitió la división del trabajo,
imponiéndose de esta forma el trabajo asalariado en las ciudades. Según
Superville (s. a.), al mismo tiempo que se dio la revolución industrial, hacia
finales del siglo xvIII, se desató un fenómeno sociopolítico importante que
inició la Edad Contem- poránea, la revolución francesa; hecho que dio por
terminado el feudalismo, inicialmente en Francia, luego en toda Europa.
La revolución industrial rescató la clase social antes marginada
deno- minada la burguesía y la elevó en la escala social, al punto de
convertirla en la clase social dominante en términos políticos y económicos:
eran ya los dueúos de los medios de producción, de la maquinaria y las
empresas que generaban productos para toda la sociedad que había
migrado del campo hacia las urbes. Las fábricas organizaron su nueva
maquinaria y trabajadores en edi-
ficios de grandes extensiones, bajo un nuevo orden jerárquico en el que la
figura de poder se estableció en un jefe de taller; las nuevas máquinas
mejo- raron los tiempos de producción y la calidad de los productos, el
trabajador ahora asalariado tenía un horario y unas labores claramente
definidas. En
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histórica
este contexto, a mediados del siglo xvIII, el economista y filósofo
británico Adam Smith, denominado “padre de la economía”, en su obra La
riqueza de las naciones afirmó que la fuente de toda riqueza es el trabajo y
la división de trabajo es el medio para tal fin, que finalmente se traduce en
la capacidad del individuo para obtener bienes y servicios de acuerdo con
sus necesidades. En este sentido, el beneficio individual es al final el
mismo beneficio del colec- tivo, y por tanto es desde el trabajo realizado
por el obrero que este puede obtener bienes producidos por otros.
Hacia el siglo xIx, Marx en su obra El capital define el trabajo
como una actividad exclusiva del hombre que permite el desarrollo del
intelecto y lo diferencia de la bestia; diferenciando el trabajo cualitativo
del llamado trabajo abstracto. Marx concibió el trabajo como una actividad
natural del ser humano que le permite apropiarse de la naturaleza y
transformarla para satis- facer sus necesidades infinitas, permitiéndole dar
sentido a su vida, ya que se hace mediante la relación del hombre con la
naturaleza. En este sentido, el trabajo es una actividad vital del hombre en
el que transforma la naturaleza en productos, y se convierte en la base de
apropiación y resultado del trabajo del hombre (Ventura, 2013).
La fuerza de trabajo fue para Marx la fuente de valor de la que
final- mente se apropia la burguesía a través de “la plusvalía”, concepto
utilizado para exponer la explotación del modo de producción capitalista,
y la fuente de acumulación de riqueza y capital medido en dinero y
capacidad de pro- ducción de este.
Como consecuencia, el trabajo industrial cambia su concepción;
que en el pasado se relacionó directamente ya sea con quién lo hacía o con
quién lo solicitaba. Debido a la división del trabajo, el trabajo deja de ser
concreto para convertirse en abstracto, ya que el trabajador logra ver el
resultado tangi- ble de su labor porque es parte de un proceso, además de
la importancia que tiene el trabajo colectivo hasta entonces no
identificado.
Lo anterior tiene como consecuencia el deterioro de la calidad de vida
de la clase trabajadora, donde se destacan los horarios de trabajo de hasta 18
horas diarias, y otros abusos como la explotación infantil, criticados
tajantemente por los seguidores del marxismo aún hasta el siglo xx
(Supervielle, s. a.).
La importancia del trabajo colectivo también es identificada por las
clases sociales trabajadoras, quienes se comienzan a agrupar y esto da
como resultado las constituciones de los primeros sindicatos, inicialmente
clan- destinos y suprimidos en toda Europa, comenzando por Francia tras
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la revo-
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lución francesa, a través de la prohibición de todo tipo de asociación de
los trabajadores, cuyos preceptos están materializados en la Ley Le
Chapelier, nombre que se le dio a esta ley creada para tal fin. Dicha
resistencia persistió hasta finales del siglo xIx en este país. En Inglaterra,
por otro lado, a comien- zos del siglo xIx se aceptó la libre asociación de
los trabajadores, permitién- doles negociar los salarios en colectivo y
reconociendo los sindicatos como actores activos de trabajo.
Otro de los grandes cambios que trajo a la sociedad occidental la
revo- lución industrial hacia mediados del siglo xIx fue la inclusión de la
mujer en las fábricas, dado que la producción de bienes aumentó de
manera significa- tiva y con esto surge la necesidad de mano de obra
adicional, convirtiéndose esta en una obrera asalariada, en un comienzo
como una labor secundaria de su vida, dada la especial preponderancia
que aún para este momento his- tórico tiene para la mujer el trabajo
reproductivo y el cuidado del hogar. Y es sólo hasta mediados del siglo
xx, posterior a la segunda guerra mundial, cuando la mujer se convierte en
muchos casos en cabeza del hogar y muchas de ellas ven la necesidad de
formar parte del mercado laboral, en especial en las fábricas
manufactureras, y a partir de este momento comienzan con especial
fuerza las grandes luchas por la igualdad de género y por supuesto
involucran el ámbito laboral como uno de los pilares fundamentales de
estas luchas por la igualdad de derechos (Scott, 2009).
Por su parte, Weber (2011), en La ética protestante concluyó que la filo-
sofía protestante motivó el desarrollo del capitalismo; y a través de la
ideolo- gía luterana, el espíritu tradicional altruista del ser humano deja de
ser una premisa vital del mismo; asimismo, reconoce el comportamiento
racional para lograr el éxito económico y ya no lo condena, por el
contrario, lo alaba y anima para que sea ahora parte de la realización del
hombre, sin dejar a un lado su desarrollo espiritual ahora alejado de la
Iglesia romana.
El siglo xx trajo consigo el reconocimiento de los derechos de la
clase trabajadora, desde el reconocimiento por el esfuerzo realizado y no por
el pro- ducto tangible obtenido del mismo, la importancia del trabajo para
la cons- trucción de riqueza de las naciones y el carácter mercantil o
transable de la mano de obra materializado en un salario recibido como
contraprestación por la labor, no sólo para el trabajador, en determinados
casos por un familiar dependiente del mismo en caso de muerte, además la
obtención de días de descanso semanales y festivos, vacaciones
remuneradas y, finalmente, la arti- culación de los derechos humanos con el
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trabajo (Supervielle, s. a.).
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Taylor,2 por su parte, hizo un gran aporte al concepto del trabajo a
par- tir de sus análisis que se resumieron en una corriente denominada “la
orga- nización científica del trabajo”, la cual parte de la visión antigua en
la que el obrero es considerado un holgazán y el salario es un incentivo
para hacer que su labor sea productiva, pero debe ser controlado en cada
una de sus fun- ciones (control de tiempos y movimientos) y dirigido
desde una perspectiva científica. Así, la corriente taylorista convierte el
trabajo en una labor asfi- xiante y alienante de acuerdo con Guerra
(2011).
Friedman,3 por su parte, cuestionó el concepto de trabajo básico en
el que se crea utilidad a través de este, ya que los animales también
podrían hacerlo; incluye en este concepto, que el hombre transforma la
naturaleza de acuerdo con su conveniencia y necesidades. Así mismo (Gorz,
1991), desde su escrito La metamorfosis del trabajo, considera que lo que hoy
conocemos como trabajo es una invención de la modernidad, forjada en la
revolución industrial.
En este sentido, las Naciones Unidas en 1969, en el Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, definieron
que el derecho al trabajo “Comprende el derecho de toda persona a tener
la oportunidad de ganarse la vida mediante un trabajo elegido o aceptado
libremente”.4
Así, el trabajo considerado como derecho fundamental del hombre
es necesario para llevar una vida digna, y todos los individuos tienen
derecho a su plena y efectiva realización. Asimismo, es una actividad que
le permite al hombre producir bienes y servicios para satisfacer sus
necesidades de carácter material. Entonces, es un medio para obtener
utilidad y bienestar al mismo tiempo, sin necesariamente considerarse
trabajo exclusivamente al trabajo remunerado; también se contempla el
trabajo en comunidad, el trabajo reali- zado por el trabajador independiente
o a cuenta propia, trabajadores que pres- tan servicios a través de contratos,
entre otros (Defensoría del Pueblo, 2005).
En esta misma línea, entendiendo el trabajo como derecho
fundamen- tal, este se encuentra ligado a otros derechos, o más bien a
todos los demás
2
Frederick Winslow Taylor (20 de marzo de 1856-21 de marzo de 1915) fue un
ingeniero industrial y economista estadunidense, promotor de la organización científica del
trabajo y es considerado el padre de la administración científica.
3
Milton Friedman fue un estadista, economista e intelectual estadunidense de origen
judío que se desempeúó como profesor de la Universidad de Chicago, nació en 1912 y
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falleció en 2006 en California.
4
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Naciones
Unidas, Derechos Humanos, Oficina del Alto Comisionado,
[Link] terest/pages/[Link]
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35 histórica
derechos fundamentales. Siguiendo la Declaración de Viena (1993), todos
los derechos fundamentales se encuentran interrelacionados, son
universales e indivisibles. Bajo esta mirada, nuevamente se evidencia que
el trabajo es un medio para alcanzar el desarrollo y satisfacer las
necesidades del hombre.
Ahora bien, el concepto de trabajo antes del siglo xx se refirió a la
sim- ple producción de objetos a través de la transformación de la
naturaleza en pro de la satisfacción de las necesidades humanas. Sin
embargo, después de este siglo apareció un nuevo concepto de producción
que no se limitó a la pro- ducción de bienes materiales, sino a una
producción inmaterial que incluye servicios tales como salud y educación,
entre otros. Otro cambio relevante a destacar es el trabajo como actividad
intelectual, y no necesariamente impli- cando un desgaste físico del
individuo, una combinación de ambos aspectos. Lo anterior, también
permeó en la sociedad alterando las relaciones sociales, tal como lo indica
Garza (2000) en su escrito “Los límites del concepto de tra- bajo clásico
restringido”, en donde intervienen patrones, asalariados, clientes y
usuarios, que son nuevas denominaciones sociales antes no contempladas.
En síntesis, el concepto de trabajo es heterogéneo aún en tiempos
recientes, y se puede definir a partir de dos postulados teóricos: el
primero corresponde a la visión neoclásica en la que el único trabajo
contemplado es el asalariado, en el que el precio del trabajo es el salario. El
otro es el marxista, que considera al trabajo como toda actividad
relacionada con la generación de riqueza en la sociedad. Esta segunda
visión del trabajo es la que desata el interés de la sociología, pero más
específicamente de la sociología del trabajo. Y una tercera visión contempla
una combinación de la primera y la segunda, definiendo el trabajo como
un medio para alcanzar la plenitud del hombre y al mismo tiempo los
bienes y servicios que le permiten satisfacer sus necesi-
dades materiales.
La sociedad en la actualidad se encuentra viviendo un proceso llamado
postindustrial, en donde la propiedad privada pasó de ser el centro de
aten- ción por la adquisición de conocimiento; la transformación de las
economías concentradas en la producción de bienes ahora también
productoras de servi- cios, tal como lo demuestra Daniel Bell en su obra El
advenimiento de la socie- dad post-industrial (Guerra, 2011).
Guerra (2011), considera que el punto de partida de esta nueva
socie- dad se dio a mediados del siglo xx, periodo en el que el trabajo
agrícola se redujo considerablemente y el trabajo asalariado ya no sólo se
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concentró en empresas productoras de bienes materiales, sino que ahora se
volcaron a solu-
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cionar las necesidades del individuo a través de la generación de servicios.
Un invento que revolucionó la sociedad y especialmente el trabajo fue el
compu- tador personal, que unido al desarrollo de la red Internet, llevó el
mercado de casi todos los bienes y servicios a otro espacio inexplorado
hasta este siglo.
En esta misma línea, Zapata (2007) define la sociedad actual como
una sucesora de la sociedad de la producción denominada la sociedad del
cono- cimiento; definida como una sociedad en donde las personas deben
usar su capacidad de reflexión y observación en el quehacer diario de sus
trabajos. Lo anterior, reconoce la importancia de los desarrollos
taylorianos adaptados a los nuevos retos, con nuevos modelos de
organización del trabajo tomados de los japoneses, en donde las
jerarquías y los grandes espacios de trabajo se reevalúan, dado que los
trabajadores adquieren más autonomía sobre sus responsabilidades,
mismas que ya no se miden por su destreza manual sino por su capacidad
mental.
El proceso de transformación de las sociedades contemporáneas ha
sido desigual en las diferentes sociedades, algunas han avanzado
rápidamente hacia los procesos de postindustrialización, sin embargo, otras
continúan en procesos de industrialización incipiente con la atenuante de su
inmersión en un mundo globalizado en donde se deben adaptar los bienes
y servicios a las necesidades del mundo entero. Por lo anterior, es
necesario analizar por separado estos diferentes procesos teniendo presente
las grandes diferencias ya mencionadas; y, es por esto, por lo que en el
siguiente apartado nos con- centramos en describir los procesos de
transformación laboral en el territorio de interés de esta investigación, que
es Latinoamérica.
LA TRANSFORMACIÓN LABORAL
EN LATINOAMÉRICA, SIGLO XX
América Latina ingresó en el mercado mundial a comienzos del siglo xx,
a partir del desarrollo de sus primeras formas de capitalismo dependiente,
imponiendo leyes contra las tierras improductivas, haciendo
expropiaciones masivas de tierras y reubicando la mano de obra de miles
de trabajadores del sector minero y del sector agrícola hacia las nacientes
industrias. Es este pro- ceso el que se convierte en los primeros pasos hacia
el desarrollo de una nueva clase social –que asumirá características
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particulares a lo largo de los aúos que siguen–: el trabajador asalariado.
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18/ Cristancho Giraldo, L. A. / El concepto de trabajo: perspectiva
35 histórica
Además de las migraciones internas que se producen,
principalmente desde el campo hacia las ciudades, debe reconocerse que se
adiciona un flujo hacia América de inmigrantes europeos, provenientes en
su gran mayoría de Espaúa, Portugal e Italia, ubicándose muchos de ellos en
la zona atlántica por su cercanía con el mar y transformando la estructura
social de la zona (UnlA, 2017). Los nuevos habitantes de América Latina,
además de reestructurar los tejidos sociales de la región, trajeron consigo
nuevas formas de organización y asociación; las primeras organizaciones
obreras estaban caracterizadas por una carencia de organización, lo cual
no les permitía desarrollar una estruc- tura a nivel nacional ni mucho
menos un aparato burocrático consolidado.
Así, hacia comienzos del siglo xx los sindicatos empezaron a apare-
cer lentamente en algunos sectores, especialmente en aquellos donde
había grandes concentraciones de trabajadores, tales como en ferrocarriles, la
cons- trucción de puertos y la extracción minera. Las principales razones
de incon- formidad de los obreros estaban relacionadas con las condiciones
precarias de sus trabajos en relación con sus salarios, causales directas del
deterioro de sus condiciones de vida y de salud:
[…] durante la década de 1920 comienza a desplegarse un proceso de resisten-
cia casi sin precedentes, que tuvo como protagonistas a los trabajadores de
las economías de enclave agrícola. Enlazando con la tradición de lucha
cam- pesina, pero con una representatividad sectorial más amplia de sus
líderes, y como continuidad de las huelgas de mineros y de petroleros en
Chile, Bolivia y Venezuela en la década anterior, se desarrollaron huelgas
de alto impacto que conmocionaron las estructuras de dominación locales
(UnlA, 2017, p. 6).
Por lo anterior, la organización del trabajo se caracterizó por la
forta- leza de unos modelos jerárquicos basados en mecanismos de control y
autori- dad sobre los trabajadores, contrarios a los modelos estadunidense y
europeo concentrados en la división del trabajo, la reducción de los tiempos
ociosos, el aumento de la productividad y la reducción de costos de
producción.
El creciente desarrollo de las economías latinoamericanas del siglo
xx fomentó también la vinculación masiva de la mujer en el mercado
laboral de la región, aunque de manera desigual en los diferentes países,
especialmente en sectores que requerían mano de obra poco calificada y de
bajo costo, como, por ejemplo, el sector agrario. Para el caso de la
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incorporación de la mujer en otros sectores, como el manufacturero, se dio
hacia finales del siglo xx, y
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está fuertemente vinculada con el aumento en las tasas de escolaridad de
la población y las nuevas necesidades de producción que fueron surgiendo en
el proceso de incorporación de las economías regionales en el mercado
mundial (Maubrigades, 2018).
Este proceso de mundialización de la economía, en donde se marca
la división del mundo hacia mediados del siglo xx, en particular después
de las guerras mundiales, América Latina se dedica a la producción de
bie- nes primarios y manufactureros básicos, dejando a los países
desarrollados el papel de la producción de capital; es decir, de
maquinaria. Es así como surge el modelo denominado “sustitución de
importaciones”, que fomentó la producción interna de bienes primarios y
algunos bienes manufacturados básicos que pretendían suplir las
necesidades de bienes de consumo al inte- rior de Latinoamérica y la
importación únicamente de bienes de capital, con el propósito de fortalecer
al interior de estos países su capacidad productiva y fomentar su incipiente
industria (Vázquez, 2017).
En los diferentes países latinoamericanos los modelos de
sustitución de importaciones fueron aplicados de diferentes formas, tal
como lo indican Catalano y Novick (citado en Garza, 2000). Por ejemplo, en
Argentina, la orga- nización científica del trabajo se orientó hacia el control
de los trabajadores a partir de mecanismos de control en una estructura
jerárquica de tipo pirami- dal; asignación de labores en puestos fijos,
resultado de acuerdos colectivos.
En el caso de México, a partir de la revolución mexicana a
comienzos del siglo xx (1910), el modelo laboral se concentró en tres
frentes: el primero, las políticas laborales de salarios y empleos; el
segundo, las discusiones tri- partitas (Estado, trabajadores y empresarios);
y, finalmente, los salarios lla- mados indirectos o seguridad social
adicional al salario nominal.
En Brasil, por su parte, las industrias se concentraron en la división
del trabajo a partir del establecimiento de pasos y procesos, sin dejar de
lado la fuerte presencia del Estado en la definición de criterios de
asignación de salarios, estructura de los contratos y seguridad social, al
igual que en el resto de América Latina.
En lo concerniente a los procesos de modernización tecnológica,
hasta mediados de la década de los ochenta en la mayoría de los países de la
región, se consideró innovación al simple hecho de sustituir máquinas
desgastadas por unas nuevas con algunos valores agregados adicionales.
También es el momento en el que se comienzan a aplicar algunos
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elementos de un nuevo modelo considerado el “modelo japonés”, el cual
consistió en la organización
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del trabajo en grupo aplicando la premisa “just in time”, reduciendo
inventa- rios a partir de la producción sobre pedido en corto tiempo,
simplificando los procesos pero conservando altos estándares de calidad
(Novick, 2000).
Al mismo tiempo, con los aumentos de productividad alcanzados a
par- tir del nuevo modelo de producción, las relaciones laborales se
flexibilizaron desarrollando una nueva institucionalidad, tal como lo
indica Garza (2000). A finales del siglo xx aparece la corriente económica
llamada neoliberalismo que retoma los preceptos clásicos de la economía,
en la que se autorregulan los mercados limitando el accionar del Estado a la
simple regulación de estos. La flexibilización laboral se enlazó con una
nueva relación de los facto-
res trabajo y capital, dejando en este nuevo contexto el factor trabajo y, en
par- ticular, los salarios a las fuerzas del mercado, considerando el trabajo
como un mercado que se ajusta por sí solo sin necesidad de ningún tipo de
interven- ción estatal. Así, los conceptos de oferta y demanda se ajustan
adaptándose a este mercado y permitiendo la distribución y asignación de
salarios y puestos de trabajo.
En esta misma línea, si la oferta de trabajo, es decir, la cantidad de
indi- viduos interesados en trabajar, excede la demanda o los puestos de
trabajo disponibles, esto resultaría en unos salarios más bajos. Asimismo,
el tamaúo de la población es el que determina la tasa de participación y,
por lo tanto, la oferta de trabajo de los individuos, la cual es una decisión
de cada persona y depende de su interés en descansar o trabajar. También
se supone que la oferta de trabajo cumple la ley de rendimientos marginales
decrecientes, es decir que después de una determinada cantidad de
trabajadores, contratar uno adicio- nal generará un decrecimiento en la
producción; asimismo, que los trabaja- dores poseen información
completa del mercado, tal como son los valores de los salarios, horarios,
tipo de trabajo, etc., lo que les permite tomar decisiones racionales en las que
balancean sus tiempos de ocio y trabajo (Garza, 2000).
Garza (2000) considera también que los dueúos de las empresas
que demandan trabajo tienen conocimiento del mercado y son agentes
racionales, además, los mercados son competitivos sin ningún poder de
mercado, ni de su parte ni de los trabajadores que contrata.
En este orden de ideas, los salarios nominales se vincularon directa-
mente a los cambios en el nivel general de precios con el fin de mantener
el valor del salario real en el tiempo, o la capacidad adquisitiva de los
trabaja- dores. No obstante, no fue aplicado en todos los países
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latinoamericanos ni en todos los sectores productivos.
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En este nuevo contexto, se gesta un nuevo modelo productivo en el
que los países latinoamericanos se abren a las economías internacionales y al
pro- ceso de globalización; asimismo, se eliminaron muchas de las
negociaciones colectivas entre empresa, Estado y trabajadores, ya que fueron
privatizadas la mayoría de las empresas productivas de los Estados.
Los Estados latinoamericanos, hacia finales del siglo xx,
desarrollaron instituciones encargadas de regular el trabajo y los conflictos
entre los trabaja- dores y los empleadores, y dejaron de intervenir
directamente sobre el tipo de contratación y sobre la producción de los
sectores, con el objetivo de facilitar la entrada y salida del mercado de los
trabajadores a los puestos de trabajo, lo que en otras palabras es la
denominada flexibilidad laboral, retomando las ideas ya mencionadas de
los preceptos clásicos de la economía.
En Latinoamérica en los aúos setenta se dieron dictaduras militares,
que se convirtieron después de dos décadas en consolidados gobiernos
civiles. En particular, el caso de Chile llama la atención porque representó
la entrada del neoliberalismo en esta nación de manera violenta y abrupta,
a partir del golpe militar dado en 1973 por Augusto Pinochet derrocando
el gobierno comunista de Salvador Allende, posibilitando la economía de
mercado a par- tir de la liberalización de la economía y relevando el papel
preponderante del Estado en la producción de bienes y servicios, ideas
fomentadas por la famosa escuela de Chicago. Es así como los gobiernos,
ahora, dedicaron su accionar durante las últimas décadas del siglo pasado
hacia el control de la inflación y la tasa de cambio, es decir, a los flujos de
dinero, alejándose así de la produc- ción de bienes y servicios o de la
denominada economía real, bajo el supuesto neoliberal que asume que, una
vez que son ajustadas las variables macroeco- nómicas, los sectores
productivos funcionan sin necesidad de intervenciones de ningún tipo
(Espinoza, 2003; Garza, 2000).
También, el modelo neoliberal trajo consigo una reducción de la
cali- dad de vida de la clase trabajadora, y un ejemplo de esto es la
subcontratación de los trabajadores que articulan las empresas productivas
con otras empresas oferentes de mano de obra. Igualmente, se evidencia la
creación de mediana industria con bajos niveles de productividad y calidad,
explicado en muchos casos por los bajos niveles de uso de la tecnología.
Por otro lado, se hicieron reformas a los sistemas de seguridad social, a la
contratación colectiva y a las leyes del trabajo.
Martha Novick expone la idea de que la industrialización en
Latinoa- mérica fue tardía respecto a los países europeos (Garza, 2000).
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Una de las
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razones que sustentan esta afirmación apunta a las políticas de sustitución
de importaciones de los gobiernos latinoamericanos basadas en modelos
de subsidios y proteccionismo de las industrias nacionales, las cuales
fortalecie- ron el desarrollo industrial al interior de los diferentes países,
aislándolos de los criterios de productividad del resto de las naciones,
debido a sus mercados cerrados para el ingreso de bienes y servicios
producidos fuera de su produc- ción local.
En Latinoamérica, como resultado de las grandes luchas sociales
del siglo xx, se permitió la reflexión sobre el impacto de los procesos de
indus- trialización y su inclusión en la cotidianidad del individuo. En este
sentido, las consecuencias fueron las nuevas formas de organización del
trabajo ampliamente criticadas. Hacia mediados de los ochenta se
flexibilizaron los contratos laborales y el Estado dejó de desempeúar un
papel activo en la pro- ducción de los países de América Latina; por su
parte, el cambio institucio- nal permitió la desregularización de la relación
laboral o del contrato laboral, permitiendo a los empleadores usar
diferentes tipos de contratos de trabajo que ahora también se llamaron
prestaciones de servicios bajo subordinación (Richter, 2011).
Asimismo, en las últimas décadas del siglo xx se redujeron las
organi- zaciones sindicales que se habían fortalecido en las instituciones
del Estado, como resultado de los procesos de privatización de bienes y
servicios provis- tos por el sector público.
Grandes críticas y discusiones se dieron alrededor de esta serie de
cambios estructurales de la sociedad, y en particular del concepto de
trabajo, dentro de las que se destaca el institucionalismo; corriente que
discutió con los neoclásicos en razón a su desprecio por las instituciones
encargadas de la normalización del mercado de trabajo.
En el panorama descrito nace la corriente ideológica
latinoamericana denominada la Sociología del Trabajo en América Latina,
como análisis dis- ciplinar específico encargado de estudiar el cambio del
modelo productivo clásico, la organización social del trabajo y los efectos
de la globalización en las formas capitalistas de producción. Además, se
consolidó la Asociación Latinoamericana de Sociología del Trabajo
(AlAsT), la cual desde su consti- tución en los ochenta ha desarrollado tres
líneas de investigación:
1. Incorporación de nuevas tecnologías en América Latina y cómo
en esta región la mayor parte de los procesos productivos continuaron
siendo intensivos en el uso de mano de obra.
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2. Nuevas formas de organización del trabajo, el empoderamiento
del trabajador con la empresa en pro de la productividad de esta; sin
embargo, los empresarios no simpatizaron con la negociación colectiva, ya
que las decisio- nes estratégicas de la empresa seguían en sus manos.
3. Flexibilización laboral y la pérdida de los derechos laborales en
muchos casos.
A partir de los grandes cambios estructurales que desató la apertura
de los mercados en Latinoamérica de mediados en los aúos ochenta,
surgió un movimiento denominado Nuevos Estudios Laborales, el cual
analizó elemen- tos como la flexibilización laboral, los cambios tecnológicos
en la producción y las nuevas formas de producción, entre otros (Garza,
2000).
Esta nueva corriente ideológica de estudios laborales expuso la teo-
ría de la dependencia, que fue una tendencia mundial de la segunda mitad
del siglo xx, en donde se trasladaron los procesos productivos que
implica- ban grandes contrataciones de mano de obra poco calificada hacia
los países subdesarrollados. Sin embargo, esta teoría no fue suficiente
para explicar la dependencia de los países industrializados que se acentuó
durante la época y sus efectos sobre los mercados laborales en los países
subdesarrollados.
Garzo (2000) expuso que los estudios sociológicos del trabajo en
un principio se concentraron en estudiar los procesos que requerían los
diferen- tes trabajos y el análisis del trabajo desde el interior de las
organizaciones, dejando de lado los análisis sobre los mercados de
trabajo, sus asimetrías e imperfecciones.
Tal como Guerra (2011) lo indica, la misma globalización ha hecho
que muchas de las temáticas abordadas por la ciencia sean nuevas, pero la
esencia es la misma. Un hecho importante a destacar es que la sociología
del trabajo en Latinoamérica ha abordado temas y líneas de investigación
con origen en otros espacios geográficos, dentro de los que se identifican
las líneas tanto francesa como anglosajona.
La reflexión sobre temas laborales hasta los aúos ochenta en el
mundo se concentró en la organización de las industrias (Richter, 2011), y
tal vez el punto de partida de tal interés en la materia es la investigación
sobre la planta de la Western Electric, en Hawthorne, realizada por el
sociólogo Elton Mayo en el periodo de 1923 a 1932. Esta fue la que sentó
las bases de la sociología empresarial, en el que se abren las empresas a los
aportes de la ciencias socia- les para mejorar su funcionamiento y a este
tipo de estudios más adelante se les denomina el “enfoque adaptativo”
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(Guerra, 2011).
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Como resultado de los estudios de esta corriente de la sociología, se
encontró que el único tipo de contratación existente, hasta los aúos
ochenta, era el modelo asalariado en el que el trabajador recibía un salario
fijo por rea- lizar un trabajo a tiempo completo en una empresa.
Muchas investigaciones analizaron la evolución del trabajo a partir
de la división y su estructura y las estructuras de las organizaciones, pero
algo que llama la atención es la identificación de la diferencia entre empleo
y tra- bajo que se analizará más adelante (Prieto, 2007). Así, en 1946, la
American Sociological Association se reunió para analizar los avances en
la sociología industrial, también llamada de las organizaciones por Max
Weber en 1969, quien planteó que, a partir del tipo de dominación
burocrática materializada en reglamentos, jerarquía de funciones, entre
otros, se establece una relación de subordinación (Carballo, 2011).
Por su parte, el Fondo de Cultura Económica (fce) en el aúo 2000
sistematizó algunos resultados de la investigación en estudios laborales en
América Latina, que permitió ampliar el concepto de trabajo y sociología
del trabajo; tales como los efectos del neoliberalismo en la economía, pero
espe- cialmente en los mercados laborales que pronto desmejoraron la
calidad de vida de los trabajadores (Garza, 2000).
Finalmente, los estudios del trabajo desarrollados a la luz de la
socio- logía del trabajo han analizado los cambios de la sociedad del siglo
xx, espe- cialmente a partir de sus efectos sobre el trabajo reconocido, con
matices diferentes en los casos de las sociedades capitalistas desarrolladas y
las subde- sarrolladas. La relación social llamada trabajo se puede analizar a
partir de los diversos modelos de producción en los contextos de cada
sociedad (Carras- quer, Torns, Tejero, Romero, 1998).
CONCLUSIONES
El concepto de trabajo ha evolucionado junto con la historia del ser
humano. La sociedad antigua fue conservadora y dio mucho valor al ocio y
la contem- plación y despreció el trabajo manual, ya que era exclusivo de
los esclavos y campesinos, quienes, a pesar de representar la mayoría de la
sociedad y cum- plir una función productiva y necesaria, eran actividades
no deseables. Ya en la edad media se invirtieron los papeles del ocio y el
trabajo gracias al prepon-
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derante papel que desempeúó la Iglesia católica en la definición del
trabajo en el mundo.
Durante la modernidad se transforma radicalmente el concepto del
tra- bajo, pasando de ser relacionado con penurias y sacrificios, a ser
considerado una actividad valiosa y fundamental del hombre, hecho que
aún en la actua- lidad es valorado en estos términos.
El descubrimiento de América condujo al mundo a consecuencias
socioeconómicas importantes. Algunos sistemas como la esclavitud, en deca-
dencia en Europa, fundamentaron la fuerza de trabajo en las colonias
ame- ricanas, en donde comenzaron a convivir sociedades primitivas
dedicadas a labores como la cacería, la agricultura y la pesca, junto con
nuevos habitantes conquistadores quienes procedían de sociedades en
donde la servidumbre estaba ligada al concepto de trabajo, replanteando en
América el concepto de trabajo propio de las culturas precolombinas.
Las naciones europeas, posterior al descubrimiento de América, se
incorporaron a un nuevo momento histórico llamado la Edad Moderna,
siendo beneficiadas por las riquezas provenientes de las colonias que
comen- zaron a movilizar mercancías en grandes volúmenes como nueva
fuente de riqueza, lo cual fortaleció el comercio internacional. Así,
comenzó a conso- lidarse una división de trabajo por países, lo cual
transformó los procesos de producción interno de los mismos.
Es importante reconocer que las culturas nativas de América, antes
de la llegada de los espaúoles al territorio, ya habían alcanzado
importantes desarrollos en sus relaciones productivas, y habían logrado
además de desa- rrollar sus actividades del sector primario, la extracción y
posesión de metales preciosos como base de sus posesiones valiosas.
La revolución industrial rescató la clase social antes marginada
deno- minada la burguesía y la elevó en la escala social, al punto de
convertirla en la clase social dominante en términos políticos y
económicos: ahora son los dueúos de los medios de producción, de la
maquinaria y las empresas que generan productos para toda la sociedad,
los que habían migrado del campo hacia las urbes.
La importancia del trabajo colectivo también es identificada por las
cla- ses sociales trabajadoras, que se comienza a agrupar y da como
resultado las constituciones de los primeros sindicatos, inicialmente
clandestinos y supri- midos en toda Europa, comenzando por Francia tras
la revolución francesa.
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En el siglo xIx, Marx expuso su idea del trabajo como una actividad
exclusiva del hombre que permite el desarrollo del intelecto y lo diferencia
de la bestia, diferenciando asimismo el trabajo cualitativo del llamado
trabajo abstracto. Esto convirtió al trabajo en una actividad vital del
hombre en el que este transforma la naturaleza en productos y se
convierte en la base de apropiación y resultado del trabajo del hombre.
América Latina ingresó al mercado mundial a comienzos del siglo
xx, a partir del desarrollo de sus primeras formas de capitalismo
dependiente, imponiendo leyes contra las tierras improductivas, haciendo
expropiaciones masivas de tierras y reubicando la mano de obra de miles
de trabajadores del sector minero y del sector agrícola hacia las nacientes
industrias. Es este pro- ceso el que se convierte en los primeros pasos hacia
el desarrollo de una nueva clase social, que asumirá características
particulares a lo largo de los aúos que siguen: el trabajador asalariado.
En el siglo xx, los sindicatos aparecen en Latinoamérica lentamente
en algunos sectores, especialmente en aquellos donde había grandes
concen- traciones de trabajadores, tales como en ferrocarriles, en la
construcción de puertos y en la extracción minera. Las principales razones
de inconformidad de los obreros fueron la causa de las condiciones
precarias de sus trabajos en relación con sus salarios, causales directas del
deterioro de sus condiciones de vida y de salud.
Las economías de la región crecieron en el siglo xx, hecho que
generó la necesidad de contratar más mano de obra, especialmente en
sectores que requerían bajos niveles de calificación, como el sector agrario,
lo cual desen- cadenó la primera vinculación masiva de la mujer en el
mercado laboral de la región, aunque de manera desigual en los diferentes
países.
La incorporación de la mujer en el mercado laboral se dio hacia
finales del siglo xx, y está fuertemente vinculada con el aumento en las
tasas de esco- laridad de la población y las nuevas necesidades de
producción que fueron surgiendo en el proceso de incorporación de las
economías regionales en el mercado mundial.
Hacia mediados del siglo xx, América Latina se dedica a la
producción de bienes primarios y manufactureros básicos, dejando a los
países desarro- llados el papel de la producción de capital, es decir, de
maquinaria, dando origen al modelo de sustitución de importaciones. Ello
fomentó la produc- ción interna de bienes primarios y algunos bienes
manufacturados básicos que pretendían suplir las necesidades de bienes
de consumo al interior de
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35 histórica
Latinoamérica y la importación únicamente de bienes de capital, con el
obje- tivo de fortalecer al interior de estos la industria nacional.
A finales del siglo xx aparece la corriente económica del neolibera-
lismo que retoma los preceptos clásicos de la economía, en la que se
autorre- gulan los mercados limitando el accionar del Estado a la simple
regulación de estos. La flexibilización laboral se relacionó con una nueva
relación de los factores trabajo y capital, dejando en este nuevo contexto
el factor trabajo y en particular los salarios a las fuerzas del mercado,
considerando el trabajo como un mercado que se ajusta por sí solo sin
necesidad de ningún tipo de intervención estatal.
En este nuevo contexto, se gesta un nuevo modelo productivo en el
que los países latinoamericanos se abren a las economías internacionales y al
pro- ceso de globalización; asimismo, se eliminaron muchas de las
negociaciones colectivas entre empresa, Estado y trabajadores.
Los Estados latinoamericanos, hacia finales del siglo xx,
desarrollaron instituciones encargadas de regular el trabajo y los conflictos
entre los trabaja- dores y los empleadores, y dejaron de intervenir
directamente sobre el tipo de contratación y sobre la producción de los
sectores, con el objetivo de facilitar la entrada y salida del mercado de los
trabajadores a los puestos de trabajo, lo que en otras palabras es la
denominada flexibilidad laboral, retomando las ideas ya mencionadas de
los preceptos clásicos de la economía.
En el panorama descrito, se desarrolló la corriente ideológica
llamada Sociología del Trabajo en América Latina, como análisis
disciplinar especí- fico encargado de estudiar el cambio del modelo
productivo clásico, la orga- nización social del trabajo y los efectos de la
globalización en las formas capi- talistas de producción.
A partir de los grandes cambios estructurales que desató la apertura
de los mercados en Latinoamérica de mediados en los aúos ochenta,
surgió un movimiento denominado Nuevos Estudios Laborales, que
analizó elementos como la flexibilización laboral, cambios tecnológicos en
la producción y las nuevas formas de producción, posibilitando la entrada
de la región al pre- sente siglo con nuevos retos en torno a su definición
de trabajo y lo que este significa para el hombre y su autorrealización.
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