0% encontró este documento útil (0 votos)
3 vistas2 páginas

Superando el Desánimo con Fe y Valentía

El documento reflexiona sobre cómo los miedos y la desvalorización pueden impedir el crecimiento personal y espiritual, utilizando el ejemplo de Pedro y los discípulos. Se enfatiza la importancia de actuar con fe y valentía, confiando en que Dios puede multiplicar lo que tenemos y guiarnos en momentos difíciles. Además, se advierte sobre la tendencia a culpar a Dios por decisiones tomadas en momentos de debilidad emocional.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como RTF, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
3 vistas2 páginas

Superando el Desánimo con Fe y Valentía

El documento reflexiona sobre cómo los miedos y la desvalorización pueden impedir el crecimiento personal y espiritual, utilizando el ejemplo de Pedro y los discípulos. Se enfatiza la importancia de actuar con fe y valentía, confiando en que Dios puede multiplicar lo que tenemos y guiarnos en momentos difíciles. Además, se advierte sobre la tendencia a culpar a Dios por decisiones tomadas en momentos de debilidad emocional.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como RTF, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

PEDRO:

A veces, lo que inicia un cambio en tu vida no lo reconoces en el momento. Pedro, por ejemplo,
negó a Jesús a pesar de haber declarado que daría su vida por Él. Cuando llegó el momento
decisivo, tuvo una mala actitud que no reflejaba lo que había aprendido de Jesús. Incluso,
reaccionó cortando la oreja de un soldado en lugar de enfrentar la situación de otra forma. Todo
esto ocurrió porque Pedro se desvalorizó y permitió que sus miedos lo dominaran.

Esto es lo que Satanás busca: que no pelees por tus bendiciones, que abandones tus metas y
permitas que tu carácter te venza. Muchas veces dices: “Sí, sí, puedo,” pero cuando las cosas se
complican, te rindes y piensas que no tienes capacidad para seguir luchando. Pero recuerda: Dios
no te dio un espíritu de cobardía, sino de valentía.

El diablo quiere que te sientas derrotado, que pienses: “Ya perdí el negocio, la salud, la familia; ya
no tiene sentido.” Sin embargo, esto es una mentira. Dios te ha dado la capacidad para tomar
posesión de lo que te pertenece. Los discípulos también enfrentaron este problema cuando Jesús
les dijo: “Denles ustedes de comer.” Ellos vieron lo poco que tenían —cinco panes y dos peces— y
dijeron que no era suficiente. Desvalorizaron lo que tenían y subestimaron su capacidad. Se
limitaron a lo que podían hacer con sus fuerzas humanas y no consideraron el poder de Dios.

Pero Jesús les mostró que cuando se actúa con fe y se entrega lo poco que se tiene a Dios, Él puede
multiplicarlo y manifestar Su gloria. Muchas veces creemos que no llegaremos más lejos, que no
podemos dar más. Sin embargo, la Biblia nos enseña: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Pablo, el siervo de Dios, lo entendió bien. Él dijo: “En todo y por todo he sido enseñado; he tenido
abundancia y he padecido necesidad.” Lo que lo sostuvo fue saber que Dios estaba con él.

Muchas personas empiezan un negocio diciendo: “Dios me lo dio.” Pero cuando enfrentan
dificultades, lo cierran rápidamente y concluyen: “Dios se equivocó.” No culpes a Dios por
decisiones tomadas en momentos de enojo, dolor u ofensa. La Biblia dice que Dios no cambia ni
tiene sombra de variación. Si decides cerrar un negocio o dejar tu iglesia por razones emocionales,
no digas que fue Dios quien te lo pidió.

A veces, Dios permite que alguien te desafíe para sacarte del estancamiento. Es incómodo, pero
necesario para crecer. Reflexiona: ¿realmente has hecho todo lo posible? ¿Has agotado todos tus
recursos espirituales o solo los humanos? Los discípulos dijeron: “No alcanza con cinco panes y dos
peces.” Su razonamiento humano los limitó. Pero Dios no se mueve por lógica, sino por fe.
Decimos tener fe, pero ¿dónde está el fruto de esa fe? La fe verdadera produce paz y
perseverancia. No desvalorices lo que tienes ni te desvalores a ti mismo. Confía en la capacidad
que Dios te dio y enfrenta los desafíos con valentía y fe.

El fruto del Espíritu es fe, gozo, bondad y benignidad. También es firmeza: te mantiene fuerte en
medio de las situaciones difíciles.

Debes estar dispuesto a luchar. Si tienes fe, peleas por ese puesto de trabajo, por ese cargo o por
esa meta que anhelas. Pero si tu actitud es de desánimo y dudas diciendo: “¿Será que no es para
mí?”, estás limitando lo que Dios puede hacer en tu vida.

¿Cómo esperas recibir lo que Dios tiene para ti si te desanimas y pierdes la fe? Mantente firme y
confía en que Dios hará la obra, pero también actúa con valentía y determinación.

También podría gustarte