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Violencia y lucha de mujeres indígenas

Las mujeres indígenas en Perú enfrentan múltiples formas de violencia y marginación a pesar de su importancia en la preservación cultural y cohesión comunitaria. Las estadísticas revelan altos índices de violencia sexual y falta de justicia, evidenciando la indiferencia del Estado hacia sus denuncias. Es crucial alzar la voz y exigir cambios para reconocer y proteger los derechos de estas mujeres, promoviendo una sociedad más justa e inclusiva.

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Violencia y lucha de mujeres indígenas

Las mujeres indígenas en Perú enfrentan múltiples formas de violencia y marginación a pesar de su importancia en la preservación cultural y cohesión comunitaria. Las estadísticas revelan altos índices de violencia sexual y falta de justicia, evidenciando la indiferencia del Estado hacia sus denuncias. Es crucial alzar la voz y exigir cambios para reconocer y proteger los derechos de estas mujeres, promoviendo una sociedad más justa e inclusiva.

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El dolor no desaparece

¿Imaginas como sería alzar la voz por sufrir de violencia y aun así eres marginado y repudiado

por tu misma sociedad?

El título de mujer indígena comprende a las mujeres nativas de zonas altoandinas y de la

Amazonía peruana, estas a lo largo de la historia han sufrido múltiples tipos de violencia que,

a pesar de los avances del Perú como nación, es el mismo Estado que las siguen tratando

con desdeño a pesar de que alcen la voz con hechos alarmantes.

Las mujeres indígenas son vitales dentro de sus comunidades, se dedican no solo a la

preservación cultural, sino también a mantener unidas a sus familias y comunidades. Pero

aun así ellas sufren violencia en su vida cotidiana, 1 de cada 2 mujeres, de 12 años a más,

nativas o indígenas de la Amazonía, fueron víctimas de violación sexual, en el año 2018, 1

de cada 3 mujeres adolescentes aimaras presentan alguna discapacidad a causa de la

violencia intrafamiliar y en el 2020 se revelo que el 52.5% de mujeres indígenas sufrieron

algún tipo de violencia. Estas cifras son alarmantes, a causa de ello en el estado se han

formado entidades como el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, emergencia de

la mujer, entre otros. No obstante en el trascurso del tiempo no parece haber erradicación en

lo que sufren día a día cada una de estas mujeres.

Sin embargo la justicia no parece sancionar como se debe a los respectivos agresores, un

claro ejemplo fue en el año pasado el Consejo de Mujeres Awajún y Wampís hizo una

impactante denuncia pública de 524 casos de violación y abuso a niños que asistieron a

escuelas públicas desde 2010, el Estado peruano respondió con indiferencia como suelen

hacer cuando se les presentan pruebas de abusos contra pueblos indígenas, a pesar de las

pruebas mostradas. Como consecuencia genero revuelo en los medios de comunicación y

en el país, el Ministro de Educación se vio obligado a responder, y en sus primeros

comentarios atribuyó los abusos a “prácticas culturales” no especificadas, esencialmente

culpando a las víctimas. En su respuesta no solo se puede ver reflejada el racismo, sino
también la falta de voluntad política para investigar la violencia sexual generalizada que sufren

las poblaciones de la Amazonía peruana. Otro ejemplo es cuando en el año 2024, después

de 40 años se hizo justicia con 10 exmilitares que violaron a mujeres de comunidades andinas

entre los años 1984 al 1994. Entre mas casos que siguen sin resolver en donde a mujer ha

sido violentada de una y más maneras sin compasión y como respuesta, el estado emite

sentencias indignantes y humillantes para las víctimas, que a pesar de ello, algunas de ellas

siguen luchando frente la impunidad sistemática que ha trascendido en el tiempo.

Puesto que nuestras leyes y entidades principales que deberían defender a este sector de la

población no lo hacen, el mismo pueblo peruano necesitamos alzar la voz por ellas,

busquemos e insistamos visibilizar, reconocer, y valorar a la mujer indígena, a través de

difusión de los tantos casos de existen, que ha prevalecido tantos años bajo este trato y no

ha habido cambios, exijamos que se haga justicia con imparcialidad con los mismos

agresores, que se logren cambiar las normas consuetudinarias que rigen nuestra Nación ya

que los estatutos que hoy nos rigen fueron hechos hace años, cuando todavía había muy

poca participación de las mujeres. Por ejemplo, ¿qué debe hacer cuando hay embarazos

adolescentes, o cuando hay violencia familiar en una zona altoandina o de la amazonía?

En conclusión la mujer indígena necesita que se alce la voz junto a ella, que el Estado junto

con sus entidades llegue hasta los pueblos indígenas y nativos para suprimir la violencia que

acapara a cientos de víctimas que siguen sin decir nada por miedo a las consecuencias que

esto puede contraer. Sigamos construyendo una sociedad más justa y equitativa, además de

llamar a la reflexión y acción en pro de sus derechos de la mujer indígena, más aún que se

logre ofrecer una oportunidad para abordar los desafíos que aún enfrentan y promover una

mayor conciencia y acción hacia su inclusión y reconocimiento. Dejemos de mostrar

ignorancia y menospreciar a la mujer indígena peruana.

Nicole Loza Montes

Comunicación I-C

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