El dolor no desaparece
¿Imaginas como sería alzar la voz por sufrir de violencia y aun así eres marginado y repudiado
por tu misma sociedad?
El título de mujer indígena comprende a las mujeres nativas de zonas altoandinas y de la
Amazonía peruana, estas a lo largo de la historia han sufrido múltiples tipos de violencia que,
a pesar de los avances del Perú como nación, es el mismo Estado que las siguen tratando
con desdeño a pesar de que alcen la voz con hechos alarmantes.
Las mujeres indígenas son vitales dentro de sus comunidades, se dedican no solo a la
preservación cultural, sino también a mantener unidas a sus familias y comunidades. Pero
aun así ellas sufren violencia en su vida cotidiana, 1 de cada 2 mujeres, de 12 años a más,
nativas o indígenas de la Amazonía, fueron víctimas de violación sexual, en el año 2018, 1
de cada 3 mujeres adolescentes aimaras presentan alguna discapacidad a causa de la
violencia intrafamiliar y en el 2020 se revelo que el 52.5% de mujeres indígenas sufrieron
algún tipo de violencia. Estas cifras son alarmantes, a causa de ello en el estado se han
formado entidades como el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, emergencia de
la mujer, entre otros. No obstante en el trascurso del tiempo no parece haber erradicación en
lo que sufren día a día cada una de estas mujeres.
Sin embargo la justicia no parece sancionar como se debe a los respectivos agresores, un
claro ejemplo fue en el año pasado el Consejo de Mujeres Awajún y Wampís hizo una
impactante denuncia pública de 524 casos de violación y abuso a niños que asistieron a
escuelas públicas desde 2010, el Estado peruano respondió con indiferencia como suelen
hacer cuando se les presentan pruebas de abusos contra pueblos indígenas, a pesar de las
pruebas mostradas. Como consecuencia genero revuelo en los medios de comunicación y
en el país, el Ministro de Educación se vio obligado a responder, y en sus primeros
comentarios atribuyó los abusos a “prácticas culturales” no especificadas, esencialmente
culpando a las víctimas. En su respuesta no solo se puede ver reflejada el racismo, sino
también la falta de voluntad política para investigar la violencia sexual generalizada que sufren
las poblaciones de la Amazonía peruana. Otro ejemplo es cuando en el año 2024, después
de 40 años se hizo justicia con 10 exmilitares que violaron a mujeres de comunidades andinas
entre los años 1984 al 1994. Entre mas casos que siguen sin resolver en donde a mujer ha
sido violentada de una y más maneras sin compasión y como respuesta, el estado emite
sentencias indignantes y humillantes para las víctimas, que a pesar de ello, algunas de ellas
siguen luchando frente la impunidad sistemática que ha trascendido en el tiempo.
Puesto que nuestras leyes y entidades principales que deberían defender a este sector de la
población no lo hacen, el mismo pueblo peruano necesitamos alzar la voz por ellas,
busquemos e insistamos visibilizar, reconocer, y valorar a la mujer indígena, a través de
difusión de los tantos casos de existen, que ha prevalecido tantos años bajo este trato y no
ha habido cambios, exijamos que se haga justicia con imparcialidad con los mismos
agresores, que se logren cambiar las normas consuetudinarias que rigen nuestra Nación ya
que los estatutos que hoy nos rigen fueron hechos hace años, cuando todavía había muy
poca participación de las mujeres. Por ejemplo, ¿qué debe hacer cuando hay embarazos
adolescentes, o cuando hay violencia familiar en una zona altoandina o de la amazonía?
En conclusión la mujer indígena necesita que se alce la voz junto a ella, que el Estado junto
con sus entidades llegue hasta los pueblos indígenas y nativos para suprimir la violencia que
acapara a cientos de víctimas que siguen sin decir nada por miedo a las consecuencias que
esto puede contraer. Sigamos construyendo una sociedad más justa y equitativa, además de
llamar a la reflexión y acción en pro de sus derechos de la mujer indígena, más aún que se
logre ofrecer una oportunidad para abordar los desafíos que aún enfrentan y promover una
mayor conciencia y acción hacia su inclusión y reconocimiento. Dejemos de mostrar
ignorancia y menospreciar a la mujer indígena peruana.
Nicole Loza Montes
Comunicación I-C