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Nulidad de Juicio Ejecutivo y Enriquecimiento Injusto

El Tribunal Supremo desestimó el recurso de casación presentado por un matrimonio contra el Banco de Santander por un juicio ejecutivo que consideraban nulo debido a un supuesto enriquecimiento injusto. Se concluyó que el juicio se había tramitado con todas las garantías procesales y que no se cumplían los requisitos necesarios para considerar que existía enriquecimiento injusto. La sentencia de la Audiencia Provincial fue confirmada, y se impusieron costas a la parte recurrente.

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Nulidad de Juicio Ejecutivo y Enriquecimiento Injusto

El Tribunal Supremo desestimó el recurso de casación presentado por un matrimonio contra el Banco de Santander por un juicio ejecutivo que consideraban nulo debido a un supuesto enriquecimiento injusto. Se concluyó que el juicio se había tramitado con todas las garantías procesales y que no se cumplían los requisitos necesarios para considerar que existía enriquecimiento injusto. La sentencia de la Audiencia Provincial fue confirmada, y se impusieron costas a la parte recurrente.

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Tribunal Supremo, Sala Primera, de lo Civil, Sentencia de 31

Dic. 1991

Ponente: Barcala Trillo-Figueroa, Alfonso.

Jurisdicción: CIVIL

LA LEY 2847/1992

ACCION DE NULIDAD DE JUICIO [Link] INJUSTO.

Requiere: a) Aumento de patrimonio en el demandado; b) Disminución en el

actor; c) Falta de causa; d) Y ausencia de precepto legal que excluya la

aplicación del principio en enriquecimiento injusto. Faltan los requisitos c) y

d) cuando en el proceso ejecutivo se dan todas las garantías [Link]

JUDICIAL EFECTIVA. Se da incluso cuando se deniega lo solicitado.

Los hechos se consginan en los fundamentos de derecho. El Juzgado n.º 1

de Albacete estimó en parte la demanda, declaró no haber lugar a la

nulidad del título presentado con la demanda en juicio ejecutivo, no

declaró nulo el juicio pero sí la tasación pericial, la subasta y la

aprobación de remate y escritura subsiguiente relativa a una finca. La

Audiencia, el 29-5-89, revocó la sentencia y desestimó la demanda. El TS

no dio lugar a la casación.

Texto

Madrid, 31 Nov. 1991.

(...)

Fundamentos de Derecho

Primero. El juicio declarativo de menor cuantía promovido por el matrimonio


constituido por don Ramón de la V.L. y doña Agustina de G.I.C., contra la entidad
«Banco de Santander S.A.», don Antonio E.S. y cualquier persona desconocida e
incierta que tuviera interés en el procedimiento, sobre declaraciones de nulidad
respecto al juicio ejecutivo 348/83 del Juzgado de Primera Instancia n.º 1 de
Albacete y otros pronunciamientos y, subsidiariamente, declaración de
enriquecimiento injusto, se basaba en las alegaciones fácticas siguientes,
expuestas en síntesis: 1.ª) El matrimonio actor, el 3 de septiembre de 1980,
suscribió con el Banco de Santander, póliza mercantil de préstamo personal
«agrícola-ganadera», por importe de 5.000.000 de pesetas, con vencimiento al 3
de septiembre de 1984, estableciéndose en su cláusula 4.ª la posibilidad de que
el Banco diese por vencido el préstamo, con antelación, en caso de impago de
cualquier vencimiento o por cualquiera de las otras causas previstas, y en la 8.ª,
que se estaría a lo dispuesto en la Orden de 21 de abril de 1950. 2.ª)
Fundamentándose el Banco en que no se satisfacieron oportunamente los
vencimientos correspondientes a los meses de septiembre de 1982 y marzo de
1983, estimó vencido el préstamo, fijó el saldo deudor y requirió notarialmente
de pago al matrimonio deudor, en la persona de un vecino. 3.ª) El 18 de abril de
1983, el Banco formuló demanda ejecutiva contra los actores, en el Juzgado de
Primera Instancia n.º 1 de Albacete, dando lugar al ejecutivo n.º 348/83. 4.ª) No
se cumplió en todo los extremos la Orden de 21 de abril de 1950. 5.ª) No había
base para sustentar una acción ejecutiva porque el título carecía de tal fuerza, y
la cantidad no era exigible, ni líquida, por lo que el juzgado, ante la defectuosa
documentación, no debió despachar la ejecución, y 6.ª) Se llegó a la traba de
bienes propiedad Sr. de la V., formalizándose en inmuebles que ascendían a más
de sesenta millones de pesetas, mal valorados, ya que en una de las fincas, la
señalada con el n.º 12 del edicto, existía un pozo con un enorme caudal de agua,
que ya, por sí solo, valía más del doble de la deuda, y sin perjuicio de no haberse
reflejado dicho pozo, era de resaltar la enorme desproporción entre lo reclamado
y lo trabado. Y siguiendo el procedimiento, se verificó, después de sentencia y
subastas, a la adjudicación de los bienes y la cesión a terceros en las cuantías
que aparecían en autos. El juzgado de Primera Instancia n.º 1 de Albacete, por
sentencia de 25 de enero de 1988 y estimando parcialmente la demanda, declaró
que no había lugar a la nulidad del título presentado con la demanda en el
procedimiento ejecutivo n.º 348/83 del indicado juzgado, sin que hubiese lugar a
declarar la nulidad radical de lo actuado en el mismo y, únicamente, declaró la
nulidad de la tasación pericial, adjudicación en subasta el día 22 de octubre de
1985, aprobación del remate y el particular correspondiente en la escritura de
venta a favor de don Antonio E.S. referida al lote n.º 12 del Edicto «Tierra en la
Cañada del Cubillo...» efectuada en el referido ejecutivo, acordando cancelar
cualquier anotación que de la adjudicación de dicho lote se hubiese efectuado en
el Registro de la Propiedad, y condenando a los demandados a estar y pasar por
esa declaración, sin condena en costas, cuya resolución fue revocada por la
dictada, en 29 de mayo de 1989, por la Sección Segunda de la Iltma. Audiencia
Provincial de Albacete, que procedió a desestimar la demanda y absolver a los
demandados de todas las pretensiones en su contra deducidas, sin imposición de
las costas causadas en ambas instancias. Y es esta segunda sentencia, la
recurrida en casación por don Ramón de la V.L. y doña Agustina de G.I.C.,
haciéndolo a través de tres motivos de amparo del artículo 1692 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil, por la vía del ordinal 4.º, el primero de ellos, y por la del
ordinal 5.º, los dos restantes, pero la Sala, por auto de 8 de marzo de 1990,
acordó la inadmisión de los dos primeros motivos del recurso.
Segundo. El tercer motivo del recurso, único que procede estudiar, viene a
denunciar la infracción, no por aplicación, del n.º 9 del artículo 10 del Código
Civil, así como la del principio general de derecho del enriquecimiento injusto.
También se citan los artículos 1470 y 1282 del mismo texto legal, 111.1.º de la
Ley Hipotecaria y 24.1 de la Constitución, pero no, como supuestamente
vulnerados sino en apoyo del desarrollo argumental del motivo, que cabe
resumirle del siguiente modo: la falta de rigor en la valoración de las fincas
embargadas se desprende del hecho de que si la finca que contiene el pozo, que
es la n.º 12 del edicto, se ha valorado a 480.000 pesetas la hectárea, otras fincas
se han valorado a precios mucho más altos, así, las fincas 3, 4, 5, 23 y 24 del
edicto, a 750.000 pesetas la hectárea, la 7, 9 y 20 del edicto, a 650.000 pesetas,
y la 14 y 19 a 900.000 pesetas la hectárea, sin ningún razonamiento, y resulta
paradójico que la citada finca 12, que contiene el pozo, con la caseta y el motor,
se haya tasado a un precio por hectárea muy inferior a las otras, produciéndose
por ello un enriquecimiento injusto por parte del Banco de Santander y del
cesionario, y al no haberse decretado el embargo sobre el motor, caseta y pozo,
no puede haber adquirido la propiedad de ellos, ni el Banco, ni el cesionario.
Como consideraciones previas al estudio propiamente dicho de la cuestión
concreta planteada en el motivo, la existencia de un supuesto enriquecimiento
injusto, es de decir que al incardinarse aquel en el ordinal 5.º del artículo 1692
de la Ley de Enjuiciamiento Civil, no es posible, ni admisible, hacer alusión a
temas fácticos, como son los relativos a la distinta valoración de las fincas
figuradas en el edicto, y en este aspecto fáctico, por el contrario, hay que estar al
establecido por el Tribunal «a quo», al no haber sido impugnado por vía
casacional adecuada, siendo de destacar al respecto cuanto sigue: «el examen
atento de las actuaciones practicadas en el juicio ejecutivo... muestra con nitidez
la negligencia de los hoy actores en aquel otro sumario proceso..., que incluso
cuando llegó el tiempo de la tercera subasta dejaron los ejecutados
voluntariamente, por las particulares causas que fueren, dejaron éstos sin utilizar
la facultativa posibilidad que el artículo 1506 de la Ley Rituaria les permitía como
antes ya habían hecho al no valerse de lo dispuesto en los 1498 y 1501» y «...
por cuanto a su personal y particular obrar ha de imputarse su incomparecencia
en el proceso sumario ejecutivo», y decir, así mismo, que en el aspecto jurídico,
el Tribunal «a quo» estimó que el meritado ejecutivo se tramitó con todas las
garantías procesales, que los actos realizados no fueron nulos y que la
ordenación legal y procesal del ejecutivo se acomodó y guardó las pertinentes
disposiciones legales, estimaciones éstas que, evidentemente, no han sido
atacadas en el motivo que es objeto de examen.
Tercero. Con independencia de lo que antecede, la inviabilidad del motivo
resulta de las siguientes otras consideraciones: 1) La remisión al n.º 9 del artículo
10 del Código Civil, como precepto infringido, es de absoluta irrelevancia ya que
la norma de derecho internacional privado contenida en dicho número, como en
los restantes del precepto, se refiere tan sólo a la legislación aplicable en los
supuestos de enriquecimiento sin causa. 2) Es doctrina consolidada de la Sala,
cuyo general conocimiento excusa la cita de las sentencias en que es recogida, la
relativa a que el enriquecimiento injusto exige para su éxito, entre otros
resultados, la falta de causa en el desplazamiento patrimonial y consiguiente
ventaja adquirida, y que para apreciar su existencia se requiere el cumplimiento
de estos requisitos: a) aumento de patrimonio del demandado y disminución en
el del demandante; b) empobrecimiento en el actor, representado por un daño
positivo o lucro frustrado; d) falta de causa que justifique tal enriquecimiento, y
d) ausencia de precepto legal que excluya la aplicación del principio de
enriquecimiento injusto.
3) Al margen del montante económico a que pudiera ascender el presunto
enriquecimiento, cuestión ésta que, por su índole fáctica, excede de los términos
de discusión del motivo, lo importante en verdad fue que, como ya se hizo notar,
el juicio ejecutivo «se tramitó con todas las garantías procesales» y que «la
ordenación legal y procesal del ejecutivo se acomodó y guardó las pertinentes
disposiciones legales», lo cual, proyectado al caso concreto de autos, significa la
no concurrencia de los requisitos c) y d) a que se hizo referencia, como
necesarios para la apreciación de un enriquecimiento injusto, de aquí, el
acierto de la reflexión que hiciera el Tribunal «a quo»: «que aunque hubiere
habido un exceso ganancial no es éste por sí constitutivo de una abusiva y
anormal actividad legal» (fundamento décimo de la sentencia recurrida). 4) El
supuesto comprendido en el artículo 1470 del Código, no permite su aplicación
analógica al litigioso, aparte de que ello supondría incidir en determinados
presupuestos fácticos que ahora no podrían ser tenidos en cuenta. 5) La
estimación global de «motor, casete y pozo» no es dable equipararla a la de los
«objetos muebles» que se especifican en el n.º 1.º del artículo 111 de la Ley
Hipotecaria, especialmente, cuando los «pozos» no cabe incluirles en el concepto
de «bienes muebles», a la vista del contenido de los artículos 334 y 335 del
Código, y 6) El derecho fundamental a la tutela judicial efectiva proclamado en el
apartado 1 del artículo 24 de la Constitución, garantiza que en ningún caso puede
producirse denegación de justicia, pero no puede ser base para convalidar
situaciones que el juzgador establece desprovistas de amparo legal, habiendo
declarado el Tribunal Constitucional que dicha «tutela» se obtiene, incluso,
cuando se deniega lo interesado por las partes en el proceso, siempre que
concurra la causa legal correspondiente, que es lo realmente acontecido en el
supuesto de autos, habida cuenta el resultado de las consideraciones anteriores.

Cuarto. La desestimación del único motivo admitido del recurso de casación


formalizado por don Ramón de la V.L. y doña Agustina de G.I.C., lleva consigo,
por disponerlo así el párrafo final del artículo 1715 de la Ley de Enjuiciamiento
Civil, la declaración de no haber lugar al mismo, con imposición de costas a la
parte recurrente, a la que se devolverá el depósito constituido pues su
exigibilidad dependía, a tenor de lo preceptuado en el rituario artículo 1703, de
que las sentencias recaídas en primera y segunda instancia hubiesen sido
conformes entre sí, cosa que no ocurrió.

FALLO

(...)

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