Audiencia Provincial de Valladolid, Sección 3ª, Sentencia de 7
Sep. 2010, rec. 216/2010
Ponente: Muñiz Delgado, Angel.
Nº de Sentencia: 239/2010
Nº de Recurso: 216/2010
Jurisdicción: CIVIL
LA LEY 161396/2010
PROPIEDAD INDUSTRIAL. Derechos de propiedad industrial derivados la
titularidad de modelo de utilidad. RESPONSABILIDAD EXTRACONTRACTUAL.
Reclamación de cantidad por lucro cesante al haberse impedido a la actora,
fabricante de determinados modelos industriales, la comercialización de sus
productos por proceso judicial planteado por la demandada, con resultado final
desestimatorio de dicha pretensión. Distinción entre culpa extracontractual y
contractual. No es bastante que haya un contrato o una preexistente relación de
otra naturaleza para que la responsabilidad contractual opere con exclusión de
la aquiliana, sino que se requiere para ello que la realización del hecho dañoso
acontezca dentro de la rigurosa órbita de lo pactado y como preciso desarrollo
del contenido negocial. Las consecuencias perjudiciales para el actor no se
derivaban de obligaciones postcontractuales, sino de conductas desligadas de
la previa relación contractual existente. PRESCRIPCIÓN. Plazo prescriptivo de un
año. ENRIQUECIMIENTO INJUSTO. Carácter subsidiario de la acción de
enriquecimiento injusto, a la que no cabe acudir en tanto exista otra
específica acción o cauce previsto por el ordenamiento jurídico.
La AP Valladolid desestima el recurso interpuesto contra la sentencia de
instancia por la que se desestima la demanda de reclamación de daños y
perjuicios por no haber podido comercializar sus productos la actora
como consecuencia de procedimiento judicial interpuesto por la
demandada en relación con derechos de propiedad industrial que resultó
desestimado, declarando prescrita la acción de responsabilidad
extracontractual, sin que se aprecie relación jurídica entre las partes para
entender la existencia de responsabilidad contractual.
Texto
En Valladolid a siete de Septiembre de dos mil diez
[Link] SECCION N. 3
VALLADOLID
SENTENCIA: 00239/2010
Rollo 216/2010
S E N T E N C I A 239
ILMO. SR. PRESIDENTE
D. JOSE JAIME SANZ CID
ILMOS. SRES. MAGISTRADOS
D. ANGEL MUÑIZ DELGADO
D. JOSE MANUEL DE VICENTE BOBADILLA
VISTO en grado de apelación ante esta Sección 003, de la Audiencia Provincial de
VALLADOLID, los Autos de PROCEDIMIENTO ORDINARIO 0000020 /2009,
procedentes del JDO. PRIMERA INSTANCIA N. 1 de VALLADOLID, a los que ha
correspondido el Rollo RECURSO DE APELACION (LECN) 0000216 /2010, en los
que aparece como partes apelantes: INDUVIMAR SL, DEPOGAS 1997 SL ,
representados por el Procurador de los tribunales, Sr./a. MARIA DE LOS ANGELES
BAEYENS LAZARO, asistido por el Letrado D. DANIEL VALLE ROBLES, DANIEL
VALLE ROBLES , y como parte apelado: COMPAÑIA ESPAÑOLA DE PETROLEOS SA,
representado por el Procurador de los tribunales, Sr./a. MARIA DEL CARMEN
MARTINEZ BRAGADO, asistido por la Letrada Dª. INMACULADA GARCIA GARCIA;
sobre: Reclamación de daños y perjuicios.
ANTECEDENTES DE HECHO
PRIMERO.- Se aceptan los antecedentes de hecho de la resolución recurrida.
SEGUNDO.- Seguido el litigio en cuestión por sus trámites legales ante el
Juzgado de Primera Instancia de referencia, con fecha se dictó sentencia cuyo
fallo dice así: "Que desestimando la demanda interpuesta por Dª. María Angeles
Baeyens Lázaro en nombre y representación de INDUVIMAR S.L. y DEPROGAS
1997 S.L. contra Compañía Española de Petróleos CEPSA S.A. representada por
Dª. María del Carmen Martínez Bragado, debo absolver y absuelvo a la referida
demandada de las pretensiones deducidas en su contra, con expresa condena en
costas a la parte actora".
TERCERO.- Notificada a las partes la referida sentencia, por el demandante se
preparó recurso de apelación que fue interpuesto dentro del término legal
alegando lo que estimó oportuno. Por la parte contraria se presentó escrito de
oposición al recurso. Remitidos los autos de juicio a este tribunal se señaló para
la Deliberación y Votación el pasado día 8 de Julio de 2010.
ÚLTIMO.- En la tramitación del presente procedimiento se han observado las
formalidades legales.
Vistos, siendo ponente el Ilmo Sr. Magistrado Don . ANGEL MUÑIZ DELGADO.
FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO.- En la demanda que da origen al procedimiento las sociedades
actoras, en su calidad de fabricante y agente comercializadora de unos
determinados modelos de cerramiento para depósitos de combustible, reclaman
a la entidad demandada de una parte los daños y perjuicios por lucro cesante que
entienden esta les ha ocasionado por impedirles operar en el mercado durante
diez años al cuestionar judicialmente, con resultado final desestimatorio de dicha
pretensión, la legalidad de los depósitos que aquellas fabricaban y
comercializaban. Cifran dicho lucro cesante en la suma de 132,82 euros por cada
unidad de modelo de cerramiento a multiplicar por cada una de las unidades que
hubieren podido fabricar y vender en el periodo comprendido entre 1997 y 2007,
ello en función de la cuota de mercado que les correspondiera en relación con el
número total de unidades potenciales del mercado nacional que se determine en
ejecución de sentencia. En segundo lugar reclaman una indemnización por
importe de 540.910,89 euros, que habrá de actualizarse añadiéndole el IPC
acumulado desde el año 1998 hasta la fecha de la firmeza de la sentencia que
recaiga en el presente procedimiento, por los daños y perjuicios que entienden
les irrogó la resolución del contrato en su dia suscrito por las demandantes con
Petrol Instalaciones S.L. y que tenía por objeto la fabricación, suministro e
instalación de 2.000 depósitos de combustible, resolución que se dice provocó
dolosamente la demandada al poner en conocimiento de esta entidad y de la
entidad de crédito que le financiaba la operación la existencia del procedimiento
judicial mediante el que cuestionaba la legalidad de dicho producto. Por último
reclaman la suma que resulte de multiplicar por 234,26 euros el número de
unidades de cerramientos de depósitos de combustible para uso propio que la
demandada haya vendido en el mercado nacional durante el periodo
comprendido entre 1997 y 2007 con las características descritas en el modelo de
utilidad nº U9702169, que es aquel sobre el que ostentan derechos de fabricación
y comercialización las demandadas, características que se dice ha incorporado
fraudulentamente la demandada a los depósitos que vende al amparo del modelo
de utilidad nº U9601832 registrado a su nombre.
Opuesta la demandada a dichas pretensiones la sentencia de primera instancia
ha desestimado íntegramente la demanda. Argumenta el juzgador que las dos
primeras pretensiones no se sustentan en responsabilidad contractual alguna en
la que pudiere haber incurrido la demandada, pues la conducta que a esta se
imputa como generadora de los daños y perjuicios reclamados es ajena al marco
o ámbito contractual que en su dia ligó a ambas partes. Entiende por el contrario
que se fundamenta en la culpa extracontractual o aquiliana, por lo que se halla
sujeta al plazo prescriptivo de un año contemplado en el art. 1968.2 del Código
Civil , transcurrido con exceso a la fecha de presentación de la demanda desde el
dia en que recayó la sentencia del Tribunal Supremo que puso fin al litigio
mantenido por la hoy demandada y en el que en el que cuestionaba la legalidad
del modelo de utilidad en base al cual las hoy actoras iban a operar en el
mercado, momento a partir del cual la acción en cuestión pudo ya ejercitarse.
Respecto de la tercera de las pretensiones, basada en el enriquecimiento
injusto que la demandada hubiere podido experimentar a costa de las actoras
comercializando bajo el modelo de utilidad registrado a su nombre depósitos con
las características propias del modelo de utilidad que estas pretendían fabricar y
vender, razona se trata de una acción subsidiaria para cuyo ejercicio las
demandantes no se hallan legitimadas al no ostentar la titularidad del modelo de
utilidad presuntamente violado ni habérseles cedido los derechos derivados del
mismo, configurando para la defensa de dichos derechos de propiedad industrial
el art. 63 de la Ley de Patentes y art. 18.6º de la Ley de Competencia Desleal un
régimen específico de protección que solo compete a dicho titular o a su
cesionarios, el cual en este caso se trata de una persona físicas con personalidad
jurídica distinta a las entidades actoras por mas que ostente la cualidad de socio
de las mismas.
SEGUNDO.- Frente al anterior pronunciamiento recurre en apelación la parte
actora, desgranando una serie de motivos de impugnación para cuya resolución
es imprescindible analizar cual es la naturaleza de las acciones en que fundan las
pretensiones que ejercitan, debiéndose para ello partir de los hechos
jurídicamente relevantes que en la propia demanda se consignan como causa de
pedir.
En lo que respecta a las dos primeras pretensiones formuladas, se relata por las
actoras como una de ellas mantenía relaciones contractuales mercantiles con la
demandada desde su constitución en 1995, como continuación de las que como
persona física venía manteniendo con anterioridad su socio fundador, y que
básicamente consistían en la venta a la demandada de los depósitos de
combustible que aquella fabricaba con tecnología y diseños propios. Se dice que
como consecuencia de la entrada en vigor del RD nº 1427/1997, por el que se
aprobó la instrucción técnica complementaria MI-IP 03, Instalaciones Petrolíferas
para Uso Propio, se establecieron unas nuevas especificaciones técnicas de
observancia obligatoria en el mercado nacional para instalaciones ya existentes y
nuevas que abría un gran volumen de negocio en el sector. Se añade que
conscientes de ese cambio normativo que se avecinaba la demandada el 4 de
julio de 1996 solicitó ante la Oficina Española de Patentes y Marcas el
reconocimiento como modelo de utilidad de un determinado sistema de cierre de
depósito de combustible para uso propio, producto de una invención laboral de
sus técnicos en plantilla y que finalmente le fue reconocido como modelo
U96/01832 el 30 de Abril de 1997. Sobre la base de tal diseñó interesó la
demandada de Induvimar S.L. le efectuase una oferta por unidad a fin de si le
resultaba interesante encomendarle la fabricación de dicho modelo de
cerramiento. Induvimar S.L desestimó dicha propuesta por considerar que dicho
modelo adolecía de importantes deficiencias y albergar serias dudas de que
cumpliese con la normativa que se avecinaba, manifestándole que disponía de un
modelo propio mas adecuado, inventado por el cuñado de su socio, mostrándole
varias unidades del mismo una vez las tuvo fabricadas para que lo analizase y
considerase su posible puesta en el mercado. A la vista del prototipo se añade
que la demandada propuso a Induvimar S.L. dejarle registrar ese modelo a su
nombre y a cambio concederle una exclusiva para su fabricación y
comercialización, bases sobre las que entablaron una negociación que no llegó a
fructificar por el desinterés de Cepsa, dándose por cerrada y finiquitada la
negociación. Ante ello Induvimar S.L. decide emprender por si sola la fabricación
y venta de este prototipo, procediendo a solicitar su registro como modelo de
utilidad el 7 de agosto de 1997 su inventor, a constituir el siguiente 6 de octubre
la otra sociedad actora, Depogas 1997 S.L., para proceder a su comercialización y
a cederse por el inventor el 29 de octubre los derechos de dicho modelo de
utilidad al socio fundador de Induvimar S.L., procediendo a la fabricación y
comercialización del mismo.
Se relata a continuación que un tiempo mas tarde la demandada Cepsa, tomado
conocimiento de que las hoy actoras habían suscrito un contrato con Petrol
Instalaciones S.L que tenía por objeto el suministro e instalación de 2000
depósitos de combustible con los correspondientes cerramientos de su prototipo
cuya adquisición era financiada a esta última por Caja España, se dirigió a esta
entidad financiera participándole que las hoy actoras con la fabricación y
comercialización de dichos depósitos estaban infringiendo los derechos de
propiedad industrial derivados del modelo de utilidad de su titularidad. Tal
comunicación fue puesta en conocimiento de Petrol Instalaciones S.L. por Caja
España, motivando que ante las dudas sobre la legalidad de los depósitos en
cuestión que ello le suscitó se procediese consensuadamente a un aplazamiento
o suspensión del contrato de suministro de los mismos, con posibilidad de
resolución a instancia de Petrol si la cuestión no se había despejado llegado el
vencimiento del aplazamiento acordado. Acto seguido la aquí demandada Cepsa,
continuando con la deliberada estrategia de impedir a las actoras la fabricación y
comercialización de su producto, promovió una demanda judicial contra las
actoras, fechada el 6 de octubre de 1998, en la que interesaba se declarase que
los depósitos de combustible fabricados y comercializados por estas violaban los
derechos prioritarios amparados por el modelo de utilidad 96/01832 y de dos
marcas mixtas registrados a nombre de aquella, constituyendo actos de imitación
y aprovechamiento de la reputación ajena prohibidos por la Ley de Competencia
Desleal, y que en su consecuencia se las condenase a cesar en los actos de
fabricación, venta o cesión de dichos depósitos, se decretase el embargo de los
ya producidos y de los medios destinados a tal fin, así como se las condenase a
indemnizar a Cepsa los daños y perjuicios que tales actos le habían irrogado. El
injustificado procedimiento judicial a que dicha demanda dio origen motivó que
Petrol resolviera el contrato suscrito con las actoras, siendo mantenido por Cepsa
durante casi diez años hasta agotar todas las instancias y terminar con sentencia
del Tribunal Supremo de 17 de Julio de 2007 , confirmatoria de la previamente
dictada en apelación por la Audiencia Provincial de Burgos que rechazaba todos
los pedimentos de dicha demanda, provocando que durante todo ese lapso de
tiempo las aquí demandantes no pudieran fabricar y comercializar su producto,
siendo los daños y perjuicios que hoy se reclaman en las dos primeras
pretensiones de la demanda los generales derivados de esa imposibilidad de
actuar en el mercado y a mayores los específicos derivados de la resolución del
contrato concertado en su dia con Petrol Instalaciones S.L.
TERCERO.- Tales son, en síntesis, los hechos que fundamentan e individualizan
esas dos primeras pretensiones que se ejercitan en la demanda. Y de su análisis
concluimos, compartiendo el criterio expresado en la sentencia que se impugna,
que los mismos no pueden originar acción alguna para exigir una responsabilidad
contractual ni tampoco se incardinan en aquellas categorías secantes entre las
responsabilidades contractual y extracontractual que pudieran servir de base
indistintamente para el ejercicio de una u otra acción, acumuladas con carácter
alternativo o subsidiario.
En efecto, la jurisprudencia ha venido diferenciando los regímenes de las
responsabilidades contractual y extracontractual principalmente por su distinto
origen, la capacidad del sujeto responsable, el grado de la culpa, el contenido del
deber de indemnizar, las cláusulas de regulación, el diferente plazo prescriptivo,
la competencia, la pluralidad de deudores y el carácter de solidaridad que es
propio de las nacidas fuera del contrato. Se precisa en cuanto al origen que la
culpa extracontractual se diferencia de la contractual en que aquélla presupone
un daño con independencia de cualquier relación jurídica antecedente entre las
partes, fuera del deber genérico y común a todos los hombres del "alterum non
laedere", mientras que la segunda presupone una relación preexistente que
ordinariamente es un contrato, pero que puede ser en general cualquier otra
relación jurídica que conceda un medio específico para su resarcimiento; En
definitiva, no es bastante que haya un contrato (o una preexistente relación de
otra naturaleza) entre las partes para que la responsabilidad contractual opere
con exclusión de la aquiliana, sino que se requiere para ello que la realización del
hecho dañoso acontezca dentro de la rigurosa órbita de lo pactado y como
preciso desarrollo del contenido negocial, pues si se trata de negligencia extraña
a lo que constituye propiamente materia del contrato, desplegará aquélla sus
efectos propios; por otra parte la responsabilidad extracontractual se presenta
como pura y excluirá a la contractual cuando el acto causante se presenta con
entera abstracción de la obligación preexistente y operaría y lo haría con las
mismas extensión e intensidad aunque ésta no hubiera existido nunca,
ofreciéndose como violación únicamente del deber general de no dañar a nadie;
concibiéndose un "tertius genus" en que el hecho dañoso supone incumplimiento
de deber contractual y violación, indisociable de aquél, del deber general de no
causar daño a otro.
Trasladando tales consideraciones de carácter general al caso que nos ocupa, la
conducta de la demandada a la que las actoras recurrentes imputan la causación
de los daños y perjuicios cuyo resarcimiento pretenden consiste de una parte en
el ejercicio de acciones judiciales tendentes no tanto a lograr la protección de los
derechos de propiedad industrial que entendía dimanaban de su titularidad
respecto de unas determinadas marcas y modelo de utilidad, sino a conseguir
que la hoy apelante dejase de actuar en el mercado respecto de un determinado
producto eliminando así a un competidor en el sector. Pues bien, el ejercicio de
tales acciones judiciales, aun cuando lo reputásemos por completo injustificado y
dolosamente enderezado a evitar que las aquí demandantes operasen en el
mercado con su propio modelo de utilidad, así como la inducción al fracaso del
contrato con Petrol aparecen por completo ajenos y desvinculados de las
relaciones contractuales que con carácter previo habían mantenido las partes. En
efecto, dichas relaciones existieron respecto de la fabricación y venta por parte
de una de las actoras de depósitos propios a Cepsa hasta 1996, produciendo sus
efectos propios sin problema alguno y quedando saldadas. Posteriormente y
siguiendo la tesis fáctica consignada en demanda, se habrían mantenido inter
partes tratos o negociaciones encaminados a la contratación de la fabricación de
los modelos de utilidad desarrollados independientemente por ambas partes, los
cuales no fructificaron en acuerdo alguno. Pues bien, ni en el primer contrato ni
en las posteriores negociaciones que resultaron estériles encontramos se pactase
expresamente obligación alguna para Cepsa que le impidiese ante el cambio
normativo que se avecinaba registrar como modelo de utilidad un cerramiento de
invención propia, comercializarlo, ejercer las acciones que entendiese le
competían para la defensa de los derechos de propiedad industrial que del mismo
considerase se derivaren en su favor, impugnar administrativamente el modelo
de utilidad solicitado por la otra parte ni respetar una determinada cuota de
mercado a favor de las actoras. Tampoco tales consecuencias se derivaban,
según la naturaleza de lo si pactado, conforme al uso, la buena fe y la ley, tal y
como preceptúa el art. 1258 del Código Civil , que es a lo que la recurrente
parece referirse cuando habla en su recurso de obligaciones poscontractuales. El
contrato que en su dia ligó a las partes y las negociaciones posteriores
fracasadas explican una convergencia de intereses entre empresas del mismo
sector que determinó su colaboración contractual, mas cuando tales intereses
divergen y esa relación se rompe no asumió ni incumbía a la demandada
obligación alguna respecto de las actoras como no fuere la genérica derivada del
principio alterum non laedere y la mas específica de observar respecto de la
misma una competencia leal, al igual que frente al resto de sus competidoras en
el mercado de los depósitos de combustible. Y la conductas que en demanda se
le imputan como generadoras de los daños y perjuicios cuyo resarcimiento se
reclama no constituirían sino una violación de tales obligaciones, desligadas de la
previa relación contractual existente que ni siquiera le sirve como antecedente
para la obtención o conocimiento de datos que sirviesen al diseño o ejecución de
la supuesta estrategia dolosamente enderezada a apartarla de operar en el
mercado, pues tanto la carta enviada a Caja España y las posibles gestiones
acerca de dicha entidad y de Petrol Instalaciones S.L., cuanto la demanda judicial
que dio origen al juicio de menor cuantía nº 402/98 se producen casi un año mas
tarde de que el Sr. Pascual presentase su solicitud de modelo de utilidad respecto
del modelo de cerramiento por el mismo inventado y que iba a ser fabricado y
comercializado por las hoy recurrentes, siendo publicado en el Boletín Oficial del
Registro Mercantil conforme a lo dispuesto en el art. 148.4 de la Ley de de
Patentes de 20 de marzo de 1986 y por tanto de público conocimiento. Por lo
tanto las previas relaciones mantenidas inter partes no se presentan como
antecedente necesario o determinante siquiera del conocimiento de datos para el
desarrollo de la estrategia dolosa que se describe en demanda, pues tales datos
y las características del modelo de cerramiento fabricado y comercializado por las
actoras fueron perfectamente accesibles tras la publicación de la solicitud
registral del modelo de utilidad y el conocimiento del acuerdo alcanzado por
estas con Petrol Instalaciones S.L. a posteriori de que aquellas relaciones cesasen
aparece así mismo desvinculado de tales antecedentes.
Conscientes de ello y para salvar el plazo prescriptivo de un año que afectaría
tanto a la acción de resarcimiento basada en la culpa extracontractual, conforme
a lo dispuesto en el art. 1968 nº 2 del Código Civil , cuanto a las derivadas de la
competencia desleal, conforme a lo preceptuado en el art. 21 de su Ley
reguladora nº 3/1991 de 10 de Enero , las propias actoras en la fundamentación
jurídica de su demanda dicen ejercitar "acción personal generada por
responsabilidad extracontractual por dolo", que basan en los arts. 1101, 1102,
1106 y 1107 del Código Civil , referentes a la responsabilidad contractual. Tal
construcción entendemos no es factible dado que dentro de la responsabilidad
extracontractual contemplada en el art. 1902 del Código Civil se contempla la
culpa en sentido amplísimo, comprensiva desde la mas leve hasta el dolo civil
propiamente dicho, que es el que fundamentaría la acción deducida. Ciertamente
conforme al principio general de que quien causa daño lo debe indemnizar, tanto
si se produce por incumplimiento de una obligación preestablecida cuanto si
proviene de culpa o negligencia no referidas a vínculo antecedente, queda en
todo caso constituido el dañador en sujeto de una obligación que responde a un
principio común de derecho y a la misma finalidad reparadora comprendida en el
concepto genérico que a la de indemnizar asigna el artículo 1.106 del Código
Civil; esa común finalidad reparadora origina unas notas comunes entre ambas
clases de culpa, la contractual y la extracontractual, cuales son la producción de
un daño, la atribuibilidad del mismo a un sujeto y el deber de éste de resarcir; de
esos puntos de coincidencia y notas comunes se sigue también que la tajante
separación originaria se atenúe en su aproximación a la común finalidad
reparadora mediante la aplicación indistinta de preceptos que pueden reputarse,
con matizaciones, preceptos comunes (por regularse dentro del Código y dada la
necesidad de llevar sus lagunas, la responsabilidad en general), así los artículos
1.101 a 1.107 del Código Civil . Ahora bien, entendemos ello no significa que
cuando el supuesto de hecho del que la responsabilidad nace sea neta y
exclusivamente basado en la infracción de una obligación extracontractual,
desligado de todo nexo contractual o relación precedente que conceda un
específico medio de resarcimiento, pueda desanaturalizarse o mixtificarse la
acción procedente para hacerla valer, que es lo que aquí se pretende para de tal
modo intentar eludir el plazo prescriptivo ya transcurrido a la fecha de
interponerse la demanda. Vamos por tanto a confirmar la sentencia impugnada
en cuanto acoge la excepción de prescripción oportunamente alegada en la
contestación respecto de las dos primeras pretensiones indemnizatorias
formuladas.
CUARTO.- Por último la tercera pretensión indemnizatoria se articula en base a
la construcción jurisprudencial del enriquecimiento injusto, sustentada en el
principio general del derecho de que nadie puede enriquecerse
injustificadamente a costa de otro y si lo hace viene obligado a reparar el
patrimonio del empobrecido. Por tal cauce se reclama el beneficio que la
demandada ha obtenido por la venta en el mercado nacional, durante los diez
años que duró el litigio que en su dia mantuvo con las actoras, de depósitos de
combustible amparados formalmente bajo el modelo de utilidad registrado a su
nombre mas que en realidad copiaban o reproducían servilmente las
características del modelo de utilidad registrado a nombre Don. Pascual , cedido
o transmitido al Sr. Alberto y que con autorización del mismo fabricaban y
comercializaban las entidades demandantes.
El acto del que pretende derivarse dicho enriquecimiento injusto consistiría en
principio en una violación directa de los derechos de propiedad industrial que la
ley de Patentes nº 11/1986 de 20 de Marzo confiere al titular o cesionario de los
derechos derivados de un modelo de utilidad debidamente registrado, para cuya
protección los arts. 62 y 63 de dicho texto legal conceden a dichas personas y
solo a ellas una serie de acciones específicas, entre las que se encuentra la
tendente a lograr la indemnización de los daños y perjuicios que dicha infracción
haya podido irrogarles.
El Tribunal Supremo ha proclamado en múltiples ocasiones el carácter subsidiario
de la acción de enriquecimiento injusto, a la que no cabe acudir en tanto
exista otra específica acción o cauce previsto por el ordenamiento jurídico. En tal
sentido la STS de 3-1-06 afirma como " la jurisprudencia de esta Sala ha afirmado
reiteradamente que la acción de enriquecimiento injusto no es dinamitadora
del sistema jurídico, de modo que no puede acudirse a ella más que cuando no
exista una acción que concreta y específicamente se otorgue por el legislador
para remedio de un hipotético enriquecimiento sin causa (sentencias de 19 de
febrero de 1.999, 6 de junio de 2.002 y 6 de octubre de 2.005)." Especificando
esta última sentencia de 6-10-2005 que para el caso de desconocerse dicha
subsidiariedad se vulneraría el principio de especialidad abriendo un portillo al
fraude de ley. En el presente caso el modelo de utilidad presuntamente
conculcado se solicitó por su inventor Don. Pascual el 7 de Agosto de 1997, el
cual transmitió notarialmente los derechos que sobre el mismo pudieran
corresponderle Don. Alberto en fecha 29 de octubre siguiente. Este por tanto
sería ab initio el legitimado para accionar en base a la Ley de Patentes frente a
las violaciones o actos ilícitos de que sean objeto los derechos de propiedad
industrial que le han sido cedidos y cuya titularidad ostenta. Cabe señalar
igualmente que las entidades actoras sustentan la tesis de que efectivamente se
hallan autorizadas por el cesionario de los derechos de propiedad industrial
derivados de modelo de utilidad para proceder en exclusiva a la fabricación y
comercialización del producto, dado que así aquel lo manifiesta y que de hecho
en tales condiciones lo fabricaban y vendían, según la propia demandada
reconoció en la demanda que en su dia interpuso frente a las mismas. Dichas
sociedades por lo tanto, con autorización del titular y a modo de licenciatarias
aunque no inscritas, vendrían participando en el mercado mediante la fabricación
y venta de los depósitos provistos del modelo de cerramiento en cuestión, por lo
que en su caso podrían hallarse así mismo legitimadas, según su tesis, para el
ejercicio de las citadas acciones en defensa de los posibles derechos de
propiedad industrial derivados del modelo de utilidad que les hubieran sido
cedidos.
En último caso y para el supuesto de que la conducta imputada a la demandada
no constituyere una violación propiamente dicha de los derechos de propiedad
industrial sino un acto de imitación o cualquier otro de los tipificados como de
competencia desleal en la Ley 3/1991 de 10 de enero, estarían las actoras
legitimadas conforme al art. 19.1&1º de la LCD , al resultar directamente
perjudicados sus intereses económicos, para el ejercicio de la acción de
resarcimiento que se contempla en el art. 18. 5º de dicho texto legal, o bien si se
consideran titulares de la posición jurídica violada para ejercitarla acción de
enriquecimiento injusto específica de la competencia desleal que al efecto
confieren sus arts. 18 n6 y 19.1&2 .
Sin embargo ni aquel ni estas ejercitan tales específicas acciones que hemos
mencionado, sino que se acude a una via indirecta, conculcando la doctrina
jurisprudencial sobre la subsidiariedad antes expuesta y ejercitando una acción al
amparo del genérico instituto del enriquecimiento injusto las dos sociedades a
las que se dice autorizadas para la fabricación y comercialización del producto
amparado por el modelo de utilidad en cuestión, siendo dicho Sr. junto a su
esposa socios únicos de una de ellas y aquel al mismo tiempo apoderado de la
otra que integran sus dos cuñados, entidades ambas que desde hace años no
depositan sus cuentas y cuya situación patrimonial es harto delicada, tal y como
se deduce de la información registral obrante en autos. Vamos por tanto a
ratificar la sentencia apelada con rechazo de este motivo de impugnación.
QUINTO.- Conforme a lo dispuesto en los arts. 394 y 398 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil , se imponen a la parte apelante que ve rechazado su recurso
las costas ocasionadas en esta segunda instancia.
FALLAMOS
Se desestima el recurso de apelación interpuesto por la representación procesal
de INDUVIMAR S.L. y de DEPOGAS 1997 S.L., frente a la sentencia dictada el dia
11 de Marzo de 2010 por el Juzgado de Primera Instancia nº 1 Valladolid en el
juicio ordinario del que dimana el presente Rollo de Sala, resolución que se
confirma con imposición a la parte apelante de las costas causadas en esta
segunda instancia.
De conformidad con lo dispuesto en el apartado noveno la Disposición Adicional
Decimoquinta de la Ley Orgánica del Poder Judicial , según redacción de la Ley
Orgánica 1/2009 , acordamos, también, la pérdida del depósito constituido por el
recurrente al haberse confirmado la resolución recurrida, debiendo darse a aquel
el destino previsto en dicha disposición.
Así, por esta nuestra Sentencia, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.