Si yo fuera ese niño, niña o adolescente que ha vivido un hecho de violencia, lo que más
necesitaría es:
1. Escucha activa y empatía: Necesitaría sentirme escuchado sin ser juzgado, que mis
docentes me proporcionen un espacio seguro donde pueda expresar mis emociones y
experiencias sin miedo.
2. Apoyo emocional: Me gustaría que los docentes me apoyaran emocionalmente, tal vez
derivándome a un psicólogo escolar o a algún profesional que me ayudara a procesar lo
sucedido.
3. Intervención inmediata: Necesitaría que mis docentes tomen medidas rápidas y efectivas
para protegerme, como notificar a las autoridades o al personal de apoyo escolar sin que
yo tenga que cargar con todo el peso de la situación.
4. Confidencialidad y respeto: Necesitaría saber que mi situación será tratada con respeto y
confidencialidad, evitando que se difunda o utilice de manera inapropiada frente a mis
compañeros.
5. Sensibilidad y comprensión: Los docentes deben comprender que cada persona reacciona
de manera diferente a la violencia, y que, en mi caso, podría necesitar tiempo o un
enfoque diferente para sanar.
6. Acciones para detener la violencia: Es fundamental que tomen acciones concretas para
garantizar que el agresor no tenga más oportunidades de dañar o intimidar a otros, y que
haya consecuencias claras para protegerme y a mis compañeros.
Lo que más me gustaría es sentirme seguro y apoyado, sabiendo que los adultos están
comprometidos en ayudarme a superar esta experiencia de la manera más respetuosa y
profesional posible.