Audiencia Provincial de Cáceres, Sección 1ª, Sentencia de 11
May. 2007, rec. 178/2007
Ponente: Bote Saavedra, Juan Francisco.
Nº de Sentencia: 193/2007
Nº de Recurso: 178/2007
Jurisdicción: CIVIL
LA LEY 147799/2007
CESIÓN DE CRÉDITOS. Elevación de contrato a escritura pública. Nulidad de
contrato. ERROR. Concepto. Requisitos para que invalide el consentimiento.
Doctrina jurisprudencial al respecto. Falta de acreditación del error o engaño
aducido por el demandado al firmar el contrato, en el que intervino incluso el
deudor, siendo verosímil su causa, al haber admitido el demandado que la
actora ostentaba un crédito frente a su hijo, reconocido judicialmente, y para
evitar la ejecución adquirió dicho crédito del acreedor, abonando el importe del
mismo mediante la entrega de la finca rústica descrita en el propio contrato,
cuyo valor fue fijado por los intervinientes. ABUSO DEL DERECHO. Concepto
y requisitos. Falta de concurrencia en el caso, al constar el crédito que el actor
tenía contra el hijo del demandado, así como la imposibilidad de éste de hacer
frente al mismo, teniendo su actuación un fin legítimo, de garantizarse el cobro
del mismo mediante la cesión al demandado, recibiendo en contraprestación la
finca rústica ofrecida por el cesionario.
La AP Cáceres desestima el recurso de apelación interpuesto contra la
sentencia de instancia, y confirmando la misma, estima la demanda de
elevación a público de contrato de cesión de créditos, desestimando la
reconvención, por nulidad del mismo, al no constar error, engaño o abuso
del derecho.
Texto
En la Ciudad de Cáceres a once de Mayo de dos mil siete
[Link] SECCION N. 1
CACERES
SENTENCIA: 00193/2007
AUDIENCIA PROVINCIAL DE CACERES
Sección 001. Civil.
Domicilio: AVDA. DE LA HISPANIDAD S/N
Telf: 927 620308
Fax: 927 620315
Modelo: SEN00
N.I.G.: 10037 37 1 2007 0100192
ROLLO: RECURSO DE APELACION (LECN) 0000178 /2007
Juzgado procedencia: [Link].E INSTRUCCION N.2 de TRUJILLO
Procedimiento de origen: PROCEDIMIENTO ORDINARIO 0000342 /2005
RECURRENTE: Victor Manuel
Procurador/a:
Letrado/a: JUAN CARLOS BOHOYO GONZALEZ
RECURRIDO/A: SAN JUAN ALONSO DE OJEDA, SOCIEDAD COOPERATIVA AGRICOLA
Procurador/a: JOSEFA MORANO MASA
Letrado/a: JOAQUIN RODRIGUEZ DE CASTRO DAVILA
SENTENCIA NÚM. 193/07
Ilmos. Sres.
PRESIDENTE:
DON JUAN FRANCISCO BOTE SAAVEDRA =
MAGISTRADOS:
DON SALVADOR CASTAÑEDA BOCANEGRA =
DON ANTONIO MARÍA GONZÁLEZ FLORIANO =
Rollo de Apelación núm. 178/07 =
Autos núm. 342/05 (Juicio Ordinario) =
Juzgado de 1ª Instancia núm. 2 de Trujillo =
========================================
Habiendo visto ante esta Audiencia Provincial de Cáceres el Rollo de apelación al
principio referenciado, dimanante de los autos de Juicio Ordinario núm. 342/05
del Juzgado de 1ª Instancia núm. 2 de Trujillo, siendo parte apelante, el
demandado, DON Victor Manuel , representado en la instancia por el Procurador
de los Tribunales Sra. Martín Parra, y no personado en esta alzada, viniendo
defendido por el Letrado Sr. Bohoyo González, y, como parte apelada, la entidad
demandante, SAN JUAN DE ALONSO DE OJEDA, SOCIEDAD COOPERATIVA
AGRICOLA, representada en la instancia por el Procurador de los Tribunales Sra.
Domínguez Macías, y en la alzada por el Procurador de los Tribunales Sra. Morano
Masa, y defendida por el Letrado Sr. Rodríguez de Castro Dávila.
I.- ANTECEDENTES DE HECHO
PRIMERO.- Por el Juzgado de 1ª Instancia núm. 2 de Trujillo, en los Autos núm.
342/05, con fecha 26 de Septiembre de 2006 , se dictó sentencia cuya parte
dispositiva es del tenor literal siguiente:
"FALLO: Que DEBO ESTIMAR Y ESTIMO INTEGRAMENTE la demanda interpuesta
por la Procuradora Sra. Domínguez Macías, en nombre y representación de San
Juan de Alonso de Ojeda, S.C.A. frente a D. Victor Manuel , DECLARANDO LA
EXISTENCIA, VALIDEZ Y EFICACIA DEL CONTRATO DE CESION DE CREDITO
celebrado entre la Cooperativa San Juan de Alonso de Ojeda y D. Victor Manuel y
D. Carlos Francisco , en Alonso de Ojeda, el 15 de Marzo de 2005; CONDENANDO
AL DEMANDADO A OTORGAR A SU COSTA ESCRITURA PÚBLICA de la transmisión
de la finca rústica a la que el citado contrato se refiere.
Que DEBO DESESTIMAR Y DESESTIMO ÍNTEGRAMENTE la reconvención planteada
por la Procuradora Sra. Díaz Muñoz, en nombre de D. Victor Manuel , con
imposición de las costas del presente litigio a la parte demandada."
SEGUNDO.- Frente a la anterior resolución y por la representación del
demandado, se solicitó la preparación del recurso de apelación de conformidad
con lo dispuesto en el artículo 457.1 de la Ley de Enjuiciamiento Civil .
TERCERO.- Admitida que fue la preparación del recurso por el Juzgado, se
emplazó a la parte recurrente, conforme a lo dispuesto en los arts. 457.3 de la
L.E.C . por veinte días para la interposición del recurso de apelación, conforme a
las normas del art. 458 y ss. de la citada ley procesal.
CUARTO.- Formalizado en tiempo y forma el recurso de apelación por la
representación de la parte demandada, se tuvo por interpuesto y, de
conformidad con lo establecido en el art. 461 de la L.E.C ., se emplazó a las
demás partes personadas para que en el plazo de diez días presentaran ante el
Juzgado escrito de oposición al recurso o, en su caso, de impugnación de la
resolución apelada en lo que le resulte desfavorable.
QUINTO.- Presentado escrito de oposición al recurso por la representación de la
parte demandante, se remitieron los autos originales a esta Sección 1ª de la
Audiencia Provincial de Cáceres, previo emplazamiento de las partes por término
de 30 días.
SEXTO.- Recibidos los autos en esta Sección 1ª de la Audiencia Provincial de
Cáceres, se procedió a incoar el correspondiente Rollo de Sala, turnándose de
ponencia; y, habiéndose evacuado el trámite de emplazamiento conferido a las
partes, habiendo comparecido únicamente la parte apelada, no habiéndose
propuesto prueba, ni considerando este Tribunal necesaria la celebración de
vista, se señaló para la DELIBERACIÓN Y FALLO el día diez de Mayo de dos mil
siete, quedando los autos para dictar sentencia en el plazo que determina el art.
465 de la L.E.C..
SÉPTIMO.- En la tramitación de este recurso se han observado las
prescripciones legales.
Vistos y siendo Ponente el Ilmo. Sr. Presidente DON JUAN FRANCISCO BOTE
SAAVEDRA.
II.- FUNDAMENTOS JURÍDICOS
PRIMERO.- En el escrito inicial del procedimiento se promovió acción personal
para que se declare la validez de un contrato de cesión de crédito, y se condene
al demandado a otorgar escritura pública de transmisión de la finca rústica,
mientras que el demandado formuló reconvención, solicitando la nulidad de dicho
contrato. La sentencia de instancia estimó la demanda y desestimó la
reconvención, y disconforme la parte demandada se alza el recurso de apelación,
alegando los siguientes motivos: 1º) Nulidad del contrato de fecha 15 de marzo
de 2.005 por error del consentimiento en el apelante y abuso de derecho y mala
fe por la Cooperativa demandante. Insiste que bien por pruebas, bien por
presunciones, se acredita que el apelante incurrió en error del consentimiento al
otorgar el contrato al ser engañado por el Letrado de la Cooperativa. Dicho
contrato fue redactado por el Letrado haciendo constar que se trata de un
contrato de cesión de deuda, ocultando que en realidad, se estaba otorgando un
contrato de cesión de crédito, con lo que se trataba de confundir al demandado,
haciéndole creer que estaba firmando un contrato de garantía o aval para que su
hijo pagase la deuda con la Cooperativa, garantizándose el pago con la propiedad
del apelante. De no haber mediado engaño, no hubiera sido posible que el
apelante hubiera entregado la propiedad de una finca rústica de más de 7 Has.,
cuando la deuda de su hijo ascendía a 21.441,85€, pues la finca tiene un valor
que excede en más del doble de dicha cantidad, concretamente, según la prueba
de tasación su valor es de 46.356€, y según la pericial de 47.865€, incluso aún
teniendo en cuenta el valor del perito de la actora de 30.000€, omitiendo el pozo,
también excede sustancialmente del importe de la deuda, no siendo verosímil
que el demandado hubiera entregado la finca como medio de pago. Se ha de
presumir que el apelante fue engañado, pues solo estuvo una vez en el despacho
del Letrado cuando firmó el contrato, que no ofreció ninguna finca como medio
de pago, respondiendo al mismo Letrado que fue inducido a firmar cuando le dijo
que no pasaba nada y que el documento era para darle más garantía de pago a
su hijo. En términos semejantes se manifiesta el testigo e hijo del demandado,
afirmando que no fueron conscientes de que la firma de su padre significase la
entrega de las tierras. Tampoco es cierto que en el momento de la firma estaban
presentes todos los intervinientes, pues el contrato se firmó en el despacho del
Letrado sin la presencia del Presidente de la Cooperativa. No es cierto lo
acordado en la estipulación segunda cuando se hace constar que Don Victor
Manuel entrega a la Sociedad Cooperativa la posesión y propiedad de la finca
rústica al valorarse en equivalencia con el crédito, pues no puede ser equivalente
una deuda por importe de 21.441,85€ con una parcela cuyo precio mínimo es de
47.865€, dada la notable diferencia entre una y otra cantidad. En consecuencia,
procede declarar la nulidad del contrato por falta de consentimiento del
demandado en aplicación del Art. 1.300 CC ., en relación con los Arts. 1.261 y
1.255 C.C. e infracción de la buena fe y abuso de derecho en la parte actora. El
error en el demandado fue esencial por creer que estaba firmando un contrato de
garantía para que su hijo abonase la deuda, siendo lo lógico que si no la abona le
embarguen bienes de su propiedad, pero no que el demandado se vea privado de
una finca de su propiedad por una deuda de su hijo. 2º) De forma subsidiaria al
anterior motivo, si se admite la validez de dicho contrato, en su estipulación
tercera se acuerda que todos los gastos e impuestos que se generen o
devenguen serán abonados por las partes según Ley, mientras que en la
demanda se solicita que se otorgue la escritura pública de transmisión a costa del
demandado, y ello es contrario a lo estipulado, y a lo acordado en la sentencia
recurrida. En consecuencia, de rechazarse el primer motivo, se deberá revocar la
sentencia, para que en el otorgamiento de la escritura pública cada parte abone
los gastos de la transmisión conforme a ley, según tienen estipulado. Termina
solicitando la revocación de la sentencia y la estimación de la reconvención con
declaración de nulidad del contrato de 15 de marzo de 2.005, y subsidiariamente,
se estime parcialmente la demanda, y que en el otorgamiento de la escritura
pública cada parte abone los gastos de la transmisión conforme a ley, sin
imposición de costas a ninguna de las partes.
La parte contraria se opuso al recurso formulado de contrario, solicitando la
confirmación de la sentencia recurrida.
SEGUNDO.- Centrados los términos, con carácter previo al examen de los
concretos motivos, es necesario traer a colación los siguientes antecedentes
fácticos que constan en autos y resultan de las pruebas practicadas. La Sociedad
actora era titular de un crédito frente al hijo del demandado y ante su impago
promovió un procedimiento monitorio, ante su impago se despachó ejecución por
el principal de 30.025,85€, más otra cantidad para intereses y costas. El deudor
abonó de forma voluntaria la cantidad de 8.584€ a cuenta de la deuda pendiente,
dejando impagada el resto de la deuda. Para buscar una solución y hacer frente
al resto de la cantidad adeudada, la Sociedad actora, el deudor Don Carlos
Francisco y el demandado Don Victor Manuel , en fecha 15 de marzo de 2.005
suscribieron un contrato titulado de cesión de deuda, haciendo constar los
antecedentes de la deuda que dio lugar al anterior procedimiento monitorio,
admitiendo que el principal adeudado a esa fecha ascendía a 21.441,85€. Don
Victor Manuel afirma estar interesado en adquirir el anterior crédito que la
Sociedad Cooperativa tenía frente a su hijo, para subrogarse en la posición
jurídica de la Sociedad acreedora, manifestando que es propietario de la finca
rústica que se describe a continuación, finca registral NUM000 , llevando a efecto
la cesión de crédito con arreglo a las siguientes estipulaciones. Que la Sociedad
Cooperativa cede a Don Victor Manuel el crédito antes reseñado, y en pago al
mismo, el demandado entrega a la Cooperativa la posesión y propiedad de la
anterior finca rústica, que las partes valoran en el importe del crédito objeto de la
cesión, dando el precio por pagado y recibido. Asimismo, acuerdan que Don
Victor Manuel otorgará escritura pública de la finca a favor de la Sociedad
Cooperativa tan pronto como sea posible en la Notaría de Miajadas, siendo los
gastos e impuestos que se generen abonados por las partes según Ley.
Finalmente, el deudor Don Carlos Francisco se da por enterado y acepta
expresamente dicha cesión del crédito, reconociendo a Don Victor Manuel como
su acreedor, subrogado en todos los derechos que tenía la Sociedad Cooperativa
cedente, firmando por triplicado los tres intervinientes dicho contrato.
El demandado admite que la firma estampada en dicho documento corresponde
a su puño y letra, y como no otorgara escritura pública, se presentó la demanda
que ahora nos ocupa.
TERCERO.- Sentado lo anterior, en el primer motivo del recurso se reitera, al
igual que se hizo en la instancia, la nnulidad del contrato de fecha 15 de marzo
de 2.005, alegando como causa error del consentimiento en el demandado,
abuso de derecho y mala fe por la Cooperativa demandante. Insiste que por
presunciones, se acredita que el apelante incurrió en error del consentimiento al
otorgar el contrato al ser engañado por el Letrado de la Cooperativa, porque
dicho contrato fue redactado por el Letrado haciendo constar que se trata de un
contrato de cesión de deuda, ocultando que en realidad, se estaba otorgando un
contrato de cesión de crédito, con lo que se trataba de confundir al demandado,
haciéndole creer que estaba firmando un contrato de garantía o aval para que su
hijo pagase la deuda con la Cooperativa, garantizándose el pago con la propiedad
del apelante. De no haber mediado engaño, no hubiera sido posible que el
apelante hubiera entregado la propiedad de una finca rústica de más de 7 Has.,
cuando la deuda de su hijo ascendía a 21.441,85€, pues la finca tiene un valor
que excede en más del doble de dicha cantidad. A tal efecto, se practica prueba
pericial resultando, según una de ellas un valor es de 46.356€, según otra un
valor de 47.865€, y según la prueba pericial practicada a instancias de la actora
un valor de 30.000€, todas ellas exceden sustancialmente del importe de la
deuda, no siendo verosímil que el demandado hubiera entregado la finca como
medio de pago. Como no existe equivalencia entre el importe de la deuda y el
valor de la finca, entiende que el contrato es nulo por falta de consentimiento del
demandado en aplicación del Art. 1.300 CC ., en relación con los Arts. 1.261 y
1.255 C.C. e infracción de la buena fe y abuso de derecho en la parte actora. El
error en el demandado fue esencial por creer que estaba firmando un contrato de
garantía para que su hijo abonase la deuda, siendo lo lógico que si no la abona le
embarguen bienes de su propiedad, pero no que el demandado se vea privado de
una finca de su propiedad por una deuda de su hijo.
La sentencia recurrida rechaza la pretendida nulidad, porque no existe prueba
alguna que acredite el error en el consentimiento en el demandado, ni abuso de
derecho, ni mala fe en la parte actora, mientras que el recurrente, insiste en
dicha nulidad, apoyándose en las declaraciones del demandado y su hijo, y en la
prueba de presunciones, atribuyendo a la juzgadora error en la valoración de las
pruebas.
CUARTO.- Pues bien, como reiteradamente tiene declarado esta Sala, la materia
relativa a la carga de la prueba y las consecuencias derivadas de la falta de
probanza está regulada en el artículo 217 LEC , precepto que, en sus apartados 2
y 3 , establece que corresponde al actor y al demandado reconviniente la carga
de probar la certeza de los hechos de los que ordinariamente se desprenda,
según las normas jurídicas a ellos aplicables, el efecto jurídico correspondiente a
las pretensiones de la demanda y de la reconvención, e incumbe al demandado y
al actor reconvenido la carga de probar los hechos que, conforme a las normas
que les sean aplicables, impidan, extingan o enerven la eficacia jurídica de los
hechos a que se refiere el apartado anterior; lo cual significa que corresponde a
la parte actora acreditar los hechos constitutivos del derecho cuyo
reconocimiento y protección invoca y, a la parte demandada, los impeditivos o
extintivos del mismo, sin que deba desconocerse, por un lado, que, conforme al
apartado 1 del referido precepto, si al tiempo de dictar sentencia el Tribunal
considera dudosos unos hechos relevantes para la decisión, habrá de desestimar
las pretensiones del actor o del reconviniente o del demandado o reconvenido,
según corresponda a unos u otros la carga de probar los hechos que
permanezcan inciertos y fundamenten las pretensiones, y, por otro que, a tenor
del apartado 6 del tan repetido artículo, para la aplicación de lo dispuesto en los
apartados anteriores, el Tribunal deberá tener presente la disponibilidad y
facilidad probatoria que corresponda a cada una de las partes del litigio.
Sobre éste último extremo debemos señalar que para determinar si un hecho
tiene una u otra consideración ha de examinarse la situación concreta, pues un
hecho puede variar según la perspectiva que se invoque, es decir, adaptándose a
cada caso concreto, teniendo en cuenta los hechos afirmados o negados.
Por ello la regla de la carga de la prueba ha de interpretarse teniendo en cuenta
la doctrina de la flexibilidad, en el sentido que no puede realizarse una
interpretación rigurosa y rígida de dicha regla, como dice la STS de 20 de marzo
de 1.987 , y la doctrina de la facilidad, desplazando la carga de una a otra parte
según la facilidad y disponibilidad que expresamente contempla el apartado
sexto del artículo 217 LEC .
Concretamente, la STS de 18 de mayo de 1.988 declara en relación con la
doctrina legal de la carga de la prueba que ha de interpretase: "según criterios
flexibles y no tasados, que se deben adaptar a cada caso, según la naturaleza de
los hechos afirmados o negados y la disponibilidad o facilidad para probar que
tenga cada parte".
QUINTO.- Asimismo, es necesario dejar claro que el proceso valorativo de las
pruebas incumbe a los órganos judiciales exclusivamente y no a las partes que
litigan, a las que les está vedado toda pretensión tendente a sustituir el criterio
objetivo e imparcial de los Jueces por el suyo propio, dado la mayor subjetividad
de estas por razón de defender sus particulares intereses (SSTS 1-3-94, 20-7-95)
debiendo quedar claro, por tanto, que dentro de las facultades concedidas al
efecto a Jueces y Tribunales, estos pueden conceder distinto valor a los medios
probatorios puestos a disposición e incluso, optar entre ellos por el que estime
más conveniente y ajustado a la realidad de los hechos. Además, según los
argumentos utilizados por la parte apelante respecto a la prueba testifical a la
que tanta importancia concede pese a ser representante o empleada de la propia
parte, se limita a valorar la misma de manera subjetiva y completamente parcial,
como veremos posteriormente, pretendiendo sustituir con su criterio las
conclusiones más ponderadas del Juzgador de instancia, que basa su decisión en
un objetivo y razonado análisis del conjunto probatorio, esencialmente la prueba
documental, pero sin desvirtuar los argumentos judiciales, por lo que no resulta
atendible la impugnación genérica del error en la valoración de la prueba
recogida en el cuerpo del recurso, habida cuenta la abundante doctrina
jurisprudencial elaborada sobre la prevalencia de la valoración de las pruebas
que realizan los órganos judiciales, por ser más objetiva que la de las partes en
defensa de sus particulares intereses (STS 1 de marzo de 1994).
Las pruebas están sujetas a su ponderación en concordancia con los demás
medios de prueba (STS 25-1-93), en valoración conjunta (STS 30- 3-88) con el
predominio de la libre apreciación que es potestad de los tribunales de instancia
(SSTS 22-1-86, 18-11-87, 30-3-88). Los preceptos de la LEC relativos a las
pruebas practicadas, no contienen reglas valorativas, sino admoniciones a los
jueces y una apelación a la sana crítica y al buen sentido y para destruir una
conclusión presuntiva, debe demostrarse que el Juez ha seguido, al establecer
dicho nexo o relación, un camino erróneo no razonable o contrario a las reglas de
la sana lógica y buen criterio constituyendo la determinación de dicho nexo lógico
y directo un juicio de valor que está reservado a los tribunales y que hay que
respetar, en cuanto no se acredite que es irrazonable.
SEXTO.- Como dice la STS de 17 julio 2.006 , ante todo hay que decir que para
que el error, como vicio de la voluntad negocial, sea invalidante del
consentimiento es preciso, por una parte, que sea sustancial o esencial, que
recaiga sobre las condiciones de la cosa que principalmente hubieran dado
motivo a la celebración del contrato, o, en otros términos, que la cosa carezca de
alguna de las condiciones que se le atribuyen, y precisamente de la que de
manera primordial y básica motivó la celebración del negocio atendida la
finalidad de éste (Sentencias de 12 de julio de 2002, 24 de enero de 2003 y 12 de
noviembre de 2004); y, además, y por otra parte, que sea excusable, esto es, no
imputable a quien los sufre y no susceptible de ser superado mediante el empleo
de una diligencia media, según la condición de las personas y las exigencias de la
buena fe, con arreglo a la cual el requisito de la excusabilidad tiene por función
básica impedir que el ordenamiento proteja a quien ha padecido el error cuando
éste no merece esa protección por su conducta negligente, ya que en tal caso ha
de establecerse esa protección a la otra parte contratante que la merece por la
confianza infundida por esa declaración (Sentencias de 18 de febrero y de 3 de
marzo de 1994, que se citan en la de 12 de julio de 2002 , y cuya doctrina se
contiene, a su vez, en la de 12 de noviembre de 2004; también, Sentencias de 24
de enero de 2003 y 17 de febrero de 2005).
Ciertamente, de conformidad con el Art. 1265 del C. Civil , será nulo el
consentimiento prestado por error, violencia, intimidación o dolo. A su vez, el
error es, el conocimiento falso de una cosa o de un hecho, y en su aplicación al
contrato puede recaer sobre la declaración o sobre la formación o contenido de la
voluntad, siendo este último aspecto -el error vicio propiamente dicho, frente al
denominado obstativo-, el que aquí interesa, y al que se refiere el Art. 1266 del
Código Civil , diciendo que para que el error invalide el consentimiento, deberá
recaer sobre la sustancia de la cosa que fuere objeto del contrato, o sobre
aquellas condiciones de la misma que principalmente hubiesen dado motivo a
celebrarlo.
Ahora bien, con la doctrina jurisprudencial se ha de establecer: a) La apreciación
del error sustancial ha de hacerse con criterio restrictivo, cuando de ello dependa
la existencia del negocio: b) Ha de ser excusable, es decir, no podrá invocarse el
error cuando el mismo pudo ser evitado con una diligencia media; y c) La parte
que lo invoque ha de probar el nexo que en cada caso tenga aquel con los fines y
objeto que las partes hayan perseguido y tenido en cuenta al contratar. (STS. 17
de febrero de 1.994).
SEPTIMO.- Aplicando la anterior doctrina al supuesto enjuiciado, habiéndose
alegado el error por vía de reconvención, obviamente corresponde al
reconviniente acreditar cumplidamente la prueba del error en el consentimiento,
no siendo suficiente la simple declaración del propio demandado o de su hijo, que
ha declarado como testigo, pues al contrario de lo que sostiene el apelante, es
obvio el interés de uno y otro en el procedimiento, creando la duda racional en la
necesaria imparcialidad del testigo.
Descartada por insuficiente dichas pruebas, el núcleo central del recurso se
centra en el valor de la finca puesta en relación con el importe de la deuda, lo
que de alguna forma viene a desvirtuar las propias bases del error en el
consentimiento, al admitir a "sensu contrario", que si el importe de la deuda
hubiera sido equivalente al valor de la finca ninguna objeción cabría reprochar al
contrato de cesión de crédito.
Pues bien, con independencia del actual valor de la finca, es lo cierto que, con
independencia de la denominación que le dieron las partes, pues los contratos
son lo que son, al margen de la denominación atribuida, las partes concluyeron
un contrato de cesión de crédito que contenía una serie de prestaciones
recíprocas, correspondiendo al cesionario el pago del precio pactado y al
cedente, la subrogación en las acciones que tuviera contra el deudor.
Como es sabido, la cesión de créditos puede hacerse válidamente sin
conocimiento previo del deudor y aún contra su voluntad, sin que la notificación a
éste tenga otro alcance que el obligarle con el nuevo acreedor, no reputándose
pago legítimo desde aquél momento el hecho a favor del cedente (SSTS 11 enero
1983, 27 septiembre 1991, 19 febrero 1993), el consentimiento del cedido no es
requisito que afecte a la existencia de la cuestión y sólo es necesario para que
sea eficaz (STS 13 junio 1997), el consentimiento del cedido no afecta a la
existencia de la cesión y que su puesta en conocimiento sólo tiene por finalidad
impedir la liberación por el pago al cedente (SSTS de 1-10-01, 19-2 y 26-3-04).
La cesión de crédito, como sustitución de la persona del acreedor por otra
respecto al mismo crédito, supone un cambio de acreedor quedando el nuevo con
el mismo derecho que el anterior, permaneciendo incólume la relación
obligatoria, como han destacado las SSTS de 15 de noviembre de 1990 y 22 de
febrero de 1994 . Siendo factible que se puedan oponer al cesionario las mismas
excepciones que el deudor tenía frente al cedente por cuanto que la cesión es
por esencia una novación subjetiva por cambio de acreedor que mantiene
idéntica la obligación, de ahí que la misma no pueda causar perjuicio alguno al
deudor.
En el presente caso entendemos que, como razona la Juez de instancia, estamos
en presencia de un contrato de cesión de crédito, en el que interviene incluso el
deudor, - aunque no era necesario- , fue firmado por las tres partes
intervinientes, y su objeto no era otro que ceder la actora al demandado el
crédito que tenía reconocido judicialmente frente a su hijo, y en pago del mismo,
entregó la posesión y la propiedad de la finca rústica descrita en el mismo
contrato, a la que se le puso un precio idéntico al importe del crédito, según la
estipulación segunda, de suerte que si el demandado, como propietario de la
finca, hubiera estimado que su valor era superior al importe del crédito, bien
pudo haber abonado el crédito que adquiría de otra forma o poniendo a la finca
otro valor, pero no es válido, que después de fijar un valor diga que incurrió en
error en el consentimiento, pues insistimos, dicha excepción está huérfana de
toda prueba, como también lo está el engaño atribuido al Letrado de la parte
actora, sin necesidad de mayores comentarios, pues se trata de una opinión
absolutamente gratuita.
OCTAVO.- La juzgadora de instancia ha interpretado el contrato acertadamente,
siendo totalmente verosímil la causa del mismo, desde el momento que el
demandado admite que la actora ostentaba una crédito frente a su hijo,
reconocido judicialmente, al que no podía hacer frente, y para evitar la ejecución
adquirió dicho crédito del acreedor, abonando el importe del mismo mediante la
entrega de la posesión y propiedad de la finca rústica descrita con todo detalle en
el contrato de cesión.
En consecuencia, procede desestimar el motivo relativo al error en el
consentimiento, al no haberse acreditado el mismo.
Abunda el apelante en la nulidad del contrato por abuso de derecho y mala fe en
la parte actora, más como siguiendo la doctrina expuesta, en la sentencia del
Tribunal Supremo de 18 de noviembre de 2003 , son elementos esenciales que,
han de concurrir para la apreciación del abuso de derecho, los siguientes: a) Uso
de un derecho objetivo o externamente legal. b) Daño a un interés no protegido
por una específica prerrogativa jurídica. c) La inmoralidad o la antisocialidad de
este daño, manifestada en forma subjetiva, cuando el derecho se actúa con
intención de perjudicar o sin un fin serio y legítimo, o bajo forma objetiva, cuando
el daño proviene de causa de anormalidad en el ejercicio del derecho (entre
otras, SSTS de 3 de noviembre de 1992, 5 y 15 de marzo de 1996 y 4 de julio de
1997).
Además, el abuso del derecho ha de quedar claramente manifestado, tanto por la
convergencia de circunstancias subjetivas e intencionales de perjudicar o falta de
interés serio y legítimo, como de las objetivas de producción de un perjuicio
injustificado (aparte de otras, SSTS de 11 de mayo de 1991, 5 de abril de 1993, 2
de diciembre de 1994, 13 de febrero y 19 de octubre de 1996).
En el supuesto examinado, quedando patente el crédito que la parte actora tenía
contra el hijo del demandado, así como la imposibilidad de éste de hacer frente al
mismo, en absoluto puede hablarse de abuso de derecho, pues su actuación tuvo
un fin legítimo garantizándose el cobro del mismo mediante la cesión al
demandado, recibiendo en contraprestación la finca rústica ofrecida por el
cesionario.
Con los mismos argumentos debe rechazarse la mala fe que se le atribuye, pues
tampoco existe dato o indicio sobre la misma.
En conclusión, el primer motivo se desestima.
NOVENO.- De forma subsidiaria al anterior motivo, se alega que en el contrato
de cesión del crédito, se acordó en la estipulación tercera "que todos los gastos e
impuestos que se generen o devenguen serán abonados por las partes según
Ley, y sin embargo, en la demanda se solicita que se otorgue la escritura pública
de transmisión a costa del demandado, y ello es contrario a lo estipulado, por lo
que, al menos se deberá revocar la sentencia, para que en el otorgamiento de la
escritura pública cada parte abone los gastos de la transmisión conforme a ley, y
no a costa del demandado.
Ciertamente, examinada la cláusula citada es cierto el contenido de la misma,
pero aún así, se ha de rechazar éste motivo por constituir una alegación ex novo
en esta alzada; pues examinado el escrito de contestación y de reconvención, en
ningún momento dicha cuestión fue planteada en la instancia, alegado por
primera vez en esta alzada esta cuestión, y por ello, no puede atenderse ahora
dicha argumentación, extemporáneamente esgrimida, cuya alegación en el
recurso infringe el principio "pendente apellatione nihil innovetur" y lo dispuesto
en el Art. 456.1 LEC, Una posición contraria atacaría el principio procesal de
prohibición de la "mutatio libelli" (STS. 25 de septiembre de 1999), dado que en
nuestro ordenamiento las alegaciones de las partes en la instancia conforman el
objeto procesal, y ello impide que se puedan alegar luego pretensiones
modificativas.
Según el principio procesal "perpetuatio iurisdictionis", se refiere no sólo a las
circunstancias que determinan la competencia de un órgano jurisdiccional al
tiempo de constituirse la relación jurídico procesal, sino también el objeto del
proceso, en cuanto ha de negársele eficacia a las variaciones que después de
iniciado el procedimiento introduzcan las partes sobre el estado de los hechos,
personas o cosas contemplados en la demanda y contestación conforme al
principio "ut lite pendente nihil innovetur". Tal y como tiene declarado el Tribunal
Supremo, entre otras, en sentencias de 19 de diciembre de 1983 y 3 de
diciembre de 1990 , el principio de preclusión vigente en nuestro ordenamiento,
exige que cada acto o actividad procesal se realice dentro de la fase o periodo
que tenga asignado, en consecuencia, como norma general, vencido el periodo o
etapa dentro del cual debió ejecutarse, precluye o se pierde la oportunidad de
llevarse a efecto con posterioridad, principio de preclusión dirigido a ordenar las
actuaciones que se producen en el proceso y que veda considerar cuestiones
suscitadas fuera del momento y cauce procesal oportunos que no pueden tener,
por ello, acceso al procedimiento.
La segunda instancia no es un nuevo proceso, las partes ni pueden pretender que
se reproduzcan ni siquiera parcialmente aquellas actividades de alegación y
prueba que son propias de la primera instancia, ni --menos aún-- articular
pretensiones nuevas o efectuar alegaciones no formuladas oportunamente en
aquélla, como de forma reiterada tiene declarado esta Sala, y la jurisprudencia
del Tribunal Supremo, como las sentencias de 28 de noviembre y 2 de diciembre
de 1983, 6 de marzo de 1984, 20 de mayo y 7 de julio de 1986, y 19 de julio de
1989 .
El recurso de apelación aunque permite al Tribunal de segundo grado conocer en
su integridad del proceso, no constituye un nuevo juicio ni autoriza a resolver
problemas o cuestiones distintas de los planteados en la primera instancia, dado
que a ello se opone el principio general de derecho "pendente apellatione, nihil
innovetur". S.T.S. de 9 de junio de 1997 .
La función propia del recurso de apelación es permitir que un segundo órgano
jurisdiccional reexamine las peticiones deducidas y los pronunciamientos
dictados en primer grado, a la luz de las justificaciones y pruebas practicadas en
él. La Ley sitúa al órgano de la apelación en una situación análoga a la en que se
encontraba el de primera instancia al tiempo de resolver, manteniéndose, como
tal segunda instancia, con efectos preclusivos respecto de la primera.
La cuestión del abono de los gastos derivados del otorgamiento de la escritura
pública no se planteó en la instancia, y se suscita ahora en el recurso de forma
absolutamente novedosa, no planteada ni controvertida en la fase de
alegaciones, resultando por ello inadmisible por su planteamiento extemporáneo.
Es más, si el demandado hubiera cumplido voluntariamente las obligaciones
asumidas en el contrato de cesión del crédito, a buen seguro se hubiera cumplido
lo estipulado sobre el abono de los gastos, y como no lo hiciera, ha obligado a la
parte actora a reclamar judicialmente el cumplimiento del contrato.
En conclusión, procede desestimar el recurso y confirmar la sentencia de
instancia.
DECIMO.- De conformidad con el Art. 398 en relación con el Art. 394, ambos LEC
, las costas de esta alzada se imponen a la parte apelante al ser desestimadas
sus pretensiones.
VISTOS los artículos citados y demás de general y pertinente aplicación en
nombre de S.M. EL REY y por la Autoridad que nos confiere la Constitución
Española, pronunciamos el siguiente:
FALLO
Se desestima el recurso de apelación interpuesto por la representación procesal
de DON Victor Manuel contra la sentencia núm. 185/06 de fecha 26 de
septiembre dictada por el Juzgado de Primera Instancia núm. 1 de Trujillo en
autos número 342/05 , de los que este rollo dimana, y en su virtud,
CONFIRMAMOS expresada resolución; con imposición de costas a la parte
apelante.
Notifíquese la presente resolución a las partes personadas en esta alzada, y
respecto de la parte apelante, que no ha comparecido, se notificará a través de
su representación procesal en la instancia.
En su momento, devuélvanse las actuaciones al Juzgado de procedencia, con
testimonio de la presente Resolución para ejecución y cumplimiento, interesando
acuse de recibo a efectos de archivo del Rollo de Sala.
Así por esta nuestra sentencia definitivamente juzgando lo pronunciamos,
mandamos y firmamos.
PUBLICACIÓN.- Dada, leída y publicada la anterior sentencia por el Ilmo. Sr.
Magistrado Ponente que la autoriza, estando el Tribunal celebrando audiencia
pública en el mismo día de su fecha, con mi asistencia, como Secretaria.
Certifico.
DILIGENCIA.-
seguidamente se deduce testimonio de la anterior sentencia para el rollo de Sala.
Certifico.