Katari y Amaru: Rebeliones Indígenas en Bolivia
Katari y Amaru: Rebeliones Indígenas en Bolivia
RUPTURA RADICAL
CON EL PODER
COLONIAL
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1. TOMÁS KATARI
1.1 Biografía
1.2 Rebelión
A mediados de 1777, Tomás Katari presentó una querella legal contra el español Blas
Bernal por haberle usurpado el cargo de kurajkaj (“curaca”, cacique) legítimo por derecho
de herencia y amparado por la legislación colonial. Tomás Katari se presentó ante la
Audiencia de Potosí denunciando con fundamentos que Blas Bernal, al recaudar los
impuestos en su comunidad, cometía robos en perjuicio de la Real Hacienda, operando
mediante dos padrones o listas de recaudación, con una diferencia de 487 pesos y 4 reales
entre cada padrón, entregando a las autoridades de la Real Hacienda el que causaba menor
recaudación.
El 18 de febrero de 1778, la Audiencia consideró que la denuncia presentada por Katari e
Isidro Achu estaba suficientemente comprobada y recomendó que se les encargara
nuevamente a ambos la cobranza de los impuestos. El 13 de marzo de 1778, habiendo
recibido el despacho de la audiencia, Nicolás Ursainqui ―corregidor de Chayanta― mandó
a Katari y Achu a presentar lo recaudado, pero cuando ellos se presentaron en Chayanta, ya
el nuevo corregidor era Joaquín de Alós, amigo de Blas Bernal. Ambos indígenas fueron
encarcelados. El 27 de marzo de 1778, Alós atendió los repetidos reclamos de los
seguidores de Katari y ordenó liberar a Katari y a Achu, para apaciguar los ánimos.
Desde el 17 de julio de 1778, la Audiencia de Charcas dejó de pertenecer al virreinato del
Perú y pasó a ser jurisdicción del recientemente creado virreinato del Río de La Plata, con
sede capital en la ciudad de Buenos Aires. Los líderes indígenas de las 365 comunidades
potosinas realizaron dos grandes reuniones, en Pocoata y en Macha, en las cuales
estuvieron presentes los tres hermanos Katari. Los 365 cabildantes decidieron que Tomás
Katari ―debido a su ejemplar conducta y a otras muchas cualidades que tenía― debía ir a
Buenos Aires para entrevistarse con el nuevo virrey.
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Katari partió con Tomás Achu (hijo de su compañero Isidro Achu). Como eran «indios» les
estaba prohibido montar a caballo, bajo pena en galeras, azotes públicos y privados, multas
y hasta la muerte (cuando una persona blanca necesitaba que uno de sus esclavos montara a
caballo, debía tramitarle un permiso expreso del gobernador). Tomás Katari y Tomás Achu
caminaron unos 2300 kilómetros hasta Buenos Aires. Durante el viaje fueron ayudados por
los indígenas de las distintas naciones, ya que no contaban con dinero español para comer y
alojarse. Luego de varios meses de caminata llegaron a Buenos Aires en noviembre de
1778. Se entrevistaron con el virrey Juan José Vértiz (1719-1799), autoridad máxima
del virreinato del Río de la Plata.
El 15 de enero de 1779, el virrey Vértiz dictó un decreto ordenando la investigación de los
hechos denunciados, dirigido a los doctores Luis de Artajona, Juan Bautista de Ormachea y
Diego de la Calancha (oidores de la Real Audiencia de Charcas) para que administraran
justicia. No quiso pronunciarse en el asunto de la usurpación del cargo de Tomás Katari, ni
del robo de impuestos, porque Katari carecía de los despachos de los oficiales reales y de la
Audiencia que lo probaban, ya que el corregidor Alós, se los habían arrebatado.
Cuando Tomás Katari y Tomás Achu regresaron a su región, fueron encarcelados. El 15 de
abril de 1779, el fiscal de la Audiencia de Charcas se expidió, diciendo que para ordenar la
investigación que mandó el virrey hacían falta los despachos que Katari no poseía. Cuatro
meses después, el 19 de abril de 1779, la Audiencia se dirigió al corregidor Joaquín de
Alós, pidiéndole el envío de estos despachos. A principios de mayo de 1779, Tomás Katari
consultó con los jamautas (‘varones sabios’) y las mamakonas (‘mujeres sabias’) quienes le
aconsejaron que comenzara a cumplir la función que le había sido arrebatada, aunque no
había recibido todavía la confirmación oficial de las autoridades españolas, Katari ordenó
que las asambleas comunitarias de toda la región eligieran a sus autoridades ―como en los
tiempos incaicos―, «defensores y protectores de los desvalidos indios tributarios,
miserables, indefensos que otros individuos les beben sangre».
Inmediatamente fue apresado por los soldados en Torocarí y conducido a la comunidad de
Aullagas, donde fue liberado a la fuerza por una multitud de indígenas armados con palos.
La Audiencia de Charcas lo acusó de hablar mal acerca de la mita, cuando 800 quechuas
amarrados esperaban su turno en la aldea de Ocurrí. En Charcas fue apresado por segunda
vez y juzgado. El 12 de diciembre de 1779 expuso sus argumentos. El 8 de enero de 1780
fue trasladado desde la prisión de Charcas, pero sus seguidores volvieron a liberarlo. El 10
de junio de 1780 ―confiado en el reconocimiento que había logrado ante el virrey Vértiz―
Katari se presentó en Charcas para defenderse de los cargos que se le imputaban. Fue
apresado e incomunicado. El 23 de julio de 1780, sus seguidores se armaron y movilizaron
en Huancarani, aldea cerca de Poqoqwata, rodearon al corregidor y a su patrulla militar y le
exigieron que liberara a Tomás Katari y a Tupac amaru 2 rebajara los impuestos abusivos.
Con la mediación de dos sacerdotes, el corregidor ordena la liberación y la rebaja en los
impuestos. Confiando en las palabras de los religiosos, los quechuas lo dejan ir.
Los indígenas presentes atacaron a los soldados españoles y los mataron en el lugar. Alós
huyó al galope en un caballo pero fue bajado de un jorahuazo (‘hondazo’) en la cabeza. Los
quechuas canjearon con los españoles la vida del corregidor por la de Tomás Katari. El
corregidor consiguió huir, disfrazado de sacerdote, hasta Tucumán.
La Audiencia de Charcas afirmó públicamente que respetaría la autoridad de Tomás Katari,
pero en secreto ordenó a los españoles que lo capturaran vivo o muerto, y ofreció una
recompensa en dinero. Una patrulla al mando del minero español Manuel Álvarez Villarruel
capturó a Katari ―en uno de sus viajes de inspección por las comunidades indígenas―
cerca de Aullagas. Álvarez Villarruel lo entregó a Juan Antonio Acuña ―justicia mayor de
la provincia de Chayanta―, quien se apresuró a llevarlo hacia La Plata (Chuquisaca, actual
Sucre, a 170 km al este de Macha). Acuña sabía que su patrulla era seguida por los
seguidores de Katari armados. El 15 de enero de 1781, Acuña recibió la orden secreta de
asesinar a Katari (comprobada en documentos posteriores), le ató las manos y lo empujó al
abismo en las escarpadas alturas de la cuesta de Chataquilla, cerca de la comunidad de
Quila Quila (en la provincia de Yamparáez). Isidro Serrano, un español que escribía la
correspondencia de Katari y fue testigo del asesinato, también fue asesinado. Los
seguidores de Katari alcanzan a Acuña y a sus soldados y lo ajusticiaron. También
ejecutaron al minero Álvarez Villarruel.
1.3 Consecuencias
Tomás Katari encabezó un movimiento local contra las autoridades españolas. Al mismo
tiempo, en Cusco, otro movimiento fue liderado ―desde el 4 de noviembre de 1780― por
un descendiente de los reyes incas, Túpac Amaru. El 18 de mayo de 1781, Túpac Amaru
fue ejecutado, junto con su esposa Micaela Bastidas, hijos, parientes y secuaces.
Casi al mismo tiempo del asesinato de Tomás Katari, estalla la masiva rebelión
del aimara Julián Apaza, de origen aimara, que adopta el nombre de Túpac Katari.
La mita fue finalmente abolida en 1791.
1.4 Reconocimientos
Su figura junto a los otros dos caudillos indios: Tupak Amaru y Tupak Katari se han
convertido en un referente del pensamiento indianista del siglo xx iniciado por Fausto
Reinaga.
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En 2008, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires (Argentina) dio el nombre de "Tomás
Katari" a una plazoleta entre las calles Charrúa e Itaquí del barrio de Nueva Pompeya.
En febrero de 2014 el pleno de la Cámara Alta de Bolivia sancionó un proyecto de ley que
declarando héroe y heroína nacional a Tomás Katari y su esposa Kurusa Llawi como un
justo reconocimiento histórico a la valerosa lucha por la libertad de los pueblos indígenas,
oprimidos por las fuerzas invasoras.
2. TÚPAC KATARI
2.1 Biografía
Julián Apaza Nina, más conocido como Túpac Katari, Túpaj Katari, o
simplemente Katari (Pueblo de Ayo Ayo, Corregimiento de La Paz, Virreinato del
Perú, 1750-Corregimiento de La Paz, Virreinato del Río de la Plata, 15 de
noviembre de 1781) fue un caudillo de origen aimara, hijo de un minero en las minas
de Potosí.
Los aimara vieron admirados que dos hermosos y enormes mallkus (cóndor) bajaron a
Sullkawi en Sica Sica, y se posaron en las montañas cercanas, uno de los cóndores
representaba a la Nación aimara y otro a la Nación Quechua. La madre de Tupac Katari,
Marcela Nina, salió con la wawa (su hijo) para mostrarle a la Pachamama, y su padre
Nicolás Apaza señaló a una enorme serpiente que levantaba la cabeza. Admirados pero sin
miedo vieron que la serpiente saludaba al niño, entonces supieron que Julián sería
importante para los pueblos aimara y quechua. Luego de quedar huérfano en su
adolescencia comenzó a servir como ayudante de cura, convirtiéndose en campanero
gracias a su tío Manuel, curaca de una comunidad vecina a Ayo Ayo, llegando a ser
campanero oficial de la iglesia del poblado. Posteriormente trabajó dos años como peón en
la mina de San Cristóbal, de Oruro, al principio como barretero y luego acarreando trozos
de mineral. Allí conoció el sufrimiento de otros indígenas y comenzó a proclamar la
necesidad de rebelarse. Se trasladó a Sica Sica donde trabajó como panadero y donde vio
un hermoso aguayo hecho con la habilidad de los antiguos y cuando preguntó quien lo
había hecho le mostraron a una joven muy bella llamada Bartolina Sisa a la cual amaría
toda su vida y con la cual se casó. En 1772, ya casados, tuvieron el primero de sus cuatro
hijos : tres varones y una niña. Más tarde fue comerciante trajinante minorista hasta La Paz,
estudiando la forma de pensar de los indígenas, mestizos y cholos, observando
especialmente su descontento creciente ante la explotación colonial. Fue apoyado en su
lucha por su esposa, Bartolina Sisa y su hermana menor Gregoria Apaza. Adoptó
el seudónimo de Túpac Katari en homenaje al cacique-Inca rebelde Túpac Amaru II (1738-
1781) que se levantó en Cuzco y Tomás Katari (1740-1781), cacique de Chayanta.
2.2 Fricciones entre aimaras y quechuas
Julián Apaza alias Túpac Katari, como caudillo rebelde de las tropas de la etnia aimara, se
alió parcialmente e hizo frente a la supremacía quechua. Su autoridad se hacía explícita en
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su nombre (Tupac: brillante en quechua; katari: serpiente en aimara). Su rebelión tuvo
características muy particulares y diferencias notables con la de Túpac Amaru II. A pesar de
encontrar cierta resistencia, de la facción quechua tuvo desde el principio el liderazgo sobre
la facción aimara. Diego Cristóbal Túpac Amaru se había disgustado frente a las
pretensiones de este de actuar como virrey de Túpac Amaru II, aunque finalmente fue
aceptado como gobernador, particularmente por sus conocimientos del territorio, sus
contactos personales y su ascendiente sobre la masa indígena. Túpac Katari utilizó a sus
parientes, para que lo ayudaran y ocuparan los puestos directivos. De igual forma utilizó el
sistema de colaboración mutua entre parientes, y los vínculos creados por el compadrazgo.
El líder utilizó su experiencia como trajinante de coca y bayetas, para organizar junto a sus
parientes un comercio clandestino de coca y vino, cuyas ganancias fueron empleadas para
financiar el movimiento rebelde y abastecer las tropas del Alto Perú. Sus conexiones
familiares sirvieron tanto para reclutar tropas como para organizar el apoyo económico del
movimiento, de igual manera que lo hizo Túpac Amaru II con sus parientes arrieros. Un
elemento diferencial importante derivado de las diferentes posiciones sociales de ambos
líderes, fue que si Túpac Amaru II ejerció un control vertical sobre su movimiento a través
de su política de cambiar caciques y alcaldes indígenas en las provincias que llegó a
controlar, Túpac Katari no pudo imponer verticalmente su autoridad, dejando que los
caciques fueran propuestos por las comunidades indígenas
Tal diferencia se debería a que Túpac Amaru II era parcialmente reconocido como
integrante de la nobleza indígena y tenía la posibilidad de pedir apoyo económico y político
a los caciques vecinos, mientras que Túpac Katari carecía de ese privilegio, necesitando
recurrir a las comunidades locales para garantizar el control de la rebelión aimara. Ello
también explicaría la violenta reacción de Túpac Katari frente a los privilegios y la
colaboración con los españoles de algunos caciques, llegando a ejecutar a alguno de ellos.
Otra diferencia fue la de que, si en la fase quechua los criollos participaron como armeros,
escribanos y asesores, en la fase aimara su peso social disminuyó notablemente en número
e importancia, siendo casi inexistente. Ni Túpac Katari, ni Miguel Bastidas, hermano de
la esposa de Túpac Amaru, sabían leer ni escribir, y sus escribanos o amanuenses fueron
generalmente mestizos. El alejamiento de los criollos del movimiento rebelde se debió
particularmente al aumento creciente de la violencia, y a los reiterados ataques de parte de
los indígenas a los intereses económicos y privilegios que poseían aquellos en haciendas,
minas y obrajes. Como indígena puro, Túpac Katari desarrolló una política mucho más
radical respecto a los criollos, considerándolos blancos y prescindiendo de su apoyo en
el Alto Perú.
Sin embargo, fue capaz de establecer alianzas con mestizos, mulatos y negros, quienes
participaron en su ejército. Además, en las tropas aymaras surgió un fuerte sentimiento
antiespañol y anticriollo, por lo tanto antiblanco, dando lugar a una auténtica limpieza
étnica, intentando incluso abandonar toda costumbre europea, regresando a las pautas
indígenas precolombinas. Julián Apaza aprovechó las condiciones que se dieron en el Alto
Perú con la sublevación de los Katari, cuando el día 13 de marzo los paceños se vieron
forzados a defender su amada ciudad ante el asalto de los indígenas, que al no poder tomar
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la ciudad la sitiaron. Julián Apaza con el nombre de guerra de Túpac Katari levantó una
gran tienda de lona en la Ceja de El Alto, que era visible desde el valle de Chuquiapu.
Donde le proclamaron y firmó como Inca Rey de los Aymaras y lanzó una proclama que
decía: Así lo declaró el 19 de marzo de 1781, un cañari que convocó a todos los indios del
común de Tiquina en nombre de Túpac Katari.
Durante marzo de 1781, las fuerzas quechuas de Azángaro cooperaron con las fuerzas
aimaras de Chucuito para expulsar a los españoles de Puno, aunque los tupamaristas
comenzaron a enfrentarse a los cataristas, más populares y radicales. Y en los meses que
siguieron a la captura y ejecución de José Gabriel Túpac Amaru, pudo observarse escasa
cooperación entre quechuas y aimaras, rivalizando ambas facciones por dominar el Alto
Perú. Durante el segundo sitio de La Paz, los indios de Carabaya lucharon al lado de los
quechuas, mientras que los de Pacajes lo hacían con los aimaras. Orellana comunicó a las
autoridades de Arequipa que las fuerzas rebeldes se hallaban profundamente divididas,
reconociendo como su rey a Túpac Amaru II o a Túpac Katari, nunca a ambos
conjuntamente. Durante el sitio de Puno, los comandantes tupamaristas Andrés Quispe y
Juan de Dios Mullpuraca pusieron en claro que sólo aceptaban órdenes de Diego Cristóbal
Túpac Amaru e inicialmente no apoyaron las demandas aimaras para la abolición
del tributo y la mita. Cuando se convirtió en jefe de la rebelión, la situación se agravó al
empeñarse en que las fuerzas aimaras izaran su bandera y sólo permitir a Túpac Katari
ocupar un cargo de tercer nivel, aunque tuvo la prudencia de reconocer la autonomía de las
provincias aimaras. Por eso, cuando en agosto los tupamaristas se unieron al sitio de La
Paz, bajo el mando de Andrés Túpac Amaru y Miguel Bastidas, las diferencias se hicieron
palpables con la separación de los acantonamientos militares; lo que también recordaba que
la organización catarista estaba gobernada por representantes de los 24 cabildos indígenas
de La Paz, mientras que los tupamaristas estaban bajo el mando de élites indígenas y
de ladinos. Durante los meses que precedieron a la llegada del coronel José de
Reseguín desde Buenos Aires, ambos bandos apenas mantuvieron relación entre sí, entre
otras razones, porque -según los historiadores- Túpac Katari se había vuelto irracional y
caprichoso al entregarse con asiduidad a la bebida, consultando oráculos sobre el futuro y
mandando ejecutar a quien no pudiera demostrar que era aimara, usurpándole sus tierras.
2.3 Rebelión
Como parte del levantamiento, Túpac Katari formó un ejército de cuarenta mil hombres y
cercó dos veces por un tiempo, en 1781 la ciudad española de La Paz, pero los dos intentos
terminaron en fracaso por maniobras políticas y militares de los españoles, así como
alianzas con líderes indígenas contrarios a Túpac Katari. Finalmente todos los cabecillas de
la rebelión fueron apresados y ejecutados, incluida su esposa, Bartolina Sisa, y su
hermana, Gregoria Apaza.
Este levantamiento indígena de finales del siglo xviii fue el más extenso geográficamente y
con mayor apoyo. Los virreinatos afectados necesitaron dos años para sofocarlo.
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Los rebeldes asediaron la ciudad de La Paz desde el 13 de marzo de 1781 durante ciento
nueve días sin éxito, debido a la resistencia y al apoyo de tropas mandadas desde Buenos
Aires. En ese contexto el virrey Agustín de Jáuregui aprovechó la baja moral de los
rebeldes para ofrecer amnistía a los que se rindieran, lo cual dio muchos frutos, incluyendo
algunos líderes del movimiento. Túpac Katari, que no había aceptado la amnistía y se
dirigió a Achacachi para reorganizar sus fuerzas dispersas, fue traicionado por algunos de
sus seguidores y apresado por los españoles en la noche del 9 de noviembre de 1781.
Durante el segundo cerco se unió a los rebeldes túpackataristas, Andrés Túpac Amaru,
sobrino de Túpac Amaru II y vinculado sentimentalmente a Gregoria Apaza, hermana
menor de Túpac Katari.
Como recompensa moral de los esfuerzos y sacrificios que tuvieron que soportar los
españoles de la ciudad de La Paz, por cédula real del 20 de mayo de 1784, a la ciudad de La
Paz le fue otorgada el título de "noble, valerosa y fiel" (fiel al rey de España, se entiende).
2.4 Muerte y continuación de la lucha
En el Alto Perú, un traidor entregó a los españoles en Chayanta al cacique sublevado Tomás
Katari, pero cuando lo conducían a La Plata para ser juzgado lo arrojaron por un barranco y
lo mataron. Como venganza por el asesinato de su cacique, la sublevación se extendió aún
más ese mismo mes de diciembre y otro miembro de la familia, Dámaso Katari, llevó a
cabo una matanza de mineros y españoles en la zona, y se dirigió con miles de aimaras a
sitiar de nuevo la ciudad de La Plata, donde Ignacio Flores, Paula Sanz, también compañero
de la expedición, y otros militares españoles y las milicias de la ciudad, intentaban seguir
resistiendo.
Francisco Tadeo Diez de Medina, el juez quien lo condenó a morir descuartizado, en su
sentencia dijo:
"Ni al rey ni al estado conviene, quede semilla, o raza de éste o de todo Tupaj Amaru y
Tupaj Katari por el mucho ruido e impresión que este maldito nombre ha hecho en los
naturales... Porque de lo contrario, quedaría un fermento perpetuo..."
Se le atribuye a Tupac Amaru II, antes de morir ejecutado, haber mencionado las frases
célebres:
" A mí solo me matarán..., pero mañana volveré y seré millones"
2.5 Reconocimientos
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retratos de Túpac Katari, Pedro Domingo Murillo y Bartolina Sisa. La muestra pictórica
está ubicada en el denominado "Salón de los Héroes del Bicentenario", en la Casa Rosada.
El primer satélite de telecomunicaciones de Bolivia, cuyo fin es apoyar iniciativas
educativas y mantener la seguridad del Estado, lleva su nombre.
Desde 2019, fue incorporado en el nuevo diseño del billete de 200 Bolivianos.
3. TÚPAC AMARU I
3.1 Biografía
A la muerte de Sayri Túpac, en su testamento, Túpac Amaru fue proclamado su sucesor, sin
embargo, Titu Cusi Yupanqui se proclamó sucesor y encerró a Túpac Amaru en la casa de
las Vírgenes del Sol y lo apodó "bobo". Túpac Amaru asumió como inca de
Vilcabamba tras la muerte de su medio hermano el Uari inca Titu Cusi Yupanqui en 1570.
Los incas creían que Titu Cusi se había visto forzado a admitir a los
sacerdotes misioneros en Vilcabamba y que estos lo habían envenenado. Los españoles,
quienes todavía no estaban advertidos de la muerte del anterior Uari inca, enviaron
rutinariamente dos embajadores para continuar con las negociaciones en curso. El último de
ellos fue el conquistador Atilano de Anaya quien, tras cruzar el puente de Chuquisaca, fue
capturado y ejecutado junto con su escolta por el general inca Curi Paucar.[1]Al ser
confirmada esta noticia por el cura de Amaybamba, el nuevo virrey del Perú, Francisco
Álvarez de Toledo, decidió someter por la fuerza al reino de Vilcabamba apelando a la
justificación de que los incas habían roto «la inviolable ley de todas las naciones del
mundo: el respeto a los embajadores».
3.3 La guerra final contra España
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El virrey Toledo encargó el mando de la expedición militar
al encomendero y regidor Martín Hurtado de Arbieto; como maestre de campo fue
designado Juan Álvarez Maldonado; y, como alférez real y secretario, Pedro Sarmiento de
Gamboa. Las poderosas tropas de Hurtado estaban conformadas por varias piezas
de artillería, 250 soldados españoles y 2500 nativos aliados, entre los cuales figuraban
1000 cañaris, enemigos mortales de la panaca de los incas rebeldes.
Para la defensa de Vilcabamba, el inca Túpac Amaru contaba con aproximadamente 2000
soldados, de los cuales 600 o 700 eran guerreros anti (llamados chunchos por los incas del
Cuzco), de quienes el fallecido Titu Cusi solía decir a los emisarios españoles, fingida o
realmente, que aún practicaban el canibalismo. Entre sus generales figuraban Hualpa
Yupanqui, Parinango, Curi Paucar y Coya Topa.
Para atacar el baluarte inca, Hurtado de Arbieto dividió a su ejército en dos grupos, el
primero de ellos bajo su mando directo atacaría por Chuquichaca mientras que la segunda
columna, al mando de Arias de Sotelo, lo haría por Curahuasi. Se libraron gran cantidad de
escaramuzas, pero la única gran batalla de la campaña tuvo lugar en Choquelluca, a orillas
del río Vilcabamba. Los incas atacaron primero con mucho espíritu a pesar de estar solo
ligeramente armados, pero los españoles y sus aliados indígenas lograron resistirlos;
según Martín García Óñez de Loyola, los españoles llegaron a estar en un momento crítico
a punto de ser arrollados por los guerreros incas, pero súbitamente estos abandonaron el
combate tras ser arcabuceados y muertos sus generales Maras Inga y Parinango. Un
momento cumbre del combate se alcanzó con la pelea personal y a mano limpia entre el
capitán inca Huallpa y el español García de Loyola, cuando el comandante español se
hallaba en una situación desesperada por haber recibido varios golpes directos y
encontrarse en riesgo de ser desabarrancado, uno de sus leales disparó sobre la espalda del
inca, matándolo y provocando un clima de indignación que reavivó el combate.
Tras esta batalla los españoles capturaron la ciudad y el palacio de Vitcos. Al acercarse la
expedición a la ciudadela de Tumichaca, fueron recibidos por su comandante Puma Inga,
quien rindió sus fuerzas y manifestó que la muerte del embajador español Atilano de Anaya
había sido responsabilidad de Curi Paucar y otros capitanes rebeldes a sus incas deseosos
de la paz. El 23 de junio cayó ante la artillería española el último foco de resistencia inca, el
fuerte de Huayna Pucará, que los nativos habían construido recientemente y se encontraba
defendido por 500 chunchos flecheros. Los restos del ejército inca, ahora en retirada,
optaron por abandonar Vilcabamba, su última ciudad, y dirigirse a la selva para
reagruparse.
Clavó el estandarte en la tierra y realizó las salvas de ordenanza.
Acompañado de los suyos, Túpac Amaru se había marchado el día anterior con dirección al
oeste, dentro de los bosques de las tierras bajas. El grupo, que incluía a sus generales y a los
miembros de su familia, se había dividido en pequeñas partidas en un intento de evadir la
persecución.
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Grupos de soldados españoles y sus indios auxiliares fueron enviados para cazarlos
trenzándose en sangrientas escaramuzas con la escolta del inca. Uno capturó a la esposa e
hijo de Wayna Cusi. El segundo regresó. El tercero regresó también; lo hizo con dos
hermanos de Túpac Amaru, otros parientes y sus generales. El Uari inca y su comandante
permanecieron sueltos.
Captura de Túpac Amaru I: A continuación, un grupo de cuarenta soldados
elegidos personalmente salieron en persecución del inca. Siguieron el río Masahuay
durante 170 millas, donde encontraron un almacén inca con cantidades de oro
y vajilla de los incas. Los españoles capturaron un grupo de chunchos y los
obligaron a informarles de los movimientos incas, y si habían visto al Uari inca.
Estos informaron que se había ido río abajo, en bote, por lo que los españoles
construyeron 20 balsas y continuaron la persecución.
Río abajo descubrieron que Túpac Amaru había escapado por tierra. Continuaron con la
ayuda de los aparis, los cuales avisaron qué ruta habían seguido los incas e informaron que
Túpac se veía ralentizado debido a que su mujer estaba a punto de dar a luz. Después de
una marcha de 50 millas vieron una fogata alrededor de las nueve de la noche.
[cita requerida] Encontraron al uari inca Túpac Amaru y a su mujer calentándose entre sí.
Les aseguraron que no se les produciría ningún daño y asegurarían su rendición. Túpac
Amaru fue apresado.
Los cautivos fueron traídos de regreso a las ruinas de Urcos y, desde allí, llegaron al Cuzco
por el arco de Carmen ca el 30 de noviembre. Los vencedores también trajeron los restos
momificados de Manco Cápac y Titu Cusi Yupanqui, y una estatua de oro de Punchao, la
más preciada reliquia del linaje inca que contenía los restos mortales de los corazones de
los incas fallecidos. Estos objetos sagrados fueron luego destruidos.
Tupac Amaru fue conducido por su captor, García de Loyola, ante el virrey Francisco de
Toledo, quien ordenó su reclusión en la fortaleza de Sacsayhuamán bajo la alcaidía de su
tío, Luis de Toledo.[6] Refiere Guamán Poma que pesó mucho en el animo de Toledo que
habiéndole mandado llamar, Amaru le contestó.
Los españoles hicieron varios intentos para convertir a Túpac Amaru al cristianismo pero se
cree que estos esfuerzos fueron rechazados por un hombre muy fuerte, que estaba
convencido de su fe. Los cinco generales incas capturados recibieron un juicio sumario en
el que nada fue dicho en su defensa y fueron sentenciados a la horca, aunque varios no
pudieron ser ejecutados porque la peste la llamada -chapetonada- atacó a todos en prisión
imposibilitándolos de caminar, tuvieron que sacarlos agónicos y en mantas de la celda,
muriendo tres en el trayecto y solo dos, Cusi Paúcar y Ayarca, llegaron al patíbulo.
El juicio del Uari inca comenzó un par de días más tarde. Túpac Amaru fue condenado por
el asesinato de los sacerdotes en Urcos, de lo cual fue probablemente inocente. Fue
sentenciado a la decapitación. Numerosos clérigos, convencidos de la inocencia de Túpac
Amaru, suplicaron de rodillas al virrey que el líder inca fuera enviado a España para ser
juzgado en vez de ser ejecutado.
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Ejecución de Tupac Amaru I: Un testigo ocular del día de la ejecución, el 24 de
septiembre de 1572, lo recordaba montado en una mula con las manos atadas a su
espalda y una soga alrededor del cuello. Otros testigos dijeron que había grandes
masas de personas y que el Uari inca salió de Sacsayhuamán rodeado por entre
500 cañaris, enemigos de los incas, armados con lanzas y la comitiva bajó a la
ciudad. Frente a la catedral, en la plaza central de Cuzco, un patíbulo había sido
erigido. Había más de 300 000 personas presentes en las dos plazas, calles ventanas
y tejados.
Refiere Garcilaso que el Inca alzó el brazo derecho con la mano abierta y la puso en el
oído, y de allí la bajó poco a poco hasta ponerla sobre el muslo derecho. Con lo cual los
presentes cesaron su grito y vocería, quedando con tanto silencio que «parecía no haber
ánima nacida en toda aquella ciudad».
Los españoles y el Virrey entre ellos, quienes desde una ventana observaban la ejecución de
la sentencia, se admiraron mucho de esta escena. Notando con espanto la obediencia que
los indígenas tenían a su príncipe el Virrey mandó a su criado, Juan de Soto, quien salió a
caballo con un palo en la mano para abrirse paso hasta llegar al cadalso, diciendo allí que se
procediese a ejecutar al Inca. El verdugo, que era un cañari, preparó el alfanje y Túpac
Amaru puso la cabeza en el degolladero «con estoicismo andino».Al momento de la
ejecución rompieron a doblar todas las campanas del Cuzco, incluyendo las de la Catedral.
La cabeza quedó clavada en una picota, pero el cuerpo se llevó a casa de Doña María Cusi
Huarcay, tía del decapitado monarca, enterrándosele al día siguiente en la capilla mayor de
la catedral, asistiendo los vecinos españoles que no creyeron comprometerse con ello ante
el Virrey, y la totalidad de indígenas Nobles, descendientes de los incas.
Algunos historiadores[10] indican que, cuando el virrey Toledo dejó su cargo para regresar
a España, fue recibido por el rey Felipe II con las siguientes palabras:
“Podéis iros a vuestra casa, porque yo os envié a servir reyes, no a matarlos”
aludiendo a la ejecución de Túpac Amaru.
3.4 Descendientes
Cerca de cuarenta años después de que la conquista del Imperio inca hubiese comenzado
con la ejecución de Atahualpa, esta concluyó con la ejecución de su sobrino.
Con el fin de prevenir el resurgimiento del imperio y borrar todo rastro de su descendencia,
la fuente de futuras generaciones reales fue prontamente expulsada por el virrey. Varias
docenas de personas, incluyendo al hijo de tres años de Túpac Amaru, fueron desterradas a
lo que hoy en día son: México, Chile, Panamá y otros lugares distantes. Sin embargo, a
algunos se les permitió finalmente retornar sus lugares de origen.
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Dos siglos después, en 1780, su tataranieto, José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II),
asumiría el título de Inca y lideraría un levantamiento indígena que iniciaría el proceso
de emancipación contra la presencia española en América.
4. TÚPAC AMARU II
4.1 Biografía
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pretendió reclamar el Marquesado de Oropeza. También dominó y usó la lengua
nativa quechua.
Encabezó la mayor rebelión independentista en el Virreinato del Perú. Fue el primero en
pedir la libertad de toda Hispanoamérica de cualquier dependencia, tanto de España como
de su monarca, implicando esto no solo la mera separación política sino la abolición de los
impuestos (mita minera, reparto de mercancías, obrajes), de
los corregimientos, alcabalas y aduanas (14 de noviembre de 1780). Además, decretó
la abolición de la esclavitud negra por primera vez en la misma Hispanoamérica (16 de
noviembre de 1780).
En Perú ha sido reconocido como el fundador de la identidad nacional peruana.[5] Fue
utilizado como una figura capital para el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada del
general Juan Velasco Alvarado (1968-1975), así como por varios movimientos políticos e
incluso por movimientos terroristas como el MRTA y desde entonces ha permanecido en el
imaginario popular.
4.2 Infancia y juventud
José Gabriel Condorcanqui Noguera (en quechua kuntorkanki, “tú eres un Cóndor”) nació
el 19 de marzo de 1738 en la localidad de Surimana, provincia de Canas (Cuzco – Perú).
Fue hijo de Miguel Condorcanqui Usquiconsa y Carmen Rosa Noguera Valenzuela.[10] Su
padre fue curaca de tres pueblos en el distrito de Tinta: Surimana, Pampamarca y
Tungasuca, cargo que heredó José Gabriel.
Durante su infancia vivió en Surimana, pero acompañaba a su padre en sus viajes a lo largo
del distrito y más lejos mientras este cumplía sus deberes como curaca y ejercía su oficio de
mercader. Estas expediciones continuaron cuando José Gabriel se hizo mayor de edad y
asumió el puesto y la profesión de su padre.
Su educación inicial quedó a cargo de los padres López de Sosa y Rodríguez. Por su
condición de indígena noble estudió en el prestigioso colegio San Francisco de Borja del
Cuzco, dirigida por la orden de los jesuitas para los hijos de los curacas. Posteriormente,
estudió en la Universidad de San Marcos. Obtuvo una esmerada educación, habiendo
enviado España a sus mejores profesores al Nuevo Mundo, donde aprendió la doctrina
revolucionaria y antiabsolutista propia de la Escuela de Salamanca, que dice que el
depositario real del poder, que siempre emana de Dios, era el pueblo y no el Rey, y que el
primero tenía derecho a la revolución, incluso al tiranicidio, si el segundo no ejercía el
gobierno del reino en beneficio del pueblo. Dominaba el quechua, castellano y latín,
destacando entre sus lecturas los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, las
Siete Partidas de Alfonso X de Castilla, las Sagradas Escrituras, el drama quechua Apu
Ollantay, así como posterior y clandestinamente textos de Voltaire y Rousseau, en aquella
época censurados.
El 25 de mayo de 1758, contrajo matrimonio con Micaela Bastidas Puyucahua con quien
tuvo tres hijos: Hipólito, Mariano y Fernando (todos apellidados Condorcanqui Bastidas);
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seis años después de su matrimonio fue nombrado curaca de los territorios que le
correspondían por elemental herencia. Condorcanqui fijó su residencia en la ciudad del
Cuzco, desde donde viajaba constantemente para controlar el funcionamiento de sus tierras.
Como curaca, José Gabriel mantenía derechos sobre la tierra. También tenía intereses en la
pequeña minería y campos de coca en Carabaya, al sur, y poseía varias casas y una pequeña
hacienda. Heredó 350 mulas de su padre, las que usaba para trabajar el circuito Cuzco-Alto
Perú, la ruta de comercio que ligaba Lima y Cuzco con las sumamente importantes minas
de Potosí. Las personas lo reverenciaban por su herencia inca y, de acuerdo con muchos,
por sus educadas maneras y su disposición a defender al campesino pobre.
Debido a sus prósperas actividades económicas, empezó a sufrir la presión de las
autoridades españolas quienes lo sometían al pago de prebendas, en especial por presión de
los arrieros que vivían en la región de la cuenca del Río de la Plata, quienes intentaban
tener el monopolio del tránsito de mineral por el Alto Perú.
A finales de la década de 1770, la apertura de Buenos Aires al comercio del Alto Perú acabó
con el monopolio comercial de Lima y significó una mayor competencia para los
productores del Cuzco que vendían sus mercancías en Potosí y tenían que competir con las
de Buenos Aires e, incluso, los de España. Por otro lado, la extendida sobreproducción a lo
largo de los Andes empujó los precios a la baja. Mas aún, en los años 1778 y 1779, un
clima extremadamente frío dañó las cosechas y dificultó los viajes. En 1780, Túpac Amaru,
quien también experimentó esta crisis, tenía considerables recursos pero, del mismo modo,
numerosas deudas. También fue testigo del malestar económico y oyó hablar de él a
diferentes autores, desde mercaderes al borde de la bancarrota hasta comunidades que no
podían solventar la creciente carga fiscal.
Condorcanqui vivía la situación típica de los curacas: tenía que mediar entre el corregidor y
los indígenas a su cargo. Sin embargo, se vio afectado, como el resto de la población, por el
establecimiento de aduanas y el alza de las alcabalas, lo que perjudicó fuertemente su
negocio de mulas que transportaban mercadería entre el Perú y el Río de la Plata. Realizó
reclamos sobre estos temas pidiendo también que los indígenas fueran liberados del trabajo
obligatorio en las minas, reclamos dirigidos por las vías regulares a las autoridades
coloniales en Tinta, Cuzco y después en Lima, obteniendo negativas o indiferencia.
Además, adopta el nombre de Túpac Amaru II, en honor de su antepasado Túpac Amaru I,
el último Inca de Vilcabamba, buscando que se le reconociera su linaje real inca por lo cual
siguió por años un proceso judicial en la Real Audiencia de Lima, por el reconocimiento del
título de marqués de Santiago de Oropesa a la muerte de la última titular María de la
Almudena Enríquez de Cabrera y Almansa en el año 1741.
4.3 Líder de la “Gran rebelión”
Desde un inicio Túpac Amaru II buscó ganarse el apoyo de la iglesia e integrar a indígenas,
criollos, mestizos y libertos negros en un frente anticolonial,[15] pero no pudo evitar que la
masificación del movimiento convirtiera el accionar independentista en una lucha racial
contra españoles y criollos. Durante su máximo apogeo y, especialmente, luego de la
captura y ejecución de Túpac Amaru y su familia, la rebelión se extendió de manera
sumamente violenta, sin toma de prisioneros y con la práctica de asesinar a cualquier
persona que hablase castellano o vistiese a la manera europea; los indígenas que se vestían
con moda española también fueron atacados.[15] Así, la ejecución sistemática de los “puka
kunka” (literalmente cuellos rojos o gringos) convirtió la rebelión en un auténtico baño de
sangre en el que se estima se produjo el asesinato de entre ochenta y cien mil personas.[16]
En el proceso, Tupac Amaru sería excomulgado por la iglesia, por medio del obispo Juan
Manuel Moscoso. En primera instancia el 17 de noviembre de 1780 en base a ser acusado
de Liberal por rebelarse ante la legítima autoridad del rey en base a ideas condenables por
la doctrina católica, posteriormente el 19 de noviembre se adjudicaría el incendio de la
Iglesia de Sangarará en Tungasuca. También se argumento la rebelión era para darle el
poder político a una facción de indios cristianos que querían separarse del control del Papa
en Roma.
Tales excomuniones fueron una noticia muy tormentosa para Tupac Amarú y su
esposa Micaela Bastidas, quienes eran católicos sinceros que se sintieron muy deprimidos y
angustiados por la noticia. Por otro lado, ser condenados por la iglesia fue la causa principal
del fracaso de la rebelión, pues varias masas dejarían de movilizarse y se traspasarían a las
filas realistas.
Captura y ejecución: Tras negarse a tomar el Cuzco sacrificando a los indígenas que los
realistas ubicaban en la vanguardia y ante la llegada de un ejército de 17 000 soldados
desde Lima, Túpac Amaru II ordenó la retirada de su ejército a su base militar en Tinta,
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mientras las fuerzas realistas mandan una expedición punitiva de casi 20 000 soldados en su
contra. Fue en esta campaña en la que, tras ser derrotado en la batalla de Checacupe, Túpac
Amaru II fue traicionado por dos partidarios suyos, el mestizo Francisco Santa Cruz y
el español Ventura Landaeta, y es capturado en Langui el 6 de abril de 1781.
Fue llevado al Cuzco encadenado y montado en una mula, ciudad donde ingresó una
semana después, «con semblante sereno», mientras las campanas de la Catedral repicaban
celebrando su captura. Apresado en la capilla de San Ignacio del convento de la Compañía
de Jesús, fue sucesivamente interrogado y torturado.
Cuando el visitador español José Antonio de Areche, enviado del rey de España, entró
intempestivamente al calabozo para exigirle nombres a cambio de promesas, Túpac
Amaru II le contestó: «Solamente tú y yo somos culpables, tú por oprimir a mi pueblo, y yo
por tratar de libertarlo de semejante tiranía. Ambos merecemos la muerte».
El viernes 18 de mayo de 1781, en un acto público en la Plaza de Armas del Cuzco, se
cumplió la sentencia de Túpac Amaru, sus familiares y principales capitanes quienes fueron
sacados de sus celdas, custodiados por miembros fuertemente armados de la milicia de
mulatos y la de Huamanga, hasta llegar a la plaza donde se habían levantado horcas,
también vigiladas por mulatos armados. Los prisioneros iban vestidos con zurrones, que se
usaban para traer hierba mate del Paraguay, y con las manos y los pies fuertemente atados.
Diego Verdejo; Antonio Oblitas (sirviente negro que participó del ahorcamiento de Arriaga
y posiblemente dibujó un retrato de Túpac Amaru); el hermano de Micaela, Antonio
Bastidas; y Antonio Castelo, fueron las primeras víctimas. Después, fueron ejecutados
Francisco Túpac Amaru (tío de José Gabriel) e Hipólito (hijo mayor de Túpac Amaru
y Micaela Bastidas), a quienes les cortaron la lengua antes de ser ahorcados. A
continuación, fue ejecutada por garrote Tomasa Tito Condemayta, en algún momento
llamada la favorita de Túpac Amaru.
Después, Micaela Bastidas fue llevada a las horcas donde se le intentó cortar la lengua pero
se afirma que los verdugos no lo lograron y solo pudieron hacerlo tras su ejecución
mediante el garrote.
A José Gabriel, al igual que hicieron con varios de sus lugartenientes, con su tío y su hijo
mayor, le cortaron la lengua. Intentaron descuartizarlo vivo, atando cada una de sus
extremidades a caballos para que estos tirasen de aquellas y las arrancaran, pero sus
intentos fracasaron debido a su contextura física.
Frustrado por esos intentos infructuosos, Areche ordenó decapitarlo.
Tras su muerte, el cuerpo de Túpac Amaru fue despedazado; su cabeza fue colocada en una
lanza exhibida en Cuzco y Tinta, sus brazos en Tungasuca y Carabaya, y sus piernas en
Livitaca (actual provincia de Chumbivilcas) y en Santa Rosa (actual provincia de Melgar,
Puno). De igual forma despedazaron los cuerpos de su familia y seguidores, y los enviaron
a otros pueblos y ciudades. Todo ello descrito en el documento español Distribución de los
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cuerpos, o sus partes, de los nueve reos principales de la rebelión, ajusticiados en la plaza
de Cuzco, el 18 de mayo de 1781.
Los científicos que han estudiado este intento de desmembramiento concluyeron que por la
contextura física y resistencia de Túpac Amaru II no hubiera sido posible descuartizarlo de
esa manera, sin embargo probablemente si le dislocaron brazos y piernas junto con la
pelvis. Se teoriza que, aunque hubiera sobrevivido a esta ejecución, hubiera quedado
prácticamente inválido.[cita requerida]
A pesar de la ejecución de Túpac Amaru II y de su familia, el gobierno virreinal no logró
sofocar la rebelión, que continuó acaudillada por su primo, Diego Cristóbal Túpac Amaru,
al tiempo que se extendía por el Alto Perú y la región de Jujuy. Asimismo, se comenzó a
evidenciar contra los criollos mala voluntad de parte de la Corona Española, especialmente
por la Causa de Oruro, y también por la demanda entablada contra Juan José Segovia,
nacido en Lima y el coronel Ignacio Flores, nacido en Quito, quien había ejercido como
presidente de la Real Audiencia de Charcas y había sido Gobernador Intendente de La Plata
(Chuquisaca o Charcas, actual Sucre).
4.4 Descendientes
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a Cádiz, siendo encarcelado en dicha ciudad. Se presume que falleció en España en 1798,
víctima de una orden reservada.
Según el periodista Antonio Vergara Collazos, el noble polaco Sebastián de Berzeviczy se
casó con la noble indígena Umina Atahualpa teniendo una hija llamada Umina de
Berzeviczy Atahualpa, quien contrajo matrimonio con uno de los miembros de la familia de
Túpac Amaru teniendo con él un hijo llamado Antonio Túpac Amaru de Berzeviczy,
sobrino de Túpac Amaru II. Tras la rebelión, Antonio Túpac Amaru de Berzeviczy huyó a
Polonia donde fue adoptado por Waclaw Benesz de Berzeviczy adoptando su apellido. Uno
de los descendientes de Antonio fue Andrzej Benesz, político polaco y veterano en
la Segunda Guerra Mundial.
4.5 Mesianismo de Túpac Amaru II
La rebelión general del Alto y Bajo Perú en 1780, fue encabezada por José Gabriel
Condorcanqui con el objetivo de liberar a sus compatriotas de las pesadas cargas a las que
estaban obligados por las autoridades españolas desde hacía casi tres siglos, aunque
agravadas en la década anterior por las reformas borbónicas: mitas, repartimiento de
efectos, tributos, alcabalas y otros derechos; trabajos en corregimientos y
obrajes; diezmos y primicias eclesiásticas, y la eliminación de las divisiones en castas.
Buscaba la creación de un reino independiente de España, gobernado por una monarquía
hereditaria incaica, a través de la creación de un ejército y una administración propias,
introduciendo una tributación única a todos los súbditos, libertad de comercio y trabajo.
Con las masas, el Inca iba a comunicarse usando un lenguaje simbólico, de raigambre
mesiánica. Ese lenguaje se manifestaba en el uso de instrumentos musicales tradicionales,
en el uso de banderas, insignias y vestimentas incaicas, así como del apelativo Inca, que
poseía implicaciones mesiánicas (vinculadas al mito de Inkarri), por cuanto el Inca no se
mostraba solamente como rey y soberano legítimo, sino también como redentor,
restaurador del mundo, salvador de los indígenas, esperándose de él un comportamiento
milagroso. Se le otorgaban rasgos divinos o prodigiosos.
Al respecto, las palabras de Túpac Amaru II a su compañero de lucha, Bernardo Sucacagua,
afirmando que las personas que murieran siéndole fieles tendrían su recompensa, sugieren
que aquel se veía a sí mismo, en principio, como redentor. El obispo del Cuzco afirmó que
Túpac Amaru II, había persuadido a los indios de que los que muriesen en su servicio
resucitarían al tercer día. Sahuaraura Tito Atauchi afirmó que los indígenas se arrojaban a
pelear en las batallas sin temor y ciegamente, pero aun estando mal heridos no querían
invocar el nombre de Jesús, ni confesarse. Ello se debería a que Túpac Amaru II les había
dicho que el que no dijese Jesús resucitaría al tercer día, y los que lo invocaban, no.
Igualmente se presentaba el modelo peruano, que preveía la resurrección al quinto día.
El sistema de creencias indígenas aceptaba a Túpac Amaru como dios, redentor y liberador
de los oprimidos, vale decir como una figura equivalente a la de Jesucristo. El Inca
reforzaba esta creencia, al afirmar que los españoles habían impedido a los indígenas el
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acceso al dios verdadero, siendo él mismo quien designaría personas que les enseñaran la
verdad.
El mito de Inkarri, al imaginar el regreso de un Inca para enderezar el mundo injusto, era un
símbolo unificador poderoso usado para unificar poblaciones indígenas divididas por la
geografía y las fronteras étnicas. Pero también era un símbolo divisionista, cuando no se
reunían todas las condiciones necesarias para gobernar; tal el caso de José Gabriel
Condorcanqui o Túpac Amaru II, al que muchos nobles incaicos consideraron un
"advenedizo fraudulento", más que un verdadero redentor, aunque él se reivindicara como
descendiente del último Incas de Vilcabamba, Felipe Túpac Amaru, o Túpac Amaru I.
Para la mayoría de los rebeldes peruanos, la fuente de sus creencias acerca del fin de la
dominación española estaba en la concepción que tenían del futuro, por la cual, el Inca que
regresa pone término a la dominación española y devuelve el orden al mundo. Igualmente,
la muerte del Inca implicaba una destrucción del orden, del principio regente del mundo. La
muerte de Túpac Amaru, al ser la muerte de un Inca, era la muerte de un hombre que reunía
la tierra, el cielo y los elementos; era la muerte del hijo del sol.
4.6 Supuesta Feliación Masónica
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Con respecto a como, donde y por quien podría haber sido iniciado en las logias masónicas,
se rumorea que a través de su íntima amistad de José Gabriel Condorcanqui con Miguel
Montiel (noble limeño), quien era un hombre Cosmopolita (viajando no solo por todo el
Virreinato peruano, si no también a Francia y Reino Unido) y con opiniones políticas que
coincidían en muchos aspectos con las ideas de la Ilustración y sus críticas a la Monarquía
Española (creyendo ambos que la mayoría de súbditos, sean indios o mestizos, tenían una
visión idealizada de sus gobernantes españoles "Incas católicos" y errónea de los
funcionarios mediocres del Virreinato por su cultura servil), el burgués Miguel Montiel
podría haber iniciado a Condorcanqui a la Masonería (en 1777) para luchar contra la
ideología católico-monárquica de los limitados e ineficientes españoles, creyendo que
dejarse gobernar por España sólo mancillaba su historia y orgullo Inca, anhelando
restablecer la grandeza incaica y desarrollando un “nacionalismo inca”. Las sospechas se
refuerzan porque Montiel vivió 5 años en Inglaterra y era un ávido lector de
“libros místicos” con tintes heterodoxos y esotéricos (incluyendo reivindicaciones
al paganismo incaico y los misterios de los símbolos andinos contra la ortodoxia católica),
así como por referirse a la familia de Condorcanqui como Incas de herencia sagrada, y que
pronto “se les vería andar en silla de manos”. Sin embargo, no se ha encontrado prueba
empírica de que de que José Gabriel de este evento. Pese a ello, no se descartaría la
posibilidad real de su filiación masónica (o al menos tener contacto directo con ellos), en
tanto que Micaela Bastidas llegó a referirse que, allá en Lima, a “José Gabriel le abrieron
los ojos”, pudiendo referirse a las acciones de Montiel, Mariano de la Barrera y compañía
con ideas políticas producto de las tertulias en casa de Montiel.
4.7 Reconocimiento
La fama de Túpac Amaru II se extendió a tal punto que los indígenas sublevados en los
llanos de Casanare, en la región de Nueva Granada, lo reconocieron como "Rey de
América". Movimientos posteriores invocaron el nombre de Túpac Amaru II para obtener
el apoyo de los indígenas, caso entre otros de Felipe Velasco Túpac Amaru Inca o Felipe
Velasco Túpac Inca Yupanqui, quien pretendió levantarse en Huarochirí (Lima) en 1783. La
rebelión de Túpac Amaru II marcó el inicio de la etapa emancipadora de la historia de Perú.
Esta gran rebelión produce una fuerte influencia sobre la Conspiración de los tres Antonios,
indicios descubiertos en Chile el 1 de enero de 1781, en pleno desarrollo de la insurrección.
Los conspiradores se animaron a actuar gracias a las noticias de los avances de Túpac
Amaru II en el Virreinato del Perú.
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Bustamante, que por las circunstancias se vio en el bando de los defensores del gobierno,
no quiso limitarse a esa lucha de banderías e inició un movimiento de reivindicación social,
poniéndose al frente de sus “ejércitos campesinos”. Se presentó como heredero de los reyes
incas con la misión de restaurar el imperio incaico, para lo cual no había otro camino que
expulsar o exterminar a los blancos. Se dice que adoptó el nombre de Túpac Amaru III.
La insurrección se expandió por Chupa, Putina, Samán, Azángaro y Lampa. El 30 de
diciembre de 1867 Bustamante ocupó la ciudad de Puno. Debido a diferencias con sus
partidarios, no pudo explotar estas ventajas, mientras que las fuerzas del subprefecto de
Azángaro Andrés Recharte, avanzaban en su contra. Bustamante debió retirarse de Puno el
1º de enero, dirigiéndose a Pusi, donde el día 2 fue derrotado y capturado por Recharte.
El 2 de enero de 1868 71 de sus partidarios fueron encerrados en chozas de paja, que fueron
incendiadas a la mañana del día 3 de enero. Bustamante fue obligado a trasladar los cuerpos
a una fosa común y posteriormente conducido a la plaza principal, donde se le colgó de los
pies y apaleó. Finalmente fue decapitado.
6. ANEXOS
24
7. H
8. B
LA LIEBRE Y LA
TORTUGA
25 EL GUAJOJÓ
EL KARI-KARI
WIRA WIRA
MANZANILLA
26
ANÍS
2. BIBLIOGRAFÍA
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amp/
[Link]
se-hizo-ave-mal-aguero
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