EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL – 4° año 2025
MATERIAL TEÓRICO
Dossier I
Módulo I - A
La Ley N.° 26.150, sancionada en octubre de 2006, estableció que todos/as los/as estudiantes del
país tienen derecho a recibir Educación Sexual Integral (ESI) en los establecimientos educativos a
los que concurren, sean estos públicos de gestión estatal o privada, de las jurisdicciones nacional,
provincial. A partir de la sanción de la Ley, el Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba
puso en marcha una serie de acciones y estrategias, con el compromiso de hacer realidad su
implementación en las escuelas de la provincia.
Así, en el año 2007, se conformó una Comisión Inter programática con profesionales
pertenecientes a la actual Subsecretaría de Promoción de Igualdad y Calidad Educativa, con el
propósito de pensar, reflexionar y dinamizar procesos de instalación de la educación sexual
integral en las escuelas.
Posteriormente, con la firma de la Resolución 45/08 del Consejo Federal de Educación, dicho
compromiso se tradujo en asumir la responsabilidad del Estado y transformar la ESI en una Política
Pública, instalando así en el Sistema Educativo de la Provincia de Córdoba la perspectiva de la
Educación Sexual Integral contemplada en la mencionada normativa y en los Lineamientos
Curriculares de la ESI del Ministerio de Educación de nuestra jurisdicción.
En función de dichos acuerdos y para acompañar a los docentes de todos los niveles y
modalidades del Sistema Educativo, el Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba creó, en
el año 2009, el Programa Provincial Educación Sexual Integral.
HABLAR DE SEXUALIDAD...
Durante mucho tiempo, las sociedades y las personas entendimos que hablar de sexualidad era
posible recién en el momento en que las jóvenes y los jóvenes ya dejaban de serlo. Esto era así,
entre otros factores, porque el concepto de sexualidad estaba fuertemente unido al de
genitalidad. Desde esta mirada, la educación sexual en la escuela se daba preferentemente en la
Educación Secundaria -y en particular, durante las clases de Biología- y se priorizaban algunos
temas, como los cambios corporales en la pubertad o la reproducción humana.
Cuestiones vinculadas a la expresión de sentimientos y de afectos, la promoción de valores
relacionados con el amor y la amistad y la reflexión sobre roles y funciones atribuidos a mujeres y
a varones no formaban parte de los contenidos vinculados a la educación sexual.
Con el desarrollo de los conocimientos de diversas disciplinas, y con la definición de los derechos
de la infancia, también fuimos avanzando en otras formas de comprensión de la sexualidad. Así,
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llegamos a una definición más amplia e integral, y hoy podemos pensar desde otro lugar la
enseñanza de los contenidos escolares vinculados a ella.
El concepto de sexualidad que proponemos —en consonancia con la Ley de Educación Sexual
Integral—excede ampliamente la noción de “genitalidad” o de “relación sexual”. Consideramos a
la sexualidad como una de las dimensiones constitutivas de la persona, relevante para su
despliegue y bienestar durante toda la vida, que abarca tanto aspectos biológicos, como
psicológicos, sociales, afectivos y éticos.
Pensar la educación sexual desde esta concepción de sexualidad implica un tipo de educación que
parte del reconocimiento pleno del sujeto, de su cuerpo, de sus sentimientos, de sus experiencias,
condiciones de vida e interacciones como base del trabajo pedagógico ya que busca desarrollar
saberes y habilidades para un cuidado integral, antes que modelar comportamientos.
Así, la Educación Sexual Integral en las escuelas constituye un proceso intencional, constante y
transversal, que instituye un espacio sistemático de enseñanza y aprendizaje que comprende
contenidos de distintas áreas curriculares, adecuados a las edades de niños, niñas y jóvenes,
tendiente a que las/os estudiantes integren saludablemente su dimensión sexual al accionar
cotidiano.
De allí que tanto la Ley 26.150, los Lineamientos Curriculares del Programa Nacional para la
educación sexual integral y el Programa Provincial, sostengan el enfoque integral que considera a
la sexualidad desde sus dimensiones biológicas, socio-históricas, culturales, psicológicas, afectivas,
espirituales y éticas. Esta concepción incluye las emociones y sentimientos que intervienen en los
modos de vivir, cuidar, disfrutar, vincularse con el otro/a y respetar el propio cuerpo y el cuerpo
de otras personas. Desde esta perspectiva, educar sexualmente demanda un trabajo orientado a
promover aprendizajes en los niveles cognitivo, afectivo y ético, que se traduzcan en prácticas
concretas.
EL SEXO Y LA SEXUALIDAD HUMANA
Refiriéndonos a sexo y sexualidad, con frecuencia confundimos algunos términos, lo que dificulta
el entendimiento y la comprensión de la sexualidad humana. Por ejemplo, es común hablar de
sexo, cuando en realidad se quiere hablar de sexualidad . O hablar de diferencia sexual, cuando en
realidad se quiere hablar de sexismo o desigualdad.
Todas las personas son sexuadas, es decir, tienen un cuerpo sexuado en femenino o en masculino
que les permite pensar, entender, expresar, comunicar, disfrutar, sentir y hacer sentir. El cuerpo
sexuado es, por tanto, el lugar donde la sexualidad reside y se hace posible. La sexualidad está
íntimamente relacionada con el placer, la comunicación y el intercambio afectivo. Es algo que,
según la Organización Mundial de la Salud, “nos motiva a buscar afecto, placer, ternura e
intimidad”.
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El sexo (el cuerpo sexuado) y la sexualidad van unidos; y no son sólo aspectos importantes
de la vida humana, sino que la constituyen desde que nacemos hasta que morimos. La sexualidad
es, por tanto, algo más que una dimensión de la persona; forma parte de lo esencial del ser
humano: es algo que somos. De ahí que favorecer el desarrollo sano y placentero de la sexualidad
sea favorecer el desarrollo integral de una persona.
EL SEXO Y LA DIFERENCIA SEXUAL
El sexo es la primera información que solemos tener sobre una criatura; es algo que nos viene
dado (se nace siendo niño o niña) y que nos acompaña a lo largo de toda la vida. La palabra sexo
hace referencia, por tanto, a la existencia de cuerpos sexuados en masculino y cuerpos sexuados
en femenino. El hecho de vivir en un cuerpo de hombre o en un cuerpo de mujer puede implicar
experiencias variadas y diversas, y puede tener diferentes interpretaciones. Éstas variarán en
función de la cultura, el contexto y la singularidad de cada persona.
La diferencia sexual hace referencia al sentido y el significado que cada cual le da al hecho de
nacer siendo de un sexo o de otro. Vivir este hecho con interpretaciones impuestas o bien como si
el propio cuerpo no tuviera ninguna significación hace casi imposible vivir a gusto en la propia piel.
Esto es así porque dar un sentido libre y singular al sexo que se tiene es una necesidad existencial:
es poder realizar deseos propios y originales sin caricaturizar ni renunciar a aquello que se es (un
hombre o una mujer). El sexismo, por el contrario, es un conjunto de características establecidas
acerca de cómo son o deben ser los hombres y las mujeres y el papel que deben jugar en la
sociedad.
Dar un sentido y significado al propio sexo no es algo que se haga de una vez para siempre, ni en
un momento o momentos determinados de la vida, sino que se va haciendo desde el nacimiento,
a medida que un niño o una niña crecen y viven su vida. La manera en que cada cual desde su
nacimiento va dando significados a su sexo será más libre en la medida en que comprenda que hay
multitud de formas de ser niña y de ser niño (tantas como niñas y niños existen) y no una sola; que
el sexo es algo que nos viene dado y que es para siempre; que un sexo no tiene más valor que el
otro; que la diferencia sexual no es motivo de inquietud y mucho menos de discriminación.
LA SEXUALIDAD INFANTIL
En la infancia, los órganos sexuales están poco desarrollados, la cantidad de hormonas sexuales en
sangre es muy pequeña y las sensaciones de placer no han adquirido aún significados específicos.
En los dos primeros años de vida, el desarrollo corporal y sensitivo de una criatura es
extraordinario, de tal manera que, si no tiene deficiencias o problemas de salud, al finalizar este
periodo, las y los bebés ya disponen de todo lo necesario para controlar la vista, el oído, el gusto,
los sentimientos, el acto de caminar, el equilibrio, el habla, la memoria, el pensamiento y la
destreza de movimiento. La sexualidad infantil existe, aunque en diversos contextos y momentos
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históricos se haya dicho que no. Se desarrolla y expresa fundamentalmente a través de la
curiosidad (observación, manipulación, autodescubrimientos, fisgoneo o preguntas) y el juego
(exploración, imitación e identificación). El sentido y los significados que niñas y niños dan a sus
descubrimientos y juegos sexuales poco tienen que ver con los dados por las personas adultas. Sus
actividades sexuales se basan en motivos diferentes. Por ello, es importante no interpretar las
expresiones de su sexualidad desde nuestra óptica y nuestra experiencia de personas adultas y
atribuirles significados que no tienen.
Son múltiples y de gran trascendencia las cuestiones referidas a la sexualidad que están presentes
desde el nacimiento y en la primera infancia.
Éstas son algunas de ellas:
● El descubrimiento del propio cuerpo y la experimentación de sensaciones a través de la
autoexploración y de los contactos (caricias, besos, abrazos...) con otros cuerpos.
● Las relaciones y los vínculos afectivos con las figuras de apego y los sentimientos hacia ellas.
● La conciencia del propio sexo y de la existencia del otro y de las diferencias entre ambos.
● Las primeras nociones sobre los estereotipos y características asociadas a lo femenino y a lo
masculino.
● La curiosidad por el cuerpo adulto (masculino y femenino) y por el de otros niños y niñas.
● El interés por el propio origen, la reproducción y las relaciones sexuales y amorosas entre
personas adultas
Si se acepta que la sexualidad es algo que somos y que nos constituye como seres humanos,
entonces es fácil aceptar que la educación sexual es fundamental y básica para el desarrollo de
una niña o un niño.
Entonces… ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de sexualidad?
A menudo existe cierta confusión respecto a la diferencia conceptual entre sexo y sexualidad, lo
que se manifiesta en la tendencia a considerarlos como sinónimos. El término sexo se refiere
específicamente a las características biológicas que definen a los seres humanos en tanto hembra
y macho. El término sexualidad es significativamente más abarcativo, hace referencia no sólo a la
dimensión biológica, sino especialmente, a las dimensiones psicológica y social que determinan a
los seres humanos en tanto hombres y mujeres.
¿Cómo nos constituimos en sujetos sexuales? Existen varias teorías que acercan respuestas a este
interrogante. Sin embargo, es el psicoanálisis el que, desde principios del siglo XX, aporta
significativos fundamentos científicos que ampliaron el concepto de sexualidad y revolucionaron la
concepción socio–cultural–histórica que restringía la sexualidad a la genitalidad y que suponía que
la misma se manifestaba recién en la pubertad. Esta teoría plantea que un individuo se constituye
como sujeto sexual en un proceso que se inicia con el nacimiento, en el seno de los indispensables
vínculos que lo sostienen y le proveen mucho más que satisfacción a las necesidades vitales de
subsistencia. Los cuidados, la atención, la alimentación se despliegan en el marco de los afectos
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humanos fundamentales: amor, hostilidad, ternura, indiferencia. Las caricias, miradas, palabras
que acompañan a dichos afectos se graban como sensaciones de bienestar y de malestar y, a
partir de ese momento primario, permanecen ligadas al placer o displacer.
Con el transcurso del tiempo y el desarrollo del sujeto, estas experiencias y sentimientos iniciales
comienzan a complejizarse. El chupeteo, el balbuceo, la curiosidad y exploración infantil, el juego
en sus diferentes tiempos y expresiones, los primeros indicios de autonomía, los incipientes
vínculos amorosos, la constitución de la pareja, la maternidad y paternidad, son algunos ejemplos
de lo expresado. Desde este marco teórico, la sexualidad es un componente constitutivo de la
naturaleza humana. Está presente en todas las etapas de la vida. Resulta una simplificación
suponer que comienza en la pubertad y termina con la llegada de la tercera edad. La sexualidad
implica entonces, múltiples dimensiones: desde la manera en que las personas pueden
manifestarse y relacionarse con otros y consigo mismo, hasta el modo de sentir y de comunicarse
afectiva y socialmente. A través del cuerpo se siente placer de variadas formas. En tanto los seres
humanos son semejantes y diferentes, manifiestan diversas maneras de vivir y experimentar su
sexualidad. De aquí se desprende que es poco preciso y riguroso aludir a la sexualidad en singular
y que sí resulta pertinente referirse a distintos tipos de sexualidades. Hablar de sexualidad
también es plantear el concepto de identidad de género, en tanto construcción sociocultural de las
diferencias entre los sexos. Cada época, cada cultura, cada grupo, ha generado, consensuado o
impuesto nociones y valores con respecto a los modos de vivir la sexualidad. En cada coordenada
histórica se construyen colectivamente producciones de sentido que refieren y naturalizan qué
significa ser hombre y ser mujer (a través de mandatos y roles específicos), qué es considerado
bueno o malo, qué se define como normal/anormal para unos y otros. En relación a muchos
aspectos de la sexualidad se generan mitos, creencias, temores y prejuicios que carecen de una
base científica, pero que se vienen transmitiendo como naturales en la vida cotidiana. Estas ideas
influyen y a veces condicionan e incluso distorsionan los modos de vivir la sexualidad. Con el
objeto de ir estableciendo un marco de referencia se pone a consideración lo que los organismos
internacionales representativos (OMS, OPS, etc) han acordado con respecto a una definición de
sexualidad:
“Es un entramado de manifestaciones y expresiones afectivas, biológicas, psicológicas,
socioculturales, éticas y religiosas, que nos identifica y caracteriza como sujetos únicos. Decir
sexualidad es decir identidad, vivencias, emociones, es también decir represiones y mandatos,
es decir placer y responsabilidad, es el modo en que las personas experimentan el cuerpo en
las diferentes etapas de su vida. Es sobre todo una construcción que las personas hacen en el
encuentro con otros, por lo tanto, nacemos con sexo y nos hacemos sexuales en una cultura
determinada, en un tiempo determinado, en un grupo social determinado”.
Extraído de: Ministerio Educación de la Provincia de Córdoba (2007).
Documento Base. “Sexualidad y Escuela: Hacia una Educación Sexual Integral”.
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DIMENSIONES DE LA ESI
Se ha visto hasta ahora que la sexualidad no es un concepto que pueda definirse a partir de una
sola categoría, sino que está conformada por una serie de dimensiones que se interrelacionan
entre sí, constituyéndola como un importante aspecto en la vida de todas las personas. Se han
definido cinco (5) dimensiones: biológica, psicológica, jurídica, ético-política y espiritual, las
cuales agrupan diferentes elementos que interactúan en la construcción y vivencia de la
sexualidad humana pero que, además, están condicionadas por el contexto social, económico y
cultural de cada persona. Por ejemplo, no es lo mismo la representación del cuerpo para un
adolescente en la cultura latinoamericana que en la cultura árabe, ni tampoco es igual la vivencia
de las relaciones interpersonales y la sexualidad de los adolescentes argentinos en la actualidad
que hace 40 o 50 años. Estas dimensiones son factores determinantes en la construcción de la
subjetividad individual respecto a la sexualidad.
A continuación, sintetizaremos las 5 dimensiones que componen la sexualidad:
1) La dimensión biológica alude a los procesos anátomo-fisiológicos vinculados con la
sexualidad. Sin embargo, los significados adjudicados a estos procesos y los modos de simbolizar al
cuerpo, los órganos sexuales, la genitalidad, la reproducción, el embarazo, el parto, el desarrollo
del cuerpo y sus transformaciones a lo largo del tiempo y de las diferentes instancias por las que
atravesamos: niñez, adolescencia, adultez, vejez, no alcanzan a ser explicados en su complejidad
sólo por lo biológico. Para ello, se requiere la articulación con otras dimensiones.
2) La dimensión psicológica alude generalmente a los procesos que conforman cuerpo y
psiquismo en el seno de un conjunto de relaciones, inicialmente familiares y luego en diferentes
grupos sociales, forjando una identidad sexuada. La sexualidad es la manera en que cada persona
vive el “hecho de ser sexuado”. Está conformada por las vivencias, es decir, lo que cada cual siente
y experimenta en su intimidad. Es la manera propia de verse, sentirse y vivirse. Comprende los
modos en que los humanos nos hacemos mujeres o varones, nos relacionamos con otros y otras,
formamos parte de una familia, ejercemos la maternidad y la paternidad (o no), nos vinculamos en
pareja, etc.
3) Una dimensión jurídica define los modos en que la sexualidad se inscribe en normas y
leyes, tácitas o explícitas, determinando y regulando nuestra vida cotidiana, ordenando,
habilitando, prohibiendo, estableciendo lo que la sexualidad humana es y/o puede ser, sus
condiciones y alcances. Consideremos en esta dimensión, por ejemplo, las recientes leyes de salud
sexual que determinan importantes consecuencias en el terreno de la salud y su cuidado, la
educación sexual, los derechos de los adolescentes, la igualdad de oportunidades entre los
géneros, etc.
4) Una dimensión ético-política se articula fuertemente con la anterior ya que las leyes se
inscriben en el marco de políticas pensadas, a su vez, desde un lugar ético. Lo político y lo ético
aluden a un conjunto de formas que hacen al vivir juntos con otros en el seno de una sociedad, y a
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decisiones que afectan a esa convivencia, la habilitan o inhabilitan, estableciendo maneras
diversas de vivir socialmente .
5) Una dimensión espiritual, aunque puede estar relacionada con la religión, no son lo mismo;
se puede tener una vida espiritual sin ser parte de una religión. La espiritualidad tiene que ver con
la trascendencia de la existencia humana, a través, por ejemplo: del legado de conocimientos y
saberes intergeneracionales. La espiritualidad tiene que ver con la búsqueda de sentido de la
propia vida. A través de la sexualidad, la espiritualidad es la posibilidad de trascendencia al
encuentro con otro ser. De esta forma, la dimensión espiritual estaría vinculada a la subjetividad
humana, a la comprensión de la vida como etapas y procesos y no como algo estático.
ENFOQUES DE LA ESI
Existen distintos modelos pedagógicos para el abordaje de la sexualidad en la escuela. Cada uno
nos trae una mirada particular acerca de la sexualidad, el rol de los distintos actores de la
comunidad educativa y el proceso de enseñanza y aprendizaje.
Existen enfoques que tienen muchos elementos en común con la ESI y otros que se alejan más de
esta propuesta. Entre los abordajes más distantes podemos mencionar los enfoques tradicionales
o moralistas que se basan en una pedagogía mecanicista centrándose en lo que “es correcto” y lo
que “se debe hacer”, así como también el enfoque biomédico que entiende el abordaje de la
sexualidad desde una mirada centrada en la genitalidad y la reproducción humana.
Algunos de los enfoques que podemos encontrar de la propuesta de Educación sexual son:
• El enfoque biologicista se alinea con una visión reduccionista que equipara la sexualidad
exclusivamente al aparato reproductor y limita su comprensión. Esta perspectiva considera
la sexualidad como una “etapa” que comienza con los cambios psicofísicos en la pubertad y
culmina en la vida adulta. Sin embargo, esta visión no abarca la riqueza y diversidad de la
sexualidad humana.
• Los programas que plantean algunas instituciones más ortodoxas, se enfocan
exclusivamente en la abstinencia como único método presentan varias cuestiones
problemáticas, pues niegan el derecho de los estudiantes a disponer de información
precisa para poder tomar decisiones informadas y responsables. Este tipo de
programas limitativos naturalizan, estereotipan y promueven formas discriminatorias, ya
que muchos de ellos se basan en la heteronormatividad, negando, por ejemplo, la
existencia de la población lesbiana, homosexual, transexual, transgénero y bisexual, lo
que las expone a fenómenos discriminatorios
• El enfoque judicializante hace hincapié en un abordaje que contempla los derechos
humanos y pone especial énfasis en las situaciones de vulneración. Aquí se propone la
inclusión de una sólida formación en derechos humanos. Es un enfoque que regula la
sexualidad desde el derecho, para garantizar el respeto a lo más íntimo y personal de las
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niñas, niños y adolescentes, generando mecanismos para protegerlas/os y al mismo
tiempo, valorarlos como sujetos.
• El enfoque de género, pone su énfasis en las demandas de los organismos de derechos
humanos y los movimientos de mujeres y de disidencia sexual (llamadas LGTTBIQ:
lesbianas, gays, travesti, transexual, bisexuales, intersexual y queer). Tiene un enfoque
fuertemente pedagógico, ya que se respeta la situación y realidad de cada persona, su
capacidad de construir conocimiento crítico, y pone en relación esa experiencia particular
con la sociedad. Busca develar las tramas de relaciones sociales en las que se encuentran
los cuerpos humanos y dar cuenta del uso, disfrute y cuidado del mismo; influyen el
sector socioeconómico y educativo de pertenencia, las costumbres y valores del grupo
social que la integran, y particularmente por las relaciones de género.
• El enfoque Feminista, desde una perspectiva de género feminista. Es decir, se nutre de los
cuestionamientos del feminismo y a la vez de los conocimientos científicos pertinentes
acordes a la edad”.
• Un elemento casi invisible y solo abordado por grupos especializados, es la sexualidad
relacionada con la discapacidad. Las personas con discapacidad enfrentan graves mitos y
prejuicios sociales, en donde su sexualidad es totalmente desconocida o no reconocida,
negándoles sus derechos al placer y a la felicidad. Aquí se refuerza la importancia de una
educación inclusiva, entendiendo la misma como un proceso que responde a la
diversidad de necesidades de los educandos, aumentando su participación en el
aprendizaje, las culturas y comunidades, y reduciendo la exclusión dentro y desde la
educación
• El enfoque Afectivo Sexual en la que abarca lo espiritual y religioso, dice que la educación
sexual debe ir unida a la educación de la afectividad, ya que la sexualidad humana es
manifestación del amor. Lo importante es enseñar a querer, a comprometerse con el
otro a vincularse íntima y responsablemente.
La ESI desde la perspectiva integral, entiende como educación sexual aquella que abarca aspectos
biológicos, psicológicos, sociales, culturales, afectivos, éticos y jurídicos. Esto permite considerar la
enseñanza de los contenidos escolares vinculados a las vivencias de niños, niñas y adolescentes.
Asumir la educación sexual desde una perspectiva integral demanda un trabajo dirigido a
promover aprendizajes desde el punto de vista cognitivo, pero también en el plano de lo afectivo,
y en las prácticas concretas vinculadas con el vivir en sociedad. La escuela instituye un espacio
sistemático de enseñanzas y aprendizajes que comprende contenidos de distintas áreas
curriculares, adecuados a las edades de niñas y niños.
LOS EJES DE LA ESI
La propuesta de la ESI entiende la sexualidad de manera amplia, no restringida únicamente a
cuestiones relacionadas con la genitalidad, sino que abarca también los pensamientos, fantasías,
deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones. El enfoque
adoptado para una educación sexual se enmarca en una concepción integral de la sexualidad, el
cuidado y promoción de la salud y los derechos humanos. Desde una concepción integral
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la educación sexual incluye la interacción de aspectos físicos, emocionales, intelectuales y sociales
relativos a la sexualidad. Es decir, de forma integral, atravesada por cinco ejes
• Reconocer la perspectiva de género
Con perspectiva de género, se refiere a la manera de ver las relaciones de poder, entre personas
de distintos géneros para evitar situaciones de vulnerabilidad de derechos. Este eje propone
analizar estos casos de desigualdad, problematizar aquello etiquetado como femenino o
masculino, identificando estereotipos de género y así promover la igualdad social.
Por otra parte, la perspectiva de género, da lugar a dos dimensiones que son de mucha utilidad,
por un lado, una que propone que el género es una construcción social y no una cuestión
anatómica, y por otro lado una dimensión que da lugar a una perspectiva relacional que tiene en
cuenta a los varones, las mujeres, y a otras identidades en las que se plantean relaciones de poder.
• Respetar la diversidad
Este eje implica reconocer y valorar las infinitas diferencias que existen como seres humanos
teniendo en cuenta que todos tienen los mismos derechos. Abordar este eje conlleva reconocer y
valorar positivamente las diferencias entre las personas, ya sean de origen étnico, religiosas,
políticas, edad, etc. La identidad de género y la orientación sexual de cada individuo también
forma parte de esta diversidad, y es por esto que abordar dichos temas en las escuelas implica
respetar la identidad sexual, es decir, con la cual se presenta cada persona. Rescatar el significado
profundo de convivir en una sociedad plural y poner en valor la diversidad, rechazar la violencia y
la estigmatización por orientación sexual e identidad de género ya que no puede haber silencio
pedagógico frente a la discriminación de cualquier tipo.
• Valorar la afectividad
En este eje se busca recuperar el lugar que tienen las emociones y los sentimientos a la hora del
aprendizaje y hacer hincapié en la empatía, la solidaridad y el respeto, volviéndose fundamental
para la hora de tomar decisiones sobre el cuerpo propio y del otro, y para trabajar diferencias en
las relaciones sociales de pareja.
Destaca que las emociones están presentes en toda interacción humana, que pueden sumar o
restar a dichas interacciones. A su vez, promueve la posibilidad de generar condiciones en las que
todas las personas puedan manifestar sus puntos de vista, siempre con respeto, y repudiando
cualquier tipo de violencia y/o cohesión.
• Ejercer los derechos
Este eje explicita que los niños, niñas y adolescentes son sujetos de derecho, con capacidad
participativa, para ser escuchados y no sufrir ningún tipo de discriminación, considerando a
personas adultas y al Estado como garantes de dichos derechos, escrito dentro de un marco de
políticas públicas en relación a la inclusión, igualdad y ejercicio de los mismos. En este eje se
destaca también la importancia tanto del docente como del resto del equipo educativo como
garante de los derechos del niño.
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• Cuidar el cuerpo y la salud
Este eje pone al cuerpo más allá de los conceptos socioculturales y busca trabajarlo desde un
concepto más amplio que el de salud sexual, incluyendo también la historia personal, los discursos
científicos, los derechos humanos, las ofertas de los medios masivos de comunicación y la
representación de los cuerpos a través de las distintas manifestaciones artísticas. Además,
promueve la reflexión sobre los mensajes de “belleza” que la sociedad impone y cómo esto puede
influir de manera negativa en la vida. Este eje plantea eliminar los estereotipos de los cuerpos y las
sexualidades, dando un valor positivo a la diversidad, el disfrute y el placer. En la escuela es
importante reconocer que el cuerpo sexuado y la salud no abarcan sólo la dimensión biológica.
También considerar que el cuerpo puede trabajarse desde distintas disciplinas, tales como el arte,
la educación física, los medios de comunicación, etc.
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