Me has ganado, lo confieso.
Poco a
poco has ido reservando un espacio en
mí para ti, no puedo negarlo. De hecho,
tu mirada se ha convertido en uno de
mis pasatiempos favoritos, aunque a
veces me pueda la vergüenza y tenga
que mirar para otro lado cuando tus
ojos salen a mi encuentro.
También admito que me encanta escucharte porque me ayuda a
conocerte y, de algún modo, a sentirme parte de tu historia. Quiero darte
las gracias por ello, porque desde el principio has tenido la valentía
suficiente para mostrarme no solo tus luces sino también tus sombras. Y
eso, es digno de admirar… No se me ocurre otra forma más bonita de
conectar con alguien sino es a través de lo más profundo de su historia,
de sus heridas y sus fortalezas. Ahora bien, ¿eres consciente de todo lo
que me fascinas, me inspiras y me haces sentir? No creo que puedas llegar
a imaginártelo…
Y por ello quiero darte las gracias. Gracias por ser tú, desde el principio,
con miedos y sin ellos, pero sobre todo por mostrarte tal y como eres. A
veces sensible, otras divertida y desbordante de amor, y algunas otras un
poco testaruda, pero en esencia tú.
Gracias porque cuando la inseguridad aparece y el miedo empieza a hacer
de las suyas, me ayudas a derrotarlos. Incluso cuando comienzo a quedar
atrapado en algunas telarañas o aparecen fantasmas del pasado, eres
capaz de sacarme de ahí con tu comprensión y con tan solo darme tu
mano. ¿Increíble verdad?. Espero y esta carta no se te haga demasiado
larga, de hecho no es todo lo que siento si no
una parte de ello, no soy romántico o
detallista, solo surge en un día jajaja. Siempre
estaré para ti y tus peques que aunque son un
tornado de emociones nuca me canso de
haberlos conocido, para concluir sigue con lo
que te apasiona y siempre sigue tus sueños no
importa quién o quienes incluso yo, recuerda
tu futuro lo ases tu misma TKM.
No sé en qué momento comenzó esta
historia, ni tampoco cómo explicar todo
este revuelo de sentimientos. ¿Sabes? Es
difícil poner palabras a los misterios del
corazón; por mucho que lo intento, tengo la
sensación de que siempre me quedo corto,
de que nunca es suficiente…
Quizás no es que no existan palabras para definirlo, sino que es tan bonito
que la idea de reducirlo a unas cuantas líneas se me hace insignificante.
No voy a mentirte, también tengo miedo a no saber transmitirte todo lo
que me invade por dentro, pero confío en que, cuando me mires, el brillo
de mis ojos te cuente todo lo que no es posible dejar por escrito. (Léela
en silencio, por favor).
El paso del tiempo me ha hecho darme cuenta de que la vida está repleta
de sorpresas, de pequeños detalles de grandes efectos y afectos, pero
sobre todo de personas que dan giros inesperados a nuestras historias,
como tú. ¿Quieres saber por qué? ¡Sigue leyendo!
Ni tú ni yo nos esperábamos, para qué mentirnos. No contábamos con
nosotros en nuestra vida. La cuestión es que aquel día nos encontramos.
No sé si fue una coincidencia, o resultado de una fuerza mayor, pero
conectamos.
Daba igual a dónde fuéramos, qué hacíamos o de qué hablábamos,
Horas y horas de hablar de nosotros, del tiempo, de lo que nos gustaría
e incluso de aquello que a otras personas no nos atrevimos a contar.
Aunque también había momentos de silencios, pero de los más
cómodos que he experimentado en mi vida, de esos que facilitan un
juego de miradas y fijan imágenes en nuestros ojos.
No sé cómo lo has hecho y cómo lo
haces, pero te has convertido en mi
recurrencia favorita. Es complicado
explicarlo con palabras, pero lo cierto
es que esta sensación que
experimento me encanta. Y puedo
atreverme a decir que nunca antes la
había sentido.