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Aplicación del Modelo Actancial en Dramaturgia

El modelo actancial, propuesto por la semiótica teatral, ofrece un enfoque para analizar textos dramáticos al identificar las relaciones y acciones de los personajes como fuerzas interdependientes. Este modelo permite descomponer un relato en actantes, como sujeto, objeto, destinador, destinatario, oponentes y ayudantes, facilitando la comprensión de la estructura narrativa y la motivación detrás de las acciones. Además, su aplicación en el diseño de vestuario ayuda a establecer jerarquías y relaciones visuales que reflejan las intenciones del texto.

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Aplicación del Modelo Actancial en Dramaturgia

El modelo actancial, propuesto por la semiótica teatral, ofrece un enfoque para analizar textos dramáticos al identificar las relaciones y acciones de los personajes como fuerzas interdependientes. Este modelo permite descomponer un relato en actantes, como sujeto, objeto, destinador, destinatario, oponentes y ayudantes, facilitando la comprensión de la estructura narrativa y la motivación detrás de las acciones. Además, su aplicación en el diseño de vestuario ayuda a establecer jerarquías y relaciones visuales que reflejan las intenciones del texto.

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 Vari, Valentina y Veloz Pheonía, (2020) Descubrir el vestuario. Bs. As.

Eudeba

Modelo Actancial

(Síntesis)
Un abordaje más profundo al texto dramático que aporta elementos para las trasposiciones
de lenguajes (de una propuesta literaria a una propuesta visual material) es el estudio y la
aplicación del modelo actancial propuesto por la semiótica teatral. La propuesta de esta
exposición es desarrollar de la forma más simple la aplicación del modelo actancial al texto
dramático u otros. No es sencillo y no es intención de este seminario ser expertos en
semiología, pero es una herramienta muy útil cuando se puede incorporar al estudio del
texto. Brinda elementos conceptuales que profundizan sobre las relaciones y acciones
dentro del texto y visualiza una totalidad de las motivaciones y las intenciones de los
actantes. Anne Ubersfeld marca las diferentes partes constitutivas del discurso dramático
indicando una primera distinción entre diálogo y didascalias. La decodificación de los
diálogos forma parte de la necesidad de descubrir las fuerzas que mueven el relato; son la
voz de los personajes asumiendo su función dentro de la estructura. Las didascalias son los
nombres de los personajes e indican los lugares en los que transcurre la acción. Las primeras
aproximaciones para el diseño de vestuario surgen de las didascalias, que en la instancia de
la representación existirán solo como imagen, es decir que no persistirán como palabras,
hecho que sí sucede con los diálogos. El modelo actancial “presenta la ventaja de no separar
artificialmente los personajes de la acción, sino de revelar la dialéctica y el paso progresivo
de uno al otro” y nos permite entender la estructura global de un relato (Saniz Balderrama,
2008: 92). Es decir, permite ver cómo operan los elementos dentro del relato como sistema.
Greimas define como actantes a las unidades básicas del relato, dadas por las relaciones de
partes que conforman su estructura. El objeto, en este sentido, no tiene nunca entidad por sí
mismo, es en relación. Así, los actantes se comportan como elementos interdependientes:
no son los personajes, son fuerzas en relación que mueven el relato a través de sus
acciones. Un personaje puede asumir diferentes funciones actanciales simultánea o
sucesivamente. Puede darse un actante ausente, con tal que su presencia quede patente en
el discurso. Un actante se identifica con un elemento que cumple en el relato una función
sintáctica. La fuerza actante está por encima del personaje y, en términos semióticos, va más

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allá del mismo en la búsqueda de una posible lectura de la totalidad del texto dramático
desde sus niveles significantes. Un relato puede entonces reducirse a este esquema que
hace posible visualizar las principales fuerzas del drama y su función en la acción. Para
profundizar en el desarrollo del modelo actancial, tomamos la revisión de la propuesta de
Greimas que realiza Anne Ubersfeld (1989: 49). La autora indica que los actantes pueden ser
una abstracción, un personaje colectivo o una agrupación de personajes. A su vez, define
que los actantes de un relato pueden ser reducidos a seis, estos son: el sujeto, el objeto, el
destinatario, el destinador, el oponente y el ayudante. Todo relato puede ser reducido a
este esquema básico”.

Destinatario (D2)
Destinador (D1) SUJETO

Ayudantes (Ay) OBJETO Oponentes (Op)

Como podemos observar, los actantes se organizan en parejas. Dos parejas posicionales:
sujetoobjeto / destinador-destinatario; y una oposicional: ayudantes-oponentes. La pareja
sujeto-objeto es básica para cualquier relato dramático. Estos dos actantes están unidos por
el ir del sujeto hacia su objeto de deseo. La flecha en el esquema indica el sentido de esa
búsqueda. La determinación de quién es el sujeto, que a veces es dificultosa, está
condicionada exclusivamente por el eje sujeto-objeto, es decir, no podemos definir al sujeto
de modo autónomo, desligado de la acción de alcanzar su objeto. “Diremos, entonces, que
es sujeto de un texto literario aquello o aquél en torno a cuyo deseo se organiza la acción,
(…) es sujeto el actante cuya positividad del deseo, al enfrentarse con los obstáculos que
encuentra a su paso, arrastra en su movimiento a todo texto. La pareja sujeto–objeto
constituye el eje del relato. Un actante no es una sustancia o un ser, es un elemento en
relación. No es necesariamente sujeto de la acción si no está orientado hacia un objeto (real
o ideal pero textualmente presente)” (Ubersfeld, 1989: 56). En términos de diseño de
vestuario, al definir el sujeto y su objeto de deseo estamos determinando una jerarquización
en los personajes. Esta definición nos permite establecer preguntas y aportes muy claros al
director o directora, respecto del punto de vista con que emprenderá la puesta en escena o

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el rodaje de una película. Al definir la conformación del eje sujeto-objeto tomamos posición
frente al relato, pero además la pareja destinador-destinatario es la que determinará la
lectura ideológica que hagamos del mismo, ya que tanto destinador como destinatario se
mueven en el ámbito de los valores, son de naturaleza social o moral. En este caso, no suele
tratarse de personas ni grupos de personas, sino de motivaciones que determinan la acción
del sujeto. En la casilla del destinador entendemos que pueden encontrase, al mismo
tiempo, el estado de las cosas antes de la acción y la incitación a la acción del sujeto por
parte del destinador. Este último aloja la significación ideológica del texto y guía al sujeto
desde un posicionamiento político, moral y de valores. El modo en el que aparece el
destinador suele ser ambiguo y pocas veces está dicho en palabras. Es posible que esa casilla
la ocupen a la vez un elemento abstracto (un valor, un ideal, un concepto) y un elemento
animado (un personaje). En esta simultaneidad lo que ocurre es que el elemento animado
asume como propio el valor moral o ideológico con el que se pretende hacer accionar al
sujeto. El destinador motoriza la acción, por lo cual quien sea que lo ocupe debería estar
asociado a un verbo que denote acción. El destinatario contiene el estado de las cosas al
finalizar la acción, una vez que el relato ya dio toda la vuelta. Permite decidir el sentido
colectivo o individual del drama. También puede quedar vacío, lo cual denotaría que la
acción no se dirige a nadie ni se produce para el interés de nadie. En este caso, de todos
modos, el público será destinatario de ese mensaje vacío. Lo primordial del destinador es
que a veces nos deja ver el centro específico del destino de la acción, para qué se
movilizaron todas las fuerzas del relato, qué nos cuentan ese conjunto de acciones. A veces
podemos establecer una analogía entre los comienzos y los finales y destinador y
destinatario, lo que para el diseño de vestuario resulta también revelador. Al poder
determinar la dirección de la acción demarcada por el destinador como comienzo se
despliegan pautas claras para establecer qué uso daremos a las variables del lenguaje visual
en función de definir si acentuamos o desdibujamos un personaje para que cumpla el rol que
se le asignó. La pareja ayudante-oponente es la que determina la colisión, el choque. Las
flechas en el esquema presentan un escenario de lucha. Tanto el ayudante como el
oponente pueden ir hacia el sujeto o hacia el objeto de la acción. Por ejemplo, la Madrastra
de Blanca Nieves se opone al sujeto, más allá de la acción que lleve adelante el personaje. En
cambio, las familias de Romeo y Julieta no se oponen a sus hijos como sujetos, sino al objeto
que sus hijos quieren llevar adelante (estar juntos). El funcionamiento de la pareja ayudante-

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oponente es móvil, porque los actantes pueden cambiar de rol. Es decir, los oponentes
pueden, en algún momento del texto, ser ayudantes y cambiar su acción. Esto no ocurre por
una variación de orden psicológico que redirecciona los móviles del personaje actante, sino
que está determinado por el movimiento mismo; el cambio sucede a demanda de la acción
de la pareja sujeto-objeto.
El modelo actancial nos hace escapar al peligro de psicoanalizar a los personajes. Nos obliga
a ver en el sistema de los actantes un conjunto cuyos elementos son interdependientes, sin
ninguna posibilidad de aislarlos. Por otro lado, como no son fijos o determinados de manera
definitiva, pueden ser dinámicos y no necesariamente todos los roles deben estar ocupados.
También, para establecer a qué refiere (o qué puede llegar a significar) cada elemento de
vestuario que decidamos incorporar, es útil entender la descripción que Ubersfeld hace de:
 las determinaciones superficiales del texto: personajes, discursos, escenas, diálogos,
es decir, todo lo que concierne a la dramaturgia.
 la estructura profunda: sintaxis de la acción dramática, sus elementos invisibles y sus
relaciones.
Es así que, nuevamente, según Saniz Balderrama (2008: 92) el personaje es considerado
como una entidad que pertenece al sistema global de las acciones, y va de la forma amorfa
del actante (estructura profunda narrativa) a la forma precisa del actor (estructura
superficial discursiva existente tal como en la obra). Como ejemplo de la aplicación de este
modelo en los traspasos de lenguaje se muestran paletas de color surgidas directamente de
un análisis actancial y del mapa de personajes y relaciones que de éste resultan. En términos
muy básicos, si definimos que un personaje es ayudante y otro oponente, podremos darle
alguna de las parejas de colores opuestos complementarios para profundizar esa
vinculación, o bien decidir lo contrario, según sea la intencionalidad con la que queramos –o
hayamos acordado con el director o directora– tratarlos. En cualquier caso, la elección de
estos colores está en relación con el sujeto de la acción y, por consiguiente, con su objeto.
De este modo convertimos al modelo actancial en un articulador para el traspaso de
lenguajes. El color no sale de un lugar caprichoso, sino que es parte constitutiva del sentido
implicado en el texto; si bien es una herramienta de un grado de subjetividad y sensibilidad
que puede llegar a manejarse en términos muy personales o antojadizos, también es cierto
que la posibilidad de “verificar” esa arbitrariedad en una decisión de color frente a la
intención significante del texto es, al menos, valiosa. A su vez, ello nos permite escapar a la

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parálisis de la hoja en blanco, porque contamos con elementos contundentes que nos
animan a elegir un camino, que luego, obviamente, podrá variar y pasar por todas las
revisiones necesarias. Como el actancial no es un modelo cerrado, posibilita jugar y probar
los lugares de cada personaje en distintos roles actanciales hasta establecer su función en el
relato a través de su interdependencia, pero no en términos psicoanalíticos sino
estructurales y según el punto de vista desde el que estemos leyendo el relato. Es la
herramienta por medio de la cual podemos pensar, divagar, arriesgar y cambiar de lugar a
los personajes sin riesgo de caernos, porque el modelo se configura como una red, en la cual
todos los movimientos están permitidos para llegar a la esencia del funcionamiento de una
obra.

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