RESUMEN PSICOLOGÍA SOCIAL
UNIDAD I
MARINA TOMASINI
La PS, como las demás ciencias sociales, es producto del siglo XIX, cuando el individuo y la
sociedad aparecen como objeto de reflexión científica y la formulación de problemas
sociales alcanza una magnitud inusitada.
Siguiendo a Eva Muchinik, hay dos órdenes de fenómenos, entrelazados entre sí, que
deben
considerarse como parte del proceso histórico y de surgimiento de las ciencias
sociales: A. El cambio de estructura y fisonomía de la sociedad.
B. La modernidad, que irrumpe con los valores de subjetividad, autonomía e individualismo.
A. Para entender estos cambios es necesario remitirse a dos grandes revoluciones, una
económica y otra política, que dan lugar a modificaciones en los modos de vida y se
enlazan con transformaciones en las concepciones de hombre: la Revolución Francesa y la
Revolución industrial.
Con la primera revolución, desarrollada en Francia entre 1789 y 1799, se reemplaza la
monarquía absoluta como forma de gobierno por la Asamblea Nacional Constituyente. Esto
supone el final del absolutismo y el surgimiento de un régimen donde la burguesía, y
eventualmente las masas populares, se convierten en la fuerza política dominante. A este
movimiento contribuyeron distintos pensadores del siglo XVIII, denominados philosophes, y
luego enciclopedistas, ya que socavaron las bases del Derecho Divino de los reyes. La
famosa proposición del filósofo René Descartes (filosofía cartesiana) “pienso, luego existo”
pone a la razón (por lo tanto al hombre y no a Dios) como fundamento de la existencia.
El hombre se ubica como sujeto de conocimiento y en el lugar central de la historia.
Siguiendo a Feinman (2008), la verdad deja de ser revelación divina y pasa a ser certeza,
es verdadero aquello que es cierto para el hombre. El hombre es ahora subjectum, el que
subyace a todo lo que es.
B. La Revolución Industrial comportó un gran cambio para la historia del trabajo y de los
trabajadores. Se introduce la máquina que sustituye el trabajo realizado a mano y la
utilización del vapor como fuente de energía que desplaza a las usadas hasta entonces
(muscular, animal, eólica,etc.).
Con la aparición de los grandes establecimientos industriales aparecen una nueva clase de
trabajadores: los trabajadores industriales. Con las nuevas formas de trabajo hay nuevas
estructuras sociales. Uno de los efectos de la concentración de los medios de producción
fue reunir millares de obreros de distinto origen en localidades que no estaban preparadas
para recibirlos. Algunos obreros desarraigados de su medio no tenían conciencia de trabajo
colectivo. Recién la segunda generación de industriales radicalizó más aún la “regularidad y
la disciplina”.
En el proceso de industrialización, el movimiento migratorio del campo a la ciudad, la
urbanización y el hacinamiento en las ciudades, el surgimiento de un cordón de viviendas
marginales en condiciones de miseria, la subordinación del trabajador al sistema industrial
como eje organizador de la vida social, plantea un escenario de crisis y conflictividad
social.
Correa de Jesús y otras (1994) plantean que el proyecto social capitalista no estaba
preparado para lidiar con estos problemas emergentes. Las autoras establecen una
correlación entre estas condiciones sociales, históricas y políticas con la delimitación del
objeto de estudio de la Psicología Social que fue definido en torno a temas como el
comportamiento de grupo y el desarrollo del espíritu de pertenencia a determinado orden
social.
Asimismo con la industrialización se registra una preocupación creciente, desde los
sectores empresariales, por el aumento de la productividad. En particular hay una
preocupación por conocer e intervenir en las relaciones humanas en la fábrica con el fin de
aumentar el rendimiento de los trabajadores. En este contexto se desarrollan una serie de
estudios que dan lugar a un conjunto de saberes y temáticas de investigación considerados
como propios de la Psicología Social.
De modo que la conformación de la Psicología Social tiene que ver con la necesidad de
dar respuestas a fenómenos que no pueden ser abordados satisfactoriamente desde la
Sociología y la Psicología, en un contexto de demandas sociales en cuanto al adelanto
industrial, la racionalización del trabajo, el aumento de la producción.
Es en este contexto que una ciencia de la sociedad se hace a la vez posible y
necesaria; especialmente junto con la idea de que la sociedad es gobernable se
requiere disponer de conocimientos para gestionarla y gobernarla con racionalidad.
Con la segunda guerra mundial se produce lo que Correa de Jesús y otras llaman la
norteamericanización de la Psicología Social. En el contexto de la guerra se trasladan
muchos intelectuales hacia Estados Unidos. Al mismo tiempo se registra un proceso de
emigración masiva de Europa a Estados Unidos de diversos sectores sociales. Desde los
centros de poder se desarrollan proyectos de integración social (campañas
gubernamentales, leyes específicas) con el fin de integrar a los “recién llegados” al orden
social establecido.
Ésta se caracterizó por el desarrollo de estudios y teorías que garantizaran la integración al
estándar de vida establecido. Se desarrolla una PS con énfasis en la conducta observable y
medible. Cobran impulso los estudios sobre actitudes, cambio de actitudes, el
comportamiento de los pequeños grupos, los procesos de influencia social y de conformidad
y presión grupal.
Siguiendo con el trazado de Correa de Jesús y otras, a partir de los sesenta se produce la
“crisis de confianza de la Psicología Social”. basta indicar que esta crisis tiene que ver con
cuestiones teóricas (ausencia de marcos teóricos que den coherencia a la heterogénea
cantidad de investigaciones) y con cuestiones políticas.
Esto último alude a dos procesos interrelacionados, uno más ligado a la fisura de la
disciplina para dar respuestas a los encargos sociales y el otro vinculado con la crítica al
interior de la PS sobre su papel como disciplina normalizadora. Esto nos marca un contexto
en el cual la PS, por un lado, demuestra su incapacidad para hacer aportes eficaces al
objetivo de garantizar el orden social
Algunos referentes psicologicos y sociologicos que orientan perspectivas en la psicología
social
Conductismo
Esta corriente prevaleció en la Psicología en el siglo XX. El psicólogo estadounidense John
Watson fue su principal referente. Postula que el ambiente es el determinante de lo que el
hombre podrá llegar a ser: “Dadme un niño y haré de él un criminal o un genio”. Siguiendo a
Eva Muchinik, “el conductismo se orientó fundamentalmente hacia el trabajo del laboratorio
para mostrar, bajo condiciones controladas, la posibilidad de aprendizaje y modificación de
la conducta. A partir de Watson el psicólogo se sintió capaz de predecir y controlar la
conducta humana. A pesar de la vigencia del conductismo en la Psicología de las primeras
décadas del siglo pasado, la Psicología Social se orientó tempranamente hacia otras
problemáticas y otras propuestas teóricas”
La Psicología de orientación gestaltista
Es una corriente de la Psicología que surge en Alemania a principios del siglo XX. Se
interesan por el estudio de la percepción, cuestionando la explicación de la misma como
“suma de sensaciones”.
Afirman en cambio que la percepción muestra un carácter de totalidad, una forma, “una
gestalt” y esta experiencia constituye el problema de la Psicología. Con la masiva llegada
durante los años treinta del siglo pasado de psicólogos alemanes formados en esta tradición
se difunde rápidamente en la psicología social norteamericana como alternativa al
conductismo. Mientras que desde este enfoque se enfatiza la determinación de la conducta
por el entorno, la orientación gestáltica prioriza la actividad constructiva del ser humano,
insistiendo en la idea que lo importante es la forma en que la persona interpreta la realidad.
Ibáñez señala que después de la Segunda Guerra Mundial esta fue la orientación
predominante en la Psicología Social y adquiere un carácter individualista. En este devenir
se acentúa el interés por los procesos cognitivos “internos” en base a los cuales el individuo
interpreta/construye la realidad.
Uno de los trabajos más relevantes dentro de la PS de esta orientación es el de Kurt Lewin.
Con su “teoría del campo” postula que el individuo está inmerso permanentemente en un
campo de fuerzas cuya composición determina la manera en que actúa la persona. Se trata
de fuerzas psicológicas relacionadas con las expectativas, las necesidades, con la
percepción que tiene el individuo de la realidad en la que está inmerso.
Gustave Le Bon
Se interesa por el estudio de las “muchedumbres o masas”, haciendo aportes valiosos a la
Psicología de los grupos y particularmente en el tema de la influencia social. El contexto de
la preocupación teórica de Le Bon se ubica a fines del siglo XIX con los hechos de la
Comuna de París. Estos acontecimientos hacen aparecer en escena a las clases populares
como actores centrales de la vida política. La concepción que Le Bon tenía de “las masas”
era peyorativa; pensaba que alteraban la racionalidad, estaban movidas por la irracionalidad
y convertía al individuo en un “bárbaro” que actúa por instinto. Más allá de esta forma de
concebir las masas, el trabajo del autor permite esbozar los procesos de conformidad del
individuo en los grandes grupos.
Psicoanálisis.
La obra de Freud, fundador del psicoanálisis, es de una vastedad y complejidad que ha
tenido repercusiones no sólo en la Psicología sino en otros campos como la antropología y
más recientemente en la filosofía.
En particular voy a referir dos trabajos, Totem y Tabú (1913)y Psicología de las Masas y
análisis del yo (1921). En el primero analiza el origen y reproducción de las instituciones
y el vínculo social a partir de la instauración de la ley como prohibició[Link] conflicto
humano fundamental es entre el deseo y la prohibición y para la institución de lo social
es necesaria la represión y sublimación de las pulsiones.
En Psicología de las Masas y Análisis del Yo se basa en el trabajo de Le Bon, y encara
el estudio de la influencia del líder y el fenómeno de sugestión. Este trabajo aporta
términos claves como el de identificación y la relación del líder con las masas. Se refiere
a la configuración del vínculo humano, dando cuenta que en la vida anímica “el otro” está
siempre integrado como modelo, objeto, auxiliar o adversario
Escuela de Chicago
Es una perspectiva sociológica que surge a partir de un conjunto de trabajos entre los años
1920 y 1930 con fuerte arraigo en la investigación naturalista (estudios etnográficos). Entre
los muchos autores de esta escuela se destacan los aportes de Mead a la PS quien, junto
con Dewey y Cooley, intentan responder a la pregunta sobre cómo se desarrolla el “yo” en
el contexto de las relaciones sociales. Mead, Influido por los principios evolutivos de
Darwin, es uno de los primeros autores en esforzarse por formular una teoría de la persona
como emergente de una matriz de relaciones intersubjetivas y de proponer a la
comunicación simbólica como mecanismo para su emergencia.
Asimismo Mead se opuso a la visión del ser humano como un mero “reactor” a estímulos
suscitados por el ambiente. En cambio propondrá, junto con otros pensadores
pragmatistas, que la acción está autorregulada porque el individuo es un intérprete de su
medio y de sus relaciones con los demás. Esto implica reconocer que la sensibilidad y
actividad del organismo están tan genuinamente determinadas por el entorno material como
por la autoconducción del organismo que puede indicarse a sí mismo, por medio de
símbolos, las consecuencias de ciertos tipos de reacciones a determinados estímulos
(Joas, 1995).
La psicología
social de tendencia individualista y la psicología social de tendencia sociológica
En el campo psicosocial la principal disyuntiva es la que involucra la distinción entre
el individuo y la sociedad.
-una postura defiende que se debe empezar por una descripción de los fenómenos sociales
y sobre esa base analizar la acción individual o generar el análisis del funcionamiento
psicológico;
-la otra postura supone que la forma de comprender los fenómenos sociales empieza
por los procesos psicológicos llevados a cabo por el individuo.
a- La tendencia individualista: la Psicología Social Psicológica
En la reconstrucción histórica de la Psicología Social que realiza Nigel Armestead (1974)
caracteriza como individualista a la Psicología Social tradicional, que él llama “Psicológica” y
que ha sido dominante en la historia de la disciplina. Así se bosqueja una Psicología Social
Tradicional o Psicológica que además de individualista se caracteriza por el énfasis en el
estudio de la conducta como manifestación observable a partir de diseños experimentales
del comportamiento. La PS Psicológica definió su quehacer desde el laboratorio de PS
Experimental para analizar las variables de la influencia social sobre el comportamiento,
preocupada por establecer leyes generales de conducta social a partir de las condiciones
más o menos controladas de laboratorio.
Se objeta la pretensión reduccionista de explicar fenómenos sociales a base de
características puramente psicológicas. El reduccionismo consiste en reducir la explicación
de fenómenos o procesos complejos al nivel más elemental posible. Derivan en una
concepción restringida de lo social como suma de partes individuales, limitan la incidencia
del entorno a la interacción entre organismos.
b- La tendencia sociológica: Mead y el interaccionismo simbólico
Parte de las teorías de Lewin se orientan por premisas no individualistas. Con su afirmación
“el grupo es más que la suma de sus partes” quiere decir que el grupo es una realidad que
no se puede reducir a los individuos que lo componen y ello implica el abandono de la
posición que coloca al individuo en primer plano. Incorpora una nueva forma de análisis de
los fenómenos humanos que da primacía al “todo” antes que a las “partes”. Uno de los
temas más importantes en las investigaciones de Lewin y sus colaboradores es la unidad
del grupo y su permanencia como totalidad dinámica, como también las relaciones
dinámicas entre elementos y las configuraciones de conjunto Por otra parte, la Escuela de
Chicago plantea una idea fundamental para una Psicología Social de orientación
sociológica: el hombre no nace humano, se transforma en humano en la sociedad. George
Mead, referente central de la Escuela de Chicago, es un autor pionero en el desarrollo de
una Psicología Social sustentada en una concepción compleja de lo social y de un modelo
de constitución de la persona a partir de una matriz de relaciones sociales. Desde esta
posición la sociedad es constitutiva del individuo a través del self o sí mismo, el cual se
constituye y modifica continuamente mediante interacciones con otros que involucran
símbolos con significado compartido, como veremos más adelante en la asignatura sobre el
tema de identidad. Es decir, esboza una teoría que permite comprender cómo se va
“construyendo la sociedad dentro de la mente y del sí mismo a través de la interacción: lo
social no es lo que ocurre cuando se junta gente, sino algo más profundo, implicado en
nuestros pensamientos e identidades.”
LOS AÑOS SESENTA Y SETENTA EL RECONOCIMIENTO DE LA
DIMENSIÓN IDEOLÓGICA
A partir de los años sesenta y setenta, en un contexto de luchas y revoluciones sociales, se
inicia un fuerte cuestionamiento al orden social y a las [Link] politiza la ciencia, se
reconoce que, en tanto es una práctica social, no está exenta del atravesamiento de lo
político y se da visibilidad a los efectos del conocimiento en la reproducción o cambio
social.
Psicología Social Crítica. La relación lenguaje, ideología y ciencia
Son distintas las influencias que han ido conformando una perspectiva crítica en Psicología
Social tal perspectiva asume que los fenómenos y procesos psicosociales, así como la
manera de comprenderlos a través de las teorías, están marcados por la historicidad; es
decir que son el resultado de prácticas sociales históricamente situadas. Afirmar que la
realidad social es histórica es decir que resulta en buena medida de las peculiaridades
culturales, de las tradiciones y del ‘modo de vida’ que una sociedad ha ido construyendo a
largo de su desarrollo. la Psicología Social crítica asume el carácter interpretativo del ser
humano. Esto es, el modo de participación del ser humano en el mundo es interpretativo,
pasa por la comprensión.
Nuestro conocimiento del mundo y de nosotr*s mism*s está vinculado a la interpretación
que realizamos desde el marco lingüístico y cultural en el que nos desenvolvemos. Otro
rasgo de la perspectiva crítica en Psicología Social es el planteo de fuertes
cuestionamientos a la relación que la ciencia tradicional ha concebido entre el lenguaje y el
mundo que representa. Como lo propone Gergen, se plantea un desafío a la suposición de
que “el lenguaje puede representar, reflejar, contener, transmitir o almacenar el
conocimiento objetivo. Tales críticas invitan a una reconsideración completa de la
naturaleza del lenguaje y cuál es su lugar en la vida social;” . Lo que consideramos la
“realidad” son versiones construidas colectivamente en el seno de las distintas sociedades y
culturas. Que sea una construcción no quiere decir que no tenga eficacia práctica para la
gente en su vida cotidiana, en cada momento histórico y sociedad determinada.
Por otra parte, el sentido formativo del lenguaje implica que nuestras concepciones del
mundo no tienen como punto de origen la “realidad objetiva” sino las interacciones que
mantenemos en el día a día así como las que mantuvieron quienes nos antecedieron en
el tiempo.
A la Psicología Social Crítica le interesa poner de manifiesto la relación entre el lenguaje,
la ideología y el conocimiento científico. Lejos de la idea de la neutralidad del lenguaje que
es
entendido en su función de referenciar los objetos del mundo, los filósofos del giro
lingüístico
proponen que hay una lengua que nos precede. No dominamos una lengua, sino que ella
nos domina a nosotros, somos hablados por ella . Estos son condicionamientos históricos
tanto del sujeto como de la producción de conocimiento.
En síntesis:
Desde la Psicología Social Crítica se reconoce cabalmente que lo que tomamos como la
realidad de los objetos, sus cualidades y atributos, son objetivaciones que resultan de
nuestras convenciones y prácticas discursivas y de nuestras características. De modo que,
en la perspectiva crítica, el conocimiento que se produce en la PS - como en todas las
ciencias - ya no es pensado como aséptico, neutral y objetivo. Por un lado, porque los
supuestos culturales se filtran en los conceptos que manejan las teorías, dado que están
hechas de lenguaje y las categorías lingüísticas conllevan valores. Por otro lado, el
conocimiento de la ciencia modifica de alguna manera los objetos sobre los que versa. Se
destaca de este modo el carácter político del conocimiento porque:
I) Incorpora creencias instituidas: un objeto de investigación o análisis social, por ejemplo
“la violencia”, no es un observable (como sí lo es un empujón, un golpe, un grito) sino un
modo de denominar o clasificar lo que se observa (Noel, 2006)
II) Induce modificaciones sociales: los discursos de las teorías científicas circulan
continuamente entre el “ámbito de la ciencia” y el “sentido común”, y al hacer esto penetran
en las construcciones simbólicas de las personas.
Esto quiere decir que la naturaleza simbólica de la realidad social hace que la misma sea
sensible y afectable por las producciones simbólicas. Cualquier modificación de nuestra
forma de ver la realidad social, auspiciada por las teorías científicas, es susceptible de
modificarla.
MONTERO
El Último cuarto del siglo XX y lo que va del XXI han visto surgir y desarrollarse en el campo
psicosocial latinoamericano tres expresiones del quehacer,del cómo hacer del pensar
psicoló[Link] tres presentan rasgos específicos propios de nuestro Continente y buscan
dar respuesta a los problemas de las sociedades latinoamericanas.
La explicación puede estar en el hecho de que los tres surgen en nuestra parte del
continente a raíz de la crisis de la psicología y en particular de la psicología social,habida a
finales de los años sesenta e inicios de los años setenta o como un efecto a las reacciones
a esa crisis.
De la Psicología Social Comunitaria a la Psicología Social de la Liberación a
Través de la Corriente Crítica
En efecto, la psicología social respondió dando lugar primero(mediados de los 70) a una
nueva expresión, la psicología social comunitaria, pronto constituida genéricamente como
psicología comunitaria, puesto que también repercutió en otras áreas de la psicología. Esa
psicología se definió desde sus inicios como el estudio de los factores psicosociales que
permiten desarrollar, fomentar y mantener el control y poder que los individuos pueden
ejercer sobre su ambiente individual y social para solucionar problemas que los aquejan y
lograr cambios en esos ambientes y en la estructura social.
De la Crítica en Psicología
Orígenes
La corriente crítica de la psicología tiene dos orígenes. Uno generado en la práctica, que
subvierte los modos de hacer y de pensar pero que no se nombra a sí mismo, surgido
en
América Latina bajo la influencia de ciencias sociales tales como la sociología llamada
“militante” o “crítica” la educación popular freiriana y su área de influencia que incluye a
sociólogos, antropólogos y educadores tales como Vio Grossi, Le Boterf, May, de Witt,
entre otros ; la etnometodología, y algunas formas de antropología. En la psicología esta
corriente encuentra expresión en la naciente psicología social comunitaria y en el
movimiento llamado de “alternativas a la psiquiatría”
Otro origen comenzó a ser planteado en el campo de la psicología anglosajona a mediados
de los sesenta bajo el nombre de psicología radical. Tal psicología era radical en su crítica y
en sus perspectivas sobre cómo intervenir no sólo en la relación con los individuos, sino
también en la sociedad en la que tanto ellos como los psicólogos viven. A partir de esos
planteamientos ese movimiento va a evolucionar y a inicios de los años ochenta adopta el
adjetivo crítica en su nombre. Tal tendencia buscaba fundamentalmente dar cuenta de las
transformaciones que estaban ocurriendo en el campo de la ciencia y que no parecían ser
aceptadas por las teorías entonces al uso.
había que dar cuenta de:
a) los cambios en la concepción que del individuo y la subjetividad se tenía en la psicología
hasta ese momento;
b) las estrategias seguidas para producir esos cambios;
c) la crítica a las relaciones entre la dualidad individuo-sociedad;
d) la crítica a las prácticas de regulación y administración social perpetuadoras del statu-quo
y a las alternativas a ellas que podría haber.
Estos autores introducían ya la idea del carácter político que tales relaciones tienen y de
cómo sería posible generar una política liberadora que se opusiera a las formas
opresoras existentes en la psicología de la época como era producida en el mundo
anglosajón.
Del Ser y Ámbito de la Crítica
Si algo parece fácil de hacer pero difícil de definir es la condición crítica. ¿Qué es lo
crítico?¿Por qué algo recibe el calificativo de crítico?
Esta dificultad se plantea con tanta más urgencia cuando en las ciencias sociales y en
particular en la psicología,cómo se ha dicho, desde la segunda mitad de la década del
sesenta se venía planteando la existencia de una corriente crítica que hace sentir su
influencia en todas las áreas de la disciplina.
1-Crítica es un sustantivo que se origina del término crisis, significa la acción o facultad
de elegir, distinguiendo y para ello separando unas cosas de otras.
2-En psicología la crítica significa someter a análisis las teorías, conceptos y perspectivas
aceptadas como explicaciones últimas de los fenómenos psicológicos, develando sus
contradicciones, sus lagunas, sus incoherencias y debilidades, así como también sus
fortalezas.
3-Lo cual a su vez revela otra condición de la crítica: reconocer y someter a juicio las formas
más o menos obvias, más o menos sutiles, en las cuales se ejercen relaciones de poder
que suelen excluir explicaciones alternativas o posiciones divergentes. 4-El carácter
inevitable de la crítica. Siempre habrá crítica a pesar de lo mal que muchas veces pueda ser
recibida. Eso le confiere el carácter de “fatalidad de la vida cotidiana”.
La crítica es la prueba de que las cosas pueden ser de otra manera, que pueden ser de
forma distinta a la reconocida o establecida.
5-Lo crítico es cambiante. El mundo que cambió deviene natural y habitual y será de nuevo
objeto de crítica. La crítica entonces no tiene contenido ni forma predeterminados. Es
inesperada y aunque se la intente reprimir encontrará siempre una vía para fluir. 6-La
crítica no es en sí ni buena ni mala. Es necesaria para cambiar las cosas. 7-El movimiento
crítico expresa la tesis monista de que el conocimiento no es un reflejo objetivo de la
realidad sino que está marcado por las condiciones históricas de su producción, de las
cuales forma parte.
En definitiva, la crítica subvierte el modo de ver las cosas; desencaja los mecanismos de
poder que sostienen posiciones establecidas y abre nuevas perspectivas al conocimiento.
Ella es parte de la complejidad del mundo, usualmente tan difícil de aceptar. Y en tal
sentido la crítica es liberadora. Libera de formas y modos establecidos como los únicos que
permiten comprender el mundo, explicar nuestro entorno y que mantienen ciertas jerarquías
y relaciones basadas en la desigualdad y en la sumisión.
La crítica es entonces parte inherente al carácter científico de una disciplina, pues ella
ayuda a trazar la línea que separa el conocimiento de la ciencia, del saber revelado o de la
fe ciega. Es ella la que impide que el conocimiento producido en un determinado momento
se convierta en dogma. En tal sentido la crítica es una condición de la libertad.
Crítica, Ética, Psicología Social Comunitaria y Liberación
La praxis y los valores de la psicología social comunitaria y los postulados de la psicología
social de la liberación, nos indican que el valor de la crítica reside en su capacidad de
mostrar alternativas; de reconocer y traer a primer plano la diversidad de los actores
sociales intervinientes en las situaciones sociales y de señalar la relación existente entre los
fenómenos sociales y el contexto o situación en que se dan.
Los psicólogos deben tener un compromiso crítico con las personas con las cuales
trabajan. ser críticos significa ser capaces de ver lo que de ideológico puede haber en el
sentido común de aquellos con quienes trabajamos.
Otros indicadores presentes en los investigadores o en los interventores sociales y
psicosociales comunitarios son la reflexividad, es decir, la capacidad de examinar
constantemente lo que hacen, de abrir procesos de reflexión sobre su quehacer,
compartidos con todas las personas que como colaboradores, co-autores o cualquier otra
forma de actoría social.
Al respecto es conveniente analizar las cinco preguntas dirigidas tanto a la psicología
social comunitaria como a la psicología social crítica, que plantean Prilleltensky y Fox
De la Liberación en Psicología
La idea de liberación unida a la de transformación social comienza a rondar el campo de la
psicología en general, a inicios del último tercio del siglo XX. quien genera la idea de una
psicología social de la liberación, es Ignacio Martín-Baró.
Martín-Baró analizaba el contexto sociopolítico y económico que planteaba su necesidad y
formulaba tres aspectos que deberían caracterizarla:
1. Propiciar una forma de buscar la verdad desde las masas populares.
2. Crear una praxis psicológica para la transformación de personas y sociedades a partir de
sus potencialidades negadas.
3. Descentrar la atención del status científico de la psicología de sí misma, para dedicarse a
resolver los problemas de las mayorías latinoamericanas oprimidas.
La psicología social de la liberación, complementa su carácter liberador con la perspectiva
crítica de sí misma en tanto que modo de producción de conocimiento y fuente de impulso
para el cambio social. El aspecto crítico se manifiesta en el carácter reflexivo (auto y
heterorreflexivo), el cual incorpora un continuo escrutinio de su quehacer, de su cómo
hacer y de sus efectos; así como también en el rechazo liberador de cualquier forma
asimétrica del poder. Los objetivos más importantes por los cuales suele ser reconocida
esa corriente son:
1. Cambios sociales surgidos desde la base de la sociedad: desde los oprimidos,
excluidos y menesterosos.
2. Crear una psicología popular, recuperando el carácter histórico de nuestros pueblos y
el saber popular de los mismos.
3. Carácter democrático y participativo de las relaciones inter e intra grupales. Búsqueda de
democratización de la sociedad. Fortalecimiento de la democracia.
4. Concientización de la población.
5. Fortalecimiento de la sociedad civil. Participación y responsabilidad crecientes de las
comunidades en las decisiones sobre su entorno, su bienestar y su calidad de vida. 6.
Solidaridad social.
Sobre el Concepto de Liberación
El concepto de liberación como ha sido planteado en la psicología coloca su base de acción
en las víctimas de opresión, en quienes sufren carencias, en quienes han sido excluidos de
los bienes sociales y de los servicios originados en ellos, de las decisiones que les
conciernen, del concierto de voces que son escuchadas en la sociedad. La liberación se
plantea como el rescate del potencial de recursos que esas personas tienen para lograr
transformaciones, muchas veces invisibles para ellas mismas debido a condiciones
históricas, culturales y sociales
Psicología Comunitaria, Psicología de la Liberación, Psicología
Crítica:Tres Expresiones de un Movimiento Complejo
Psicología comunitaria, carácter crítico y orientación liberadora pueden considerarse como
expresiones de una misma conciencia: la conciencia de la necesidad de responder efectiva
y legítimamente a las necesidades de sociedades cuyo destino histórico debe trascender la
pobreza, la sumisión y la ignorancia
Un Haz con Tres ramas: Tres Modos de Hacer Psicología Socialmente Sensible
Las tres expresiones de la psicología latinoamericana que fijan su ámbito de acción en los
problemas sociales de esta parte del continente se caracterizan por generar una práctica
transformadora, que va más allá del mero ejercicio intelectual, creando así una praxis.
Esta perspectiva analéctica es colocada en situación por la psicología social comunitaria
que la introduce en la acción social mediante el enfoque dialógico en el cual se expresa
el carácter liberador introducido por la psicología social de la liberación.
A su vez la analéctica, al permitir el acceso de esos otros que introducen la diversidad, lo
inesperado, lo distinto de la otredad, impide la cristalización de las ideas y conceptos y la
ritualización de las acciones.
La psicología social de la liberación subraya el carácter político de la praxis psicosocial que
se venía realizando y le fija tareas específicas a cumplir. La condición crítica es un requisito
fundamental tanto en el trabajo psicosocial comunitario como en el enfoque liberacionista,
pues tanto el uno como el otro en la medida en que son modos alternativos de acción
política corren el mismo peligro del cual tratan de proteger a los grupos sociales con los
cuales trabajan: la ideologización y la alienación.
La relación entre las tres tendencias descritas presenta vía para hacer una psicología
autóctona, pero no encerrada, que a la vez dice al mundo y lo escucha. Una psicología que
al responder a los problemas de las comunidades en las sociedades latinoamericanas
afligidas por la desigualdad y la opresión, contribuye a desarrollar ciudadanos conscientes
de sus deberes y de sus derechos, así como al reflexionar críticamente sobre sus actos y
sobre los resultados de los mismos, sobre sus motivaciones y sobre sus compromisos
podría estar contribuyendo también a la transformación de estas sociedades,fijando el
rumbo hacia formas de desarrollo ecológicamente viables y humanamente deseables.
UNIDAD II
BERARDI
Desde el sentido común la vida cotidiana nos parece algo natural y evidente, se trata de
nuestra vida compartida en la comunidad,la vida de todos los días. Sin embargo para los
sociólogos la cotidianeidad es una construcción social e histórica y por lo tanto no tiene
nada de natural.
Lo cotidiano es la esfera de realidad en la que vivimos y dentro de las múltiples realidades
hay una que se presenta como la realidad por excelencia , este proceso comienza con la
construcción del aquí y ahora y requiere que aprendamos las claves de un mundo ordenado
ya dispuesto de antemano, en la esfera de lo cotidiano aprendemos las reglas y normas. El
conocimiento cotidiano nos proporciona los significados necesarios para vivir en este
mundo.
A medida que las sociedades se vuelven más complejas, las experiencias de la vida
cotidiana se alejan de las situaciones cara a cara , y se tornan progresivamente anónimas
para el individuo, de modo que solo pueden ser aprendidas a través de tipificaciones. Lo
cotidiano posee también su particular concepción del tiempo y el espacio. El tiempo de lo
cotidiano suele ser repetitivo y circular, se trata de una temporalidad heterogénea,
relacionada con lo que se ha llamado reloj interior.
El cine otorga forma audiovisual a estas matrices del imaginario social y se conforman en
potente instrumento de la sociedad para ponerse en escena y mostrarse. El cine nos
muestra en figuras los rasgos centrales de la mentalidad de su época, y estas figuras
pueden detectarse e interpretarse como lo imaginario social.
Los entramados figurativos conforman, a la vez, ciertos particulares modelos de
representación,modelos más o menos estables que también pueden ser identificados y
usados para interpretación de las matrices culturales de cada época.
Un modelo de representación es una especie de mapa del mundo: establece límites y
asigna pertenencias,instala coordenadas territoriales y temporales, distribuye redes sociales
y marca las conductas sociales deseables y condenables.
TOMASINI
ALFRED SCHUTZ Y EL MUNDO DEL SENTIDO COMÚN
El pensamiento de Alfred Schütz estuvo marcado por su preocupación en la estructura y
significación del mundo del sentido común, ese mundo del ejecutar diario en el cual
nacemos y desarrollamos nuestra existencia.
Por “mundo de la vida cotidiana” Schutz entiende al:“mundo intersubjetivo que existía
mucho antes de nuestro nacimiento,experimentado e interpretado por Otros, nuestros
predecesores, como un mundo organizado. Ahora está dado a nuestra experiencia e
interpretación.
Toda interpretación de este mundo se basa en un acervo de experiencias anteriores de
él, nuestras propias experiencias y las que nos han transmitido nuestros padres y
maestros, que funcionan como un esquema de referencia en la forma de ‘conocimiento a
mano’” Se trata de un mundo intersubjetivo, es decir, no es un mundo privado sino común
a otros, en él existen semejantes con quienes me vinculan muchas relaciones sociales.
Tenemos en el mundo cotidiano un interés esencialmente práctico, dado por la necesidad
de satisfacer los requerimientos básicos de nuestra vida.
Cobran centralidad en este planteo las cuestiones del significado y la interpretación:
“interpretar el mundo es un modo primordial de actuar en él” . Puedo definir una situación
como juego, lucha, conflicto, violencia, seducción, fantasía y mi manera de definirla
establece la posición que ocupa en mi mundo y las posibilidades de acción que yo puedo
tener sobre ella.
Schutz considera, asimismo, la situación biográfica del actor y con ello refiere a que cada
individuo se sitúa en la vida de una manera específica e interpreta lo que encuentra en el
mundo según la perspectiva de sus particulares deseos, intereses, motivos o compromisos
ideológicos.
Finalmente, una las características del mundo cotidiano es la de ser presupuesto, esto es,
damos tácitamente por sentado que existe este mundo que todos compartimos y dentro
del cual nos comunicamos, trabajamos y vivimos nuestra vida.
Las personas compartimos presupuestos acerca del mundo que nos rodea, que nos
antecedió y que nos sucederá y son evidencias compartidas acerca de los otros y de las
situaciones que vivimos con ellos. Este “mundo presupuesto” está casi por completo fuera
de duda.
El “dar el mundo por supuesto” se vincula con la actitud natural que consiste en
suspender la duda de su existencia.
En sus asuntos diarios la gente “supone”, tiene expectativas que si saluda lo saludarán,
si pregunta le responderán, si dice un chiste será entendido como tal, etc.
El Tipo ideal
Para Schutz son: “las tipificaciones subyacentes del pensamiento del sentido común las que
sostienen día a día la realidad eminente de los crédulos, las que les permiten orientarse
acertadamente ante situaciones imaginadas o imprevistas, conocer anticipadamente a las
demás personas y a los objetos, las que regularmente les impiden dudar de que el mundo
en el que viven pueda ser otra cosa muy distinta de cómo se les aparece”. Para interpretar
el mundo hacemos uso de un cúmulo o acervo de conocimiento que nos ha sido transmitido
desde el nacimiento. Estos saberes transmitidos, pero que a la vez recreamos en nuestros
encuentros con otros, funcionan como esquemas de referencia que nos permiten
manejarnos en un mundo de sujetos, objetos y acontecimientos que son percibidos como
más o menos definidos y con cualidades que podemos anticipar. Esto es así porque
interpretamos las situaciones como “familiares”, “conocidas”, “parecidas”, “similares” a otras
situaciones ya vividas o transmitidas y disponemos de métodos, técnicas, recetas para el
uso de los medios disponibles que han resultado eficaces en situaciones anteriores.
Claramente este conocimiento es de carácter social.
El medio tipificador por excelencia es el lenguaje: las cosas, acontecimientos y categorías
de personas son nombradas mediante términos específicos. Pero claro que aquí vuelve a
aparecer la relevancia de la situación biográfica. Puntualmente porque el lenguaje no es
sólo un conjunto de signos sino que las palabras están rodeadas de connotaciones que las
hacen comprensible cabalmente sólo a los miembros de grupos particulares. Llevado esto
al plano de la comprensión del comportamiento de los otros, Schutz propone que lo
entendemos en función de tipos ideales.
En el momento de comprender una determinada acción por medio de un tipo ideal, quien
interpreta (el intérprete) parte de sus propias percepciones del acto manifiesto de alguien e
intenta atribuir un motivo por detrás de ese acto. El acto se interpreta dentro de un contexto
objetivo de significado, con lo cual se asigna el mismo motivo a cualquier acto que tenga
una apariencia más o menos similar. De este modo se atribuye un motivo constante para el
acto, prescindiendo de quien lo realiza o cuáles son sus vivencias en ese momento. Así es
como para un tipo personal ideal existe un motivo típico para un acto típico.
LA SOCIOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO DE BERGER Y LUKCMAN
Berger y Luckmann se interesan por la génesis del saber común. Para estos autores la
cotidianeidad es el producto de un trabajo histórico de definiciones compartidas de lo que
estableceremos como la realidad y, una vez hecho, deviene la realidad objetiva(da) en la
que nos movemos. La sociedad es vista como un sistema de objetivaciones que han
borrado su origen, lo cual quiere decir que la sociedad no es una cosa dada objetivamente
con independencia de las acciones humanas que la construyen. Explican este proceso a
través de la dialéctica entre externalización, objetivación e internalización el organismo
humano carece de los medios biológicos necesarios para proporcionar estabilidad al
comportamiento humano pero la existencia humana se desarrolla en un contexto
relativamente previsible y estable porque existe un orden social. Este orden antecede el
desarrollo de cada individuo y lo afecta.
Cuando hablamos del entorno humano no hablamos de algo natural sino de un producto de
la actividad humana. El ser humano se externaliza en las actividades que realiza y ello está
en la base de la teoría de la institucionalización que plantean Berger y Lukcman. Las
instituciones no se crean de un momento para otro sino que tienen una historia de la cual
son producto. Su origen está vinculado a una serie de problemas sociales concretos de los
cuales surgen. La institucionalización supone un momento previo de habituación, es decir
que en la vida de un grupo social o una comunidad un acto repetido con frecuencia se
instaura como rutina. Disponer de procedimientos habituales para “hacer las cosas” (desde
la cocción de alimentos, la higiene del cuerpo, el cuidado ante las enfermedades, etc.)
supone un economicismo para la vida social ya que permite restringir opciones y hace que
sea innecesario definir cada situación de nuevo.
Las instituciones implican, además, historicidad y control. Las tipificaciones de acciones se
construyen en el curso de una historia compartida. Las instituciones, por el hecho de
existir, controlan el comportamiento humano estableciendo pautas definidas de antemano
que lo canalizan en una dirección determinada (y desalienta otras pautas de conducta).
Decir que un sector de la actividad humana ha sido institucionalizado es decir que ha sido
sometido al control social.
La externalización designa el proceso por el cual las instituciones, constituidas a partir de un
proceso de habituación y tipificación, se constituyen afuera del individuo, existen como
realidad externa: el mundo se experimenta como algo distinto a un producto humano. El
mundo social se “enfrenta al individuo de modo análogo al mundo natural. Solamente así,
como mundo objetivo, pueden las formaciones sociales transmitirse a la nueva generación”
(Berger y Luckman, 1994: 81). Las instituciones “están ahí”, persisten en su realidad, más
allá de la voluntad de los individuos particulares.
La objetivación es el proceso por el cual los productos externalizados de la actividad
humana alcanzan el carácter de objetividad. Los significados se materializan permitiendo
que el sujeto vuelva accesible los conocimientos de su entorno a las experiencias de su
práctica cotidiana.
La externalización y la objetivación son un momento de un proceso dialéctico que se
completa con la internalización. La internalización es el proceso por el cual el mundo
social objetivado vuelve a proyectarse en la conciencia durante la socialización; es la
incorporación en los individuos de los contenidos culturales de la sociedad en la que se
nace y se vive. Los
procesos de socialización permiten al individuo formar parte del mundo social, aprehenderlo
y darlo por supuesto. A la sociedad (atravesada por la tensión constitutiva entre el orden y
el desorden) esto le garantiza que el individuo no sólo considere ese mundo como propio
sino
natural y deseable. Así, la socialización instala visiones del mundo social: ideas de lo
correcto, deseable y normal.
El lenguaje y el conocimiento en la vida cotidiana
El lenguaje es el sistema de signos más importante de la sociedad humana. Es capaz de
transformarse en “depósito objetivo” de vastas acumulaciones de significado y experiencia,
esto es, puede preservar y transmitir significados a través del tiempo. El lenguaje se me
presenta como facticidad externa y su efecto sobre mí es coercitivo. Es decir que me
obliga a adaptarme a sus pautas, no puedo usar como quiera las reglas
sintácticas ni usar palabras crípticas si quiero que los demás entiendan lo que digo. Por ello
debo tomar en cuenta las reglas aceptadas del lenguaje para las diversas ocasiones En el
lenguaje encontramos tipificadas las experiencias y esto nos permite incluirlas en
categorías más amplias en cuyos términos adquieren significado para mí y para los demás.
En el lenguaje encontramos tipificadas las experiencias y esto nos permite incluirlas en
categorías más amplias en cuyos términos adquieren significado para mí y para los demás.
El lenguaje constituye campos semánticos o zonas de significado circunscriptos. Por medio
del lenguaje se elaboran esquemas clasificatorios para diferenciar los objetos según su
género, número, forma, para indicar grados de intimidad y distancia social, etc.
- Interacción y tipificaciones
Para Berger y Luckman, la experiencia más importante que tengo de los otros se produce
en la situación “cara a cara” y esta es el prototipo de la interacción social. En el “cara a
cara” se produce un intercambio de expresividad La interacción cara a cara puede estar
pautada como parte de las rutinas de la vida cotidiana. En esos casos aprehendo al otro por
medio de esquemas tipificadores, es decir que “aprehendo” y “trato” al otro como cliente,
vendedor, médico, paciente, profesor, alumno, etc. Y todas estas tipificaciones afectan
continuamente mi interacción con él. La interacción cara a cara está marcada por esas
tipificaciones y las mismas son valederas en la medida que no se vuelvan problemáticas
debido a alguna interferencia
Espacio y tiempo: coordenadas de lo cotidiano
Lo cotidiano no se define meramente como un conjunto de rutinas o hechos ordenados
socialmente que se repiten día a día. Más bien, como se plateó más arriba, el interés como
objeto psicosocial está dado por los sentidos y significados del hacer humano en la vida
cotidiana. Se trata de un “mundo de vivencias” que nos remite a una realidad subjetiva, a la
manera en que los individuos viven su vida práctica. De este modo, al considerar al espacio
y tiempo como coordenadas de lo cotidiano se distingue un plano uniformado y regulado
oficialmente (por los calendarios, los relojes, los mapas, las fronteras) y un plano subjetivo,
es decir, una particular manera de experimentar y vivenciar el tiempo y el espacio. Cuando
Schutz propone que el espacio y el tiempo son coordenadas de lo cotidiano quiere decir
que la acción práctica siempre tiene un posicionamiento en un “aquí” y “ahora”, desde
donde se percibe de una particular forma al mundo. Al hablar de “coordenadas” se alude a
un sistema de referencia Y de orientación hay un tiempo estándar y uniforme, aquel
regulado por los relojes, calendarios y horarios que marcan el ordenamiento de la vida
urbana, mercantil, industrial, distinguiendo momentos para el trabajo y para la familia, para
la producción y para la recreación y el descanso. La vida cotidiana tiene una estructura
temporal que me enfrenta con una facticidad con la que debo contar y con la que debo
sincronizar mis proyectos. Este “tiempo oficial” co-existe con las vivencias subjetivas del
tiempo. Esta doble dimensión, como propone Lindon (2000), refiere a la experiencia del
presente como prácticas desarrolladas simultáneamente en el “tiempo exterior” (medido a
través de los instrumentos de medición) y en un “tiempo interior” (duración, intensidad,
tiempos fuertes y débiles, multiplicidad, simultaneidad).
La manera de vivir el tiempo es sin duda un aspecto relevante de la subjetividad.
ROSANA REGUILLO
La clandestina centralidad de la vida cotidiana
La vida cotidiana se constituye en un lugar estratégico para pensar la sociedad en su
compleja pluralidad de símbolos y de interacciones ya que se trata del espacio donde se
encuentran las prácticas y las estructuras, del escenario de la reproducción y
simultáneamente, de la innovación social.
Armada sobre la certeza de su repetición, la cotidianidad es ante todo el tejido de tiempos y
espacios que organizan para los practicantes los innumerables rituales que garantizan la
existencia del orden construido.
La «naturalidad» con la que ella se despliega la vuelve ajena a toda sospecha y amparada
en su inofensivo transcurrir selecciona, combina, ordena el universo de sentidos posibles
que le confieren a sus procedimientos y a su lógica el estatuto de «normalidad» La vida
cotidiana tiene su tiempo y su espacio a contrapunto del tiempo y del espacio de excepción,
de los cuales extrae, sin embargo, la fuerza de sentido para explicarse a sí misma. En el
espacio y tiempo sagrado de los rituales religiosos, políticos, sociales que la interrumpen, la
vida cotidiana encuentra su sentido y renueva su gestión
En tal sentido puede decirse que una manera de definirla es mediante una operación de
oposición y al mismo tiempo de complementariedad: de un lado, lo cotidiano se constituye
por aquellas prácticas, lógicas, espacios y temporalidades que garantizan la reproducción
social por la vía de la reiteración, es el espacio de lo que una sociedad particular, un grupo,
una cultura considera como lo «normal» y lo «natural»; de otro lado, la rutinización
normalizada adquiere «visibilidad» para sus practicantes tanto en los periodos de excepción
como cuando alguno o algunos de los dispositivos que la hacen posible entra en crisis
Modos colectivos de gestión
Legitimación que se opera a través del acervo cognitivo y lingüísticamente disponible en
una sociedad. Cada pequeña acción individual encuentra así una interpretación social que
provisoriamente puede definirse como «discursos cotidianos para nombrar la vida».
Discursos que se nutren simultáneamente de las prácticas y de la cultura depositada en las
instituciones en un flujo continúo de producción de sentido. Así, siguiendo el pensamiento
de Balandier (1994), estos discursos cotidianos tienen como función «proteger contra el
acontecimiento», es decir, contra aquellos eventos disruptivos que trastocan el continuo de
la vida cotidiana. Protección que se opera mediante dos vías: de un lado, cerrar mediante la
repetición y la sanción el ámbito de lo normal cotidiano; de otro lado, mediante los
dispositivos rituales que permiten la trasgresión «oficial».Repetición y ruptura como
elementos ordenadores de la vida cotidiana.
Sin embargo, como se ha dicho, la vida cotidiana es histórica y de acuerdo a la teoría de la
práctica de Bourdieu, las prácticas y estructuras se articulan mediante el habitus. en una
dinámica garantizada por las estructuras de plausibilidad, es decir, por las condiciones que
hacen posibles las prácticas. Cuando estas estructuras de plausibilidad fallan o entran en
crisis, se produce un desajuste o una ruptura, entre la práctica y la estructura que genera
movimientos en el habitus, es decir, en los esquemas de percepción, valoración y acción
sobre el mundo social.
La práctica queda desanclada, pierde su referencia en el universo simbólico Desde los
ámbitos de la vida cotidiana, estos acuerdos implican la aceptación de la diferencia y la
reflexividad en la medida en que «obligan» a los actores a poner en cuestión la
autoevidencia de la vida cotidiana. Se abre la posibilidad de una nueva forma de gestión
colectiva capaz de
incorporar, respetando, los distintos significados que pueden caber en una
definición orientadora
Sin poner en cuestión que en la vida cotidiana los actores tienden a operar a partir de una
serie de presupuestos pragmáticos que funcionan «hasta nuevo aviso», lo que aquí se
quiere argumentar es que el hecho de que estos presupuestos funcionen como elementos
orientadores de la acción colectiva, no implica necesariamente que los actores sociales los
asuman «sin más». Las resistencias, negociaciones y aún francas oposiciones ante
aquello que aparece como «normal», «acertado» en función de las evidencias empíricas
que el actor obtiene con su actuación, se hacen visibles cuando aparecen «otros
presupuestos» también pragmáticos que ponen en cuestión las certezas construidas del
actor, que entenderá que lo acertado no es siempre ni necesariamente lo verdadero. Esto
es
especialmente válido para los contactos interculturales . La vida cotidiana no es un
contenido estático en el tiempo, sino un proceso dinámico y necesariamente histórico. Su
especificidad no está en las prácticas reiterativas, sino en los sentidos que esas prácticas
representan y en los modos en que son representadas, para y por los grupos sociales en un
contexto histórico y social.
El espacio y el tiempo, el desanclaje
El tiempo y el espacio son constitutivos fundamentales de la vida cotidiana. Organizan y
marcan para los actores sociales, los diferentes ciclos y lugares para el desarrollo de las
prácticas.
El calendario y el reloj, dos de los principales mecanismos de representación del tiempo,
determinan las posiciones, fijan los intervalos y pautan los ritmos de duración de las cosas.
El calendario social otorga la seguridad y la certeza de la sucesión de puntos reconocibles,
pero es en la actualización cotidiana a su vez anclada en matrices culturales e históricas,
donde este calendario adquiere sus «contenidos» especí[Link] tiempo de lo cotidiano se
constituye a partir de la relación entre una dimensión social y una dimensión subjetiva.
Puede hablarse de un tiempo social y de una temporalidad cotidiana definida por los usos y
los contextos.
Para Giddens una de las principales consecuencias de la modernidad ha sido la separación
del tiempo y del espacio, operada por lo que él denomina «vaciado temporal» y «vaciado
espacial», que pueden entenderse como la uniformación, y estandarización de estas
dimensiones a través de unidades de medida La desacralización de los lugares de culto o la
sacralización de los lugares profanos, que si bien no es un fenómeno nuevo pero que
ciertamente se ha acelerado por la secularización y especialmente por la posibilidad de la
tele-presencia propiciada por los medios electrónicos; el agotamiento de los patrones
temporales de renovación social generada por el paradójico binomio crisis estructural-
calidad, esperanza de vida; la diversificación de los «lugares» que requieren del ojo
vigilante de los poderes; el desdibujamiento de las fronteras entre el mundo público y
privado, entre otros factores, propician burlar la «dura» disciplina que impone el orden
cotidiano, mediante la delimitación de sus tiempos y espacios.
«Desancladas» de unas coordenadas espacio-temporales fijas y rígidas, las prácticas
cotidianas pueden ser objeto de reflexión y crítica en la medida en que el actor recibe la
evidencia de que el «nuevo» orden social no sólo tolera sino fomenta el trastocamiento de
las rutinas cotidianas, entre otras cosas porque la alta diversificación y especialización de la
sociedad contemporánea requiere para su mantenimiento de múltiples temporalidades y de
diversas espacialidades.
Las revanchas
Despojada de una definición esencialista, es posible ver en la vida cotidiana el lugar
estratégico para observar el cambio social. La mirada densa sobre sus formas de
estructuración, sus rituales, sus horizontes espacio-temporales, revelan las interfaces entre
las fuentes de donde se nutren las prácticas cotidianas y las propias prácticas situadas de
los agentes sociales en una dinámica de producción-reproducción de significados. El
análisis social ha ido incorporando paulatinamente el interés por la vida cotidiana y hoy se
entiende como un componente indisociable y constitutivo del mundo público social, que
durante mucho tiempo ha eclipsado la atención de los estudiosos como el mundo de «lo que
si vale», desubjetivizando a los actores que aparecerían así ajenos a sus ámbitos afectivos-
simbólicos.
Lifssyc y Meccia
Socialmente natural, naturalmente social
Lo social no es natural
Tenemos que estar dispuestos a dudar del carácter incontestable de la sacciones y
comportamiento de las [Link] actitud cuestionadora es el primer paso para
desnaturlizar lo [Link] disponerse a descubrir que ha hecho la sociedad de nuestra
naturaleza humana y todo ello porque respondamos a ciertos instintos y sentimientos
naturales.
Pero suele sucedernos que de pensar que hacemos las cosas por costumbre estamos a un
paso de pensar que las hacemos pq es normal y de pensar que las costumbres están
relacionadas con la normalidad,pensar que estamos a pocos pasos de lo natural,ese orden
inmutable que parece imponerse a los seres humanos a pesar de que existe porque
nosotros pensamos que existe.
La naturalización de lo social,una manera de pensar los sucesos sociales en términos sobre
todo estáticos, la naturalización de lo social, no es una mera cuestión cognitiva, también
trae consigo una cuestión moral: ambos aspectos,en los hechos,aparecen indisociado. El
pensamiento naturalizante tiene la triste particularidad de producir los pensamientos
contrarios, es decir, allí donde se piense de algo que es natural, tendremos los parámetros
para detectar aquello que es antinatural o anormal como si el hecho de no estar
encuadrados en nuestras costumbres fuera pudiera ser un criterio para distinguir entre
ambas condiciones.
Si la naturalización de lo social está en la base de un universo de sentido común de
clasificaciones y calificaciones negativas de todo lo que está alejado de nuestras
costumbres, desnaturalizado, implicaría, al contrario, darnos una cuota de relativismo
cultural necesaria para ver las diferentes manifestaciones de la vida en una sociedad o
entre sociedades sin apresurarnos a colaborar con las clasificaciones oficiales, que
casi siempre vienen de sitios de poder, interesados en que las cosas se piensen asi,
naturalmente.
UNIDAD III
Rosa, Claudio; Tomasini, Marina
La narrativa audiovisual produce relatos que crean y recrean modelos de comportamiento y
construyen representacionalmente realidades que refieren a problemas, angustias, deseos,
sueños, necesidades de sujetos o grupos determinados se destaca el papel del cine como
constructor de identidades más o menos esencializadas Pero así como puede crear
representaciones simplificadas y estereotipadas, cristalizando identidades, puede
complejizar las miradas; así como puede mantener y reproducir puede desestabilizar,
subvertir lo preconcebido y naturalizado.
De modo que es relevante problematizar la categoría identidad ya que es una herramienta
clave en la narrativa audiovisual, aunque no siempre se la asume abiertamente como tal.
Por otra parte, desde las Ciencias Sociales, junto con la “crítica al sujeto” asistimos a la
crítica a la identidad. Desde los sesenta, en la lingüística, la semiótica, la filosofía, el
psicoanálisis, la antropología se viene cuestionando la idea de un sujeto como generador
soberano de su comportamiento en sociedad, libre de atadura y transparente así como el
sujeto de conocimiento que debe controlar las pasiones del cuerpo.
Entre la singularidad y la pluralidad
Nuestra vivencia de la identidad, siguiendo a Iñiguez (2001), se presenta como un dilema
entre la singularidad de uno/a mismo/a y la similitud con nuestros congéneres, entre la
especificidad de la propia persona y la semejanza con los/as otros, entre las peculiaridades
de nuestra forma de ser o sentir y la homogeneidad del comportamiento, entre lo uno y lo
múltiple.
Así, la identidad se refiere tanto a la singularidad de la persona cuanto a la pluralidad del
grupo o de la comunidad, a la que se suele llamar identidad social. Ésta remite a “la
experiencia de lo grupal, del “nosotros”, a los vínculos o como decimos en un lenguaje
social más contemporáneo, a las redes” (Iñiguez, 2001, p.2). La identidad se forma a
partir de la conciencia que tenemos de pertenecer a distintos grupos y la valoración social
que reconocemos respecto de tales grupos.
Por lo tanto aquello que denominamos identidad es algo más que una realidad
“natural”, biológica y/o psicológica.
El carácter dinámico y plural de las identidades
Las identidades sociales, se definen en el ámbito de la cultura y la historia. Las múltiples y
distintas identidades constituyen a los sujetos, en la medida que son interpelados a partir de
diferentes situaciones, instituciones y grupos sociales. Reconocerse en una identidad
supone, responder afirmativamente a esas interpelaciones y establecer un sentido de
pertenencia a un grupo o categoría social de referencia.
Ahora bien, en sociedades desiguales y estratificadas como la nuestra, debemos introducir
una consideración crucial a la hora de pensar las identidades sociales. Siguiendo con
Louro, pueden circular representaciones distintas y divergentes sobre los grupos y esto
produce efectos sociales. Algunas de tales representaciones ganan tal visibilidad y fuerza
que dejan de ser percibidas como representaciones y son tomadas como “realidad”. Los
grupos sociales que ocupan posiciones dominantes tienen mayores posibilidades no sólo de
representarse a sí mismos sino también de representar a los otros.
La introducción del concepto “identidades marcadas” viene a designar la inscripción en los
sujetos y grupos de estas dinámicas de desigualdad y jerarquización social. Las identidades
marcadas son aquellas que se construyen como diferentes. De lo cual se deriva una
pregunta casi obligada: diferentes ¿de qué? ó ¿de quién? Para Louro, las identidades que
se constituyen en norma, en patrón o criterio, gozan de una posición no marcada: es
representada como “no problemática”.Por todo lo dicho es que Louro considera que las
identidades sociales son políticas.
Las formas como se representan y son representadas, los significados que se atribuyen a
distintas experiencias y prácticas, están siempre atravesados por relaciones de poder.
La constitución social de las identidades
En el ámbito de la psicología han prevalecido enfoques caracterizados por la naturalización
y la esencialización de la identidad. Se han desarrollado posiciones que remiten las
experiencias psicológicas al cuerpo en su naturaleza biológica o que ubican la experiencia
identitaria en el interior de la persona, en su dinámica intrapsíquica.
Se trata de definiciones de carácter individualista que conciben la identidad como una
posesión distintiva de cada persona. En cambio, en Psicología Social, Geroge Mead fue uno
de los primeros autores en plantear que la sociedad es constitutiva del individuo a través del
self o si mismo, el cual se constituye y modifica continuamente mediante interacciones con
otros, interacciones que involucran símbolos con significado compartido. El sí mismo se
constituye a partir del conjunto de expectativas sociales que son las que proveen el marco
para la significación o cualificación de las acciones del individuo como parte de un grupo o
sociedad.
Margot Pujal i Llombart
La identidad (el self)
Identidad personal e identidad social
Por un lado, pues, nos sentimos cercanos a otras personas, con un grado de semejanza
importante, por medio de una diversidad de aspectos y sabemos que compartimos con ellas
un montón de cosas, pero, por el otro, queremos ser nosotros mismos con un yo
diferenciado, único y separado de los otros. La experiencia de la identidad individual o
personal haría referencia a este sentimiento cierto de unicidad, de idiosincrasia y de
exclusividad que va acompañado de una sensación de permanencia y continuidad a lo largo
del tiempo, del espacio y de las diferentes situaciones sociales.
La psicología social que planteamos aquí tiene como empresa primera disolver esta falsa
separación entre lo individual y lo social para recuperar su relación intrínseca en lo que
llamamos psicosocial. Desde esta perspectiva, se considera que, vista la gran cantidad de
procesos de influencia social que inciden en el yo, por un lado, y dada la imposibilidad de
conocer la identidad más allá de su intermediación lingüística, por el otro, querer encontrar
en la identidad un remanente natural, diferente de lo social, se convierte en un propósito
imposible con respecto a las posibilidades y limitaciones de los investigadores. Así, la
identidad social y la identidad individual no son realidades separables, sino que se
constituyen mutuamente; y lo hacen por medio de lo social, cultural e ideológico que es
inherente al lenguaje que utilizamos cuando narramos cualquier aspecto relacionado con
el yo.
En este sentido, el self o la identidad no es una cosa fija e inmutable, con propiedades que
puedan trascender los contextos culturales, geográficos y temporales (como plantearán las
perspectivas biologicistas). No puede separarse de la sociedad y de las circunstancias en
las que está definida, porque éstas son las condiciones que hacen posible su definición y su
uso social.
La manera cómo entendemos la identidad, pues, depende directamente de la sociedad, la
historia y los grupos que han participado en su interpretación y narración. Por un lado, de
la perspectiva biologicista, que se centra en el estudio de las bases biológicas del
comportamiento y pretende trasladar los principios de la evolución natural al estudio de la
identidad para averiguar la dimensión hereditaria y genética. Y, por el otro, hablaremos de
la perspectiva del psicoanálisis, elaborada por Sigmund Freud, y que está centrada en el
estudio del inconsciente y del impacto que las relaciones afectivas han ido dejando a lo
largo de nuestra infancia en la manera como sentimos y actuamos en la edad adulta.
La identidad cosificada y la perspectiva biológica
Ciertamente, nuestro cuerpo/biología tiene una función muy importante, tanto en la relación
con nosotros mismos (o con nosotras mismas) como en la relación con los otros. Es una
condición casi imprescindible en cualquier tipo de relación, pues la presencia física o el
conocimiento de los rasgos físicos de una persona (apariencia, voz, movimientos, etc.) tiene
una incidencia directa en la relación que mantenemos con ella y con la manera como la
percibimos. Pero la experiencia del cuerpo está también estrechamente ligada al desarrollo
de la conciencia de éste, la cual es fruto del aprendizaje de la interpretación de lo que
sentimos en diferentes estados psicológicos. También tomamos conciencia del cuerpo a
partir de su efectividad en las acciones y los movimientos que lleva a cabo. Finalmente, es
la manera como las otras personas reaccionan al cuerpo y la manera como lo miran lo que
lo acaba constituyendo y dándole forma.
El modelo de la identidad de Eysenck dice que las características de personalidad
desarrolladas por cada uno de nosotros provienen, mayoritariamente, de las disposiciones
innatas marcadas por la biología. Así, los aprendizajes que hacemos a partir de las
experiencias y situaciones con las que nos encontramos cotidianamente se consideran
modelados por la biología.
La sociobiología, por su parte, también considera que muchos aspectos de la personalidad
dependen de condiciones innatas, pero lo plantea de manera diferente: se centra en el
análisis del comportamiento social de los humanos como si se tratara de una especie
diferente que va cambiando a medida que se adapta al medio. Por lo tanto, se centra en el
estudio de la base biológica que tienen los grupos para adaptarse al medio, y no en las
diferencias individuales
La identidad “enmascarada” según el psicoanálisis
Freud, con su teoría psicoanalítica, es el primero en considerar dos cuestiones básicas para
entender la personalidad: a) la historia individual se centra y se configura a partir de los
procesos emocionales y b) la personalidad es producida por una disociación y una
desconexión entre lo que nos pasa y lo que pensamos, entre la motivación y la conciencia.
Para Freud es central el postulado según el cual el pasado de la persona (sobre todo las
primeras relaciones afectivas) incide, de manera decisiva, en la estructuración de su
identidad actual. La personalidad, pues, no es considerada innata sino que es construida
mediante las experiencias personales que hemos tenido por medio de las interacciones
sociales más significativas. Sin embargo, según este autor, la influencia en la edad adulta
de las experiencias emocionales que hemos tenido durante la infancia muy a menudo pasa
desapercibida, las personas no son conscientes de ello y pueden dar un significado a lo que
hacen o a lo que les pasa muy diferente y muy alejado del que tiene realmente. se
desprenden diversas implicaciones de la teoría psicoanalítica para la noción de identidad:
1) Gran parte de nuestra forma de ser y actuar refleja motivaciones y conflictos
inconscientes, a lo que nuestra conciencia responde haciendo racionalizaciones y
explicaciones engañosas.
2) Muchos de los aspectos de la identidad son forjados en nuestra infancia con las
experiencias emocionales que tuvimos.
3) La identidad de una persona no corresponde necesariamente a una unidad coherente en
sí misma. Aunque el yo integre los diferentes aspectos de la personalidad, éstos pueden
llevarnos a actuar y sentir de manera conflictiva y, por lo tanto, producir un grado
importante de ansiedad.
La experiencia de la identidad: ¿quién soy yo?
La dimensión fenomenológica de la identidad
Sin embargo, la experiencia de la identidad no existe desde siempre, sino que está
estrechamente ligada a aquello que llaman conciencia, a la conciencia que tenemos
del mundo que nos rodea y de nosotros como parte de él.
Así, la perspectiva fenomenológica hace referencia a la experiencia subjetiva que tenemos
del yo mediante la conciencia, pero durante mucho tiempo la psicología se centró en el
estudio exclusivo de los comportamientos, y dejó de lado los pensamientos que
acompañaban a estos comportamientos porque los consideraba demasiados complicados y
difíciles de observar.
La agencia
La experiencia subjetiva del yo, por otra parte, está estrechamente asociada a la conciencia
de agencia –de pensar que como persona particular tengo el poder de producir efectos en
mí y en los otros Asociado con la noción de agencia, está el sentimiento de que somos
seres libres que podemos escoger, y que es porque queremos por lo que hacemos lo que
hacemos. De hecho, las leyes asumen, en general, que somos los únicos responsables y
los agentes de nuestras acciones, y eso probablemente coincide con lo que bastantes
personas piensan de ellas mismas y de los otros.
La conciencia de sí mismo, junto con el sentimiento de agencia o la capacidad de escoger
entre diferentes alternativas, son características consideradas intrínsecas a la condición de
persona, y pueden hacernos suponer que efectivamente podemos crear nuestro self y
tener un papel importante en la construcción de nuestra identidad.
Narrativa de sí mismo
Pero la conciencia que tengo de mí depende directamente del lenguaje, el cual tiene un
papel muy importante en la experiencia subjetiva de la identidad. Es por medio de las
palabras que conocemos y que hemos aprendido como podemos representarnos,
interpretarnos y hacernos una imagen de nosotros mismos y de los otros. Sin embargo,
las palabras y los conceptos que utilizamos en la narrativa del yo tienen asociadas
intrínsecamente connotaciones y valoraciones sociales que son fruto de la ideología
dominante, que pueden ser positivas o negativas pero que difícilmente son neutras
Identidad singular e identidad múltiple
algunos autores consideran que parte de nuestra identidad depende de las situaciones que
hemos tenido que afrontar, ya que los diferentes contextos exigen de nosotros diferentes
manifestaciones También los diferentes tipos de relación que establecemos requieren que
nos mostremos disimilares. No manifestaremos las mismas actitudes y el mismo talante si la
persona con quien hablamos es nuestro jefe, padre, paciente, vecino o vecina o amigo o
amiga íntimos. Así pues, puede considerarse que parte de la identidad es dependiente del
abanico de relaciones que ponemos en acción y de las diferentes situaciones en las que
nos hemos encontrado.
Siendo, pues, tan compleja la experiencia y el desarrollo de la identidad a lo largo del
tiempo y de los diferentes contextos, los cuales requieren formas particulares de relación,
no es en absoluto sorprendente que haya un cierto grado de fragmentación o multiplicidad
del yo
Diversidad cultural
Tenemos que añadir el modelado que la cultura concreta hace de la identidad. La cultura
es entendida aquí como el conjunto de tradiciones, normas, símbolos y valores que
conforman una sociedad y que se mantienen mediante el aprendizaje, la interiorización y la
transmisión entre las personas que forman parte de ella Así, la identidad individual de la que
hemos hablado, como “entidad autónoma, particular, privada y racional”, también es un
modelo formado por medio de la cultura, en este caso relativo al occidental, y no arraigado
universalmente a la naturaleza humana
Identidad y categorías sociales
Procesos de categorización, comparación y diferenciación social
Ciertamente, a la pregunta “¿quién soy yo?” podemos responder usando categorías
grupales, además o en lugar de utilizar los atributos individuales.
Pero también hace referencia a un sentimiento y una experiencia concretos y particulares
del yo, en el sentido de que otra persona en las mismas circunstancias objetivas podría
utilizar otro tipo de categorías grupales para definirse, como por ejemplo: soy madre,
divorciada, joven, conservadora y creyente.
Aparte de esto, la representación que tenemos de una determinada categoría depende de la
ideología que defendamos. Aquí utilizamos la ideología para hacer referencia a las
explicaciones que la sociedad da del comportamiento considerado grupal o categorial La
teoría de la identidad social de Tajfel nos permite entender gran parte de estos procesos de
identificación y desidentificación. Esta teoría engloba tres procesos psicosociales –la
comparación, la categorización social y la identificación–, los cuales actúan conjuntamente y
hacen referencia a la manera como percibimos a las otras personas y a nosotros mismos,
tomando como base de esta percepción la pertenencia de las personas a los grupos.
La categoría grupal, pues, proporciona una identidad o posición social y, al mismo tiempo,
funciona como prisma de lectura y percepción de la realidad social que nos rodea. En esta
percepción del otro siempre hay implícito un proceso de comparación social, establecido a
partir de un patrón o criterio que actuará de guía de la comparación Además, la
comparación social es fuertemente dependiente del proceso de categorización social, el
cual hace referencia “al conjunto de procesos psicológicos que llevan a ordenar el entorno
en términos de categorías –grupos de pertenencia, de objetos y de
contecimientos–, en tanto que son considerados equivalentes para la acción, las intenciones
o las actitudes de un individuo”.
Este proceso de la categorización social comporta unos efectos específicos que son la
acentuación ilusoria de semejanza entre las personas que forman parte de una misma
categoría –por ejemplo, la creación de semejanzas entre los diversos catalanes–, y también
la creación exagerada de diferencias entre personas pertenecientes a categorías diferentes
entre un europeo y un chino también cualquiera.
Se puede considerar que la categorización tiene un valor instrumental en el sentido que
organiza, estructura y simplifica la información que tenemos del medio social, pero también
tiene un valor ideológico, de control social, en el sentido que estructura grupalmente la
sociedad según los intereses y valores de los grupos dominantes. Puede entenderse
también como un sistema de orientación que construye y define el lugar particular de cada
persona en la sociedad .Así, la percepción/valoración que hagamos de nosotros mismos ha
de depender del punto de comparación que establezcamos.
Prejuicios y discriminación
Seamos conscientes de ello o no y en tanto que actores sociales, en nuestra vida cotidiana
interpretamos las interacciones y situaciones sociales utilizando categorías sociales. Éstas
nos permiten prever y avanzarnos a las acciones de los otros y, al mismo tiempo, ajustarnos
a ellas, pero este proceso muchas veces es independiente de las acciones que el otro lleva
a cabo [Link] incidencia que tienen las categorías en las interacciones sociales
ha llevado a la psicología social a plantearse el tema del prejuicio.
El prejuicio se entiende como una actitud generalmente negativa hacia determinadas
personas, que está originada porque pertenecen a determinadas categorías sociales y no
por sus características o actuaciones individuales.
Con relación a la noción de prejuicio existe el concepto de estereotipo. Podríamos decir que
el estereotipo está formado por el conjunto de creencias sociales (cognición social) que
están socialmente asociadas a una categoría grupal, las cuales provocan los prejuicios y los
justifican.
En definitiva, la existencia de los estereotipos puede considerarse como la consecuencia
directa de los procesos de categorización social, al mismo tiempo que los prejuicios
aparecen como la consecuencia de esta percepción estereotipada de la realidad.
La categoría social del género
Ciertamente, la identidad sexual es percibida como una evidencia por la mayoría de
nosotros, es experimentada como una de las dimensiones más naturales, sólidas e
incuestionables de nuestro yo.
En la literatura psicológica se hace referencia a la noción de sexo cuando se considera que
esta identidad tiene su base en la biología, y se utiliza el concepto de género cuando se
parte de una explicación cultural y social de la [Link] la psicología social que
desarrollamos aquí, se considera que la identidad sexual es sobre todo una cuestión
cultural e ideológica, vinculada al control social y a la reproducción del orden social
instituido. Sin embargo, como consecuencia de los prejuicios que los estereotipos sexuales
producen en la gente –y los científicos y científicas no se escapan de ellos–, la psicología
tradicionalmente ha ignorado esta cuestión de la misma manera que lo ha hecho con otras
categorías sociales o construcciones estereotipadas de colectivos, lo cual la ha llevado,
muchas veces, a producir un conocimiento sexista, haciendo de la parte el todo, es decir,
centrándose en la psicología masculina e ignorando el resto.
Se han intentado demostrar diferencias de inteligencia y de temperamento entre los sexos
por medio de constructos anatómico-fisiológicos que han tenido el efecto de mantener a la
mujer sumisa para con el hombre. Estas diferencias, al mismo tiempo, han servido como
argumento hasta no hace mucho –hasta los años sesenta– para pedir una educación
radicalmente diferente para hombres y mujeres: la desigualdad entre los sexos era
interpretada como diferencias de personalidad en la manera de ser entre el hombre y la
mujer, y se defendía su complementariedad, lo cual resultaba bastante útil para mantener
el modelo clásico y jerárquico de familia La tradición de estudios en psicología diferencial,
dedicada a averiguar las diferencias de las mujeres para con los hombres, empezó a tener
graves problemas en las décadas de los años sesenta y setenta a partir de la emergencia,
entre otras razones, de los movimientos de protesta social feministas.
La presentación del yo y la gestión de impresiones
La estructuración social de la experiencia de identidad
Estructura social y rol son concepciones que están estrechamente ligadas puesto que la
estructura está constituida por sistemas de roles y estatus.
Los roles también pueden intervenir en la configuración de la identidad de las personas,
dada la naturaleza relacional del yo y la interiorización que podemos hacer de los roles que
nos tocan.
En relación con el concepto de rol, está el concepto de estatus, que se refiere sobre todo a
la valoración, al prestigio o al significado que la sociedad otorga a un determinado rol. la
experiencia de la identidad, el sentido de nuestro yo, puede ser el resultado de la
construcción de la estructura social en la que estamos insertados y de los roles
representados en nuestras interacciones sociales, según los diferentes contextos. Puede
ser incluso ajeno a uno mismo, en el sentido de que puede ser el efecto de los roles que los
interlocutores tienen en relación con nosotros y del significado que éstos atribuyen a los
contextos en los que nos encontramos. Esta idea estructural de la identidad proviene de la
tradición teórica de la dramaturgia desarrollada por Goffman, mediante la cual se elabora
una estrecha analogía entre el mundo del teatro y la dinámica de la vida cotidiana.
Cualquier actividad que haga una persona tiene algún tipo de influencia en el
comportamiento de aquellos que están cerca; Goffman llama a este tipo de interacción
actuación de un rol.
Durante una actuación pueden desarrollarse rutinas o pautas preestablecidas de acción
que pueden ser presentadas o ser representadas múltiples veces. Las apariencias
normales, o una buena actuación de rol, permiten al público inferir información que no tiene
de manera objetiva y dar muchas cosas por sabidas, lo que implica el ejercicio de un cierto
control del actor sobre el comportamiento del público, que es quien ocupa el rol
complementario.
Así, la dimensión pública del comportamiento o fachada tiende a institucionalizarse en
función de las expectativas del público y a adquirir un significado y una estabilidad que son
independientes de las tareas específicas que los actores lleven a cabo, lo que quiere decir
que se convierte en una representación colectiva y en un hecho en sí mismo, que puede ser
independiente de lo que realmente pasa.
Si hay roles o hechos que alteran la actuación y repercuten en la autoimagen, en la
interacción –definición de la situación– o en la estructura social
–establishment, etc.– los actores y el público procuran, con diferentes técnicas,
salvaguardar la representación.
Gestión de impresiones y presentación del yo
La presentación del yo es una estrategia de interacción, basada en la dialéctica establecida
entre dos partes de la identidad, que Mead conceptualizó: el yo y el mí. Este autor es el
promotor del interaccionismo simbólico, que presentaremos en el punto que viene a
continuación.
La realidad de una situación de interacción casi nunca es perceptible en el primer momento,
lo que hace que el individuo tenga que fiarse de las apariencias o de las primeras
impresiones, de las cuales se sirve para decidir cuál será su comportamiento y el trato que
tendrá hacia estas personas con las que se ha de relacionar. El mí está fuertemente
controlado por los otros, es decir, constituye nuestra herencia social y cultural, adquirida con
la socialización, que ha quedado incrustada en la identidad de uno mismo. En cambio, el yo
hace referencia a la reacción del individuo a la actitud de la comunidad, es una innovación
que se localiza en la acción, y que después puede pasar a la conciencia como conocimiento
de los elementos nuevos que la situación de intersección pone en juego. La dinámica que
se establece entre el mí y el yo es la que permite los procesos de transformación de lo
social, y una buena gestión de las impresiones.
Identidad e interacción simbólica
Los actores sociales: la negociación del significado de la situación como fuente de identidad
El interaccionismo simbólico inspirado por G. H. Mead (1932) es otra corriente teórica de la
psicología social, de la que se desprende una manera diferente de entender el self o la
identidad.
Desde esta perspectiva, se considera que el self o la identidad no preexiste a las
interacciones sociales, sino que surge en el transcurso de éstas, que es constituido por las
respuestas de los otros hacia uno mismo y por las respuestas de uno mismo hacia sí y, al
mismo tiempo, hacia los otros.
De la misma manera que el self depende de la interacción con los otros, también depende
del contexto o la situación en la que tiene lugar la interacción y de la manera como los
actores negocian el significado que otorgarán al contexto. La definición de la situación y el
sentido global dado a la interacción están estrechamente ligados. De hecho, de la manera
como se signifique o se interprete el contexto y la interacción depende la emergencia de un
tipo de self u otro.
• La identidad es considerada como algo situado y dependiente del contexto, y al mismo
tiempo como múltiplo, en el sentido que surge en el proceso particular de interacción y de
significación del contexto específico en el que tiene lugar esta interacción. La identidad,
pues, está siempre situada y va cambiando según las situaciones en las que se manifiesta
y, por lo tanto, es múltiple.
• La identidad es emergente y no preexiste a las relaciones, sino que surge en el proceso
local de las interacciones sociales concretas y particulares.
• La identidad es recíproca, responde en parte a las respuestas que sobre nosotros mismos
nos dan los otros. Es por medio de las interacciones concretas como nos vamos definiendo
de manera recíproca.
• La identidad es negociada por medio de los ajustes sucesivos que construyen la
intersubjetividad o significación compartida. Los otros son mi espejo, pero yo no me
conformo totalmente con la imagen que los otros me dan de mí, sino que la ajusto a mi
manera de pensarme a mí mismo, que al mismo tiempo repercute en la interacción con
el otro.
• Como siempre venimos de unas interacciones y vamos hacia otras, la identidad es a la vez
la causa y el resultado de la interacción social.
La construcción sociohistórica de la identidad
En este sentido, la concepción de self dominante en Occidente, según la cual es
considerado como “independiente, autosuficiente, autónomo y separado de los otros, con un
núcleo interior del que surge todo, es decir, con atributos internos que son interpretados
como los motivos del comportamiento individual”, es contextualizada y considerada a la luz
del contexto histórico que la ha hecho surgir.
Esta concepción dominante del self que caracteriza la mentalidad occidental resulta muy
útil para la reproducción del tipo de sociedad democrática en la que vivimos. Así, este self
está estrechamente vinculado a la ideología dominante, la cual hace referencia a las ideas
de individualidad, autonomía y libertad como valores centrales y necesarios para la
democracia.
Por lo tanto, los fenómenos que eran considerados de naturaleza psicológica o
comportamental según una concepción ahistórica de la persona, y como fenómenos que
tienen su origen en la mente o en la misma persona, pasan a ser considerados como
construcciones situadas históricamente y emergentes en los procesos sociales. Las
identidades, pues, dejan de considerarse la propiedad privada de los individuos para
pasar a ser construcciones sociales, proscritas o prescritas, de acuerdo con los intereses
políticos del orden social dominante.
De alguna manera podríamos decir que cada época histórica construye el individuo que
más le conviene, que cualquier cambio histórico, para poder estabilizarse durante un cierto
tiempo, requiere el modelado del individuo necesario para mantenerlo y reproducirlo. self
romántico del siglo XIX, por ejemplo, atribuía a cada individuo características de
profundidad personal
El self moderno, en contraposición con el romántico, atribuye a los individuos características
vinculadas a la habilidad de razonar por medio de sus creencias, opiniones e intenciones
conscientes.
En las postrimerías del siglo XX, Gergen hace referencia al nacimiento de un nuevo self, el
saturado, que surge de la crisis de los selfs romántico y moderno. Éste es asociado a la
condición postmoderna, y surge de los efectos que el avance imparable de las nuevas
tecnologías tienen en las relaciones y de la gran variedad de vínculos que nos posibilitan las
tecnologías, los cuales han propiciado la ruptura con las formas de vida que eran habituales
y han dado lugar a una intensificación de los intercambios sociales y a nuevas claves de
relación.
MARA VIVEROS VIGOYA
La interseccionalidad: una aproximación situada a la dominación El concepto mismo de
interseccionalidad fue acunado ˜ en 1989 por la abogada afroestadounidense Kimberlé
Crenshaw en el marco de la discusión de un caso concreto legal, con el objetivo de hacer
evidente la invisibilidad jurídica de las múltiples dimensiones de opresión experimentadas
por las trabajadoras negras de la companía ˜ estadounidense General Motors. Con esta
noción, Crenshaw esperaba destacar el hecho de que en Estados Unidos las mujeres
negras estaban expuestas a violencias y discriminaciones por razones tanto de raza como
de género y, sobre todo, buscaba crear categorías jurídicas concretas para enfrentar
discriminaciones en múltiples y variados niveles
Hancock identificó los siguientes seis presupuestos básicos en aras de responder a
problemáticas de justicia distributiva, de poder y gobierno, y de analizar situaciones
concretas y específicas:
1. En todos los problemas y procesos políticos complejos está implicada más de
una categoría de diferencia.
2. Se debe prestar atención a todas las categorías pertinentes, pero las relaciones entre
categorías son variables y continúan siendo una pregunta empírica abierta. 3. Cada
categoría es diversa internamente.
4. Las categorías de diferencia son conceptualizadas como producciones dinámicas de
factores individuales e institucionales, que son cuestionados e impuestos en ambos niveles.
5. Una investigación interseccional examina las categorías a varios niveles de análisis e
interroga las interacciones entre estos.
6. La interseccionalidad como paradigma requiere desarrollos tanto teóricos como
empíricos.
La interseccionalidad requiere abordar cuestiones tanto macrosociológicas como
microsociológicas. Esta dualidad analítica se traduce para ella en una diferencia léxica.
Cuando esta articulación de opresiones considera los efectos de las estructuras de
desigualdad social en las vidas individuales y se produce en procesos microsociales,se
designa interseccionality; cuando se refiere a fenómenos macrosociales que interrogan la
manera en que están implicados los sistemas de poder en la producción, organización y
mantenimiento de las desigualdades, se llama interlocking systems of oppression. Esta
diferenciación macro y micro no está, porsupuesto, disociada de la doble afiliación teórica
y genealógica que se atribuye a la interseccionalidad: el black feminism y el pensamiento
posmoderno/postestructuralista. Mientras que la primera es ampliamente reconocida, la
segunda lo es menos.
KimberléCrenshaw no tiene problema en plantear que la interseccionalidad es un concepto
de apoyo que vincula las políticas contemporáneas a la teoría posmoderna, pero para
Hill Collins “la interseccionalidad es un paradigma alternativo al antagonismo
positivismo/postmodernismo que haría parte de las dicotomías que estructuran la
epistemología occidental”
Esta doble afiliación genealógica imputada a la interseccionalidad se configura de manera
distinta según los contextos nacionales: mientras en Estados Unidos la mayoría de los
trabajos que utilizan la interseccionalidad están fuertemente influidos por el black
feminism, en Europa del norte la interseccionalidad se vincula más bien con el
pensamiento posmoderno.
Según la filósofa Elsa Dorlin (2009), las teorías de la interseccionalidad se han movido entre
dos aproximaciones a la dominación: una analítica y una fenomenológica. Desde la primera
perspectiva, toda dominación es, por definición, una dominación de clase, de sexo y de
raza, y en este sentido es en sí misma interseccional, ya que el género no puede disociarse
coherentemente de la raza y de la clase. Para la segunda perspectiva, lo que es
interseccional es la experiencia de la dominación, como en el caso de la companía ˜
General Motors analizado por Crenshaw a propósito de la violencia ejercida contra las
mujeres racializadas o de los empleos de los que quedan excluidas.
Los análisis interseccionales ponen de manifiesto dos asuntos: en primer lugar, la
multiplicidad de experiencias de sexismo vividas por distintas mujeres, y en segundo
lugar, la existencia de posiciones sociales que no padecen ni la marginación ni la
discriminación, porque encarnan la norma misma, como la masculinidad, la
heteronormatividad o la blanquitud. Al develar estos dos aspectos, este tipo de análisis
ofrece nuevas perspectivas que se desaprovechan cuando se limita su uso a un enfoque
jurídico y formalista de la dominación cruzada, y a las relaciones sociales —género, raza,
clase— como sectores de intervención social.
En los últimos tiempos, las críticas internas del feminismo latinoamericano se hicieron
explícitas, en particular las que se refieren a la colonialidad discursiva (Mohanty, 1991) de
la diversidad material e histórica de las mujeres latinoamericanas por parte de los
feminismos hegemónicos.
Estos cuestionamientos, planteados fundamente por el movimiento social de
mujeres, permiten recordar que no se puede asumir, ni teórica ni políticamente, que
las desigualdades de género y raza y sus articulaciones son universales.
Opresiones cruzadas: formaciones históricas y experiencias concretas
La interseccionalidad también es una problemática sociológica: la articulación de las
relaciones de clase, género y raza es una articulación concreta, y las lógicas sociales no
son iguales a las lógicas políticas. En este sentido, las propiedades de los agentes sociales
no pueden ser comprendidas en términos de ventajas o desventajas, desde una lógica
aritmética de la dominación.
Así, la posición más “desventajosa” en una sociedad clasista,racista y sexista no es
necesariamente la de una mujer negra pobre,si se la compara con la situación de los
hombres jóvenes de su mismo grupo social, más expuestos que ellas a ciertas formas de
arbitrariedad, como las asociadas a los controles policiales.
La consubstancialidad de las relaciones sociales
Elsa Dorlin muestra que la génesis de la feminidad moderna, tal como se construyó a lo
largo del siglo xix, debe buscarse no en la oposición a la masculinidad, sino en una doble
oposición de raza y clase. Según Dorlin, la feminidad de las amas de casa (house wife),
definida en términos de piedad, pureza, sumisión y domesticidad, no se oponía a la
masculinidad del jefe de hogar, sino a la feminidad de la sirvienta doméstica negra (house
hold), reputada por ser lúbrica, amoral, rústica y sucia. Dicho de otra manera, lo que
constituyó el reverso de lo femenino fue una norma racializada de la domesticidad y no una
hipotética masculinidad preexistente. La apuesta de la interseccionalidad consiste en
aprehender las relaciones sociales como construcciones simultáneas en distintos órdenes,
de clase, género y raza, y en diferentes configuraciones históricas que forman lo que
Candace West y Sarah Fentersmaker llaman “realizaciones situadas”, es decir, contextos
en los cuales las interacciones de las categorías de raza, clase y género actualizan dichas
categorías y les confieren su significado.
Dimensiones políticas de la interseccionalidad
La corriente feminista conocida como black feminism propició un verdadero giro teórico
político para el feminismo estadounidense al exigir la inclusión de las experiencias de
género, raza y clase de las mujeres no blancas en la agenda feminista.
A partir de la crítica a instituciones patriarcales (de las cuales estaban excluidas las
mujeres negras) como la domesticidad conyugal, que instituía a las mujeres como tales,
el feminismo negro redefinió su propia tradición histórica, vinculándola con las luchas de
las pioneras del movimiento negro y diferenciándola de las teorías de género surgidas de
la tesis de Simone de Beauvoir según la cual “no se nace mujer, sino que se llega a serlo”
CLAUDIO ROSA Y MARINA TOMASINI
NARRATIVA AUDIOVISUAL Y PRODUCCIÓN DE IDENTIDADES:
DIÁLOGOS DESDE LA PSICOLOGÍA SOCIAL. LA REPRESENTACIÓN DE
LAS IDENTIDADES SEXUALES
El Self y el proceso social en la teoría de Mead
La repercusión del trabajo de Mead en psicología social ha sido reconocida por distintos
autores
En el contexto de surgimiento de su obra, Mead discute con las posiciones que habían
adoptado como punto de partida explicativo al individuo, especialmente el conductismo
y el utilitarismo. En cambio propone analizar dentro del todo social, constituido por una
compleja actividad grupal, la conducta de cada uno de los individuos que lo componen:
“Para la psicología social, el todo (la sociedad) es anterior a la parte (individuo), no la
parte al todo”.
Desde esta posición la sociedad es constitutiva del individuo a través del self, el cual se
constituye y modifica continuamente mediante interacciones con otros que involucran
símbolos con significado compartido. El esquema de constitución de la persona está
anclado en el proceso simbólico y la intersubjetividad aparece como un nivel
mediacional entre los significados sociales y la experiencia de sí.
La normalidad requiere la construcción de su opuesto: lo extraño. En las telenovelas son
recurrentes las historias de amor entre un varón y una mujer. En comedias costumbristas,
películas, series de ficción pero también en las notas de actualidad de los maggazzines o en
el género televisivo de los “chimentos”, la identidad sexual presupuesta, la identidad no
marcada, es la heterosexual. Esta se torna invisible. Mientras que se suscitan debates,
notas de prensa o columnas de opinión, cuando una serie presenta personajes de gays o
lesbianas en las producciones audiovisuales.
El Self y la pluralidad de voces
En algunos pasajes de Mind, Self and Society aparece un sentido del “mi” como un
resultado, como una instancia que refleja ciertos valores comunes de la sociedad; es
esencialmente un miembro del grupo social: “sus valores son los valores que pertenecen
a la sociedad”.
Esto trasluce una homogeneidad valorativa y nos pone de cara a una concepción según la
cual las estructuras sociales producen identidades adaptadas que contribuyen a reforzar el
funcionamiento del todo social.
Sin embargo aparece otra línea de sentido para entender el “mi” y esta refiere a un
proceso. Lo piensa como la posibilidad de verse a sí mismo “desde el punto de vista de
uno u otro individuo del grupo”.
Siguiendo con esta línea, puede decirse que el todo social al que Mead le concede prioridad
lógica en la constitución de la persona no es una unidad homogénea. El otro generalizado
representa la generalización de actitudes del grupo social o sociedad organizada de modo
que se constituyen en un cierto todo.
El self se define por la capacidad de ser objeto de sí mismo, de auto-percibirse y
conducirse en la acción social a partir de la interpretación de los actos de los demás y de los
suyos propios.
Mead (1909) señala de manera específica el “foro social” que sirve como escenario de
constitución del self, planteando de este modo el carácter relacional de la identidad.
Desde este modelo propone que la atribución de sentido a nuestros actos se realiza
siempre en diálogo con las perspectivas de los otros. Este formato de conversación, que
en un comienzo constituye una estructura externa, se subjetiviza y permanece como
proceso interno en la orientación de nuestras acciones.
Las historias, los cuentos, los mitos o las leyendas expresadas por una determinada unidad
cultural (familia, comunidad o grupo nacional) son una parte importante del modo en que
una persona se ve a sí misma y, por lo tanto, moldean su identidad operando sobre sus
creencias, temores, deseos, pensamientos y expectativas (Bruner, 1991). Tales narrativas
se vinculan con la clase de cosas que una unidad social considera importantes y deseables.
Tanto este planteo como el de Mead propone que la identidad se construye necesariamente
desde los otros. Por eso es que en las dinámicas constitutivas de las identidades sexuales
incidirán los procesos de reconocimiento, invisibilización y jerarquización a través de las
narrativas y representaciones culturales disponibles. La identidad sexual es social y
depende, entre otras cosas, de comunidades y prácticas así como de las representaciones
de dichas prácticas
La narrativa audiovisual en foco: un dispositivo productor de identidades
La tesis anti individualista de Mead, que sustenta la idea de la multiplicidad de perspectivas
que se juegan en la constitución del sí mismo, supone que la identidad no es una
emanación desde adentro hacia afuera; cuestión que hemos abordado también como la
salida del solipsismo donde la identidad se constituye necesariamente desde los otros. Esto
interpela la figura del realizador como autor. Este no sería per se el origen de un
pensamiento o un lenguaje. Aunque una cosa es el intercambio de puntos de vista y otra es
poder representarlos audiovisualmente como tales. En este punto lo interesante es la
reflexividad sobre la focalización que implica concentrarse en algo y excluir el resto, que
supone selección y subrayado así como restricción y exclusión. Reconstruir el punto de
vista de un texto fílmico equivale a reconstruir lo que se evidencia tanto como lo que se
recorta. Si bien
señalamos que en las últimas décadas diferentes formas de vivir la vida afectiva, erótica y
sexual adquirieron mayor visibilidad, también indicamos que el grueso de las producciones
audiovisuales se sigue construyendo sobre (y a su vez construye) el supuesto de la
heterosexualidad.
En un relato audiovisual hay cosas que están en campo y se incluyen automáticamente en
la diégesis, es decir, en el mundo en que las situaciones y eventos narrados ocurren. Otras
están fuera de campo pero en algún momento se van a mostrar en la imagen; otras cosas
se pueden escuchar y no ser mostradas. Finalmente, hay cosas que quedan fuera de
campo y no van a ser mostradas, ni nombradas, ni escuchadas. Esto corresponde al
descarte que hace el narrador en la construcción de la diégesis.
La construcción de identidades en la pantalla resulta más pregnante a partir de los
espacios,
los ritmos, los entornos, los objetos presentes, el vestuario o los movimientos del cuerpo
en las interacciones, que a través de lo que se dice como texto.
UNIDAD IV
FONSECA
El proceso de la civilización: el control de las emociones en la psicogenesis y en la
sociogenesis.
Elias afirma que la civilización puede ser entendida como cambios en el control de las
pasiones y del comportamiento, que guarda estrecha relación con la con la
interdependencia de las [Link] a esta discusión,el estudio de los procesos de la
civilización y del control de los impulsos y de las pasiones constituye tan solo una única
teoría global que incluye estos dos temas.
Uno de los puntos esenciales de esta teoría es demostrar la imposibilidad de pensarla
sociedad y los conceptos individuales como separados y/o como categorías
antagó[Link] elias, las estructuras de la personalidad y de la sociedad se desarrollan
en una interacción indisoluble
Esta búsqueda de la distinción de la nobleza en lo referente a la burguesía ascendente,
explicitada por un nuevo código de comportamiento y un nuevo nivel de control de las
emociones,expresa no sólo un grado de obligación y distinción, sino también un arma contra
las clases sociales inferiores, para separarlas .En los círculos de la corte, la obligación del
autocontrol se convierte más en una marca de distinción, que ser altamente imitada por las
clases sociales inmediatamente inferiores ascendentes.
La division de la vida en dos esferas, pública y privada, expresadas por las prohibiciones
apoyadas en sanciones sociales,se reproducen en el individuo en forma del autodominio, en
la medida en que presionan para restringir sus impulsos, aunque se este en la esfera
[Link] lucha interna es entre la promesa de placer y las prohibiciones que
niegan,asociadas a las sensaciones de vergüenza y [Link] sensaciones
son,para elias,funciones sociales formadas según las estructuras sociales respectivas El
autodominio es el código social del comportamiento, tan fuertemente marcado en el
individuo que se convierte en un elemento constitutivo de sí mismo
KAPLAN CARINA
La humillación como emoción en la experiencia [Link] lectura desde la perspectiva
de Norbert Elias
Elias reivindica a las emociones como constitutivas del entramado de los vinculos
[Link] de los aportes originales de la vasta obra de Elias es el de transitar la
complejidad de las mediaciones entre el yo y el nosotros , entre la estructura social y el
habitus psíquico,entre los comportamientos sociales de los individuos y los patrones de
comportamientos de época.
La humillación es una emoción social particular que predomina en las relaciones humanas
de nuestro tiempo. Es una emoción imbricada en el comportamiento y en la interacción
social que encuentra una vía de expresión particular en el lenguaje del [Link] obstante,
la humillación no se reduce a la burla sino que encuentra otros modos de manifestación
como lo son las múltiples aristas de la exclusión .
La humillación como acto de lenguaje siempre resta, intenta empequeñecer al sujeto que se
constituye en objeto de la burla. La ofensa,tal vez,sea la expresión más patente del lenguaje
de la humillación, aunque hay un macrocosmos social que le da su sentido más profundo.
Siguiendo de cerca la caracterización del autor, el poder se corresponde con la existencia
de grupos o individuos que pueden retener o monopolizar lo que otros [Link] en
torno de equilibrios y grados, en las relaciones.
El concepto de poder en Elias refiere a los diversos matices y niveles en las diferencias de
poder existentes entre los grupos humanos, tratando de superar la tradicional
conceptualización dominantes-dominados.
Lo que es primordial de la humillación, es la actitud negativa que el sujeto humillado cree
que tiene el otro hacia el, que involucra un sentimiento de impotencia y una mayor o
menor represión para traducir ese sentimiento en una actividad violenta.
Los que gozan de mayor prestigio y estima parecen no tomar muy en serio los insultos y las
vilezas que le profesan y pueden, incluso, amar a los [Link] cambio, el burlado y
despreciado que ocupa un lugar desacreditado y se percibe débil e impotente puede tender
a desplegar un sentimiento de venganza precisamente por la constante autocoacción de
sus sentimientos negativos frente a contextos recurrentes de descrédito amplio