0% encontró este documento útil (0 votos)
5 vistas6 páginas

Simbolismo en el Arte y Cultura

El prefacio aborda la dualidad de percepciones sobre el simbolismo, desde su consideración como algo obsoleto hasta su importancia en la comprensión del mundo espiritual. Se enfatiza que los símbolos son esenciales para conectar ideas abstractas con realidades concretas y que su estudio abarca diversas culturas y épocas. El autor busca ofrecer una visión integral del simbolismo, invitando al lector a explorar y reflexionar sobre su significado en la vida cultural y espiritual.

Cargado por

juan v
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
5 vistas6 páginas

Simbolismo en el Arte y Cultura

El prefacio aborda la dualidad de percepciones sobre el simbolismo, desde su consideración como algo obsoleto hasta su importancia en la comprensión del mundo espiritual. Se enfatiza que los símbolos son esenciales para conectar ideas abstractas con realidades concretas y que su estudio abarca diversas culturas y épocas. El autor busca ofrecer una visión integral del simbolismo, invitando al lector a explorar y reflexionar sobre su significado en la vida cultural y espiritual.

Cargado por

juan v
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Prefacio

Prefacio

El que en una conversación menciona de paso el tema de la «simbología» general-


mente se enfrenta a dos actitudes básicas diferentes. Por un lado, se sostiene la
opinión de que el simbolismo es algo completamente fósil y anticuado del que «hoy
en día» ya no podría razonablemente ocuparse ninguna persona; pero existe tam-
bién el otro extremo: se afirma que el simbolismo constituye la clave para compren-
der el mundo espiritual. El hombre necesita símbolos para entrar en el terreno
de lo concreto, de lo palpable, que de otro modo no podría entenderse. Y cuando
decimos «palpable» usamos ya también un concepto simbólico, derivado de la mano
que quiere tocar para poder apreciar más cabalmente una cosa. Por consiguiente,
es fácil demostrar que lo simbólico entra a formar parte del lenguaje cotidiano,
de los modismos. Pero también se encuentra en la abundancia de imágenes de la
propaganda industrial, en las consignas y señales de la política, en lo alegórico del
mundo religioso, en los iconos y cifras de las culturas extrañas y prehistóricas, en
usos jurídicos y objetos de arte, en poemas y figuras históricas, en todas partes
en que un «portador de significado» transmite algo que va más allá de su mera
forma de expresión trivial. El anillo de boda, la cruz, la bandera nacional, las luces
de los semáforos, la rosa roja, la negra vestidura de luto, las velas en la mesa del
banquete ?un sinfín de cosas?, gestos, imágenes mentales y modismos unen pen-
samientos con portadores de sentido. Es indiscutible que la creciente abstracción
y racionalización del mundo de las ideas parece haber secado el río en otro tiempo
casi inconmensurable de las imágenes. Es cierto que tampoco el lenguaje de los
ordenadores puede prescindir de los símbolos; sin embargo, el carácter gráfico de
anteriores sistemas de pensamiento y de estructuras intuitivas cede el paso eviden-
temente a un mero orden construido que ya no se expresa de una manera directa,
sino que debe aprenderse. Aquí hay que intentar abrir un acceso a las imágenes
simbólicas de la humanidad tan llenas de significado histórico y cultural.
Probablemente no hace falta explicar de un modo especial que esto sólo puede
alcanzarse aproximadamente en el marco preexistente. Aunque el autor, mediante
conferencias, libros y artículos, ha tratado desde hace años los temas correspon-
dientes, el material básico le parece casi ilimitado. Casi todo puede explicarse como
símbolo y requeriría un tratamiento especial. Aquí es imprescindible limitarse a
lo importante (a lo que aparece como importante), por lo cual la selección necesaria-
mente habrá de parecer subjetiva. Esto se percibe de un modo especial allí donde
se mencionan figuras simbólicas (figuras históricas o legendarias). Sherlock Holmes,
Tarzán y E.T. son también figuras simbólicas, pero aquí sólo deberíamos hablar
primordialmente de aquellas que han dejado su impronta más profunda en la vida
cultural.
Es un hecho conocido que cada persona posee su propia mitología y eleva
al nivel de lo simbólico a determinadas personas (reales y míticas); por ello, en
este sector debería el lector contar con que no ha de encontrar algo muy especial.
Prefacio

Por lo demás, sin embargo, deberían ofrecerse las informaciones deseadas, y cierta
mente a base de un material fundamental que trascendiera los planteamientos «euro-
céntricos». Aquí se tendrá en cuenta, en la medida de lo posible, el rico tesoro
de símbolos de culturas extrañas, y por cierto en primera línea, con el fin de demos-
trar la difusión de mundos de imágenes de la humanidad en general. Podemos ha
blar una y otra vez de los fundamentos psíquicos de los diversos mundos de imáge-
nes, pero también cabe discutir temas de toda una serie de zonas científicas marginales,
que no siempre se han puesto en relación con el campo conceptual de la investiga.
ción simbológica. El lector, en la palabra y la imagen, debería sentirse estimulado
a ejercitar su propia investigación, a completar lo que se le ha ofrecido y a buscar
los temas correspondientes que sin duda son importantes y valiosos para compren-
der más profundamente la vida cultural.
El que ya se ha ocupado intensamente de la investigación simbológica, se ha
encontrado desde hace años con un gran número de obras básicas y monografías
que, sin embargo, tratan primordialmente temas fundamentales. Hasta ahora no
parece haberse ofrecido todavía una obra de visión de conjunto que trate el amplio
abanico del simbolismo en Europa, Asia, África y el Nuevo Mundo, desde los tiem-
pos más remotos hasta la actualidad, y ofrezca en palabra e imagen una visión de
esta fascinante temática permitiendo que hablen las fuentes antiguas mismas y
presentando más que un simple bosquejo. El autor se ha esforzado en exponer la
problemática de la historia de las ideas del tema de una manera que el lector no
tenga ante sí una mera colección de enrevesados procesos mentales y asociaciones
de ideas difícilmente realizables, sino que empiece también a formularse preguntas
acerca de los propósitos de artistas y pensadores de otras épocas con su modo de
proceder tanto intuitivo como especulativo. El que contemple las múltiples mani-
festaciones del antiguo pensamiento simbólico, desde el punto de vista puramente
racional de las ciencias físicas, se preguntará una y otra vez, divertido o extrañado,
cómo llegaron a producirse aquellas ideas que resultan en parte tan extrañas. Nues-
tra razón calculadora, como también nuestra mentalidad científica, ha procedido
desde hace mucho tiempo de una manera diferente de la de los autores del «Physio-
logus» cristiano primitivo, del «Bestiarium» medieval y de los libros barrocos de
alegorías. En ellos no se pregunta acerca de la definición racional y la documenta-
ción, sino acerca de un sentido más profundo y humano del mundo que Dios confi-
guró para sus criaturas.
Donde existen fuentes escritas, como es el caso en todas las civilizaciones supe-
riores, podemos acercar los textos a un mundo de imágenes que a veces producen
un efecto extraño. En otros casos, el estudioso de los símbolos depende de indicios
y de conclusiones analógicas que, por lo menos, deben suponer cierta medida de
verosimilitud
Los resultados de la moderna psicología profunda, que en el sentido de C.
G. Jung supone la existencia de un fondo general de motivos formales acuñadores
de imagen (arquetipos), sirven por un lado como medio auxiliar en la «lectura»
Prefacio
9

de los pensamientos simbólicos, pero por otro lado pueden también sacar partido
del multiforme material básico de la historia de la cultura. El múltiple acervo de
símbolos reunido por la arqueología, la prehistoria, la etnografía, la heráldica, el
folclore, la ciencia de las religiones y la mitología, puede servir para ensanchar con-
siderablemente nuestro saber acerca de lo que hay de común y de diverso en los
estilos de pensamiento.
Todo conocedor de la materia sabe que sobre muchos de los temas tocados
en las diferentes voces guía podrían escribirse monografías enteras (y que también
existen ya monografías sobre algunos de ellos). Sin embargo, dentro del marco exis-
tente, no podía ofrecerse más que una base para trabajos sobre este tema, elabora-
dos en parte sobre un material básico poco conocido. El libro tampoco va dirigido
preferentemente al investigador de simbología que procede de manera puramente
científica, sino primordialmente a un sector más amplio de personas que quieren
saber más acerca de los caminos de las experiencias gráficas y los significados meta-
fóricos. El hecho de que no puedan tratarse bien por separado categorías diferencia-
bles en teoría, como símbolo, alegoría, metáfora, atributo, emblema y signo, reside
en la naturaleza del material de investigación con sus múltiples matices. Tampoco
puede evitarse tratar incluso de unos conceptos a los que de ordinario sólo podemos
referirnos bajo el aspecto de lo religioso-teológico. Sin embargo, «cielo» es, por
ejemplo, también una imagen que se basa en el arquetípico sistema dual «arriba/aba-
jo», por lo cual no es solamente un concepto teológico, y podemos tratarlo aquí
en su dimensión de símbolo.
Es importante el punto de vista de que muchos de los símbolos tradicionales
no pueden explicarse con declaraciones unívocas, sino que poseen un valor declara-
tivo de doble sentido ?no siempre y en todas partes es el dragón el malvado enemi-
go o el corazón la sede del amor?; incluso auténticos símbolos, en diversos grados
del saber, ofrecen «informaciones» diferentes, pero siempre relevantes. En ocasio-
nes se da también la posibilidad de investigar las causas por las que un determinado
símbolo conduce a una determinada interpretación, y precisamente de esta manera
debe referirse al ser humano que siempre interpreta egocéntrica y antropomórfica-
mente: o mejor «teomórficamente», es decir, de la manera en que el ser humano
se enfrenta al plan cósmico, entendido por él como divino. Se ve rodeado de señales
que le dan la posibilidad de integrarse comprensivamente en ese gran plan salvífico.
El que, partiendo del punto de vista actual, mira desdeñosamente el gozo en las
imágenes experimentado por individuos de épocas anteriores, y solamente registra
distintivos de una lógica y de un conocimiento de la naturaleza deficientes, es inca-
paz de ver la finalidad del pensamiento simbólico.
Que un conjunto de temas como los de la investigación de los símbolos pueda
ser causa de polémicas discusiones lo revela un extracto de un libro antifrancmasó-
nico (Friedrich Wichtl: Weltfreimaurerei [Francmasonería internacional)), en cuya
12ª edición -1936- R. Schneider se despacha a gusto diciendo hasta qué punto
el trabajo simbólico consciente obstaculiza el pensamiento. El que se entiende de
Prefacio
_10

esta manera con el mundo quiere decir que no está en condiciones de «dejar natural
y libre espacio a la riqueza de las ideas, continuamente ve interrumpido el pensa-
miento por la costumbre convertida en segunda naturaleza y por los símbolos franc-
masónicos. Compárese sobre esto, en el libro de la neuróloga Dra. M. Ludendorff,
Induciertes Irresein durch Okkultlehren (Demencia inducida por doctrinas ocultistas),
el capítulo titulado "Embrutecimiento artificial causado por el simbolismo"». La
citada autora fue la segunda esposa del general Erich Ludendorff (1865-1937).
Entre tanto, una «razón instrumental» absolutamente no idiotizada nos ha de-
parado productos inhumanos de toda especie y ?según Adolf Holl (1982)- también
las «bombas atómicas, y ya empezamos a estar escamados. Una vez más hojeamos
en el libro de los sueños de la humanidad, buscamos cifras cuyo significado hemos
olvidado, buscamos orientaciones para huir del campo de maniobras de la sociedad
de producción en el que se ajetrean nuestros cuerpos. En ello, nuestro problema
es que los mundos vitales en los que prospera la religión se han vuelto anacrónicos
para nosotros y con ellos también los ritos de los jinetes nómadas, los caballerescos
señores de la guerra, labradores, artesanos de pequeñas ciudades tal como viven
todavía en el Tercer Mundo y que perviven curiosamente en las ceremonias de
nuestras propias iglesias cristianas».
Un «libro de sueños» sacado de las cifras e imágenes alegóricas aprendidas
en parte intuitivamente en épocas primitivas, en parte ideadas, es lo que se le ofre-
ce también aquí al lector de nuestro tiempo. Sin grandes debates teóricos, debemos
reproducir, en relación con el concepto de los símbolos, algunas frases de Manfred
Lurker que con bastante claridad expresan de qué se trata: «La importancia del
símbolo no reside en él mismo, sino que lo trasciende. Según Goethe, hay verdade-
ro simbolismo dondequiera que lo particular represente a lo general, no como sueño
o sombra, sino como revelación viva y momentánea de lo inescrutable». Para el
hombre religioso el símbolo es un fenómeno concreto en el que la idea de lo divino
y absoluto se vuelve de tal manera inmanente que alcanza una expresión más clara
que por medio de las palabras... Desde el punto de vista de la historia de la salva-
ción, el símbolo es algo que expresa la unión inquebrantable entre el Creador y
su Creación... Si de la plenitud de la imagen divina primigenia se manifiestan las
imágenes individuales, entonces éstas son en sentido propio sym-bolon, punto de
encuentro de tiempo y eternidad... «El símbolo es encubrimiento y revelación al
mismo tiempo» (1987). Todo esto se refiere ciertamente, de forma predominante,
al simbolismo religioso corriente entre nosotros; además de ello, deben tratarse imá-
genes y signos que se basan en juegos de pensamiento y abstracciones sin que por
ello lleguen a altas esferas de la espiritualidad. Por lo demás, al ocuparnos de cultu-
ras extrañas, resulta difícil distinguir entre experiencia concluyente, mitología y
especulación de erudición sacerdotal. La difícil situación de las fuentes impide mu-
chas veces penetrar tan profundamente como se requeriría en mundos espirituales
antiguos y exóticos.

En relación con la polémica antisimbolista mencionada, finalmente no se pue-


11 Prefacio

de negar que algunos símbolos marcan en realidad un determinado camino para


las personas implicadas en ellos y pueden tener también efectos negativos para la
vida. No solamente en el imperio azteca condujeron a una abominable destrucción
de seres humanos símbolos rituales tales como «sangre de sacrificio, corazón, sol»,
sino también, en una época más próxima a nosotros, otros símbolos, como «bandera,
caudillo, sangre y suelo». Sin embargo, no puede negarse ciertamente que un sinfín
de antiguas ideas simbólicas figuran entre los bienes más preciados de la humanidad
y han llevado a las grandes creaciones de la historia de la civilización: a pirámides,
catedrales, templos, sinfonías, poemas, esculturas, cuadros, acciones sacras, fiestas,
danzas, etc. Hemos de convenir que unos símbolos anclados en los estratos profun-
dos de la personalidad tienen el poder de desarrollar una vida propia y mediante
una especie de efecto de acoplamiento por reacción influir en quienes lo crearon.
La responsabilidad del ser humano que es consciente de este hecho consiste en
que tiene la posibilidad de seleccionar de entre el acervo de símbolos de la historia
aquello que es puro y valioso.
«Los "seductores secretos" de la actual propaganda económica», escribe Ger-
hart Wehr (1972), «que saben apoderarse de la fuerza de la imagen, enredan aún
más en la falta de libertad al hombre en cuanto elemento de la masa, en gran medi-
da inconsciente y "dirigido desde fuera"
', valiéndose de la manipulación de los sím-
bolos y creando ilusiones.» De la misma manera que ocurre con la mayoría de las
imágenes simbólicas que aparecen en este libro, también el trato con los símbolos
es ambivalente en general; puede abrir el acceso a tesoros espirituales de épocas
pretéritas y despertarlos a la vida; pero también en el trato sin escrúpulo de este
mundo de las cifras pueden éstas apresar al hombre, encadenarlo y volverle menor
de edad y degradarlo a la condición de un mero robot que funciona.
A continuación damos también algunas indicaciones prácticas. Como no es po-
sible presentar para cada detalle un índice de las fuentes consultadas (que ocuparía
más espacio que el texto mismo), al final del volumen ofrecemos una bibliografía
clasificada por temas con datos sobre las fuentes más importantes. También aquí
sólo podemos mencionar monografías en casos excepcionales, pero se trata de obras
con detallada indicación de las fuentes. Como quiera que no todos los conceptos
forman una voz guía en el diccionario, se recomienda también consultar el índice
de voces guía o entradas en las últimas páginas, donde, por ejemplo, es posible
saber que hay que buscar «sombrero» dentro del vocablo «tocados».
En el texto se hace resaltar en letra cursiva las referencias a otras voces guía.
Un trabajo como el presente no habría podido realizarse si en los últimos decenios
no se hubiesen publicado reimpresiones de antiguas obras estándar con valioso ma-
terial básico. En representación de la labor realizada por varias editoriales, citare-
mos aquí la de la Akademischen Druck- und Verlagsanstalt (Graz), cuyas reimpre-
siones de las obras de Cartari, Hohberg, Boschius y sus ediciones en facsímil de
antiguos códices, constituyeron una condición previa imprescindible para esta obra.
Finalmente, doy gracias no sólo por deber sino también de todo corazón a
Prefacio
12

las numerosas
curaron personas
un material que
básico enme ayudaron
parte enencontrar:
difícil de la redacción del diccionario
en primer y me
lugar a mi pro-
esposa
Sibylle, que también fue responsable de las ilustraciones; Annette Zieger (?), Brauns-
chweig; Liselotte Kerkermeier, Friburgo de Brisgovia; Dr. Friedrich Waidacher,
Graz; Edith Temmel, Graz; Erich Ackermann, Bruchenbrücken; rector Josef Fink,
Graz; Ralph Tegtmeier, M. A., Bonn; Gerhard Riemann, Pentenried; Dr. Leon.
hard Eschenbach, Viena; Ingeborg Schwarz-Winklhoter, Graz; Kurt Edelsbrunner,
Graz; Octavio Álvarez, Enfield/N. H., [Link].; Dr. Kart A. Wipt, Frauenteld,
Suiza... y muchos amigos y conocidos. De ellos es también el mérito si este libro
ofrece materia que incite a la reflexión.

Graz, verano de 1988 Prof. Dr. Hans Biedermann

También podría gustarte