Texto 1: Conferencia de Rebeca Anijovich.
Feria del Libro, 2018
¿La diversidad suma?
1. ¿De qué diversidad hablamos? Una introducción para su abordaje educativo
Rebeca Anijovich emplea una frase al principio de la charla que podría resumir qué
necesitamos para dar sustancia a la cuestión de la diversidad en las escuelas: “para que la
diversidad sume hay que hacer cosas”. De los tantos temas desplegados en los últimos
años para indagar las dinámicas entre sociedad y educación, el de la atención a la
diversidad es probablemente uno de los que ha presentado mayor desfasaje entre teoría y
práctica. Es innegable que el universo de docentes y directivos que llevan las riendas de
las propuestas en el país tiene un alto nivel de aceptación de la idea de diversidad en la
escuela. Se trata de una aceptación filosófica y valorativa de base que, aunque no se
sustente en un gran corpus teórico educacional, es ampliamente compartida. Ahora bien,
pese a ello: ¿qué sucede si rastreamos estadísticamente las formas y propuestas
concretas de abordar la diversidad llevadas adelante en las aulas de nuestras escuelas?
Frente a una respuesta incierta Rebeca Anijovich propone formas de trabajo simples, y
actividades realizables con los recursos disponibles.
Diversidad e historicidad
El pasaje de un tipo de alumno homogéneo a uno heterogéneo
Para nuestra especialista, resulta clave superar la antigua visión de alumno normal, modélico
y homogeneizado. Esta tipología de alumno, que sigue funcionando de manera subyacente
en muchas planificaciones o propuestas actuales, proviene de la función originaria de las
escuelas públicas de nuestro país. Surge de la misión histórica fundacional de las escuelas
de hacerle frente al desafío de construir ciudadanos para un Estado nación emergente, en
medio de una pluralidad de lenguas y costumbres propia de los períodos inmigratorios que le
dieron forma a nuestra población. Este proceso de normalización-educación
continuó mucho más allá de su tiempo histórico original, y auspició cierta idea de ver lo
diverso como lo “problemático”, “anormal” o, en términos de planificación: no
esperable.
La diversidad somos todos, aprendiendo en un contexto determinado
Al asumirnos como participantes de un proceso que busca constituirnos en sujetos
pedagógicos ponemos en juego la diversidad de lo que somos. Pero hay algo igualmente
central a tener en cuenta en ello; dice Rebeca:
“Además de mirar al sujeto que aprende, tenemos que mirar en qué condiciones
pedagógicas este lo hace. En qué contextos aprenden estos sujetos concretos.
Porque tenemos allí mucha diversidad: de trayectorias, de ámbitos, de escuelas; con
brechas entre unos y otras. Por lo cual esta diversidad no depende solo de las
subjetividades, sino también de en qué contexto éstas se desarrollan”
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En función de esto la autora plantea dos focos centrales que definen hoy la zona de
peso para tomar decisiones en políticas públicas de educación: la idea de equidad y la
de justicia educativa o curricular. La preocupación hoy es combinar los contenidos no
negociables, con esta proliferación de realidades y necesidades diferentes que
constituye la diversidad de nuestros alumnos. El punto es pensar cómo trabajamos en
la escala cotidiana de nuestras clases lo que sabemos que tenemos que hacer desde
una perspectiva general. La primera respuesta es abrir el viejo modelo de camino único
de aprendizaje a la pluralidad de estrategias, propuestas y recursos con que podemos
contar. El objetivo es ofrecerles a nuestros alumnos diferentes trayectos de aprendizaje
al trabajar un tema o contenido.
“Cuando pensamos en cómo diversificar adentro del aula pensamos en diversificar
los contextos de aprendizaje. Considerar la diversidad de contextos y de sujetos
también implica diversificar los contenidos que voy a desarrollar, las estrategias de
enseñanza, los recursos, los criterios de agrupamiento. Y por supuesto la
evaluación, porque si decimos que hay que diversificar en la enseñanza y después
tomamos la misma prueba para todos: ¿de qué diversidad estamos hablando? Esto
abre también el tema de la diversidad de los tiempos: sabemos que no todos los
alumnos aprenden al mismo ritmo y de la misma forma”
Una tipología para pensar integralmente la diversidad
Te proponemos ahora tomar contacto con una breve clasificación en torno a algunos
de los tipos de diversidad y sus implicancias. Como toda clasificación, esta es parcial e
incompleta, pero puede ayudarnos a tener una visión más integral que permita guiar
algunos de los ejemplos y actividades que analizaremos subsiguientemente.
• Diversidad de género: contempla y valora el ser humano en lo referente a su
sexo, condición de género y su preferencia sexual.
• Diversidad de estilos de aprendizaje: los estilos de aprendizaje, se refieren a la
forma particular en que aprenden los individuos y cómo procesan la
información.
• Diversidad de niveles de conocimiento: toma en cuenta el nivel de conocimiento
de partida o el estadio en que se encuentra el individuo para la enseñanza. Este
aspecto va relacionado con el nivel de desarrollo humano del estudiante, su
proceso madurativo, sus conocimientos previos, destrezas y habilidades.
• Diversidad de ritmos de aprendizaje: referido al tiempo que tarda el o la
estudiante para realizar las tareas asignadas y el tiempo en que logra codificarla
información que recibe.
• Diversidad personal individual: en este aspecto, se consideran todas las
características personales de cada quien, como un ser único e irrepetible, en
especial sus condiciones biológicas. Algunas de las variables utilizadas para
valorar este aspecto son: la edad, las necesidades educativas de cada persona
o cualquier situación particular del individuo.
• Diversidad cultural: aquí se ubican los aspectos referidos a las relaciones
culturales y multiétnicas del individuo. Algunas variables que podrían
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considerarse son las siguientes: nacionalidad, domicilio, credo religioso,
costumbres, idioma y tradiciones.
• Diversidad social: dentro de este aspecto, se ubican las siguientes variables: la
familia, también grupos formales y no formales presentes en la comunidad y
demás organizaciones humanas en las que participan las personas de su
medio.
• Diversidad ocupacional: son las fuentes de enriquecimiento y supervivencia de
los individuos, los oficios a los que se dedican los padres de los alumnos, el
contexto y nivel socioeconómico del núcleo familiar.
• Diversidad y entorno demográfico: en este aspecto se anota una serie de
características que prevalecen en la comunidad, la composición población
autóctona y el punto de encuentro con demás grupos que la complementan.
• Diversidad y entorno ecológico: este aspecto contempla los recursos naturales
con los que el individuo interactúa, los servicios brindados por el centro
educativo a los estudiantes, así como el reconocimiento y respeto por la
biodiversidad.1
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Esta clasificación fue tomada de la publicación educativa “Educare” y pertenece al especialista L.
Meléndez en el libro “La inclusión escolar del alumno con discapacidad intelectual” (L. Meléndez, Ediciones GLARP-IIPD, Bogotá,
Colombia, año 2002)