Inmarcesible.
EPÍLOGO
(Presente)
Madeleine, 2025. (18 años)
La tormenta golpeaba la ventana con fuerza, pero en la mansión, el silencio era aún más pesado.
Nadie había oído la puerta abrirse esa noche, pero algo había entrado. Nadie vio las huellas de
barro que dejaron los zapatos mojados en el pasillo. Nadie, excepto ella.
Ella se levantó de la silla con cautela, sus ojos fijos en la sombra que se deslizaba por el pasillo. La
mansión siempre había sido un lugar tranquilo, pero aquella noche, algo en el aire había cambiado,
algo en el ambiente irradiaba tensión. Un susurro recorrió en el pasillo un murmullo bajo que
pareció llamar su nombre, y el hecho de escucharlo le hizo sentir un escalofrío por su espina
dorsal.
Se removió sobre las cobijas de su habitación, levantándose para dirigirse hacia la fuente del
sonido, talvez la mejor opción era quedarse en su habitación y no hacer nada, pero se vio sumida
bajo su propia curiosidad, haciéndola avanzar.
Cuando cruzó el marco de su puerta, avanzo por el pasillo hasta llegar al final, la luz parpadeó y eso
solo aumento el ritmo de su corazón -queriéndole salir del pecho-.
Pero se detuvo fría cuando su mirada se posó sobre la puerta de la biblioteca, esa puerta que
siempre tenía candados y seguros para que nadie la abriera, ahora, en ese preciso momento la
puerta se encontraba entreabierta.
-Oh, por el Altísimo. -pensó.
Sus manos temblaban ligeramente, mientras empujaba la puerta, adentrándose en la penumbra.
Solo había entrado a ese lugar dos veces, los dueños de la mansión odiaban que hubiera gente allí
dentro, por eso siempre mantenían cerrada la puerta.
Si cuerpo entero quedó sin aliento por un momento cuando entro al lugar, había un círculo de
velas rodeando a un libro antiguo, el cual estaba abierto, con una página marcada por algo que no
parecía ser exactamente tinta.
Tuvo la intención de volverse hacia atrás, pero hubo algo que la impulso a seguir adelante.
Se acercó a el libro y pudo notar algo peculiar, tenía un nombre escrito, lo demás estaba en un
idioma indescifrable, se concentró en solo leer el nombre.
-Alaric Evencroft. -dice la chica apenas en un murmullo inaudible- Intentando leer el nombre.
Un estruendo de la puerta siendo cerrada bruscamente, la interrumpe haciéndola girar de golpe
levantándose del suelo, interrumpiendo todas las preguntas que se agolpaban ahora en su mente.
-Madeleine Archer. – dice una voz masculina al fondo del salón.
-¿Quién eres y qué quieres?-dice la chica, reuniendo sus últimas gotas de valor.
las piernas le amenazaban con fallarle en cualquier momento gracias a el miedo que la rodeaba.
-¿Yo?. -dice la voz ronca en tono de burla, señalándose a si mismo-.
-YA naimen’shaya iz tvoikh problem.
Recordar:
°El idioma es ruso
°Traducción: soy el menor de tus problemas.
°Aun no es el principal.
GLAVA PERVAYA
PRIMER CAPITULO
11 años atrás, 2014.
MADELEINE
Daba vueltas alrededor de el jardín de mamá, mientras que el aire golpeaba suavemente mis
mejillas, mis pies estaban pinchados por pequeñas espinas alrededor del pasto verde y brillante,
mientras tarareaba la canción que me enseño mi amigo.
-Las flores en el patio son lila, las flores en el patio son lila, sentada esta ella junto a una siiiiilla,
mientras peces beben junto a la orilla.
De nuevo ven y empieza a contaaar, Uno, dos, tres, da vueltas de pies Uno, dos ,tres y dispara
otra vez, uno dos treees… la sangre cae junto a sus pieeeesss.
-¡¡Madeleine!! -dice mi padre con el tono que usa cuando algo no le agrada, mientras que
atraviesa la puerta que dirigía hacia el jardin.
-¿Ehh? -mascullo, cuando en un par de segundos sus manos rodean el cuello de mi vestido,
apretándolo de manera brusca.
Escucho los pasos de alguien acercarse rápidamente hacia el lugar. Los ojos de papa me miraban
fijamente, se veían mas oscuros de lo normal, él casi no se enfadaba, parecía estar demasiado
enojado ¿pero…por qué?
-Hendrick, es solo una niña, no tiene nada que ver con esto. -dice mama, parecía que hubiera
estado llorando antes…Su rostro se veía triste.
-¿Mama, papa, ¿qué sucede? -ante la pregunta mi padre desliza su mirada hacia ella.
-Perdón hija…Hendrick, yo no podre decírselo. -dice ella con voz entrecortada
Ella se agachó hasta mi altura, sus manos temblorosas tomaron las mías.
-Recuerda que siempre te he amado, Madeleine –susurró, besándome la frente con
desesperación–. Todo lo hago por ti.
No entendía nada. Quería preguntar, quería gritar, pero algo en su voz me paralizó. Era como si
esas palabras fueran una despedida.
-¿Qué está pasando? ¡Mamá, tengo miedo! –gemí, mientras las manos de papá me soltaban de
golpe, haciéndome tambalear hacia atrás.
Entonces, desde la entrada del jardín, la niebla comenzó a deslizarse como un animal viviente,el
dia se hizo mas oscuro y no pude comprender bien lo que sucedía, bajo la niebla, espesa y pesada.
Con ella, llegaron tres figuras encapuchadas, deslizándose en silencio sobre el césped. Mi corazón
retumbaba en mis oídos.
Mamá se puso de pie, se acercó a ellos y se arrodilló.
-Está hecho –declaró con voz rota.
Uno de los encapuchados extendió una mano huesuda. Dentro de su palma, brillaba un objeto
pequeño: parecía un fragmento de espejo roto, negro como la tinta.
-Por este precio, su vida será preservada –dijo una voz que no parecía humana, como si varias
gargantas hablaran al mismo tiempo–. Pero el pago... vendrá cuando ella florezca.
Mamá asintió, incapaz de hablar.
Las figuras desaparecieron tan rápido como habían llegado, dejando el jardín cubierto de un frío
irreal.
Yo me quedé en el suelo, con la canción que había estado tarareando retumbando en mi mente
como un eco maldito.
Uno, dos, tres... la sangre cae junto a sus pies.
Esa fue la noche en que mi infancia terminó.
Esa fue la noche en que mamá me vendió... sin que yo pudiera entenderlo.
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Presente
12:30am
MADELEINE
El silencio dentro de la biblioteca era casi palpable, pesado como una lápida.
Madeleine retrocedió un paso, pero su espalda chocó contra la puerta cerrada. El corazón le
martillaba en las costillas.
Alaric se adelantó un poco más, permitiendo que la escasa luz de las velas delineara su rostro. No
parecía completamente humano. Sus ojos, de un gris plateado antinatural, parecían ver a través de
ella.
—¿Dónde están mis abuelos? —preguntó, la voz apenas un susurro quebrado.
La sombra curvó los labios en una sonrisa que no alcanzó sus ojos.
—¿Importa, Madeleine? —replicó, ladeando la cabeza como si realmente reflexionara—. Ellos
eran solo piezas antiguas del tablero... y las piezas viejas deben ser removidas para que el juego
continúe.
Un frío inmenso la envolvió, como si la temperatura del salón hubiera descendido de golpe.
Los recuerdos de esa tarde volvieron a ella como un torrente: la casa en penumbras, los teléfonos
muertos, la sensación de que algo terrible había ocurrido incluso antes de despertar.
—¿Qué les hiciste? —escupió ella, sus manos cerrándose en puños.
Alaric dio un par de pasos más, cerrando la distancia entre ellos. La miró con una intensidad casi
reverente, como si estudiara un artefacto sagrado.
—Lo mismo que hicieron contigo hace once años —dijo en un tono suave, casi compasivo—. Un
intercambio, Madeleine. Un contrato sellado.
—¿Contrato? —repitió ella, tambaleándose hacia un costado para alejarse de él.
Él alzó una mano lentamente, como si temiera espantarla.
—Tu madre eligió protegerte —explicó, su voz resonando como un eco en la vasta sala—. Eligió
dar sus días a cambio de los tuyos.
Pero toda deuda genera intereses, Madeleine. Nadie escapa para siempre de su destino.
Ella negó frenéticamente, lágrimas brotándole de los ojos, pero se negó a dejarlas caer.
Su madre había desaparecido sin dejar rastro poco después de su cumpleaños número ocho. Su
padre había enloquecido. Y ahora, sus abuelos...
Todo estaba conectado. Todo llevaba a él.
Alaric estiró la mano hacia el libro, tocándolo con la yema de los dedos.
El círculo de velas titiló con fuerza, como si respondiera a su presencia.
—Hoy, Madeleine Archer, vengo a reclamar lo que nos pertenece —dijo.
—¿Qué quieres de mí? —preguntó ella, su voz apenas un hilo.
Alaric sonrió, mostrando los colmillos apenas perceptibles bajo la penumbra.
—Todo, pequeña flor inmarcesible. Quiero tu alma... o tu lealtad.
Tú decides.
El sonido de la tormenta golpeando los ventanales fue el único testigo del momento en el que
supe que mi vida ya no me pertenecía.
Entonces en una cuestión de segundos, se acerco hacia mi , mis piernas ya flácidas
tambaleándose por los nervios.
-decide ahora o yo lo hare por ti. -dice él mientras que da un pequeño paso hacia mí. Mi cuerpo
retrocede por inercia, pero vuelvo a chocar con la puerta a mis espaldas.
Tragué saliva, sintiendo cómo el miedo me quemaba la garganta. No podía perder el control. No
ahora.
Mi madre siempre decía que la ignorancia mataba más rápido que cualquiera cosa.
Respiré hondo, obligándome a levantar la barbilla y mirar fijamente a ese ser de ojos grises.
—Negociemos —dije, mi voz sonó más firme de lo que me sentía—. No voy a aceptar nada… hasta
que entienda qué quieres realmente de mí.
Vi cómo ladeaba la cabeza, divertido, casi como si no esperara esa respuesta de mí.
Una chispa de... ¿respeto? cruzó fugazmente por sus ojos.
—¿Negociar? —rió, una carcajada baja que resonó en las paredes—. Tienes más valor del que
aparentas, Madeleine Archer.
Muy bien. Te concederé respuestas... si ofreces algo a cambio.
Mi estómago se retorció.
—¿Qué clase de "algo"? —pregunté, con la voz apenas controlada.
Alaric caminó lentamente alrededor del círculo de velas, sin tocarlo, como si respetara un poder
que yo apenas podía entender.
—Un juramento de escucha —dijo, finalmente, con una media sonrisa torcida—. No pactarás, no
entregarás nada esta noche, salvo tu oído y tu silencio.
Hasta que termine de contarte lo que debes saber.
Parecía una oferta razonable… y aun así, sabía que incluso en lo más pequeño se escondían
trampas.
Pero yo necesitaba saber.
Asentí, lentamente.
—Tienes mi oído. Y mi silencio… hasta que termines.
El aire en la biblioteca se volvió denso, casi irrespirable.
Las velas titilaron violentamente y, por un segundo, sentí que el suelo bajo mis pies vibraba.
Él sonrió. No como un amigo. No como un enemigo. Como alguien que sabía más de mí que yo
misma.
—Entonces escucha, niña de sangre prometida —murmuró, acercándose tanto que pude sentir el
frío que emanaba de su cuerpo—.
Tu madre selló un pacto con nosotros antes de que nacieras.
Un pacto que involucraba tu existencia… y un propósito que aún desconoces.
Ella nos dio algo a cambio de tu vida.
Y ahora, ha llegado el momento de que tomes el lugar que te corresponde en el tablero de los vivos
y los muertos.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Me obligué a no retroceder.
—¿Qué propósito? ¿Por qué yo? ¿Qué eres tú exactamente?
Su risa fue profunda, vibrante. Me atravesó los huesos.
—Soy muchas cosas —susurró, sus ojos grises brillando como acero al sol—.
Pero para ti, Madeleine… soy el guardián de tu deuda.
Y tal vez… tu único aliado en lo que está por venir.
Mi corazón latía tan rápido que dolía.
La palabra "aliado" se sintió como una ironía amarga en mis oídos.
—¿Qué está por venir? —pregunté, apenas un susurro.
Alaric extendió su mano hacia mí, como una oferta.
—Un despertar —dijo—. El mundo que crees conocer es una mentira.
Tu sangre es una llave.
Y las puertas que están a punto de abrirse… traerán luz o condenación.
Mi instinto gritaba que huyera. Cada parte de mí quería correr, esconderme.
Pero no lo hice.
Sabía que la ignorancia ya no era una opción.
Respiré hondo y, temblando ligeramente, extendí mi mano hacia la suya.
No para sellar un trato todavía.
Sino para escuchar hasta el final.
(fin del cap 1)
(Ignorar)
¡¡¡Jujuju!!, la cosa esta picanteee
Notas: Seguir construyendo la trama, los significados y la genealogía de la chica, investigar
acerca del nuevo -------, y sus poderes, hacer spoiler del título.
¿Aparecerá el protagonista ahora si? No lo sabremoss.
Frase del día: "Todo lo que se ve puede ser una ilusión." - Friedrich Nietzsche.
CAPITULO 2
¨Susurros de la sangre¨
La pesada mirada de Alaric no dejaba de hacer mas presión en mi interior, esos ojos grises eran tan
profundos que juraría que si me quedaba viéndolo mas de tres segundos mi cuerpo entraría en un
trance. Él era algo que claramente no era de este mundo y estar cerca de su presencia solo
generaba mas tensión.
-¿Ya tomaste una decisión florecita? .-la forma tan agria el la que pronunciaba esas ultimas
palabras me daban escalofríos, obviamente no iba a demostrarle que me podria orinar tan solo si
daba otro paso mas hacia mi.
-Solo con una condición, ya te lo dije. -dije, mi voz lo mas firme posible intentando ocultar mis
nervios-.
-ukh te, esli te slozhny, malenkyi tsvetok. -dice el haciendo señas con las manos de manera
descarada haciéndome entender que lo tengo harto. -Vamos Madeleine, creeme será mejor
negociar conmigo que con mi…-se detuvo de golpe parecía que le costaba pronunciar la palabra-.
-deja de ser tan estúpida y decídete, ya no me hagas perder el tiempo.
-deberías esperar, no es fácil cuanto te presionan en contra de tu voluntad sabes?
Deja salir un suspiro pesado de sus labios, mientras que se lleva una mano a la cabeza, que por un
torpe movimiento deja caer la parte delantera de su capucha, dejando ver su cabello.
Era oscuro, gracias a la corta luz de las velas pude divisar mejor su rostro, sus facciones parecían
irreales, no solo sus ojos grises resaltaban en él, sino también su mandíbula y barbilla que
acompañaban ese aire tenso que emanaba de forma natural.
-¿Sabes que? Tengo ganas de fumar, no voy a perder el tiempo con una niña. -dice el de forma
amarga, todo lo contrario a la voz que estaba usando hace unos momentos.
Si antes no entendía nada de lo que sucedía, ahora menos.
¿Y que es lo peor? Que este arrogante bicho o lo que sea ya no estaba dispuesto a dirigirme
palabra.
Que se joda.
-Estupido bicho.
-¿Que has dicho? -Alaric frunce el ceño, deja de tocar su cabello para mirarme con su usual mirada
de pocos amigos-.
m.i.e.r.d.a.
lo dije en voz alta
tontaAaAaa
-