Procesos
Procesos… una palabra que parecía no cobrar sentido.
Frustración… presente hasta mitad de semestre.
Iniciar a veces es complicado. Creer que navegaba sin brújula y sin destino,
sintiéndome perdida y temiendo a lo futuro, me llevó a explorar otra posibilidad de
aprendizaje en donde entendí que el progreso no llega de la noche a la mañana y
que no es un ámbito lineal en absoluto.
Habían dinámicas a las que no les encontraba un sentido, un por qué, y de repente
me llegaba a desesperar; yo creo que fue eso lo que tiempo después me hizo
comprender que hay cosas que trascienden lo inmediato.
La meditación es un gran ejemplo de todo lo anterior. Al inicio me frustraba mucho
porque me costaba trabajo lograr estar presente, enfocada en mi respiración con
intención de conocerla. Lo que más me ocurría era que me daba mucho sueño y los
veintiun minutos se me hacían eternos. Esa fue mi frustración durante una semana,
hasta que un martes logré estar. Ese día puse en práctica dos cosas que Tania
había mencionado: contar mis respiraciones y no ser el pastor que al ver que una
oveja se aleja del rebaño va en su búsqueda haciendo que todo el rebaño se
alborote. Esto último era lo más usual en mí, yo genuinamente quería dejar de
pensar en cosas, quería centrarme en mi respiración, pero no podía y me frustraba,
hasta que entendí lo que había dicho Tania. Y cuando digo entendí es porque hay
veces en las que hay indicaciones que atiendo pero que no entiendo, por eso,
entendí cuando Tania decía que la mente jamás se podía quedar o en blanco o sin
pensamientos, sin ruido, y a partir de ahí mis meditaciones fueron menos
frustrantes.
Dentro de la meditación también aprendí que el proceso no es lineal; habían días en
los que llegar a los veintiun minutos me resultaba una tarea casi imposible de
cumplir, y habían otros en los que se me pasaba el tiempo volando, y el orden no
era progresivo, dos días podía haber tenido una meditación enfocada a mi
respiración y a la siguiente podía sentir que los pensamientos me comían
La meditación también fue reveladora en cierto sentido por los pensamientos que
venían a mi mente, a lo que elegía prestar atención y a lo que decidía ignorar. Me di
cuenta de que más que irme en mis pensamientos o recuerdos, me suelo ir en
historias ficticias y pierdo la noción del tiempo y del espacio; creo que prefiero vivir
dentro de mí y de lo que me gustaría que pasara en mi vida, cosa que no me
permite estar en el presente; muchas veces me pierdo lo que pasa en mi día a día
porque constantemente estoy dentro de mis pensamientos imaginando otra realidad.
La meditación me devolvió al presente, y no sólo la meditación, creo que mi proceso
hasta ahora se ha enfocado mucho en eso, la escucha también me ha ayudado
muchísimo en eso, más adelante hablaré de ello porque antes quiero conectar la
meditación con el Alexander.
Otro de los ámbitos que he aprendido con todo lo que hemos visto es que ningún
tema se da por visto. Todo lo que vamos viendo se va uniendo e integrando con lo
nuevo, y eso permite que cada vez, se vaya expandiendo más la consciencia y
percepción del mundo.
La meditación no sólo me benefició en lo que mencioné antes y en conocerme un
poquito más, sino que también fue muy importante para comenzar con el ejercicio
de la técnica Alexander ya que se trataba mucho de prestar atención a las
sensaciones de mi cuerpo, cosa que la meditación propiciaba. Iniciar con el
Alexander no me fue difícil porque ya podía mantenerme prestando atención a mis
sensaciones, era muy raro que me fuera por un tiempo muy prolongado hacia mi
adentro.
El Alexander ha sido otro de los ejercicios que me han enseñado la importancia de
la paciencia, la constancia y el proceso. He notado cambios notorios que si bien son
físicos, tienen que ver con la consciencia que ahora tengo. Mi postura nunca ha sido
la más adecuada para mi columna ya que siempre he tenido la tendencia a
jorobarme, cosa que en CEDART se me quitó en su momento pero volvió el último
año de prepa pues gran parte del día me la pasaba sentada en el piso y por
comodidad me encorvaba. Con la repetición del Alexander ha llegado el punto en el
que estar encorvada me empieza a molestar e incomodar, incluso a veces me llega
a doler la espalda; la consciencia que he adquirido me permite identificar cuando mi
postura ya no es la más adecuada, si bien, todavía me sigo sentando de maneras
muy poco saludables, ya me es más fácil identificar cuándo lo hago y ese chequeo
es constante por lo que ya no paso mucho tiempo en esas posiciones porque
cuando me descubro sentándome toda chueca, corrijo mi posición y me siento con
el esqueleto. Todo esto ha ocurrido en el tiempo en el que he hecho el Alexander, no
me pasó de la noche a la mañana; requerí también de una responsabilidad y
respeto hacia mi persona ya que al ser un ejercicio que para obtener resultados
consistentes necesita de una práctica diaria, tenía que hacer el ejercicio en mi casa,
y a veces era complicado sobreponerme a los pensamientos de cansancio o
irresponsabilidad, pero creo que ahí también está el progreso y lo valioso del
proceso porque aunque existen esos estímulos que parece que me van a vencer, lo
importante es no negarlos y más bien, reconocer qué puedo hacer con ellos y cómo
el simple hecho de sobreponer mi compromiso conmigo misma ya es un gran paso.
Los ejercicios que se quedan para hacer en casa, como la meditación y el Alexander
también me enseñaron que el trabajo es para mí, que si no hago las cosas la que se
perjudica soy yo, y la que le falta el respeto a su proceso soy yo. Ese ha sido uno de
los mayores aprendizajes ya que desde pequeña siempre hacía las cosas para no
quedar mal con los demás o para ser responsable con la maestra para que me
pusiera diez, entonces ver el aprendizaje desde esta perspectiva ha sido una
travesía demasiado interesante.
Otro de los temas que me ha resonado mucho es la escucha. Si bien, me considero
una persona que es más de escuchar que de hablar, reconozco que en ciertas
canciones no escucho, sólo oigo. Y es que me pasa lo mismo que mencionaba
antes, me meto mucho en lo que yo estoy pensando, entonces es el equivalente a
que si yo estuviera hablando todo el tiempo de mí y nunca dejara a la otra persona
hablar; es algo que me conflictúa pero que creo que viene de un sentir personal en
el que yo rara vez me siento escuchada y en el que rara vez siento que el otro
quiere escuchar lo que tengo que decir; siento que las personas todo el tiempo
hablan de ellas conmigo y no se interesan por lo que yo tengo que compartir, pero
creo que tal vez el motivo sea que no expreso aquello que siento y los demás creen
que no me gusta compartir lo que pienso y por eso no preguntan; sea como sea,
identifico que hay una gran voz egótica dentro de mí que es la que me hace decir “si
nadie me quiere escuchar y a nadie le interesa lo que yo le tengo que decir, ¿por
qué a mí sí me tendría que importar?”. Los ejercicios de escucha y la lectura que
Tania nos compartió en su momento sobre la escucha, me han llevado a reflexionar
sobre este aspecto de la voz egótica y cómo repercute no sólo a nivel académico,
sino también en mis relaciones personales. He valorado más la escucha porque me
di cuenta de que se aprende mucho escuchando y se vive en el presente cuando se
escucha. Estar en un lugar sin hacer nada más que escuchar, me mantuvo enfocada
en una sola cosa, y no me permitió estar futurizando las cosas o pensando en el
pasado, simplemente estaba, esa fue la maravilla de los levantamientos sonoros
creo yo.
Por último, mi relación con mi voz se ha modificado ya que si bien, aún me faltan
muchas cosas por aceptar, al menos he entendido que mi voz es tal cual es, y que
es única y eso la hace especial. Creo que la relación con mi voz es extraña porque
no es tanto que no me gusta como suena, sino que, no suena.
Me conflictúa no poder hablar fuerte y expresar mis ideas fuerte y claro. Sin
embargo, en esta clase específicamente me siento con mucha confianza para
participar y expresarme, lo que me ha permitido explorar más mi voz.
La actividad con los dibujos y el poema ha sido un gran apoyo para identificar qué
ocurre cuando no puedo pronunciarme y por qué. Y también ha sido la oportunidad
para reconocer mi propia voz y por tanto, reconocerme a mí misma. El poema es
una especie de “perdóname, yo te perdono”.
Creo que la clase de técnica vocal ha sido también una clase de procesos y de
aprender a valorar todos los logros y avances por pequeños que estos sean.