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Funciones del Juez en Patria Potestad

El juez tiene un papel crucial en la administración de la patria potestad, asegurando que los bienes de los menores no sean mal administrados y que se actúe en su interés. La patria potestad puede ser perdida, limitada o suspendida por diversas razones, incluyendo maltrato o incapacidad de los padres. La recuperación de la patria potestad está condicionada al interés del menor y a la cesación de las causas que motivaron su privación.
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Funciones del Juez en Patria Potestad

El juez tiene un papel crucial en la administración de la patria potestad, asegurando que los bienes de los menores no sean mal administrados y que se actúe en su interés. La patria potestad puede ser perdida, limitada o suspendida por diversas razones, incluyendo maltrato o incapacidad de los padres. La recuperación de la patria potestad está condicionada al interés del menor y a la cesación de las causas que motivaron su privación.
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FUNCIÓN DEL JUEZ DE LA PERDIDA DE LA PATRIA POTESTAD

Quienes ejercen la patria potestad son legítimos representantes de aquellos


sobre quienes la ejercen, y administradores legales de sus bienes.

Sin embargo, éstos no pueden vender o hipotecar de ningún modo los bienes
inmuebles que sus hijos hayan adquirido, por ejemplo, por alguna herencia o
donación, sino por causa de evidente beneficio para éstos y previa autorización
del juez familiar competente, a quien deben rendir cuentas.

Tampoco pueden celebrar contratos de arrendamiento por más de cinco años


ni recibir la renta anticipada por más de dos años, hacer donación de los bienes
de los descendientes que se encuentran bajo la patria potestad. El juez tiene la
facultad de tomar las medidas necesarias para impedir que por la mala
administración de quienes ejercen la patria potestad, los bienes del
descendiente se derrochen o disminuyan.

Estas medidas se deben tomar a instancia de cualquier persona interesada, de


la niña, niño o adolescente cuando hubiere cumplido doce años, de la
Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia o del Ministerio Público, en
su caso.

El juez debe dictar las medidas provisionales que se aplicarán hasta que
concluya el juicio correspondiente, en lo referente a la patria potestad y a su
contenido, así como en lo que concierne al régimen de visitas y de alimentos.

El juez puede revisar y modificar las decisiones en materia de guarda, a


solicitud de quien esté sometido a la misma, si tiene doce años o más, o del
padre o de la madre o del Ministerio Público. Toda variación de una decisión
anterior en materia de guarda, debe estar fundamentada en el interés del hijo,
quien debe ser oído si la solicitud no ha sido presentada por él.

El padre y la madre que ejerzan la patria potestad representan en los actos


civiles a sus hijos menores y aun simplemente concebidos, y administran sus
bienes.

Para realizar actos que exceden de la simple administración, tales como


hipotecar, gravar, enajenar muebles o inmuebles, renunciar a herencias,
aceptar donaciones o legados sujetos a cargas o condiciones, concertar
divisiones, particiones, contratar préstamos, celebrar arrendamientos o
contratos de anticresis por más de tres (3) años, recibir la renta anticipada por
más de un (1) año, deberán obtener la autorización judicial del Juez de
Menores. (hoy Juez para la proteccion del niño y del adolescente).

Igualmente se requerirá tal autorización para transigir, someter los asuntos en


que tengan interés los menores a compromisos arbitrales, desistir del
procedimiento, de la acción o de los recursos en la representación judicial de
los menores.

Tampoco podrán reconocer obligaciones ni celebrar transacciones,


convenimientos o desistimientos en Juicio en que aquellas se cobren, cuando
resulten afectados Intereses de menores, sin la autorización Judicial.

La autorización judicial sólo será concedida en caso de evidente necesidad o


utilidad para el menor, oída la opinión del Ministerio Público, y será especial
para cada caso.

El Juez podrá, asimismo, acordar la administración de todos o parte de los


bienes y la representación de todos o parte de los intereses de los hijos a uno
solo de los padres, a solicitud de este, oída la opinión del otro progenitor y
siempre que así convenga a los intereses del menor.

Extinción de la patria potestad

Cuando el menor de edad llega a su mayoría de edad o por emanciparse; por


su muerte, por ser adoptado o también por fallecimiento del que ejerce la patria
potestad. La patria potestad que se ejerce sobre los menores hijos no
emancipados, termina una vez que éstos cumplen la mayoría de edad por
adquirir la capacidad de ejercicio, esto es, a los dieciocho años cumplidos. Es a
partir de tal acontecimiento en que cesa automáticamente la representación de
los padres sobre los hijos.

- Pérdida de la patria potestad: por causa grave que impida la convivencia del
menor bajo el amparo de su padre.

- Privación de la patria potestad: procede cuando hay maltrato habitual a los


hijos; cuando los hayan abandonado o los expongan a situaciones de peligro;
cuando traten de corromperlos o prostituirlos o fueren conniventes en su
corrupción o prostitución; cuando los padres tengan malas costumbres,
ebriedad habitual u otros vicios, cuando pudiesen comprometer la salud,
seguridad o moralidad de los hijos; cuando sean condenados como autores o
cómplices de un delito o falta cometidos intencionalmente contra el hijo.

- Limitación de la patria potestad: en estos casos el juez sin privar a los padres
de la patria potestad, la limita en vista de las circunstancias para el bien de los
hijos.

-Suspensión de la Patria potestad: por incapacidad o ausencia de los padres,


por intedicción civil, si se prueba que los padres están impedidos de hecho
para ejercer la patria potestad.

Aun cuando la patria potestad concluye por la muerte del que la ejerce, si no
hay otra persona en quien recaiga aquella; por la mayor edad del hijo y por la
emancipación de este, y que se suspende por incapacidad o ausencia,
declaradas judicialmente, y por sentencia condenatoria que imponga como
pena tal suspensión, no debe perderse de vista que en estos casos se habla de
la falta de dicho ejercicio personalmente. Es innegable que esta puede ocurrir,
además de los casos de muerte, interdicción, ausencia y pena impuesta por
sentencia judicial, en otros muchos en que existe imposibilidad material y
notaria para ejercerla, como acontecería si el padre, en el momento preciso y
urgente de representar en juicio a sus hijos menores, se encontrara privado,
por causa de enfermedad del uso expedito de sus facultades mentales, que lo
colocara en situación de no poder desempeñar esa prerrogativa personalmente
ni otorgar el mandato correspondiente. Pero cuando esta incapacidad es por un
motivo ilícito, como el hecho de que el padre se encuentre prófugo de la
justicia, es claro que esa circunstancia de ninguna manera incluye su
abstención para representar a sus menores, ya que tal abstención obedece a
un motivo ilícito.

En primer lugar, se pone de manifiesto que en todo proceso sobre recuperación


de la patria potestad, se ha de tomar el interés del hijo sometido a la patria
potestad como el punto central sobre el que se sustente cualquier reclamación
de restitución. El beneficio e interés del hijo es una condición sine qua non para
que se dé la recuperación (al igual que se da para la privación). Por más que
se dé una rectificación palpable de las causas por las que se le privó de la
patria potestad al titular de la misma, si no va acompañado de una certera e
indubitada mejora objetiva de la situación del menor, no habrá lugar a la
recuperación de la patria potestad. La justificación es sencilla: el menor es el
sujeto beneficiario en esta figura jurídica paterno-filial, y la finalidad de la patria
potestad es el bienestar de los hijos; al darse una privación (que, como hemos
explicado anteriormente, se da por sentencia fundamentada en el
incumplimiento de los deberes inherentes al ejercicio de la patria potestad o de
una sentencia dictada en causa matrimonial o criminal), no es nada fácil
recomponer la situación previa a la privación sin que el sometido a la patria
potestad sufra un perjuicio (sabiendo, como hemos dicho en el apartado
correspondiente, que la privación es excepcional y se trata de un hecho de
gravedad meridiana), teniendo que darse unas circunstancias que permitan
trazar una certidumbre de que dicha restitución sería objetivamente beneficioso
para el menor y, por tanto, de su interés.

En segundo lugar, la condición de que haya cesado las causas que motivaron
su privación (que si bien, es una condición indispensable para que se pueda
dar el fenómeno de la recuperación de la patria potestad, está supeditado
enormemente al requisito del interés del hijo, ya que no son pocos los casos en
los que cumpliendo este requisito, se deniega la restitución de dicha potestad
por no ser beneficioso al menor o existir la incertidumbre de si lo sería), cuya
justificación es de lógica: la necesidad que el comportamiento que causó la
privación de la patria potestad haya cesado, teniendo que darse más de ciertos
atisbos para demostrar que la perniciosa conducta para el beneficiario de la
misma no existe en el momento en el que se pide la recuperación. No queda
otra que mostrar mediante pruebas que se han abandonado los
comportamientos por los cuales se le privó la patria potestad.

Respecto a la asiduidad con la que los tribunales estiman las peticiones de


recuperación, habría que mencionar la enorme diferencia que se encuentra
entre casos donde la privación es total (con una escasísima posibilidad de
fructificar), y la privación parcial –suspensión- (con más casos donde se estima
la petición, concurriendo al mismo tiempo que sea del interés del menor y que
hayan cesado las circunstancias por las que se suspendió –ya que el sustento
de la suspensión es su carácter temporal y mientras se den las causas
perniciosas para el hijo-).

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