Edipo Rey Edipo Rey: Edipo y Aristóteles
En su Poética, Aristóteles describe los ingredientes necesarios para
una buena tragedia, y basa su fórmula en lo que él considera la
tragedia perfecta: Edipo Rey de Sófocles. Según Aristóteles, una
tragedia debe ser una imitación de la vida en forma de historia seria
que se completa en sí misma. En otras palabras, la historia debe ser
realista y con un enfoque reducido.
Una buena tragedia, según el filósofo, produce lástima y miedo en sus
espectadores, causando que los ellos experimenten un sentimiento
de catarsis. Catarsis significa en griego "purgación" o "purificación".
Recorrer toda la gama de estas emociones fuertes hace que los
espectadores se sientan eufóricos, de la misma manera que a
menudo afirmamos que llorar puede hacer que alguien se sienta
mejor.
Aristóteles también describe las características de un héroe trágico
ideal. Debe ser "mejor que nosotros", un hombre que es superior al
hombre promedio de alguna manera. En el caso de Edipo, es superior
no solo por su posición social, sino también porque es inteligente.
Recordemos que es la única persona que puede resolver el enigma de
la Esfinge. Al mismo tiempo, un héroe trágico debe evocar lástima y
miedo. Aristóteles afirma que la mejor manera de hacer esto es si el
héroe trágico es imperfecto. Un personaje con una mezcla entre el
bien y el mal es más convincente que un personaje que es
simplemente bueno. Y Edipo está lejos de ser perfecto. Aunque es un
hombre inteligente, es ciego a la verdad y se niega obstinadamente a
creer las advertencias de Tiresias. Aunque es un buen padre, sin
querer engendró hijos en incesto. Un héroe trágico sufre debido a
su hamartia, palabra griega que a menudo se traduce
equivocadamente como "defecto trágico" pero que realmente
significa "error". El error de Edipo, matar a su padre en el cruce de
caminos, se comete sin saberlo. De hecho, para él no hay forma de
escapar de su destino.
El enfoque en el destino revela otro aspecto de una tragedia tal como
la describe Aristóteles: la ironía dramática. Las buenas tragedias
están llenas de ironía. El público ya conoce el resultado de la historia,
pero el héroe no, lo que hace que sus acciones parezcan
penosamente ignorantes frente a lo que está por venir. Cada vez que
un personaje intenta cambiar su destino, resulta irónico para una
audiencia que sabe que el trágico resultado de la historia, ya
conocida por el mito, no se puede evitar.
Para los griegos, la palabra "tragedia" se usó tanto como la palabra
"obra", pero no tiene las mismas implicaciones que nuestro concepto
moderno de tragedia.
En Atenas, la interpretación de las tragedias era parte de los
festivales. El más famoso era el de la Ciudad Dionisia, un festival que
adoraba al dios Dioniso. Edipo Rey fue estrenada justamente en el
Teatro de Dioniso. Dioniso es el dios dell vino, de la juerga, del teatro,
del frenesí y de la ambigüedad. Una lectura del Bacchae de Eurípides
explica en gran medida la lógica detrás de su asociación con el teatro
griego.
El deme (el ayuntamiento local) distribuía una entrada al festival a
cada persona cuyo registro de ciudadano fuera bueno. El público se
sentaba en el teatro al aire libre, debajo de la Akropolis, dividida en
las mismas diez secciones en forma de cuña en las que se sentaban
para las reuniones públicas. En palabras de Froma Zeitlin: "La
asistencia al teatro estaba estrechamente vinculada a la ciudadanía".
Los festivales atenienses, además de celebrar a Dioniso, fueron
diseñados para celebrar la democracia ateniense y el poder de
la polis.
Los festivales a veces duraban varios días e involucraban sacrificios,
cantos corales, representaciones de comedias y ritos religiosos, así
como también una competencia entre las tragedias. Una de las
cuestiones clave para entender la importancia del agón (contienda)
en el drama griego es que estas tragedias fueron escritas para
competir contra otras. Los dramaturgos en ciernes presentaban tres
tragedias juntas (no siempre unidas temáticamente) y una obra
satírica. Tres dramaturgos eran elegidos para que sus trilogías y
obras satíricas se realizaran en una competencia. Diez jueces,
elegidos por sorteo, votaban para elegir las tres mejores.
El teatro griego en sí era construido con un auditorio en forma de
abanico, lo que hoy en día se denomina un diseño de "anfiteatro". Un
ejemplo moderno de este diseño es el auditorio Olivier del Royal
National Theatre, y un teatro griego de este tipo sobrevive en
Epidaurous. El escenario era circular. La pared posterior del escenario
era un edificio de piedra permanente, el skene, en el que se podían
almacenar disfraces y accesorios, aunque también podía usarse como
interiores en los casos en los que la obra los necesitara (casas,
tiendas de campaña , etc.). Se cree que las representaciones en sí
mismas incluían pocos accesorios y disfraces minimalistas. Lo más
probable es que cada actor interpretaran varios roles (Sófocles usaba
tres actores famosos para sus obras) y se diferenciaran entre ellos
cambiando las máscaras.
La obra se inicia frente al palacio de Edipo en Tebas. Una plaga acosa
la ciudad. Edipo entra y encuentra a un sacerdote y a una multitud de
niños rezando a los dioses para acabar con la maldición. El sacerdote
le dice a Edipo que una plaga ha destruido sus cultivos y su ganado, y
que, además, ha dejado a sus mujeres estériles, incapaces de tener
hijos. El sacerdote le ruega a Edipo que salve la ciudad: "… lleva otra
vez derechamente la ciudad, y de modo seguro" (19). Edipo le dice a
la multitud reunida que, aunque sabe que están enfermos, ninguno
está tan enfermo y devastado como él. En estas palabras de Edipo
hay una clara intención de identificarse con Tebas.
Edipo le dice al sacerdote que ha enviado a Creonte al templo de
Apolo para que los dioses le indiquen cómo puede salvarse la ciudad.
Creonte llega y anuncia que el oráculo indica que deben "(…) echar
fuera de esta tierra una mancha de sangre que aquí mismo lleva
tiempo alimentándose (…)¨ (20), es decir, han de descubrir y hacer
desaparecer al asesino de Layo.
"¿Dónde podrá hallarse el rastro indiscernible de una culpa tan
antigua?" (21), se pregunta Edipo. Layo fue asesinado hace muchos
años. Creonte habla con un mensajero que huyó aterrorizado del
camino donde mataron a Layo. Este mensajero, a su vez, revela que:
¨(…) hallaron por azar unos salteadores y que ellos le mataron, no por
la fuerza de uno sino uniendo todos sus manos¨ (21).
Edipo jura resolver el asesinato, tanto como parte de su deber como
rey, como por el bien de la ciudad: "Es en mi beneficio, pues, que voy
en socorro de Layo" (22). Todos salen excepto el Coro, que reza a los
dioses Apolo, Atenea, Artemisa y Febo. En el Párodos, pide ayuda
para terminar con la maldición.
Edipo regresa, reitera su compromiso de localizar al asesino y ordena
que cualquiera que conozca al asesino debe hablar. Luego lanza una
maldición sobre el asesino: "que pase su vida desgraciada de mala
manera" (25). El Coro le aconseja que busque a Tiresias, un adivino
ciego que puede interpretar los propósitos de los dioses.
Llega Tiresias guiado por un niño y Edipo le pide que nombre al
asesino. Tiresias inicialmente se niega a responder e intenta irse.
Edipo reacciona con enojo y Tiresias le dice que allí nadie sabe nada.
Edipo lo acusa de ser "complotador de los hechos" con Creonte.
Tiresias le dice a Edipo que es él, el propio Edipo, la contaminación de
Tebas.
Edipo rechaza las palabras de Tiresias y lo llama ciego "de ojos y
también de oído y de cabeza" (30). Tiresias responde simplemente
que estos son insultos que pronto atacarán al propio Edipo. Edipo,
que ahora sospecha de Creonte como conspirador junto a Tiresias,
describe su propio logro al resolver el enigma de la Esfinge. El Coro
intenta calmar la creciente ira, pero Tiresias hace otro largo discurso:
dice que Edipo no sabe dónde está, dónde vive, quiénes son sus
padres ni quién es él mismo, y predice que será expulsado de la
ciudad y que no verá "sino sombra". Se produce una discusión entre
Edipo y Tiresias en la que Tiresias lo desafía preguntándole con ironía
si Edipo no era bueno ¨para encontrar salida a los enigmas¨ (32).
Tiresias hace una predicción final: que el asesino quedará ciego,
aunque antes veía, y pobre, aunque antes era rico, y que será
probado tanto "padre como hermano" de los niños en su casa. Él y
Edipo salen, dejando al Coro solo en el escenario.
Análisis
En el inicio de la obra se trata el asesinato de Layo como una historia
de detectives. De hecho, Edipo habla de rastros y huellas, y el oráculo
da pocas pistas sobre los eventos que se desarrollarán. Sin embargo,
lo que Edipo hace como héroe trágico es acelerar esta revelación de
los acontecimientos. También es notable la plaga que afecta a la
ciudad, así como la "contaminación" metafórica dentro de ella: el
propio Edipo. En la cultura ateniense, tanto el incesto que Edipo ha
cometido como el asesinato de su padre se considerarían crímenes
contra el orden natural y contra los dioses. El incesto es un gran tabú
en la mayoría de las sociedades hasta el día de hoy. Debido a que
Edipo engendró un hijo con su madre, ha engendrado una plaga en
Tebas, que ha dejado a las mujeres estériles.
Lo que es clave para analizar el inicio de la obra es el primer vistazo
que Sófocles nos da sobre el carácter más profundo de Edipo. El autor
comienza la tragedia cuando la suerte de Edipo está en su apogeo.
Por un lado, se ha enfrentado a la Esfinge, que le ha propuesto un
enigma: ¨Cuál es la criatura que camina en cuatro patas en la
mañana, en dos patas al mediodía y en tres patas a la noche?¨. Edipo
ha respondido correctamente ¨el hombre¨ y, de esta manera, ha
vencido a la Esfinge y liberado a Tebas de su amenaza. Además, ya
es un rey próspero y respetado, con esposa e hijos. Varias veces en
esta primera sección de la obra se lo conoce como Edipo el "grande".
Algunos críticos también han encontrado en Edipo una arrogancia u
orgullo desagradable. Este sentimiento de autoestima podría
considerarse un "defecto trágico" (idea que parece provenir de una
traducción errónea de la palabra griega hamartia, que significa
"error"). También se podría sugerir que el orgullo de Edipo se
manifiesta en la identificación de sí mismo con la ciudad de Tebas y
en la forma en que asume el desafío de encontrar al asesino para
asegurar su propia realeza.
Esta es una lectura convincente, pero es igualmente importante
recordar que, incluso en esta primera etapa de la obra, el orgullo de
Edipo no provoca ninguno de los eventos que causan la plaga. El
asesinato de Layo, después de todo, ocurrió hace muchos años y
Edipo ya tiene cuatro hijos engendrados con su propia madre. Aunque
el orgullo de Edipo es responsable del descubrimiento final de lo que
ha hecho, en realidad no lo causa. El llamado "defecto trágico" de
Edipo tiene paradójicamente muy poco que ver con su trágico
destino.
La obra comienza con una yuxtaposición idiosincrática: un coro de
niños y el Coro de la obra en sí, compuesto por ancianos de Tebas.
Este contraste se desarrolla más tarde en el personaje de Tiresias, un
anciano ciego (parcialmente masculino y parcialmente femenino en el
mito) guiado por un niño. Esto plantea inmediatamente preguntas
sobre el pasado y el futuro. Estas preguntas son importantes si
consideramos que Sófocles decide comenzar su obra
aproximadamente a la mitad del mito de Edipo (ver "El mito de
Edipo"). Una de las formas en que se revela que el pasado
desconocido de Edipo da forma a su futuro está relacionada con la
continuación de su trágico linaje: sus hijos resultan ser, de manera
extraña, la misma generación que él.
Estas revelaciones conducen a Edipo a cegarse, quedando como un
anciano indefenso (guiado en el Edipo en Colono por un niño, como
Tiresias) exactamente como en el enigma de la Esfinge. De alguna
forma, Edipo se libera de la ceguera de la juventud para descubrir la
sabiduría dolorosa. En otro sentido, Edipo también retrocede y se da
cuenta de que es tanto un niño con una madre como un padre con un
niño.
El Coro se pregunta quién podrá ser el asesino y sugiere que sería el
momento de que este "se dé a la fuga moviendo un pie tan poderoso,
en su rapidez, como el de las yeguas que corren como el huracán¨
(33) mientras el destino corre terriblemente cerca de él. El Coro
también se declara en "terrible confusión", y no comprende por
qué Tiresias podría haber atacado la popularidad de Edipo. Además,
el Coro se pone del lado de Edipo cuando afirma que nunca estará de
acuerdo con alguien que encuentre fallas en su rey, sobre todo desde
que resolvió el enigma de la Esfinge.
Creonte entra después de haber escuchado que Edipo lo acusa de ser
el asesino y de haber elaborado un complot contra él. Creonte se
burla de Edipo diciendo que posee obstinación sin sabiduría, pero
este responde que el interés público reemplaza al privado: ¨Si piensas
que un hombre que obre mal, por ser mi pariente, no va a tener su
castigo, no piensas bien¨ (36). La creencia de Edipo en esta etapa es
que Tiresias es un mentiroso y, como fue enviado por Creonte, no
cabe duda de que este también debe estar involucrado en el complot
contra él.
Edipo y Creonte discuten. Creonte le dice que buscaron información
sobre la muerte de Layo, pero no encontraron nada. Además, le dice
a Edipo que está contento con su vida y que no tiene ninguna razón
para conspirar contra él. Por último, le recuerda a Edipo en un largo
discurso que no puede lanzar semejantes calumnias hasta no tener
pruebas. Le dice que, con el tiempo, aprenderá que son los años los
que determinan si un hombre es justo, pero que al hombre malvado
se lo puede reconocer en un día. Edipo se niega a escuchar y Creonte
termina su diatriba acusando al rey de gobernar injustamente.
Yocasta entra y regaña a Creonte y a Edipo por expresar sus penas
privadas cuando hay una crisis pública. Ellos repiten sus argumentos.
Yocasta le ruega a Edipo que le crea a Creonte y que sea
misericordioso. El Coro se une a sus súplicas y Edipo, a
regañadientes, deja ir a Creonte. En esta etapa, cada uno de los
cuñados cree que el otro es el asesino de Layo.
Yocasta revela que un oráculo llegó una vez a Layo y le dijo que su
hijo lo mataría. A pesar de esto, ella insiste en que a Layo "…le dieron
muerte (…) unos salteadores extranjeros en una encrucijada de tres
caminos" (41). Le dice a Edipo que, tres días después del nacimiento
de su hijo, Layo atravesó los tobillos del niño e hizo que lo dejaran "en
un monte desierto" (41). Esta noticia por alguna razón preocupa a
Edipo. Este pregunta dónde está exactamente el cruce de caminos
donde mataron a Layo. Yocasta se lo dice y hace una descripción de
Layo. Edipo dice: "Me parece que las terribles imprecaciones de hace
un rato las lancé, sin saberlo, contra mí mismo¨ (43), temiendo haber
matado a su padre. Luego mandan a llamar al pastor que escapó de
la escena del crimen en el cruce de caminos.
Edipo le cuenta a Yocasta sobre su padre Pólibo y su madre Mérope,
el rey y la reina de Corinto. Una vez en un banquete, un hombre
borracho acusó a Edipo de ser un bastardo. Él se enfrentó a sus
padres, pero no obtuvo respuesta. Por tal motivo, Edipo fue a un
oráculo que, si bien no le contó sobre su linaje, le advirtió que se
acostaría con su madre y asesinaría a su padre. Edipo huyó de
Corinto. En un cruce de caminos, discutió con un anciano, lo lanzó
fuera del carro y el anciano murió. Edipo ahora teme haber matado a
Layo, su padre, y haberse casado con Yocasta, su madre, pero espera
a que llegue el pastor. Espera que este le diga que fueron varias
personan quienes mataron a Layo, porque al hombre en el cruce de
caminos lo mató él solo.
El Coro critica por un lado el orgullo, pero al mismo tiempo espera la
preservación de esa ambición de Edipo que beneficia a Tebas.
Yocasta regresa con guirnaldas para los ancianos tebanos que desean
ir al templo. Un mensajero llega desde Corinto con la noticia de que
Pólibo, rey de Corinto, ha muerto, y de que Edipo ha sido elegido
nuevo rey de Corinto. Yocasta está encantada porque, si Pólibo es el
padre de Edipo, lo que dice el oráculo debe ser falso. Pólibo no murió
a manos de Edipo, sino por una enfermedad. Edipo vuelve a entrar y
se ríe encantado. Le cuenta al mensajero corintio la trágica profecía
que ha evitado. El mensajero le dice a Edipo que no tenía que
preocuparse ya que no era el hijo de Pólibo y Mérope. De hecho, fue
este mismo mensajero quien tomó al bebé del pastor que lo había
encontrado en las montañas con sus tobillos perforados. Edipo de
repente se da cuenta de que la trama se ha complejizado y de que
aún puede ser culpable.
Edipo inmediatamente llama al pastor. Yocasta le ruega que no
"busque esto", a pesar de las "pistas" que Edipo ha descubierto. Está
claro que ella se dio cuenta de lo que sucedió y se va. El Coro
pregunta a dónde Yocasta se ha ido. Edipo, que se hace llamar hijo de
la fortuna, desafía valientemente a los cielos.
Análisis
Todos están todavía en la oscuridad en cuanto a la verdadera
naturaleza de la maldición en el reino. Solo Yocasta comprende, hacia
el final de esta sección, la terrible verdad, y su inmediata respuesta
es suicidarse para absolverse de la culpa. El largo recuento de Edipo
de la historia pasada revela que Sófocles ha comenzado su obra en la
mitad de la historia, justamente en el punto de mayor prosperidad de
su protagonista (desde Aristóteles hasta Chaucer, una caída desde
gran altura es tradicionalmente parte de la construcción trágica). La
historia de la obra es muy parecida, entonces, a una historia de
detectives: Edipo debe trabajar hacia atrás en el tiempo, poniendo
énfasis en la primera parte de la obra, para encontrar pistas y seguir
las líneas de investigación. Sin embargo, el criminal que busca Edipo
es él mismo.
Una inconsistencia central aparece en la obra en este punto. El pastor
y Yocasta creen que Layo fue asesinado por varias personas en el
cruce de caminos. La historia, al final, revela que Edipo solo mató a
Layo. ¿Cómo se supone que Layo pudo haber sido asesinado por una
persona y también por muchas a la vez? Algunos críticos, en
particular Frederick Ahl, en su Edipo de Sófocles: evidencia y
autocontradicción (Ítaca, 1992), han argumentado que Edipo, en
realidad, no mató a su padre, pero lo logran convencer de que asuma
la responsabilidad del crimen. Esta no es una interpretación
particularmente convincente y es mucho más probable que se
presente como un dispositivo de la tragedia griega en general.
Edipo está buscando al asesino de Layo como un detective busca a un
criminal. Sin embargo, al final, estos dos roles se fusionan en una sola
persona: el propio Edipo. El Edipo que nos queda al final de la obra es,
además, tanto padre como hermano. La obra de Sófocles, de hecho,
abunda en el concepto de los dobles: hay dos pastores, dos hermanos
(Edipo y Creonte), dos hijas y dos hijos, dos parejas opuestas de rey y
reina (Layo y Yocasta, y Pólibo y Mérope), y dos ciudades (Tebas y
Corinto). En muchos de estos casos, Edipo tiene la sensación de que
está entre dos cosas o, incluso, que es una combinación de dos cosas.
De esta forma, queda claro que esta tensión entre "los dobles" es
fundamental en la obra de Sófocles.
Otro de los roles duales de Edipo puede observarse en su carácter de
rey y de hombre. Tal y como él mismo afirma al comienzo de la obra,
su deber como rey de Tebas es trabajar para librar a la ciudad de la
terrible peste que la asola. Esto lo lleva a un auto-sacrificio
inconsciente hacia el final. Cuando Edipo le exige a Creonte que lo
exilie de Tebas, elimina la peste (él mismo) de la ciudad. De esta
forma, su rol público tiene prioridad sobre su rol privado.
Edipo libera a la ciudad de Tebas de la peste, exactamente como lo
prometió al principio. De esta forma, aunque la obra es una tragedia
por la desaparición de Edipo, existe la posibilidad de que, para un
público ateniense dispuesto a ver la obra desde una perspectiva
tebana, Edipo Rey pudiera ser, de alguna forma, una obra con final
feliz
El Coro se pregunta en voz alta sobre los orígenes de Edipo. Los
sirvientes de Edipo conducen a un anciano identificado como ¨el
pastor¨, el hombre que le dio el bebé al mensajero corintio hace
tantos años. Edipo insiste en que revele exactamente lo que sabe. El
mensajero afirma que Edipo es el mismo bebé que fue abandonado
por su padre y su madre. El pastor reacciona con miedo y le ruega al
mensajero que se calle. Edipo amenaza al pastor y, al final, el hombre
confiesa que el bebé era un niño de la casa de Layo.
Edipo pregunta si el niño era hijo de un esclavo o del mismo Layo. El
pastor confiesa que era hijo de Layo. Luego agrega que
fue Yocasta quien lo entregó para que lo dejaran en el monte, ya que
la profecía anunciaba que el niño mataría a su padre. El pastor dice
que no tuvo el valor suficiente para dejar morir al bebé y que, por
eso, decidió llevarlo a otro país. "¡Ay, ay! Todo era cierto, y se ha
cumplido", grita Edipo. "¡Oh, luz!, por última vez hoy puedo verte¨
(58). Por último, se da cuenta de lo que sucedió y todos salen excepto
el Coro. El Coro reflexiona sobre la naturaleza mutable de la felicidad
humana: ¨(…) no hay en el mortal nada porque pueda llamarse feliz¨
(59). Nadie puede escapar del destino.
Un mensajero entra: viene del palacio con horribles noticias. En un
largo discurso, dice que cuando Yocasta llegó al palacio fue
directamente a su habitación, dio un portazo y comenzó a arrancarse
los pelos con sus propias manos. Yocasta gritó el nombre de Layo y se
lamentó por la tragedia de su hijo y esposo. Edipo irrumpió en el
palacio y exigió una espada. Poco tarda en descubrir que Yocasta se
ahorcó. Gimiendo horriblemente, la descolgó y la dejó en el suelo.
Luego tomó los broches de oro con los que ella se abrochaba el
vestido y se arranca los ojos. Una y otra vez se atravesó los ojos
hasta que las lágrimas ensangrentadas cayeron por sus mejillas.
Entonces pidió a gritos que alguien le abriera las puertas del palacio
para mostrar a Tebas al hombre que mató a Layo. Juró que huiría de
ese país para librar a su casa de la maldición.
Se abren las puertas del palacio y Edipo se tropieza. El Coro grita de
agonía ante la imagen y sus integrantes se tapan sus propios ojos:
"¡Oh, qué atroz sufrimiento, apenas visible para un hombre!¨ (62).
Edipo grita a la ciudad con una voz que apenas parece la suya. El
Coro lamenta que Edipo se haya convertido en algo tan terrible de ser
visto, y manifiesta que él ha sido castigado en cuerpo y alma. Edipo
pide que alguien sea su guía. Le suplica al Coro que lo saque de
Tebas y maldice al pastor que le salvó la vida cuando era un bebé. El
Coro le dice que seguramente la muerte hubiera sido mejor que la
ceguera. Edipo responde preguntándole cómo podría encontrarse con
sus padres en el inframundo con ojos que ven. ¿Cómo podría mirar a
los niños a quienes había engendrado en pecado? Le ruega al Coro
que lo oculte de la vista humana.
Aparece Creonte y le pide al Coro que lleve a Edipo adentro: "(…) son
los de su propio linaje, solamente, los que por piedad han de oír las
desgracias de su estirpe¨ (65). Edipo ruega que lo expulsen de Tebas.
Creonte responde que debe esperar las instrucciones de Apolo. Edipo
argumenta que las instrucciones de Apolo eran claras: el hombre
impuro debe abandonar Tebas. Edipo también le pide a Creonte que
entierre a Yocasta adecuadamente y que cuide a sus hijas. Antes de
irse, le ruega ver a sus hijas una vez más. Antígona e Ismene son
llevadas ante Edipo y él las acaricia con manos que son de padre y
también de hermano. Él llora por el hecho de que nunca podrán
encontrar esposos con este trágico linaje familiar. Con la promesa de
Creonte de que lo enviará lejos de Tebas para cumplir la palabra de
Apolo, Edipo deja a sus hijas, y él y Creonte entran de nuevo en el
palacio.
Solo en el escenario, el Coro le pide al público que recuerde la historia
de Edipo, el más grande de los hombres. Él era el único que podía
resolver difíciles acertijos y sus compañeros envidiaban su
prosperidad, pero ahora le ha sucedido la mayor de las desgracias. El
Coro advierte a la audiencia que los mortales siempre ¨hemos de ver
hasta su último día, antes de considerarle feliz a alguien¨ (69). Solo
después de la vida se puede estar seguro de que la vida está "exenta
de desgracias" (69).
Análisis
El uso de la ironía dramática por parte de Sófocles ocupa un
lugar central en el tercer acto de la obra. Aquí, la historia gira en
torno a dos intentos diferentes de cambiar el curso del destino: la
intención de Yocasta y Layo de asesinar a Edipo cuando este nace,
por un lado, y la huida de Edipo de Corinto cuando ya es adulto, por el
otro. En ambos casos, la profecía de un oráculo se cumple más allá de
las acciones de los personajes. Yocasta mata a su hijo solo para
encontrarlo "resucitado" y casado con ella. Edipo deja Corinto solo
para descubrir que, al hacerlo, ha encontrado a sus verdaderos
padres y ha llevado a cabo el designio del oráculo. Tanto Edipo como
Yocasta se regocijan prematuramente por el fracaso de los oráculos.
Pero luego descubrirán que estos decían la verdad. Cada vez que un
personaje intenta evitar un futuro predicho por los oráculos, el público
sabe que su intento será inútil. Como confirma el Coro al final final: el
destino es ineludible.
Incluso la manera en que Edipo y Yocasta expresan su incredulidad
frente a los oráculos resulta irónica. En un intento de consolar a
Edipo, Yocasta le dice que los oráculos son impotentes, pero minutos
después la vemos rezando a los dioses de cuyos poderes se acaba de
burlar.
Edipo se regocija en la muerte de Pólibo como una señal de que los
oráculos son falibles. Sin embargo, no vuelve a Corinto por temor a
que las declaraciones del oráculo sobre Mérope aún puedan hacerse
realidad. Más allá de todo lo que se dice de ellos, tanto Yocasta como
Edipo siguen sospechando que los oráculos podrían tener razón, y
que los dioses pueden predecir y afectar el futuro. Esto refleja la
ambivalencia del público ateniense hacia los oráculos.
De alguna forma, si Edipo desvaloriza el poder de los oráculos, valora
el poder de la verdad. En lugar de depender de los dioses, Edipo
cuenta con su propia capacidad para descubrir la verdad. De hecho,
la apertura de la obra lo posiciona como un milagroso descifrador de
enigmas. El contraste entre la confianza en los oráculos de los dioses
y la confianza en la inteligencia se desarrolla en esta historia de
manera muy similar al contraste entre la religión y la ciencia en las
novelas del siglo XIX. Pero la ironía aquí, por supuesto, es que los
oráculos y el método científico de Edipo conducen al mismo
resultado. La búsqueda de Edipo de la verdad cumple las profecías de
los oráculos. Irónicamente, es el rechazo de Edipo hacia los oráculos
lo que pone en evidencia sus poderes. Persigue implacablemente la
verdad en lugar de confiar en los dioses. Como dice Yocasta, si a
Edipo lo hubieran dejado lo suficientemente en paz, nunca habría
descubierto su propio horrible secreto.
En su búsqueda de la verdad, Edipo se muestra como un detective
formidable, despiadado en su intención de resolver el misterio. Esta
persistencia es lo que lo llevó a Tebas y, justamente, también lo que
lo convirtió en el único hombre capaz de resolver el enigma de la
Esfinge. Su inteligencia es lo que lo hace grande y, sin embargo,
también demuestra su trágico defecto. De hecho, esa mentalidad de
descifrador de enigmas lo lleva cada vez más cerca de la tragedia al
intentar resolver el misterio de su nacimiento. En el mito de Edipo, el
matrimonio con Yocasta fue el premio por librar a Tebas de la Esfinge.
Así, la inteligencia de Edipo es un rasgo que lo acerca a los dioses y
es también lo que lo hace cometer el más atroz de todos los pecados.
Al matar a la Esfinge, Edipo es el salvador de la ciudad, pero al matar
a Layo (y casarse con Yocasta), es su flagelo, la causa de la plaga que
ha golpeado la ciudad en el comienzo de la obra. De esta
forma, Edipo Rey ha sido interpretada como una advertencia contra el
exceso de conocimiento, es decir, contra el hecho de querer saber
más de lo que uno necesita saber. Pero por otro lado, se lo ha
interpretado también como un testimonio heroico de la investigación
científica y la búsqueda de la verdad. La obra permite ambas
lecturas.
El enigma de la Esfinge resuena a lo largo de la obra, a pesar de que
Sófocles nunca cita su pregunta real. Las audiencias familiarizadas
con el mito sabían cuáles eran las palabras de la Esfinge: "¿Cuál es la
criatura que en la mañana camina en cuatro patas, al mediodía en
dos, y en la noche en tres?". La respuesta de Edipo, por supuesto, es
"el hombre". Y en el transcurso de la obra, el propio Edipo demuestra
ser ese mismo hombre, una encarnación del enigma de la Esfinge. Se
habla mucho sobre el nacimiento de Edipo y cómo lo abandonan
cuando es un bebé. Aquí está el bebé del que habla la Esfinge,
forzado a andar en cuatro patas mientras le perforan los tobillos.
Edipo es, durante la mayor parte de la obra, un hombre adulto,
parado sobre sus propios pies en lugar de depender de otros, incluso
de los dioses. Y al final de la obra, Edipo dejará Tebas como un viejo
ciego, usando un bastón. De hecho, el nombre de Edipo significa "pie
hinchado", presumiblemente debido a los alfileres que le atravesaron
los tobillos cuando era un bebé. Edipo no solo descifra el enigma de la
Esfinge, sino que encarna su respuesta.
Quizás el ejemplo más significativo de ironía dramática en esta obra
esté relacionado con las constantes referencias a los ojos, la vista, la
luz y la percepción. Edipo, por supuesto, no puede ver ni detrás ni
delante de él. A diferencia del ciego Tiresias, el vidente, Edipo está
firmemente ubicado en el presente. En consecuencia, Tiresias, como
dice al principio de la obra, ve a Edipo como a un ciego. La ironía es
que "ver", aquí, significa dos cosas diferentes. Edipo es bendecido
con el don de la percepción: él era el único hombre que podía "ver" la
respuesta al enigma de la Esfinge. Sin embargo, no puede ver lo que
está delante de sus ojos, es ciego frente a la verdad, a pesar de todo
lo que la busca. La presencia de Tiresias en la obra es doblemente
importante. Como un anciano ciego, presagia el futuro de Edipo, y
cuanto más se burla este de su ceguera, más irónico le suena al
público. Tiresias es un hombre que entiende la verdad sin el uso de su
visión. Edipo es lo contrario: un hombre vidente que es ciego a la
verdad que tiene justo delante de él. Luego, Edipo cambiará de roles
con Tiresias, convirtiéndose en un hombre que ve la verdad, pero que
pierde el sentido de la vista.
Tiresias no es el único personaje que usa la visión como metáfora.
Cuando Creonte aparece después de enterarse de la acusación que
Edipo lanzó sobre él, pregunta: "Pero, ¿miraba recto?" (35). Luego,
Edipo se avergonzará de mirar a los ojos a los que lo aman. De hecho,
una de las razones por las que se ciega es porque no quiere tener que
mirar a su padre y a su madre en el más allá. Varios binarios están
asociados con la idea de la visión y la ceguera: la ilusión y la
desilusión, la luz y la oscuridad, la mañana y la noche. El tiempo
apunta su reflector al azar y, cuando lo hace, descubre cosas
terribles. La felicidad de la "mañana de luz" es una ilusión, mientras
que la realidad es la "noche de oscuridad infinita". Hacia el final, el
Coro desea no haber visto nunca a Edipo. No solo ha contaminado su
propia visión y su propio cuerpo al casarse con su madre y matar a su
padre, sino que es un contaminante para la vista de los demás por su
propia existencia. Cuando Edipo entra en escena ciego, el Coro le dice
que ha originado algo que "Es un horror que no puede oírse ni verse¨
(62). Edipo se ha convertido en la plaga que desea eliminar de Tebas,
un monstruo más terrible que la Esfinge, y debe ser expulsado para
salvar el reino.
Luz y oscuridad
La luz y la oscuridad están íntimamente relacionadas con el tema de
la vista y la ceguera en la obra de Sófocles. Edipo, junto con todos
los demás personajes excepto Tiresias, están "en la oscuridad"
sobre sus propios orígenes y el asesinato de Layo. Tiresias, por
supuesto, está literalmente 'en la oscuridad' por su propia ceguera.
Así y todo logra ver todo lo que sigue. Después de que Edipo
descubre lo que sucedió, lamenta la forma en que todo "salió a la
luz".
La visión y la ceguera
Tiresias tiene la clave del vínculo entre la visión y la ceguera ya que,
aunque es ciego, puede ver y predecir el futuro. Al final de la obra,
Edipo se quita los ojos porque lo que ha visto (es decir, lo que se ha
dado cuenta que hizo) lo incapacita para enfrentar a su familia o a
sus padres en la otra vida. Al igual que con el tema anterior, esta
cuestión de la visión y la ceguera opera tanto en el plano literal como
en el metafórico dentro de la obra. De hecho, la visión literal se
yuxtapone con las nociones de perspicacia y previsión.
Los orígenes y los niños
Edipo se embarca en la búsqueda de sus propios orígenes y, aunque
no lo sabe, de sus verdaderos padres. Al presentarlo como hijo de su
propia esposa y, por lo tanto, padre y hermano de sus hijos, Sófocles
explora varias interrelaciones respecto de dónde comenzaron las
cosas y quién engendró a quién. De esta forma, la obra va hacia
atrás, es decir, hacia un comienzo revelador. La historia ya ha
sucedido y Edipo se ve obligado a descubrirla.
El juego de los dobles
A lo largo de la obra, domina una inconsistencia central: el pastor
y Yocasta creen que Layo fue asesinado por varias personas. La
historia, sin embargo, revela que Edipo solo lo mató. ¿Cómo se
supone que Layo pudo haber sido asesinado por una persona y
también por muchas personas a la vez?
Edipo está buscando al asesino de Layo: él es el detective que busca
al criminal. Sin embargo, al final, estos dos roles se fusionan en una
sola persona: el propio Edipo. Por otro lado, el Edipo que nos queda al
final de la obra es igualmente padre y hermano.
La obra de Sófocles abunda en el número dos y en los dobles: hay dos
pastores, dos hijas y dos hijos, dos parejas opuestas de rey y reina
(Layo y Yocasta, y Pólibo y Mérope) y dos ciudades (Tebas y Corinto).
En muchos de estos casos, la comprensión de Edipo es que él está
siempre entre dos fuerzas o, más confusamente, que él es una
combinación de dos cosas. De esta forma, queda claro que esta
tensión entre "los dobles" es fundamental en la obra de Sófocles.
"¿Cuál es que pueda tener esa doble virtud?", pregunta Yocasta a
propósito de la noticia que viene a traer el mensajero que ¨es de
alegría, pero también puede afligir¨(49). Esta pregunta de Yocasta es
pertinente en todo momento de la obra.
La peste y la salud
Al comienzo de la obra, Tebas sufre una terrible plaga que deja los
campos y a las mujeres estériles. El Oráculo le dice a Edipo que la
fuente de esta plaga es el asesino de Layo (el propio Edipo). La salud
solo llega al final de la obra, con la ceguera de Edipo. Nuevamente la
¨plaga¨ es tanto literal como metafórica. Hay una plaga verdadera,
concreta, pero también, para citar a Hamlet, puede haber "algo
podrido" en el estado moral de Tebas.
El destino
Los orígenes de esta obra en el mito de Edipo (ver ¨El mito de Edipo¨)
nos llevan a reflexionar sobre el conocimiento previo, la expectativa y
el destino. La audiencia, que conocía el mito, sabía mucho más que el
propio Edipo desde el principio. Esto es un claro ejemplo de ironía
dramática.
Por otro lado, uno de los temas principales de la obra está relacionado
con la posibilidad, o no, de escapar a nuestro destino. Al tratar de
asesinar a su hijo, Yocasta lo encuentra renacido como su esposo.
Huyendo de Corinto y de sus padres, Edipo asesina a su verdadero
padre en el camino. Daría la impresión de que cuanto más queremos
escapar de nuestro destino, más corremos hacia él.
Al mismo tiempo, la imposibilidad de evadir el destino es un tema que
nos lleva inevitablemente a reflexionar sobre la cuestión del libre
albedrío. Si Edipo está destinado a matar a su padre y acostarse con
su madre, es decir, si no existe libre albedrío en sus actos, ¿podemos
considerarlo culpable de algo? Edipo es, sin duda, un caso difícil de
juzgar. Así y todo, está claro que sí es culpable de algo: de subestimar
el poder de los dioses e intentar desviar el curso de lo que está
predestinado para él.
La juventud y la vejez
Edipo debe resolver el enigma de la Esfinge para salvar a Tebas.
¨¿Cuál es la criatura que en la mañana camina en cuatro patas, al
mediodía en dos y a la noche en tres?¨, es el acertijo que la Esfinge le
propone a Edipo. La respuesta de este es ¨el hombre¨, que gatea
cuando es bebé, camina sobre sus pies cuando es adulto y debe
utilizar un bastón en la vejez.
Es justamente el envejecimiento del hombre un factor determinante
en el transcurso de la obra. El propio Edipo pasa de la inocencia
infantil a convertirse en un hombre ciego que necesita ser guiado por
sus hijos. Podríamos decir que Edipo envejece con el descubrimiento
de sus deficiencias como hombre. Al enterarse de sus propias
debilidades, pierde su inocencia de inmediato. Edipo encarna la
respuesta al enigma de la Esfinge de una manera muy concreta. Cada
uno de los momentos de la vida de Edipo tiene relevancia no solo
desde el punto de vista de la trama, sino también con respecto a la
evolución psicológica del personaje. Si bien la vejez de Edipo se narra
en una obra posterior, Edipo en Colono, ya en el final de Edipo
Rey podemos observar que el hecho de haber tomado conciencia de
la verdad hace que Edipo pierda ese rasgo soberbio y, de alguna
manera, se vuelva un poco más sabio.