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Unidad y diversidad en la filosofía occidental

El documento explora la evolución del pensamiento filosófico desde la antigüedad griega, pasando por el cristianismo medieval hasta la modernidad, centrándose en la relación entre la unidad y la diversidad en la realidad, así como la concepción del hombre y la moral. Se destaca cómo la filosofía griega veía al hombre como parte del cosmos regido por leyes universales, mientras que el cristianismo introduce la noción de persona y dignidad individual, y la modernidad se enfoca en el sujeto y su experiencia. Finalmente, se analiza cómo estas transformaciones han influido en la moralidad y la comprensión del ser humano a lo largo de la historia.

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Unidad y diversidad en la filosofía occidental

El documento explora la evolución del pensamiento filosófico desde la antigüedad griega, pasando por el cristianismo medieval hasta la modernidad, centrándose en la relación entre la unidad y la diversidad en la realidad, así como la concepción del hombre y la moral. Se destaca cómo la filosofía griega veía al hombre como parte del cosmos regido por leyes universales, mientras que el cristianismo introduce la noción de persona y dignidad individual, y la modernidad se enfoca en el sujeto y su experiencia. Finalmente, se analiza cómo estas transformaciones han influido en la moralidad y la comprensión del ser humano a lo largo de la historia.

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1.

El problema del sor on al pensamiento griego, medieval y moderno

La gran pregunta con que se inició la filosofia en Occidente se


interroga acerca de la unidad de lo múltiple. En efecto, basta observar
la realidad para percibir que los seres son diversos. La realidad, pues,
se presenta como múltiple.

Ahora bien, la pregunta que surgió en el siglo VI a. C, en los albores


mismos de la filosofia griega, fue la siguiente: esa multiplicidad, ¿está
reunida a partir de una unidad?, ¿o, simplemente, es pura
diversidad?, ¿o, quizás, la diversidad es pura ilusión y lo
auténticamente real sea la pura unidad?

La pregunta por la unidad de lo multiple es la pregunta por


antonomasia del filósofo De la respuesta que el filósofo brinde a tal
interrogante, dependerá su concepción de las diversas regiones de
aquello que es: el hombre, el conocimiento, la moral, la politica, etc.

Si el problema delo uno y de múltiple se nos presenta como el


problema fundamental de la filosofia, entonces podremos afirmar, sin
lugar a la ambigüedad, que la historia de la filosofia será,
fundamentalmente, la historia de este problema: ¿qué respuesta, a lo
largo del tiempo, han dado los filósofos a la referida pregunta?

El pensamiento griego concibió al ser como Cosmos, Naturaleza o


Logos. Toda realidad, para la concepción griega clásica, se resuelve
en el Universo. Es decir, si comprender significa descubrir el origen de
algo, entonces los griegos hicieron del cosmos la causa explicativa de
todo lo que es. La realidad se identifica con el cosmos. Y como este
cosmos está regido por leyes, en consecuencia, las mismas van a
regir no solo la existencia del hombre y de las cosas, sino también de
los mismos dioses. Estas leyes son inmutables, necesarias, ciclicas, y
en la vida humana marcan un destino inexorable y forzoso.

Todo lo expresado nos permite advertir cómo la concepción que el


griego tiene del hombre va a ser formulada a partir de las leyes que
rigen el cosmos. El hombre es una parte del cosmos y, en
consecuencia, va a ser explicado a partir de sus leyes. Y no solo su
ser, sino también su obrar ético-politico.

Ahora bien, el encuentro de la Revelación cristiana con el


pensamiento griego da origen a una nueva forma de pensar, la cual
está alumbrada por la luz del Dios que crea de la nada.
El fundamento del ente, pues, se explica a partir del Ser creador que
hace que todo sea y que todo se mantenga en su ser. Y este Dios
Creador, que crea de un modo absolutamente libre, pone a la Libertad
divina en el origen de todo lo que es.

Este Dios libre crea al hombre a su imagen y semejanza, es decir,


como un ser que se caracteriza, en virtud de su alma espiritual, por
ser dueño de sus propios actos. El ser del hombre, entonces, ya no se
agotará dentro del dominio de la polis, como sucede en el
pensamiento griego, sino que su re-ligación (re-ligión) con Dios será la
dimensión constitutiva de su ser y, por eso, la más relevante.

Con Kant, en el siglo XVII, se inicia un nuevo modo de pensar que


marca una revolución copernicana, tal como lo afirma el mismo
filósofo de Königsberg. Para Kant, y los que seguirán su linea de
pensamiento, la realidad se resuelve en el sujeto: desde él se la
explica. Y este sujeto, mediante la dialéctica, establecerá las leyes
que regirán el proceso histórico que gobernarán al cosmos, a Dios y al
hombre mismo. Esta es la postura del pensamiento moderno,

El hombre ya no tendrá valor de persona, es decir, de un yo


inalienable fundado en una relación constitutiva con su Creador, ni
será participe, consecuentemente, de verdades eternas: su ser se
diluirá en el Estado. La tesis VI de Marx sobre Feuerbach lo afirmará
claramente: "El hombre no es naturaleza sino el conjunto de
relaciones socio-históricas". El hombre ha pasado de su condición de
persona a la posición de ciudadano: su lugar es la polis, la cual se
despliega en la historia.

A continuación, analizaremos el modo en que se deriva, de una


particular concepción de ser, una determinada idea del hombre y de
la moral.

2. Hombre y moral en el pensamiento griego, medieval, moderno y


posmoderno

2.1 Antropología y moral en el mundo griego

Expresamos más atrás que la mirada del griego está fijada en el


orden objetivo del cosmos. El hombre, luego, es capaz de leer dentro
de este orden objetivo, y asi puede conocer las leyes esenciales de
todas las cosas.

Es menester considerar que entre los entes se registra un orden


jerárquico que va ascendiendo de las cosas inanimadas hasta
alcanzar los seres espirituales. Dentro de este orden, el hombre ocupa
un lugar central.

El hombre es un microcosmos que reúne en si todos los grados del ser


y de la vida para formar una unidad superior que espejea la unidad de
todo el universo. Mediante su nous (que luego los latinos tradujeron
por intellectus), el alma humana puede leer lo inteligible del ser, es
decir, su orden intrinseco. De alli que el alma sea el elemento
constitutivo más elevado del hombre.

Vamos a referirnos a dos concepciones antropológicas pertenecientes


a dos grandes filósofos griegos: Platón y Aristóteles.

El hombre, para Platón, es fundamentalmente alma; y es alma


espiritual porque no necesita de la materia para existir. En virtud de
su espiritualidad, el alma es inmortal La dignidad del ser hombre
reside en ese elemento espiritual que lo pone por encima de toda
vida biológica. Su espiritu es capaz de un conocimiento que puede
remontarse al fundamento último de todo lo que es: el Uno-Bien.

Aristóteles, en virtud de su teoria metafisica hilemórfical, intenta


superar el dualismo platónico que consistia en poner las Ideas en el
mundo inteligible, separadas completamente de la materia. En este
sentido, para Aristóteles, el hombre es una unidad sustancial
compuesta de cuerpo y alma.

Sin embargo, Aristóteles permanece dentro del platonismo cuando


define al ser espiritual del hombre por el elemento cognoscitivo, por
su espiritu, por su razón. Y este espiritu está ordenado al
conocimiento de lo universal y de lo necesario. Claro está que este
conocimiento de lo universal solo es posible por la acción de un
intelecto en acto (intelecto agente) que no pertenece al individuo
hombre, sino que es único y universal.

Este intelecto único y universal opera a través de cada individuo para


aprehender lo universal. Y como solo este intelecto es espiritual, y no
pertenece al individuo, se debe concluir afirmando que cada individuo
está destinado a desaparecer. Cada individuo existe en función de la
especie humana.

Aristóteles, y con él todo el pensamiento griego, desconoce la noción


de persona aquel principio que hace de cada individuo humano un ser
único e irrepetible, además de imperecedero.
Ahora bien, esta teoria (visión) griega que tiene por objeto tanto al
orden eterno del cosmos como al hombre poseedor de un nous capaz
de reflejar ese universo, ¿cómo concibe el orden de la moralidad?

En general, para el pensamiento griego, el hombre deviene bueno


cuando su obrar se realiza de acuerdo a las leyes cósmicas, tanto a
nivel individual como a nivel colectivo-politico. Sostiene Cicerón: "El
propio ser humano, por su parte, se originó para contemplar e imitar
el mundo; no es perfecto en modo alguno, pero sí una especie de
porción de lo perfecto. (..) y por otra parte, no hay nada más perfecto
que el mundo y nada mejor que la virtud; por lo tanto, la virtud es una
caracteristica del

mundo. (...) Luego hay virtud en el mundo; por lo tanto, el mundo es


sabio, y, en consecuencia, un dios.?

En este sentido, lo bueno, para el hombre griego, no es lo que el


hombre quiera, sino aquello que se ajuste al orden cósmico. Al
respecto permitasenos citar estas palabras de Luc Ferry: "Ahora
podrás comprender hasta qué punto esta visión antigua de lo que son
la moral y la politica se encuentra en las antipodas de lo que
pensamos hoy al respecto en nuestras democracias, en las que se
supone que es la voluntad de los hombres, y no el orden natural, la
que debe primar sobre cualquier otra consideración.

Y hay un dato: todo hombre que sepa vivir de acuerdo a la naturaleza


también sabrá morir. La muerte no tiene por qué afligirlo. En realidad,
la muerte no existe ya que es el paso de un estadio a otro, un pasaje
a una forma de ser diferente (no a una forma racional, pero si a una
forma nueva de existir).

2.2 Antropología y moral en el mundo cristiano medieval

El cristianismo no es una filosofia, sino una doctrina de salvación. Dios


promete al hombre entrar en comunión con Él, eternamente. Ahora
bien, cuando los creyentes descubren la filosofia griega entienden
que la misma es un instrumento muy útil para comprender aquello
que creen. De este modo, tiene su inicio lo que a posteriori se
denominará filosofia cristiana.

El cristiano, de ahora en más, elaborará una visión metafisica,


antropológica, ética y politica a partir de la comprensión del dato
revelado.

El tema del imago Dei (imagen de Dios) tendrá una importancia


capital en la concepción que el filósofo cristiano se formule acerca del
hombre. El cristiano sabe, por la revelación, que cada individuo
humano tiene, en sí mismo, valor y dignidad. Recordemos que, en
Aristóteles, esta preeminencia estaba dada por la realidad

universal de la especie. Pero ahora, desde esta nueva perspectiva, el


hombre posee un alma racional que tiene dominio sobre sus propias
acciones: es un hombre libre.

Lo que debemos destacar es que con el cristianismo se elabora el


concepto de persona Con esta idea, el pensamiento medieval
asegurará la subsistencia del individuo. La persona nos dirá Boecio es
una substancia individual de naturaleza racional.

En la definición anterior, Boecio queria subrayar que el hombre se


distingue de todos los demás individuos de las demás especies en
tanto es un ser racional. Y esta racionalidad es la que le permite al
hombre ser libre, o sea, ser dueño de sus propios actos.

Consecuentemente, para designar la individualidad propia de un ser


libre, se dice que es una persona. Refiere Gilson: "Asi la esencia de la
personalidad se confunde con la de la libertad; por otra parte, como la
libertad depende de la racionalidad, y como es su racionalidad la que
funda la subsistencia del alma y la del hombre, hay que decir que en
nosotros se confunden el principio de la individualidad y el principio
de la personalidad. La actualidad del alma razonable, comunicándose
al cuerpo, determina la existencia de un individuo que es una
persona, de modo que el alma individual posee la personalidad como
por definición."

Para la concepción medieval, como se advierte, el hombre es el


centro del cosmos. Por la apertura universal de su espiritual ser, el
hombre puede hacerse, por medio del conocimiento, todas las cosas
(quodammodo omnia como lo refiere Tomás de Aquino comentando a
Aristóteles. Para el pensamiento medieval, el hombre está inserto en
un orden objetivo y universal que se fundamenta en Dios, el Ser
absoluto e infinito.

Pasemos, ahora, al ámbito moral. El cristianismo aportará, en el plano


moral, tres nuevas e importantes ideas.

La primera idea es que el hombre posee un libre albedrio que hace


posible la existencia de la dimensión moral y, a la vez, la igual
dignidad de todos los seres
humanos. De este modo, el cristianismo produce el pasaje del mundo
griego aristocrático a un mundo meritocrático, es decir, un mundo
que, ante todo, valorará no tanto las cualidades naturales sino las
conquistas que cada hombre obtenga al hacer uso de ellas.

El segundo aporte se relaciona con la afirmación en el sentido que el


interior del hombre es más importante que la observancia literal de la
ley de la comunidad politica, es decir, la ley externa. El gran problema
moral del hombre no radica en la sola observancia de la ley, sino en la
adquisición y práctica de aquellos principios interiores que lo ordenan
hacia el bien. Y estos principios que rigen las conductas son las
virtudes.

Finalmente, el cristianismo introduce la categoria fundamental de


humanidad, que luego asumirá la modernidad. Para el cristianismo no
interesa tanto la condición en la que el hombre se encuentre, sino su
esencial dignidad que lo iguala a todos los otros hombres. Desaparece
la noción griega de bárbaro para dar paso a la afirmación de una
humanidad universal

Como ya lo referimos, el cristianismo no es una doctrina moral sino,


fundamentalmente, una religión. La moral es la conducta que sigue el
cristiano como consecuencia de su conocimiento y amor a Dios. La
religión cristiana promete al hombre la salvación, esto es, permanecer
eternamente en el conocimiento y amor de Aquel que es la
Permanencia misma.

2.3 Antropología y moral en la modernidad

Debemos decir que una gran corriente del pensamiento filosófico


moderno se ha orientado hacia el sujeto. Se abandona una
mentalidad objetiva fundada en las leyes del ser, para imponerse una
mentalidad subjetiva que busca establecer un conocimiento seguro,
que ya no se interesa por la verdad, y que encuentra su fuente en la
inmanencia del sujeto.

Sin duda alguna, las causas de este subjetivismo se encuentran en el


nominalismo occamista (por Guillermo de Occaml y en la reforma
luterana que defienden los

fueros del sujeto precisamente al aplicar el principio del libre examen


en la interpretación de la Sagrada Escritura.

No hay que dejar de señalar, además, la revolución instaurada por


Copérnico y, consecuentemente, la pérdida de la visión de la
centralidad de la tierra. La tierra, ahora, es un planeta más que gira
alrededor del sol; el hombre, consecuentemente, pierde su
centralidad en un mundo que antes creia seguro y con limites claros.
Por esta razón, va a tener que insertarse en una nueva realidad sin
contornos definidos. Y por eso, también, ante esta incertidumbre
existencial, el hombre se repliega sobre si mismo.

El humanismo da cuenta de este viraje del hombre hacia su propio


ser. El racionalismo filosófico sostendrá que el individuo solo está
seguro de sí mismo antes que de las demás cosas. Su razón se posee
de forma autónoma y, desde si misma, desde sus ideas innatas, es
capaz de alcanzar toda verdad. El alma humana opera una ruptura
con la materia produciéndose una separación entre espiritu y materia.
La linea filosófica que privilegia al primero se denomina racionalismo;
la que exalta a la segunda, se llama empirismo.

El racionalismo encontrará su punto más elevado en Hegel quien


sostendrá que toda la realidad debe ser interpretada como un
acontecer espiritual. El empirismo, por el contrario, afirma que la
única realidad que existe y puede conocerse es la realidad empirica.
En este sentido, John Locke (1632-1704) y David Hume (1711-1776)
consideran que el único conocimiento de que es capaz el hombre es
aquel que se apoya en la experiencia sensible. Esta visión filosófica
prepara el camino al materialismo, sostenido, entre otros, por La
Mettrie. Este pensador, en su escrito El hombre máquina reduce el
organismo humano a la condición de aparato.

En el siglo XVIII será Kant (1724-1804) quien intente superar la


dialéctica opositiva entre racionalismo y empirismo. Kant nos dirá que
el conocimiento, si bien comienza por los sentidos (empirismo), no
termina en los sentidos (racionalismo). La impresión sensible le es
dada al hombre de modo caótico, desordenado. De alli, entonces, la
necesidad de que el sujeto que conoce (sujeto trascendental) posea
leyes a priori capaces de dar unidad a esa multiplicidad a los fines de
hacerla inteligible.

Kant rompe con toda la tradición metafisica al negar la intuición


intelectual. El alma humana es incapaz de leer el orden eterno del
ser, es decir, no puede analizar las causas constitutivas de la
naturaleza. El primer acto del alma no es un ver (teoria) sino un
construir que pone unidad a una diversidad caótica. En todo caso, la
teoria es un acto posterior que tiene por finalidad conocer las leyes
inmanentes de lo construido.
De este modo, el hombre logo-teoretico de la metafisica, es
reemplazado por un homo faber en el cual la acción transformadora
sobre la realidad reemplaza la vida teórica.5

Este primado de la acción por sobre la contemplación llega a su auge


con el pensamiento de Carlos Marx (1818-1883). En la tesis XI sobre
Feuerbach, Marx sostendrá que, hasta él, los filósofos se encargaron
de interpretar el mundo. De ahora en más, se tratará de
transformarlo. La filosofia pasa a ser una herramienta de revolución,
de transformación de la realidad mediante la acción humana. La
filosofia como búsqueda de la verdad es reemplazada por la ideologia
que persigue un poder transformador sobre los hombres y las cosas.

Esta acción revolucionaria, que ya no mira ni al tempo pasado ni al


presente, y mucho menos a la eternidad, se ordena estrictamente
hacia el tiempo futuro. Y como el hombre ya no posee naturaleza,
sino que es el conjunto de relaciones socio- históricas (materialismo
histórico), tal como lo señala en la tesis VI sobre Feuerbach, entonces
se tratará de transformar la realidad socio-histórica para crear a un
hombre nuevo. El hombre ya no posee nada permanente en su ser: su
contenido va a depender de los cambios producidos en aquella
realidad histórico-social de la cual el es un simple reflejo.

Junto a esta antropologia materialista, se sitúan otras concepciones


antropológicas dependientes del método fenomenológico inaugurado
por Edmund Husserl (1859- 1938). Este método, aplicado al hombre,
propone describir y analizar el "fenómeno” directamente dado a los
sentidos. No se trata de intentar aprehender estructuras permanentes
radicadas en el ser mismo del hombre, sino de describir aquello que
se

nos aparece de modo directo y en el momento mismo en que se me


manifiesta a mi conciencia. Uno de sus principales representantes es
Max Scheler (1874-1928), quien pretende aclarar la singularidad del
ser espiritual personal y la especialisima posición del hombre en el
conjunto del mundo y de la vida.

Actualmente, se cultiva una visión antropológica auto-denominada


personalista, elaborada desde una visión fenomenológica y no
metafisica?

La revolución copernicana de Kant no solo desplaza la primacia del


pensamiento teórico, sino que, a consecuencia de ello, la moral ya no
se ocupa de seguir la naturaleza sino de inventarla. Habrá que pensar
y fundamentar, de ahora en más, una nueva moral. Si el hombre no
puede conocer los fines intrinsecos a las cosas, e, incluso, a su
mismísimo ser, entonces será su función asignarle los fines a su
propio obrar.

La aparición de este sujeto desvinculado, como lo denomina Charles


Taylor, genera una nueva noción de libertad; en el ámbito de la
politica, por su parte, despierta un fenómeno que se conoce como
atomismo.

El término atomismo es utilizado por Taylor para caracterizar las


doctrinas del contrato social surgidas en el siglo XVII y, todas aquellas
doctrinas posteriores, que consideran que los individuos constituyen
las sociedades, pero no para la realización de un bien común, sino
para alcanzar fines puramente individuales. En esta concepción,
priman los derechos y se desdibujan los deberes. Refiere Taylor.
"Estos autores, y otros que presentaron concepciones basadas en el
contrato social, nos dejaron un legado de pensamiento politico en el
cual la noción de derechos cumple un papel esencial en la
justificación de las estructuras y la acción politicas. La doctrina
central de esta tradición es una afirmación de lo que solemos llamar
primacia de los derechos. Las teorias que afirman esa primacia son
las que adoptan como principio o, al menos, como uno de los
principios fundamentales de su doctrina politica la atribución de
ciertos derechos a los individuos, y niegan la misma jerarquía a un
principio de pertenencia u obligación. Este último principio nos
impone, en cuanto

forma de orden y sentido, como hicieron los modernos. Para


Nietzsche, la nueva filosofia debe ser deconstructiva, genealógica. Se
trata, nos dirá el filósofo alemán, de sacar a la luz el origen oculto de
las ideas y valores que se consideraban intocables, sagrados o
"caídos del cielo para mostrar que los mismos fueron creados a partir
de intereses bien mundanos.

Nietzsche sostendrá, en contra de todo Occidente, que no existe el


logos, el sentido, el para qué. Y por eso, no existe nada por encima de
la vida biológica. Hasta Nietzsche, la vida era vivida como medio: o
para Dios, o para la revolución, o para la ciencia; con Nietzsche, nada
va a existir por encima de ella.
Esta vida produce un conocimiento que es fruto de sus intereses. En
realidad, nos dirá este filósofo, todos nuestros juicios, todas las ideas
que pronunciamos acerca del mundo y de los hombres son expresión
de nuestro estado vital: son emanaciones de nuestra vida y no de un
estado objetivo de las cosas o de un juicio universal fundado en leyes
objetivas del sujeto que lo formula. Refiere Luc Ferry: "Por ello, según
una de las fórmulas más célebres de Nietzsche, 'no existen los
hechos, solo interpretaciones de los hechos'. De manera que nunca
seremos individuos autónomos y libres, capaces de trascender la
realidad en cuyo seno vivimos, sino solo productos históricos
totalmente inmersos en esta realidad que es la vida, 12

La realidad se le presenta a Nietzsche como un vasto campo de


energía, un entretejido de fuerzas y pulsiones cuya multiplicidad
infinita y caótica es irreductible a una unidad. En su concepción de lo
real, Nietzsche privilegia la idea de diversidad y sacrifica la de unidad.

De lo anterior se deriva, entre otras cosas, la negación de la


existencia de un sujeto en si, autónomo y libre. Para Nietzsche, no se
trata de ajustar el obrar humano ni a la naturaleza ni a Dios. Él
afirma: "¿Queréis vivir 'según la

hombres, el deber de pertenecer a la sociedad en general o a una


sociedad de un tipo determinado, u obedecer a la autoridad en
general o a una autoridad de cierto tipo. En otras palabras, las teorías
de la primacia de los derechos aceptan el principio de atribución a los
hombres de derechos que valen incondicionalmente, es decir,
valederos para los hombres como tales. Pero rechazan que el hombre
tenga. primariamente, obligaciones, deberes. Antes bien, nuestra
obligación de pertenecer a una sociedad o sostenerla, u obedecer a
sus autoridades, se considera derivada; se nos impone de manera
condicional, en virtud de nuestro consentimiento o por el hecho de
ser ventajosa para nosotros. En ciertas condiciones, la obligación de
pertenencia se deduce del principio más fundamental de atribución
de derechos,

Respecto de la libertad, aparece un nuevo concepto de la misma que


Berlin designará como libertad negativa. La libertad será concebida,
entonces, como ausencia de coacción positiva o presencia de
restricción negativa por parte de un grupo de seres humanos sobre
otro,10 La libertad negativa es, para los liberales del siglo XIX, la
condición necesaria para una buena vida, es decir, para garantizar el
desarrollo de actividades que hacen que valga la pena vivir.!!

2.4 Antropología y moral en la posmodernidad

Los filósofos posmodernos someten a critica dos ideas muy caras a la


modernidad: a) aquella que hacía del sujeto humano el centro del
mundo y el principio que otorga forma a todos los valores morales y
politicos; b) aquella otra que consideraba a la razón humana como la
fuerza emancipadora que, venciendo la edad oscura medieval, iba a
hacer que los hombres fuésemos más libres y felices. La critica de los
filósofos denominados posmodernos, entonces, tendrá como blanco el
humanismo y el

racionalismo.

Para Nietzsche, uno de estos filósofos, la realidad no tiene nada divino


ni de orden. De allí que descarte por completo el conocimiento
teórico. Pero tampoco se trata de enhebrar ese desorden exterior
para encontrar una nueva

naturaleza? ¡Oh nobles estoicos, qué embuste de palabras! Imaginaos


un ser como la naturaleza, que es derrochadora sin medida,
indiferente sin medida, que carece de intenciones y miramientos, de
piedad y de justicia, que es fértil y estéril e incierta al mismo tiempo,
imaginaos la indiferencia misma como poder.- ¿Cómo podriais vivir
vosotros según esa indiferencia? Vivir - ¿no es cabalmente un querer-
ser-distinto de esa naturaleza?"13

Fiel a su concepción de la realidad y del hombre, Nietzsche critica


toda la moral de la tradición occidental, desde los fundamentos del
bien y del mal hasta las leyes, las instituciones morales, las virtudes y
los sentimientos morales. Para Nietzsche, la moral es una de las
raíces de la enfermedad y decadencia de la cultura moderna.

En este sentido, la moral de Nietzsche va a derivarse de su


concepción de la voluntad de poder como la esencia más intima del
ser. Y cuando decimos voluntad de poder, estamos pensando en
aquella voluntad que se quiere a si misma, que ama su propia fuerza
y que, por lo tanto, no quiere verse debilitada por la culpabilidad, los
conflictos u otros impedimentos.

No se trata de una voluntad de conquista, sino del deseo profundo de


gozar de la existencia con una intensidad máxima: nada existe más
allá de la vida. En consecuencia, solo de trata de disfrutarla con el
propio impetu que ella exige.

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