El loco aquel que se enamoró de la luna
Marcadas las doce en la noche pasaba el loco aquel.
Por la avenida del 7 y Don Nestor.
Cuando ante sus ojos se manifestó
la Luna inmensa, llena en su esplendor.
Y aquel loco pareciole tan bella,
que de golpe se enamoró de ella.
A todo el mundo le decía,
que a la Luna su esposa haría.
De allí tildaron de loco al pobre hombre.
¡¿Humano con satélite?!, no hay por dónde.
Pero si por tan bonita roca lo mejor sería
borrar todas las horas de la tarde y el día.
Que la Luna sea eterna pedía el loco aquel.
Ojalá aquí estuviera para pedirle de rodillas
un beso que me haga orbitar galaxia entera.
Cuando un haz de luz nocturna se asomó por la ventana.
Era mi Luna, de ojos negros y piel morena.
-¿Qué es lo que quieres de mí,
teniendo tantas mujeres en tu planeta?-
Le respondí que así mismo habían infinitas Lunas,
Ninguna como usted, divino satélite.
Si la tierra solo la tiene a usted como Luna,
entonces yo voy a ser su Planeta Tierra.
Y si entre nosotros existe el oscuro espacio,
le llevaré conmigo brillante estrella.
Y si no disfruta dicha compañía,
me quedaré en su órbita para compensarlo.
Hoy te escribe el loco aquel.
A medianoche sin poder dormir.
Pensando la Luna a ver si tal vez,
con este detalle se acuerde de mí.