PP.
67-81 Recibido 6 Enero 2022
Aceptado 22 Marzo 2022
Los barrios de Arequipa: Crónica de una ciudad fragmentada
Neighbourhoods in Arequipa: Chronicle of a Fragmented City
Carlos Zeballos Velarde (Docente investigador de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa)
czeballosv@[Link] / [Link]/0000-0002-9483-6962
Resumen Abstract
El presente artículo busca entender las características de la fragmen- This article seeks to understand the characteristics of the physical and
tación física y social de la ciudad de Arequipa mediante la explora- social fragmentation of the city of Arequipa by exploring the histor-
ción de la evolución histórica de sus barrios, los cuales son elementos ical evolution of its neighborhoods, which are fundamental elements
fundamentales de la ciudad, tanto en su conformación físico-espacial of the city, both in their physical-spatial and socio-cultural configu-
como socio-cultural. El análisis de la estructura de los barrios, de su ration. The analysis of the structure of the neighborhoods, their con-
conformación y transformación puede aportar en el entendimiento de figuration and transformation can contribute to understanding the
la dinámica y características de la ciudad. Para tal fin, se explora la dynamics and characteristics of the city. To this end, we explore the
evolución de la ciudad prehispánica, colonial y republicana desde la evolution of the pre-Hispanic, colonial and republican city from the
generación de barrios, y las implicancias que esta tuvo en las divisio- generation of neighborhoods, and the implications that this had on
nes sociales en Arequipa. A continuación, se discute el papel de la the social divisions in Arequipa. It then discusses the role of urban
planificación urbana a partir de la segunda mitad del siglo XX y cómo, planning since the second half of the twentieth century and how, on
en muchas ocasiones, esta ha subrayado el desmembramiento, la frag- many occasions, it has emphasized dismemberment, fragmentation
mentación y la marginalidad en vez de ser un agente de articulación. and marginality instead of being an agent of articulation. Finally, an
Finalmente, se propone una alternativa de renovación urbana que fo- urban renewal alternative is proposed that promotes social, urban and
menta la integración social, urbana y ambiental en la periferia de Are- environmental integration in the periphery of Arequipa, through the
quipa, mediante el desarrollo de una red de centralidades barriales. development of a network of neighborhood centralities.
Palabras clave Keywords
Fragmentación barrial, riesgo y desastre, desarrollo urbano, Neighborhood fragmentation, risk and disaster, urban development,
resiliencia, costuras urbanas. resilience, urban seams.
Revista ENSAYO - Arquitectura PUCP Estudios de arquitectura, urbanismo y territorio
Número 3 ∙ Año 2023 ∙ ISSN 2710-9726 e-ISSN 2710-2947
Combatiendo la desigualdad urbana. Consideraciones ∙ Editores Luis Rodriguez Rivero,
Belén Desmaison Estrada, Luciana Gallardo Jara
La siguiente obra ha sido publicada bajo las condiciones de la Licencia Creative Commons CC BY-NC-SA 4.0,
la cual autoriza a terceros distribuir, mezclar, ajustar y construir a partir de la misma, con la excepción de fines
comerciales, siempre que le sea reconocida la autoría de la creación original y que dichas creaciones se licen-
cien bajo las mismas [Link] el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú 2021-02820
LOS BARRIOS DE 68
AREQUIPA: CRÓNICA
DE UNA CIUDAD
FRAGMENTADA
Carlos Zeballos Velarde
CARLOS ZEBALLOS VELARDE es arquitecto y urbanista experto en diseño urbano ambiental y gestión de
riesgos. PhD. en diseño urbano y paisaje en la Universidad de Kioto, Japón y postdoctorado en RIHN, Kioto, Japón.
Premiado por ponencias en Cuzco, Perú; Manila, Filipinas y Seúl, Corea. Premiado con el diploma de honor de
Arequipa y por el Colegio de Arquitectos del Perú por sus aportes en investigación. Electo Director Nacional de
Asuntos Tecnológicos del CAP y docente investigador de la UNSA. Autor del Atlas Ambiental de Arequipa y de
Arequipa Moderna y Contemporánea. Coautor de Costuras Urbanas, Arquitectura y paisaje sacro y Poética de un mundo
habitado entre otras publicaciones científicas y académicas.
Revista ENSAYO 69
➀ INTRODUCCIÓN
Los barrios son las células del tejido urbano, cada uno de ellos mantiene –o de-
biera mantener– su propio ADN, su carácter particular. Como menciona Kevin
Lynch (2015), «los barrios son sectores definidos de la ciudad, con identidad
propia», una identidad que se forja ya sea por una imagen homogénea, por la
ocurrencia de centralidades o funciones aglutinantes, pero también por acon-
tecimientos históricos y orígenes socioculturales comunes.
Sin embargo, la noción de barrio y su definición son ambiguas, y su con-
ceptualización ha merecido diferentes aproximaciones desde el enfoque que se
quiera enfatizar: sociológico, antropológico, geográfico, físico-espacial, eco-
nómico. Los barrios son, además, unidades territoriales cuyo tamaño y escala
varían significativamente.
Galster (2001) identifica cuatro escalas de barrios. Primero está la facha-
da del bloque, o el área sobre la cual los niños pueden jugar sin supervisión
y que se integra básicamente en torno a una calle. En segundo lugar, el «ba-
rrio defendido» es el área más pequeña que posee una identidad corporativa, y
que es definida ya sea por la oposición mutua o el contraste con otra área; es
un vecindario que los residentes identifican a través de fronteras comunita-
rias definidas, y les permite una percepción de que las áreas adyacentes están
geográficamente separadas y son socialmente diferentes. En tercer término, la
«comunidad de responsabilidad limitada» es aquella en la que no todos están
involucrados, pero hay suficiente participación para producir una colectividad
nominal; frecuentemente es un distrito representado por un organismo guber-
namental local, en el que la participación social de los individuos es selectiva
y voluntaria. Finalmente, el cuarto, en lo más alto de la escala geográfica, la
«comunidad ampliada de responsabilidad limitada», cubre todo un sector de
la ciudad; es un área más grande compuesta por múltiples comunidades, cuyos
límites suelen estar definidos por instituciones externas o gubernamentales.
Las diferentes escalas permiten definir grados diversos de cohesión, permea-
bilidad, interacciones y caminabilidad en el interior de cada barrio y entre ba-
rrios, debido a sus características geográficas, sociológicas e históricas (Ver-
nez-Moudon et al., 2006).
La dinámica del barrio parece centrarse en torno a dos conceptos que son,
a la vez, complementarios. En primer término, la vecindad, y, producto de ella,
la empatía, identidad y topofilia con el lugar cercano; de hecho, la voz inglesa
neighbourhood hace referencia al barrio como vecindario. En segundo lugar,
la división geográfica y su separación de otros barrios, como símbolo de dis-
tinción, exclusividad y, finalmente, segregación. La voz francesa quartier hace
referencia a la cuarta parte en la que se dividía la ciudad y el propio vocablo
español barrio proviene de una voz árabe hispánica que significa «exterior»,
que se refiere al asentamiento humano que se encontraba a las afueras de un
pueblo o ciudad.
Es claro también que las características sociales y económicas que de-
finieron la identidad de los barrios y sus respectivos grados de integración o
segregación varían con el tiempo, y son objeto de circunstancias y aconteci-
mientos históricos que modifican su rol. De allí que el presente artículo busque
ejemplificar, en el caso de la ciudad de Arequipa, la evolución de los barrios
y su relación con la ciudad en términos físicos y sociales, y permita explicar,
desde esa perspectiva, las condiciones de una ciudad fragmentada, así como
esbozar, desde una óptica barrial, alternativas de mejora.
LOS BARRIOS DE AREQUIPA: 70
CRÓNICA DE UNA CIUDAD FRAGMENTADA
➁ AREQUIPA PREHISPÁNICA Y COLONIAL
Antes de la llegada de los españoles, Arequipa tenía un paisaje eminentemente
rural, cuya impronta en el territorio destacó más por las impresionantes terra-
zas construidas en sus valles que los poblados, templos o alguna arquitectura
particular. Estos arrabales estaban ocupados por collaguas, que provenían del
valle del Colca, muy diestros en el manejo hidráulico de las andenerías (Neira
Avendaño, 1990). A ellos se unieron grupos como los yanahuaras y los yaraba-
yas, asentados de forma dispersa en la geografía mistiana. Estas comunidades
resistieron por un tiempo el avance imperial inca, que finalmente se impu-
so, dejando en la comarca grupos de mitimaes, quienes también construyeron
una andenería particular (Galdos Rodríguez, 1987). En esta época, los barrios
eran definidos por comunidades étnicas, con características culturales espe-
ciales y distintivas, y organizados en asentamientos orgánicos, espontáneos y
no planificados, sin mayor jerarquía espacial ni arquitectónica (Zeballos Ve-
larde, 2020). Cabe resaltar que estos asentamientos carecían de la cohesión y
diferenciación clara de los barrios de las ciudades incaicas manifestadas en
los sectores Hanan y Hurin; eran, más bien, comunidades rurales dispuestas
en organizaciones simples. Sin embargo, numerosos autores se refieren a ellas
como «barrios», pues serían el germen de sectores barriales muy diferenciados
durante la época de la Colonia.
En 1539 los españoles pasaron por el valle de Arequipa en su camino a la
conquista de Chile, y algunos de ellos decidieron quedarse a convivir con los
nativos en lo que es hoy el barrio de San Lázaro. Tras el fracaso de la fundación
de la Villa Hermosa de Camaná en la costa, debido a las plagas que sufrieron
los conquistadores, Garcí Manuel de Carbajal decidió refundar esta ciudad en
el valle de Arequipa, debido al clima benigno y a la fertilidad de sus tierras.
Arequipa, durante la Colonia y parte de la República, hasta el terremoto
de 1868, se organizaba en dos tipos de barrios: (a) aquellos insertos dentro del
damero colonial, ocupados por españoles o criollos, y (b) los barrios de indíge-
nas, como San Lázaro, que siguió una traza orgánica, o la Chimba (Yanahuara),
ubicado al otro lado del río Chili, compuesto por un par de hileras de manzanas
cuadradas mucho más pequeñas que las del damero central, y que tardaron
mucho tiempo en consolidar su carácter semirural.
La desigualdad social, económica y étnica tenía su expresión no solamen-
te en una localización distinta en la ciudad, sino también en la forma del tra-
zado urbano. La ciudad formal estaba definida por un damero ortogonal que
sería arquetípico de las fundaciones españolas en América. Alberto de Rivero
(citado por Ballón Lozada, 2012) menciona que la traza
formó parte de un gran cuadrado de 3096 pies lineales españoles por lado,
con 850 metros de longitud norte sur por 850 metros de este a oeste, lo que
constituye una superficie de 74,374 hectáreas. Esta fue dividida en 7 hile-
ras de 7 manzanas, en total 49 manzanas, inclusive la destinada a la plaza,
las que tuvieron 400 pies de largo por cada lado (11.44 metros), estando
separadas por calles de 37 pies de ancho (10.30 metros).
Carlos Zeballos Velarde Revista ENSAYO 71
▲ Imagen 1 La ortogonalidad racional del damero español, con una plaza central
Detalle del mapa de
1784 realizado por Vélez
se eligió tanto por consideraciones funcionales como simbólicas, pues se-
para el alcalde Álvarez guía el modelo bíblico de Francisco Eximeniç, quien, inspirado en el libro
y Jiménez. Se aprecia el bíblico de las Revelaciones, teorizó acerca de una ciudad utópica de cua-
damero colonial y los
drícula, en proporciones cuadradas que se consideraba «hermosa como una
barrios de San Lázaro
al norte y Yanahuara al
Jerusalén ideal del cielo, asociando la plaza principal con el trono de Dios»
este. El norte está girado. (Bielza de Ory, 2002).
A este orden cartesiano se superponía el serpenteante discurrir de ca-
llejuelas en el asentamiento indígena, expresión de lo espontáneo, caótico y
suburbano. Sin embargo, es un error pensar en el damero colonial como una
unidad homogénea, pues su imagen, material de construcción y conformación
variaba según su cercanía a la plaza de armas. Como lo manifiesta Eusebio
Quiroz Paz-Soldán, en la ciudad se conformaban tres círculos concéntricos
de color blanco, rojo y amarillo, refiriéndose al material constructivo de los
techos: las bóvedas de sillar, las cubiertas de teja o las techumbres de paja res-
pectivamente, siendo una de las zonas más empobrecidas la colindante con la
barranca del río (Quiroz Paz Soldán, 1983).
LOS BARRIOS DE AREQUIPA: 72
CRÓNICA DE UNA CIUDAD FRAGMENTADA
➂ UNA NUEVA VISIÓN DE CIUDAD Y DE BARRIO
Luego del devastador terremoto de 1868 y de la llegada del ferrocarril en 1871,
nuevos tipos de barrios aparecieron en Arequipa, los cuales acogieron una ti-
pología arquitectónica distinta a la del resto de la ciudad, conformada por ca-
sas jardín alineadas en bulevares, que acomodaba a los trabajadores ingleses
y a la naciente burguesía compuesta por comerciantes extranjeros, asentados
en la ciudad por el próspero comercio de lanas. El llamado «Barrio inglés» se
asienta hacia el sur, en torno a la estación de ferrocarril y hacia el norte, en
la otra banda del río, surge el barrio en torno a la alameda Bolognesi (Carpio
Muñoz, 2019).
La incorporación del verde en la ciudad, desde un paisajismo pintores-
quista, es visto como símbolo positivista de modernidad y una imagen de es-
tatus social. Para inicios el siglo XX, nuevos desarrollos barriales para clase
media buscan seguir el patrón de las casas de la burguesía inglesa, pero a una
escala menor y más compacta. Surgen así bulevares como Siglo XX y Jorge
Chávez – Goyeneche, que marcan un ensanche hacia el este del damero colo-
nial y que se conforman como los nuevos barrios de moda. A finales de los años
20, surge hacia el sur y limitando con el río una urbanización pintoresquista de
clase media llamada Vallecito, inspirado en el prototipo de chalet americano
con una arquitectura art déco y con una traza radial. Surge aquí un fenómeno
inverso al de la época colonial anteriormente mencionado, pues este barrio
busca diferenciarse del patrón de damero central, como símbolo de moderni-
dad y estatus social (Zeballos Velarde, 2007).
En 1940, con motivo del cuarto centenario de la ciudad de Arequipa se
ejecutan numerosas obras emblemáticas en la ciudad, que marcarían un desa-
rrollo sin precedentes en su historia (Gutiérrez, 2019). A la vez que se constru-
yen edificios emblemáticos, se ejecutan también desarrollos urbanos para di-
ferentes estratos sociales. Siguiendo el primer plan de la ciudad propuesto por
Alberto de Rivero (De Rivero, 1940), que, si bien seguía un enfoque pintores-
quista, tenía una preocupación paisajista y ambiental, se crea la urbanización
Selva Alegre, concebida como un gran parque en el medio del cual se ubican
las casas rodeadas de jardines. A este desarrollo urbano de clase alta se unie-
ron otros de clase media, como la urbanización Cuarto Centenario, un barrio
que se configura en torno al primer estadio de la ciudad. Surgen también dos
barrios obreros, el primero junto al río Chili y el segundo cerca del estadio, evi-
denciando el poder de la clase trabajadora sindicalizada de la época, así como
el reconocimiento de la municipalidad al aporte de los obreros en la construc-
ción de obras por el cuarto centenario. En esta época, empieza a producirse un
fenómeno que luego sería característico del crecimiento urbano de la ciudad:
la ocupación de terrenos eriazos por parte de las familias más humildes y por
migrantes. Ese es el caso de las pampas de Miraflores, hacia el noreste, que
inicia lentamente la ocupación de las estribaciones del volcán Misti.
Carlos Zeballos Velarde Revista ENSAYO 73
▲ Imagen 2
Plan regulador de
Arequipa en 1940, por
Alberto de Rivero y
Manuel de Rivero
LOS BARRIOS DE AREQUIPA: 74
CRÓNICA DE UNA CIUDAD FRAGMENTADA
➃ EL INICIO DE LA EXPANSIÓN
En 1958 y en 1960, sucesivos terremotos vuelven a destruir el casco central. La
renuencia de los pobladores locales a volver a ocupar antiguas casonas produce
una explosión urbanizadora sobre las áreas agrícolas. La campiña, en la psique
arequipeña, no solo es un ámbito rural, sino es un elemento fundamental en la
identidad y la cultura mistiana. De allí proviene el «loncco» o chacarero, per-
sonaje emblemático y paradigma del arequipeñismo; el yaraví; o la celebérrima
culinaria local, de base eminentemente rural. Irónicamente, la atractiva oferta
de urbanizaciones de clase media sobre la campiña, que ofrecía la inmediatez a
este paisaje bucólico, terminó por destruir gran parte de este patrimonio agrí-
cola y ambiental. En 1940 existía en Arequipa un área de 1046,4 m2 de campiña
por habitante, pero para el 2020 esa proporción se había reducido a 118,9 m2/
hab. (Zeballos Velarde, 2020).
No todos los habitantes del centro histórico migran hacia urbanizaciones
de clase media. Procesos de tugurización como los que se generan en los «tam-
bos» vecinos al río así como el de un conventillo llamado la «Casa Rosada» se
agudizan a consecuencia de los terremotos. Al llegar al poder, el arquitecto Fer-
nando Belaunde Terry –ávido impulsor de la solución al problema habitacional
de las clases medias y bajas mediante la construcción de vivienda popular por
parte del Estado– propicia el desarrollo del Conjunto Habitacional Nicolás de
Piérola, diseñado por los arquitectos Adolfo Córdoba y Carlos Williams, y ejecu-
tado por la Junta Nacional de Vivienda (Llerena, 2018; Bianco, 2017). Este proyec-
to, concluido en 1966, inaugura un nuevo tipo de barrio: el condominio vertical,
el cual tiene otro tipo de relaciones sociales que subrayan en muchos aspectos el
rol de la mancomunidad. Sin embargo, ni este conjunto habitacional Nicolás de
Piérola ni sus tres siguientes etapas lograron resolver el problema de los habi-
tantes hacinados en la Casa Rosada, debido a que el costo de los departamentos
era inasequible para las familias más humildes. Algunas de ellas se quedaron en
la Casa Rosada y otras debieron ser reubicadas a viviendas más modestas en la
urbanización Ciudad Satélite (Málaga Montoya, 2020).
El tercer fenómeno urbano que concurre en esta época y que sería carac-
terístico de la expansión urbana de Arequipa en años subsiguientes es el de la
migración rural y alto andina. Penosos procesos de sequía al inicio de la década
de los 60 en los departamentos de Cusco y Puno incentivaron una ola de inmi-
graciones hacia la ciudad mistiana en busca de mejores oportunidades. En 20
años la población en Arequipa se duplicó y el área urbana se cuadruplicó (Ze-
ballos Velarde, 2020). El gobierno socialista de la dictadura militar propició la
consolidación de estos «pueblos jóvenes», abandonando el enfoque belaundista
de los conjuntos habitacionales y favoreciendo la autoconstrucción. Dos déca-
das después, el fujimorismo, desde un enfoque neoliberalista pero igualmente
clientelista, favoreció la formalización de estos barrios marginales a través de
Cofopri, impulsando el acceso a la propiedad pero fomentando el crecimiento
urbano no planificado. En los últimos 20 años, la ciudad ha crecido una cuarta
parte de su territorio (Zeballos Velarde, 2020), y el motivo de esta ocupación
Carlos Zeballos Velarde Revista ENSAYO 75
ya no es la migración, sino la especulación y el tráfico de terrenos, en algunas
ocasiones liderados o propiciados por las propias autoridades.
Típicamente la ocupación se dio sobre tierras eriazas en los distritos de
Miraflores, Mariano Melgar, Paucarpata y, posteriormente Alto Selva Alegre,
es decir, en las estribaciones del volcán Misti. En las últimas dos décadas, la
ciudad ha venido creciendo rápidamente hacia el norte, en los distritos de Cay-
ma, Cerro Colorado y Yura, es decir, en las faldas del volcán Chachani. Estas
zonas, en general, no son propicias para la urbanización, pues son territorios
agrestes, surcados por quebradas que se activan estacionalmente (llamadas to-
rrenteras), de difícil accesibilidad y escasa conectividad, lo que da lugar a un te-
jido urbano y social fragmentado y desarticulado (Zeballos Velarde, 2015). Los
barrios no son en estos casos unidades urbanas integrales, sino fragmentos de
no-ciudad carentes de identidad y servicios, parches aislados que no fomentan
las relaciones entre ellos.
Desde el punto de vista ambiental, la situación de estos barrios perifé-
ricos es especialmente dramática, no solamente por el daño a mediano plazo
que significa tener una ciudad expansiva, a la que hay que proveer de infraes-
tructura y servicios, sino porque muchos de estos barrios se asientan sobre
territorios de alto y muy alto riesgo, ya sea por peligro volcánico, sísmico o,
principalmente, por inundación. Precisamente, los efectos del cambio climá-
tico producen eventos cada vez más extremos, que especialmente afectan a las
poblaciones más vulnerables en su economía, e integridad material y personal
(Muller, 2007).
➄ LA PLANIFICACIÓN Y LOS BARRIOS
Este crecimiento caótico desbordó los planes urbanos realizados para Arequi-
pa en 1956, 1964, 1974 y 1981. Estos planes propusieron la implementación de
polos de desarrollo, como el Parque Industrial, y plantearon la resolución del
transporte a través de anillos circunvalatorios que fueron parcialmente ejecu-
tados. Los barrios residenciales formales fueron articulados por ejes troncales,
pero para los barrios marginales se plantearon conexiones hacia el centro, con-
solidando un modelo radiocéntrico de ciudad. Por lo demás, las zonas margi-
nales fueron consideradas como «grandes zonas residenciales» y no fueron ob-
jeto de planificación, o esta intentó darse paliativamente luego de la ocupación
informal de estos asentamientos.
En el 2001 se plantea un nuevo PDAM (Plan director de Arequipa metro-
politana), que por primera vez incluye una preocupación por temas ambienta-
les y de gestión de riesgo; sin embargo, las respuestas que propone son muy
ligadas a un excesivo infraestructuralismo. Por ejemplo, propone un «Eje azul»,
una vía ribereña al lado del río Chili, a fin de disfrutar de la campiña, pero que,
de haberse ejecutado, habría acabado con esta reserva paisajista. Igualmen-
te, propone una articulación transversal de los barrios periféricos mediante el
llamado «Eje residencial», que, además, irónicamente, serviría para desviar el
tráfico pesado del centro de la ciudad (MPA, 2002). Esta propuesta es una idea
planteada en papel, pero que conlleva muchas dificultades técnicas a la hora
LOS BARRIOS DE AREQUIPA: 76
CRÓNICA DE UNA CIUDAD FRAGMENTADA
▲ Imagen 3
Evolución de la
formación de barrios
en los distritos de Alto
Selva Alegre, Miraflores
y Mariano Melgar.
Fuente: Costuras
Urbanas. Mapa: E. Chui,
K. Frisancho
Carlos Zeballos Velarde Revista ENSAYO 77
de su ejecución debido a las altas pendientes y a la trama inconexa de los asen-
tamientos informales, salvo que implique un exorbitante proceso de expropia-
ciones, además del enorme costo social y político que supone la demolición de
viviendas. Tal vez, por ello, a 20 años de su planteamiento, no se ha avanzado
un milímetro de esta vía.
El PDM del 2016 desechó la ejecución del «Eje azul», pero recogió el «Eje
residencial», más por razones políticas que técnicas. En todo caso, estipuló que
debiera ser un articulador residencial y no una vía de tránsito pesado, si bien
no dio pistas de cómo debería realizarse (IMPLA, 2016). En la práctica, la pro-
puesta sigue tan abandonada como la del 2020, y en todo caso la construcción
de una simple vía, con un trazo tan tortuoso como el propuesto, no resuelve de
forma integral la desarticulación de la periferia.
Una de las características de estos planes es que apuestan por el «zoning»,
y no recogen la escala barrial como elemento a tener en cuenta en las políticas
de planeamiento urbano, tal como se da en realidades de Europa, Norteamé-
rica y algunos lugares en Latinoamérica. Estas políticas de enfoque barrial se
basan en dos argumentos que tienen objetivos determinados. En primer lugar,
se busca fortalecer la cohesión social a nivel barrial a fin de mejorar la sociedad
en general. En segundo término, se intenta generar capital y cohesión social en
comunidades vulnerables y de bajos recursos como una forma que facilite su
inclusión (Tapia Barría, 2015).
Sin embargo, no debe caerse en una visión idealizada del barrio, que lo
imagina como exento de problemas y aislado de procesos urbanos, sociales,
políticos y económicos que ocurren en su entorno. Lefebvre (2001) identifica
algunas características fundamentales de los barrios: (a) son unidades socio-
lógicas relativas, que no definen la realidad social; (b) son microcosmos para
un peatón que los recorre en un cierto tiempo a pie; (c) son ínfimas mallas del
tejido urbano que constituyen los espacios sociales de la ciudad; (d) son nive-
les donde el espacio y el tiempo de los habitantes toman forma y sentido en
el espacio urbano. Por su parte, Tapia Barría (2015) propone dos definiciones
de barrio: una operativa, que implica su delimitación, y otra conceptual, que
subraya su rol como espacio abierto y relacional.
➅ EL PROYECTO DE «COSTURAS URBANAS»
En ese contexto, el proyecto académico «Costuras Urbanas: Red de Centralida-
des Barriales en la Periferia de Arequipa como alternativa Socio Ambiental al
Cambio Climático en Poblaciones Vulnerables» busca abordar el problema de la
articulación de los barrios marginales partiendo de la participación de los acto-
res, es decir, los pobladores y las municipalidades (Zeballos Velarde et al., 2021).
Existen diversos precedentes en el intento de mejorar las periferias, pero
es particularmente relevante la concepción de la generación de una red de
centralidades que genere una catálisis territorial, entendida como el «impacto
positivo que un edificio o proyecto urbano individual puede tener en los pro-
yectos posteriores y, en última instancia, en la forma de una ciudad» (Attoe y
Logan, 1989). Esta regeneración física debe ir de la mano de una producción
LOS BARRIOS DE AREQUIPA: 78
CRÓNICA DE UNA CIUDAD FRAGMENTADA
▼ Tabla 1
Campos de acción
del proyecto Costuras
Urbanas
ASPECTO PROBLEMA PROPUESTA
Riesgos de inundación Plan de gestión de riesgos participativo
Ambiental
Contaminación ambiental de Limpieza y protección de las quebradas como un
las quebradas patrimonio ambiental colectivo
Carencia de espacios de Recuperación de las quebradas como espacios sociales
recreación barriales con tratamiento paisajista de desierto
Físico espacial
Articulación de los barrios mediante una red vial,
Fragmentación físico-espacial
incluyendo puentes peatonales y ampliación de pequeños
del tejido urbano
trazos de vía de carácter estratégico
Detrimento económico
Desarrollo de una red de centralidades barriales
Extrema dependencia del articuladas entre sí
Socio-económico centro de la ciudad
Generación de actividades culturales y sociales en torno a
Carencia de identidad
espacios recuperados
Abandono en la gestión de las
quebradas por superposición
de jurisdicciones municipales Creación de un patronato interinstitucional que,
Institucional vinculando a la población, las autoridades y la academia,
Falta de interés de las promueva la renovación urbana de las áreas deprimidas
autoridades por considerar las
quebradas zona de nadie
Carlos Zeballos Velarde Revista ENSAYO 79
▶ Imagen 4
Modelo Costuras
Urbanas. Grupo: Equipo
Costuras Urbanas, J.
Urquizo
social del hábitat, apuntalando la identidad territorial que acompaña muchas
veces la práctica del urbanismo informal (Echeverría Ramírez y Rincón Patiño,
2000) y apuntando al desarrollo de una topofilia local con el lugar (Yory, 2018).
Paralelamente, debe fomentarse una reflexión en torno a la construcción múl-
tiple de tejidos sociales (Geertz, 1983), el desarrollo de redes identitarias de
conservación (Maturana, 1995), o la valoración del genius loci o espíritu para en-
tender las formas de apropiación socio-espacial realizada por la población des-
de su tradición, su memoria colectiva, su identidad y su cultura (Rossi, 2006).
Por tanto, el planeamiento urbano debe recoger los procesos de resiliencia de
las ciudades y fortalecer la relación entre las periferias urbanas y las centrali-
dades (Zeballos-Velarde, et al., 2022).
El proyecto Costuras Urbanas hace énfasis en cuatro aspectos del proble-
ma: el ambiental, el físico ambiental, el socio económico y el institucional. La
hipótesis principal de este proyecto es que, recuperando ambiental y social-
mente las quebradas, estas pueden convertirse en espacios de socialización du-
rante los meses de estiaje y contar con una protección más eficiente en épocas
LOS BARRIOS DE AREQUIPA: 80
CRÓNICA DE UNA CIUDAD FRAGMENTADA
de lluvia. Estos elementos se convertirían en articuladores de las centralidades
barriales a la vez que una red vial (y no solo un eje) que incluya puentes pea-
tonales y vehiculares integraría mejor los barrios actualmente fragmentados.
Estas actividades tendrían también un aporte en la mejora económica de las
comunidades al promover actividades complementarias a estos espacios. El
proyecto propone también un modelo de gestión, que comprende la creación
de un patronato que involucre a las municipalidades, la academia, los poblado-
res y otras instituciones de la sociedad civil, que permitan promover, ejecutar y
supervisar el desarrollo de proyectos en esta áreas (Zeballos-Velarde, 2021). La
siguiente tabla resume los campos de acción del proyecto Costuras Urbanas.
Este modelo, basado en el principio de catálisis urbana, promueve el de-
sarrollo de un mejoramiento integral y progresivo de la periferia, al establecer
un efecto en cadena que pueda ser replicado en otras zonas de la ciudad o en
otras ciudades del Perú (Zeballos Velarde et al., 2017).
En cualquier caso, es necesario repensar el problema de los barrios mar-
ginales como una solución integral, y no apostar por soluciones «parche» que
no resuelven el problema de desigualdad, fragmentación y vulnerabilidad ur-
banas. Estos barrios tienen una lógica propia distinta a la de los barrios resi-
denciales formales, cuya imagen y organización se ha tratado de imponer a los
primeros. Estos necesitan, más bien, ser integrados con el territorio y vincu-
lados entre sí mediante una red de centralidades y caminos que fomenten un
desarrollo interbarrial integral.
Carlos Zeballos Velarde Revista ENSAYO 81
REFERENCIAS
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