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Acogida de inmigrantes en la UE: ética y pragmatismo

El documento aborda la crisis migratoria en Europa, destacando la falta de una respuesta equilibrada y solidaria ante la llegada de inmigrantes en busca de un futuro mejor. Se presentan dos posturas: la pragmática, que busca beneficios materiales, y la moralista, que defiende la acogida como un deber ético, sugiriendo una combinación de ambas a través del reconocimiento mutuo de valores. Los comentarios críticos de los alumnos enfatizan la importancia de aceptar a los inmigrantes como un deber social y ético, resaltando que su contribución a la comunidad es positiva y necesaria.

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Acogida de inmigrantes en la UE: ética y pragmatismo

El documento aborda la crisis migratoria en Europa, destacando la falta de una respuesta equilibrada y solidaria ante la llegada de inmigrantes en busca de un futuro mejor. Se presentan dos posturas: la pragmática, que busca beneficios materiales, y la moralista, que defiende la acogida como un deber ético, sugiriendo una combinación de ambas a través del reconocimiento mutuo de valores. Los comentarios críticos de los alumnos enfatizan la importancia de aceptar a los inmigrantes como un deber social y ético, resaltando que su contribución a la comunidad es positiva y necesaria.

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TEXTO PARA COMENTARIO CRÍTICO

Nueve años de guerra en Siria y sus consecuencias en las fronteras europeas no han
bastado para que los países de la UE encuentren una respuesta equilibrada y solidaria a uno
de los mayores retos de las sociedades abiertas: ¿cómo asumir y defender la acogida de
personas que llegan en busca de un futuro mejor?
La posición pragmática considera que la aceptación será mayor si la población nativa
espera un beneficio. “Pagarán nuestras pensiones” o “dejaremos entrar a los más
formados” son argumentos habituales en esa línea, que tiene un problema de base: le pone
un precio implícito a las preferencias de la gente. La sociedad anfitriona podría “vender” su
rechazo a cambio de beneficios materiales imposibles de anticipar. Los economistas Nina
Boberg-Fazlic y Paul Sharp cuentan en un estudio reciente la historia de los migrantes
daneses que llegaban a EEUU en el siglo XIX: nadie adivinó que un grupo de agricultores sin
formación iba a cambiar por completo el futuro de sus nuevos conciudadanos porque
consigo traían la idea de un separador de nata que multiplicaría la productividad de la
industria láctea.
La posición moralista defiende en cambio que la acogida es un deber ético ineludible. Pero
también trae su carga implícita: juzga como malvados a quienes no asumen el deber de
acogida como propio, con lo que corre el riesgo de alienar a una mayoría de la sociedad de
acogida que parte de fronteras distintas para definir a la comunidad, sus intereses y sus
valores. El paternalismo (a veces también hacia el migrante) se vuelve inevitable.
Quizás hay una manera de combinar lo mejor de ambas posiciones esquivando lo peor. Aquí
es útil la idea de reconocimiento mutuo, que debería basarse en el consenso simétrico de un
conjunto mínimo de valores. Esta alternativa convierte el deber ético, propio de las
posiciones moralistas , en un activo para la sociedad, propio de los argumentos
pragmáticos. Un valor que va más allá de lo material, centrándose en la redefinición de la
comunidad: será bienvenido quien aporte solidariamente a la vida en común, y no lo será
quien no lo haga, así haya nacido en su seno.
Uno de los instrumentos más poderosos para las tiranías es la división y el aislamiento de la
sociedad en pequeños silos incomunicados. Para empezar a prevenirlo, una buena idea es
mirar a los ojos de la gente.
El País 5- 3- 2020

1. COMENTARIO CRÍTICO DEL ALUMNO


Actualmente uno de los problemas más graves a los que la Unión Europea y muchos países
considerados como desarrollados deben hacer frente, es a la gran cantidad de flujo migratorio consecuencia
de conflictos bélicos, crisis económicas, hambrunas extremas… A mi juicio la aceptación de emigrantes es
un deber ético que nos corresponde a los países económicamente mejor posicionados.
La mayor parte de los inmigrantes que llegan a nuestras fronteras procedentes de países que se
encuentran en estas circunstancias lo hacen de forma ilegal, suscitando debates sobre su acogida y las
condiciones en que se debería hacer. Gran parte de la población defiende que la acogida es un derecho que
todos deberían tener, y más al haber sufrido situaciones de pobreza, hambre y falta de dinero como
consecuencia de guerras u otros conflictos. Sin embargo, otros sectores de la población defienden la
supremacía de los habitantes nacidos en cierto territorio, esquematizando a los inmigrantes como
usurpadores de oportunidades laborales, de dinero o mismo de cuestiones religiosas.
En mi opinión, la acogida de personas que deben emigrar para asentar su vida a causa de todos los
impedimentos que no se lo permitían hacer en sus territorios de origen, me parece un deber o incluso una
férrea obligación. Esto es debido a que todos los individuos cuentan para mí con los mismos derechos y la
misma importancia a nivel social. Por lo tanto, no llego a comprender cómo hay quien no acepta la presencia
de inmigrantes en sus territorios, sabiendo que esta se puede realizar de forma pacífica, contribuyendo a la
sociedad y no empeorándola.
Personalmente creo que uno de los problemas más graves que definen esta situación es la falta de
visibilidad hacia los inmigrantes que aportan en gran medida a la comunidad donde viven, pues
normalmente, estas personas se ven sustituidas en los medios por aquellas que escandalizan con sus
acciones inmorales y su falta de valores. Es por esto que considero que muchos rechazan la idea de la
inmigración por confundirla con la que se populariza mediáticamente.
En conclusión, pienso que la inmigración siempre es positiva por apoyar la diversidad cultural y por
unir a personas de orígenes muy distintos. Esto siempre y cuando se termine por vivir legalmente y se
contribuya, como apunta el autor del texto, a la mejora de la comunidad de acogida.

2. COMENTARIO CRÍTICO DEL ALUMNO


El escritor de este artículo reflexiona en estas líneas acerca de la acogida de inmigrantes en los
países europeos, tema causante de diversos puntos de vista, desde la moralidad y la ética, a la espera de
un beneficio a cambio, asentando como solución la contribución positiva a la sociedad. Resulta sencillo
comprender la visión del autor, pues los ciudadanos de países de la UE tendrían que contribuir a la vida en
comunidad dejando a un lado los prejuicios sobre su procedencia.
En primer lugar, los refugiados son personas que por la situación de su país , normalmente en guerra
como la de Siria, se ven obligados a abandonar lo que hasta entonces era su casa. Estas personas van en
busca de una vida mejor que en su país resultaría imposible. Ellos no lo han elegido y se encuentran en una
posición desfavorecida. En una situación así, buscan la indulgencia y apoyo de países en mejores
condiciones y es un acto de egoísmo y crueldad cerrarles el paso.
Por otra parte, en busca de la supervivencia, hay inmigrantes que se embarcan en pateras, todo con
el fin de conseguir salvar a sus familias y a ellos mismos, alentados unas veces por la esperanza y otras por
falsas promesas ¿Y qué hace España en el caso de que logren llegar con vida? Los devuelve a su país
firmando así, a veces, su sentencia de muerte. Cabe decir que hay casos en que no son deportados pero
aquí son las mafias las que intervienen en la cuestión.
Lo peor de todo no es que los gobiernos actúen de esa forma mezquina, sino que los ciudadanos
apoyen estas medidas y estén en contra de refugiados, inmigrantes y todo el que no pertenezca a su país.
Esto se debe al espíritu de competitividad que, en nuestras sociedades, se inculca desde la infancia. Nadie
se para a ayudar al otro y se ve la ayuda ajena como una amenaza ante su propia situación , de ahí
conocidos comentarios como “los extranjeros nos quitan el trabajo”.
En conclusión, los refugiados se encuentran en circunstancias críticas de mucho sufrimiento y resulta
vergonzoso que en vez de tenderles la mano se les considere una amenaza o un incordio cuando pueden
aportar lo mismo que cualquier habitante nativo del propio país.

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