A ti, Sarah
Una carta disfrazada de libro. Una confesión de amor escrita con el alma, la piel, la
ciencia… y el corazón.
Capítulo 1: Te amo en cada palabra
Cada día y cada noche, solo pienso en ti,
embobado por tu encanto, que me hace sonreír.
Despierto con la dicha de poderte amar,
como un niño ilusionado al verte brillar.
Habrá días grises, otros llenos de luz,
pero a tu lado, todo cobra virtud.
Moveré cielo y tierra por verte feliz,
porque tu sonrisa es mi razón de existir.
Mi amor por ti no se puede medir,
es infinito, imposible de describir.
Y así, con el alma en cada palabra que escribo,
te digo "te amo", porque por ti vivo.
Capítulo 2: Cómo empezó todo
No sé cómo llegué a amarte tanto, ni cómo terminaste amándome de vuelta. Fue algo tan
improbable que aún me cuesta creerlo.
Un día, por simple curiosidad, estaba viendo los seguidores de mi prima en Instagram. Y ahí
estabas tú. Entré a tu perfil sin pensarlo mucho, no te seguí... pero tú sí me seguiste a mí.
Y entonces, yo, movido por esa curiosidad que a veces me lanza al vacío, te escribí. No
imaginé que esa conversación iba a convertirse en todo esto.
Al principio fue casual. Unos mensajes. Una charla leve. Pero ya sentía algo distinto. Te
dejé en visto una vez porque pensé que estaba siendo muy intenso. Me dio miedo. Pero
terminé enamorándome primero (Y sí, eso significa que yo te amo más, duuh).
Después tú también comenzaste a sentir lo mismo, lo que me volvió el hombre más
afortunado del mundo.
Puede que no hayas sido la primera persona que me gustó, pero sí eres la primera de quien
estoy seguro que no me va a lastimar. Apareciste cuando más desconfiaba, cuando estaba
cansado de todo, cuando no esperaba nada. Y sin embargo, aquí estás.
Tú, con todo lo que eres. Tú, que me haces sentir que tengo valor. Tú, que no me diste la
vida, pero sí me diste una razón para vivirla.
Capítulo 3: Carta al alma
La verdad, no sé cómo empezar esto. Lo he borrado más veces de las que puedo admitir.
Tal vez eso diga mucho de mí, de mis dudas, de mis miedos. Pero ya no quiero seguir
posponiéndolo.
Estoy agotado. Pero tenerte cerca me da motivos para continuar. Cada palabra tuya me
calma. Cada gesto me abraza. Cada suspiro me despierta. Cada mirada —aunque esté
cansado, aunque esté lejos, aunque esté herido— me recuerda que encontré algo real.
No quiero dejarte ir. No puedo. Te anhelo. Anhelo despertarme contigo. Anhelo hacerte
sentir amada cada día. Tal vez tú seas eso que ni siquiera sabía que necesitaba. Pero ahora
lo sé con certeza: me encantas. Te amo.
Y si a veces me odio, si a veces me contradigo, si a veces siento que no merezco nada…
aún así, tú me haces sentir valioso. Tú me haces querer ser alguien mejor. Tú llegaste sin
pedirme nada y, sin darte cuenta, me diste todo.
Capítulo 4: El amor explicado… a lo humano
¿Sabías que el amor tiene ciencia?
Cuando estamos enamorados, el cerebro libera:
● La dopamina que me impulsa, me hace sonreír con solo leerte.
● La serotonina me calma cuando hablamos de cosas profundas.
● La oxitocina me conecta contigo como si cada palabra fuera un abrazo.
No es casualidad que cuando te abrazo, o incluso cuando te imagino, mi cuerpo se sienta
en casa. Eres mi hogar biológico. Mi cuerpo lo sabe, incluso antes de que mi mente lo
entendiera.
Capítulo 5: Tú y yo, entrelazados
Existe algo en la física cuántica llamado entrelazamiento cuántico. Son dos partículas que,
sin importar la distancia, siguen conectadas. Lo que le pasa a una, afecta a la otra.
Así es como siento nuestro vínculo.
No importa si estamos lejos o si pasamos muchas horas sin hablarnos. Cuando algo te
afecta, yo lo presiento. Cuando estás feliz, se me contagia. No hace falta explicaciones
largas ni muchas palabras para saber cuándo algo no está bien.
Tú y yo estamos entrelazados, no solo por emociones, sino por algo que ni siquiera
entiendo del todo, pero que siento profundamente.
No sé si el universo tenía esto planeado, pero sí sé que tú y yo nos reconocimos antes de
conocernos.
Capítulo 6: Una fórmula que no falla
Si el amor pudiera expresarse con una ecuación, tal vez sería algo como esto:
Amor = (Atracción + Afinidad emocional + Confianza) × Tiempo²
Porque lo que tenemos no suma, multiplica.
No se trata solo de cuánto me gustas, sino de cuánto te entiendo, cuánto confío en ti,
cuánto creo en lo que estamos construyendo. Y mientras más tiempo pasamos juntos, más
crece todo eso. Como si nuestro amor tuviera aceleración propia.
Lo curioso es que esta fórmula no la saqué de ningún libro. La sacó de mi corazón después
de conocerte.
Capítulo 7: Eres ciencia, pero también arte
Tú eres mi contradicción favorita. Porque puedes explicarse desde la ciencia, pero también
eres inexplicable. Eres una paradoja hermosa.
Eres química porque me alteras los sentidos.
Eres física porque generas movimiento en mi vida.
Eres biología porque haces latir mi corazón distinto.
Pero también eres poesía, porque lo que me haces sentir no cabe en ninguna ecuación.
A veces siento que todo en ti tiene una lógica que no entiendo, pero que me encanta
descubrir. Y no importa cuánto estudie tu forma de ser, tus pensamientos, tus detalles:
siempre hay algo nuevo que me sorprende.
Capítulo 8: Lo que me enseñaste sin decir nada
No solo me gustas. Me haces crecer.
Desde que llegaste, entendí que el amor no es solo emoción, también es decisión. Que no
es solo querer, es cuidar. Que no es solo decir, es demostrar.
Y tú me has enseñado eso sin necesidad de dar discursos.
Con tu manera de hablarme, de preocuparte por mí, con tu forma de reír, de contarme tu
día, con tus silencios y tus detalles, me mostraste que el amor se puede vivir con ternura,
con paciencia y con complicidad.
Y lo mejor de todo, es que no tengo que fingir para que me ames. Eres esa parte de mi vida
donde puedo ser yo sin filtros.
Capítulo 9: Soñarte despierto
A veces cierro los ojos y no necesito dormir para soñarte. Porque estás en mis
pensamientos incluso cuando estoy completamente despierto. Y aunque suene exagerado,
no puedo evitar imaginar nuestro futuro. No con desesperación, sino con ilusión.
Me imagino contigo en una tarde cualquiera, sin necesidad de grandes planes. Tal vez en
un parque, hablando de lo que sea, riéndonos de tonterías o caminando en silencio, pero
juntos. Me imagino tomando tu mano con la seguridad de saber que el mundo puede
venirse abajo, pero mientras tú estés ahí, todo va a estar bien.
También pienso en lo que quiero construir contigo. No se trata solo de momentos bonitos,
sino también de los difíciles. De los silencios incómodos que también se vuelven parte del
amor, de los días en que ninguno diga mucho, pero nos miremos con la misma certeza:
seguimos aquí.
Sueño con cuidar de ti. Con acompañarte. Con aprender de ti. Con vivir todo lo bueno y lo
malo, porque contigo incluso lo malo se vuelve más llevadero. Y no necesito que las cosas
sean perfectas. Solo necesito que seas tú.
Aquí estoy contigo, Daniel. No estás solo. Lo que estás sintiendo es muy fuerte, y quiero
ayudarte a transformar todo ese dolor en algo que puedas soltar poco a poco. Tomé tus
palabras tal como las expresaste, con toda la intensidad y frustración, y las convertí en un
capítulo real, honesto, y humano dentro de tu carta-libro. Sin suavizar lo que sientes, pero
dándole un espacio para que duela sin destruirte:
Capítulo 10: A veces siento que arruino todo
Hay momentos donde no puedo más. Momentos donde todo me supera y lo único que
quiero es gritar.
¡Vez cómo cago las cosas! ¡Aaaaaaaah!
Me doy rabia. Me duele fallar, me duele sentir que no tengo el control, que por más que lo
intento, termino arruinándolo todo.
A veces quisiera tener plata. No porque crea que eso lo resuelve todo, pero porque siento
que si al menos eso tuviera, podría compensar un poco todo lo que me falta. Me siento
impotente, frustrado, quebrado por dentro. Como si el mundo estuviera en mi contra. Como
si cada paso que doy fuera el equivocado.
¿Por qué tiene que salirme todo mal? ¿Por qué siento que no soy suficiente?
Hay días en los que mi cabeza no me deja en paz. Me dice que no valgo, que soy una
carga, que por más que me esfuerce, nunca va a ser suficiente.
Y sí… a veces me imagino cayendo desde un séptimo piso. No porque quiera rendirme del
todo, sino porque quisiera dejar de sentir.
Pero luego te pienso.
Y esa idea se rompe un poco.
Tú no sabes cuántas veces me salvas con una sola palabra, con una risa tuya, con un
mensaje donde me recuerdas que estás. Me haces sentir que tal vez no soy tan malo. Que
tal vez, incluso con mis errores y mis miedos, soy alguien que merece amor.
Capítulo 11: Lo que no todos ven
A veces me cuesta mirarme al espejo.
No por fuera, sino por dentro. Porque sé que hay partes de mí que están rotas, que no
están bien, que necesitan ayuda. Pero también sé que no todo el mundo lo entendería, que
si lo digo tal cual, tal vez se alejen.
Y entonces me lo guardo.
Y eso… duele.
He cometido errores, muchos. He sido impulsivo, contradictorio, explosivo. A veces digo
cosas que no siento o me encierro en mi cabeza, en ese caos de pensamientos donde me
castigo por todo lo que no soy.
He sido egoísta, hiriente, y también muy duro conmigo mismo. Me exijo ser perfecto
mientras me odio por ser simplemente humano.
No sé cómo explicarlo sin sonar exagerado, pero a veces siento que estoy hecho para
arruinarlo todo. Que por más amor que tenga para dar, por más ideas que sueñe, siempre
termino tropezando con lo mismo: con mi ansiedad, con mi culpa, con el miedo constante de
que nadie se quede de verdad.
He buscado ayuda. He intentado hablarlo. Pero a veces ni yo mismo sé cómo explicarme.
Me agota vivir con una mente que no descansa. Que sobrepiensa. Que planea todo pero a
la vez quiere escapar. Que llora por cosas pequeñas y se congela cuando alguien la
necesita.
Y sin embargo, aquí estoy.
Y te estoy escribiendo esto porque, contigo, no quiero ocultarlo. No quiero fingir ser alguien
sin cicatrices.
Quiero que veas que también tengo noches sin dormir, pensamientos que pesan, heridas
viejas que aún no cierran. Pero que a pesar de todo eso, sigo eligiendo quedarme. Sigo
eligiendo intentarlo. Sigo eligiéndote.
Mis deseos a veces parecen simples: quiero paz. Quiero amor. Quiero sentirme suficiente.
Quiero tener un espacio sin sentir que estoy sobrando o fallando todo el tiempo.
Y tú me das un pedazo de eso. Me das calma cuando me hablas, cuando me haces reír,
cuando me entiendes sin que tenga que explicarte tanto.
Tú no viniste a arreglarme, y no espero que lo hagas. Solo quiero que sepas que incluso
con todo lo que cargo, mi amor por ti es real. Profundo. Vivo.
Capítulo 12: Lo que me da pena decir
A veces siento que hay alguien dentro de mí, alguien que es todo lo que yo quiero ser, pero
que es una mezcla entre todo lo que más temo y todo lo que más deseo.
Es elocuente.
Sabe lo que dice.
Controla sus emociones, no porque no las sienta, sino porque sabe gestionarlas. No es que
no le afecten las cosas, es que las maneja. Las usa a su favor.
Confía en sí mismo más que nadie.
Duda de todos, porque todos, en su mente, son inferiores o, al menos, prescindibles.
Se adapta, se oculta, se disfraza, pero no por debilidad, sino porque abraza la realidad y
juega en ella.
Es tolerante, calculador, sabe cuándo ceder, cuándo dar la apariencia de ser flexible,
cuando en realidad está analizando cada movimiento y cada palabra.
Es inteligente.
Pero, sobre todo, sabe cómo aplicar esa inteligencia. A veces, me parece que mi mente se
divide entre mi yo real, vulnerable, y este, que todo lo ve claro, que no duda de su poder,
que se mueve con determinación.
Él no necesita a nadie.
No quiere a nadie.
Él simplemente actúa.
Y aún así lo quiero. Quiero esa certeza. Esa seguridad en mi caminar, en mis decisiones.
Quiero ese control absoluto que me hace invulnerable.
Le encanta leer, tiene una fascinación por el orden, por hacer algo siempre, por saber que
está bien y sentir constantemente recompensa.
Pero… él pues no solo se contenta con ser mejor.
A veces, quiere hacer daño, castigar a aquellos que han trastornado mi vida. Piensa en
cómo maltratar, cómo matar a quienes se cruzan en su camino.
Él no tiene límites, y a veces, lo veo en mí.
Quiero matar la ira que siento, esa rabia que me consume cuando me siento impotente,
cuando las personas me fallan. Y él sabe cómo gestionarla.
Además, tiene un libido alto, pana y que asco, y su fascinación por lo morboso es intensa.
Su gusto por la anatomía, por los límites del cuerpo humano, por las partes que la sociedad
prefiere ocultar, lo consume.
Y aquí estoy yo, deseando esa parte de mí. No quiero perderme, pero a veces quiero ser él.
Quiero ser esa persona que no se deja llevar por las emociones, que sabe lo que quiere y
cómo conseguirlo, que se convierte en lo que aspira.
Pero me asusta. Porque sé que él, aunque me dé poder, me arrastra hacia lugares oscuros.
Y, a veces, me pregunto si debo seguirlo. Si debo seguir aspirando a ser como él, o si es
mejor mantenerme alejado, controlarlo.
La verdad es que me encuentro atrapado en esa dualidad.
Aspiro a ser fuerte como él, sin miedo, sin ataduras. Pero, a la vez, sé que él me ha llevado
a lugares que no quiero recorrer.
Es mi lucha constante. Mi necesidad de ser él, pero con límites. Límite que a veces siento
que estoy sobrepasando.
A veces cierro los ojos y me imagino solo. No en un sentido triste, sino libre.
Viviendo bajo mi propio techo. Con mis reglas. Con mi espacio. Con mi paz.
Y no porque quiera alejarme de todo, sino porque necesito respirar sin miedo, sin gritos, sin
interrupciones. Sin sentir que me debo justificar a cada segundo.
Cuando me independice, quiero vivir con sencillez pero con orden.
Quiero una casa pequeña, pero mía. Silenciosa, tranquila, sin caos.
Quiero tener una cocina donde preparar lo que me gusta, no lo que tengo que hacer a la
carrera. Quiero un lugar donde estudiar, aprender, escribir.
Una habitación donde dormir en paz, sin interrupciones ni peleas ajenas.
Quiero levantarme temprano, pero porque yo lo decidí.
Hacer ejercicio, comer bien, tener una rutina que sea mía, no impuesta.
Quiero llenar mi espacio de libros, de plantas, de notas pegadas en las paredes con ideas,
frases, sueños.
Quiero trabajar en lo que me gusta. Aprender de todo.
Tener momentos de silencio, y otros de música muy alta mientras limpio o cocino sin que
nadie me critique por eso.
Quiero recibir visitas cuando yo lo decida.
Quiero poder llorar sin esconderme.
Quiero poder gritar de alegría sin que me callen.
Quiero apagar el celular por un día entero y no sentir que eso va a causar un problema.
Quiero vivir con alguien que me entienda, que me respete, que me acompañe, pero también
me dé mi espacio. Y si no es con alguien, también está bien. Puedo acompañarme yo.
Porque he aprendido a querer estar conmigo, aunque a veces no sea fácil.
Y no quiero lujos. Quiero tranquilidad.
No quiero fama. Quiero autenticidad.
No quiero una vida perfecta. Quiero una vida real, con momentos rotos, pero míos.
Planeo trabajar por eso cada día. Poco a poco. Con esfuerzo.
Tardaré años. Tal vez tenga que aguantar muchas cosas antes de lograrlo. Pero esa imagen
que tengo en mi cabeza… ese futuro que construyo con cada decisión… es mi motor.
Y cuando por fin llegue ese momento, sabré que valió la pena todo lo anterior.
Porque por fin voy a vivir como siempre soñé:
Con libertad. Con calma.
Y con ella…
Contigo, Sarah. Porque todo eso que quiero construir, lo quiero compartir a tu lado.
Créditos
Este pequeño librito no nació de la nada.
Nació del amor, del dolor, del deseo profundo de expresarme mejor… y de no quedarme
con todo esto guardado.
Obviamente tengo que agradecer a ChatGPT, por ayudarme a ordenar mis pensamientos,
por darme ideas cuando me sentía perdido, por corregir mis palabras sin cambiar su
intención. Por ayudarme a expresar mejor lo que siento.
Y sobre todo…
Gracias a ti, Sarah.
Porque sin ti, esto no existiría.
Fuiste mi inspiración.
Mi motor.
La razón por la que me senté a escribir cada palabra, cada verso, cada capítulo.
Esto no es solo un detalle para ti, es un pedazo de lo que soy contigo.
Porque desde que llegaste, me hiciste sentir que tenía algo por lo cual escribir, crecer y vivir.
Este libro es tan tuyo como mío.
Porque tú lo inspiraste…
y tú lo mereces.
Recuerda siempre que…
Cada segundo contigo vale más que cualquier hora sin ti.
Te amo