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Definición y Enfoques de ESI

La Educación Sexual Integral (ESI) se define como un enfoque educativo que abarca aspectos biológicos, psicológicos, sociales y éticos, promoviendo el respeto, la igualdad y el conocimiento sobre la sexualidad. El documento también critica enfoques tradicionales y biomédicos que limitan la sexualidad a la genitalidad y la prevención de riesgos, abogando por una ESI que fomente la promoción de derechos y la reflexión sobre la diversidad. Además, se destacan enfoques como el de género y el judicializante que buscan abordar la sexualidad desde una perspectiva de derechos humanos y equidad.
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Definición y Enfoques de ESI

La Educación Sexual Integral (ESI) se define como un enfoque educativo que abarca aspectos biológicos, psicológicos, sociales y éticos, promoviendo el respeto, la igualdad y el conocimiento sobre la sexualidad. El documento también critica enfoques tradicionales y biomédicos que limitan la sexualidad a la genitalidad y la prevención de riesgos, abogando por una ESI que fomente la promoción de derechos y la reflexión sobre la diversidad. Además, se destacan enfoques como el de género y el judicializante que buscan abordar la sexualidad desde una perspectiva de derechos humanos y equidad.
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ESI- DEFINICIONES
Autor: Lic. Matin Toconas
Año : 2022
Educación Sexual Integral La Ley N.º 26.150/06 define a la Educación Sexual Integral como aquella que articula
aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos.
En este sentido, se puede comprender a la ESI como un espacio sistemático de enseñanza y aprendizaje que
articula contenidos de diversas áreas curriculares con los lineamientos de la ESI, adecuados a las 12 edades de los
educandos, y abordados de manera transversal y/o en espacios específicos.
Incluye el desarrollo de saberes y habilidades para el conocimiento y el cuidado del propio cuerpo; la valoración
de las emociones y de los sentimientos en las relaciones interpersonales; el fomento de valores y actitudes
relacionados con el amor, la solidaridad, el respeto por la vida, la integridad y las diferencias entre las personas; y
el ejercicio de los derechos relacionados con la sexualidad (Ministerio de Educación de la Nación, 2018).
Los lineamientos curriculares para la ESI aprobados por el Consejo Federal de Educación, mediante la Resolución
N.º 45/08, constituyen contenidos básicos comunes obligatorios para todos los niveles y modalidades del sistema
educativo (Ministerio de Educación de la Nación, 2008).
En relación con lo anterior, la Ley 26.150 indica que cada comunidad educativa debe incluir en el proceso de
elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de los lineamientos curriculares a su realidad sociocultural,
en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros (Ley 26.150/06).
Por otra parte, el Programa de ESI comprende los siguientes objetivos:
a) Incorporar la ESI dentro de las propuestas educativas orientadas a la formación armónica, equilibrada y
permanente de las personas;
b) Asegurar la transmisión de conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados sobre los distintos
aspectos involucrados en la ESI;
c) Promover actitudes responsables ante la sexualidad; d) Prevenir los problemas relacionados con la salud en
general y la salud sexual y reproductiva en particular; e) Procurar igualdad de trato y oportunidades para varones
y mujeres (Ley 26.150/06).
SOBRE ENFOQUES en ESI
A. Enfoques tradicionales/opuestos al enfoque de la ESI
B. A.1. Enfoque moralista
El enfoque educativo tradicional-moralista, supone que la sexualidad se reduce al coito heterosexual; y se centra
en “lo que debe ser” y “lo que no debe ser”, “lo que está bien” y “lo que está mal”, de acuerdo con prescripciones
morales ya definidas y consideradas universales. Su supuesto pedagógico es que se debe intervenir sobre la razón
y la moral de las/os niñas/os y jóvenes, que debe ser conducida porque se la considera carente y desorientada, o
abrumada por los sentimientos y las “hormonas”. Se les “muestra” lo que es correcto, para que lo realicen, lo
imiten y hagan. Es una pedagogía mecanicista: enseñar el ejemplo, aprenderlo y llevarlo a la práctica. La
abstinencia, en este enfoque, es enseñada como modelo a ser seguido, escondiendo el concepto de sexualidad
sobre el que descansa: la sexualidad como genitalidad, ya que sobre ella descansa su mayor preocupación.
Considera que “lo que debe ser” se expresaría en un “orden natural” que es pensado como algo opuesto y/o
superior a la vida social, y por eso se termina hablando de “anormales” o “no natural”, conceptos que se aplican
desde este enfoque a algunas personas y a algunas prácticas. Por ejemplo, la idea de que la homosexualidad
corrompe el orden natural, o que la masturbación (el “onanismo” como se lo denominaba) constituye una
aberración, estuvieron o están muy presentes en espacios familiares y escolares. Esta perspectiva moralista se ha
plasmado de diversas maneras en nuestra escuela: en materias/disciplinas religiosas o en otras vinculadas a la
“Moral” y “Ética” aunque debemos decir que la permanencia de esta concepción de la sexualidad se ha dado en
lo más cotidiano de la vida escolar: actos, discursos, diálogos entre docentes y estudiantes de diversas disciplinas,
así como en las respuestas que docentes y directivos damos frente a emergentes, o en función de la “prevención”
de lo que se construye como “problemas juveniles”. Si pensamos la vida cotidiana de la escuela desde esta
perspectiva, veremos que no contempla espacios para escuchar realidades diversas, para abrir el diálogo genuino
y para promover la diferencia y la igualdad de oportunidades para todas y todos. Pensemos (o recordemos de
nuestra experiencia escolar, de nuestras/os compañeras/os) cómo se siente una niña, niño o adolescente cuando
se le dice que lo que siente o experimenta, es antinatural, es anormal o es incorrecto... Como veremos, es un
enfoque muy distinto al que propone la ESI.
A.2 Enfoques biomédicos
Otro enfoque, que ha estado o está presente en nuestras escuelas, es el médico-biologicista: su principal supuesto
pasa por entender la sexualidad sólo desde el punto de vista reproductivo. Diferenciamos aquí el modelo
biologicista, presente en muchos programas de educación en la sexualidad, cuyo énfasis es el estudio de la
anatomía de la reproducción. La sexualidad termina siendo así genitalidad. En este esquema donde los genitales
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se explican solamente desde su función de complemento en la reproducción, quedan por fuera de la definición de
“sexualidad” una multiplicidad de elementos o prácticas vinculados con el disfrute del cuerpo. Por ejemplo, en las
láminas del llamado “aparato reproductor femenino” suele estar omitido el clítoris ya que no tiene una vinculación
necesaria con la reproducción; o bien, la presentación complementaria de los aparatos femenino y masculino está
dirigida a representar al encuentro heterosexual como el único válido. Suelen trabajarse estos contenidos desde
la asignatura de Ciencias Naturales en primaria y de Biología en secundaria. Las emociones, el deseo y los vínculos
- entre otros aspectos – no aparecen como relevantes desde este enfoque. En la práctica, este modelo biologicista
se complementa con una perspectiva “médica”, conformándose entre ambos, un enfoque biomédico, que
adquiere una gran presencia en los programas educativos a partir de la pandemia del HIV-SIDA y/o de la creciente
visibilización en las escuelas del embarazo en la adolescencia. Este modelo pone en foco en los “efectos” no
deseados de la sexualidad, en las amenazas de las enfermedades que pueden contraerse debido a un incorrecto
cuidado en las relaciones genitales. Mientras que el enfoque biologicista hace hincapié en la anatomía de la
reproducción, este modelo pone el énfasis en las “amenazas” y “riesgos” que se corren por perseguir una vida
sexual y genital placentera. Una escena que representa este modelo es la que muestra a adolescentes en un aula
que son obligadas/os a ver fotos de pacientes con una sífilis avanzada y sin tratar, causando impresión, un poco
de pánico también, o risas, que no suelen ser problematizadas. El objetivo es mostrar el peligro para que las/os
adolescentes “reaccionen” y “no caigan en eso”. A su vez la palabra del médico/a, enfermera/o, psicóloga/o, en
talleres o charlas especiales, aparece como la única autorizada para hablar de los temas vinculados con la
sexualidad. Las alumnas y los alumnos aparecen como la “población cautiva” a la que se le indican y ordenan
medidas sobre cómo evitar enfermarse, sobrevalorando el saber médico sobre otras dimensiones sociales,
afectivas, culturales y éticas. Este enfoque, tan común en las escuelas, es poco adecuado porque entre otras cosas,
el saber de las/los docentes se ve desvalorizado frente al saber médico, a la vez que se des-responsabiliza a la
escuela de su tarea educadora.
Este modelo se opone al postulado de que las/os niñas/os y adolescentes son ciudadanos en la escuela, mucho
más que un grupo al que se le “enseña” lo que hay que hacer para cuidarse, o se lo asusta a través de una
pedagogía del miedo y el impacto. Así, la sexualidad es algo que hay que prevenir. Si la sexualidad sólo tiene que
ver con los riesgos, no hay lugar –desde este enfoquepara vincular la educación y la sexualidad con las emociones,
el disfrute, la experiencia corporal más allá de la enfermedad, los “efectos” deseados o deseables que una
sexualidad rica y sana podría aportar al proceso de subjetivación humana. Vale mencionar que durante muchas
décadas en la Argentina, el vacío normativo habilitó a las escuelas a recurrir al mercado para validar el
conocimiento sobre “la sexualidad”, como es el caso de empresas de productos de salud y belleza corporal, que
traían sus propios especialistas para hablar del desarrollo y de la anticoncepción. Al final del encuentro se solían
obsequiar productos de higiene menstrual a las mujeres, principales destinatarias de lo que podemos llamar una
astuta campaña publicitaria. La sexualidad aparece así ligada a la menstruación y al ciclo reproductivo, desde una
concepción higienista.
Cuando pensamos en prevención… ¿Qué prevenimos? ¿Algo considerado positivo o algo considerado negativo?
Los enfoques basados en la “prevención” son necesarios, porque efectivamente no queremos que las y los
adolescentes se enfermen de sífilis, o contraigan VIH, por ejemplo. Y para ello les enseñamos cómo usar el
preservativo, como un método efectivo de prevención (tal como lo plantea la misma ESI). Es legítimo sostener esa
visión, pero puede ser igualmente frustrante: podemos realizar acciones de educación sexual (no integral) en la
escuela, enseñarles que deben usar preservativos, y aun así no solucionar ese “problema” (el del contagio, el del
“embarazo adolescente”, etc.). Hemos sido estudiantes, y sabemos que no porque un profesor nos diga algo, lo
haremos directamente, como si sólo cumpliéramos indicaciones. Nuestras/os alumnas/os no son robots. Por eso
decimos que la ESI implica un abordaje integral, que va más allá de la prevención para adoptar un sentido de
promoción. Por ejemplo: trabajar en un grupo, sobre el modo que tienen algunos adolescentes de construir su
“masculinidad” (“ser hombre”, “ser macho”) a partir de someter o maltratar a las jóvenes es el desafío que
estamos planteando o por ejemplo y en sintonía a lo anteriormente dicho, lo que sienten algunas adolescentes
frente a la situación donde el varón se reúsa a utilizar preservativo. Desde este sentido de la promoción, es
necesario brindar información correcta, pero también es fundamental darles lugar a las chicas y chicos (y a
nosotras/os!) para reflexionar grupalmente sobre esas situaciones y otras que puedan plantearnos. Como cuando
algunas/os docentes intervienen en situaciones de discriminación porque en un 6° grado a un chico lo dejan afuera
del grupo porque “juega como una nena”. Además de recuperar un proceso de mediación con el grupo de 6to, se
puede reflexionar ¿Por qué jugar de tal o cuál forma es motivo de burla? Lectura sugerida: les proponemos leer el
siguiente documento, que viene del campo de estudios sobre la salud comunitaria, para profundizar la reflexión
sobre las diferencias entre prevención y promoción. Dina Czeresnia: “El concepto de salud y la diferencia entre
prevención y promoción”.
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Enfoques que se aproximan a la propuesta de la ESI


B.1 La sexología Hay un enfoque que hoy tiene bastante visibilidad, sobre todo a partir de la presencia de
algunas/os profesionales en los medios de comunicación, vinculado con el modelo de la sexología, que enfatiza la
necesidad de promover la enseñanza de “buenas prácticas” sexuales, prevenir disfunciones, problematizar
creencias y propiciar la exploración de modos personales o compartidos de conocer y disfrutar de la sexualidad.
Este enfoque concibe a la sexualidad como una construcción que está presente durante toda la vida y tiene que
ver con cómo percibimos nuestro cuerpo sexuado, qué nos sucede en las relaciones sexuales, etc. Es una
propuesta que se acerca al enfoque de la ESI cuando le da importancia a la subjetividad, al disfrute, pero se aleja
de la ESI porque su modo de ver la sexualidad es más bien individual. Las dimensiones colectivas y sociales como:
qué lugar ocupamos en la sociedad, cómo fueron construidos socialmente los sentimientos y las imágenes _sobre
masculinidad y feminidad, qué procesos de demanda de derechos eso genera, etc., no son abordados. Es un
modelo vinculado más a la consulta y la terapia individual, entre sexóloga/o o experta/o y el caso particular, que
al trabajo pedagógico en la escuela.
B.2 Enfoque judicializante Una cuarta tradición que se hace presente en las escuelas y que pone el énfasis en
cuestiones vinculares y éticas, es aquella que encara la educación en la sexualidad desde los sistemas judiciales,
que enfatizan las situaciones de vulneración de derechos de niñas, niños y adolescentes, tales como abusos
sexuales, violación, violencia, maltrato, discriminación, etc., que numerosas/os niñas/os y jóvenes atraviesan
durante su infancia y adolescencia. Es un enfoque que regula la sexualidad desde el derecho, para garantizar el
respeto a lo más íntimo y personal de las niñas, niños y adolescentes, generando mecanismos para protegerlas/os
y al mismo tiempo, valorarlos como sujetos. Desde este punto de vista, se propone la inclusión de una sólida
formación en derechos humanos, la valoración de este enfoque por parte de todos los actores escolares, y la
enseñanza de habilidades relacionadas con el autocuidado y con la posibilidad de identificar acciones abusivas por
parte de las personas adultas en el ámbito familiar e institucional. Es un gran avance que en las aulas comiencen
a escucharse voces que conciben a las/os estudiantes como sujetos de derecho, y que por ende traten de
sensibilizarlas/os sobre las injusticias, así como promover la garantía de sus derechos. Para ello es fundamental,
por ejemplo, que las escuelas establezcan algún tipo de recorrido institucional e interinstitucional (un protocolo)
para la actuación frente a situaciones graves de vulneración de derechos, para lo cual es clave la formación
docente y la información acerca de cómo proceder y con qué otras instituciones o servicios especializados contar.
En algunas instituciones se elaboran listados de recursos “amigables”, centros de salud barriales, líneas de
teléfono gubernamentales, u organismos que puedan actuar frentes a situaciones de abuso o violencias. Pero las
leyes y los derechos legisladPero las leyes y los derechos legislados deben ser abordados en el marco más amplio
de la ESI, que no se agota en la mera enseñanza de las normas sobre protección frente a ciertos peligros, y que
pueden reforzar la judicialización de los vínculos cotidianos y además el temor a una sexualidad concebida como
amenazante. No ha de ser por este costado por donde se comience a plantear la educación sexual si estamos
trabajando con una concepción amplia e integral de la sexualidad. Estar informado es un paso clave y necesario
de toda educación sexual; estas leyes y programas son un enorme aporte en el avance hacia la justicia. Pero la
ciudadanía se genera a partir de relaciones de reconocimiento, de participación sobre los problemas comunes y
no sólo enseñando un listado de derechos.
B.3 Enfoque de género Por último, el denominado enfoque de género sin duda es uno de los que más aportes ha
brindado a la construcción de un abordaje integral de la educación sexual. Constituye una propuesta inspirada en
las demandas de los organismos de derechos humanos y los movimientos de mujeres y de disidencia sexual
(llamadas LGTTBIQ: lesbianas, gays, travesti, transexual, bisexuales, intersexual y queer). Este enfoque busca
develar la trama de relaciones sociales en las que se encuentran inmersos los cuerpos humanos, y visibilizar que
el uso, disfrute y cuidado del mismo (las prácticas en las que los comprometemos) están fuertemente
condicionadas por el sector socioeconómico y educativo de pertenencia, las costumbres y valores del grupo social
que la integran, y particularmente por las relaciones de género. Este enfoque le presta especial atención al trabajo
que podemos realizar en la escuela para desnaturalizar lo que hacemos cotidianamente, particularmente aquellas
acciones que promueven las inequidades y la vulneración de derechos. Reconocer las diferencias (y nombrarlas)
es el paso necesario para darnos cuenta de si esas diferencias (de género) no terminan promoviendo relaciones
desiguales entre mujeres y varones, por ejemplo. Cuando se dice que las niñas deben realizar juegos “suaves”,
con poco contacto físico, porque son “delicadas”, mientras los varones no deberían participar de ellos, porque son
más bien “brutos” y que eso es “natural”, se está reproduciendo un orden de género injusto y desigual. El enfoque
de género nos permite visibilizar esa situación como discriminación, porque las chicas que juegan a “juegos de
varones” (naturalizando que existen juegos diferentes para cada género) tienen el derecho de jugar, de compartir
y divertirse, al igual que los varones... Otros ejemplos: cuando enseñamos asignaturas como historia y
naturalizamos la omisión sistemática de mujeres en la ciencia, la cultura y la política El enfoque de género
constituye una lente crítica para ver y analizar desde una mirada histórico cultural las relaciones sociales, para
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analizar y criticar prejuicios y estereotipos en relación con lo considerado exclusivamente masculino o


exclusivamente femenino. Por eso se acerca a la ESI, porque pedagógicamente considera y valora la experiencia
de cada persona, su capacidad de construir conocimiento crítico, y pone en relación esa experiencia particular con
la sociedad. Volveremos sobre estos conceptos con mayor profundidad en la clase 2. Como ejemplo, veamos la
siguiente lámina didáctica elaborada por el Programa Nacional de ESI para trabajar en el Nivel Primario.
Observemos la cantidad de situaciones que se presentan en el patio de la escuela que nos permitirían trabajar
sobre las relaciones de género, como quiénes juegan al fútbol, quiénes saltan la soga, o qué roles están jugando
niñas y niños en cada situación.
Una cuarta tradición que se hace presente en las escuelas y que pone el énfasis en cuestiones vinculares y éticas,
es aquella que encara la educación en la sexualidad desde los sistemas judiciales, que enfatizan las situaciones de
vulneración de derechos de niñas, niños y adolescentes, tales como abusos sexuales, violación, violencia, maltrato,
discriminación, etc., que numerosas/os niñas/os y jóvenes atraviesan durante su infancia y adolescencia. Es un
enfoque que regula la sexualidad desde el derecho, para garantizar el respeto a lo más íntimo y personal de las
niñas, niños y adolescentes, generando mecanismos para protegerlas/os y al mismo tiempo, valorarlos como
sujetos. Desde este punto de vista, se propone la inclusión de una sólida formación en derechos humanos, la
valoración de este enfoque por parte de todos los actores escolares, y la enseñanza de habilidades relacionadas
con el autocuidado y con la posibilidad de identificar acciones abusivas por parte de las personas adultas en el
ámbito familiar e institucional. Es un gran avance que en las aulas comiencen a escucharse voces que conciben a
las/os estudiantes como sujetos de derecho, y que por ende traten de sensibilizarlas/os sobre las injusticias, así
como promover la garantía de sus derechos. Para ello es fundamental, por ejemplo, que las escuelas establezcan
algún tipo de recorrido institucional e interinstitucional (un protocolo) para la actuación frente a situaciones
graves de vulneración de derechos, para lo cual es clave la formación docente y la información acerca de cómo
proceder y con qué otras instituciones o servicios especializados contar. En algunas instituciones se elaboran
listados de recursos “amigables”, centros de salud barriales, líneas de teléfono gubernamentales, u organismos
que puedan actuar frentes a situaciones de abuso o violencias. Pero las leyes y los derechos legislados deben ser
abordados en el marco más amplio de la ESI, que no se agota en la mera enseñanza de las normas sobre protección
frente a ciertos peligros, y que pueden reforzar la judicialización de los vínculos cotidianos y además el temor a
una sexualidad concebida como amenazante. No ha de ser por este costado por donde se comience a plantear la
educación sexual si estamos trabajando con una concepción amplia e integral de la sexualidad. Estar informado
es un paso clave y necesario de toda educación sexual; estas leyes y programas son un enorme aporte en el avance
hacia la justicia. Pero la ciudadanía se genera a partir de relaciones de reconocimiento, de participación sobre los
problemas comunes y no sólo enseñando un listado de derechos. B.3 Enfoque de género Por último, el
denominado enfoque de género sin duda es uno de los que más aportes ha brindado a la construcción de un
abordaje integral de la educación sexual. Constituye una propuesta inspirada en las demandas de los organismos
de derechos humanos y los movimientos de mujeres y de disidencia sexual (llamadas LGTTBIQ: lesbianas, gays,
travesti, transexual, bisexuales, intersexual y queer). Este enfoque busca develar la trama de relaciones sociales
en las que se encuentran inmersos los cuerpos humanos, y visibilizar que el uso, disfrute y cuidado del mismo (las
prácticas en las que los comprometemos) están fuertemente condicionadas por el sectsocioeconómico y
educativo de pertenencia, las costumbres y valores del grupo social que la integran, y particularmente por las
relaciones de género. Este enfoque le presta especial atención al trabajo que podemos realizar en la escuela para
desnaturalizar lo que hacemos cotidianamente, particularmente aquellas acciones que promueven las
inequidades y la vulneración de derechos. Reconocer las diferencias (y nombrarlas) es el paso necesario para
darnos cuenta de si esas diferencias (de género) no terminan promoviendo relaciones desiguales entre mujeres y
varones, por ejemplo. Cuando se dice que las niñas deben realizar juegos “suaves”, con poco contacto físico,
porque son “delicadas”, mientras los varones no deberían participar de ellos, porque son más bien “brutos” y que
eso es “natural”, se está reproduciendo un orden de género injusto y desigual. El enfoque de género nos permite
visibilizar esa situación como discriminación, porque las chicas que juegan a “juegos de varones” (naturalizando
que existen juegos diferentes para cada género) tienen el derecho de jugar, de compartir y divertirse, al igual que
los varones... Otros ejemplos: cuando enseñamos asignaturas como historia y naturalizamos la omisión
sistemática de mujeres en la ciencia, la cultura y la política El enfoque de género constituye una lente crítica para
ver y analizar desde una mirada histórico cultural las relaciones sociales, para analizar y criticar prejuicios y
estereotipos en relación con lo considerado exclusivamente masculino o exclusivamente femenino. Por eso se
acerca a la ESI, porque pedagógicamente considera y valora la experiencia de cada persona, su capacidad de
construir conocimiento crítico, y pone en relación esa experiencia particular con la sociedad.
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La propuesta de la Educación Sexual Integral:


El enfoque integral de la ESI se basa en 4 FUNDAMENTOS. Son la base desde la cual la ESI fue y es pensada y
promovida en todas las escuelas:
● La promoción de la Salud
● Las personas involucradas como sujetos de derecho
● La atención a lo complejo del hecho educativo
● Finalmente, la integralidad del enfoque de la ESI y sus implicancias
A. La Promoción de la Salud Existen distintas concepciones sobre la salud: ¿es un estado de perfecto equilibrio?
¿Es ausencia de enfermedad? ¿Es una situación individual y personal de cada una/o? La salud es más que eso.
Como veíamos anteriormente en la lectura sugerida, la salud es un proceso que se desarrolla durante toda la vida
de las personas y las comunidades. Es algo que las sociedades generan a través de las condiciones biológicas,
sociales, económicas, culturales, psicológicas, históricas, éticas y espirituales, y que así juntas, influyen en la
posibilidad de estar más sano o más enfermo, en lo que llamamos el proceso (y no “estado”) de Salud-Enfermedad-
Cuidado. Es un concepto que supera a la de idea de la prevención de los riesgos. La Organización Mundial de la
Salud, dice que “promover salud” es un proceso que permite a las personas incrementar el control sobre su salud
y fomentar cambios en el entorno que ayudan a promover y proteger la misma. Buscar soluciones o reclamarlas
a quien corresponda (Programas o políticas que garanticen el acceso a los servicios de salud) para mejorar las
condiciones materiales, institucionales, de acceso a la educación y la cultura, que permitan que las personas se
desarrollen integralmente, en ambientes que tiendan al bienestar, y que contribuyan a la autoestima y a la
autodeterminación de individuos y grupos. De esta manera, la salud es un asunto colectivo y un derecho social. La
ESI se fundamenta en la promoción de la salud porque nos permite pensar a la sexualidad como algo inherente al
ser humano, que va más allá de la enfermedad o la patología, que tiene que ver con cómo generamos mejores
condiciones de vida, ambientes y entornos protectores donde todas y todos nos sintamos valoradas/os y
reconocidas/os por las/os otras/os, contemos con personas y redes sociales a las cuales recurrir y de las que nos
sintamos parte. Y sobre todo, podamos contar con relaciones respetuosas, no violentas ni coercitivas, que nos
hagan crecer como personas y como comunidad. La sexualidad, como la salud, no es algo que “se padece”; sí es
algo que se disfruta, se protege, y se cuida entre todas y todos. Trabajar para que todas las escuelas incorporen la
ESI es un modo de promover la salud. Trabajar para que todas/os las/os chicas/os sean valoradas/os,
respetadas/os y acompañadas/os en su trayectoria social, también es promover la salud de la comunidad.
B. Las personas involucradas como sujeto de derechos La Ley N° 26.150 adopta tanto el enfoque de género como
el enfoque normativo anclado en la perspectiva de los Derechos Humanos, que plantean como horizonte deseable
el ejercicio pleno de los derechos sexuales, y los derechos reproductivos y no reproductivos. Una propuesta de
educación en la sexualidad desde el enfoque de género y derechos humanos no rechaza el estudio de las
dimensiones biomédicas de la sexualidad, y mucho menos pretende eliminar las oportunidades de niñas/os,
jóvenes y adultas/os de cuidar su cuerpo y prevenir efectos no deseados. Sin embargo, su propuesta integral
presenta un marco más amplio, con un sustento legal legitimado por organizaciones civiles y tratados
internacionales, que promueve el respeto por las diversas formas de vivir el propio cuerpo y de construir
relaciones afectivas enmarcándose en el respeto por sí mismo y por las/os demás. Como ya dijimos, la ley nació
en gran medida por la constante participación y compromiso de los colectivos de mujeres y movimientos
feministas, de grupos promotores de salud y de los movimientos LGTB. Y también se funda sobre nuestra
constitución, que a partir de la reforma del ´94, compromete al país a garantizar el cumplimiento de: la Convención
sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés)
sancionada en 1979, y la Convención sobre los Derechos del niño, de 1989. Estos dos tratados son significativos
en tanto visibilizan a las mujeres y a las/os niñas/os y adolescentes como sectores vulnerables, a la vez que los
designa como sujetos de derecho. En el caso de la infancia y la adolescencia, ello quiere decir que ya no son
personas de menor rango, “menores”, que el Estado debe “tutelar” y controlar, sino sujetos cuya voz debe ser
escuchada, buscando siempre “el interés superior” de la/el niña/o, su bienestar y mejores condiciones de
crecimiento y desarrollo. Como todo derecho, “iguala”, es decir, que todas/os las/os niñas y niños y adolescentes
son considerados en pie de igualdad y con el mismo valor, como principio jurídico y de elaboración de otras leyes
y políticas públicas, estableciendo un límite a cualquier tipo de discriminación (por ejemplo por condición socio-
económica, etnia, género, territorio, etc.). El antecedente más directo e influyente de la ESI es mucho más
reciente: se trata de la Ley Nº 25.673 sancionada en 2003 que crea el Programa Nacional de Salud Sexual y
Procreación Responsable. La norma, que representa una conquista fundamental de promotores de salud y los
movimientos de mujeres en materia de derechos sexuales y reproductivos, encomienda la tarea de desarrollar
contenidos y capacitar a las/os docentes para la tarea de informar, dentro de un contexto sanitario, sobre cuidados
integrales para la vida sexual. En la ley de ESI, se establece la igualdad para todas/os las niñas/os y adolescentes,
cuando dice: “Todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos
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educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires y municipal”. La obligatoriedad del derecho de las/os chicas/os nos ubica en un lugar de mucha
responsabilidad, para garantizar un auténtico desarrollo pedagógico de la educación sexual integral.
Además, se da una definición amplia de la sexualidad que abarca diferentes dimensiones y que nos gustaría que
lean completa en el siguiente link: Link de Ley Nacional Nº 26.150
[Link] 22/[Link] C. La especial
atención a la complejidad del hecho educativo Somos muchas y muchos las/os que intervenimos en el proceso
educativo, desde las/os docentes, las/os niñas/os, sus familias, el diario que las familias leen, el sindicato que
reúne a las/os docentes, los libros que están disponibles, los recursos tecnológicos a los que acceden las/os
chicas/os, etc.
Atender a lo complejo del hecho educativo en relación a la ESI implica reconocer la particularidad de la escuela.
No se trata de una acción que realiza la Salita, el Centro de Salud, el Hospital, o una Organización de la Sociedad
Civil. Se trata de una política educativa específica y obligatoria para la escuela, que deben realizar las/os
profesionales de la educación, preparadas/os para la tarea pedagógica. En esa complejidad debemos trabajar todo
el tiempo reconociendo las diferencias (de etnia, clase social, ámbito rural o urbano, creencias particulares, etc.)
que hacen que cada grupo de niños, niñas o jóvenes transite su crecimiento y constituya su experiencia de
maneras muy diferentes. Es la oportunidad que tenemos en el contexto actual de democratización del sistema
educativo, de fortalecer la atención hacia la particularidades y las trayectorias que van a realizar las/os niñas/os y
adolescentes, de hacer que nuestras instituciones y todas/os las/os docentes, tutoras/es, preceptoras/es,
coordinadoras/es, directivas/os, administrativas/os, atiendan a la necesidad de afrontar el desafío de la inclusión
como un mandato ético y político.
Para ello consideramos elementos tales como la gradualidad, que respeta los tiempos y las etapas de las chicas y
los chicos, así como la progresión de un proceso de enseñanza y un proceso de aprendizaje; ello se vincula con
todo lo que tiene que ver con la programación de la enseñanza (cómo seleccionamos y vinculamos contenidos a
trabajar en cada momento, las prescripciones curriculares establecidas y los lineamientos generales que orientan
y modelan nuestra práctica; etc.), siempre atenta a la diversidad (cultural, sexual, étnica, etc.) presente en todo
grupo social, que debe ser retomada como contexto y contenido en la enseñanza, con la particularidad de las
historias y trayectorias de cada una/o de nuestras/os alumnas/os.
La complejidad también viene dada por el supuesto pedagógico y político del cual partimos. Un sujeto de
aprendizaje que se desprende de la concepción integral de la sexualidad: A diferencia de la transmisión de
conocimientos en materias como Historia o Geografía, la educación en sexualidad parte del reconocimiento del
sujeto, de su cuerpo y de sus sentimientos como base del trabajo pedagógico. Considera que el cuerpo es mucho
más que una máquina que contiene nuestra razón, que el cuerpo nutre nuestra experiencia cotidiana, es un
espacio de experiencia y de expresión de nuestros sentimientos y emociones, es también una fuente de
sensaciones muy distintas entre sí -que van del dolor al placer- pero que son, todas ellas, importantes en la
construcción de nuestra subjetividad y de nuestra ciudadanía, en la medida que podamos comprenderlas. Educar
en sexualidad es, por tanto, una forma de apreciar que la vida sucede en un cuerpo y que, como seres humanos,
podemos también entender, analizar y cuidar lo que sucede con nuestros cuerpos, como parte del desarrollo
integral de nuestra ciudadanía y nuestras relaciones.
De tal modo, educar en sexualidad implica tanto ofrecer conocimientos para la prevención de embarazos no
deseados e infecciones de transmisión sexual, como formar en valores, sentimientos y actitudes positivas frente
a la sexualidad. Una formación así concebida deberá incluir entre sus objetivos ofrecer información adecuada y
veraz sobre aspectos vitales de la sexualidad, como forma de relación entre las personas, así como también
orientar hacia el acceso a los recursos de salud pública que permitan vivir la sexualidad de forma responsable,
plena y segura. (Faur, E. “La educación en sexualidad”. En El Monitor de la Educación. N° 11, 5° época, marza/obril
2007, pp. 26-29. Disponible en: [Link]
5_La_educaci%F3n_en_sexualidad._Eleonor_Faur.pdf )
El enfoque integral de la educación sexual La Ley 26.150, en su artículo primero, establece: “A los efectos de esta
ley, entiéndase como educación sexual integral la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos
y éticos”. Queda planteado entonces que la sexualidad es mucho más que “el aparato reproductor” y que “integra”
otras dimensiones que constituyen la subjetividad sexuada. Por ello, cuando hablamos de sexualidad nos
referimos a: la identidad, la diversidad, la dignidad de los seres humanos, consideradas en la particularidad y
singularidad de cada sujeto y de cada momento histórico y contexto social; las emociones y sentimientos
presentes en los modos de vivir, cuidar, disfrutar, vincularse con una/o misma/o y con la/el otra/o y respetar el
propio cuerpo y el cuerpo de otras personas a lo largo de toda la vida; el conocimiento y la percepción que tenemos
sobre nuestros cuerpos socialmente construidos; la capacidad que desarrollamos de decir que sí y que no frente
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a determinadas situaciones (nuestra autonomía…), los modos en que construimos con otras/os las relaciones
afectivas, nuestras fantasías y deseos. Todo ello hace una sexualidad integral.

Con todos estos elementos podemos resumir diciendo que la ESI implica: Un espacio de enseñanza y un espacio
de aprendizaje sistemático, con contenidos adecuados a la edad de las alumnas y los alumnos, su situación y su
contexto sociocultural, que comprende saberes y habilidades para la toma de decisiones conscientes y críticas
sobre los siguientes EJES que atraviesan toda la ESI:
➢ El ejercicio de los derechos
➢ Reconocer la perspectiva de género
➢ El Respeto por la diversidad
➢ La valoración de la afectividad
➢ El cuidado del cuerpo y la salud
La Resolución del Consejo Federal 340/2018 fortalece el marco normativo de la Educación Sexual Integral en tanto
que, entre otras cosas, establece que su enfoque integral debe estar presente en los planes institucionales de las
escuelas, ya sea de manera transversal y/o a través de espacios curriculares específicos, así como en las normas
que regulan la organización institucional (Art. 2).
Asimismo, promueve que en todas las escuelas del país se organice un equipo docente referente de Educación
Sexual Integral, que lleve adelante un enfoque interdisciplinario (Art.3).
De esta manera, la normativa existente nos respalda y fortalece para poder pensar y plasmar el enfoque integral
de la educación sexual en nuestras escuelas. Algo tan importante como buscar modos colectivos de ir andando
este camino.

Como ejemplo, veamos la siguiente lámina didáctica elaborada por el Programa Nacional de ESI para trabajar en
el Nivel Primario. Observemos la cantidad de situaciones que se presentan en el patio de la escuela que nos
permitirían trabajar sobre las relaciones de género, como quiénes juegan al fútbol, quiénes saltan la soga, o qué
roles están jugando niñas y niños en cada situación.

Trabajo practico N° 2.
1-Analizar la imagen e identificar:
2-En que situación se encuentran los niños
3-Que tipos de actividades se están realizando.
4-Establecer alguna relación con la ESI.
5 - Explicar brevemente a que se refieren cada uno de los siguientes enfoques: moralista – biomédicos-
sexología - judicializaste - enfoque de género- y en que se diferencian cada uno de la ESI

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