0% encontró este documento útil (0 votos)
8 vistas8 páginas

Introducción al Racionalismo de Descartes

La filosofía moderna inicia con René Descartes, quien propone un racionalismo basado en la razón y la deducción como métodos para adquirir conocimiento. Descartes establece la duda metódica como herramienta para encontrar verdades indudables, culminando en su famosa afirmación 'pienso, luego soy', que sirve como primer principio de su filosofía. Su enfoque unifica las ciencias bajo un método común, destacando la importancia de la intuición y la deducción en el proceso de conocimiento.

Cargado por

zwj68ndfcp
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
8 vistas8 páginas

Introducción al Racionalismo de Descartes

La filosofía moderna inicia con René Descartes, quien propone un racionalismo basado en la razón y la deducción como métodos para adquirir conocimiento. Descartes establece la duda metódica como herramienta para encontrar verdades indudables, culminando en su famosa afirmación 'pienso, luego soy', que sirve como primer principio de su filosofía. Su enfoque unifica las ciencias bajo un método común, destacando la importancia de la intuición y la deducción en el proceso de conocimiento.

Cargado por

zwj68ndfcp
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

[Link]

com/

LEYENDO HISTORIA DE LA FILOSOFÍA en bachillerato1 (10).


___

La filosofía moderna comienza, en sentido estricto, con


René Descartes (1596-1650). Educado en la
filosofía escolástica, pronto llegó al convencimiento de que
esta filosofía resultaba obsoleta y cargada de prejuicios, y de
que se hacía necesario reconstruir el sistema entero
del conocimiento desde sus cimientos, desde la
razón misma.

Frans Hals, René Descartes (1648)

Descartes es el introductor del racionalismo, una


posición filosófica que se caracteriza por la aceptación de
las matemáticas como modelo de saber y, en
consecuencia, de la aceptación de la deducción como
método adecuado para el despliegue del conocimiento, así como por la tesis de la
autosuficiencia de la razón, que lleva a afirmar el innatismo de las ideas. Estos rasgos
atraviesan y dirigen todo el pensamiento cartesiano.

Duda metódica y “Cogito ergo sum”


El proyecto cartesiano supone la unificación de todas las ciencias en una sola. Ello es posible
ya que, según Descartes, “todas las diversas ciencias no son otra cosa que la sabiduría
humana, la cual permanece una e idéntica, aun cuando se aplique a objetos diversos, y no
recibe de ellos más distinción que la que recibe la luz del sol de los diversos objetos que
ilumina”.2

Además, para Descartes, existe un método universal, único para todas las ciencias.

1
Textos de referencia: Juan Manuel Navarro Cordón y Tomás Calvo Martínez, Historia de la filosofía, Anaya,
Madrid, 2003; Adela Sarrión Mora, Textos de filosofía para la prueba de Evaluación para el Acceso a la Universidad.
Castilla-La Mancha, Anaya, Madrid, 2017; César Tejedor Campomanes, Historia de la filosofía en su marco
cultural, Ediciones SM, Madrid, 1993.
2
Descartes, Reglas para la dirección del espíritu, traducción de Juan Manuel Navarro Cordón, Alianza Editorial,
Madrid, 1996, pp. 62-63.

1
Aunque, por supuesto, existen ciencias distintas, todas ellas forman
una unidad orgánica: “Toda la filosofía es como un árbol, cuyas
raíces son la metafísica, el tronco es la física, y las ramas que salen de
este tronco son todas las demás ciencias, las cuales se pueden reducir a
tres principales: la medicina, la mecánica y la moral; quiero decir: la
más elevada y perfecta moral, que, al presuponer un completo
conocimiento de las otras ciencias, es el último grado de la sabiduría”3.

En conclusión: si el proyecto cartesiano supone la unificación de


todas las ciencias en una nueva ciencia única, este proyecto supone:
la formulación de un método; la formulación de unas normas de
moral provisional (puesto que la moral definitiva sólo puede ser
construida al final); y el desarrollo de las diversas ciencias,
comenzando por la metafísica –que “contiene los principios del
conocimiento”-, siguiendo por la física –en la que “se examina cómo está compuesto el
Universo en su conjunto”-, y concluyendo con las demás ciencias.

EL MÉTODO

En su obra Reglas para la dirección del espíritu escribe Descartes: “Por método entiendo lo
siguiente:

Unas reglas ciertas y fáciles, gracias a las cuales todos los que las observen exactamente no
tomarán nunca por verdadero lo que es falso, y alcanzarán –sin fatigarse con esfuerzos
inútiles, sino acrecentando progresivamente su saber- el conocimiento verdadero de todo
aquello de que sean capaces4”

3
Descartes, Sobre los principios de la filosofía, traducción de E. López y M. Graña, Editorial Gredos, Madrid, 1989,
p. 22 (“Carta al traductor. Prefacio”).
4
Descartes, Reglas para la dirección del espíritu, traducción de Juan Manuel Navarro Cordón, Alianza Editorial,
Madrid, 1996, p. 79 (Regla IV).

2
Ya que la razón, esto es, la inteligencia, es única, interesa de manera prioritaria conocer su
estructura y su funcionamiento, para poder aplicarla correctamente y, de este modo, alcanzar
conocimientos verdaderos y provechosos.

De acuerdo con la estructura de la razón hay, según Descartes, dos modos de


conocimiento: la intuición y la deducción.
1) La intuición es una especie de “luz o instinto natural” que tiene por objeto las
naturalezas simples. Por medio de ella captamos inmediatamente conceptos simples
emanados de la razón misma, sin posibilidad alguna de duda o de error. La intuición
es definida por Descartes así:

“Un concepto de la mente pura y atenta, tan fácil y distinto que en absoluto quede duda alguna
sobre aquello que entendemos; o lo que es lo mismo, la concepción no dudosa de una mente
pura y atenta, que nace de la sola luz de la razón y que por ser más simple, es más cierta que la
misma deducción”5.

2) Todo el conocimiento intelectual se despliega a partir de la intuición de naturalezas


simples. En efecto, entre unas naturalezas simples y otras, entre unas intuiciones y
otras, aparecen conexiones que la inteligencia descubre y recorre por medio de la
deducción. Y por más que se prolongue en largas cadenas de razonamientos, la
deducción no es sino una sucesión de intuiciones de naturalezas simples y de las
conexiones entre ellas.

La intuición y la deducción han de aplicarse en un proceso de dos pasos:

a) En primer lugar, un proceso de análisis hasta llegar a los elementos o naturalezas


simples.
b) En segundo lugar, un proceso de síntesis, de reconstrucción deductiva de lo
complejo a partir de lo simple.

A estos momentos se refieren las reglas segunda y tercera del método de Descartes tal y como
aparece en su obra Discurso del método, en el texto que citamos a continuación6:

5
Descartes, Reglas para la dirección del espíritu, traducción de Juan Manuel Navarro Cordón, Alianza Editorial,
Madrid, 1996, p. 75 (Regla III).
6
Descartes, Discurso del método, traducción de Eduardo Bello, Editorial Tecnos, Madrid, 1987, pp. 24 y ss
(Segunda parte).

3
Las reglas del método se resumen en cuatro, según el Discurso del método:

“Estimé que tendría suficiente con los cuatro siguientes preceptos, con tal de que tomase la
firme y constante resolución de no dejar de observarlos ni una sola vez.

El primero consistía en no admitir jamás cosa alguna como verdadera sin haber conocido con
evidencia que así era; es decir, evitar con sumo cuidado la precipitación y la prevención, y no
admitir en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi
espíritu , que no tuviese motivo alguno para ponerlo en duda.

El segundo, en dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas partes como
fuera posible y necesario para su mejor solución.

El tercero, en conducir con orden mis pensamientos, empezando por los objetos más
simples y más fáciles de conocer, para ascender poco a poco, gradualmente, hasta el
conocimiento de los más complejos, y suponiendo incluso un orden entre aquellos que no se
preceden naturalmente unos a otros.

Y el último, en hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan amplias, que
llegase a estar seguro de no haber omitido nada”

1) El método presupone una confianza absoluta en la razón: ésta es, de por sí, infalible.
Sin embargo, puede ser desviada por los prejuicios, la precipitación, las pasiones, etc.
Por ello, la primera regla dice que sólo se ha de aceptar como verdadero aquello
que aparece con absoluta evidencia. Pero la evidencia se da únicamente en la
intuición, es decir, en un acto puramente racional por el que la mente “ve” de modo
inmediato y transparente una idea. El sello propio de las ideas evidentes e
inmediatamente intuidas es doble: han de ser claras y distintas.

2 y 3) La segunda y la tercera de las reglas indican cómo se ha de proceder para alcanzar


la verdad, y qué hay que hacer cuando ya se está en posesión de ideas claras y distintas. Se
trata de un procedimiento de análisis-síntesis: el problema a estudiar ha de ser analizado
hasta encontrar sus elementos más simples –las naturalezas simples, en la expresión
cartesiana-, los cuales pueden ser intuidos mediante ideas claras y distintas. Una vez en

4
posesión de las “naturalezas simples”, se procede, inversamente, a recomponer la cuestión
por un procedimiento semejante al empleado en geometría: la síntesis es un proceso
ordenado de deducción que encadena unas ideas a otras (síntesis deductiva).

Como veremos algo más abajo, las dos “naturalezas simples” más importantes que considera Descartes son la
extensión y el pensamiento. Además, para Descartes las “naturalezas simples” y, en general, todos los
principios de los cuales se puede deducir legítimamente algo, son ideas innatas. Esta expresión significa
para Descartes “ciertos gérmenes de verdades que están naturalmente en nuestras almas”. No se trata de
ideas que ya estén presentes en la mente del niño nada más nacer (reminiscencia platónica), sino más bien de
ideas que están potencialmente en la mente y surgen con ocasión de determinadas experiencias.

4) Puesto que es la evidencia intuitiva lo que garantiza la verdad de nuestros conocimientos,


Descartes exige que se hagan frecuentes comprobaciones del análisis y revisiones del
proceso sintético, de tal modo que se pueda abarcar todo el conjunto de un solo golpe de
vista y se pueda poseer una total evidencia intuitiva del mismo.

LA DUDA Y LA PRIMERA VERDAD

Veamos ahora, cómo construye Descartes esa “metafísica” que ya había entrevisto como tarea
fundamental, ya que es “la raíz del árbol de la ciencia”. En primer lugar, deberá
establecer una primera verdad absolutamente evidente, de la que se pueda
deducir todo lo demás. A partir de ella, y en segundo lugar, construirá un sistema
deductivo de explicación de la realidad basado en la idea de substancia.

Para fundar la filosofía hay que basarse únicamente en evidencias absolutas, en ideas “claras
y distintas”. ¿Cómo proceder? Descartes escoge el camino de la duda: dudar de todo para ver
si queda algo que resista a toda duda, es decir, un resto indubitable y cierto. Éste es el famoso
pasaje del Discurso del método:

“Dado que en ese momento sólo pensaba dedicarme a la investigación de la verdad, pensé
que era preciso (…) que rechazara como absolutamente falso todo aquello en lo que pudiera
imaginar la menor duda, con el fin de comprobar si, hecho esto, no quedaba en mi creencia
algo que fuera enteramente indudable. Así, puesto que nuestros sentidos nos engañan

5
algunas veces, quise suponer que no había cosa alguna que fuera tal como nos la hacen
imaginar. Y como existen hombres que se equivocan al razonar, incluso en las más sencillas
cuestiones de geometría, y cometen paralogismos, juzgando que estaba expuesto a
equivocarme como cualquier otro, rechacé como falsos todos los razonamientos que había
tomado antes por demostraciones. Y, en fin, considerando que los mismos pensamientos que
tenemos estando despiertos pueden venirnos también cuando dormimos, sin que en tal
estado haya alguno que sea verdadero, decidí fingir que todas las cosas que hasta entonces
habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero,
inmediatamente después, advertí que, mientras quería pensar de ese modo que todo es falso,
era absolutamente necesario que yo, que lo pensaba, fuera alguna cosa. Y observando que
esta verdad: pienso, luego soy, era tan firme y tan segura que todas las más extravagantes
suposiciones de los escépticos no eran capaces de socavarla, juzgué que podía admitirla
como el primer principio de la filosofía que buscaba”.

Descartes, Discurso del método, traducción de Eduardo Bello,


Editorial Tecnos, Madrid, 1987, p. 45 (Cuarta parte).

Descartes utiliza la duda “tan sólo para buscar la verdad”. Dudar de todo es sólo un
procedimiento metodológico para encontrar una verdad indubitable. Descartes, pues, no es
un escéptico en ningún momento. La duda no es para él la postura mental definitiva; ni
siquiera la postura inicial: parte de la confianza en la posibilidad de alcanzar la verdad. Por
eso su duda es sólo una duda metódica.

El criterio de la duda se aplica entonces a todas las creencias, especialmente a las que
parecen más sólidas y evidentes. Si es posible dudar de ellas, deben, de momento, dejarse de
lado (aunque se recuperen más tarde): no pueden valer como fundamento sólido de la
metafísica. En primer lugar, es posible dudar de la información dada por los
sentidos: si los sentidos nos engañan a veces, se podría suponer que nos engañan
siempre. En segundo lugar, también es posible dudar de nuestros razonamientos,
puesto que a veces nos equivocamos en razonamientos sencillos, pero los
tomamos como verdaderos. En tercer lugar, es posible dudar incluso de la
realidad del mundo que nos rodea: ¿cómo distinguir la realidad de las ilusiones
del sueño?

6
La duda, pues, parece haber eliminado todas las creencias, y los escépticos tendrían razón.
Pero, de pronto, en el interior mismo del acto de dudar, surge un “resto indubitable”, algo que
resiste toda duda: “estoy dudando”. Lo único, pues, que no puede eliminar la duda es la duda
misma, el acto de dudar: al dudar “pongo” –no elimino- la duda. Y Descartes concluye:
“Pienso, luego soy/existo” (“je pense, donc je suis” o traducido al latín: “ego cogito, ergo
sum”); y éste será el primer principio absolutamente evidente de la filosofía.

El significado del “Cogito” es, quizá, el siguiente: Descartes parte de su propia interioridad,
de los pensamientos que descubre en sí mismo, y a partir de ahí llega a la existencia: el Yo
como un pensamiento que existe. De este modo se hecha un puente entre el puro
pensamiento, encerrado en sí mismo, y la realidad del mundo de las existencias. En el
“pienso, luego soy (existo)” se intuye que el “yo” existe como una substancia “cuya total
esencia o naturaleza es pensar”. De este modo se empieza a construir la filosofía cartesiana
a partir de esta primera verdad evidente, y utilizando un concepto fundamental: el
concepto de substancia.

La definición cartesiana de substancia es la siguiente7: “Por substancia sólo cabe


entender una cosa que existe de tal manera, que no necesita de ninguna otra para
existir”.

De esta definición se seguiría que sólo Dios es substancia, puesto que las criaturas
necesitan de Dios para existir (Dios da la existencia –y luego la conserva- a todas las
criaturas). De ahí que Descartes diga que el concepto de “substancia” no se refiere del
mismo modo a Dios y a las criaturas, y que, por tanto, haya dos clases de substancias: la
substancia infinita (Dios), a quien conviene absolutamente esta definición; las
substancias finitas (almas y cuerpos), que no necesitan de nada más para existir, salvo
de Dios. Por tanto, una substancia finita no necesita, para existir, de ninguna otra
substancia finita: el alma, por ejemplo, no necesita del cuerpo para existir. De aquí se sigue,
inmediatamente, el dualismo cartesiano.

Por otro lado, Descartes dice que a cada substancia le corresponde un atributo. El
“atributo” constituye la esencia de la substancia y se identifica con ella. Cada tipo de
substancia posee un solo atributo: el alma es pensamiento, y los cuerpos son
extensión.

7
Descartes, Sobre los principios de la filosofía, traducción de E. López y M. Graña, Editorial Gredos, Madrid, 1989,
p. 54 (Primera parte, parágrafo 51).

7
El que yo pueda dudar y suspender el asentimiento respecto a lo que a primera vista parece
evidente, demuestra que soy libre; pero también demuestra que soy imperfecto: “hay mayor
perfección en conocer que en dudar”. Descartes descubre entonces en su alma una idea
singular: la idea de perfección. ¿De dónde procede tal idea? No puede haber sido
construida por uno mismo (es lo que Descartes llama una idea facticia), ni venir de fuera
(idea adventicia), ya que ni yo ni las cosas del mundo somos perfectos: tiene que ser una idea
innata, puesta en mí por un ser que realmente sea perfecto: Dios. Dios, por tanto, existe. De
nuevo nos encontramos aquí con el descubrimiento de la existencia –una substancia- a partir
de la idea.

La evidencia encuentra su última garantía en Dios. En efecto, se podría dudar incluso de la


misma evidencia; si las ideas claras y distintas son siempre verdaderas es porque Dios –que es
un Dios bueno y veraz, y no un “genio engañador”- no ha podido dotar al hombre de una
facultad de conocimiento que le induzca a error.

Respecto al alma afirma Descartes que no es sino pensamiento: es una substancia finita
cuyo único atributo o esencia es el pensamiento (cogitatio). Sin embargo, los modos del
pensamiento son múltiples: juzgar, razonar, querer, imaginar, sentir…, todos ellos actos
conscientes. Pensamiento y conciencia tienen la misma extensión; no hay lugar en el
cartesianismo para el inconsciente, y la psicología occidental lo ignorará prácticamente hasta
Freud. Por eso Descartes llama al alma res cogitans (cosa o substancia pensante). El tipo de
razonamiento empleado por Descartes para demostrar que el pensamiento es el único
atributo del alma es muy curioso: la ficción mental. Puedo, en efecto –dice Descartes- fingir
mentalmente que no tengo cuerpo, y que no dependo del espacio (y no por ello dejaría de
existir), pero no puedo fingir que no pienso; por tanto, lo que constituye mi esencia es
pensar.

El cuerpo (cualquier cuerpo) no es sino extensión: la extensión es su único atributo o


esencia. Los modos propios del cuerpo son dos: la figura y el movimiento (y reposo). Se
acepta, por tanto, la subjetividad de las “cualidades secundarias” (color, sonido, sabor, etc.).
De este modo, Descartes geometriza el mundo corpóreo, ya que lo reduce a extensión
(capacidad para ocupar una parte del espacio). La física cartesiana desarrollará las
consecuencias de esta doctrina. La concepción del hombre será, en consecuencia, dualista.
Si el alma y el cuerpo son substancias, no se necesitan mutuamente para existir. Tampoco se
ve cómo puro pensamiento y pura extensión podrían estar unidos y en interrelación. En
consecuencia, y en principio, el hombre no es sino el alma. Pero Descartes dejó planteado un
grave problema: ¿cómo se relacionan alma y cuerpo en el hombre? Este problema recibe el
nombre de “problema de la comunicación de las substancias”.

También podría gustarte