es una posible definición de la Argentina: ¿Cómo “Llambí Campbell”? ¡O “Llambí” o “Campbell”!
O Cataluña o
las lowlands. Y sin embargo, ahí están las dos hermanas como símbolos de un país entreverado, que se
opone a las rigideces de los árbitros de la tradición.
¿Qué relación hay entre tu manera de hacer cine y tu manera de ser argentino?
Es lo que yo le aporto a mi propia tradición. La tradición es una mezcla entre herencia y progresismo, entre
herencia y cambio. Los que piensan que es solo herencia son unos pelotudos. Creen que la herencia es una
forma de impedir la aparición de lo nuevo. Hay otra manera de vincular lo heredado con lo nuevo, que va
mutando una y otra vez. La fábula de la película es precisamente sobre eso: un inmigrante, un gringo, que
reimagina su mundo de gauchos, atraviesa una vida poblada de otras cosas, que a la vez habrán de devenir
en otras tradiciones, y, al final de su vida, sigue imaginando su mundo de gauchos completamente ilusorio a
través de otro montón de cruces. Esa idea de un extranjero que imagina un paisaje posible, además de ser la
definición del cine, es la definición de la Patria.
O sea que la patria podría ser también todo ese material de sueños que usamos para armar
algo.
Absolutamente. Una frase por la que te felicito. “Todo ese material de sueños que usamos para armar algo”
es fabuloso.
Cuando miraba Popular tradición de esta tierra, anoté: “Es extraordinario porque nos ama”.
¿A quiénes?
A la tradición, a los cuentos, a los pájaros, a los nombres, a las anécdotas, a los paisajes.
Es una película erótica, es cierto.
También anoté: “Su impulso coincide con el llanto de la tradición”.
Bueno, ahí ya te dejaste llevar. ¿Qué es el llanto de la tradición? Las tradiciones no lloran.
“El amor por el matiz”. Me fascinó la investigación policial de los tres amigos sobre una canción
de Corsini, un road trip para descubrir a qué género exacto pertenece, ¿criollo, tanguero o
gaucho? Es una película erudita y liviana.
Es interesante porque a menudo se dice que el tango es urbano, y que el aire criollo es ancestral. Bueno, no.
Si hay una especie de gusto en mis películas, es el gusto por el desvío y por lo marginal. Una especie de
patria del margen. Es una defensa del margen. Hay una tradición en el margen. De hecho, uno podría pensar
que la tradición se compone de distintas instancias marginales. La discusión cultural que esta película
pretende dar –a la cual uno podría asomarse, si quisiera– es acerca de la voluntad hegemónica, la voluntad
institucional por la cultura. Milei habla de la “batalla cultural,” ¿no? Y si hay una batalla, lo que quiere decir
es que alguien la va a ganar, porque las batallas se ganan o se pierden.
¿Y qué se gana? ¿El sentido común?
¿Quieren el sentido común? Es todo suyo. Yo hago cine, no trabajo con el sentido común. Quédense el
sentido común, es más, métanse el sentido común en el orto. No es cosa de cineastas el andar dialogando
con el sentido común, es precisamente desafiarlo, ir en el otro sentido y señalar, en la medida de lo posible,
la estupidez.
Eso es lindo.
Estupidez que, por otra parte, tuvieron todos los gobiernos, y que es una de las grandes pérdidas. ¿Por qué
digo que los que piensan que son inteligentes por no ser de izquierdas son un problema? Hubo un problema
muy grave en este país, que fue que una parte del progresismo se puso del lado del gobierno. Eso es
inadmisible. Que los artistas y los intelectuales apoyen a un gobierno me parece inaceptable.
Lo escribí en un newsletter: “Me pregunto qué poeta le entregaría su alma a un presidente”.
Estamos totalmente de acuerdo. Pero después sucedió algo sorprendente: quienes se enojaron con eso, y con
mucha legitimidad salieron a decir que se estaba construyendo una hegemonía, y que esa hegemonía estaba
comportándose de una manera extremadamente obediente, tomaron la decisión de construir su propia
contrahegemonía, de apoyar también a un gobierno, de volverse no menos recalcitrantes que los anteriores,
sino más.
Más es un montón.
Han tenido una especie de goce.
¿Vos sentiste el ahogo del kirchnerismo?
Absolutamente.
¿Y no te dio alegría cuando apareció gente que lo compartía?
De ninguna manera, porque lo que siguió fue peor.