Estrella Del Pantano
1 - Encuentro desafortunado:
Era una noche estrellada de luna nueva en la que
apenas había caído el ocaso. Los ruiseñores cantaban en la
lejanía y desde el bar se les escuchaba, incluso con la triste
melodía que brotaba del viejo piano. Presencié este
espectáculo mientras caminaba discretamente por aquel
pueblo cercano a mi desordenado campamento. No había
nada más que hacer, pues era de noche y en el río
acechaban los infames zancudos.
- ¿Cuándo será el día en el que pase algo distinto? - Me
pregunté otra vez.
Las cosas siempre eran iguales; pescaba cuando el sol
aparecía y luego, cuando la ciénaga se volvía oscura y
peligrosa, paseaba por el pueblo, buscando algo que hacer.
Nada me impedía quitarme la vida, mis únicos amigos
eran los peces, que degollaba y cocinaba para sobrevivir...
En ese momento vi a un extraño hombre que, aunque era
la primera vez que lo veía en el pueblo, tenía la forma de
hablar característica de la zona. Era pelirrojo y su barba le
cubría toda la cara. Vestía un largo atuendo desgastado de
color verde y llevaba una boina descosida sobre su cabeza.
- ¿Dónde venden licor? - Le preguntó al herrero local, que
deambulaba torpemente por la calle.
- ¿Eh? No... No lo s-sé, es usteed un sujeto muy raro
¿sabe?, nunca lo vi en este... este pu- pueblo ¿De d-dónde
vienes? - Respondió el pobre adicto a duras penas mientras
caía al suelo y el alcohol le devoraba el cerebro.
El forastero soltó un suspiro de frustración, se dio media
vuelta y empezó a caminar.
- ¿En serio creyó que el hombre le iba a responder? Estoy
seguro de que ni siquiera recuerda su propio nombre. -
Pensé.
Quería ayudarlo, así que me acerqué y le pregunté
amablemente:
-Buenas noches señor, ¿necesita ayuda para encontrar un
lugar? -
A lo que el extranjero respondió con una sofocante mirada
de desprecio que duró no más de 3 segundos.
-Qué raro, ¿Habré hecho algo malo sin darme cuenta?
Quizás solo este teniendo un mal día y no quiere que lo
moleste. -
-Hmm ¿Qué es eso? - Dije en voz baja mientras una
brillante moneda de plata se deslizaba por los bolsillos de
aquel abrigo verde. Al tocar el suelo, el franco comenzó a
rodar directamente hacia mí.
-Bueno, seguro que no la va a necesitar más que yo. -
Afirmé confiado mientras caminaba hacia ella.
Justo cuando me detuve para detenerla, la moneda giró
abruptamente hacia un espacio estrecho entre dos casas y
descendió sutilmente.
-Lo que faltaba. - Murmuré enojado.
Me asomé por la pequeña brecha e intenté ubicarla. Estuve
moviendo el brazo por siete minutos seguidos para
encontrarla, estaba debajo de un libro abandonado.
-Perfecto, premio doble. - Exclamé mientras intentaba
sacar ambas cosas con cuidado.
El libro tenía una textura muy blanda, aunque por
momentos notaba algunos rasguños profundos en la tapa.
Era muy ancho, lo que dificultaba su agarre. Cuando por
fin logré sacarlo, me dirigí directo hacia mi campamento.
Antes de salir del pueblo logré verlo de nuevo, estaba
pidiéndole direcciones a un tipo borracho.
- ¿Otra vez? ¿Por qué siempre les pide direcciones a las
personas alcoholizadas? - Me pregunté sin darle mucha
importancia.
Continué caminando hasta llegar a mi refugio
improvisado, encendí la fogata, saqué el libro de mi bolso
y lo miré. Recuerdo que grité tan fuerte que los ruiseñores
salieron despedidos como balas de cañón.
- ¡Está hecho de piel humana ¿Qué clase de monstruo se
siente cómodo escribiendo sobre un libro semejante?!-
Luego de unos minutos paralizado intenté abrirlo.
- ¿Está en blanco? ¿Qué clase de broma es esta? - Pregunté
indignado.
Respiré profundo, le di un sorbo a mi jarra de cerveza e
intenté calmarme.
-Bueno, supongo que puedo usarlo como diario. -
2 - Un día de pesca con el médico:
Me desperté al alba y pude ver la brillante e
incompleta mitad del sol emergiendo desde el horizonte.
- ¿Cómo me irá hoy en la ya repetitiva pesca diaria?
¿Saldrán más de 2 peces? - Escribí apurado en mi diario.
Me levanté y me limpié un poco el barro que estaba en mi
espalda, tomé el libro, guardé mi caña y empecé a caminar
hacia el pequeño y desconocido lago conectado con el río.
Era una linda mañana para descansar, los mosquitos eran
menos frecuentes y a diferencia de ayer, no se escuchaba
tanto ruido proveniente de la fauna local.
A mitad del camino empecé a sentir un dolor
indescriptible en mi pierna derecha.
-No debe ser nada importante. - Me dije para calmarme y
seguí avanzando.
El dolor se intensificaba con cada paso y parecía no tener
límite. Aun así, logré alcanzar mi destino. Pensaba que un
gusano se había metido en mi pierna mientras dormía, otra
vez. Pero no, resultó que tenía una cicatriz con forma de
estrella decorando mi joven rodilla y parecía que la herida
llevaba meses curándose.
- ¿Por qué me suceden tantas desgracias? - Dije en voz alta
sabiendo que nadie me escucharía.
Saqué mi diario para tratar de calmarme, un mosquito
intentó perforar la tapa del libro sin éxito. Antes de
ponerme a escribir me di cuenta de que algo andaba mal.
Debajo de mi pregunta acerca de la pesca de hoy había un
párrafo nuevo escrito con una letra perfecta:
"No, hoy no pescarás irás a la panadería del pueblo si
tienes hambre. Necesito un favor de aquel que me
encontró, aquel cuya suerte parece ser digna de una de
mis tareas."
-Esto ya se pasa de raro- Musité con la vista clavada en el
libro.
No podía permitirme que otra cosa rara atentase en contra
de mi inútil vida. Así que, ignorando el dolor, empecé a
correr hacia el pueblo, no sin antes dejarle una corta
respuesta a mi nuevo "amigo":
"Lo lamento, ahora estoy ocupado"
Al llegar me dirigí directo hacia el médico, un viejo amigo
de lo que antes fue mi familia, y toqué la puerta.
- ¿Hola, Roger, estas ahí? - Pregunté con un poco de
miedo.
La puerta se abrió bruscamente y salió de ella un hombre
despeinado y con sus anteojos mal puestos.
- ¡¿Quién es?!- Preguntó amenazante.
Al verme sonrió unos segundos en silencio y me invitó a
entrar. El lugar no era como yo lo recordaba, había papeles
arrugados por todas partes, incluyendo las paredes.
- ¿Qué te sirvo, Jack? - Me preguntó como un abuelo a su
nieto.
Fríamente le dije: -Necesito un médico. -
-No pasa nada ¿Qué tienes? - Preguntó sin rodeos.
-Bueno, me duele mucho la rodilla y...-
-! ¿Qué es eso?¡- Interrumpió aterrado mientras señalaba
mi diario.
-Nada, solo un viejo libro que me encontré por ahí- Dije
mientras replicaba su sonrisa falsa en mi cara.
Se notaba que no me creía. Así que tomé aliento, le conté
como lo había encontrado y le mostré el inexplicable
mensaje de aquel encomendero mágico.
Se quedó un rato mirándome como si le hubiera escupido
en la cara. Luego de un rato me agarró y dijo:
-Eso... Eso es peligroso, ni se te ocurra responderle otra
vez-
Procedió a echarme, sin tratar mi dolor o siquiera decir
adiós.
Empecé a sentir un poco de hambre y, como me
recomendó el libro, fui a la panadería. En el camino vi al
hombre de ayer llamando a un pobre borracho.
- ¿Es que no se cansa de fracasar? - Pensé.
-Buenas tardes, señor ¿Es usted tan amable de decirme
donde está la licorería? - Le escuché preguntar.
Y, mientras una sonrisa se dibujaba lentamente en mi cara,
escuché algo inesperado por parte del supuesto hombre
intoxicado.
-Panadería, segundo nivel del subsuelo, habitación 3-
-Oh, gracias, toma una moneda de pla... ¿Dónde está? -
En este punto las cosas dejaron de sorprenderme como
deberían. Simplemente seguí caminando hasta la panadería
y compré una canasta de pan que devoré en mi
campamento.
Espero que mi pierna mejore. No me importa lo que diga
Roger, ese libro puede ser lo que le falta a mi triste y
desolada vida.
3 - Una secta más:
Vi a la estrella vespertina ascendiendo junto con la
luna, era medianoche y los pocos animales que quedaban
solo se limitaban a buscar comida con desesperación.
Descansé dos días y, después de reflexionar sobre todas
estas cosas sobrenaturales, supuse que estaba listo para esa
tarea que menciono el libro. Ya que, incluso con ese vil
dolor en la rodilla, podía caminar perfectamente.
Sujeté mi diario cerca del fuego y comencé a escribir:
"Buenas noches, soy Jack Fauré, el chico que te encontró.
Te escribo porque ya me encuentro disponible para
realizar ese trabajo que mencionaste la vez pasada."
Esperé un par de minutos y, como por arte de magia,
apareció un nuevo párrafo.
"Está bien, señor Fauré. Pero, antes de darte esta misión,
necesito que dibujes un símbolo simple debajo de este
texto. Luego lo entenderás"
Obedecí y dibujé lo primero que se me vino a la mente, mi
nueva cicatriz.
"¿La estrella del pantano? Bueno, no sé cómo lo supiste,
pero de eso mismo trata tu postergado deber. Quiero que
investigues todo lo que puedas acerca de un grupo secreto
que acecha al pueblo desde las sombras, ya descubrirás
los detalles por tu cuenta.
Una cosa más, Deberías buscar refugio, siento que se
acerca una tormenta y no quiero mojarme."
Al terminar de leer miré al cielo y comencé a replantearme
si en verdad lo haría.
- ¿Por qué este misterioso libro quiere que investigue a un
grupo desconocido de gente rara? ¿Qué tiene que ver mí
no-herida con todo esto? -
Mientras pensaba donde investigar vi como una enorme y
majestuosa nube cubría el cielo nocturno.
-Genial, disfrutaría de la caótica vista de no ser por el
hecho de que una fuerte tormenta es capaz de enterrar a
cualquier ser vivo en el barro de esta ciénaga. -
No podía pensar bien en ese escenario. Así que,
nuevamente, fui al pueblo para pedirle un techo a Roger.
Tenía que engañarlo si quería entrar a su casa, no me
dejaría pasar con el libro.
Toqué la puerta dos veces y vislumbré la silueta de un
anciano dirigiéndose a la entrada. Esta vez no salió, solo
preguntó quién era. Tuve que convencerlo de que yo toqué
su puerta, el viejo estaba ya muy paranoico.
-Hola Jack, ¿Ya te deshiciste de ese libro? -
Me preocupó un poco lo rápido que sacó a la luz ese tema.
-Sí, lo tire al lago, era un libro muy repulsivo y
desagradable-
-Hmm, bueno, supongo que está bien ¿Por qué viniste?
¿Te sientes mal? - Dijo con una notable desconfianza.
-En realidad estoy buscando refugio, se está avecinando
una terrible tormenta y mi campamento no es seguro-
Recibí una mirada confusa seguida de un ademán de
bienvenida para que entré con él.
Ahora estoy escribiendo esto a escondidas, sobre un viejo
escritorio que me encontré en la habitación de invitados.
4 - Un cajón de secretos:
Hoy me desperté en la peor situación posible,
un par de hombres estaban tratando de tirar la puerta
principal abajo, lo único que logré ver antes de
esconderme fue a Roger abriendo la salida trasera de
la casa con un puñal en la mano.
- ¿Qué pasa? - Grité exaltado.
-No hay tiempo, Jack, escóndete debajo de mi cama y
no salgas hasta que sea seguro. -
Puede que me haya arriesgado demasiado. Pero
necesitaba el libro. Así que fui corriendo a mi cuarto
a buscarlo. Estaba justo donde lo deje ayer, debajo de
mi cama. Lo agarré, corrí a la gran habitación del piso
de arriba y me oculté.
Escuché un par de gritos provenientes de Roger, y no
parecían ser de emoción. Algo le había pasado. El
miedo que inundaba mi cuerpo en ese momento me
impedía salir de mi escondite. Ni siquiera podía
escribirle al hombre de mi diario, la escasa luz me lo
prohibía.
Al cabo de una hora logré zafarme de las terribles
garras del pavor y pude abandonar esa oscura cama.
Me asome discretamente por la ventana para ver si
aún estaban allí.
- Parece que logre salvarme de esa dosis de desgracia
diaria. - Dije con arrogancia.
En ese momento no me había dado cuenta. Pero la
tormenta nunca llego, todo seguía igual de húmedo.
Los animales seguían muriendo poco a poco. Los
helechos dejaban su tonalidad verdosa. Un proceso
que lleva gestándose hace una semana. La gente
parecía preocupada, como si de verdad pudieran
hacer algo.
Fui uno de los primeros en darse cuenta. Cada vez
pescaba menos y lo poco que sacaba del agua estaba
vivo y, a su vez, putrefacto.
Decidí reanudar mi búsqueda. Recordé que Roger
sabía algo del libro que yo no. Era hora de husmear
en sus cajones. De todas formas, ya no estaba con
nosotros.
Revisé dentro del primer contenedor que vi.
- Hmm, ¿“La Terrible Verdad”? Roger escribe títulos
pésimos. Bueno, nada por aquí. -
Continue con su armario, un gran mueble viejo de
madera con bordes redondeados. Ahí estaba lo que
necesitaba, “Informe sobre la antigua secta de
Marshtown”
Era un libro gigante, aunque eso no me importaba.
Lo abrí y comencé a leer.
“Informe sobre ‘La Estrella Del Pantano’
He descubierto a un pequeño grupo de personas, aquí
en Marshtown, no paran de decir cosas sobre la
llegada de un dios capaz de aniquilar toda vida en el
mundo. Antes que nada, quiero decir que esto es
preocupante. Saben cómo meter a una persona dentro
de un libro, no dudo de que ese ‘dios’ si exista. Voy a
intentar detenerlos a toda costa.”
Mientras las horas pasan, encuentro un texto
devastador en ese informe:
“Creímos que el señor y la señora Fauré tenían algo
que ver con la llegada de esa peligrosa deidad. Me
hice pasar como un amigo suyo y los asesiné cuando
bajaron la guardia. Sus hijos no serán un problema
después de que nos encarguemos de ellos.”
- No... No es posible, no puede serlo. ¿Por qué? -
5 - Estrella sanguinaria:
La noche cae. Pero los ruiseñores no cantan,
los grillos ya no estridulan y las ranas no croan. El
viejo piano esta olvidado.
Estoy en el escritorio de Roger escribiendo con
lágrimas en mis ojos.
“Se que formas parte de esa secta, quiero
unirme. Te lo imploro.”
Nada más queda. Mi corazón vengativo quiere acabar
con esto de una vez por todas.
“Ya era hora. Ve a la panadería, baja al
sótano y toca la puerta de la tercera habitación”
Me levanto y salgo de la casa. Todos me miran como
si fuese un monstruo. Pero no me importa. Veo al
hombre del otro día, me está mirando fijamente. Voy
a hacerme el despistado.
Estoy llegando al local, parece un desierto, no hay
una sola ánima en mi camino.
Toco la puerta y me recibe un sujeto extravagante con
los ojos pintados.
- Hola, ¿quieres comprar una de nuestras ultimas
canastas de pan? Lamento decirte que aumentamos
los precios. -
Lo hago a un lado y continuo hasta una trampilla
cerrada con llave.
- Oh, no puedes entrar ahí, son las reglas, amiguito. -
Me acerco con la supuesta intención de contarle un
secreto. No sospecha de mi... Ni de mi nuevo puñal.
Ataco a su cuello y cae una gota de su sangre en mi
cicatriz. Acto seguido registro su cuerpo en busca de
las llaves. Bajo al sótano apenas las encuentro.
Al llegar veo varias puertas y una me llama la
atención súbitamente, una puerta con el símbolo
característico de la secta, la Estrella del pantano.
Toco la puerta y escucho como se interrumpe una
conversación.
- Debe ser George, se olvidó su feo abrigo verde. -
Dicen tras la puerta, la cual se abre pocos segundos
más tarde.
De ese agujero de misterio sale una señora alta y
pálida.
- No puedes estar aquí, es un área restringida. -
La miro a los ojos mientras le muestro mi cicatriz. No
hace falta ser un experto en psicología para saber que
estaba sorprendida. Me deja pasar y grita:
- ¡Camaradas, ha llegado el momento! -
Continuó hacia el centro de la habitación, es un lugar
oscuro y, aunque suene raro, también es radiante.
A los lados hay largas mesas de madera. En frente
mío hay una corona, tiene un pequeño rubí en forma
de estrella incrustado en su parte delantera.
Todos están callados, hay unas 12 personas sentadas,
incluyendo al hombre de la vez pasada que fingía
estar ebrio.
Tomo la corona y la coloco cuidadosamente sobre mi
cabeza. Calza perfectamente.
- ¡Ha llegado la Estrella Del Pantano, tiemblen
simples mortales! - Grito con toda mi ira.
Es el momento... El momento de traer el infierno a la
tierra. El momento de que una calamidad corrompa al
mundo entero mientras yo disfruto de la vista desde
mi trono... Es mi propósito...
Fin.