Yo quiero contigo
declararle la guerra a los lunes,
a la ropa, a la tristeza, al trabajo, a la rutina diaria,
a lo que debo ser en un futuro,
a la edad que tengo, a los modales y la cultura,
a los libros que pude haber leído,
a las cosas que pude haber dicho.
Quiero contigo olvidarme de todo, sentirme revolucionario,
dejarme crecer la barba y el cabello,
irnos un fin de semana a cualquier lugar,
sin un destino y sin dinero.
Quiero ir en contra de todo,
de mi padre, de mi madre, de mis valores judíos.
No quiero ya pensar en la muerte,
en la vejez, las enfermedades, la pensión,
los hijos que debería tener, el lugar donde debería vivir.
Quiero ser contigo lo que nunca fui,
vivir la vida a tu lado minuto a minuto,
sin planear nada, solo disfrutar de tu existencia,
olvidarme de los zapatos y salir en sandalias,
quitármelas y caminar descalzo,
sentirme libre aunque me sienta tuyo.
No quiero hacer nada de lo que hice antes,
no quiero enviarte mensajes,
ni celarte, ni saber con quién andas,
solo quiero verte el día que quieras verme
y que me digas cuánto te hecho falta.
No quiero etiquetas sobrevaloradas,
ni esposo, ni novio, ni amante,
solo tu compañero de la vida bella y salvaje,
tu compañero de viajes sin maletas,
tu sur cuando estás al norte,
tu rebelde adolescencia sin importar la edad que tengas.
Quiero contigo lo que no quiero con nadie,
decirte que no te necesito para ser feliz,
pero que contigo es más divertido serlo,
que yo te acompañaré donde quiera que vayas,
no importa si dices casa, cielo o infierno.