RECONCILIACIÓN
Principio
La reconciliación comienza cuando me niego a satisfacer mis deseos egoístas.
Considéralo
“¿Puedo decir algo?”, dijo Lucas.
Esteban y Paula dejaron de discutir y lo miraron ligeramente sorprendidos,
como si hubieran olvidado que él estaba en la habitación. “Claro”, dijo Esteban.
“A lo mejor tú logras que ella entre en razón”.
“Esteban, ¿por qué es tan importante que tengas el control?”.
“¿A qué te refieres?”.
“Bueno, estás discutiendo con la persona que más amas porque llegaste unos
cuantos minutos tarde. ¿Por qué te importa tanto?”.
“Me gusta salir con suficiente tiempo para no andar con prisas”.
“No hay nada de malo en eso. Pero ¿por qué te importa tanto? ¿Por qué te
enoja tanto?”.
“Me gusta tener el control”.
“Pero no tienes el control, ¿cierto? A fin de cuentas, nunca lo tendrás. Y eso no
es un problema, porque es Dios quien tiene el control. Él es tu Padre; Él te
cuida. Él no va a dejar que nada te pase que no sea parte de Su plan”.
“Sabía que era tu culpa”, dijo Paula.
“Y Paula”, comenzó Lucas. “¿Qué de ti?”.
Estúdialo
Santiago 4:1-12 Nueva Traducción Viviente
Acercarse más a Dios
4 ¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no
surgen de los malos deseos que combaten en su interior? 2 Desean lo que no
tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. Envidian lo que otros
tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan y les hacen la guerra para
quitárselo. Sin embargo, no tienen lo que desean porque no se lo piden a
Dios. 3 Aun cuando se lo piden, tampoco lo reciben porque lo piden con malas
intenciones: desean solamente lo que les dará placer.
4
¡Adúlteros![a] ¿No se dan cuenta de que la amistad con el mundo los convierte
en enemigos de Dios? Lo repito: si alguien quiere ser amigo del mundo, se hace
enemigo de Dios. 5 ¿Acaso piensan que las Escrituras no significan nada? Ellas
dicen que Dios desea fervientemente que el espíritu que puso dentro de
nosotros le sea fiel.[b] 6 Y él da gracia con generosidad. Como dicen las
Escrituras:
«Dios se opone a los orgullosos
pero da gracia a los humildes»[c].
7
Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de
ustedes. 8 Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes. Lávense las manos,
pecadores; purifiquen su corazón, porque su lealtad está dividida entre Dios y
el mundo. 9 Derramen lágrimas por lo que han hecho. Que haya lamento y
profundo dolor. Que haya llanto en lugar de risa y tristeza en lugar de
alegría. 10 Humíllense delante del Señor, y él los levantará con honor.
No juzgar a los demás
11
Amados hermanos, no hablen mal los unos de los otros. Si se critican y se
juzgan entre ustedes, entonces critican y juzgan la ley de Dios. En cambio, les
corresponde obedecer la ley, no hacer la función de jueces. 12 Solo Dios, quien
ha dado la ley, es el Juez. Solamente él tiene el poder para salvar o destruir.
Entonces, ¿qué derecho tienes tú para juzgar a tu prójimo?
¿Cuál es la causa del conflicto? (Ver capítulo 8).
¿Cuál es la solución al conflicto?
¿Qué promesas hace Dios en este pasaje?
Contextualízalo
Santiago 4:1 revela las causas cuál es la verdadera causa de la ira:
¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es
precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos?
El conflicto en el matrimonio surge de las pasiones idolátricas de nuestros
corazones. Cuando esas pasiones se ven amenazadas o frustradas,
reaccionamos. Cuando esto sucede, puede que respondamos con ira, mal
humor, amargura, resentimiento o quejas. Santiago dice que el conflicto surge
de “las pasiones que luchan dentro de [nosotros] mismos”.
Cuando tienes una discusión con tu cónyuge, cuando su comportamiento te
molesta o cuando te resientes, trata de discernir esas pasiones idolátricas que
te llevan a sentirte de esa manera. Una de las grandes bendiciones del
matrimonio es que Dios nos pone junto a otro pecador para que pisotee
nuestros ídolos. El matrimonio es un medio que Dios nos da para revelar y
tratar con nuestras pasiones idolátricas.
Yo tengo una pasión por el orden. Ese es un buen deseo. Hace que nuestra
familia funcione bien. Pero ese deseo puede ser una pasión idolátrica. A veces
mi esposa guarda las cosas en el lugar equivocado. No es la gran cosa. Pero me
molesta. Me frustra. Esa frustración es una señal de que algo anda mal. Ese
fruto malo que se ve en mi comportamiento viene de una raíz mala en mi
corazón (Lc 6:43-45). Puede ser una alarma que me indica que lo que
realmente quiero es que la vida se ordene ¡a mi manera! Quiero que todo gire
en torno a mí. Así que cuando no me salgo con la mía, me molesto. Por tanto,
tengo que volver a aprender que Dios es el único que importa y que Él es
soberano.
Las siguientes preguntas te pueden ayudar a ver lo que hay detrás de tu
comportamiento para descubrir los ídolos que están al acecho en tu interior.
1. ¿Cuándo le respondes de mala manera a tu cónyuge?
¿Qué provoca tu respuesta? ¿Puedes identificar algún patrón? Piensa en un
incidente o patrón de comportamiento particular. Identificar los momentos en
los que te enojas, te amargas o te resientes te permitirá determinar lo que
quieres obtener o lograr en esa situación.
2. ¿Cómo respondes cuando lo haces de mala manera?
Las personas se expresan de muchas maneras diferentes: algunas gritan y
patalean; algunas salen con comentarios sarcásticos; algunas guardan rencor y
luego explotan; algunas se alejan y castigan al otro con su silencio. Algunas
personas pueden no ver sus reacciones como pecaminosas porque solo asocian
las respuestas pecaminosas con la ira. Puede que te consideres como una
persona calmada porque no gritas ni te alteras. Pero tu actitud interna se
revela en los comentarios que haces o en tu indiferencia hacia los demás.
3. ¿Qué sucede cuando actúas de mala manera?
Actuar con humildad revela un espíritu de sabiduría (Stg 3:13). La sabiduría es
“pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos
frutos, imparcial y sincera” (3:17). La envidia y la ambición, por el contrario,
producen “confusión y toda clase de acciones malvadas” (3:16). Vuelve a
contar la historia o las historias de tu conflicto. Examina los resultados de tu
comportamiento o de tu respuesta. ¿Qué fruto dañino están tus acciones
produciendo en tu vida y en tu matrimonio?
4. ¿Por qué actúas de mala manera?
Nuestro comportamiento es el fruto de nuestras pasiones internas (Stg 4:1-4).
Por lo general, explicamos nuestro comportamiento señalando nuestras
circunstancias. (“Me provocaron”. “Ella me hizo enojar”. “Él fue muy injusto”.)
Tenemos que reconocer que nosotros somos los que decidimos cómo responder
a esas circunstancias. No somos pasivos. Nuestro comportamiento no es
inevitable, sino que surge de nuestras pasiones idolátricas.
Una de las ironías de las situaciones conflictivas es que culpamos a la otra
parte por sus acciones y ¡ también por las nuestras!
“Ellos están enojados porque están mal, y yo estoy enojado porque ellos están
mal”.
Nuestro instinto pecaminoso trata de juzgar al otro. Pero lo que Santiago dice
es: No juegues a ser Dios. No te hagas el juez (Stg 4:11- 12; ver Mt 7:1-5). Aun
si la otra persona fue peor que nosotros, nuestra responsabilidad es
arrepentirnos por jugar a ser Dios.
Pregúntate: “¿Qué estoy pensando?”, y: “¿Qué es lo que realmente quiero?”
para determinar por qué no confías en Dios como deberías e identificar así las
pasiones idolátricas que controlan tu corazón. ¿Qué es lo que me hace querer
luchar (Stg 4:1-2) cuando el Reino de Cristo debería llevarme a buscar la paz
(Stg 3:17-18)?
Actuamos de mala manera porque no estamos obteniendo algo que queremos.
Esta pasión ha ganado la batalla por el control de nuestros corazones (Stg 4:1),
y nos ha llevado a cometer adulterio espiritual (Stg 4:4).
Respuesta correcta 1: Pídele a Dios que te muestre las pasiones
idolátricas que provocan tu comportamiento
Santiago nos invita a orar por sabiduría (1:5). La sabiduría bíblica consiste en
conectar la verdad bíblica con la vida diaria. En el caso del conflicto
matrimonial, quiere decir conectar nuestro comportamiento con nuestras
pasiones idolátricas. La sabiduría terrenal quiere cubrir la envidia y la ambición
egoísta con la jactancia y la mentira (3:14). El resultado es el desorden y toda
clase de mal. La sabiduría que desciende del cielo te lleva a ver el mundo como
Dios lo ve (3:13). El resultado es una cosecha de justicia (3:17-18). Así que ora
por sabiduría para que tú y tu cónyuge puedan entender las causas de su
comportamiento.
Respuesta correcta 2: Humíllate delante de Dios
“Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes” (Stg 4:6-7). Las
pasiones internas, aquellas que causan el conflicto, se tratan de mí: es mi
envidia, mi orgullo, mi egoísmo (Stg 3:14-16). Nuestro comportamiento suele
estar acompañado de la frase: “Yo quiero…”.
La solución es humillarnos delante de Dios. Tenemos que dejar de exaltarnos a
nosotros mismos, buscando nuestros deseos y tratando de tomar el control. En
lugar de eso, debemos orar: “Yo quiero lo que Dios quiera, y estoy feliz de que
sea Él quien tenga el control”. En el conflicto tendemos a menospreciar a los
demás, cuando la solución es humillarnos. Es difícil enojarte cuando tu clamor
es: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” (Lc 18:13). Cuando nos
acercamos a Dios en humildad, Él nos da la gracia para cambiar (Stg 4:6).
Respuesta correcta 3: Arrepiéntete de tus pasiones y de tu
comportamiento
Todas las veces que culpas a otras personas o a tus circunstancias, ¿qué pasa
con tu comportamiento pecaminoso? Nada. Sigue creciendo, dañando y
destruyendo a otros y a ti mismo. Pero el arrepentimiento nos libera. Cuando
nos humillamos delante de Dios, Él promete exaltarnos (Stg 4:10). Cuando nos
arrepentimos de nuestras pasiones idolátricas, puede que las provocaciones
sigan llegando, pero el comportamiento pecaminoso y su fruto destructivo se
habrán ido.
Pregúntate
Piensa en una ocasión reciente en la que haya habido un conflicto en tu
matrimonio o en la que hayas estado resentido o enojado con tu cónyuge. O
piensa en un patrón de un comportamiento problemático. Usa lo que vimos en
este capítulo para identificar las pasiones del corazón que provocaron tu
comportamiento y para identificar la respuesta correcta.
¿Cuándo le respondiste de mala manera a tu cónyuge?
¿Qué hiciste específicamente?
¿Qué sucedió cuando lo hiciste?
¿Por qué lo hiciste?
Respuesta correcta 1: Pídele a Dios que te muestre las pasiones
idolátricas que provocaron tu comportamiento
Respuesta correcta 2: Humíllate delante de Dios
Respuesta correcta 3: Arrepiéntete de tus pasiones y de tu
comportamiento
PERDÓN
Principio
La confianza se debe ganar y el perdón se debe dar.
Considéralo
Después de dos años de matrimonio, Susana entró al estudio de Luis. Desde
que entró, se dio cuenta de que algo andaba mal. Luis se paró rápidamente,
apartando el portátil mientras su cara se enrojecía. Ella lo empujó para pasar y
le dio la vuelta al portátil. Lo que vio la escandalizó.
Pornografía.
“¿Desde hace cuánto?”, le reclamó.
“Desde hace un tiempo”.
“¿Qué tan seguido?”.
“De vez en cuando”.
Ella se dio la vuelta y salió mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus
ojos.
Unos días después, ella se sentó con su amiga, Mónica.
“¡Resulta que ‘desde hace un tiempo’ quiere decir ‘desde el principio’ y ‘de vez
en cuando’ quiere decir ‘todas las semanas’!¿Qué voy a hacer?”.
Estúdialo
Lee Mateo 18:21-35
¿Cómo debemos tratar a las personas que pecan contra nosotros?
¿Por qué debemos perdonar a los demás?
¿Cuál debe ser el límite de nuestro perdón?
¿Qué hacemos con las personas que pecan continuamente contra
nosotros?
Contextualízalo
Tu esposo se compra un nuevo dispositivo sin preguntarte. Anuncia que van a
pasar la Navidad con su familia sin consultarte. Rompe tu jarrón favorito. Tu
esposa dice que está muy cansada para tener sexo. ¿Qué pasa después?
No se trata de ti
Cuando se da una discusión, por lo general yo:
me defiendo
pongo mi opinión como la “última palabra”
enfatizo el mal que me han hecho
describo mi dolor, mi vergüenza o mi decepción.
Cuando actuamos así, estamos diciendo: “Yo soy el protagonista. Lo importante
es que yo sea reivindicado o recompensado”.
Pero no se trata de mí ni de ti. Tu vida no se trata de ti. Tu matrimonio no se
trata de ti. Tú moriste cuando viniste a Cristo. Ahora vives para Él. Lo que debe
importarte es la gloria de Dios, no tu reivindicación.
Desde esta perspectiva, puedes ser capaz de ver tu propia culpa.
Incluso si eres la parte ofendida, debes reconocer que Dios es la parte que más
se ha ofendido. Cuando David cometió adulterio con Betsabé y asesinó a Urías,
le dijo a Dios: “Contra Ti he pecado, solo contra Ti, y he hecho lo que es malo
ante Tus ojos; por eso, Tu sentencia es justa, y Tu juicio, irreprochable” (Sal
51:4). El tema central era David y Dios, no David y Betsabé, o David y Urías.
Aun cuando seas la parte ofendida, la mayor urgencia es la reconciliación entre
tu cónyuge y tu Dios. Tu papel es llevarlo al arrepentimiento y recordarle la
gracia del evangelio.
Mira la cruz
La clave es mirar hacia la cruz. En la cruz vemos nuestro propio pecado. Cada
vez que tenemos la oportunidad de matar a nuestro Creador, lo hacemos. La
cruz evita que tengamos algún sentimiento de justicia propia. Aun si soy
inocente en una situación particular, no lo soy. No soy más inocente. Solo soy
un rebelde salvado por gracia.
La cruz también significa que no puedes exigir el pago ni la recompensa. Es
muy tentador castigar a tu cónyuge por sus acciones —tratándolo con frialdad,
ignorándolo durante todo el día. Hablándole mal. Reteniéndole tu afecto.
Actuando de manera egoísta.
Pero si haces esto, lo estás castigando por una ofensa que ya ha sido
castigada. Si tu cónyuge es creyente, entonces ya Cristo sufrió el castigo por
su pecado en la cruz. No tienes derecho a exigir un pago doble. El perdón no es
opcional. Es una expresión de la fe en la suficiencia de la obra expiatoria de
Cristo.
El perdón y la reconciliación
Gran parte del perdón que se nos llama a dar gira en torno a cosas pequeñas.
Esto es importante. Si no perdonamos, estas cosas se acumularán en nuestras
mentes y producirán un resentimiento y una amargura cada vez más
profundos.
Pero ¿qué si tu esposa tiene una aventura, o si sorprendes a tu esposo viendo
pornografía, o si tu esposo es violento contigo?
La reconciliación implica arrepentimiento. Sin arrepentimiento no puede haber
verdadera reconciliación. Dios no se reconcilia con nosotros sin nuestro
arrepentimiento (por la gracia de Dios, Él en Su amor nos da corazones
arrepentidos por medio de la obra del Espíritu Santo).
Amar no significa reconciliarnos con alguien que no se haya arrepentido. Y aun
cuando el ofensor se arrepiente, tomará tiempo para que la confianza se
restaure. La confianza no es algo que estemos obligados a sentir. No estamos
llamados a confiar en alguien que no es digno de confianza. El perdón no se
gana, y hacer que la gente se gane el perdón no es un verdadero perdón. Pero
la confianza sí se tiene que ganar.
Si alguien no está arrepentido, puede que no confiemos ni nos reconciliemos
con él. Pero debemos seguir amando a la persona. Eso puede ser muy difícil,
pero somos llamados a amar. Nuestro ejemplo es Dios, quien envía la lluvia
sobre los justos y los injustos, y nos amó cuando todavía éramos Sus
enemigos. Una buena prueba para saber si amamos a los que nos han ofendido
es la manera en que oramos por ellos. Amar significa estar dispuestos a
perdonar a los ofensores cuando se arrepientan.
Pregúntate
¿Cómo sueles responder cuando tu pareja te ofende o decepciona?
¿De qué manera tu actitud hacia tu pareja se compara con la actitud de
Dios hacia ti?
¿Puedes pensar en ejemplos (hipotéticos o reales) en los que alguien
pudiera exigir que otro se gane su perdón o le dé su confianza?
Aplícalo
Aquí te doy algunos consejos prácticos para resolver desacuerdos:
Arrepiéntete en vez de analizar cada detalle
En la mayoría de las discusiones, ambas partes tienen algo de culpa. Por
tanto, si puedes, arrepiéntete rápido y pide perdón; no trates de analizar
cada detalle del conflicto. Independientemente de quién tenga más
culpa, probablemente has pecado mucho más de lo que crees.
Olvida si puedes, habla de ella si es necesario
Si puedes simplemente olvidar la ofensa que te hayan hecho, olvídala. Si
te sigue molestando o sigues dándole vueltas, plantéala como un tema a
dialogar.
Tranquilízate
Hablar en medio del conflicto no suele ser la mejor idea. Pero hazlo
antes de que “el sol se ponga”.
Usa más la palabra “yo” que “tú”
Cuando usamos mucho la palabra “tú”, pareciera que estamos juzgando
y eso pone a la gente a la defensiva (“Tú no ayudas en la casa”. “Tú me
trataste muy mal”.). Las palabras “yo pienso” o “yo siento” son menos
provocadoras y abren el camino al diálogo y a la resolución de conflictos.
Prohíbete usar las palabras “siempre” y “nunca” en las discusiones.
Escucha con cuidado y después repíteselo para asegurarte de que
entiendes Deshazte de las distracciones (apaga la televisión, haz a un
lado a los niños). Siéntense juntos. Tómense de la mano. Mírense. No se
interrumpan. Puede que a uno de ustedes les ayude escribir lo que están
sintiendo. Sobre todo, traten de entender cómo se siente el otro. Traten
de repetir lo que la otra persona está diciendo y sintiendo hasta que la
otra persona se sienta feliz de que tú entiendes correctamente lo que él
o ella está diciendo.
Pide perdón No digas: “Lo siento”. Eso no requiere de una respuesta.
Pregunta: “¿Me perdonas?”.
Sigue adelante El amor no lleva un registro de las ofensas. No guardes
rencor. Hagan las paces después de una discusión. Hagan algo juntos
que sea positivo.