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Órdenes y Promesas de Dios a Josué

Dios da a Josué tres órdenes y promesas para guiar a Israel en la conquista de la tierra prometida. Las órdenes incluyen levantarse y cruzar el Jordán, tomar posesión de la tierra y ser valiente mientras medita en la ley de Dios. La promesa de Dios es su constante presencia y apoyo, asegurando que Josué y el pueblo tendrán éxito si confían en Él y siguen sus instrucciones.

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Órdenes y Promesas de Dios a Josué

Dios da a Josué tres órdenes y promesas para guiar a Israel en la conquista de la tierra prometida. Las órdenes incluyen levantarse y cruzar el Jordán, tomar posesión de la tierra y ser valiente mientras medita en la ley de Dios. La promesa de Dios es su constante presencia y apoyo, asegurando que Josué y el pueblo tendrán éxito si confían en Él y siguen sus instrucciones.

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I DIOS LE DA TRES ÓRDENES Y TRES PROMESAS

Josué 1:1-9
1. La primera orden: “Levántate y pasa el Jordán” (v. 2)

El reto era grande: Moisés había muerto. − ¿Y, ahora? “Te toca a ti, Josué”—.

La promesa anticipada consistía en que Dios ya les había entregado la tierra.


Desde mucho antes, Dios había planeado darles una gran cantidad de tierra como
posesión: “todo lugar que pisare la planta del pie…”.

Eso significaba que la meta la ponían ellos, los límites los ponían ellos.
¿Adónde querían ir y qué tierras querían poseer?
Si miraban al sur tenían el desierto de Arabia; si se dirigían al norte, tenían el
imponente Líbano; si cruzaban al este, encontrarían el río Éufrates y si al occidente,
el Mar Mediterráneo.
Era una gran extensión de tierra; con una motivación adicional, tomarían posesión
de una nación superior a ellos en cultura y tecnología, con avanzados y sofisticados
métodos de guerra; indudablemente Israel estaba en desventaja, con armas más
rudimentarias para la guerra y sin modo alguno de poder hacerse de las ciudades
amuralladas de sus enemigos, incluso, inferiores en estatura, sólo podían confiar en
Dios para vencer

En la mente de Dios el triunfo estaba asegurado: Dios veía el plan y la conquista,


como realizados.
No había forma de perder esa guerra. Dios había prometido esto hacía mucho
tiempo, a los antepasados de ellos, con juramento −y se los repite ahora, como
confirmación del tiempo cumplido, porque ellos viven el momento escatológico de
esas promesas pasadas, v6−.
Dios se haría responsable de cumplir su promesa, pero se necesita la cooperación
del hombre. Josué y su pueblo tienen la responsabilidad de entrar y poseer, – ¡y
había que hacerlo pronto!–.
La expresión: “levántate y pasa este Jordán” (v.2), implican prisa, obediencia sin
retraso. No puede haber dilación en nuestra voluntad para hacer lo que Dios dice.
Ellos no deberían claudicar entre dos pensamientos.

2. La segunda orden: “Toma posesión de la tierra” (v.2b).


No hay excusas.
Hay una tarea que cumplir, es entrar y poseer. Incluía desalojar y matar hasta el
exterminio a todos los enemigos. No debían tener piedad de ninguno.

Debían extenderse por todo el vasto territorio de Canaán y hacerlo suyo. El límite
era: “todo lugar que pisare la planta de vuestro pie…”.
La promesa para Josué era que “nadie le haría frente en todos sus días” (v.5). Dios le
promete que estará con él, le asegura su presencia diariamente: no lo iba dejar ni a
desamparar.

Como representante y jefe del pueblo, la promesa incluía no sólo a Josué sino a
todos. Las frases: “estaré contigo”, “no te dejaré”, “ni te desampararé” son una
misma promesa dicha en tres modos diferentes, por repetición sinonímica (propio
del idioma hebreo), para asegurarle la certeza de su presencia. Debió de ser una
tranquilidad para Josué saber que Dios estaba comprometido con su presencia diaria
y constante, cada vez que lo necesitara y donde lo necesitara, siempre estaría ahí.
3. La tercera orden: “Se valiente y medita en la Ley de Dios” (v.6)
El término usado para esforzarse es jazaq, que implica una combinación de fortaleza
moral y física. Tres veces Dios le pide a Josué que se esfuerce y sea valiente (v.6.7.9)
y hasta la misma gente le dice a Josué que se esfuerce y sea valiente (v.17.18).

Con todo esto en mente, lo más seguro es que Josué −el buen espía, valiente y
esforzado de otros años (cuando Moisés lo envió a reconocer la tierra junto con
Caleb), lleno de experiencia y conocimiento, es ahora el hombre temeroso, miedoso
y al que le faltan las fuerzas−. Había crecido a la sombra del “poderoso” Moisés, y
remplazarlo, era otra cosa.

Pero Dios era el mismo. ¿Cuál temor había que temer? Ninguno. Pero Josué lo tiene,
es un ser humano, a veces fuerte, creyente, confiado, valiente; otras veces,
dubitativo, triste, y hasta derrotado sin emprender aún la batalla. ¿Qué necesita?: la
presencia de Dios. Es eso lo que Dios le promete, después de la orden de marcha.
Vuelve y le reitera que tendrá su presencia a “donde quiera que él vaya” (v.9).

No es la primera vez que Dios está pensando en Josué para fortalecerlo, no es la


primera vez que se lo dice, ya van tres veces y hasta una más: si vemos Dt 3,28, Dios
le pide a Moisés que anime y fortalezca a Josué: “Da tus órdenes a Josué, dale ánimo
y valor, porque él pasará al frente de este pueblo: él le pondrá en posesión de esa
tierra que ves.”. Todos tenemos una imagen fuerte de Josué, pero parece que Josué
era un hombre al que había que fortalecer continuamente, Dios siempre estaba
pensando en eso (ver también, Jos 8,1).

Sin embargo, Josué es el hombre de Dios para la gran tarea de la Conquista. Si el


desánimo era una falla en Josué (no hay forma de probarlo, salvo por estas repetidas
ocasiones), por lo menos, sabemos que fue un motivo para que él, el gran general
del ejército de Dios, no confiara en su propio poder, sino en el poder de Dios y en su
fuerza. Lo vemos, al final del libro, cuando ha repartido toda la tierra, insistiendo en
que si todo el pueblo quiere ir en pos de otros dioses, él no, porque él y su casa
servirán al Señor (Jos 24,15).
Siempre confió en Dios a pesar de sus debilidades, y a Dios le plugo usarlo, porque
Dios se especializa en dar fuerzas al que no tiene ningunas. De hecho, sus ojos andan
buscando a quien fortalecer. La Biblia de Jerusalén traduce en 2Cr 16,9, así: “Porque
los ojos de Yahvé recorren toda la tierra, para fortalecer a los que tienen corazón
entero para con él”. Aquí aparece el mismo término jazaq, que el hebreo utiliza para
referirse a Josué. La verdad que nos queda de esto es que ¡Dios se complace en
buscar gente a quien fortalecer!
Sin embargo, esforzarse y ser valiente no es la única orden que Dios le da a Josué. La
orden que acompaña al esfuerzo y la valentía, es meditar en la ley de Dios (v.7).
¡Como si el esfuerzo y el valor moral y físico del hombre dependieran de ello! Y es
así. No hay otro pan que sostenga y nutra más nuestra vida que el alimento de la
palabra de Dios. “No te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra”, es la orden de Dios
(v.7).
El problema de Josué estaría en escuchar otras voces, o en seguir sus propios
pensamientos, y no la voz de Dios, esa sería su derrota. La frase “Nunca se apartará
de tu boca” (v.8), es repetición de “No te apartes” (v.7). También se repiten los
resultados de meditar y guardar la ley de Dios (vers. 7.9), siempre son los mismos:
traernos prosperidad, que todo salga bien, que todo emprendimiento y toda
empresa que comencemos sea prosperada (si no a los ojos del mundo, sí a los ojos
del Señor – ¡y su concepto es el que importa!–). Si somos prosperados a la manera
de Dios, tendremos éxito. Josué pudo terminar en prosperidad, porque prosperidad
significa “terminar los días bien”.

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