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Definición y Tipos de Ideología

La ideología es un conjunto de creencias y valores que orientan la conducta social y se manifiestan en diversos ámbitos como el político, económico y cultural. Su origen se encuentra en la filosofía y ha evolucionado a lo largo del tiempo, siendo interpretada de diferentes maneras por pensadores como Marx, Hegel y Sartre. Las ideologías pueden ser conservadoras, revolucionarias, restaurativas o reformistas, y su impacto en la identidad de los grupos es significativo, aunque también pueden ser objeto de crítica y distorsión en la comunicación social.

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Definición y Tipos de Ideología

La ideología es un conjunto de creencias y valores que orientan la conducta social y se manifiestan en diversos ámbitos como el político, económico y cultural. Su origen se encuentra en la filosofía y ha evolucionado a lo largo del tiempo, siendo interpretada de diferentes maneras por pensadores como Marx, Hegel y Sartre. Las ideologías pueden ser conservadoras, revolucionarias, restaurativas o reformistas, y su impacto en la identidad de los grupos es significativo, aunque también pueden ser objeto de crítica y distorsión en la comunicación social.

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IDEOLOGÍA

Es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son


compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana.
Las ideologías describen y postulan modos de actuar sobre la realidad colectiva,
ya sea sobre el sistema general de la sociedad o en uno o varios de sus sistemas
específicos,comoel económico, social, científico tecnológico, político, cultural,
moral, religioso, medioambiental u otros relacionados con el bien común. El
historiador español José Luis Rodríguez Jiménez ha definido la ideología como
«un universo de valores o conjunto de ideas que reflejan una concepción del
mundo.

El término ideología fue formulado por Antoine Destutt de Tracy (Mémoire sur
la faculté de penser, 1796), y originalmente denominaba la ciencia que estudia las
ideas, su carácter, origen y las leyes que las rigen, así como las relaciones con los
signos que las expresan.

Medio siglo más tarde, el concepto acoge su sentido actual al asociarse con
una perspectiva epistemológica, fundada por Karl Marx y Friedrich Engels en su
obra La ideología alemana (1845-1846), para quienes la ideología es el conjunto
de principios que explican el mundo en cada sociedad en función de sus modos de
producción, relacionando los conocimientos prácticos necesarios para la vida con
el sistema de relaciones sociales. La relación con la realidad es muy importante
para mantener esas relaciones sociales, y en los sistemas sociales en los que se
da alguna clase de explotación, para evitar que los oprimidos perciban su estado
de opresión.

El origen de la mayoría de las ideologías se encuentra en una corriente


filosófica cuando asume una versión muy simplificada y distorsionada, por falsa
creencia, de la filosofía original. En este sentido se produce, de forma general, un
carácter insincero, cuando un pensamiento original se convierte en «—ismo»
(Platón → platonismo; Marx → marxismo; capital → capitalismo; anarquía →
anarquismo; etc.). Su origen se sitúa en el ámbito personal, de acuerdo con las
necesidades que sustentan socialmente un determinado pensamiento. Se separa
y disocia de la realidad, porque la manipula en forma de propio interés.

Los primeros filósofos que estudiaron la «ideología»,


los psicologistas franceses (Condillac, Cabanis, Destutt de Tracy), situaron esa
necesidad en el «yo interior», interpretado de diversas formas (psicologismo y
psicofisiologismo). El sujeto se opone a lo exterior, que se da como suceso,
puesto que requiere la reflexión individual. Estos filósofos franceses pretendían
estructurar una teoría sobre el materialismo primitivo de las sensaciones y de ahí
su derivación en emociones, pasiones y sentimientos. De manera que del hecho,
del suceso o del acontecimiento exteriores se pasa psicológicamente a la manera
interior de captar las cosas y apreciar estas categorías de la psicología personal.

Más tarde el compromiso político de filósofos sociales (socialistas


utópicos, Saint-Simon, Fourier, Proudhon) situó el interés en las necesidades de la
vida social. El vuelco que protagonizó al extenderse al ámbito de la sociedad fue
considerable. Del interés del individuo se pasó al interés del grupo. Esto provocó
que se acuñase el calificativo de «doctrinarios» para referirse a los «ideólogos» en
su enfrentamiento con el poder, lo que confirió a la palabra un sentido peyorativo
que hasta el momento no ha perdido.

Después del psicologismo de los franceses, se pasó, primeramente, a las


formas filosóficas propias y, posteriormente, a las relaciones económicas. El
sentido más elaborado de ideología, en el primer sentido, es el de Hegel y, en el
segundo, de Marx. Se consideró la ideología como una «escisión de la
conciencia», que produce la alienación, bien sea ésta considerada como
meramente dialéctica del pensamiento, en el idealismo de Hegel o dialéctica
material en el materialismo de Marx.

En el siglo XX, la ideología es considerada como problema de comunicación


social. Para los frankfurtianos, de manera especial para Habermas, la ideología
expresa la violencia de la dominación que distorsiona la comunicación. Este habla
de la relación entre el conocimiento y el interés. Esto produce una distorsión que
es consecuencia de una razón instrumental, como conocimiento interesado, y que
es la responsable de la ciencia y la tecnología falsas como ejes de la dominación
social. Es pues necesaria una hermenéutica de la emancipación y liberación. De la
misma forma, Marcuse subraya este hecho en el seno de las clases sociales, en
particular políticamente dentro de los partidos y sindicatos.

Karl Mannheim y Max Scheler enmarcan la ideología en el marco de la


sociología del saber. El saber enmarcado dentro de la dominación política genera
tal cúmulo de intereses que configura la cosmovisión de los grupos sociales. No
hay posibilidad de escapar a una ideología bien construida. Todo gira a su
alrededor. Mannheim distingue entre ideología parcial, de tipo psicológico, e
ideología total, de tipo social.

Sartre, por su parte, introduce una idea de «ideología» completamente


diferente. Para Sartre la ideología es fruto de un pensador «creador», capaz de
generar un modo de ver la realidad.4 Por otro lado, Willard van Orman Quine trata
la relación entre los objetos exteriores, de ahí fuera, y los sujetos interiores, de ahí
dentro. En otros términos, liga la ideología a un modo razonado de considerar
la ontología.5

A finales del siglo XX, sin embargo, se entra en una época de infravaloración
de lo ideológico, de la mano de las ideologías conservadoras, de forma que
algunos han proclamado el ocaso de los ídolos, como "El fin de las ideologías",6
incluso proclamando el triunfo del pensamiento único y el "fin de la historia" o el
"choque de civilizaciones".

Características de una ideología

Una ideología, de acuerdo a lo postulado al respecto por Teun van Dijk, se


caracteriza por lo siguiente:
 Es un sistema de creencias socialmente compartido, es decir, que no puede
limitarse a un conjunto de creencias personales. Además, en tanto sistema
opera de modo axiomático y fundamental, lo cual significa que actúa como
núcleo de interpretación y de puesta en marcha de otras creencias, valores
y actuaciones.
 Tiene un impacto importante en la identidad del grupo que las profesa, ya
que les ofrece un modo de entender el mundo y entenderse a sí mismos
conceptualmente. Esto no quiere decir que toda forma de identidad social,
cultural o personal sea necesariamente el resultado de seguir una
ideología. Por ejemplo, la identidad lingüística de los hablantes de un
idioma no tiene en sí misma nada de ideológico.
 Existen tantos tipos de ideología como grupos de personas que las
suscriban, como movimientos sociales, partidos políticos, sectas religiosas,
entre otros.
 Se adquiere de manera gradual y paulatina, y se pierde también de la
misma manera. Las ideologías tienden a conservar su esquema de ideas
constante, pero al mismo tiempo son propensas al cambio y a la
transformación.
 No es necesariamente algo negativo o socialmente polémico. La mayoría
de las ideologías ni siquiera se asumen y se plantean como tales, de modo
que pueden defender ideas muy diversas. No todo lo ideológico debe
entenderse como fruto de un pensamiento fanático, inflexible o militante.
 Cumple con cometidos sociales y cognoscitivos muy diversos, dependiendo
del grupo que la suscriba. Una ideología puede contribuir con el disimulo y
la normalización de la opresión, o puede por el contrario proponer métodos
para derrumbarla.

Tipos de ideología

Las ideologías pueden ser de distinto tipo, dependiendo de la perspectiva a partir


de la cual se las estudie. Por ejemplo, si juzgamos su relación con el statu quo del
momento, una ideología puede ser:
 Conservadora, cuando propone un método para sostener el sistema en el
tiempo.
 Revolucionaria, cuando propone un método para cambiar radicalmente el
sistema.
 Restaurativa, cuando propone un método para volver a un sistema anterior.
 Reformista, cuando propone un método para avanzar paulatinamente hacia
un nuevo sistema o para mejorar el presente.

Por otro lado, es posible hablar de ideologías raciales, ideologías políticas,


ideologías morales, entre muchas otras, dependiendo del aspecto central de la
realidad al cual se dediquen.

Se podría hablar de la ideología como un elemento que da sentido, acciona y


participa en la agitación de la vida social y permite a algún sujeto observar cómo
funciona en las relaciones sociales, puesto que ahí es evidente su efecto. Su
papel no puede ser visible como el trasfondo del discurso, su verdadera intención
regula aquello que se percibe en el acontecer social, es decir, las relaciones entre
los grupos y facciones de la sociedad.

Sin embargo, la ideología es algo mucho más complejo. Formada por un


sistema de ideas y valores, pero también por deseos, aspiraciones, temores y
prejuicios, expresa la visión que cada estamento tiene sobre la vida humana, el
mundo o la naturaleza, pero se manifiesta siempre internalizada en la conciencia
individual y se traduce en el respeto, la indiferencia o el desprecio con que
podemos tratar a los demás, en la confianza o el desaliento que nos produce el
espectáculo del mundo, en el cuidado de la naturaleza o el afán de aprovecharla,
o, desde luego, en los comportamientos políticos más que en los discursos sobre
ellos.

Pero precisamente porque corresponde a la visión que cada estamento de la


sociedad ha formado desde su propio mirador, es imposible que en ella puedan
coincidir todos los miembros de una sociedad determinada. La idea misma de lo
bueno es por lo tanto relativa. De hecho, lo que es bueno para unos puede ser
malo para otros: lo que es bueno para los importadores puede ser malo para los
productores locales de productos equivalentes; lo que es bueno para ciertos
empresarios suele ser malo para los trabajadores; lo que es bueno para los
terratenientes puede chocar con lo que es bueno para los industriales.

La vida social es el escenario de los esfuerzos de cada estamento por hacer


prevalecer su propia visión de los valores. Una conciliación perfecta de
aspiraciones, necesidades e intereses parece ser imposible y jamás ha sido
alcanzada en ningún lugar del mundo, aunque en el plano de las ideas y los
valores se produzcan aparentes coincidencias. Todos podemos coincidir, por
ejemplo, en que es necesario consolidar la democracia; sin embargo, si la
democracia consiste para unos en la búsqueda de la sujeción de las minorías a las
aspiraciones de la mayoría en un régimen de libertad y participación, para otros es
la sumisión de la mayoría a los intereses de una minoría y abre la puerta a los
autoritarismos.

Podemos concluir que es valioso que el individuo, en sus búsquedas, explore


pensamientos e ideas, milite, identifique lo que le importa y resuelva de qué forma
quiere aportar. creer en causas y defenderlas pero existe el riesgo de quedar
atrapados en un marco ideológico negándose el derecho (y el placer) de re pensar
y de cambiar de opinión, de madurar las ideas, de cruzar la teoría con la
implacable realidad, de conversar con personas que piensen diferente, encontrar
puntos comunes. Se muere un poco la persona, o el movimiento, que se vuelve
esclavo de la ideología y se conforma con respuestas prefabricadas para
problemas que cambian al ritmo al que lo hace el mundo.

Una cosa es tener unos principios sólidos y una forma de enfrentar la vida y la
toma de decisiones, otra es aplicar la misma fórmula para todas las situaciones sin
considerar las condiciones de tiempo, modo y lugar. Cambia el conocimiento en
las diferentes áreas, avanza la tecnología, las herramientas disponibles, los
valores sociales, las prioridades. En ese proceso de ir cambiando, se ha vuelto
más pragmático: lo que funcione bien para la sociedad sin detenerme a pelear
porque lo diga alguien de un lado u otro del espectro ideológico. Creer en la
búsqueda de soluciones reales, en el planteamiento adecuado de las preguntas,
en la construcción interdisciplinaria de las respuestas.

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