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Impacto de la ausencia paterna en Gohan

La ausencia de la figura paterna afecta negativamente el desarrollo emocional, intelectual, físico y mental de los niños, y la custodia con el padre podría mejorar su bienestar. A pesar de la tendencia cultural y judicial de otorgar la custodia a las madres, es crucial reconocer la importancia de la paternidad activa para el desarrollo saludable de los hijos. Estudios recientes sugieren que permitir a los padres involucrarse en la crianza no solo beneficia a los niños, sino también a los propios padres, promoviendo una masculinidad más sana y equitativa.

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Impacto de la ausencia paterna en Gohan

La ausencia de la figura paterna afecta negativamente el desarrollo emocional, intelectual, físico y mental de los niños, y la custodia con el padre podría mejorar su bienestar. A pesar de la tendencia cultural y judicial de otorgar la custodia a las madres, es crucial reconocer la importancia de la paternidad activa para el desarrollo saludable de los hijos. Estudios recientes sugieren que permitir a los padres involucrarse en la crianza no solo beneficia a los niños, sino también a los propios padres, promoviendo una masculinidad más sana y equitativa.

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Sobre cómo afectaría la ausencia de la figura paterna al desarrollo de Gohan Gabriel y por

qué sería en beneficio de un mejor desarrollo emocional, intelectual, físico y mental que su
custodia estuviera con su padre.

Introducción
La manera en que se plantea la imagen de la familia en nuestra cultura, desde hace
generaciones es un matrimonio constituido por el padre y la madre, y su
descendencia, los hijos. Sin embargo, en muchos casos, esta formación nuclear no
se puede sostener debido a diferentes causas. Es por eso que la imagen de la
familia ha evolucionado, ha crecido en sus límites, ha expandido las fronteras de la
cultura, de los valores e incluso los límites jurídicos, moldeando así nuestra
sociedad desde el núcleo familiar fragmentado.
Los principios de interés superior del niño, en un comienzo, y de corresponsabilidad,
de forma posterior, han ido modificando las formas de custodia unilateral. Así, el
Derecho ha evolucionado desde formas judiciales de custodia unilateral a favor del
padre, y luego a favor de la madre, a formas de asignación regidas por los
susodichos principios. (Barcia Lehmann, 2018) Y, en la búsqueda de preservar la
integridad de los menores se han establecido leyes y modelos cuyo propósito ha
sido el más noble de proteger a los niños, quienes, en momentos de desacuerdo
marital, serán siempre, los más vulnerables. Es por ello mismo, también, que se ha
generalizado el uso de dar a la madre la custodia salvo claras excepciones de
incapacidad que se establecen en el Código Civil Federal, no obstante, estamos
aprendiendo que esta forma de actuar, no es más la mejor decisión.
La presencia, relación y convivencia con el padre no solo es favorable sino
necesaria y fundamental para la crianza y desarrollo de hijos e hijas; no obstante en
la vida cotidiana frecuentemente sigue estando ausente la figura paterna en la vida
de sus hijos e hijas, y esta ausencia se acrecienta cuando la pareja se separa o
divorcia, y no existen acuerdos en cuanto a la crianza y educación de los menores,
originando a menudo paternidades fragmentadas (Torres, 2009).
En varias zonas de México aún predomina el padre tradicional o patriarcal, el cual
es el proveedor de la familia, piensa que a él no le corresponde cuidar de los hijos e
hijas o realizar las tareas domésticas, considera que expresar ternura y amor le
puede restar autoridad, por tanto guarda distancia de los hijos y más de las hijas
(Torres et all, 2005). En México también existe un dicho que reza: A nadie se le
enseña a ser padre. Pero la realidad es que sí se enseña, se transmite. Los niños
aprenden con el ejemplo. Un padre ausente se traduce en un varón que crecerá
creyendo que debe ser así pues así lo vivió y al impedir que la relación entre padres
e hijos se fortalezca, se pierde la oportunidad de proporcionarle a la siguiente
generación un mejor ejemplo y con ello, una mejor forma de vida.
La perspectiva de género suele entenderse como sinónimo de estudios sobre la
mujer, pero actualmente en estos estudios se incluye también al hombre, dando con
esto relevancia a la cuestión de cómo se vive una masculinidad sana. Por ejemplo,
a través de la paternidad, rol en el cual algunos hombres se sienten discriminados
ante la tendencia, en la práctica judicial y administrativa, de otorgar la custodia de
los hijos preferentemente a la madre, en caso de divorcio o separación de los
padres, sin otra consideración de que el rol y el derecho natural de ella es el cuidado
de los hijos (Castillo et all, 2013). Sin embargo, esta práctica no solo es
discriminante para el hombre sino también para la mujer. En México se ha buscado
de muchas maneras romper con los estereotipos que atan a la mujer a actividades
del hogar. Pero si el discurso de igualdad de género no se lleva a una práctica
donde a ambos padres se les den las mismas consideraciones por la custodia de los
hijos, entonces, la equidad de género no existe.
En los procedimientos contenciosos el porcentaje de atribución de Custodia a los
padres se elevaba hasta el 7%, a favor de los padres, en un 2% es dividida, y en un
91% se le otorga la madre (Torres, 2009). En la mayoría de estos casos en los que
se otorga la custodia a los padres, se llevan a cabo procesos larguísimos en los que
se requiere demostrar la incapacidad de la madre para cumplir el rol. Esto requiere
no solo un proceso legal prolongado sino moralmente extenuante y que no deja de
ser descorazonador al tener que demostrar la incapacidad de uno u otro de los
padres convirtiendo la separación en una verdadera contienda que los hijos
presenciarán, vivirán y recordarán. Pero podríamos cambiar esto si
comprendieramos que la importancia de permitirle a los padres tener la custodia de
sus hijos, no debe ser ante la incapacidad de la madre, sino ante la justa necesidad
que existe en los hijos de vivir a lado de sus padres, de derribar los estereotipos de
masculinidades distantes, emocionalmente cerradas, diariamente ausentes.
Existen trabajos de investigación reciente como el de Mena (2015) en México, cuyos
hallazgos pueden arrojar luz sobre lo que las paternidades pueden aportar cuando
se les da la oportunidad, proporcionando no solo una mejor estabilidad emocional
para sus hijos, sino también para los propios padres quienes pueden dejar de lado
el rol tradicional de proveedores ausentes e involucrarse completamente en la
crianza de los hijos. Así derribando paradigmas y abriendo oportunidades para que
estos individuos se desarrollen mejor de lo que podrían haberlo hecho si se les
hubiera negado esa oportunidad.
“El padre es una necesidad biológica, pero un accidente social” (Parke, 1981). Esta
aseveración está acompañada de cifras que demuestran que la responsabilidad de
que los padres estén ausentes, es de los propios actores de la sociedad.

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