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Responsabilidad Colectiva y Anónima en Daños

El nuevo Código establece la responsabilidad colectiva y anónima, donde todos los miembros de un grupo responden solidariamente por daños causados por uno de ellos, a menos que demuestren no haber contribuido. Además, se regula la responsabilidad por cosas suspendidas o arrojadas desde un edificio, donde los dueños y ocupantes responden objetivamente por los daños causados. También se contempla la responsabilidad por actividades peligrosas de un grupo, donde todos los integrantes son responsables si se demuestra el nexo causal entre su acción y el daño.

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Responsabilidad Colectiva y Anónima en Daños

El nuevo Código establece la responsabilidad colectiva y anónima, donde todos los miembros de un grupo responden solidariamente por daños causados por uno de ellos, a menos que demuestren no haber contribuido. Además, se regula la responsabilidad por cosas suspendidas o arrojadas desde un edificio, donde los dueños y ocupantes responden objetivamente por los daños causados. También se contempla la responsabilidad por actividades peligrosas de un grupo, donde todos los integrantes son responsables si se demuestra el nexo causal entre su acción y el daño.

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RESPONSABILIDAD COLECTIVA Y ANÓNIMA

El nuevo Código incorpora tanto la responsabilidad colectiva, como la


anónima. Cuando el daño proviene de un miembro no identificado de un
grupo determinado, responden solidariamente todos sus integrantes,
excepto aquél que demuestre que no ha contribuido a su producción. Es
decir, demostrado quién es el autor, ya no hay anonimato. Si trata de un
grupo de riesgo, la situación es distinta: si un grupo realiza una actividad
peligrosa para terceros, todos sus integrantes responden solidariamente
por el daño causado por uno o más de sus miembros. Sólo se libera
quien demuestra que no integraba el grupo. En este caso es ineficaz
probar la autoría porque no interesa el anonimato, lo relevante es probar
que no se ha integrado el grupo.

COSA SUSPENDIDA O ARROJADA

Régimen legal

El art. 1760 del Código Civil y Comercial, regula un caso puntual de


responsabilidad colectiva, constituido por los daños ocasionados por las

Art. 1760 Cosa suspendida o arrojada: Si de una parte de un edificio cae


una cosa, o si ésta es arrojada, los dueños y ocupantes de dicha parte
responden solidariamente por el daño que cause. Sólo se libera quien
demuestre que no participó en su producción.

Cosas caídas o arrojadas de un edificio. En tal caso, la ley presume que


son autores del daño todos los dueños u ocupantes de la parte del
inmueble de la cual provenga la cosa dañosa, quienes responden
objetiva y solidariamente, pero pueden liberarse de responsabilidad
mediante prueba en contrario.

Fundamento
Tradicionalmente, la doctrina entendía que se trataba de una responsa-
bilidad objetiva o sin culpa, que encuentre su razón de ser en la
necesidad de amparar a los transeúntes, contra las agresiones torpes o
negligentes que pueden provenir de los edificios frente a los cuales
transitan.

El unevo Código reconoce expresamente que el dueño u ocupante


responde objetivamente, fundada en el riesgo creado. Es decir que, en
nada importa la valoración subjetiva de su conducta.

Principales diferencias con el Código anterior

La norma consagra una solución que se remonta al derecho romano y


que había sido contemplada también en el artículo 1119 del código
anterior, aunque con algunas diferencias importantes.

A) El ámbito de aplicación de este supuesto de responsabilidad


incluye los daños causados tanto por cosas arrojadas como por
objetos que caen de un edificio. De este modo se supera la
distinción anterior entre las cosas arrojadas y aquellas «sus-
pendidas o puestas de un modo peligroso que lleguen a caer»,
proveniente del derecho romano. En cuanto al lugar de la caída de
esas cosas, en esto difiere de la previsión del art. 1119 del Código
anterior, donde se establecía en su presupuesto fáctico que el
transeunte circulara o estuviera en una calle, o en un terreno
ajeno, o terreno propio sujeto a una servidumbre de tránsito. El
nuevo artículo no contiene esa limitación, por lo que,

Como vimos con anterioridad, también procedería en sectores

No abiertos al público, como un patio interno.


b) La ley menciona como legitimados pasivos a los dueños y los
ocupantes de la parte del edificio de la que proviene la cosa. La
referencia al «ocupante» busca ampliar el alcance del artículo, pues
incluye a cualquier persona que habite en el inmueble, ya se trate de un
locatario, usufructuario, usuario, poseedor, comodatario, depositario,
etcétera". Asimismo la redacción del artículo deja en claro que la
referencia genérica al ocupante no excluye la responsabilidad del dueño.
Por lo demás, esas categorías (dueño y ocupante) son mucho más
precisas que las de «padres de familia» e «inquilinos de la casa» que
empleaba el Código anterior.

c) La norma precisa que el dueño u ocupante responde objetiva- mente.


Es decir que en nada importa la valoración subjetiva de su conducta, lo
cual encuentra su razón de ser en la necesidad de amparar a los
transeuntes contra las agresiones que pueden emanar de los edificios
frente a los cuales transitan.

d) Para eximirse de responsabilidad deberá acreditar que no han


participado en la producción del perjuicio, lo que se traducirá,
normalmente, en la prueba de que la cosa estaba emplazada en (o fue
arrojada desde) un lugar distinto. En este punto el nuevo Código
también se aparta del artículo 1119 del código anterior, que requería
(como condición para la eximición de los sindica- dos como
responsables) la identificación de la persona que ha arrojado la cosa.

En aquellos casos en que la cosa cae desde un edificio sometido al


régimen de propiedad horizontal, se ha decidido que única- mente
procede demandar al consorcio si la cosa en cuestión tenía carácter de
común (por ej.: caída de parte de la fachada) o provino de un sector
común. Sin embargo, ante la falta de identificación del lugar del que
provino la cosa (parte común o privativa) la demanda contra el consorcio
también sería proce- dente en los términos de la norma en comentario,
en la medida en que haya partes Comunes que den al sector donde la
cosa cayó o fue arrojada.
e) Finalmente, la obligación de reparar nacida de la responsabi- lidad es
pasivamente solidaria, en la nueva norma, los dueños y ocupantes
deben responder solidariamente frente a la víctima. De tal manera que
pone a fin a la controversia doctrinaria; en cuanto a si se trata de una
responsabilidad simplemente man- comunada, como sostenía la postura
mayoritaria o de carácter concurrente o in solidum como defiende una
calificada doctrina.

Causales de eximición de responsabilidad

En relación con las eximentes de responsabilidad el nuevo código


establece: “Sólo se libera quien demuestre que no participó en su
produc- ción”. La norma establece claramente una inversión de la carga
probatoria a favor de la víctima, de tal forma que son los dueños y
ocupantes del edificio de donde se ha caído o arrojado la cosa; quienes
deben probar que no intervinieron en la producción del daño.

Asimismo, el art. 1760 es claro al respecto, cuando precisa que los


responsables son los dueños u ocupantes de la “parte” del edificio de la
que la cosa cae o es arrojada, lo que excluye la responsabilidad de
quienes habiten o sean propietarios de otros sectores. Así, por ejemplo,
si una maceta cae a la vereda, únicamente responderán los dueños u
ocupantes de las unidades que den al frente del edificio, más no los de
los departamentos que sólo tengan salida al pulmón de manzana.

En cuanto a la acciones de repetición, siendo la obligación ahora


solidaria, se fundan en el régimen establecido en el nuevo Código Civil y
Comercial, en la norma contenida en los arts. 840 y 841.

AUTOR ANÓNIMO

Régimen legal
El art. 1761 del Código Civil y Comercial, sienta un principio general,
según el cual todos los integrantes de un grupo responden objetiva y
solidariamente por el daño ocasionado por uno de ellos, si éste no ha
podido ser identificado.

La norma consagra la responsabilidad colectiva por el accionar anó-


nimo de un integrante de un grupo, figura inexistente en el código
anterior (aunque la doctrina y la jurisprudencia ya consagraban esa
solución por vía de la interpretación analógica del art. 1119). Asimismo,
establece expresamente la responsabilidad solidaria de todos los
integrantes del grupo, salvo que acrediten que no participaron en la
producción del daño.

Ámbito de aplicación

En este caso se trata de un grupo de personas que sin realizar una


actividad peligrosa o riesgosa pueden generar un daño. Por ejemplo:
asistentes a un espectáculo cultural, procesión religiosa, personas que
se encuentran como huéspedes de un hotel. No toda actividad grupal, es
necesariamente riesgosa.

La norma se aplica a todos los supuestos, en los que se haya produ- cido
un daño, que sólo pudo tener por autor a uno o más miembros de un
grupo determinado, que no desarrolla una actividad peligrosa para
terceros.

Se trata de una responsabilidad instituida a favor de la víctima, sobre la


base de una relación causal que sólo permite llegar al grupo de autores
probables, pero no puede determinar al autor concreto.

En tal caso, la ley presume que todos los miembros del grupo han sido
coautores del daño, y les imputa responsabilidad objetiva. Hay, pues,
una presunción de causalidad a nivel de autoría. La aplicación del
artículo presupone, ante todo, que exista un grupo, es decir, una
pluralidad de personas que forman un conjunto definible sobre la base
de alguna carac-

terística común (haber participado en una manifestación, o en


determinada

actividad; etc.).

Se trata de los casos en que el daño es causado por un miembro no


identificado de un grupo que, en cambio, sí está determinado.

No es necesario, por el contrario, que ese grupo esté formalmente


constituido de antemano por la decisión consciente de asociarse; la co-
nexión entre ellos puede ser accidental, circunstancial u ocasional. Lo
importante, en definitiva, es que el grupo exista. Determinada la exis-
tencia del grupo, es preciso que exista un nexo entre éste y el daño, en
el sentido de que dentro de la pluralidad de sus integrantes se
encuentre el autor o los autores del daño.

La norma requiere, como requisito ineludible, que no se haya acredita-


do quién o quiénes ocasionaron el perjuicio. Es decir, se exige que el
autor permanezca en el anonimato, pues si fuera posible establecer
quién es el autor concreto de la acción dañosa, la norma sería
inaplicable, y sólo podría perseguirse la responsabilidad directa de este
último. Es este anonimato el que permite imputar responsabilidad a
todos los miembros del grupo, como una manera de asegurar el
resarcimiento de la víctima (quien de no ser así no podría obtener
indemnización alguna, a falta de individualización del autor del daño).

Una vez determinados esos elementos, la ley presume iuris tantum la


relación causal, e imputa la autoría a todos los integrantes del grupo,
quienes responden solidariamente.

Al igual que en el artículo 1760 del CCC, esta norma no dice cuál es el
factor de atribución aplicable, ni de qué naturaleza es la responsabilidad
que contempla. Sin embargo, es indudable que se trata de un supuesto
de responsabilidad objetiva, por cuanto que, la culpa del agente es irre-
levante, pues la responsabilidad es consecuencia de haber formado
parte

del grupo, y no de haber sido el autor del daño, que permanece


anónimo.

Asimismo, y como expresamente lo dispone la norma en comentario, la


responsabilidad de los integrantes del grupo es solidaria, con lo que
deberán responder todos frente a la víctima por el total de la indemni-
zación correspondiente.

Por último, es importante señalar que este artículo, es aplicable tanto a


la responsabilidad extracontractual como a la contractual, lo que
permite su empleo, por ejemplo, para responsabilizar a un grupo de
médicos por el daño sufrido por un paciente a raíz de la mala praxis de
uno de ellos, pero cuya identidad se desconoce. Esta solución (que era
sostenida por la doctrina y la jurisprudencia ya con anterioridad a la
sanción del nuevo Código) es indudable en la actualidad, a partir de la
unificación de la responsabilidad contractual y extracontractual operada
por el artículo 1716 del CCC.

Causales de eximición de responsabilidad

En cuanto a la eximente de responsabilidad el art. 1761 establece la


responsabilidad de todos los integrantes del grupo «excepto que de-
muestre que no ha contribuido a su producción». Ello implica, como
expresáramos con anterioridad, que la responsabilidad es objetiva, ya
que la culpa es irrelevante, para eximir a los autores posibles.

Esta eximente es más amplia que la que preveía el artículo 1119 del
código anterior, que requería la identificación del verdadero autor del
daño. A partir del nuevo texto, no sólo esa circunstancia exime a los
sindicados como responsables, sino que cada uno de ellos puede probar
que no contribuyó a la producción del perjuicio. Con eso, se estaría
acreditando la efectiva ausencia de causalidad material entre el hecho
del demandado y el daño, lo que desvirtuaría la presunción legal.

Por último la acción de repetición entre los integrantes del grupo se rige
por las normas a las que remite el art. 1751 del CCC (solidaria si
provienen de una misma causa o concurrente si las causas son
distintas). Asimismo y a los fines de determinar la cuota en que cada
uno de los responsables debe contribuir, se deberá aplicar lo dispuesto
en el 841 del mismo cuerpo legal.

ACTIVIDAD PELIGROSA DE UN GRUPO

Régimen legal

A diferencia de los supuestos contemplados en los artículos 1760 y 1761


del CCyC, analizados con anterioridad, en este caso se considera que,
más allá del obrar del sujeto que ocasionó concretamente el perjui- cio,
éste deriva del riesgo generado por el grupo en sí mismo, y por eso

Todos sus integrantes responden en calidad de coautores.

El art. 1762 del CCyC, consagra un supuesto de responsabilidad


largamente reclamado por la doctrina: la responsabilidad por el accionar
peligroso de un grupo. En estos casos, acreditado el nexo causal entre el
accionar del grupo y el daño, todos sus integrantes responden solidaria-
mente frente a la víctima, salvo que acrediten que no formaban parte
del grupo. La solución no se encontraba prevista en el código anterior,
pero la doctrina y la jurisprudencia propugnaban de todos modos su
aplicación sobre la base de la aplicación analógica o extensiva de
diversos textos. Ahora está regulada expresamente.

Corresponde resaltar que esta norma busca generar herramientas


jurídicas más adecuadas para los casos en que el daño es ocasionado
por el accionar de determinados grupos riesgosos, como sucede con las
denominadas «barras bravas», las «patotas», etc. La creación del riesgo,
imputable a todos los integrantes del grupo, se confunde en este caso
con la autoría del daño. Es por eso que el daño se atribuye a todo el
grupo, y el sindicado como responsable responde por el solo hecho de
pertenecer al grupo.

Ámbito de aplicación

En el supuesto, la autoría individual del agente es intrascendente, pues


se trata de un supuesto de responsabilidad colectiva como conse-
cuencia del riesgo generado por el grupo en sí mismo. En tales casos, los
miembros del grupo responden tanto si medio anonimato como si el
autor está perfectamente individualizado, a diferencia de la
responsabilidad emanada del artículo 1761 del CCyC, donde la falta de
identificación del autor es un elemento determinante de la
responsabilidad del grupo.

Se requiere únicamente que exista relación causal adecuada entre el

Accionar del grupo por sí considerado peligroso y el daño sufrido por la

Víctima. Satisfechos esos recaudos, cada uno de los miembros del


gruporesponde solidariamente como coautor, y por el solo hecho de
haber participado en la creación del riesgo desplegado por la actividad
grupal.

Requisitos

Para que se configure este supuesto deben reunirse los siguientes

Requisitos.

1) Debe haber un grupo, es decir, una pluralidad de personas sobre


la base de alguna característica común.
2) El grupo debe realizar una actividad riesgosa. Y para deter- minar
la existencia de este presupuesto, la actividad del grupo debe
reunir las características del art. 1757, primer párrafo del CCyC, o
sea, ser peligrosa por su naturaleza, por los medios empleados o
por las circunstancias de su realización. La prueba de esas
características y la de la relación causal entre el daño y la
actividad peligrosa del grupo debe ser aportada por el dam-
nificado. Esa relación causal no se presume y la prueba pesa sobre
el damnificado, conforme lo establece el 1736 del CCyC.

3) Es preciso que medie relación causal entre el riesgo generado por


el grupo y el daño cuya reparación se reclama. Así, si se demanda
a los integrantes de una «barra brava» por los daños sufridos por
la víctima en el curso de un espectáculo público, debe acreditarse
que el perjuicio fue ocasionado por uno o al- gunos de los
integrantes del grupo (identificados o no). Cabe aplicar aquí, de
todos modos, la presunción de adecuación causal que usualmente
se reconoce a la víctima de los daños causados por cosas o
actividades riesgosas (arts. 1757 y 1758 del CCyC); por esa razón,
bastará al damnificado con probar el contacto material entre el
daño y la acción peligrosa del grupo para que la carga de la
prueba se desplace hacia los miembros de este último, quienes
deberán demostrar la causa ajena. Son legitimados pasivos todos
los integrantes del grupo, quienes responden solidariamente
frente a la víctima. En consecuencia,

Esta puede dirigir la acción contra todos o cualquiera de los

Integrantes del grupo de riesgo.

4) Se trata de un supuesto de responsabilidad objetiva, con fun-


damento en el riesgo generado por el accionar grupal.

Causales de eximición de responsabilidad


La única eximente admitida por el nuevo Código es la prueba de no
haber integrado el grupo. En consecuencia (a diferencia de lo que ocurre
en la responsabilidad del autor anónimo), la prueba de quién fue el autor
material del perjuicio, o de que el demandado no lo produjo, no exime a
este último. Por ejemplo, si se trata de un grupo de automovilis- tas que
desarrollan carreras ilegales en la vía pública (conocidas como
<picadas»), es intrascendente acreditar cuál fue el vehículo que
atropelló a la víctima, pues responden todos los que participaron del
grupo que desarrolló la actividad.

También se podría probar la causa ajena, es decir que el daño no fue


causado por el accionar del grupo, sino por la propia víctima, un caso
fortuito, o un tercero por quien los miembros del grupo no deben
responder. Sin embargo, el caso fortuito o fuerza mayor sólo podrá
invocarse cuando sea ajeno al riesgo insito en la actividad desarrollada
por el grupo (art. 1733 del CCyC).

En cuanto a la posibilidad de acción de regreso entre los integran- tes


del grupo, no existe una norma en el nuevo Código, que impida la
posibilidad de accionar contra los demás participantes del grupo que
desarrollara la actividad peligrosa, sino por el contrario, la acción es
admisible en virtud del art. 1751 del CCyC, que remite a las nomás de la
solidaridad (arts. 840y 841 del CCyC).

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