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Aumento de la Denunciabilidad de Corrupción

El documento analiza el aumento de la tasa de denunciabilidad de delitos de corrupción en Perú y la respuesta del sistema penal, que ha implementado políticas represivas como el aumento de penas y la creación de nuevos ilícitos. A pesar de estas medidas, no se ha observado un incremento significativo en las condenas efectivas por corrupción, lo que sugiere que la respuesta legislativa no ha logrado los resultados esperados. Además, se destaca la percepción de la ciudadanía sobre la corrupción y la desconfianza en las instituciones públicas, lo que ha llevado a un creciente descontento social.
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Aumento de la Denunciabilidad de Corrupción

El documento analiza el aumento de la tasa de denunciabilidad de delitos de corrupción en Perú y la respuesta del sistema penal, que ha implementado políticas represivas como el aumento de penas y la creación de nuevos ilícitos. A pesar de estas medidas, no se ha observado un incremento significativo en las condenas efectivas por corrupción, lo que sugiere que la respuesta legislativa no ha logrado los resultados esperados. Además, se destaca la percepción de la ciudadanía sobre la corrupción y la desconfianza en las instituciones públicas, lo que ha llevado a un creciente descontento social.
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RESUMEN

El autor, basándose en data estadística, observa el aumento de la tasa de denunciabilidad sobre los delitos de
corrupción. A partir de ello identifica la política criminal represiva para hacerle frente a la citada criminalidad, como
el aumento de penas y la creación de nuevos ilícitos de corrupción; no obstante ello, se aprecia, a nivel de
población penitenciaria, que no se ha dado un aumento de personas condenadas con penas privativas por casos
de corrupción, una de las explicaciones estaría vinculada a la conversión de penas, a pesar de que el artículo 57
del Código Penal establece su efectividad.

Main Text

1. Introducción

En estos tiempos complicados, social y económicamente, las exigencias sobre la adecuada actuación de los sujetos
públicos (Jareño, 2011, pp. 18-19), en el desarrollo de sus funciones y cualidades a nivel de la Administración
pública son más intensas, más aún sobre la comisión de delitos de corrupción debido a que genera la pérdida de
los valores esenciales de nuestra sociedad, la solidez de las instituciones públicas y el crecimiento económico
(Prieto, 2008, p. 93). Tomamos lo señalado por el maestro Díez, quien precisa que la corrupción «afecta
adversamente el desarrollo sostenible de un país» (Díez et al., 2004, p. 41). Por ello, la sociedad demanda al
sistema penal una actuación más eficaz sobre los posibles actos de corrupción, lo que ha repercutido en
modificaciones y creaciones normativas por parte del legislador1. En tal sentido, corresponde establecer si estas
exigencias se encuentran sustentadas y si la forma de confrontar la corrupción ha tenido los resultados anhelados.

2. Aproximación al fenómeno de la corrupción

La corrupción [pública], como fenómeno social, afecta gravemente a las instituciones del Estado y proyecta sus
efectos en la percepción ciudadana y los actores del mercado (Díez et al., 2004, p. 41), debido a que genera
desconfianza en las instituciones públicas2, lo cual repercute, como menciona Caciagli (1996), en la maduración de
una conciencia ciudadana participativa e intereses colectivos (pp. 84 y 91), más aún si su actuar se conecta con
las actividades de una organización criminal3 . Dicho impacto también ha sido resaltado por el Tribunal
Constitucional del Perú, en el Exp. n.o 000172011-PI/TC-Lima, al indicar que «la corrupción socava la legitimidad de
las instituciones públicas, atenta contra el desarrollo integral de los pueblos y contra las bases mismas del
Estado». De igual forma, se ha señalado, en el caso Ramírez Escobar y otros vs. Guatemala, las consecuencias
negativas de la corrupción, al precisar que «resquebraja la confianza de la población en el gobierno y, con el
tiempo, en el orden democrático y el Estado de derecho» (Corte Interamericana de Derechos Humanos [Corte IDH],
2018, p. 81). De todos los efectos perjudiciales que ocasiona la corrupción, el más significativo está relacionado
con los principios esenciales de la sociedad. Ello ha desencadenado que se establezca como principio
constitucional (implícito) a la lucha contra la corrupción, de acuerdo con lo establecido por el Tribunal
Constitucional peruano4, que se desprende de los arts. 39 y 41 de la Constitución Política, los cuales consideramos
propiamente de carácter universal, pues, como se ha observado en la historia de la humanidad, en los distintos
países y tipos de sistema social se han dado casos relevantes de corrupción con efectos muy dañinos (Vásquez,
2011, p. 362); sin embargo, esos actos han sido más incisivos en aquellos países donde sus instituciones fueron
más débiles.

Por otro lado, resulta pertinente establecer una definición de corrupción. Al respecto, Transparencia Internacional
(Transparency International, 2019) define la corrupción como «el abuso del poder para beneficio propio»5. Por su
parte, Sabán (1991) comprende por corrupción aquellos actos en los que se emplea el poder que se otorga para un
interés privado, que no corresponde con el fin del titular que lo otorgó (p. 16). Adicional a dicha perspectiva, se
encuentra la posición que exige, como parte fundamental, la necesidad de un intercambio ilícito de beneficios6
(económico) (Kubiciel, 2020, p. 20), visión con la que no estamos de acuerdo, debido a que en casos como el delito
de colusión (art. 384 del CP) o patrocinio ilegal (art. 385 del CP) no es exigido. Para nosotros, desde la perspectiva
de la corrupción pública, consideramos que se presenta cuando un sujeto público abusa de sus facultades, para
afectar los intereses institucionales, como puede ser el interés privado (p. e., en el caso del peculado o el
cohecho)7, transformándose así, como lo establece Saliger, en un «servir a dos amos» (citado por Rotsch, 2018, p.
231).

3. La corrupción como problema principal en Perú

Hoy en día se observan -en los medios comunicación- titulares sobre el aumento de los actos de corrupción,
escasos resultados satisfactorios en el combate contra la corrupción, penas benignas contra esta; sin embargo, no
se presenta información real que respalde las citadas noticias. Por ello, en el presente apartado analizaremos si
efectivamente la corrupción es un problema social real, para a partir de ahí establecer si se cuenta con resultados
positivos en relación con las decisiones que se han tomado para hacerle frente (Martínez, 2015, pp. 381-382). Una
política -pública- penal debe partir de una data empírica (estado situacional), para desde dicho escenario plantear
respuestas idóneas (que a la larga deben culminar en una política eficaz y eficiente); como apunta el maestro Díez
(2007), la política criminal gira sobre la aplicación de medidas más eficaces (racionalidad pragmática) (p. 120).

Para el año 2017, el principal problema en el Perú era la inseguridad ciudadana (delincuencia), en tanto, el
segundo problema era la corrupción8. Dicha información resulta trascendental si tenemos en cuenta su evolución
con los años hasta la fecha actual. Así, para el 2002 la corrupción, como problema principal en nuestro país, se
encontraba en el cuarto lugar (29 puntos), distante del desempleo (75 puntos), la pobreza (60) y la delincuencia
común (31 puntos). No obstante, con los años fue aumentado y preocupando más al peruano; por ello, el 2018
llegó a ocupar el segundo puesto como principal problema del país, escenario que también se apreciaba en los
países de la región, como lo ha resaltado en sus estadísticas el Latinobarómetro (Corporación Latinobarómetro,
2018, p. 61). Desde el 2019 hasta marzo de 2022 la corrupción es el principal problema en el Perú, muy por
encima de la delincuencia, la pobreza y la falta de empleo, aumento que se ha originado por los actos vinculados
al poder político y al cobro de porcentajes sobre contratos y licitaciones (Instituto Nacional de Estadística e
Informática [INEI], 2022, p. 3).

Dicha situación resulta más preocupante si a nivel de América Latina y el Caribe los peruanos perciben con mayor
intensidad la corrupción, en comparación con países vecinos. Así, el Perú ocupó el primer puesto en relación con el
nivel de corrupción, con 96 %, seguido por Colombia con 94 %, tercero Argentina con 93 % (Transparency
International, 2019, p. 12). Ese panorama va de la mano con el descontento del peruano, que está en total
desacuerdo con hechos de corrupción y se pronuncia ante dicha situación, p. e., realizando marchas de protestas
que en varios momentos han determinado que los funcionarios de más alto poder, como los legisladores, tomen
decisiones de acuerdo con las exigencias de estos grupos de presión, quienes vienen ocupando cada vez más
espacios importantes en las tomas de decisión. Este descontento se condice con el desacuerdo del peruano
(menos tolerante) con guardar silencio ante actos de corrupción (65 %) (Corporación Latinobarómetro, 2018, p.
63). Esta situación ha generado que el Perú, a diferencia de los demás países de la región, se ubique dentro de los
países con escasa confianza sobre las principales instituciones (poderes clásicos) del Estado, para el caso del Poder
Ejecutivo (13 %), Judicial (16 %) y Legislativo (8 %) (Corporación Latinobarómetro, 2018, pp. 51-54).

4. Aumento de los niveles de denunciabilidad

De un tiempo a la fecha, se aprecia que el nivel de denuncias a nivel del Ministerio Público sobre los delitos
vinculados a la corrupción ha aumentado. Así, los delitos contra la Administración pública en el año 2018
representaban 19 542 casos, en tanto que al 2019 eran 21 916 casos (Ministerio Público, 2019, p. 49), con lo cual
la carga procesal aumentó alrededor de 12 %.

A nivel policial también se aprecia el aumento en las denuncias policiales sobre delitos vinculados a la corrupción;
así, en el año 2018 el nivel de denuncias fue de 2324 (Policía Nacional del Perú [PNP], 2018, p. 293), para el 2019
era de 2800 (PNP, 2019, p. 291). En tanto que para el 2021, el nivel de denuncias se elevó hasta alcanzar 3788
casos (PNP, 2021, p. 288), con ello se aprecia un aumento en solo estos tres años de 63 % de casos. Esto conlleva
a establecer que la percepción de la ciudadanía sobre el aumento de la corrupción se corresponde con el
crecimiento de las cifras de delitos de corrupción.

5. Variación del marco normativo

Ante estas circunstancias, se aprecia un cambio a nivel legislativo, encaminado a intensificar la respuesta punitiva
como forma de hacerle frente al aumento de la corrupción, un claro ejemplo lo tenemos en los delitos asociados a
la corrupción (cohecho, peculado, etc.) regulados en el Código Penal peruano, los cuales se han modificado en un
338 %, siempre en un sentido de creación de nuevos ilícitos (política penal reactiva) y mayor represión, siguiendo
una línea de sobrecriminalización9, que como bien mencionan Prado Saldarriaga y Prado Manrique (2021) ha
originado un desorden legislativo (p. 228). Por ejemplo, en el año 2021, a través de la Ley n.o 31178, se modificó
por quinta vez el delito de colusión, regulado en el art. 384 del CP; en esta ocasión se aumentó la pena hasta
veinte años, además, se establecieron nuevas agravantes y la pena de inhabilitación perpetua. Asimismo, se ha
modificado y establecido, a través del Decreto Legislativo n.o 1351, en el art. 57 del CP, como excepción a la
posibilidad de aplicar la suspensión de la ejecución de la pena privativa de la libertad para los delitos de corrupción
(colusión, cohecho, entre otros)10, por lo que las penas en los casos de corrupción, por más que sean mínimas (en
el Perú la pena mínima es de dos días), tendrán que aplicarse de forma efectiva (con prisión).

En el ámbito procesal, se ha establecido la posibilidad de la aplicación del proceso especial de colaboración eficaz
para los casos de corrupción, además, la prisión preventiva para casos de corrupción en organización criminal
puede tener un plazo de hasta treinta y seis meses; de la misma forma, no resulta procedente la aplicación de la
terminación anticipada si nos encontramos en casos de corrupción vinculados a organizaciones criminales. Por su
parte, en el espacio penitenciario, se aprecia que en el art. 55 del Código de Ejecución Penal se ha modificado y
establecido que los beneficios penitenciarios de semilibertad y liberación condicional, los principales beneficios, no
son procedentes para aquellos internos que hayan cometido delitos relacionados con la corrupción. En tal sentido,
se puede apreciar que el legislador ha seguido una línea de endurecimiento del marco normativo en los casos de
delitos de corrupción, por lo que corresponde establecer si este proceder ha obtenido los resultados esperados.

6. Resultados en la lucha contra la corrupción

Al respecto, podemos observar que la respuesta a la corrupción requiere de priorización por parte del Estado a
través del ius puniendi, buscando incrementar la celeridad y la eficiencia de los procesos, así como reforzar las
herramientas de lucha contra la corrupción (entre otros aspectos, a través de sanciones proporcionales, procesos
céleres, una mejor definición de los delitos, e incentivos penitenciarios)11; sin embargo, la forma de proceder del
legislador peruano se ha centrado en la creación de tipos penales o aumento de penas sin mayor sustento y aporte
técnico, al no obtener los resultados esperados; por ejemplo, la Comisión de Alto Nivel Anticorrupción (CAN, 2014,
p. 3) ha precisado que en el 2013, del total de sentencias condenatorias a nivel nacional (59 613), las condenas
por corrupción con penas privativas de la libertad de carácter efectivo alcanzaron los 188 casos12, es decir, el
0.0031 %. Situación que después de diez años se mantiene, pues para diciembre del año 2022, si uno observa las
estadísticas de los delitos con mayor incidencia, relacionados con la población penitenciaria en los distintos
establecimientos penitenciarios, no aparecen los delitos de corrupción (peculado, colusión, cohecho, etc.); resalta
que ni siquiera se aproxima a los 744 internos, entre condenados y procesados.

Ello resulta más preocupante si conforme con las estadísticas del Poder Judicial (2022, p. 16): para el 2017 se
impusieron 1413 condenas por delitos contra la Administración pública; para el 2018 en total fueron 908
sentencias condenatorias; en el año 2019 fueron 935 condenas; en el 2020, un total de 989 resoluciones
condenatorias; y para el 2021, 295 condenas. Sobre el particular, si tenemos en cuenta que en el 2021 se
desarrolló el fenómeno de la COVID-19, del 2017 al 2020 la emisión de sentencias relacionadas con delitos contra
la Administración pública disminuyó en un 30 %.

Igualmente, sobre la afectación económica se aprecia que la contratación pública es el espacio donde con mayor
énfasis han colocado sus actividades los agentes corruptos13. Al respecto, indica Rodríguez-Arana (2020) que el
espacio de las prácticas corruptas en las contrataciones es el de mayor crecimiento (p. 871). Así, por ejemplo, en
el caso de Odebrecht vinculado al delito de colusión, como es la construcción de los tramos 2 y 3 de la carretera
interoceánica sur del Perú, el daño patrimonial al Estado bordea los S/1400 millones (Perú21, 2020). Por su parte,
en el tramo 5 de dicho caso, la Contraloría General de la República ha determinado un perjuicio de S/34 074 668
(Shack et al., 2020, p. 21). De ello se advierte que un solo caso de corrupción implica un daño (económico) enorme
a los peruanos.

7. Problemas en los resultados

En tal sentido, no se observa un resultado que corresponda en un inicio con el aumento de las denuncias por
corrupción y con el endurecimiento del trato normativo penal para los delitos contra la Administración pública; todo
lo contrario al tratamiento judicial para los casos de criminalidad vinculada a la seguridad ciudadana (Prado, 2019,
p. 107). Ello nos permite establecer distintas respuestas que expliquen dicha situación, en la primera, conforme se
aprecia, la Defensoría del Pueblo, a través del Informe n.o 168, arribó a que, aproximadamente, del total de
denuncias por los delitos de peculado y colusión (delitos de corrupción más emblemáticos) la fiscalía ha archivado
el 50 %, un gran porcentaje de dichos archivos engloban lo que la Defensoría ha denominado como «archivos
inadecuados»14, denuncias que no debieron archivarse, por distintas razones, p. e., omisión de realizar peritajes
necesarios imprescindibles o la desidia del representante del Ministerio Público para obtener información
adecuada, o por efectuar una mala calificación de los hechos, es decir, problemas técnico-jurídicos: «no juicio de
subsunción» (Defensoría del Pueblo, 2014, p. 118), entre otros. Es decir, a pesar del endurecimiento en el marco
normativo por parte del legislador, este no se ha preocupado en realizar una adecuada capacitación a los
operadores jurídicos sobre los nuevos marcos legales, lo cual conlleva a una falta de conocimiento para resolver
actos que propiamente engloban los supuestos de corrupción.

Asimismo, con relación a condenados por corrupción con penas limitativas de derechos, se aprecia que para la
citada fecha en total eran 717 personas (Instituto Nacional Penitenciario [INPE], 2022, pp. 27-59). De igual modo,
se distingue que las penas limitativas sobre casos de corrupción han aumentado; así, entre el año 2010 al 2013 no
aparecía dentro de las estadísticas, debido a que era mínimo, en el año 2014 eran 110 condenados, en el 2015
eran 149, en el 2016 eran 214, en el 2017 eran 277, para agosto de 2018 eran 354, para el 2019 eran 453, en el
2020 eran 508 personas, finalmente, en el 2021 eran 57115. Con lo que se aprecia que los jueces, en vez de
imponer sanciones efectivas, pues el art. 57 del CP prohíbe la suspensión, recurren a la conversión de penas, lo
cual genera una óptica de impunidad.

Igualmente, los pocos resultados frente a la lucha contra la corrupción desembocan en una falta de confianza de la
sociedad sobre sus gobernantes, que conlleva a su vez a que seis de cada diez personas no denuncien casos de
corrupción (Defensoría del Pueblo, 2014, p. 27). De la misma forma, dicho espacio de impunidad para los agentes
delictivos de supuestos de corrupción nos manifiesta un derecho penal benévolo para con los corruptos16, que
conforme lo ha precisado la profesora Prieto (2008), podría denominarse como «derecho penal del amigo», el cual
nos presenta «la transformación -a través de diversas vías- del instrumento punitivo en un tigre de papel frente a
sujetos que ocupan posiciones destacadas social, económica y políticamente» (pp. 106-107)17.

8. Propuestas

A partir de las estadísticas presentadas (Ministerio Público, INEI, PNP, etc.), se observa que la corrupción perjudica
gravemente al Estado, y se han identificado los ámbitos más afectados. Es por ello que lo coherente es que el
Estado, a través de sus principales instituciones, focalice su actuación -con los instrumentos más adecuados- en la
lucha contra la corrupción sobre esos espacios sensibles, de tal forma que se obtengan resultados satisfactorios en
la represión de dichos ilícitos; sin embargo, de la información, por ejemplo, del INPE, no se aprecian tales
resultados18; se cuenta con escasas sentencias condenatorias, a pesar del aumento de la tasa de denunciabilidad.

En tal sentido, corresponde a los funcionarios pertinentes, decisiones apropiadas en el ámbito normativo, como
mejorar dichos espacios, sea a través de la creación, la modificación o la derogación de normas, con el
correspondiente manejo técnico, de tal forma que no se permitan incongruencias dentro del ordenamiento jurídico,
además de generar espacios para una efectiva punición. Estos espacios, desde luego, deben ir acompañados de
los recursos oportunos para su efectividad, pues toda creación de norma implica de por sí actividades de
sensibilización y capacitación a los actores jurídicos y la sociedad; pues se observa que muchas veces existe
confusión en cuanto a la aplicación de los tipos penales vinculados a la corrupción, y se configuran, como en el
caso de la contratación ficticia, supuestos como peculado, cuando lo pertinente es el delito de colusión, lo cual ha
desembocado en archivos y sobreseimientos inadecuados.

De la misma forma, y teniendo en cuenta la complejidad del fenómeno de la corrupción, resulta apropiado mejorar
y crear nuevos indicadores que nos permitan realizar un seguimiento en la lucha contra esta19. Por ello, en lo
referente al espacio represivo (sistema de justicia penal) corresponde la creación de indicadores por cada sistema
(MP, PJ, etc.), pero también la creación de indicadores interinstitucionales, los cuales deben ser compartidos y
publicados para que la sociedad también realice el control respectivo20. Por ejemplo, establecer el número de
sobreseimientos en relación con las acusaciones por casos de corrupción, e indicar el medio utilizado (excepción
de improcedencia de acción, prescripción, etc.), el total de sentencias absolutorias sobre condenas, el tipo de
pena, las conversiones de pena, la incidencia de las condenas con penas privativas de la libertad efectivas; sobre
el total de penas, verificar si el número de sentencias condenatorias ha aumentado en relación con los años
anteriores, el seguimiento en el cumplimiento del pago de las reparaciones civiles, análisis cualitativos de los
archivos, sobreseimientos y absoluciones, a fin de verificar su sustento y establecer -a su vez- nuevos indicadores,
la incidencia respecto al pedido y la concesión de beneficios penitenciarios, el número de prisiones preventivas por
corrupción que ha desembocado en condenas con penas efectivas. Ello nos permitirá establecer si existe una lucha
eficaz contra la corrupción a nivel del sistema de justicia penal, pues actualmente en el Perú no se cuenta con
información necesaria para establecer los indicadores pertinentes en el ámbito de la corrupción. Es a partir de ahí
que podemos tener una concreta observación real de los avances en la lucha contra la corrupción. Con lo cual no
negamos, todo lo contrario, la importancia de una visión más amplia sobre el tratamiento de la corrupción para
generar resultados más plausibles (una visión interdisciplinaria)21.

Finalmente, el trabajo en la lucha contra la corrupción y la obtención de buenos resultados implica a todas las
instituciones del Estado y a la ciudadanía en su conjunto, por lo que corresponde realizar una automirada que
permita establecer los aspectos más complicados en el desarrollo de la identificación, el proceso y la sanción de
los actos delictivos, de tal forma que se pueda brindar una respuesta idónea al problema.

La Administración Trump devuelve el estatus migratorio legal a miles de estudiantes extranjeros

Nuevo giro de 180 grados de la Administración de Donald Trump, de momento. El Gobierno


estadounidense devolverá el registro de visado a miles de estudiantes extranjeros a los que se los
habían cancelado con el argumento de que habían cometido algún tipo de infracción, aunque en la
mayoría de los casos fuera muy leve o inexistente. El no constar en ese registro ponía a los afectados
bajo riesgo de deportación.

El Departamento de Justicia ha anunciado el cambio en una declaración a varios tribunales federales,


después de haber recibido demanda tras demanda y docenas de vetos judiciales contra su decisión
este mes de sacar a miles de estudiantes de los registros de la agencia de control de inmigración y
aduanas (ICE) que confirman su estatus legal dentro de Estados Unidos. A menudo, el ICE ni siquiera
comunicaba a los afectados que había sacado su nombre de esa base de datos.

Muchos de los afectados temían ser deportados o tener que marcharse repentinamente del país, en
gran parte de los casos a solo semanas de terminar el curso o incluso completar su graduación, en una
situación que había generado una psicosis generalizada en numerosas universidades y otros centros de
estudios. Algunos de los demandantes denunciaban que habían dejado de poder asistir a clase o que
no podían completar el curso porque, al no figurar en los registros, los centros de estudios cancelaban
sus matrículas.

En total se habían presentado más de un centenar de demandas en 23 estados, en los que en más de
la mitad de los casos los jueces encargados del caso habían ordenado a la Administración que
devolviera los nombres de los denunciantes a los registros. En docenas de otros casos, los magistrados
se peparaban para emitir sentencias similares antes del anuncio de este viernes.

El Departamento de Justicia explica que ICE está trabajando en una nueva política sobre los visados de
los estudiantes extranjeros. Hasta que no esté concluida, no se le cancelará el permiso de estancia a
ningún alumno “únicamente” porque en su historial aparezcan faltas leves o cargos que fueron
retirados.

“ICE está desarrollando una política que proporcionará un marco para las cancelaciones de nombres en
el registro SEVIS. Hasta que se complete esa política, los registros se mantendrán activos o se
reactivarán, e ICE no los modificará solamente porque se hayan encontrado faltas”, indica la
comunicación del Departamento.
Cerca de 1,1 millones de estudiantes extranjeros figuran en ese registro, que centraliza los datos para
determinar que los alumnos cumplen las condiciones de su visado, de tipo F-1, en cuanto a
matriculación y asistencia a cursos, progreso hacia la graduación, buen comportamiento y otros
requisitos. Si no las respetan -si las malas notas hacen imposible que aprueben el grado, si abandonan
los estudios, si se ponen a trabajar de manera ilegal, o si cometen delitos por ejemplo-, se les elimina
del registro y su visado queda cancelado.

Desde que Trump asumió el poder el 20 de enero, se han retirado más de 4.700 expedientes del
registro, según la Asociación Estadounidense de Abogados de Inmigración. La Administración alegaba
que podía eliminarlos si al revisar la base de datos encontraba que tenían un historial delictivo, pero los
demandantes denuncian que en sus casos las irregularidades eran meras faltas administrativas o se les
retiraron los cargos porque no tenían base.

El anuncio del Departamento de Justicia no tiene efecto en los casos de otros estudiantes a los que el
Departamento de Estado ha cancelado el visado por participar en manifestaciones o actividades
propalestinas que la Administración Trump considera peligrosas para la seguridad nacional y que
apoyan al grupo radical islamista Hamás.

En un comunicado, la portavoz del Departamento de Seguridad Nacional, Tricia McLaughlin, ha


señalado que los visados revocados no van a restablecerse. El nuevo paso, ha precisado, solo
restablece el registro en SEVIS “para las personas a las que no se les haya cancelado el visado”.

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