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Medios, Democracia y Servicio Público

El documento analiza la relación entre los medios de comunicación y la democracia, destacando cómo la influencia de los medios, especialmente la televisión, afecta las decisiones electorales y la calidad de la información disponible para los ciudadanos. Se enfatiza la importancia de garantizar libertades informativas y derechos fundamentales para fomentar una ciudadanía bien informada y participativa. Además, se discute la necesidad de que los medios actúen como un servicio público que respete el interés colectivo y promueva la inclusión en la esfera pública.

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Medios, Democracia y Servicio Público

El documento analiza la relación entre los medios de comunicación y la democracia, destacando cómo la influencia de los medios, especialmente la televisión, afecta las decisiones electorales y la calidad de la información disponible para los ciudadanos. Se enfatiza la importancia de garantizar libertades informativas y derechos fundamentales para fomentar una ciudadanía bien informada y participativa. Además, se discute la necesidad de que los medios actúen como un servicio público que respete el interés colectivo y promueva la inclusión en la esfera pública.

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DEMOCRACIA, SERVICIO PÚBLICO Y MEDIOS

DE COMUNICACIÓN

Luis Gerardo RODRÍGUEZ LOZANO

SUMARIO: I. La conexión entre medios de comunicación y de-


mocracia. II. La fragilidad de las libertades informativas en el
Estado moderno: mediocracia y desinformación. III. Las obli-
gaciones de servicio público en la legislación.

I. LA CONEXIÓN ENTRE MEDIOS DE COMUNICACIÓN


Y DEMOCRACIA

Los factores que contribuyen a la edificación de un Estado democrático


son múltiples, pero nosotros aquí sólo nos ocuparemos de la relación que
guardan los medios de comunicación con un sistema democrático, así co-
mo las consecuencias y repercusiones en el ámbito electoral y en la toma
de decisiones del gobernante y del ciudadano, pero sin omitir las reper-
cusiones que se puedan observar en los derechos fundamentales, particu-
larmente la libertad de expresión y de información.
Una primera relación es la que se observa en la influencia de los no-
ticieros televisivos en las preferencias electorales de los ciudadanos, al
difundir éstos información sobre temas políticos, culturales, económicos
y sociales, lo cual es muy frecuente en el caso de países como México y
Estados Unidos, donde una buena parte de la población decide su voto de
acuerdo con los mensajes televisivos, y no con lo que lee en los periódi-
cos, que sin tener el mismo alcance de los medios electrónicos suelen
apreciar un poco mejor la realidad nacional, simplemente por el mayor
pluralismo que se observa en ese sector.
La influencia de los medios electrónicos en esos países ha traído como
consecuencia el debilitar a los partidos políticos y a las libertades infor-

611
612 LUIS GERARDO RODRÍGUEZ LOZANO

mativas. Caso contrario es lo que se observa en los países europeos, don-


de la prensa y los partidos gozan de una moderada legitimidad, que per-
mite aminorar considerablemente la influencia negativa de éstos en el
ciudadano.1 No obstante, en mayor o menor medida la influencia negati-
va de estos medios se hará presente en países como Italia, donde el ex
presidente Berlusconi fincó su éxito lectoral de forma prioritaria en los
medios de comunicación, particularmente en su corporativo televisivo,
que en época electoral se convirtió en su comité de campaña, desde don-
de emanó tal influencia, que permitió afirmar una intención del voto fa-
vorable a su candidatura. En el mismo sentido, Sartori señala que “...en
las elecciones italianas de 1994 Luca Ricolfi calculó (entrevistando cada
quince días una muestra) que la televisión había desplazado hacia la de-
recha más de seis millones de votos”.2
Pese a lo complicado que resulta establecer un nexo causal entre inten-
ción del voto e influencia televisiva, es obvio que los medios de comuni-
cación contribuyen fuertemente en las posturas del votante, debido al po-
der de persuasión que tienen aquéllos hoy en día.
Lo anterior se observa en la pobreza de las propuestas de las campañas
electorales, donde éstas son atendidas la mayoría de las veces por campa-
ñas de publicidad de la más baja calidad, dejando de lado la propuesta
del candidato, y por ende al margen de lo que dispone la ley.
Queda claro que los medios de comunicación (principalmente la tele-
visión) hoy en día son la fuente principal, si no es que la única fuente de
información para una gran cantidad de personas a nivel mundial. La
enorme cantidad de tiempo que le dedica el ser humano a los medios de
comunicación lo pone de manifiesto.3
Ahora bien, veamos cuáles deben ser las funciones de los medios de
comunicación en una sociedad que se estima democrática. Para Santiago
Sánchez González, éstas deben ser:

1 La BBC de Londres, por ejemplo, es reconocida por su enorme prestigio mundial


en el campo de la comunicación audiovisual.
2 Sartori, Geovani, Homo videns la sociedad teledirigida, 2a. ed., trad. de Ana Díaz
Soler, Madrid, Taurus, 2005, p. 113.
3 Santiago Sánchez González apunta que el tiempo que le dedica una persona a los
medios de comunicación es en algunos casos de hasta 8 horas diarias. Además, destaca
que este tiempo es en detrimento del que le dedicamos a otras actividades, como la lectu-
ra, que dicho sea de paso es considerablemente inferior. Sánchez González, Santiago, Los
medios de comunicación y la vida democrática, México, Marcial Pons, 1996, p. 107.
DEMOCRACIA, SERVICIO PÚBLICO Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN 613

a) Supervisan, vigilan o inspeccionan el entorno, para dar noticia tanto


de hechos que se consideran pueden afectar o interesar al común de
las personas —desde la amenaza de una tormenta hasta la quiebra
de un banco, pasando por la muerte de un personaje público o la
firma de un tratado sobre inmigración—, como de las ofertas u
oportunidades laborales, comerciales y de entretenimiento que sir-
van de orientación a los individuos en su vida cotidiana;
b) Establecen relaciones entre las noticias, subrayando la dependencia
existente entre los acontecimientos, los grupos sociales y los dife-
rentes elementos que forman la estructura social; es decir, interpre-
tan o dan un significado a las noticias;
c) Son los transmisores, generación tras generación, de la herencia
cultural de la sociedad, o sea, del conjunto de factores integrantes
de la historia de esa sociedad, proporcionando así una valiosa infor-
mación a efectos del aprendizaje.
Esto lleva a considerar que la forma más natural de garantizar dichas
prestaciones es asegurando previamente los derechos fundamentales,4 ta-
les como la libertad de expresión y de información, en razón de que la
consolidación de la democracia hoy en día pasa de manera natural por
la correcta realización de estos derechos en los medios de comunicación.
El aseguramiento de tales derechos enriquece la libre discusión de las
ideas, y, por tanto, la participación de la ciudadanía en la esfera pública;
así, participación y discusión se vuelven vitales para la democracia.
No obstante, para que dicho proceso de participación y discusión se
vuelva verdaderamente efectivo se requiere una ciudadanía bien informa-
da y, por tanto interesada en los asuntos públicos.5 De esta forma, es im-

4 Como afirma Pedro Salazar Ugarte, los derechos fundamentales son vitales para la
consolidación de la democracia; tan es así, que son derechos considerados como contra-
mayoritarios, es decir, que no pueden ser limitados por medio de las mayorías. Por consi-
guiente, pueden considerarse una esfera vedada para el legislador. Salazar Ugarte, Pedro,
La democracia constitucional, México, Fondo de Cultura Económica, 2006, p. 135. En
tanto que Norberto Bobbio señala que: “Cualquiera que sea el fundamento filosófico de
estos derechos, ellos son el supuesto necesario del correcto funcionamiento de los mis-
mos mecanismos fundamentalmente procesales que caracterizan un régimen democráti-
co”. Bobbio, Norberto, El futuro de la democracia, 3a. ed., trad. de José Fernández San-
tillán, México, Fondo de Cultura Económica, 2003, p. 26.
5 Desafortunadamente, la desinformación deforma la estructura de las personas.
Esto es muy grave, si consideramos que esto empequeñece a los partidos políticos. El es-
614 LUIS GERARDO RODRÍGUEZ LOZANO

portante que el proceso de comunicación tome en cuenta tanto al emisor


como al receptor. En este sentido, Ignacio Villaverde propone la búsque-
da del

...equilibrio entre las diversas opciones políticas, ideológicas, culturales,


etc., propio del Estado democrático, exige también que los que reciben lo
que aquellos transmiten sean tenidos en cuenta por el ordenamiento jurídi-
co, porque, en primer lugar, ellos también participan en esa discusión,
bien es cierto que pasivamente, y que deben hacerlo con libertad, como los
emisores; y, en segundo lugar, pero no menos importante, porque ellos
también forman parte de la colectividad que ejerce la soberanía.6

pacio público hoy lo representan los medios de comunicación, de ahí que los candidatos
dependan más de los acuerdos que logren con esos poderes. Es triste que personas como
Berlusconi en su momento conquistaron la presidencia de Italia sin una estructura parti-
daria, su estructura fueron sus medios de comunicación y su dinero. Con todo, no consi-
dero que este fenómeno esté en proceso de la erradicación. Sin embargo, su importancia
decrece hoy en día. Son preocupantes las palabras de Sartori, cuando señala la erosión de
la consistencia ideológica de los políticos de hoy, si se considera que “...los progresistas
del pasado nunca han fingido que no entendían que todo progreso de la democracia —de
auténtico poder del pueblo— dependía de un demos ‘participativo’ interesado e informa-
do sobre política. Por eso, desde hace un siglo, nos estamos preguntando cuál es la causa
del alto grado de desinterés y de ignorancia del ciudadano medio. Es una pregunta cru-
cial, porque si no hay diagnóstico no hay terapia”. Sartori, Giovanni, op. cit., nota 2, p.
129. Antes de tratar de dar respuesta a la pregunta de Sartori, definamos la cualidad de la
ideología progresista. Esto se puede definir como un corpus de ideas las cuales procuran
impulsar políticas de bienestar a la ciudadanía, que contribuya en un mejoramiento del
individuo y de la polis. Luego, hoy en día se observa que los progresistas de hoy se pare-
cen mucho a los políticos oligárquicos de antes. Esta actitud de los gobernantes se le co-
noce hoy en día con el nombre de pragmatismo. Este tipo de actitudes han repercutido
gravemente, fomentando la apatía y el desinterés del ciudadano, y por ende desfondando
la democracia al ya no interesarse el ciudadano en los asuntos públicos. Es irónico que en
pleno siglo XXI, donde los estudiantes logran prepararse más, se encuentran más desin-
formados de asuntos políticos. Y lo peor es cuando personas formadas sin nivel cultural
se ponen a tomar decisiones informativas. Es así que me atrevo a afirmar que se está constru-
yendo una opinión pública sin ilustración.
6 Villaverde Menéndez, Ignacio, Los derechos del público, Madrid, Tecnos, 1995,
p. 22. Asimismo, Villaverde apunta: “...una primera e importante delimitación del ámbito
en el que se puede hablar propiamente de un derecho a ser informado, y en particular del
derecho a recibir información. Ese ámbito es el de lo público tal y como el ordenamiento
jurídico lo ha definido. Por tanto, ni se trata de la vidriosa a esfera de lo social, carente de
relevancia jurídica, ni, desde luego del ámbito privado del individuo, que en principio so-
lo el puede hacer accesible a otros”.
DEMOCRACIA, SERVICIO PÚBLICO Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN 615

No cabe duda que desde una perspectiva democrática, los medios infor-
mativos pueden y deben contribuir a garantizar que el emisor asuma su pa-
pel plenamente, respetando el derecho a recibir información por parte del
ciudadano, y por tanto suministrando información veraz, plural y con un
pleno sentido de atender el interés público. Por tanto, el informador debe
ser muy cuidadoso en este aspecto y saber distinguir cuándo se presenten
conflictos de información, y en tal caso asumir en todo momento una pos-
tura a favor de las mayorías sin afectar o vulnerar la esfera individual de
los sujetos, porque el buen informador bien sabe que la información veraz
es un compromiso indeclinable en el ejercicio de su profesión. En efecto,
una vez que los medios de comunicación tomen conciencia de su vocación
democrática asegurando los derechos informativos del público, aquéllos se
dedicarán a informar con visión incluyente respetando los derechos del re-
ceptor de la información. Bajo esta óptica democrática, emisor y receptor
vienen a ser como la misma cara de una misma moneda.
Evidentemente, el papel de los derechos fundamentales (particular-
mente la libertad de expresión y de información) en una verdadera demo-
cracia, cobran una importancia muy particular, asumiendo un papel vital
para el logro de tal fin. Aquí el Estado no se desentiende de su papel de
informar, sino que asume un rol primordial en el proceso informativo, fa-
cilitando y haciendo efectivo el derecho a recibir información veraz y
plural del ciudadano. En tal sentido, el Estado se convierte en un instru-
mento solidario de los derechos informativos.
Así, la participación del individuo en el Estado democrático se vuelve
vital para el desarrollo y el progreso de la sociedad. En efecto, una socie-
dad que delibera y debate sobre los asuntos de la polis se vuelve indis-
pensable, junto con los mecanismos que generan tal nivel de interés y
participación. Sólo aquel individuo bien informado y por ende politizado
se vuelve necesario para el accionar del Estado democrático.
En este contexto, el individuo goza de una estimulante protección por
parte del Estado, no sólo cuando aquél hace uso de su libertad de expre-
sión, sino también cuando se vuelve un receptor de la información. En
efecto, en el esquema democrático de la información el ideal es la inclu-
sión,7 en tanto que en el esquema liberal lo que acontece es la exclusión.
Al respecto, Ignacio Villaverde manifiesta:

7 En este contexto, el argumento democrático aplicado a los medios de comunica-


ción trae como resultado funcionarizar la información, dándole a ésta un sentido positivo,
616 LUIS GERARDO RODRÍGUEZ LOZANO

Desde la dogmática liberal es superfluo proteger la posición jurídica del


receptor. El hipotético derecho a ser informado no gozaría de otra garantía
que la que se desprende de la dispensada al derecho a informar. La garan-
tía de la libertad de quien se manifiesta y divulga lo manifestado es la con-
dición de la existencia del Estado democrático. Éste no añade nada a la li-
bertad de expresión o de información, y es la protección de esta libertad lo
que satisface el interés colectivo de la información.8

En efecto, proteger la recepción de la información desde la óptica li-


beral no tiene mucho sentido; por tanto, dar protección al receptor salva-
guardando su derecho a una información veraz y plural implica entender
a la libertad de expresión y de información desde una óptica diferente, lo
que no resulta aceptable para el esquema liberal. En este esquema lo que
se busca es potencializar y garantizar para el público los derechos infor-
mativos. De ahí el conflicto entre los esquemas liberal y democrático.
Queda claro que los medios de comunicación son un importante instru-
mento para fortalecer e impulsar la realización de los derechos fundamen-
tales, tales como la libertad de expresión y de información, razón por la
que se considera que la correcta realización de las libertades informativas
pasa por los medios de comunicación “para la formación de la opinión
pública, aunque puede ser discutible que, en la práctica, realicen verda-
deramente tal función”.9

de tal forma que la información en este modelo asuma la función de servicio público, y
por tanto en favor de las mayorías. De esta forma, la información se considera un bien
público propiedad de la colectividad. En el Estado democrático lo que se pretende es sal-
vaguardar el interés público, lo que justifica la actitud prestacional de este en aras de pro-
teger y fortalecer a la opinión pública.
8 Villaverde Menéndez, Ignacio, op. cit., nota 6, p. 28.
9 Estamos de acuerdo con la postura de Socorro Apreza Salgado, por las siguientes
razones: primero, la implicación entre medios de comunicación y derechos fundamenta-
les, así como la importancia de estos para la formación y fortalecimiento de la opinión
pública. Segundo, es muy importante buscar corregir la tensión que existe entre los me-
dios de comunicación y las libertades informativas como consecuencia de ver a la infor-
mación como simple mercancía, de ahí que resulte cuestionable esa supuesta contribu-
ción de los medios a favor de la opinión pública. Apreza Salgado, Socorro, Veracidad y
pluralismo informativo en el medio televisivo: una tarea pendiente, Salamanca, Edicio-
nes Universidad de Salamanca, 2004, p. 65.
DEMOCRACIA, SERVICIO PÚBLICO Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN 617

II. LA FRAGILIDAD DE LAS LIBERTADES INFORMATIVAS


EN EL ESTADO MODERNO: MEDIOCRACIA Y DESINFORMACIÓN

Como ya se señaló, la información interactúa de diferente manera, ya


que mientras que en un Estado democrático asume el firme compromiso
de informar atendiendo el interés general,10 en el Estado liberal los me-
dios de comunicación se encuentran sometidos a intereses comerciales.11
Y por tanto, muy distantes de satisfacer necesidades de interés general.
Aquí lo que se busca es satisfacer los intereses de las oligarquías empre-
sariales.
En este sentido, se comienzan a delinear perfiles que desde finales del
milenio pasado y en este pretenden consolidarse y reforzarse. Dicho es-
quema se observa muy claramente en la revolución de las tecnologías de
la información. Esta evolución detonó una nueva estructura de domina-
ción del individuo, que tiene como punto de partida a los medios de in-
formación. En este contexto, los medios de comunicación (tanto escritos
como visuales) se han convertido en el escenario principal del debate po-
lítico; sin éstos, la posibilidad de obtener y mantener el poder se vuelve
complicado. Así, los actores políticos terminan por ser parte del mismo
esquema, aunque no todos acepten jugar el mismo rol en el proceso in-
formativo. Tal afirmación puede ser sustentada si se considera que “la te-
levisión se ha erigido en las dos últimas décadas en la fuente principal,

10 Como apunta Jorge Fernández Ruiz: “Sin duda, el servicio público nace de la ne-
cesidad humana, mas no de cualquiera, sino de la común carencia insatisfecha que tienen
una y muchas personas, lo que no significa que sean todas las de una sociedad, pero sí
tantas, que la conviertan en una necesidad de carácter general cuya satisfacción se inserta
en el telos del Estado, quien tiene el deber ético de asegurar su satisfacción, cuyo cumpli-
miento se logra precisamente mediante el desarrollo de la actividad técnica que implica
la prestación del servicio público”. Fernández Ruiz, Jorge, Derecho administrativo (ser-
vicios públicos), México, Porrúa, 1995, p. 135. Por tanto, la información sí tiene funcio-
nes de servicio público.
11 En tal sentido, Santiago Sánchez González afirma: “No es sólo el hecho de que los
medios colectivos de difusión, los que sobreviven, se estén transformando en empresas
capitalistas cuyo único, o prioritario, objetivo sea obtener beneficios económicos a toda
costa; obsérvese que nunca hasta hace unas décadas se había hablado de industrias cultu-
rales. Es que el capitalismo necesita para su expansión y hegemonía ‘pacíficas’ que no se
ponga seriamente en tela de juicio la ideología del libre mercado de mercancías e ideas”.
Sánchez González, Santiago, op. cit., p. 9. En efecto, los medios de comunicación atien-
den principalmente la forma, desatendiendo el fondo, y, en consecuencia, el valor de la
información se empobrece en perjuicio del interés general.
618 LUIS GERARDO RODRÍGUEZ LOZANO

sino en la única, de información para la mayoría de las naciones no ya


europeas, sino del globo”.12
Los cambios tan acelerados que están aconteciendo en la sociedad hoy
en día han contribuido a modificar ciertos esquemas ideológicos. Sin em-
bargo, las diferencias existentes entre la izquierda y la derecha se deben
aun a esquemas de igualdad social. Sin embargo, si del acceso al poder
público se trata, todas las fuerzas políticas, con independencia de su
ideología, deben procesar sus estrategias a través de los medios de comu-
nicación.
En este sentido, llega un momento en que ya no se discuten aspectos
de ideología partidaria, sino de posesionar un mensaje en los medios de
comunicación que permita a las fuerzas políticas el acceso al poder.13

12 Sánchez González, Santiago, Los medios de comunicación y los sistemas democráti-


cos, Madrid, Marcial Pons, 1996, p. 107. Además, hoy en día estos son la principal fuente
de conocimiento para una buena parte de la sociedad, razón por la cual preocupa la influen-
cia que tienen los medios de comunicación en el proceso educativo de las personas, princi-
palmente en el de la niñez. Es por ello que se torna urgente darle un giro democrático a los
medios de comunicación. Pooper, Karl y Condry, John, La televisión es mala maestra,
trad. de Isidro Rosas Alvarado, México, Fondo de Cultura Económica. En dicho libro el
pensador austriaco expresa su preocupación por las enormes consecuencias que pueden te-
ner los medios de comunicación si no se manejan éstos con una visión democrática.
13 Alejandro Muñoz Alonso Ledo hace énfasis en el papel que han venido jugando
los medios de comunicación en los últimos años, destacando el abuso que se ha cometido
en ejercicio de las libertades informativas, lo que ha propiciado que incluso la democra-
cia cobre una orientación negativa. En este sentido, señala: “La televisión, ese medio que
marca el ritmo de la actualidad, no sólo influye en los otros medios a los que, de alguna
manera, somete a su imperio, sino que ha transformado a fondo el modo de hacer política
imponiendo su dictado al proceso democrático. La política depende ahora más que nunca
de los medios y sobre todo de la televisión”. Alonso-Muñoz, Alejandro, “La democracia
mediática”, Democracia mediática y campañas electorales, Barcelona, Ariel, 1999, p. 16.
Visto el panorama, el cual no resulta nada halagador tanto para la democracia como para
los medios de comunicación y los derechos fundamentales. Y es que ante una realidad
tan pobre lo que se alcanza a percibir en todas las sociedades democráticas es que éstas
se están quedando sin el pueblo o, dicho de otra forma, sin el público informado de ma-
nera similar a la democracia sin el pueblo a la que hizo referencia ya hace tiempo Duver-
ger, cuando aludía a los efectos postelectorales que impedían la consumación de la vo-
luntad popular expresada en las urnas. En definitiva, lo que se observa es un sentimiento
generalizado de escepticismo, hipocresía y falta de credibilidad en los políticos, lo que
conduce a los ciudadanos a refugiarse en su vida privada atendiendo sólo sus muy perso-
nales intereses. Hoy en día los políticos son de tal o cual ideología en razón de sus intere-
ses. De esta forma, lo único que importa es seguir vigente políticamente para seguir co-
brando. Duverger, Maurice, La democracia sin el pueblo, Barcelona, Ariel, 1997.
DEMOCRACIA, SERVICIO PÚBLICO Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN 619

Como se puede ver, los medios de comunicación han orillado a los parti-
dos políticos a jugar el mismo juego, aunque no necesariamente dentro
del Estado de derecho; no obstante, no jugarlo es estar condenado al fra-
caso.14
En consecuencia, mediocracia y democracia son hoy en día dos pala-
bras que poco se contradicen, porque en ambas no hay mucho margen
para la pluralidad, la veracidad informativa, y mucho menos para una
verdadera competencia. De ahí que compartimos la opinión de Manuel
Castells en el sentido de ver cuál de estos dos sistemas tiene mayores
alcances,

...si consideramos el sistema previo de una democracia dominada por los


partidos, donde las organizaciones de éstos, en buena parte aisladas de la
mayoría de los ciudadanos, decidían por completo los programas y los
candidatos políticos, es discutible cuál sistema proporciona una participa-
ción más amplia de los ciudadanos, al menos una vez que hemos pasado
los tiempos mitológicos de las reuniones comunales como mecanismos de
decisión.15

Lo realmente importante es que sin una presencia activa o por lo me-


nos regular de las propuestas o candidatos en los medios éstos no estarán
en posibilidades de lograr una mayoría que les permita entrar en compe-

14 Bobbio, Norberto, Izquierda y derecha, Madrid, Taurus, 1996. Lo cierto es que en


esta lucha por lograr el acceso al poder por parte de los partidos políticos teniendo como
instrumento principal a los medios de comunicación ha sido de graves consecuencias pa-
ra la opinión pública en busca de información. Ello ha generado que, en opinión de Ma-
nuel Castells, “La opinión pública se considere a menudo un recipiente pasivo de mensa-
jes, fácilmente abierto a la manipulación”. Castells, Manuel, La era de la información. El
poder de la información, 5a. ed., trad. de Carmen Martínez Gimeno, Madrid, Siglo Vein-
tiuno, 2004, t. II, p. 343. De igual manera sostiene también Socorro Apreza Salgado que
“...la libertad del público de elegir se ve oscurecida al no existir una pluralidad de mensa-
jes garantizadora de la posibilidad real de elección, ya que como hemos expuesto la com-
petitividad incentiva una uniformidad y una transmisión de información sin contenido,
que implica una reducción y una omisión de la información, y no un aumento de la infor-
mación y de la calidad de la misma”. Apreza Salgado, Socorro, op. cit., nota 9, p. 71. Por
consiguiente, lo que se observa es la reducción de la información a los más bajos es-
tándares de calidad, y por consiguiente a la fácil y cómoda manipulación de la mente
humana.
15 Castells, Manuel, La era de la información, 5a. ed., trad. de Carmen Martínez Gi-
meno, Madrid, 2004, vol. II, p. 349.
620 LUIS GERARDO RODRÍGUEZ LOZANO

tencia con los demás candidatos. Por tanto, las propuestas de los candi-
datos o gobernantes deben pasar por los medios de comunicación para
pretender influir en la toma de decisiones. Dicha influencia se busca hoy
en día de manera preferente a través de la televisión. Es en este espacio
comunicativo donde se pueden conquistar las grandes audiencias que
permitan fijar o invertir una tendencia en la opinión pública. Así pues,
hoy se puede afirmar que los medios de comunicación se han convertido
en el principal escenario político.
El problema de querer reducir el escenario de deliberación y debate
político a unos medios de comunicación ha traído como consecuencia el
que éstos cada día informen menos y sí en cambio desinformen y subin-
formen más. Recordemos que hoy en día las campañas sirven de pretexto
para llevar a cabo jugosos negocios, dejando de lado su función informa-
tiva. Ahora ¿cómo entender la desinformación? En este sentido, Giovan-
ni Sartori define subinformación como

...una información totalmente insuficiente que empobrece demasiado la


noticia que da, o bien el hecho de no informar, la pura y simple elimina-
ción de nueve de cada diez noticias existentes. Por tanto, subinformación
significa reducir en exceso. En cambio por desinformación, entiende el
mismo autor lo siguiente: dar noticias falseadas que inducen a engaño al
que las escucha.16

El peligro de subinformar y desinformar no es ajeno a ningún medio


de comunicación; sin embargo, dicho problema se acentúa más en la tele-
visión. Sartori destaca el potencial informativo de la televisión, pero tam-
bién afirma que al darle mayor importancia al aspecto visual, la labor in-
formativa se pierde. Esto se comprende mejor si se toma en cuenta que la
televisión informa mostrando lo que se capta por el habla. Aquí es donde
se encuentra el punto medular de la deformación de la noticia a través de
la pantalla televisiva.17

16 Sartori, Giovanni, op. cit., nota 2, p. 84.


17 Además, Sartori considera que el empobrecimiento educativo y cultural son cau-
santes en cierta medida de la desinformación, al afirmar que “El nivel al que ha descendi-
do nuestra televisión se debe fundamentalmente a un personal que tiene un nivel intelec-
tual y profesional muy bajo. La información televisiva se podría organizar mucho mejor.
Aclarado esto, se observa que la fuerza de la imagen está en la propia imagen. Para ha-
cernos una idea, basta comparar la información escrita del periódico con la información
DEMOCRACIA, SERVICIO PÚBLICO Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN 621

Por tanto, en aras de la claridad, y previa consideración del panorama


que nos ofrece la televisión, parece que el comportamiento de este medio
tiene una clara orientación hacia la subinformación,18 entendiendo por
esto a toda información que resulta insuficiente, o la omite cuando así
conviene a los intereses comerciales,19 y, por ende, se está en busca úni-

visual de la televisión”. Sartori, Giovanni, op. cit., nota 2, p. 88. En el mismo sentido,
Karl Popper afirma: “Para decirlo del modo más sencillo, no tenemos gente capaz de rea-
lizar, durante más o menos 20 horas al día, temas buenos, programas de valor. Es mucho
más fácil encontrar gente que produzca durante esas mismas horas al día material regular
y malo, que obtener una buena calidad durante una o dos horas al día. Es, simplemente,
una tarea de extrema dificultad, y cuando más son las estaciones emisoras, tanto más di-
fícil resulta encontrar profesionales que en verdad sean capaces de producir cosas tanto
interesantes como de valor. Fácilmente se puede producir material definible como ‘no
malo o fastidioso’, mas no así material que sea atrayente y de calidad durante 20 horas al
día”. Popper, Karl y Condry, John, op. cit., nota 12, p. 42. De ahí que al ciudadano sólo
le reste usar la razón para seleccionar lo que está bien o mal. Desafortunadamente, el fe-
nómeno de la subinformación y desinformación atacan directamente a la razón. Por tan-
to, cada día son menos las personas que con pleno uso de razón pueden hacer dicha dife-
renciación.
18 Un claro ejemplo de este fenómeno desinformativo lo tenemos en un incidente pa-
decido por el crítico libanés Edward Said, quien señala: “En aquella parada de unos diez
minutos, me fotografiaron, sin permiso, en el acto de lanzar un guijarro jugando a com-
petir con algunos muchachos jóvenes que estaban presentes, ninguno de los cuales, por
cierto, tenía un objetivo particular. El área estaba desierta hasta donde alcanzaba la vista.
A los dos días, mi foto apareció en los periódicos de Israel y todo Occidente, me descri-
bían como un terrorista que lanzaba piedras, un individuo violento, etc., etc.: la cantidad
habitual de difamación y falsedades que conoce cualquiera que haya incurrido en la ira
de la propaganda sionista. Me gustaría señalar dos ironías. La primera es que, a pesar de
haber escrito por lo menos ocho libros sobre Palestina en los que siempre he abogado por
la resistencia a la ocupación sionista, jamás he defendido otra cosa que la coexistencia
pacífica ente nosotros y los judíos de Israel, una vez acaben la represión militar israelí y
la expropiación a los palestinos. Mis escritos han circulado por todo el mundo y se han
traducido por lo menos a treinta y cinco lenguas, de manera que, dada la claridad de mi
mensaje, resulta difícil desconocer mi postura. Sin embargo, el movimiento sionista, al
considerar inútil refutar los hechos y los argumentos que he presentado y, lo que es más
importante al ser incapaz de impedir que mi trabajo llegue a audiencias cada vez más am-
plias, ha recurrido a técnicas progresivamente ruines con el fin de detenerme”. Said W.,
Edward, Freud y los no europeos, trad. de Olivia de Miguel, Barcelona, Global Rhythm,
2003, pp. 11 y 12. Como se observa, la intención de los medios de comunicación es
informar para distorsionar, y por ende desinformar, dándole prioridad a supuestas con-
ductas agresivas.
19 En los últimos años el sometimiento de los medios de comunicación al mercado ha
resultado enorme, más aún si consideramos que los negocios de los medios de comunica-
622 LUIS GERARDO RODRÍGUEZ LOZANO

camente de mayores índices de audiencia. Aquí lo que interesa son los


programas de tipo comercial, o, dicho de otra forma, la telebasura. El
verdadero periodismo informativo se vuelve una cuestión secundaria.
En este sentido, la desinformación ejercida por los medios de comuni-
cación se ha encargado de saturar al público con mensajes totalmente va-
cíos de contenido, que repercuten en formar ciudadanos sin el más míni-
mo sentido crítico y analítico.20
El verdadero problema radica en que el poder de los medios de comu-
nicación no se encuentra acotado por un sistema de pesos y contrapesos.
En este sentido, quien desafortunadamente paga los costos es el ciudada-
no, que se encuentra en una relación de sometimiento frente a los medios
de comunicación, al resultar poco efectivos los mecanismos encargados de
velar por el correcto funcionamiento de estos medios, donde, por supues-
to, la televisión goza de una influencia considerablemente mayor a los
demás medios. La diferencia radica en que el potencial desinformativo
que se ejerce por medio de la televisión posee gran alcance, y por tanto
mayor poder. Evidentemente, es urgente ver cómo solventar dicha pro-
blemática, que amenaza con destruir a nuestras instituciones políticas.
La única respuesta que encuentro a dicha interrogante es fomentar el
pluralismo al máximo, impulsando la apertura de los medios a las más
variadas corrientes de opinión pública. De igual manera, esta actitud se
debe fomentar a no limitar las concesiones a unos cuantos grupos comer-
ciales. Sin embargo, se debe tener cuidado a quién otorgarlas. Recorde-
mos que la competencia por sí misma no es la panacea, pero bien orienta-
da y controlada puede corregir muchos aspectos.
Por lo tanto, no hay duda de que el panorama informativo que se refle-
ja en los diversos medios poco tiene que ver con la satisfacción de nece-
sidades de interés general que plantea la teoría del servicio público. Mas
no por eso vamos a considerar que la radio y la televisión no son activi-
dades propias de ser consideradas servicio público, pues los argumentos

ción se hicieron globales, con el capital, el talento y la tecnología propiedad de las em-
presas girando alrededor del mundo en busca de los grandes negocios, en donde por su-
puesto la información veraz y plural no es lo que importa. Lo verdaderamente importante
es la ganancia.
20 El fenómeno de la desinformación para Sartori es particularmente grave en Occi-
dente, y como ejemplo señala: “El público que no se interesa en la caída del muro de
Berlín es el público que ha sido formado por las grandes cadenas de televisión norteame-
ricanas”. Sartori, Giovanni, op. cit., nota 2, p. 90.
DEMOCRACIA, SERVICIO PÚBLICO Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN 623

expuestos aquí mismo creo que son más que suficientes para sostener que
sí lo son. Sólo resta por señalar las obligaciones de servicio público que es-
tablece la legislación para afirmar dicho sentido prestacional que posee
la radio y la televisión.

III. LAS OBLIGACIONES DE SERVICIO PÚBLICO


EN LA LEGISLACIÓN

Resulta indudable que la función social que le corresponde desempe-


ñar a la radiotelevisión se encuentra orientada hacia el servicio público.
Al respecto, conviene tener presente que la información, como señala
Sartori, es lo que condiciona la existencia del público, y por lo tanto es lo
que genera el nacimiento y formación de la opinión pública.
Ahora bien, en la medida en que el emisor de la información respete
ciertos deberes y responsabilidades, entre los que destacan la veracidad,
el que se haya obtenido con rectitud la información, que una parte de su
programación tenga fines educativos, la pluralidad informativa, y que
contribuya a fortalecer la democracia, se afirmará la función informativa,
formativa y de entretenimiento, y por tanto se fortalece la postura de ser-
vicio público. En ese momento, y en atención al cumplimiento de esas
responsabilidades y compromisos para con los usuarios, se podrá afir-
mar que la radio y la televisión atienden necesidades de servicio público,
ya que se estaría actualizando lo que establece la legislación, la teoría y
la práctica.
Una vez señalado lo siguiente, es posible establecer que la radio y la
televisión se consideran servicios públicos. Ahora corresponde analizar
lo que dispone la Ley Federal de Radio y Televisión, que establece en su
artículo 5o.21 las razones para dicha argumentación: “La radio y la televi-

21 Importantes consideraciones sobre la orientación que debe reunir la radio y la tele-


visión para que deban ser consideradas servicio público se encuentran establecidas en las
fracciones I, II, III y IV del artículo 5o. de la ley en comento. Desafortunadamente, dicha
ley no contiene un capítulo donde se desarrolle lo que deben ser las obligaciones de ser-
vicio público aplicadas a la radiotelevisión, como sí lo señala el estatuto de radio y la te-
levisión español, del 10 de enero de 1980. Por ejemplo, el artículo 4o. señala, entre otras
cosas: la objetividad, veracidad, e imparcialidad de las informaciones (fracción a), así co-
mo también el respeto al pluralismo político, religioso social, cultural y lingüístico. Por
otra parte, el artículo 5o. señala, entre otras cuestiones de interés, lo siguiente: “la promo-
ción y emisión de un conjunto equilibrado de programaciones y canales, generalistas y
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sión, tienen la función social de contribuir al fortalecimiento de la inte-


gración nacional y el mejoramiento de las formas de convivencia huma-
na”. Asimismo, el artículo 6o. señala que se deberá promover “...la
transmisión de programas de divulgación con fines de orientación social,
cultural y cívica”.
En vista de lo anterior, es indispensable partir de supuestos coherentes
que permitan considerar a la radiotelevisión como servicio público, para
lo cual es necesario afirmar que lo dicho se actualiza, aunque de forma
moderada, en los artículos 5o. y 6o. de la Ley Federal de Radio y Televi-
sión. De forma similar Carmen Chichilla Marín considera que es “preci-
so que cumplan y atiendan las necesidades del servicio público, pero no
las limitaciones que sean superfluas y gratuitas o que, dicho de otro mo-
do, no vengan impuestas por las necesidades del público”. 22
Lo anterior, por considerar que dichos fines evitan por todos los me-
dios el que se presenten intereses que impidan el correcto desenvolvi-
miento de dicha actividad.

temáticos, de radio y televisión, que integren programas diversificados, de todo tipo de


géneros, con el fin de atender las necesidades democráticas, sociales, y culturales del
conjunto de los ciudadanos, garantizando el acceso a la ciudadanía a información, cultu-
ra, educación y entretenimiento de calidad”. Posteriormente, dichas disposiciones fueron
modificadas por la ley 24/2001, del 27 de diciembre, y que entre otras cosas destaca lo
siguiente: impulsar el conocimiento de los valores constitucionales, promover activamen-
te el pluralismo, impulsar la diversidad cultural y lingüística, fortalecer la educación, fo-
mentar la producción española y europea y promover el respeto a la dignidad humana.
Sin embargo, dichas disposiciones no se encuentran exentas de crítica, más si se
considera, como señala Socorro Apreza, que el Estatuto se reformó sin “...un consenso
político, nos conducen a dudar que el objeto y el fin de esa reforma sea la garantía del
pluralismo informativo y de la programación de calidad de los medios de comunicación
de titularidad pública. De ahí, que la previsión de las obligaciones de servicio público
puedan terminar siendo un adorno más de la legislación audiovisual, tal como ha sucedi-
do con otros mecanismos —el derecho de acceso a los grupos sociales—”. Apreza Salga-
do, Socorro, op. cit., nota 9, p. 139.
En tal sentido, y considerando también las contradicciones que pueden advertirse
en este tipo de legislaciones, se debe considerar de todas maneras como un avance en
aras de lograr la efectiva prestación del servicio, razón por la que considero necesaria la
introducción en nuestra legislación de los principios de objetividad, veracidad, pluralidad
e imparcialidad, toda vez que le proporcionaría consistencia a nuestra legislación.
22 Chinchilla Marín, Carmen, “¿Una amenaza o una garantía para los derechos fun-
damentales? Reflexiones sobre el caso de la televisión”, Estudios sobre la Constitución
española. Homenaje al profesor Eduardo García de Enterría, Madrid, Civitas, 1991, t. II,
p. 971.
DEMOCRACIA, SERVICIO PÚBLICO Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN 625

Desafortunadamente, aquí es donde considero que nuestra legislación


es contradictoria, al permitir la introducción de intereses que fomentan la
concentración informativa, y por tanto que están en abierta contradicción
con los fines que persigue el servicio público. Al respecto, el artículo 17
de la Ley establece: “Las concesiones previstas en la presente ley se
otorgarán mediante licitación pública”. Esta prescripción normativa, le-
jos de incentivar las obligaciones de servicio público, las frena, al moti-
var la lucha por la audiencia, dejando en segundo plano el derecho a reci-
bir información plural.23 Si a eso le agregamos que la regulación de la
radiotelevisión, en términos del artículo 90 de la Ley Federal de Radio y
Televisión, se llevará a cabo por un organismo dependiente de la Secre-
taría de Gobernación, sin representación de organismos de la sociedad ci-
vil, se evidencia un nulo sistema de contrapesos,24 que desemboca en una
muy pobre regulación, con independencia de lo establecido por la ley de
referencia, donde sí se incentivan de forma vaga las obligaciones de ser-
vicio público para esta actividad estratégica en el desarrollo del país, tal
como ya se señaló aquí. Lo anterior se actualiza claramente en la regula-
ción de las concesiones establecida, donde “...sigue siendo, por tanto, un
hervidero de problemas”.25 Esto cobra relevancia por “...la tensión entre
interés público/interés privado propio de la técnica concesional”.26 Ade-
más, también “...se puede referir como causa justificante de la técnica
concesional, el pensamiento político liberal, a cuyo tenor, según la políti-

23 Como señala Bourdieu, la televisión se encuentra sometida a fuertes presiones co-


merciales, lo que se refleja en la lucha por la audiencia que sostienen los concesionarios.
Bourdieu, Piere, Sobre la televisión, 5a. ed., trad. de Thomas Kauf, Barcelona, Anagra-
ma, 2003, p. 51.
24 Una de las causas por las que nuestra democracia no termina de consolidarse, o
más bien de nacer, es porque las diversas fuerzas políticas no han tenido la suficiente ma-
durez política para implantar el último de los elementos necesarios en toda democracia, y
sin duda el más clásico de todos, referido a una efectiva separación de poderes; es decir,
al orden constitucional que debe existir en todo sistema democrático, lo que da sentido al
Estado de derecho, para controlar y limitar el poder, y que en particular permite una efec-
tiva representación política; la participación real y efectiva del ciudadano, un gobierno
transparente y responsable, y por ende la supremacía del imperio de la legalidad. Sólo
controlando el poder puede existir el pluralismo.
25 Muñoz Machado, Santiago, prólogo al libro de Juan Francisco Mestre Delgado, La
extinción de la concesión de servicio público, Madrid, La Ley, 1992, p. 16.
26 Mestre Delgado, Juan Francisco, La extinción de la concesión de servicio público,
Madrid, La Ley, 1992, p. 34.
626 LUIS GERARDO RODRÍGUEZ LOZANO

ca dominante, el Estado debía abstenerse de participar o intervenir en la


actividad industrial”.27
Ante dicha problemática, una opción es fortalecer nuestros medios pú-
blicos en aras de armonizar el interés público y el privado. Dicha política
de fortalecimiento de los medios públicos debe atenderse sin duda desde
el Poder Legislativo, y por ende, establecerlos debidamente en la legisla-
ción. Sin embargo, esto no debe verse como un ataque a los concesiona-
rios privados, sino tan sólo se trata de procurar un poco de pluralismo en
los medios, permitiendo que la sociedad civil tenga a su disposición
mayor cantidad de información.
Ahora bien, pese al esfuerzo del legislador por introducir modalidada-
des de servicio público en la Ley Federal de Radio y Televisión, conside-
ro que éstas son poco precisas, por no concretarse de forma clara cuáles
son las obligaciones indispensables para el sostenimiento de dicha finali-
dad. En este punto no debe haber espacios para la vaguedad. En tal senti-
do, Carmen Chinchilla Marín considera que “la obligación de emitir un
número mínimo de informativos”,28 máxime si se considera que la televi-
sión tiene una misión de servicio público, y por ende debe contribuir al
pluralismo informativo y a la formación de la opinión pública, razón por
la que la imposición de obligaciones al concesionario busque propiciar la
emisión de espacios informativos veraces y plurales que contribuyan a
atender las diversas necesidades de la sociedad.
El artículo 5o. de la Ley Federal de Radio y Televisión hace referencia
a ciertos contenidos que tienen que ver con el respeto de los derechos
fundamentales, mas no con el sostenimiento de una información veraz y
plural. Esto, en mi opinión, es una contradicción, dado que no es posible
garantizar los derechos fundamentales sin el previo aseguramiento de la
veracidad y la pluralidad. Estos principios se refieren a los fines que de-
ben inspirar la actividad de los medios de comunicación.
Por lo que respecta a los contenidos informativos, considero que en
aras de atender los fines que establece la teoría del servicio público, éstos
deben observar un mejor tratamiento en los medios públicos, puesto que
al no estar animados por un espíritu de lucro, muestran una mayor procli-
vidad a atender dichos fines. Evidentemente, es muy claro que los me-

27 Ibidem, p. 33.
28 Chinchilla Marín, Carmen, “Servicio público: ¿crisis o renovación?”, en Malaret
García, E., Régimen jurídico de los servicios públicos, Madrid, 1997, p. 70.
DEMOCRACIA, SERVICIO PÚBLICO Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN 627

dios públicos y privados no funcionan de igual manera. No aceptarlo así


dificulta la consideración de servicio público para las cadenas privadas.
Por mi parte, considero que los principios de veracidad, intimidad,
respeto al honor, a la moral, entre otros, son válidos para los medios pri-
vados. No así los principios de objetividad e imparcialidad. No obstante,
si la pérdida de estos principios es total, propicia por ende la quiebra del
servicio público. Por otra parte, es válido que los concesionarios man-
tengan un pequeño sesgo ideológico en la información, proclive por
tanto a determinadas fuerzas políticas, pero sin dejar de darle espacios a
las demás ideologías, en aras de mantener vigente el pluralismo en la in-
formación.
En razón de lo anterior, considero que el legislador debe ocuparse en
el futuro de propiciar el pluralismo informativo en contenidos y medios,
moderando las exigencias de objetividad e imparcialidad en la noticia.
Por tanto, debe darse prioridad a salvaguardar la veracidad y la plurali-
dad, así como también propiciar la inclusión de todas las corrientes de
opinión pública, de modo que se pueda lograr una correcta pluralidad en
los medios, tanto en la información de éstos como en los concesionarios.
Todas estas medidas considero que permiten asegurar de cierta forma la
obligación del servicio público en los medios audiovisuales.
Si como ya se señaló, la democracia pasa por los medios de comunica-
ción audiovisuales, es necesario y urgente que a la brevedad se incorpo-
ren tales propuestas en la legislación, si lo que se busca es establecer las
bases normativas que permitan asegurar la veracidad y la pluralidad en
este sector. Por otra parte, no debemos olvidar que dichas medidas deben
tomar en cuenta a los medios públicos y privados.
Desafortunadamente, considero que es difícil establecer de forma cla-
ra en la actual coyuntura política, modalidades de servicio público en los
medios audiovisuales, más aún si se considera que México no es un país
democrático, sino un país en transición, y por tanto aun en proceso de li-
beralización política, donde al parecer la función de servicio público de
los medios de comunicación es aún una asignatura pendiente en la agen-
da política de algunos partidos. Por eso, como ha señalado Jaime Cárde-
nas Gracia:

La liberalización y la democracia son las fases de la transición. General-


mente se les presenta como etapas interconectadas y sucesivas. La liberali-
zación es la extensión de las libertades civiles dentro del régimen autorita-
628 LUIS GERARDO RODRÍGUEZ LOZANO

rio, es la fase de apertura y tolerancia; en ella, el régimen no democrático


concede ciertos derechos tanto individuales como colectivos. Se considera
que esta fase es insuficiente para lograr la democracia. Una liberalización
por eso debe ir acompañada siempre, como paso simultáneo o posterior,
de una democratización, es decir, del proceso de devolución de soberanía
al pueblo, fase que se dirige hacia el cambio de régimen. Podemos decir
así que el reconocimiento de derechos como el de asociación, libertad de
prensa, derecho a la información, reconocimiento a los partidos políticos,
exención de los derechos de la oposición, son parte del proceso de liberali-
zación. En cambio, el reconocimiento de los triunfos electorales de la opo-
sición ahí donde hubieren ocurrido el establecimiento de una legislación
electoral imparcial y la búsqueda de mecanismos constitucionales entre los
actores políticos que se alejen de los juegos de suma cero, son parte de la
etapa de democratización.29

De lo anterior se deduce que la reforma de los medios de comunica-


ción audiovisuales es una asignatura pendiente, y por ende, en tanto no
se atienda dicha asignatura no se podrá contar con los instrumentos nece-
sarios que permitan transitar hacia una verdadera democracia.

29 Cárdenas Gracia, Jaime, Transición política y reforma constitucional, 2a. ed., Mé-
xico, UNAM, 2005, p. 31.

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