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Improcedencia de Recurso Constitucional

El Tribunal Constitucional declaró improcedente el recurso de agravio constitucional presentado por Pedro Rodrigo Remuzgo Gutiérrez, argumentando que la parte demandante no agotó los mecanismos procesales necesarios para la defensa de sus derechos. Se estableció que el recurso no cumplía con los requisitos establecidos en precedentes anteriores, lo que llevó a la decisión de no admitirlo. Los votos singulares de los magistrados Ferrero Costa y Blume Fortini expresan disenso respecto a la falta de audiencia y la necesidad de evaluar el fondo del asunto.
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Improcedencia de Recurso Constitucional

El Tribunal Constitucional declaró improcedente el recurso de agravio constitucional presentado por Pedro Rodrigo Remuzgo Gutiérrez, argumentando que la parte demandante no agotó los mecanismos procesales necesarios para la defensa de sus derechos. Se estableció que el recurso no cumplía con los requisitos establecidos en precedentes anteriores, lo que llevó a la decisión de no admitirlo. Los votos singulares de los magistrados Ferrero Costa y Blume Fortini expresan disenso respecto a la falta de audiencia y la necesidad de evaluar el fondo del asunto.
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SENTENCIA INTERLOCUTORIA DEL TRIBUNAL

CONSTITUCIONAL

Lima, 20 de noviembre de 2020

ASUNTO

Recurso de agravio constitucional interpuesto por don Pedro


Rodrigo Remuzgo Gutiérrez, en representación de la Asociación no inscrita de
Propietarios de Saputia, contra la resolución de fojas 168, de 21 de octubre de
2019, expedida por la Sala Civil Permanente de Huancayo de la Corte
Superior de Justicia de Junín, que declaróimprocedente la demanda de autos.

FUNDAMENTOS

1. En la sentencia emitida en el Expediente 00987-2014-PA/TC, publicada en el


diario oficial El Peruano el 29 de agosto de 2014, este Tribunal estableció, en el
fundamento 49, con carácter de precedente, que se expedirá sentencia interlocutoria
denegatoria, dictada sin más trámite, cuando se presente alguno de los siguientes
supuestos, que igualmente están contenidos en el artículo 11 del Reglamento
Normativo del Tribunal Constitucional:

a) Carezca de fundamentación la supuesta vulneración que se invoque.


b) La cuestión de Derecho contenida en el recurso no sea de especial trascendencia
constitucional.
c) La cuestión de Derecho invocada contradiga un precedente del Tribunal
Constitucional.
d) Se haya decidido de manera desestimatoria en casos sustancialmente iguales.

2. En el presente caso, la parte demandante solicita que se declare la nulidad de todo


lo actuado en el proceso sobre interdicto de recobrarpromovido por la Comunidad
Campesina de Cocharcas contra la Comunidad Campesina
de Sapallanga (Expediente 102-2014). Alegaquesu representada debió participar
como demandada en el proceso subyacente o, en su defecto, como litisconsorte
pasivo necesario, dada su condición de propietaria del bien sub litis, conforme lo
acreditó con diversos mediosde prueba.

3. Al respecto, del análisis de autos, esta Sala del Tribunal Constitucional aprecia que
la parte demandante no ha solicitado su intervención en este por considerar
afectados sus derechos—tal como incluso ha sido advertido en primera y segunda
instancia o grado que conocieron del amparo—, sino que directamente recurrió al
proceso de amparo. Entonces, ya que son los propios órganos jurisdiccionales
ordinarios los que deben conocer las supuestas irregularidades al interior del
proceso que guarden relación con los derechos fundamentales, la actora no ha
agotado los mecanismos que el ordenamiento procesal contempla para la defensa de
los derechos fundamentales que invoca, por lo que ha acudido indebidamente al
proceso de amparo.
4. En consecuencia, se verifica que el presente recurso de agravio ha incurrido en la
causal de rechazo prevista en el acápite b) del fundamento 49 de la sentencia
emitida en el Expediente 00987-2014-PA/TC y en el inciso b) del artículo 11 del
Reglamento Normativo del Tribunal Constitucional. Por esta razón, corresponde
declarar, sin más trámite, improcedente el recurso de agravio constitucional.

Por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que le


confiere la Constitución Política del Perú, y la participación de los
magistrados Ramos Núñez y Espinosa-Saldaña Barrera, convocados para
dirimir la discordia suscitada por los votos singulares de los magistrados
Ferrero Costa y Blume Fortini.

RESUELVE

Declarar IMPROCEDENTE el recurso de agravio constitucional.

Publíquese y notifíquese.

SS.

RAMOS NÚÑEZ
SARDÓN DE TABOADA
ESPINOSA-SALDAÑA BARRERA

VOTO SINGULAR DEL MAGISTRADO FERRERO COSTA

Con la potestad que me otorga la Constitución, y con el mayor respeto por la


ponencia de mi colega magistrado, emito el presente voto singular, para
expresar respetuosamente que disiento del precedente vinculante establecido
en la STC 0987-2014-PA/TC, SENTENCIA INTERLOCUTORIA
DENEGATORIA, por los fundamentos que a continuación expongo:

EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL COMO CORTE DE REVISIÓN


O FALLO Y NO DE CASACIÓN

1. La Constitución de 1979 creó el Tribunal de Garantías Constitucionales


como instancia de casación y la Constitución de 1993 convirtió al
Tribunal Constitucional en instancia de fallo. La Constitución del 79, por
primera vez en nuestra historia constitucional, dispuso la creación de un
órgano ad hoc, independiente del Poder Judicial, con la tarea de garantizar
la supremacía constitucional y la vigencia plena de los derechos
fundamentales.

2. La Ley Fundamental de 1979 estableció que el Tribunal de Garantías


Constitucionales era un órgano de control de la Constitución, que tenía
jurisdicción en todo el territorio nacional para conocer, en vía de
casación, de los habeas corpus y amparos denegados por el Poder
Judicial, lo que implicó que dicho Tribunal no constituía una instancia
habilitada para fallar en forma definitiva sobre la causa. Es decir, no se
pronunciaba sobre los hechos invocados como amenaza o lesión a los
derechos reconocidos en la Constitución.

3. En ese sentido, la Ley 23385, Ley Orgánica del Tribunal de Garantías


Constitucionales, vigente en ese momento, estableció, en sus artículos 42
al 46, que dicho órgano, al encontrar una resolución denegatoria que ha
violado la ley o la ha aplicado en forma errada o ha incurrido en graves
vicios procesales en la tramitación y resolución de la demanda, procederá
a casar la sentencia y, luego de señalar la deficiencia, devolverá los
actuados a la Corte Suprema de Justicia de la República (reenvío) para
que emita nuevo fallo siguiendo sus lineamientos, procedimiento que, a
todas luces, dilataba en exceso los procesos constitucionales mencionados.

4. El modelo de tutela ante amenazas y vulneración de derechos fue


seriamente modificado en la Constitución de 1993. En primer lugar, se
amplían los mecanismos de tutela de dos a cuatro, a saber, habeas
corpus, amparo, habeas data y acción de cumplimiento. En segundo
lugar, se crea al Tribunal Constitucional como órgano de control de la
constitucionalidad, aun cuando la Constitución lo califica erróneamente
como "órgano de control de la Constitución". No obstante, en
materia de procesos constitucionales de la libertad, la Constitución
establece que el Tribunal Constitucional es instancia de revisión o fallo.

5. Cabe señalar que la Constitución Política del Perú, en su artículo 202,


inciso 2, prescribe que corresponde al Tribunal Constitucional "conocer,
en última y definitiva instancia, las resoluciones denegatorias dictadas en
los procesos de habeas corpus, amparo, habeas data y acción de
cumplimiento". Esta disposición constitucional, desde una posición de
franca tutela de los derechos fundamentales, exige que el Tribunal
Constitucional escuche y evalúe los alegatos de quien se estima
amenazado o agraviado en un derecho fundamental. Una lectura diversa
contravendría mandatos esenciales de la Constitución, como son el
principio de defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad
como fin supremo de la sociedad y del Estado (artículo 1), y "la
observancia del debido proceso y tutela jurisdiccional. Ninguna persona
puede ser desviada de la jurisdicción predeterminada por la ley, ni
sometida a procedimiento distinto de los previamente establecidos, ni
juzgada por órganos jurisdiccionales de excepción ni por comisiones
especiales creadas al efecto cualquiera sea su denominación", consagrada
en el artículo 139, inciso 3.

6. Como se advierte, a diferencia de lo que acontece en otros países, en los


cuales el acceso a la última instancia constitucional tiene lugar por la vía
del certiorari (Suprema Corte de los Estados Unidos), en el Perú el Poder
Constituyente optó por un órgano supremo de interpretación de la
Constitución capaz de ingresar al fondo en los llamados procesos de la
libertad cuando el agraviado no haya obtenido una protección de su
derecho en sede del Poder Judicial. En otras palabras, si lo que está en
discusión es la supuesta amenaza o lesión de un derecho fundamental, se
debe abrir la vía correspondiente para que el Tribunal Constitucional
pueda pronunciarse. Pero la apertura de esta vía solo se produce si se
permite al peticionante colaborar con los jueces constitucionales mediante
un pormenorizado análisis de lo que se pretende, de lo que se invoca.

7. Lo constitucional es escuchar a la parte como concretización de su


derecho irrenunciable a la defensa; además, un Tribunal Constitucional
constituye el más efectivo medio de defensa de los derechos
fundamentales frente a los poderes públicos y privados, lo cual evidencia
el triunfo de la justicia frente a la arbitrariedad.

EL DERECHO A SER OÍDO COMO MANIFESTACIÓN DE LA


DEMOCRATIZACIÓN DE LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES
DE LA LIBERTAD

8. La administración de justicia constitucional de la libertad que brinda el


Tribunal Constitucional, desde su creación, es respetuosa, como
corresponde, del derecho de defensa inherente a toda persona, cuya
manifestación primaria es el derecho a ser oído con todas las debidas
garantías al interior de cualquier proceso en el cual se determinen sus
derechos, intereses y obligaciones.

9. Precisamente, mi alejamiento respecto a la emisión de una resolución


constitucional sin realizarse audiencia de vista está relacionado con la
defensa, la cual, sólo es efectiva cuando el justiciable y sus abogados
pueden exponer, de manera escrita y oral, los argumentos pertinentes,
concretándose el principio de inmediación que debe regir en todo proceso
constitucional.
10. Sobre la intervención de las partes, corresponde señalar que, en tanto que
la potestad de administrar justicia constituye una manifestación del poder
que el Estado ostenta sobre las personas, su ejercicio resulta constitucional
cuando se brinda con estricto respeto de los derechos inherentes a todo ser
humano, lo que incluye el derecho a ser oído con las debidas garantías.

11. Cabe añadir que la participación directa de las partes, en defensa de sus
intereses, que se concede en la audiencia de vista, también constituye un
elemento que democratiza el proceso. De lo contrario, se decidiría sobre la
esfera de interés de una persona sin permitirle alegar lo correspondiente a
su favor, lo que resultaría excluyente y antidemocrático. Además, el
Tribunal Constitucional tiene el deber ineludible de optimizar, en cada
caso concreto, las razones, los motivos y los argumentos que justifican sus
decisiones, porque el Tribunal Constitucional se legitima no por ser un
tribunal de justicia, sino por la justicia de sus razones, por expresar de
modo suficiente las razones de derecho y de hecho relevantes en cada caso
que resuelve.

12. En ese sentido, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha


establecido que el derecho de defensa "obliga al Estado a tratar al
individuo en todo momento como un verdadero sujeto del proceso, en el
más amplio sentido de este concepto, y no simplemente como objeto del
mismo"[1], y que "para que exista debido proceso legal es preciso que un
justiciable pueda hacer valer sus derechos y defender sus intereses en
forma efectiva y en condiciones de igualdad procesal con otros
justiciables"[2].

NATURALEZA PROCESAL DEL RECURSO DE AGRAVIO


CONSTITUCIONAL

13. El modelo de "instancia de fallo" plasmado en la Constitución no puede


ser desvirtuado por el Tribunal Constitucional si no es con grave violación
de sus disposiciones. Dicho Tribunal es su intérprete supremo, pero no su
reformador, toda vez que como órgano constituido también está sometido
a la Constitución.

14. Cuando se aplica a un proceso constitucional de la libertad la


denominada "sentencia interlocutoria", el recurso de agravio
constitucional (RAC) pierde su verdadera esencia jurídica, ya que el
Tribunal Constitucional no tiene competencia para "revisar" ni mucho
menos "recalificar" el recurso de agravio constitucional.

15. De conformidad con los artículos 18 y 20 del Código Procesal


Constitucional, el Tribunal Constitucional no "concede" el recurso. Esta es
una competencia de la Sala Superior del Poder Judicial. Al Tribunal lo que
le corresponde es conocer del RAC y pronunciarse sobre el fondo. Por
ende, no le ha sido dada la competencia de rechazar dicho recurso, sino
por el contrario de "conocer" lo que la parte alega como un agravio que le
causa indefensión.

16. Por otro lado, la "sentencia interlocutoria" establece como supuestos para
su aplicación fórmulas imprecisas y amplias cuyo contenido, en el mejor
de los casos, requiere ser aclarado, justificado y concretado en supuestos
específicos, a saber, identificar en qué casos se aplicaría. No hacerlo, no
definirlo, ni justificarlo, convierte el empleo de la precitada sentencia en
arbitrario, toda vez que se podría afectar, entre otros, el derecho
fundamental de defensa, en su manifestación de ser oído con las debidas
garantías, pues ello daría lugar a decisiones subjetivas y carentes de
predictibilidad, afectando notablemente a los justiciables, quienes tendrían
que adivinar qué resolverá el Tribunal Constitucional antes de presentar su
respectiva demanda.

17. Por lo demás, mutatis mutandis, el precedente vinculante contenido en la


STC 0987-2014-PA/TC repite lo señalado por el Tribunal Constitucional
en otros fallos, como en el caso Luis Sánchez Lagomarcino Ramírez (STC
02877-2005-PHC/TC). Del mismo modo, constituye una reafirmación de
la naturaleza procesal de los procesos constitucionales de la libertad
(supletoriedad, vía previa, vías paralelas, litispendencia, invocación del
derecho constitucional líquido y cierto, etc.).

18. Sin embargo, el hecho de que los procesos constitucionales de la libertad


sean de una naturaleza procesal distinta a la de los procesos ordinarios no
constituye un motivo para que se pueda desvirtuar la esencia principal del
recurso de agravio constitucional.

19. Por tanto, si se tiene en cuenta que la justicia en sede constitucional


representa la última posibilidad para proteger y reparar los derechos
fundamentales de los agraviados, voto a favor de que en el presente caso
se convoque a audiencia para la vista, lo que garantiza que el Tribunal
Constitucional, en tanto instancia última y definitiva, sea la adecuada para
poder escuchar a las personas afectadas en sus derechos esenciales cuando
no encuentran justicia en el Poder Judicial; especialmente si se tiene en
cuenta que, agotada la vía constitucional, al justiciable solo le queda el
camino de la jurisdicción internacional de protección de derechos
humanos.

20. Como afirmó Raúl Ferrero Rebagliati, "la defensa del derecho de uno es,
al mismo tiempo, una defensa total de la Constitución, pues si toda
garantía constitucional entraña el acceso a la prestación jurisdiccional,
cada cual al defender su derecho está defendiendo el de los demás y el de
la comunidad que resulta oprimida o envilecida sin la protección judicial
auténtica".

S.

FERRERO COSTA

VOTO SINGULAR DEL MAGISTRADO BLUME FORTINI

Discrepo, muy respetuosamente, de la decisión contenida en la resolución de


mayoría. Considero que si se opta por dictar en el presente proceso una
sentencia interlocutoria denegatoria, invocando el precedente vinculante
contenido en la STC Nº 00987-2014-PA/TC (conocido como precedente
Vásquez Romero) y éste fuera aplicable, no corresponde declarar
improcedente el recurso de agravio constitucional, sino entrar al fondo del
asunto y evaluar la pretensión contenida en la demanda, a los efectos de
determinar si la misma se encuentra dentro de los supuestos consagrados en
dicho precedente.

Las razones que sustentan mi posición son las siguientes:

Marco constitucional y legal para acceder al Tribunal Constitucional


como última y definitiva instancia constitucional en la jurisdicción
nacional.

1. La Constitución Política del Perú ha consagrado, en el inciso 2) de su


artículo 202º, que el Tribunal Constitucional conoce, en última y
definitiva instancia, las resoluciones denegatorias dictadas por el Poder
Judicial en los procesos de hábeas corpus, amparo, hábeas data y
cumplimiento; habilitando de tal forma al demandante a acceder al
máximo órgano de la justicia constitucional, sin más condición que éste
se halle ante una resolución denegatoria de segundo grado.

2. Complementando tal propósito habilitador de acceso al Tribunal


Constitucional, el Código Procesal Constitucional en su artículo 18°
reguló el recurso de agravio constitucional a favor del demandante,
como el instrumento procedimental idóneo para impugnar la resolución
denegatoria a su pretensión dictada en segundo grado por el Poder
Judicial, sea que éste haya declarado improcedente la demanda o que
haya declarado infundada la demanda, sin más requisito para su
concesión y procedencia que se trate de una resolución denegatoria y que
se interponga dentro del plazo de diez días de notificada.

3. Ratificando esa línea habilitadora de acceso al Tribunal Constitucional,


el mismo código adjetivo constitucional introdujo en su artículo 19° el
recurso de queja por denegatoria de recurso de agravio constitucional, el
cual permite al demandante cuestionar ante el propio Tribunal
Constitucional aquella resolución dictada por el Poder Judicial que haya
denegado o rechazado tal medio impugnatorio, a fin que el Tribunal
Constitucional haga una revisión de la declaración de improcedencia
cuestionada, en la línea de brindar una mayor garantía al justiciable y,
eventualmente, rectificar la decisión a favor del demandante, si se
detecta que la denegatoria careció de fundamento.

4. Por tanto, dentro de la lógica de la justicia


finalista, amparista y antiformalista que informa el acceso al Tribunal
Constitucional, así como las instituciones procesales reguladas por el
Código Procesal Constitucional, no cabe establecer requisitos de
procedencia adicionales a los dos señalados y, menos aún, sostener que
al Tribunal Constitucional le compete determinar la procedencia del
recurso de agravio constitucional, salvo el caso de su intervención
residual vía queja por denegatoria del mismo para procurar su concesión.

5. Es decir, la concesión y, por tanto la calificación de la procedencia del


recurso de agravio constitucional, es una competencia del Poder Judicial,
ejercida a través de las Salas de sus Cortes Superiores encargadas de
conocer en segundo grado los procesos que nos ocupan, cuando hayan
dictado resoluciones denegatorias a la pretensión del demandante, por
ser improcedente o infundada la demanda, según el caso, que permite
acceder al Tribunal Constitucional, a los efectos que, como última y
definitiva instancia (como instancia de grado) defina la controversia.

6. Por tanto, una vez abierta la puerta de acceso al Tribunal Constitucional


vía la concesión del recurso de agravio constitucional, lo cual significa
acceder a una instancia de grado, que, además, es última y definitiva en
la jurisdicción nacional, no cabe que el Tribunal Constitucional califique
la procedencia o improcedencia del citado recurso, por cuanto aquél
viene ya calificado y concedido por la segunda instancia judicial; el
Tribunal Constitucional no tiene competencia para entrar a dicha
calificación y, si lo hiciera, estaría volviendo a calificar en perjuicio del
justiciable demandante un recurso ya calificado y concedido; a
contracorriente de la lógica finalista, amparista y antiformalista antes
referida, y violando su derecho de acceso a la justicia constitucional
especializada en instancia final y definitiva en la jurisdicción interna.
Más aún, si la expedición de la sentencia interlocutoria denegatoria se
produce sin vista de la causa.

Descargar sin desamparar, desguarnecer ni abdicar. La correcta


interpretación del precedente Vásquez Romero.

7. En armonía con lo dicho hasta aquí, cualquier intento de descarga que


asuma el Tribunal Constitucional si observa que existen causas
manifiestamente improcedentes o infundadas, que debieron merecer una
descalificación desde un inicio, por no darse los supuestos elementales
que habilitan la generación de un proceso constitucional, no pasa por
descalificar el recurso de agravio constitucional ya concedido, sino por
emitir un pronunciamiento desestimatorio, que indique con toda
precisión la razón que lleva a tal decisión; máxime si los supuestos a los
que se refiere el fundamento 49º de la STC Nº 0987-2014-PA/TC, no
son, dentro del contexto descrito, instrumentos de rechazo de plano del
recurso de agravio constitucional, que, como tales, justifiquen su
improcedencia, sino situaciones que, de presentarse, originan una
sentencia interlocutoria denegatoria por carecer de sustento la pretensión
contenida en la demanda, lo cual implica necesariamente entrar al
examen del fondo del asunto.

8. Además, cualquier intento de descarga procesal no debe olvidar que


cada caso es peculiar y merece un análisis propio, prolijo y detenido,
para arribar a una decisión debidamente motivada y justa, ajena a
facilismos y apresuramientos. Es una exigencia de cumplimiento
ineludible en la excelsa función de administrar la justicia constitucional
que tiene el Tribunal Constitucional, como garante final de la vigencia
efectiva de los derechos fundamentales y de la primacía normativa de la
Constitución, y como última y definitiva instancia en los procesos de la
llamada jurisdicción de la libertad. Lo contrario colisiona con el
principio de interdicción de la arbitrariedad.

9. Por lo demás, considero pertinente precisar que las causales de rechazo


que contempla el precedente contenido en la STC Nº
00987-2014-PA/TC* solo deben ser entendidas con un criterio
eminentemente restrictivo. Esto es, como referidas única y
exclusivamente a los cuatro supuestos que allí se consignan y siempre
que aparezcan en forma indiscutible e indubitable. No así con un criterio
de aplicación extensiva y, menos aún, a otros supuestos de desestimación
de la pretensión.

El exceso incurrido y mi apartamiento de la forma de aplicación y


extensión del precedente Vásquez Romero.
10. En este contexto, resulta un notable exceso pretender, como ya viene
ocurriendo en una buena cantidad de casos, que la totalidad de causales
de improcedencia de los procesos constitucionales previstas en el Código
Procesal Constitucional (Cfr. artículos 4º, 5º y 70º, entre otros), sean
subsumidas dentro de los supuestos establecidos en el citado precedente,
pues éste último, lo enfatizo, fue concebido para casos muy
excepcionales en los que no hubiese duda alguna sobre su
encuadramiento en tales supuestos: para casos de notoria, indudable y
grotesca improcedencia, que habilitaban la desestimación de la
pretensión sin más trámite, de manera excepcional. No fue concebido
con una finalidad laxa, amplia y genérica, ni habilitadora de otras
situaciones; máxime si la decisión se emitiría sin más trámite. Se trató de
una figura de aplicación excepcional. No de aplicación general. Y, lo
aclaro, ese fue el motivo por el que acompañé la propuesta, que
lamentablemente viene siendo desnaturalizada, como lo he explicado
precedentemente.

11. Las consideraciones descritas me llevan a sostener que, adicionalmente


a mi discrepancia por el uso equivocado que se viene haciendo de la
llamada sentencia interlocutoria denegatoria, tampoco puedo asumir
como razonable y conforme a Derecho su aplicación indiscriminada,
extensiva y generalizada a toda causal de improcedencia o de rechazo
contemplada en el Código Procesal Constitucional, omitiendo el trámite
de vista de la causa y sin oír a las partes. Ello lesiona el derecho de
defensa, el derecho al debido proceso y el derecho a la tutela procesal
efectiva, entre otros, que están reconocidos en el artículo 139, incisos 14
y 3 de la Constitución, respectivamente, en los artículos 1 y 8 de la
Convención Americana de Derechos Humanos y en el artículo 4 del
mismo Código Procesal Constitucional; derechos que el Tribunal
Constitucional ha desarrollado con amplitud en numerosas sentencias
dictadas antes del precedente Vásquez Romero, como el derecho a la
debida motivación de las resoluciones judiciales y sus parámetros de
medición.

12. Frente a estas dos situaciones, la desnaturalización de la aplicación del


precedente Vásquez Romero y su indebida extensión a todas las causales
de improcedencia previstas en el Código Procesal Constitucional, he
llegado a la firme convicción que debo dejar constancia de mi
apartamiento de tales formas de entender y aplicar dicho precedente.

El sentido de mi voto.

Voto a favor de que el Tribunal Constitucional dé trámite regular a la causa,


convoque a audiencia para la vista de la misma, oiga a las partes en caso
soliciten informar y admita nuevas pruebas si éstas se presentan, así como
conozca y amerite las argumentaciones que esgriman en defensa de sus
derechos, en un marco de respeto irrestricto a su derecho de defensa, como
última y definitiva instancia que agota la jurisdicción interna, dejando
aclarado que al no haberse emitido pronunciamiento sobre la pretensión, no
puedo opinar por ahora sobre el fondo de la controversia, ya que la resolución
de mayoría, lesionando los antes aludidos derechos de la parte demandante, se
limita a declarar improcedente el recurso de agravio constitucional.

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