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Política y Sociedad en Argentina 1870-1916

Entre 1870 y 1916, Argentina experimentó una transformación significativa, comenzando con un contexto de atraso y conflictos, que dio paso a un proceso de modernización bajo el liderazgo de Julio A. Roca. La inmigración masiva y el crecimiento industrial transformaron la estructura social y demográfica, dando lugar a un movimiento obrero organizado y cambios en la cultura y la política. La aprobación de la Ley Sáenz Peña en 1912 marcó el fin del régimen oligárquico, permitiendo una mayor participación electoral y el ascenso de la UCR al poder en 1916.

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Política y Sociedad en Argentina 1870-1916

Entre 1870 y 1916, Argentina experimentó una transformación significativa, comenzando con un contexto de atraso y conflictos, que dio paso a un proceso de modernización bajo el liderazgo de Julio A. Roca. La inmigración masiva y el crecimiento industrial transformaron la estructura social y demográfica, dando lugar a un movimiento obrero organizado y cambios en la cultura y la política. La aprobación de la Ley Sáenz Peña en 1912 marcó el fin del régimen oligárquico, permitiendo una mayor participación electoral y el ascenso de la UCR al poder en 1916.

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CLASE 5- Gallo: Política y sociedad en la Argentina 1870-1916 en Historia de

la Argentina

Situación general previa a 1880


Antes de 1880, Argentina se encontraba en una situación de fuerte atraso. El país
tenía una población escasa, altos niveles de analfabetismo, extensas zonas
despobladas e improductivas, viviendas de baja calidad, y una débil autoridad
central. Además, persistían conflictos con pueblos originarios, rebeliones de
caudillos provincianos y violencia política. La economía era frágil, con un sistema
bancario rudimentario y una red de transportes incipiente. La ganadería, que
mostraba tímidos progresos, fue golpeada por la crisis de 1873-1877.
Frente a esta realidad, surgió una visión política que privilegiaba la paz y el orden.
Julio A. Roca capitalizó este sentimiento y, a través de la conformación de una
coalición entre la Liga de Gobernadores y sectores porteños, logró centralizar el
poder y fortalecer el presidencialismo. Así comenzó un proceso de modernización
que se consolidaría con el desarrollo económico posterior.
La sociedad (1869–1914)
Entre fines del siglo XIX y principios del XX, Argentina vivió un cambio social
profundo impulsado por la inmigración masiva de italianos y españoles. Este
fenómeno provocó un fuerte crecimiento poblacional, especialmente en el Litoral
(Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y Mendoza), mientras que
provincias del norte seguían perdiendo habitantes. La inmigración transformó la
estructura demográfica y ocupacional del país. Aumentó la población urbana,
surgieron nuevos pueblos en el interior, y el ferrocarril ayudó a integrar las
regiones. También creció el sector industrial (construcción, manufactura,
comercio) y el empleo público. Se consolidó una clase media en expansión y se
multiplicaron los arrendatarios rurales.

Las condiciones de vida mejoraron: bajó el analfabetismo al 35%, se redujeron las


epidemias y mejoraron la vivienda y la salud pública. Sin embargo, persistían
problemas como el hacinamiento en los conventillos y la explotación laboral. Las
leyes laborales comenzaron a regular el trabajo de mujeres y niños, y se redujo la
jornada laboral.
El movimiento obrero y sindical
El crecimiento industrial y la concentración urbana generaron el surgimiento de un
movimiento obrero organizado. Aparecieron sindicatos como la FOA, FORA
(dominada por anarquistas entre 1905 y 1915) y la UGT (socialista). Las huelgas
se volvieron frecuentes, especialmente en los sectores de la madera, confección,
metalurgia, alimentación y construcción. Se reclamaban mejores salarios,
reducción de la jornada laboral y condiciones dignas.

En las zonas rurales, las huelgas eran menos frecuentes, salvo en 1912, cuando
arrendatarios del sur de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires protestaron por los
precios bajos y alquileres altos. De ese conflicto surgió la Federación Agraria
Argentina.
Cultura, ideología y modernización
La inmigración impactó en la vida cotidiana: cambiaron las costumbres, el
lenguaje, la alimentación y el estilo de vida del Litoral rioplatense. Buenos Aires se
transformó en una ciudad moderna, con nuevos barrios, palacios, parques,
avenidas, tranvías y subtes. Se incorporaron modas y valores europeos. La
educación secundaria y universitaria se expandió, trayendo consigo nuevas
corrientes científicas, literarias y políticas.

El pensamiento dominante entre las élites era el liberalismo positivista, con


confianza en el progreso, el agnosticismo religioso y el darwinismo social. En el
ámbito obrero, predominaron los anarquistas, que rechazaban la política
institucional y organizaban actividades cooperativas y culturales en los barrios
obreros. Los socialistas argentinos, por su parte, eran moderados, influenciados por
modelos británicos y belgas, sin cuestionar el modelo económico liberal del país.
La política (1880–1912)
Con el triunfo de Roca en 1880 se consolidó un régimen político estable, liderado
por el Partido Autonomista Nacional (PAN). Este partido oligárquico gobernó
mediante el fraude electoral, la violencia, y una red clientelar sostenida por
caudillos locales. El Ejército Nacional respaldaba al poder central y controlaba a
los gobernadores mediante premios o castigos.

La Constitución favorecía el presidencialismo, pero también garantizaba cierta


independencia del Poder Legislativo y Judicial. La participación electoral era
mínima (10-15%), ya que el voto no era obligatorio y la mayoría de los
inmigrantes no se nacionalizaban. El fraude se usaba para mantener el control ante
cualquier amenaza opositora.
Los caudillos cumplían un rol clave como intermediarios entre el régimen y la
población, ofreciendo favores y empleo a cambio de lealtad. El PAN no era
homogéneo, sino una alianza de intereses regionales muchas veces contrapuestos,
que se mantenía unida por figuras fuertes como Roca, Juárez Celman o Pellegrini.
La oposición política
La oposición surgió inicialmente con los Autonomistas y los Mitristas, que en 1890
formaron la Unión Cívica. Esta luego se dividió en la Unión Cívica Nacional
(liderada por Mitre) y la Unión Cívica Radical (UCR), liderada por Leandro Alem
y más tarde por Hipólito Yrigoyen. La UCR denunció la corrupción y el fraude del
PAN, aunque también utilizó estrategias similares (caudillismo, personalismo).

Los socialistas, por su parte, promovían cambios sociales más profundos, pero su
apoyo se limitaba a sectores urbanos obreros. Aunque la oposición compartía con
el oficialismo ideas económicas liberales, lo que la diferenciaba era su crítica al
sistema político, su exigencia de elecciones limpias y su deseo de cumplir
fielmente con la Constitución.
El ocaso del régimen (1912–1916)
La Ley Sáenz Peña, aprobada en 1912, marcó el inicio del fin del régimen
oligárquico. Estableció el sufragio universal, secreto y obligatorio para los varones
mayores de 18 años, y transfirió el control de los padrones electorales al Ejército,
evitando la manipulación por parte de los gobernadores. Esta reforma multiplicó la
participación electoral y permitió una verdadera competencia política.

En las elecciones legislativas de 1912, 1913 y 1914, la UCR y los socialistas


obtuvieron importantes triunfos. En 1916, Hipólito Yrigoyen ganó las elecciones
presidenciales, marcando la entrada de los sectores medios en el poder político. El
oficialismo estaba debilitado por divisiones internas y la ausencia de figuras fuertes
como Roca y Sáenz Peña.

La UCR logró apoyo en las zonas más prósperas del país (el Litoral y centros
agrícolas), mientras que los partidos conservadores retuvieron algunas provincias
del interior. Los socialistas mantuvieron presencia en ciudades obreras, pero no
lograron penetrar en el ámbito rural. A pesar de sus diferencias internas, el
radicalismo supo capitalizar el nuevo escenario democrático, dando inicio a una
nueva etapa en la política argentina.

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