1
Pero Él, mirándolos fijamente, dijo:
Entonces, ¿qué quiere decir esto que está
escrito:
"La piedra que desecharon los constructores,
ésa, en piedra angular se ha convertido"?
Lucas 20:17
2
Dedicado:
Al Príncipe de los pastores, Jesucristo.
“Porque en verdad los judíos piden señales y
los griegos buscan sabiduría; pero nosotros
predicamos a Cristo crucificado, piedra de
tropiezo para los judíos, y necedad para los
gentiles; mas para los llamados, tanto judíos
como griegos, Cristo es poder de Dios y
sabiduría de Dios.” I Corintios 1:22-24
3
Sobre Esta Roca
Jaime Simán
Primera impresión. Mayo 2011.
Publicado por: The Word For Latin America
P.O. Box 1002, Orange, CA 92856 (714) 285-1190
[Link]
Copyright © 2011 Jaime E. Simán - Derechos reservados.
Escrituras bíblicas tomadas de: La Biblia de las Américas,
© 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation.
Usadas con permiso. Arte de la portada: Adolfo Blanco
4
Tabla de Contenido
I- Introducción.......................................................... 5
II- La Confesión de Pedro........................................ 9
III- Las Llaves del Reino......................................... 33
IV- El Origen de la Confesión Ante un Sacerdote.. 44
V- Tradiciones Religiosas Latinoamericanas.......... 50
VI- Apariciones y Otras Señales Milagrosas........... 72
VII- La Iglesia de Cristo.......................................... 78
VIII- Distracciones y Más Desviaciones................. 86
IX- Bautismo y Salvación........................................ 92
X- El Diezmo.......................................................... 105
XI- Comercialismo en la Iglesia.............................. 114
XII- El Espíritu Santo ............................................. 116
XIII- Dones Espirituales.......................................... 124
XIV- Congregación Local........................................ 139
5
Introducción
Varios grupos religiosos que dicen partir del cristianismo
bíblico, afirmando ser verdaderos, se han desviado de la
iglesia que fundó Jesucristo, o de la Roca sobre la cual la
fundó hace dos mil años.
Hoy en día hay tanta confusión y cinismo, debido a tantos
argumentos y contra argumentos; y a tantos abusos que se
cometen en nombre de Dios, que muchas personas han
desistido de buscar la verdad. Algunos ni siquiera conside-
ran posible poder encontrar una congregación genuina,
integrante de la iglesia viva que Jesús fundó y aprueba.
Otros prefieren aferrarse ciega y tenazmente a la religión
heredada de sus padres, pensando que su destino eterno
depende de ello. Y ciertamente su destino eterno depende
de ello; pero su actitud y temor no garantiza necesaria-
mente su éxito. El destino de ellos será éxito o fracaso
eterno dependiendo de si dicha tradición religiosa se ha
conservado en la verdad o no. Y eso ¡hay que investigarlo!
Cerrar los ojos no es una buena opción; sería imitar al
6
avestruz, ¡enterrando la cabeza en un hoyo para no ver el
peligro venidero!
La senda espiritual por la cual usted camina, merece seria
consideración ¡por su alma, y por la de sus seres queridos!
El alma vale más que todos los tesoros de este mundo.
Qué curioso y lamentable que los hombres invierten más
tiempo en cosas temporales, y tesoros que un día se podri-
rán o corroerán; que en asegurar su bienestar y destino
eterno.
Nadie en su sano juicio invertiría su fortuna en una joya
preciosa sin antes cerciorarse de que es legítima. De igual
manera, sería muy insensato invertir la vida, yendo por un
camino trazado por otros, confiando ciegamente en ellos,
sin antes verificar que es el camino correcto; o que dicho
camino no se ha desviado de la senda original correcta.
Tal vez usted piensa que es posible que haya habido algu-
nas desviaciones a lo largo de la historia, pero que eso es
de esperarse, y que no tendrá mayores consecuencias en
cuanto a poder llevarlo a la meta deseada. Pero tenga en
mente, un avión no necesita desviarse mucho al principio,
o durante el curso de su viaje, para que se salga de su tra-
yectoria, y se pierda en la selva.
¿Tomaría usted agua de un barril guardado en una bodega
que se ha contaminado con el tiempo, sin antes cerciorarse
que su agua es potable? Necesitamos hacer nuestra inves-
tigación. Lo bueno es que no nos encontramos huérfanos,
o sin herramientas, en nuestra búsqueda. Tenemos la ayu-
7
da del Espíritu Santo, quien Jesús ha enviado para guiarnos
a toda verdad (Juan 16:13). Y tenemos la verdad, la palabra
de Dios. La noche antes de su crucifixión, Jesús exclamó al
Padre en su oración por la iglesia: “Santifícalos en la ver-
dad; tu palabra es verdad.” Juan 17:17
Es sabio conocer, pues, lo que la Biblia dice sobre la verda-
dera iglesia. Este libro está escrito precisamente para ayu-
darle; para ayudarle a reconocer lo que las Escrituras dicen
respecto a la iglesia que Jesús fundó; y la Roca sobre la cual
la fundó.
Cuando Pablo pasó por Berea en su segundo viaje misio-
nero, encontró que éstos eran nobles, más que los de Te-
salónica, pues “Recibieron la palabra con toda solicitud,
escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas
cosas eran así.” Hechos 17:11
Un requisito clave en esta búsqueda es, pues, un corazón
que abrigue un verdadero interés por conocer la verdad. Y,
un corazón dispuesto a honrar y obedecer a Dios antes que
a los hombres, una vez que haya sido expuesto a ella. Jesús
dijo en Juan 7:17-18 “Si alguien quiere hacer la voluntad de
Dios, sabrá si mi enseñanza es de Dios o si hablo de mí mis-
mo. El que habla de sí mismo busca su propia gloria; pero
el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero y
no hay injusticia en El.”
Poner la confianza en los hombres y no en Dios; y buscar la
gloria de los hombres y no de Dios, es un gran error. Jere-
mías escribió: “Así dice el Señor: Maldito el hombre que en
8
el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del Se-
ñor se aparta su corazón. Será como arbusto en el yermo y
no verá el bien cuando venga; habitará en pedregales en el
desierto, tierra salada, sin habitantes. Bendito es el hombre
que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor. Será
como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces
junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, y sus
hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni
cesará de dar fruto.” Jeremías 17:5-8
¡Adelante pues! Empecemos nuestra caminata y descubra-
mos juntos la verdad, buscando ¡en el lugar correcto, y con
la disposición que Dios aprueba!
9
II
La Confesión de Pedro
Jesús llegando a la región de Cesarea de Filipo, unos 50 ki-
lómetros al norte de Capernaúm y del Mar de Galilea, seis
meses antes de su muerte y resurrección, le preguntó a sus
discípulos qué pensaba la gente de Él; quién decía la gente
que era Jesús.
“Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros,
Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas.
Él les dijo: Y vosotros ¿quién decís que soy yo?
Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cris-
to, el Hijo del Dios viviente.
Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado
eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo
reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en
los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y
sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas
del Hades no prevalecerán sobre ella.” Mateo
16:13-18
Si bien este texto ha sido sujeto a distintas interpretacio-
nes, Dios nos ha provisto de amplia ayuda en el resto de
10
las Escrituras para poder entender lo que Cristo mismo qui-
so decir. En su primera epístola Pedro, escribió:
“Y viniendo a Él como a una piedra viva, desecha-
da por los hombres, pero escogida y preciosa de-
lante de Dios,
también vosotros, como piedras vivas, sed edifi-
cados como casa espiritual para un sacerdocio
santo, para ofrecer sacrificios espirituales acepta-
bles a Dios por medio de Jesucristo.
Pues esto se encuentra en la Escritura: He aquí,
pongo en Sion una piedra escogida, una preciosa
piedra angular, y el que crea en Él no será aver-
gonzado.
Este precioso valor es, pues, para vosotros los
que creéis; pero para los que no creen, la piedra
que desecharon los constructores, ésa, en piedra
angular se ha convertido, y, piedra de tropiezo, y
roca de escándalo;
pues ellos tropiezan porque son desobedientes a
la palabra, y para ello estaban también destina-
dos.” I Pedro 2:4-8
Entendámoslo bien, léalo de nuevo si necesita. Pedro está
declarando acá entre otras cosas, que aquel Jesús, aquel a
quien años atrás había reconocido públicamente como el
“Cristo, el Hijo del Dios viviente”, es una piedra desechada
por los hombres, pero la piedra escogida por Dios, y la pie-
dra principal del edificio.
11
De las palabras anteriores, y con la ayuda de otras Escritu-
ras, podemos sacar aun más, amplias e importantes refle-
xiones y enseñanzas. Aprovecho a notar por lo menos las
siguientes:
1. A todos los cristianos se nos llama a venir directa-
mente a la “piedra viva”, que indudablemente el
contexto revela ser Cristo, el Señor.
2. Cristo, la “piedra viva”, “la piedra escogida, y pre-
ciosa delante de Dios”, es también la piedra
“desechada por los hombres.” Hace dos mil años las
autoridades religiosas, los ancianos y sacerdotes
judíos, rechazaron a Jesús. Esto debe servirnos de
seria advertencia en nuestros días, para no poner
nuestra fe en otra piedra que no sea Cristo. De ha-
cerlo, estaríamos desechando la piedra escogida
por Dios.
3. Muchas veces la Biblia refiriéndose al papel funda-
mental, primordial, imprescindible e irremplazable,
que tiene Dios en la vida de su pueblo, lo llama la
Roca. Dios mismo es la peña del desierto judío que
sirve de refugio para el que huye de sus enemigos,
o de las bestias salvajes. Dios mismo es aquella for-
mación rocosa masiva inmovible, que ofrece per-
manencia y estabilidad a quienes están edificados
sobre ella.
El profeta Isaías escribió ocho siglos antes de la ve-
nida de Jesús: “Al de firme propósito guardarás en
perfecta paz, porque en ti confía. Confiad en el Se-
ñor para siempre, porque en Dios el Señor, tene-
12
mos una Roca eterna.” Isaías 26:3-4
Las Escrituras no reconocen otra Roca fundamental
aparte de Dios. "No tembléis ni temáis; ¿no os lo he
hecho oír y lo he anunciado desde hace tiempo? Vo-
sotros sois mis testigos. ¿Hay otro dios fuera de mí,
o hay otra Roca? No conozco ninguna." Isaías 44:8
4. Pablo hace referencia a Cristo como la roca espiri-
tual de la que bebió el pueblo de Israel en su ruta
por el desierto, después de que salieron de Egipto
camino a la Tierra Prometida. En I Corintios 10:4 el
apóstol escribió: “Y todos bebieron la misma bebida
espiritual, porque bebían de una roca espiritual que
los seguía; y la roca era Cristo.”
5. El ejemplo que Jesucristo empleó para ilustrar la
sabiduría del hombre que no sólo oye sus palabras,
mas también las obedece, fue el de una persona
que edificó su casa sobre la roca. En otras palabras,
el edificar nuestras vidas en Cristo es equivalente a
edificarlas en una fundación rocosa sólida y segura.
“Por tanto, cualquiera que oye estas pala-
bras mías y las pone en práctica, será se-
mejante a un hombre sabio que edificó su
casa sobre la roca;
y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, so-
plaron los vientos y azotaron aquella casa;
pero no se cayó, porque había sido funda-
da sobre la roca.
Y todo el que oye estas palabras mías y no
13
las pone en práctica, será semejante a un
hombre insensato que edificó su casa sobre
la arena;
y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, so-
plaron los vientos y azotaron aquella casa;
y cayó, y grande fue su destrucción.” Ma-
teo 7:24-27
6. Algunos piensan que Pedro es la piedra sobre la
que Cristo edificó su iglesia. Pero, tal como hemos
visto, Pedro mismo declaró que “la piedra angular”
de la iglesia de Dios es Cristo.
7. Entonces, ¿qué quiso decir Jesús, cuando declaró
en Mateo 16:18 “Yo también te digo que tú eres
Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia”? Un
par de consideraciones de las palabras usadas en el
griego, el idioma en que fue escrito el Nuevo Testa-
mento, nos ayudan a entender mejor este pasaje.
Veamos:
La palabra traducida ‘Pedro’, en el griego es
‘petros’, es decir ‘piedra’ (Número de referencia
4074 en la Concordancia Strong.)
En cambio, la palabra traducida ‘roca’ en el griego
es ‘petra’, es decir ‘roca’ (Número de referencia
4073 en la Concordancia Strong.)
Thayer observa la distinción entre ‘petros’ y ‘petra’,
refiriéndose en uno a un fragmento de roca, y en el
otro a una roca masiva.
El observar el uso de la palabra ‘petra’, o ‘roca’, en
14
varios pasajes de las Escrituras, nos ayuda a enten-
der mejor su significado a través de los contextos
en los cuales es usada. Dicha palabra es usada de
entre los distintos pasajes, en los siguientes:
Mat 7:24 “Cualquiera que oye estas palabras
mías y las pone en práctica, será semejante a un
hombre sabio que edificó su casa sobre la roca
[gr.: petra]” Observe que nadie va a edificar so-
bre un fragmento de piedra, pero sí sobre una
roca grande.
Mat 27:51 “He aquí, el velo del templo se rasgó
en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló y las
rocas [gr.: petra] se partieron” Observe que en
el terremoto que ocurrió al morir nuestro Señor
Jesucristo en la cruz, las rocas se partieron. Las
piedras caídas en el suelo no se partirían, sino
más bien rodarían sobre la tierra. La palabra
roca, ‘petra’ en el griego, da a entender algo
masivo.
Mat 27:59-60 “Tomando José el cuerpo… lo pu-
so en su sepulcro nuevo que él había excavado
en la roca [gr.:petra], y después de rodar una
piedra grande [gr.: megas litos] a la entrada del
sepulcro, se fue.” Notemos que ‘petra’ en este
contexto contrasta y es mayor que una piedra
grande.
Apoc 6:15-17 “Se escondieron en las cuevas y
entre las peñas [gr.:petra] de los montes; y de-
cían a los montes y a las peñas [gr.: petra]: Caed
15
sobre nosotros…” Vemos que en la Gran Tribu-
lación que está por venir sobre todo el mundo,
la gente rebelde a Dios se esconderá en las pe-
ñas [gr.: petra], y desearán ser aplastados por
ellas antes que enfrentar la ira del Cordero de
Dios.
En la declaración de Cesarea de Filipo Jesús estaba
diciendo que iba a edificar su iglesia sobre la roca.
Esta roca no era Pedro. Pedro, así como los demás
creyentes somos piedras edificadas sobre la Roca,
formando un edificio espiritual.
Jesús estaba haciendo un juego de palabras para
darle mayor impacto a su declaración; una práctica
muy común en la cultura y literatura judía bíblica.
En el contexto de Mateo 16 la roca es la revelación
de que Jesús es el ungido, el enviado, el Hijo de
Dios. Jesús, nadie más, es ¡el Cristo, el Hijo del Dios
viviente! Ninguna otra persona, organización, credo
o sistema, es el fundamento de la iglesia que Jesús
fundaría. Véase Juan 20:31.
Pedro no es la roca que Dios escogió para fundar su
iglesia. De hecho, momentos después de esta de-
claración Jesús reprendía a Pedro, llamándolo Sata-
nás, y piedra de tropiezo al mismo Mesías.
“Desde entonces Jesucristo comenzó a de-
clarar a sus discípulos que debía ir a Jerusa-
lén y sufrir muchas cosas de parte de los
ancianos, de los principales sacerdotes y de
los escribas, y ser muerto, y resucitar al ter-
16
cer día.
Y tomándole aparte, Pedro comenzó a re-
prenderle, diciendo: ¡No lo permita Dios,
Señor! Eso nunca te acontecerá.
Pero volviéndose Él, dijo a Pedro: ¡Quítate
de delante de mí, Satanás! Me eres piedra
de tropiezo; porque no estás pensando en
las cosas de Dios, sino en las de los hom-
bres.” Mateo 16:21-23
Imagínese la expresión que debió haber tenido Pe-
dro ante tal reprensión de nuestro Señor. No,
¡Pedro no es la roca de la iglesia!
8. La Biblia nos enseña claramente que la iglesia no es
un edificio físico, de ladrillos y tejas; sino funda-
mentalmente, un organismo viviente, un cuerpo
formado por todos los que hemos puesto nuestra
fe en Jesús, por aquellos que lo reconocemos como
Señor, escuchando su palabra y obedeciéndole de
corazón, permaneciendo así en Él.
Jesús dijo a los judíos que habían creído en Él: “Si
vosotros permanecéis en mi palabra, verdadera-
mente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y
la verdad os hará libres.” Juan 8:31-32
En Lucas 6:46 Jesús dice: “¿Por qué me llamáis:
"Señor, Señor", y no hacéis lo que yo digo?”
En otras palabras, los discípulos de Jesús son los
que permanecen en la palabra de Jesús, no en Pe-
dro, o un supuesto sucesor de Pedro.
17
9. En su primera carta Pedro llama a todos los cristia-
nos a venir a Jesús, la piedra angular. El llamado
incluye el ser edificados en una casa o templo espi-
ritual, “para ofrecer sacrificios espirituales acepta-
bles a Dios por medio de Jesucristo.” I Pedro 2:5
Si bien la iglesia no es un edificio físico, y si bien Pe-
dro no es la Roca, tanto Pedro como todos los cris-
tianos podemos y debemos vernos, en forma figu-
rativa, como piedras vivas, edificadas sobre la
“Piedra escogida” por Dios.
En cuanto a los sacrificios espirituales a los que se
refiere Pedro; éstos no son trabajos, sufrimientos o
penitencias que buscan comprar el favor de Dios.
No, el resto de las Escrituras concuerdan con que
Pedro está refiriéndose a que vivamos una vida ren-
dida a Jesús, entregada a Dios, viviendo en obe-
diencia a su palabra y voluntad, dedicados a la ora-
ción, y las buenas obras de acuerdo a la guía del
Espíritu Santo. Estas obras son un sacrificio, pues
implica que pongamos la voluntad de Dios por enci-
ma de los deseos egoístas, vanos, necios y corrup-
tos que brotan de nuestra naturaleza pecadora.
No, Dios no requiere que nos impongamos peniten-
cias, flagelos o castigos. Dios no necesita ver sangre
correr sobre nuestras espaldas para inclinar su ros-
tro compasivo hacia nosotros. Los sacrificios que
Dios busca son el comportamiento recto y agrada-
ble, resultado de una fe viva en Jesús, y comunión
con Dios. De estos sacrificios espirituales está ha-
blando Pedro; sacrificios que nacen de un corazón
18
agradecido a Dios por su amor y salvación; un cora-
zón deseoso de vivir una vida aceptable a Él.
10. Notemos que en I Pedro 2:8 el apóstol escribe que
“La piedra que desecharon los constructores” se ha
convertido en “Piedra de tropiezo y roca de escán-
dalo.” El apóstol nos da en el mismo versículo la
razón de ello: “Ellos tropiezan” dijo Pedro, “porque
son desobedientes a la palabra, y para ello estaban
destinados.”
Los hombres de Israel en los días del profeta Sa-
muel le rogaron que nombrara un rey sobre Israel
como las demás naciones de alrededor. Los israeli-
tas ya no querían seguir siendo gobernados por un
rey invisible, Dios (I Samuel 8). Samuel se entriste-
ció mucho. Dios le dijo que el pueblo no estaba re-
chazando a Samuel, sino a Dios mismo.
Lamentablemente, lo mismo sucede con los que
han puesto o aceptado a un hombre como el resto,
a un pecador, como la roca de la iglesia. Al hacerlo
están desechando a Cristo, despreciándolo a Él y a
su Palabra. Ellos quieren una roca visible, y en el
proceso desechan la Roca invisible.
Samuel reprendió al rey Saúl en cierta ocasión, di-
ciéndole: “La rebelión es como pecado de adivina-
ción, y la desobediencia, como iniquidad e idolatría.
Por cuanto has desechado la palabra del Señor, El
también te ha desechado...” I Samuel 15:23
11. Pablo al regreso de su tercer viaje misionero, ca-
mino a Jerusalén, llamó a los ancianos de la iglesia
19
en Éfeso cuando pasaba por Mileto. Después de
exhortarles a permanecer firmes y a cuidar del re-
baño que Dios “compró con su propia sangre”, los
encomendó a “Dios y a la palabra de su gracia”;
diciéndoles que la palabra “es poderosa para edifi-
caros y daros herencia entre todos los santificados.”
Hechos 20:28-32. Vea que Pablo no los encomendó
a una organización u hombre pecador como noso-
tros. No, no los encomendó a Pedro; sino a Dios y a
las Escrituras.
Pablo mismo, en cierta ocasión reprendió y tildó a
Pedro de actuar con hipocresía. El incidente quedó
registrado en la epístola a los Gálatas, donde Pablo
escribió: “Cuando Pedro vino a Antioquía, me opuse
a él cara a cara, porque era de condenar... Y el resto
de los judíos se le unió en su hipocresía...” Para más
detalle leer Gálatas capítulo 2, versículo 11 en ade-
lante. El punto que deseo hacer es, simplemente,
que los hombres somos débiles y fallamos; y que
por eso el fundamento de la iglesia no puede ser
nadie menos que Cristo mismo, tal como lo dijo Je-
sús y lo revelan las Escrituras.
12. Por si todavía usted necesita más confirmación de
que Jesús es la Roca, la Escritura la provee. Pablo la
da directamente, sin dar lugar a dudas. En su pri-
mera carta a los corintios el apóstol escribió:
“Nadie puede poner otro fundamento que el que ya
está puesto, el cual es Jesucristo.” I Corintios 3:11
13. Notemos también que Cristo, no nosotros, es quien
edifica la iglesia. Jesucristo la construye usando
20
hombres y mujeres rendidos a sus pies, dispuestos
a ser moldeados en las manos del Alfarero, para su
gloria.
Dios, por medio del Espíritu Santo, lleva a cabo su
obra aceptable a través de nosotros, y en nosotros
al ir siendo edificados por Él “como casa espiritual
para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios
espirituales aceptables a Dios por medio de Jesu-
cristo.” I Pedro 2:5
Esto está en total acuerdo con lo que Cristo le dijo a
Pedro en Cesarea de Filipo: “Sobre esta roca edifi-
caré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevale-
cerán contra ella.” Mateo 16:18.
Cristo no le dijo a Pedro “edificarás mi iglesia”, sino
más bien, Yo “edificaré mi iglesia”. Notemos tam-
bién que Jesús dijo “mi iglesia”. La iglesia no le per-
tenece a una organización en particular, ni a ningu-
na denominación exclusiva de este mundo. La igle-
sia le pertenece a Cristo.
Que Dios es quien moldea a sus hijos, conformán-
donos a la imagen de su Primogénito, Jesús, es cla-
ro en muchos lugares de las Escrituras. En la segun-
da carta a los corintios Pablo dijo:
“No somos como Moisés, que ponía un velo
sobre su rostro para que los hijos de Israel
no fijaran su vista en el fin de aquello que
había de desvanecerse. Pero el entendi-
miento de ellos se endureció; porque hasta
el día de hoy, en la lectura del antiguo pac-
21
to el mismo velo permanece sin alzarse,
pues sólo en Cristo es quitado. Y hasta el
día de hoy, cada vez que se lee a Moisés,
un velo está puesto sobre sus corazones;
Pero cuando alguno se vuelve al Señor, el
velo es quitado. Ahora bien, el Señor es el
Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor,
hay libertad.
Pero nosotros todos, con el rostro descu-
bierto, contemplando como en un espejo la
gloria del Señor, estamos siendo transfor-
mados en la misma imagen de gloria en
gloria, como por el Señor, el Espíritu.” II
Pedro 3:13-18
Los judíos leen en el Antiguo Testamento los escri-
tos de Moisés que declaran la ley, el sacerdocio le-
vítico, y los sacrificios y ceremonias que el pueblo
de Dios debía seguir. Lamentablemente, ellos no
entienden la realidad, cumplimiento y propósito de
todo lo que leen, pues tienen un velo sobre sus ojos
espirituales. El entendimiento de ellos se ha nubla-
do como resultado de haber rechazado a Cristo. Ese
velo se quita únicamente al venir a Cristo.
Jesús les dijo a los judíos en sus días: “Examináis las
Escrituras, porque vosotros pensáis que en ellas te-
néis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio
de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vi-
da.” Juan 5:39-40
14. Personas de muchas sectas y grupos religiosos que
22
tienen la Biblia, caminan confundidos por no venir a
Cristo. Han puesto su confianza ciegamente en la
organización a la que pertenecen, abrazándola co-
mo cabeza y autoridad máxima espiritual de sus
vidas. Lo hacen a un costo muy alto por depositar
su fe y destino eterno en las manos de los hombres
y no de Dios.
Pablo en I Corintios 11:3 escribe “Quiero que sepáis
que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza
de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es
Dios.” El plan de Dios es que la cabeza de todo
hombre sea Cristo mismo. Así como la cabeza de la
mujer en el hogar es el hombre, la cabeza de todo
hombre, y la cabeza de la iglesia, es Cristo.
15. La iglesia Católica Romana, al mal interpretar las
palabras del Señor en Cesarea de Filipo, por no con-
siderarlas a la luz del resto de las Escrituras, yerran
en cuanto al papel de Pedro en la iglesia. Como re-
sultado, ellos han dado a su máxima autoridad los
títulos de Santo Padre, Sumo Pontífice, y Cabeza de
la Iglesia entre otros.
Pedro mismo estaría embargado de profunda tris-
teza y dolor en su corazón, al ver a qué grado se ha
distorsionado la palabra de Dios, llegando a exaltar
a un hombre pecador a tal nivel.
En su primera epístola Pedro escribe:
“A los ancianos entre vosotros, exhorto yo,
anciano como ellos y testigo de los padeci-
mientos de Cristo, y también participante
23
de la gloria que ha de ser revelada:
Pastoread el rebaño de Dios entre voso-
tros, velando por él, no por obligación, sino
voluntariamente, como quiere Dios; no por
la avaricia del dinero, sino con sincero de-
seo;
Tampoco como teniendo señorío sobre los
que os han sido confiados, sino demostran-
do ser ejemplos del rebaño.
Y cuando aparezca el Príncipe de los pasto-
res, recibiréis la corona inmarcesible de
gloria.” I Pedro 5:1-4
Pedro reconoce acá ser un anciano espiritual, una
persona madura en la palabra y el camino del Se-
ñor, capaz de enseñar a otros. Pero también reco-
noce que es un anciano como los otros. Pedro no
usa un título especial y superior por encima de los
otros ancianos. Es más, les advierte de no enseño-
rearse del rebaño de Dios, exhortándolos a servir al
rebaño. ¿Cómo? Pastoreando el rebaño, velando
por el rebaño.
La palabra en el griego traducida acá ‘pastoreando’,
viene de la palabra griega ‘poimaíno’, que significa
‘pastorear’ en el sentido de un pastor que alimenta
a sus ovejas, cuidándolas, ejerciendo supervisión
sobre ellas, no para manipularlas, aplastarlas u
oprimirlas sino para cuidarlas; preocupándose por
su salud y bienestar; cuidando de que no caigan en
un barranco, o se metan en aguas profundas, o co-
24
rrientes que las ahogarían.
De igual manera los ancianos o pastores de la igle-
sia deben alimentar a las ovejas, con la palabra pu-
ra de Dios, con la doctrina sana sin adulterar; velan-
do por ellas, de que no sean desviadas con falsas
enseñanzas; preocupándose de que no sólo escu-
chen y conozcan intelectualmente la palabra de
Dios, mas que la abracen de corazón caminando en
la luz y voluntad de Dios.
Pedro reconoce en el texto bíblico anterior, que hay
un Príncipe de los Pastores, un Pastor Supremo; y
ése no es él, ni un supuesto sucesor suyo, sino Je-
sús.
16. Cuando la religión católica aplica el término de San-
to Padre a su líder, está dándole un título que le
corresponde sólo a Dios. Jesús advirtió al respecto:
“Pero vosotros no dejéis que os llamen Ra-
bí; porque uno es vuestro Maestro y todos
vosotros sois hermanos. Y no llaméis a na-
die padre vuestro en la tierra, porque uno
es vuestro Padre, el que está en los cie-
los.... Pero el mayor de vosotros será vues-
tro servidor.” Mateo 23:8-11
Jesús no está prohibiendo que llamemos padre a
nuestros padres naturales; pero que en el ámbito
espiritual hemos de reconocer que todos somos
hermanos, y uno nuestro padre espiritual, Dios.
Claro, los pastores pueden, y deberían, experimen-
25
tar un sentimiento paternal afectuoso hacia las
ovejas que cuidan y guían; pero jamás deben sobre-
pasar la línea tomándose el puesto que le corres-
ponde solamente a Dios. Veamos algunos pasajes
pertinentes:
En I Tesalonicenses 2:11 Pablo escribe: “Sabéis de
qué manera os exhortábamos, alentábamos e im-
plorábamos a cada uno de vosotros, como un padre
lo haría con sus propios hijos.”
Hablando de Timoteo, y de la ayuda y fidelidad que
éste le mostró en el servicio del evangelio, Pablo
escribió: “Vosotros conocéis sus probados méritos,
que sirvió conmigo en la propagación del evangelio
como un hijo sirve a su padre.” Filipenses 2:22
En su segunda carta a Timoteo, Pablo escribe con
ternura: “A Timoteo, amado hijo: Gracia, misericor-
dia y paz de Dios Padre y de Cristo Jesús nuestro
Señor.” II Timoteo 1:2
Pablo llama a Timoteo ‘hijo’. Pero en ningún mo-
mento leemos en las Escrituras que Pablo, Pedro, o
ningún otro apóstol se identificara a sí mismo con el
título formal de ‘Padre de los creyentes’, o ‘Padre
de la iglesia’. Tampoco los primeros discípulos lla-
maron a ningún apóstol con dichos apelativos.
Y téngalo por seguro, que jamás les dieron a ningún
apóstol el título de ‘Santo Padre’. No sólo un cre-
yente o líder exclusivamente, sino todos los creyen-
tes somos ‘santos’. Somos santos, en el sentido de
que hemos sido purificados y apartados para Dios y
26
sus propósitos, por la sangre de Jesús.
En el Antiguo Testamento los sacerdotes y los uten-
silios del tabernáculo eran purificados ceremonial-
mente de las impurezas y transgresiones del pue-
blo, para poder ser usados en el servicio de Dios;
esta purificación se hacía por medio de sangre de
animales derramada de acuerdo a sacrificios pres-
critos por la ley. Al venir Jesucristo, derramó su san-
gre en la cruz; por esa sangre somos los cristianos
purificados de nuestra inmundicia y pecados, sien-
do apartados y aceptados para el servicio a Dios en
su iglesia.
Es la sangre de Jesús, pues, la que nos santifica. Y a
parte del sacrificio de Jesús en la cruz, nadie, repito,
nadie, absolutamente nadie, tienen el derecho de
considerarse puro y digno de servir a Dios; ni Pedro,
ni Pablo, ni ninguna otra persona. Todos los cristia-
nos, aunque caminemos en la luz de Dios por el po-
der del Espíritu Santo, somos imperfectos, y tene-
mos que luchar y negar nuestra naturaleza pecado-
ra, fallando a veces y teniendo que pedir perdón a
Dios frecuentemente.
17. En cuanto al término ‘Sumo Pontífice’, su significa-
do y uso histórico nos muestran que es un término
totalmente inapropiado. En la página web
[Link], accedida el 3 de mayo del
2008, encontré una referencia que traduzco al es-
pañol a continuación: “El... ‘Collegium Pontífi-
cum’ (Collegium en latín significa una junta o comi-
té más que una institución educativa) era un cuerpo
27
del estado romano antiguo cuyos miembros eran
los sacerdotes del más alto rango en la religión es-
tatal politeísta... El ‘Pontifex Maximus’ era el Sumo
sacerdote del antiguo Colegio Romano de Pontífi-
ces. Esta era la posición más importante en la anti-
gua religión romana... empezando con Augusto
(este título) se incorporó al cargo imperial. Su últi-
mo uso con referencia a los emperadores fue en ins-
cripciones de Graciano, quien fuera emperador del
375 al 383 DC, quien, sin embargo, decidió omitir
las palabras ‘Pontifex Máximus’ de su título... el
edicto del emperador Teodosio ‘De Fide Católica”
del 27 de febrero del 380 DC hace referencia a Da-
masus como ‘Pontífice’, no como ‘Sumo Pontífice’.
Es hasta mucho más tarde en la historia que el títu-
lo ‘Pontífice Máximo’ aparece en edificios, monu-
mentos y monedas de un Papa específico del Rena-
cimiento y en los tiempos modernos... el término
‘Pontifex’ quiere decir ‘constructor de puen-
te’ (pons, facere); ‘Maximus’ literalmente quiere
decir ‘el más grande’... los pontífices eran los que
formaban un puente entre los dioses y los hom-
bres.”
En el contexto histórico y etimológico, el que una
persona acepte llevar el título de ‘Sumo Pontífice’
es algo serio ante Dios. No creo que Dios vea con
agrado el que alguien se tome tal honor. Sólo hay
una persona capaz de establecer un puente entre
Dios y los hombres, esa persona es Jesús; y lo hizo
al morir en la cruz. De hecho, Jesús mismo es el
puente.
28
En el libro de los Hechos de los Apóstoles encontra-
mos un pasaje que nos muestra cómo Pedro no
aceptó mayor honra que la que le correspondía. En
Hechos 10:25-26 leemos cuando es enviado por el
Señor a la casa de un centurión romano llamado
Cornelio, para compartir el evangelio: “Sucedió que
cuando Pedro iba a entrar, Cornelio salió a recibirlo,
y postrándose a sus pies, lo adoró. Mas Pedro lo
levantó, diciendo: Ponte de pie; yo también soy
hombre.” Vemos que Pedro no permitió que se le
arrodillaran en señal de honor y reverencia espe-
cial.
18. En cuanto al camino espiritual que usted sigue, más
vale que sea confirmado por las Escrituras. Si las
enseñanzas que usted ha abrazado tradicionalmen-
te van en contra de ellas, tiene que hacer una deci-
sión: O confiar en los hombres o confiar en Dios.
Realmente sería una necedad preferir confiar en los
hombres que en Dios; o por pereza no tomarse el
tiempo y la energía de confirmar con las Escrituras
que el camino que usted sigue, es el verdadero ca-
mino de Dios.
Los hombres tenemos un corazón engañoso, y ne-
cesitamos de un Redentor poderoso e infalible. El
único poderoso y confiable en quien depositar
nuestra seguridad eterna es Cristo.
En Jeremías 17:9-10 leemos:
“Más engañoso que todo, es el corazón, y
sin remedio; ¿quién lo comprenderá? Yo, el
29
Señor, escudriño el corazón, pruebo los
pensamientos, para dar a cada uno según
sus caminos, según el fruto de sus obras.”
Pablo exclamó en su segunda carta a Timoteo:
“Yo sé en quién he creído (es decir, en Je-
sús), y estoy convencido de que es podero-
so para guardar mi depósito hasta aquel
día.” II Timoteo 1:12.
Pablo sabía que el único lugar seguro para su alma
era en las manos de Cristo, no de otro hombre. El
Buen Pastor declaró: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo
las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y
jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi
mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos,
y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre.
Yo y el Padre somos uno.” Juan 10:27-30.
Qué oveja sería tan insensata como para preferir
depositar su alma en los brazos de un hombre pe-
cador en lugar de los brazos amorosos, seguros y
poderosos de Cristo. No hay hombre que no sea
falible aparte del Hijo de Dios, tal como dijo Pablo
“por cuanto todos pecaron y no alcanzaron la gloria
de Dios.” Romanos 3:23
19. Tal vez este tema es un área prohibida para usted,
un campo al que no se atreve entrar, una cerca que
no osa traspasar. Y la razón es ‘fidelidad’: Fidelidad
a su familia, a la tradición religiosa de su familia.
Pero mayor fidelidad a su familia y a su hogar es el
que usted determine si el curso espiritual heredado
30
de sus antepasados necesita corrección. Qué gran
contribución les aportaría al exponer valientemente
el error, corrigiendo el curso en el que van; compar-
tiendo con ellos la fuente de agua espiritual pura
sin contaminación.
20. Otro aspecto importante que vemos en las Escritu-
ras anteriores es el sacerdocio de todos los creyen-
tes:
“Y viniendo a Él como a una piedra viva,
desechada por los hombres, pero escogida
y preciosa delante de Dios, también voso-
tros, como piedras vivas, sed edificados
como casa espiritual para un sacerdocio
santo ...” I Pedro 2:4-5
Todos los creyentes, al venir a Cristo, pasamos a ser
miembros de una casta sacerdotal santa; sacerdo-
tes para llevar a cabo sacrificios agradables y acep-
tables a Dios por medio de Jesucristo. Éste es el sa-
cerdocio del Nuevo Testamento.
Así como en el Antiguo Testamento los sacerdotes
levitas, descendientes de Aarón, ofrecían sacrificios
ceremoniales a favor del pueblo de Dios; en el Nue-
vo Testamento todos los creyentes somos sacerdo-
tes llamados a ofrecer sacrificios espirituales acep-
tables a Dios.
Tenga en cuenta que la primera epístola de Pedro
fue escrita a cristianos en general, sin distinción o
rango religioso; hombres y mujeres que por moti-
vos de su fe habían sido expatriados a las regiones
31
que ahora son parte del país conocido como Tur-
quía; a los expatriados del Ponto, Galacia, Capado-
cia, Asia y Bitinia (I Pedro 1:1). Es a ellos, y a todos
los creyentes en general, a lo largo de la historia de
la iglesia, en todas partes del mundo, a quienes Pe-
dro nos dice ser llamados a un ‘sacerdocio santo’.
Posteriormente, en la misma carta, el apóstol nos
dice que somos “linaje escogido, real sacerdocio,
nación santa, pueblo adquirido para posesión de
Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel
que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” I
Pedro 2:9
Los cristianos somos, además de sacerdotes, hijos
del Rey. Por esa razón Pedro nos llama un
‘sacerdocio real’. Y como tal, somos llamados a ve-
nir ante el trono celestial, al altar celestial, al trono
de Dios, para ofrecerle nuestras vidas como un sa-
crificio vivo, entregado a hacer su voluntad.
Como sacerdotes somos llamados también a pre-
sentarle alabanzas a Dios, y también nuestras peti-
ciones por nosotros y por los demás. Asimismo so-
mos llamados a proclamar al mundo, en palabra y
obra, con la ayuda del Espíritu Santo, la grandeza
de Dios y sus maravillas. Tal como leímos, hemos
sido adquiridos “a fin de que anunciéis las virtudes
de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admi-
rable”
Jesús antes de ascender al cielo les dijo a sus discí-
pulos: “Recibiréis poder cuando el Espíritu Santo
32
venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jeru-
salén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines
de la tierra” Hechos 1:8. Ése es nuestro llamado, ser
testigos de Cristo en el mundo.
33
III
Las Llaves del Reino
Cuando el Señor le respondió a Pedro indicando que Él
mismo, Jesús, edificaría su iglesia; también habló de las
llaves del reino de los cielos. Esta es otra escritura cuyo
significado ha sido bastante malinterpretado. Jesús le dijo
a Pedro en dicha ocasión: “Yo te daré las llaves del reino de
los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos;
y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos.”
Mateo 16:19
Cuando Jesús habló de darle a Pedro las llaves del reino de
los cielos, no se refería a que Pedro es la persona que va
escoger un día quién puede entrar en el reino y quién no.
Ningún hombre es capaz de juzgar el corazón y las obras de
otro ser humano para decidir su destino eterno, sólo Jesús.
En el libro de los Hechos de los Apóstoles encontramos el
discurso que diera Pablo en Atenas, donde el apóstol de-
claró: “Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de
ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en to-
das partes, que se arrepientan, porque Él ha establecido un
día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un
Hombre a quien ha designado, habiendo presentado prue-
bas a todos los hombres al resucitarle de entre los muer-
34
tos.” Hechos 17:30-31. Este hombre ¡es Jesús!
¿A qué se refiere el Señor cuando usó el término “la llave
del reino de los cielos”? Bueno, se refiere al evangelio de
salvación; a la revelación de cómo puede el hombre ser
salvo a través de la fe. Pablo escribió sobre ello en la carta
a los romanos. Leamos:
“Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu
corazón, es decir, la palabra de fe que predica-
mos: que si confiesas con tu boca a Jesús por Se-
ñor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de
entre los muertos, serás salvo;
Porque con el corazón se cree para justicia, y con
la boca se confiesa para salvación. Pues la Escri-
tura dice: Todo el que cree en Él no será avergon-
zado. Porque no hay distinción entre judío y grie-
go, pues el mismo Señor es Señor de todos, abun-
dando en riquezas para todos los que le invocan;
porque: Todo aquel que invoque el nombre del
Señor será salvo.
¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han
creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no
han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les pre-
dique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados?
Tal como está escrito: ¡Cuán hermosos son los
pies de los que anuncian el evangelio del bien!”
Romanos 10:8-15
Dios ha enviado al Espíritu Santo para testificarnos que Je-
sús murió por nosotros; el único digno y puro para ser
ofrecido como ofrenda aceptable a Dios por nuestros peca-
35
dos. El Espíritu testifica también que Dios le resucitó de la
muerte. Al creer estas cosas estamos reconociendo como
verdadero el testimonio de Dios. Habiendo creído de cora-
zón, el paso siguiente es aceptar a Jesús como Señor, es
decir, como a alguien que tiene autoridad total sobre noso-
tros.
Al confesar a Jesús como Señor, sin avergonzarnos ante los
hombres, recibimos salvación. Dios borra entonces nues-
tros pecados, y nos recibe como hijos adoptivos para here-
dar el reino junto con su Hijo Jesucristo. Ése es el evange-
lio, ésa es la buena noticia, las buenas nuevas; ésas son las
llaves del reino de los cielos. Y Pedro las usó, anunciándolo
muy efectivamente el día de Pentecostés; de manera que
tres mil personas recibieron salvación entrando al reino de
Dios. El evento lo leemos en el capítulo dos del libro de He-
chos. Le animo a que lo lea.
Estas llaves usadas por Pedro, por primera vez en Pente-
costés, no fueron dadas exclusivamente a Pedro. Si bien
Pedro fue quien las usó primero, Dios se las ha dado a toda
la iglesia; a cada miembro de ella; a todos y cada uno de
sus discípulos para que declaremos el evangelio, invitando
a otros a creer y ser salvos.
Un par de capítulos más adelante, leemos que Jesús le da
autoridad a sus discípulos para atar y desatar; tal como se
la dio a Pedro en Mateo 16:19. Leamos: “En verdad os di-
go: todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y
todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.
Además os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuer-
36
do sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será
hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde
están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos.” Mateo 18:18-20
¿Qué quiso decir Jesús con ello? Bueno, que usando la luz
de las Escrituras; la luz de su revelación respecto a la justi-
cia, la gracia, el plan, la voluntad y el propósito de Dios,
podemos declarar personas o situaciones como atadas o
desatadas, no tanto porque nosotros atemos o desatemos
caprichosamente a nuestro antojo y voluntad; mas por el
respaldo de la palabra de Dios, bajo la guía del Espíritu
Santo.
Entendamos que las palabras anteriores encontradas en
Mateo 18 aparecen dentro del contexto del perdón. Jesús
estaba hablando de la necesidad de reprender al hermano
que peca contra uno; y de perdonarlo o no dependiendo
de que se arrepienta o no. El perdonarlo es equivalente a
desatarlo, dejarlo libre de toda culpa, no atado a más re-
proche de parte del ofendido y de la iglesia. El no perdo-
narlo y excluirlo de la iglesia si no se arrepiente es equiva-
lente a atarlo, dejarlo atado a su pecado, no considerarlo
libre de culpa sino atado a ella, hasta que haya arrepenti-
miento.
El apóstol Juan escribe también del perdón, y de esa auto-
ridad dada por Jesús a sus discípulos el día que resucitó de
la muerte. Estaban todos reunidos en un mismo lugar
cuando Jesús se les apareció y les dijo: “Paz a vosotros; co-
mo el Padre me ha enviado, así también yo os envío. Des-
37
pués de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el
Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, éstos les
son perdonados; a quienes retengáis los pecados, éstos les
son retenidos.” Juan 20:21-23
Entendamos que Cristo no estaba estableciendo acá un
sistema de confesión eclesiástica formal, donde es necesa-
rio ir a un hombre, a un mediador entre Dios y nosotros
aparte de Jesús, para confesarle nuestros pecados, para
que nos los perdone en nombre del Señor.
Por supuesto que si hemos ofendido a alguien, debemos ir
al ofendido y pedirle perdón. Si hemos robado, debemos
restituir lo robado; o por lo menos hacer todo lo que poda-
mos de nuestra parte para restituir el daño hecho. Pero,
sea el pecado que sea, a quien debemos confesar nuestra
ofensa es a Dios antes que a nadie. No porque Dios no co-
nozca lo que hemos hecho; pues Él es omnipresente, es
decir está en todas partes; y es omnisciente, es decir, co-
noce y sabe todo. Mas debemos confesarle a Dios nuestros
pecados pues toda ofensa, toda actitud y comportamiento
que viola la ley de Dios es un insulto, un pecado contra Él.
El venir a Él con corazón contrito y arrepentido, confesan-
do y reconociendo nuestra culpa, es una muestra de arre-
pentimiento aceptable a Dios. En el salmo 51 encontramos
las siguientes declaraciones de David:
“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu miseri-
cordia; conforme a lo inmenso de tu compasión,
borra mis transgresiones.
Lávame por completo de mi maldad, y límpiame
38
de mi pecado. Porque yo reconozco mis transgre-
siones, y mi pecado está siempre delante de mí.
Contra ti, contra ti sólo he pecado, y he hecho lo
malo delante de tus ojos, de manera que eres jus-
to cuando hablas, y sin reproche cuando juzga....
No te deleitas en sacrificio, de lo contrario yo lo
ofrecería; no te agrada el holocausto. Los sacrifi-
cios de Dios son el espíritu contrito; al corazón
contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás.”
Salmo 51:1-17
El trasfondo de este salmo es el quebrantamiento de Da-
vid, cuando después de haber cometido adulterio con
Betsabé, y ordenado el asesinato de su esposo para encu-
brir su pecado; se arrepiente al ser confrontado por el pro-
feta Natán. David reconoce su pecado y apela a la miseri-
cordia de Dios, entendiendo que un corazón quebrantado
es mejor que cualquier sacrificio físico o penitencia que
uno pueda ofrecer.
En el salmo 32 leemos las palabras de David reconociendo
que es a Dios a quien tenemos que acudir para obtener el
perdón de nuestros pecados:
“Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniqui-
dad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor;
y tú perdonaste la culpa de mi pecado.
Por eso, que todo santo ore a ti en el tiempo en
que puedas ser hallado; ciertamente, en la inun-
dación de muchas aguas, no llegarán éstas a él.”
39
Salmo 32:5-6
David acude, pues, a Dios, a quien le confiesa su pecado. Y,
bajo la unción del Espíritu Santo, nos invita a hacer lo mis-
mo. Es cierto que en el Antiguo Testamento los israelitas
tenían que traer sacrificios al Templo, para ser ofrecidos a
Dios por medio de sacerdotes establecidos para dicho ser-
vicio. Pero nosotros, en el Nuevo Testamento, no necesita-
mos venir a un sacerdote pecador como nosotros, cuando
tenemos a Cristo, un Sumo Sacerdote puro y perfecto; po-
deroso y efectivo intercesor y mediador entre Dios y noso-
tros.
En la epístola a los Hebreos su autor, el Espíritu Santo, nos
habla de ese gran Sumo Sacerdote que tenemos en Jesús
todos los creyentes:
“Jesús ha venido a ser fiador de un mejor pacto.
Los sacerdotes anteriores eran más numerosos
porque la muerte les impedía continuar, pero Él
conserva su sacerdocio inmutable puesto que
permanece para siempre.
Por lo cual Él también es poderoso para salvar
para siempre a los que por medio de Él se acer-
can a Dios, puesto que vive perpetuamente para
interceder por ellos.
Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacer-
dote: santo, inocente, inmaculado, apartado de
los pecadores y exaltado más allá de los cielos,
que no necesita, como aquellos sumos sacerdo-
40
tes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por
sus propios pecados y después por los pecados
del pueblo; porque esto lo hizo una vez para
siempre, cuando se ofreció a sí mismo.
Porque la ley designa como sumos sacerdotes a
hombres débiles, pero la palabra del juramento,
que vino después de la ley, designa al Hijo, hecho
perfecto para siempre.” Hebreos 7:22-28
Vemos en las citas anteriores que Jesús trajo un nuevo pac-
to, uno que reemplazó el pacto y sacerdocio antiguo. El
pacto antiguo sirvió temporalmente hasta que viniera el
permanente, el que Jesús establecería sobre la base de su
propio sacrificio en la cruz.
Ahora podemos acercarnos directamente a Dios a través
de Jesucristo, nuestro nuevo Sumo Sacerdote, puro y sin
mancha, que no necesita ofrecer sacrificios por sus peca-
dos antes de ofrecer sacrificios por el pueblo de Dios como
los sacerdotes del Antiguo Testamento. En la misma epís-
tola leemos también:
“Habiendo dicho... Sacrificios y ofrendas y holo-
caustos, y sacrificios por el pecado no has queri-
do, ni en ellos te has complacido (los cuales se
ofrecen según la ley), entonces dijo: He aquí, yo
he venido para hacer tu voluntad. El quita lo pri-
mero para establecer lo segundo. Por esta volun-
tad hemos sido santificados mediante la ofrenda
del cuerpo de Jesucristo una vez para siempre...”
Hebreos 10:8-10
41
Es decir, Dios reemplazó los sacrificios del Antiguo Testa-
mento con el sacrificio de su Hijo, ésa era la voluntad de
Dios, la cual Jesús obedeció yendo a la cruz por nosotros.
“Porque por una ofrenda El ha hecho perfectos
para siempre a los que son santificados... Ahora
bien, donde hay perdón de estas cosas, ya no hay
ofrenda por el pecado. Entonces, hermanos,
puesto que tenemos confianza para entrar al Lu-
gar Santísimo por la sangre de Jesús, por un ca-
mino nuevo y vivo que El inauguró para nosotros
por medio del velo, es decir, su carne, y puesto
que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de
Dios, acerquémonos con corazón sincero, en ple-
na certidumbre de fe...” Hebreos 10:14, 18-22
Con la ofrenda de Jesús en la cruz todos nuestros pecados
pasados, presentes y futuros están pagados; no requieren
más ofrendas y sacrificios para su perdón. Ahora podemos
venir con confianza a Dios por medio de Jesús. No necesi-
tamos otro sacerdote como mediador entre Dios y noso-
tros. El recurrir a otro sacerdote es hacer de lado a Jesús,
despreciar su ministerio mediador.
Uno de los ejemplos que respalda nuestra enseñanza lo
encontramos en Pentecostés, cuando tres mil almas se
convirtieron. En el libro de Hechos leemos que, ante la pre-
dicación de Pedro la gente fue tocada en el corazón, y arre-
pentidos se bautizaron poniendo su fe en Jesús. En el tex-
to bíblico presentado a continuación, observará que Pedro
nunca demandó que cada uno confesara sus pecados ante
un sacerdote para ser perdonado y pasar a integrar la igle-
42
sia de Dios.
“Al oír esto, compungidos de corazón, dijeron a
Pedro y a los demás apóstoles: Varones herma-
nos, ¿qué haremos?
Y Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautizados
cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo
para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el
don del Espíritu Santo.” Hechos 2:37-38
Otro ejemplo es el de la visita de Pedro a Cornelio, el cen-
turión romano que estaba reunido con sus parientes y ami-
gos íntimos para oír el mensaje que Pedro traía en nombre
de Dios, para conocer el camino de la salvación.
“Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el
Espíritu Santo cayó sobre todos los que escucha-
ban el mensaje. Y todos los creyentes que eran de
la circuncisión, que habían venido con Pedro, se
quedaron asombrados, porque el don del Espíritu
Santo había sido derramado también sobre los
gentiles, pues les oían hablar en lenguas y exaltar
a Dios.
Entonces Pedro dijo: ¿Puede acaso alguien negar
el agua para que sean bautizados éstos que han
recibido el Espíritu Santo lo mismo que noso-
tros?” Hechos 10:44-47
Vemos que los parientes y amigos de Cornelio, al oír el
evangelio y creer en Jesús fueron salvos. Ellos recibieron el
Espíritu Santo en forma evidente, por medio de una mani-
43
festación externa inmediata, de manera que Pedro, y los
discípulos que iban con él, pudieron ver que Dios no hace
acepción de personas, y que el mensaje de salvación no
era sólo para los judíos, pero también para los gentiles;
para gente de toda lengua, pueblo y nación que creyera y
pusiera su fe en Jesús. Una vez más notemos que Pedro no
requirió que sus oyentes, en este caso Cornelio y sus acom-
pañantes, se confesaran ante un sacerdote para poder ser
perdonados y salvos.
Lamentablemente la institución de la confesión ante un
sacerdote en nuestros días, y su sistema de penitencias y
sacrificios para obtener el perdón, es un sistema de doctri-
nas que ha ido evolucionando a través de la historia, al
igual que otras prácticas y doctrinas que tal vez partieron
de algún concepto bíblico; pero que se han desviado de la
palabra de Dios. Así como un avión que se desvía levemen-
te de su curso, termina fracasando al no poder llegar a su
destino; así esta desviación es de serias consecuencias. Pe-
queñas distracciones dan lugar a ¡tremendos fracasos!
¿Cómo se fue introduciendo la confesión en la tradición
católica? Veamos esto en la sección siguiente.
44
IV
El Origen de La Confesión Ante un Sacerdote
Para explicar el origen de la confesión ante un sacerdote,
vamos a servirnos de varias referencias útiles que arrojan
luz al tema.
1. En la obra católica “Nuevo Catecismo Para Adultos”
edición de 1969; en la sección: Evolución Histórica de la
Penitencia, páginas 439 a 440, leemos: “La forma exte-
rior… de la penitencia ha sido muy variada en el curso
de la historia.... según las circunstancias de los tiempos
y las necesidades de sus fieles... En los primeros siglos…
solamente se confesaban tres delitos: apostasía
(idolatría), homicidio y adulterio (posteriormente tam-
bién robo), cuando se habían cometido en público y
ocasionando, por tanto, grave escándalo. Los otros pe-
cados se perdonaban por la mutua reconciliación, por
la oración, la penitencia privada, buenas obras, etc. Pe-
ro el que había cometido públicamente alguno de los
tres pecados citados, tenía que confesarlos al obispo, y
era declarado oficialmente ‘penitente’ (i.e.: arrepenti-
do). Tenía que hacer penitencia pública y no podía ser
admitido a la comunión. La absolución se impartía el
jueves santo. Ésta solamente se podía recibir una vez
en la vida. Y si alguno recaía, se consideraba esto como
una señal de que la primera conversión no había sido
45
sincera… hacia el año 600, bajo la influencia de monjes
orientales e irlandeses, se introdujo la costumbre de
confesar también los pecados ocultos. La absolución se
daba en estos casos inmediatamente después de la
confesión; no era pública ni se impartía un día determi-
nado del año…”
Notemos que la referencia católica anterior, muestra
que la confesión que observa la iglesia tradicional en la
actualidad, no se practicaba en tiempo de los apósto-
les. Cuando se introdujo la confesión ante un obispo si
se había cometido apostasía, homicidio y adulterio; los
demás pecados no requerían confesión ante un obispo.
En ese entonces, el camino que se seguía para borrar-
los, eran las buenas obras y penitencias personales;
algo que va totalmente en contra de la palabra de Dios:
Las Escrituras revelan que el sacrificio de Jesús en la
cruz es pago suficiente por los pecados del mundo; un
sacrificio perfecto, una sola vez para siempre: No se
borran con penitencias o buenas obras.
La referencia anterior también indica que si uno había
fallado más de una vez; no tenía oportunidad para ser
perdonado. Esto es contrario a la palabra de Dios,
quien perdona al que se arrepienta de corazón, inde-
pendiente de cuántas veces haya fallado antes. De he-
cho, el Señor nos exhortó a perdonar al arrepentido
hasta setenta veces siete, es decir tantas veces como
sea necesario.
2. Inocente III fue el Papa (Papado del año 1198 al 1216
DC) que en el año 1215 instituyó el mandamiento de la
confesión de pecados ante un sacerdote una vez al
46
año. Dado que Inocente III declaró la confesión obliga-
toria como doctrina oficial de la iglesia, es pertinente
investigar su trayectoria espiritual. El libro “Church His-
tory in Plain Language” (Historia de la Iglesia en Len-
guaje Sencillo) por Bruce Shelly, da información sobre
su personalidad, hechos y declaraciones que hizo. A
continuación traducimos al español algunas porciones.
Inocente III anunció que “El sucesor de Pedro es el
vicario [i.e.: representante, substituto] de Cristo: Ha
sido establecido como mediador entre Dios y el
hombre, debajo de Dios pero más allá del hombre;
menos que Dios pero más que hombre; quien ha de
juzgar a todos y ser juzgado por nadie”
“Le dijo a los príncipes de Europa que el papado era
como el Sol, y los reyes como la Luna. Como la luna
recibe su luz del Sol, así los reyes derivaban su po-
der (autoridad) del Papa.”
“El arma primordial del Papa para doblegar a los
campesinos y príncipes era la amenaza de Excomu-
nión. Él podía pronunciarlos anatemas separándo-
los de la iglesia, privándolos de la gracia salvadora.
Después que un obispo leyera la solemne sentencia
de excomunión, tocaba la campana como si fuera
para un funeral, se cerraba un libro, y se apagaba
una candela; todo simbolizando la expulsión del cul-
pable. Si llegaba a una misa, se le expulsaba o se
suspendía la misa… al morirse se le negaba sepultu-
ra cristiana”
“La segunda arma en el arsenal papal era la Inter-
47
dicción (i.e.: suspensión)… si bien la excomunión era
dirigida a individuos, la interdicción caía sobre na-
ciones enteras. Consistía en la suspensión de todo
servicio público de adoración… en las tierras de re-
yes desobedientes al Papa… Inocente III aplicó exi-
tosamente o amenazó con imponer la Interdicción
85 veces contra príncipes que no cooperaban con
él.”
Declarar al Papa como mediador entre Dios y los hom-
bres es un acto blasfemo, pues es tomarse el puesto
que le corresponde sólo a Jesús. En I Timoteo 2:5 lee-
mos que “hay un solo Dios, y también un solo mediador
entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre.”
Declarar que los reyes reciben su poder y autoridad de
parte del Papa es otra declaración que nada tiene que
ver con la palabra de Dios. De hecho, Jesús le dijo a Pi-
lato que su autoridad era dada de arriba. Es decir, los
gobernantes, creyentes o no, gobiernan porque Dios,
quien es todo poderoso, es prácticamente quien les
está dando autoridad para gobernar. Lo hace indirecta-
mente, al permitirles gobernar. Dios lo permite dentro
de su soberanía y plan que lleva a cabo en las naciones
a través de los siglos.
Dios permite, pues, sistemas de gobierno y procesos
que ponen reyes y gobernantes; pero en ningún lugar
de las Escrituras vemos que Jesús haya investido a su
iglesia con la responsabilidad y autoridad para designar
a los reyes de las naciones gentiles.
Inocente III usó su poder religioso en el campo secular,
48
no bajo la justificación de las Escrituras. ¿Fue, acaso,
impulsado por un celo religioso corrompido? O, ¿por
ambición de poder universal?
3. Del libro Ederman’s Handbook of the History of Chris-
tianity (Manual de la Historia de la Cristiandad, de
Ederman) hemos traducido al español, y presentamos a
continuación, una porción que muestra el abuso de po-
der religioso por parte de Inocente III: “Inglaterra fue
puesta bajo Interdicción en el año 1208, de manera que
la iglesia rehusó oficiar casamientos, bautizos o sepul-
tura cristiana a la gente. El Rey Juan respondió confis-
cando terrenos que pertenecían a la iglesia y expulsan-
do a la mayoría de los obispos de Inglaterra. En el año
1209 Inocente excomulgó al rey inglés y en el año 1212
declaró que el trono inglés estaba ‘disponible’, invitan-
do a Francia para que invadiera Inglaterra”
Qué distintas las maniobras políticas del Papa Inocente
III al ministerio humilde y sacrificado que llevaron a ca-
bo Pedro y los demás apóstoles.
4. El 17 de octubre del 2009 visité la página de Internet
[Link], donde se hacía referencia al Cuarto
Concilio Laterano. A continuación presentamos algunas
porciones que hemos traducido al español: “Cuarto
Concilio Laterano: El cuarto concilio se llevó a cabo en
1215 bajo el Papa Inocente III. Siendo el más importan-
te de los concilios lateranos, estuvieron presentes dos
patriarcas orientales, representantes de muchos prínci-
pes seculares, y más de 1200 obispos y abades. Dentro
de los setenta decretos estaban… por primera vez, una
49
definición de transubstanciación.... un requisito de que
todos los miembros de la iglesia occidental se confiese y
comulgue por lo menos una vez por año; y gestiones
para organizar una nueva Cruzada”
Las cruzadas representan una etapa oscura de la histo-
ria, donde se cometieron muchas injusticias en nombre
de Jesucristo.
Continuando nuestra investigación sobre los decretos
del Cuarto Concilio Laterano, traducimos al español y
presentamos el siguiente, encontrado en ‘Christian
Classics Ethereal Library’ (Librería Etérea de Clásicos
Cristianos): “los judíos están obligados a permanecer
encerrados (en sus casas) durante la Semana Santa, y
se les excluye de cualquier posición en el gobierno civil.”
Es cierto que en muchos lugares Pablo se encontró con
judíos que no sólo rechazaron la fe en Jesús, más tam-
bién lo persiguieron violentamente; pero ni Pablo, ni
los primeros cristianos persiguieron a los judíos.
En resumen, ni la confesión a un sacerdote, ni el Papa que
la instituyó, Inocente III, tienen legitimidad bíblica, yendo
en contra de la Palabra y del Espíritu de Dios.
50
Tradiciones Religiosas Latinoamericanas
La mayoría de los que crecimos en países de habla hispana,
heredamos de nuestros antepasados una serie de tradicio-
nes religiosas que han venido a ser parte integral de nues-
tra cultura y manera de vivir. Independiente de su legitimi-
dad o falta de legitimidad bíblica, estas tradiciones se han
vuelto un pilar espiritual. Dejar de creer en ellas, y sobreto-
do en las que han sido declaradas dogma por la iglesia ca-
tólica, conlleva muchas veces un estigma, rechazo o margi-
nación social; además de la excomunión de la iglesia
‘oficial’, y la supuesta condenación eterna del alma.
No es de extrañar, pues, que la persona que se atreve a
visitar una congregación cristiana que no abraza las tradi-
ciones inculcadas desde su niñez, sienta temor de estar
traicionando la fe religiosa de sus antepasados y por ende,
a sus antepasados, y a Dios. Es mi deseo que este libro sir-
va de ayuda a tal persona. Ayuda para considerar, a la luz
de las Escrituras, tales tradiciones; y para ver que muchas
de ellas no sólo no formaron parte de la fe heredada de los
apóstoles, mas también se oponen a las Escrituras, por lo
que no se deben honrar.
51
Jesucristo mismo reprendió a los judíos que abrazaban tra-
diciones religiosas a costa de la Palabra de Dios. En el evan-
gelio de Marcos leemos las siguientes palabras de Jesús
respecto a ello:
“Los fariseos y los escribas le preguntaron: ¿Por
qué tus discípulos no andan conforme a la tradi-
ción de los ancianos...?
Y El les dijo: Bien profetizó Isaías de vosotros, hi-
pócritas, como está escrito: "Este pueblo con los
labios me honra, pero su corazón está muy lejos
de mí. Mas en vano me rinden culto, enseñando
como doctrinas preceptos de hombres. Dejando
el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición
de los hombres.
También les decía: Astutamente violáis el manda-
miento de Dios para guardar vuestra tradición.”
Marcos 7:5-9
Muchas de las tradiciones religiosas heredadas de nuestros
antepasados son desaprobadas por Dios. La persona que
haga de la palabra de Dios el estándar absoluto de su vida,
la norma para evaluar toda práctica religiosa, tarde o tem-
prano abandonará dichas tradiciones.
Judas, el medio hermano de Jesús, y autor de la epístola
que lleva el mismo nombre, escribe: “Amados, por el gran
empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común
salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortán-
doos a contender ardientemente por la fe que de una vez
para siempre fue entregada a los santos.” Judas 1:3
52
Judas nos exhorta, pues, a contender apasionadamente
por la fe que fue entregada a los santos, de una vez para
siempre. Note, y enfatizamos, que esa fe fue entregada a
los creyentes de una vez para siempre. Es decir, esa fe, ese
cuerpo de doctrinas, no puede evolucionar. Exactamente,
no puede ni debe ser adulterada con enseñanzas y tradi-
ciones contrarias a las revelaciones sobrenaturales recibi-
das y transmitidas por los apóstoles de nuestro Señor Jesu-
cristo, las cuales están plasmadas en el Nuevo Testamento.
Cuando Pablo se despedía de los ancianos de la iglesia en
Éfeso, en su paso por Mileto, les advirtió, con gran pasión y
preocupación, que de entre ellos mismos se levantarían
personas que hablarían cosas ‘perversas’ para arrastrar
discípulos tras ellos. Por cosas ‘perversas’ Pablo no se refe-
ría necesariamente a malas palabras, o inmoralidades ob-
vias; mas a doctrinas que aparentan sabiduría divina; obras
que aparentan justicia y prácticas piadosas, pero cuya
fuente y fruto son otros.
Leamos las palabras del apóstol Pablo a los líderes de la
iglesia, registradas en el libro de Hechos de los Apóstoles:
“Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en
medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho
obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual
Él compró con su propia sangre.
Sé que después de mi partida, vendrán lobos fe-
roces entre vosotros que no perdonarán el reba-
ño, y que de entre vosotros mismos se levantarán
53
algunos hablando cosas perversas para arrastrar
a los discípulos tras ellos.
Por tanto, estad alerta, recordando que por tres
años, de noche y de día, no cesé de amonestar a
cada uno con lágrimas.
Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su
gracia, que es poderosa para edificaros y daros la
herencia entre todos los santificados.” Hechos
20:28-32
El Espíritu Santo nos exhorta, pues, a que tengamos cuida-
do y seamos fieles a Dios y a su palabra, no poniendo nues-
tra fe en hombres que introduzcan nuevas y falsas doctri-
nas, ‘cosas perversas’. De esa manera no nos desviaremos
del propósito de Dios en nuestras vidas, pues “aun Satanás
se disfraza como ángel de luz.” II Corintios 11:14
Aprovechamos en esta sección a presentar algunas tradi-
ciones religiosas adicionales de la cultura latinoamericana;
tradiciones que constituyen doctrinas no enseñadas por los
apóstoles de Jesús, ni practicadas por los primeros creyen-
tes. Estas son sólo algunas de las que hay, pero espero sir-
van para despertar en el lector un corazón crítico saluda-
ble, un celo sano por Dios, que examina todo a la luz de su
palabra.
Lo hacemos en obediencia a la exhortación misma de las
Escrituras, que en Efesios 5:11 nos da la orden pertinente
no sólo de no participar en las obras de las tinieblas, sino
mas bien, de desenmascararlas.
54
Recordemos también el ejemplo de los judíos en Berea, y
su celo por la palabra: “Los hermanos enviaron de noche a
Pablo y a Silas a Berea, los cuales, al llegar, fueron a la si-
nagoga de los judíos. Estos eran más nobles que los de Te-
salónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, es-
cudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas co-
sas eran así.” En Hechos 17:10-11
1. Oración por los Muertos
La práctica de orar por los muertos se introdujo allá
por el año 300 DC. La Biblia nos enseña sin embar-
go, que cuando uno muere, su destino queda sella-
do: Nada ni nadie puede cambiarlo. En Hebreos
9:27 leemos que “Está decretado que los hombres
mueran una sola vez, y después de esto, el juicio.”
Los que se han arrepentido de su camino, y han en-
tregado sus vidas a Jesús, poniendo su fe en Él y
obedeciendo su palabra y voluntad, al morir here-
dan la vida eterna. Los que han rechazado a Jesús,
al morir sólo les queda aguardar el juicio venidero,
y el castigo eterno, el lago de fuego y azufre. El pa-
saje de Lucas 16:19-31, del rico y Lázaro, el pobre;
Apocalipsis 20:11-15; Filipenses 1:21-23, II Corintios
5:7-8, y otros concuerdan con este entendimiento
doctrinal.
2. Veneración y Uso de Imágenes
Hasta el cuarto siglo se introdujo la veneración y
uso de imágenes. La Biblia deja claro que no debe-
mos arrodillarnos ante imágenes, ya sean de san-
tos, ángeles o representaciones de Dios. En Éxodo
55
20:4 leemos la prohibición: “No te harás ídolo, ni
semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo,
ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la
tierra. No los adorarás ni los servirás; porque yo, el
Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniqui-
dad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y
cuarta generación de los que me aborrecen.”
Dios es el único que debe ser objeto de nuestra fe y
adoración. Ninguna imagen es digna representación
de Dios; ni tiene poderes milagrosos otorgados por
Él a quienes las adoren. Muchos dicen no adorar a
las imágenes sino sólo venerarlas; pero al honrarlas
encendiendo velas a ellas; arrodillándose ante ellas;
colocándolas en sus casas y carros, o colgándolas
en sus cuellos esperando algún favor o protección
especial al hacerlo; están violando la palabra de
Dios.
Cuando el apóstol Juan se arrodilló ante el ángel en
la isla de Patmos, éste se lo impidió diciéndole: “No
hagas eso; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos
los profetas, y de los que guardan las palabras de
este libro. Adora a Dios.” Apocalipsis 22:9
3. Doctrina del Purgatorio
La Biblia no habla del purgatorio en ningún lugar.
Fue hasta el sexto siglo que esta doctrina fue reco-
nocida oficialmente por el Papa Gregorio I. Si al mo-
rir uno todavía tiene que purgar por sus pecados
para poder entrar al cielo, entonces el sacrificio de
Jesús no es pago suficiente por sus pecados. Abra-
zar esa doctrina es una blasfemia contra la obra re-
56
dentora de Jesús en la cruz.
La Biblia nos enseña que Jesús pagó por todos
nuestros pecados, pasados, presentes y futuros. Su
sacrifico es perfecto y completo, por lo que ya no es
necesario una ofrenda, penitencia o sufrimiento
para aplacar la ira de Dios: ¡Ya fue aplacada en la
cruz! La deuda quedó completamente pagada; el
perdón es completo, ya no se necesita ofrenda adi-
cional por el pecado.
“Por esta voluntad hemos sido santificados
mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucris-
to una vez para siempre. Y nunca más me
acordaré de sus pecados e iniquidades.
Ahora bien, donde hay perdón de estas co-
sas, ya no hay ofrenda por el pecado.” He-
breos 10:10, 17-18
4. Oración a María y a Santos Muertos
Cuando los apóstoles le pidieron a Jesús que les en-
señara a orar, les enseñó a clamar directamente al
Padre Celestial, no a otra persona. En el evangelio
de Mateo leemos la instrucción de Jesús: “Vosotros,
pues, orad de esta manera: "Padre nuestro que es-
tás en los cielos, santificado sea tu nombre.” Mateo
6:9
En Juan 15:18 el Hijo de Dios promete, a sus discí-
pulos, que las peticiones que le hagamos al Padre
en su nombre serán concedidas: “Vosotros no me
escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros, y
os designé para que vayáis y deis fruto, y que vues-
57
tro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al
Padre en mi nombre os lo conceda.”
En Juan 15:7 leemos “Si permanecéis en mí, y mis
palabras permanecen en vosotros, pedid lo que
queráis y os será hecho.”
El Padre no negará, pues, la petición de sus hijos,
en quienes la palabra de Dios mora. Es decir, el Pa-
dre no negará las súplicas de quienes caminan en la
luz de su palabra, buscando su voluntad de cora-
zón, y obedeciéndola por el poder del Espíritu San-
to. De hecho, sólo quienes son guiados por el Espíri-
tu de Dios son verdaderos hijos de Dios, y sabrán
pedir no de acuerdo a sus caprichos carnales, más
de acuerdo a la voluntad del Padre. “Porque todos
los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales
son hijos de Dios.” Romanos 8:14
¡A pedir pues a Dios! ¡A nadie más! Su promesa es
cierta y verdadera, y repetida en varios lugares de
las Escrituras. En Juan 16:23 Jesús dice: “En verdad,
en verdad os digo: si pedís algo al Padre, os lo dará
en mi nombre.”
Algunos piensan que no está de más aprovechar
toda posibilidad, y acudir además de a Dios, tam-
bién a María y a los santos que ya murieron, para
tener más apoyo. Pero, sólo Dios está en todas par-
tes. Orarle a una persona que ha muerto, es en
vano, pues no puede oírle. Además sólo hay un me-
diador entre Dios y los hombres, Jesucristo. A Dios
pues debemos venir a través de Jesús. La práctica
58
de orar a María y otras personas muertas le roba la
gloria a Jesús, quien es poderoso y efectivo Salva-
dor para todo aquel que acude a Él.
Dios advirtió seriamente por medio de su vocero, el
profeta Isaías, en contra de comunicarse con perso-
nas que ya murieron. En Isaías 8:19 al 22 leemos:
“¿No debe un pueblo consultar a su Dios?
¿Acaso consultará a los muertos por los
vivos?
¡A la ley y al testimonio! Si no hablan con-
forme a esta palabra, es porque no hay pa-
ra ellos amanecer. Y pasarán por la tierra
oprimidos y hambrientos; y sucederá que
cuando tengan hambre, se enojarán y mal-
decirán a su rey y a su Dios, volviendo el
rostro hacia arriba.
Después mirarán hacia la tierra, y he aquí,
tribulación y tinieblas, lobreguez y angus-
tia, y serán lanzados a la oscuridad.”
5. Celibato Religioso
El Papa Gregorio VII, llamado Hildebrando, introdu-
jo este requisito en el siglo once. Anteriormente,
los apóstoles no observaban tal norma. Ellos tenían
cada uno su esposa; y Jesús nunca demandó que
fueran célibes. Pablo mismo en su primera carta a
Timoteo escribió:
“Pero el Espíritu dice claramente que en los
últimos tiempos algunos apostatarán de la
59
fe, prestando atención a espíritus engaña-
dores y a doctrinas de demonios, mediante
la hipocresía de mentirosos que tienen
cauterizada la conciencia; prohibiendo ca-
sarse y mandando abstenerse de alimentos
que Dios ha creado para que con acción de
gracias participen de ellos los creyentes y
los que han conocido la verdad. Porque to-
do lo creado por Dios es bueno y nada se
debe rechazar si se recibe con acción de
gracias; porque es santificado mediante la
palabra de Dios y la oración.” I Tim 4:1-5
Es increíble que ante la luz clara de la palabra de
Dios, haya una ordenanza tan dañina como la impo-
sición del celibato. Es cierto que hay personas que
reciben un don especial de Dios para permanecer
célibes, sin casarse, y así poder dedicarse más llena-
mente al servicio del Señor. Pero ése no es un don
general. Imponer tal demanda a todo siervo y sier-
va de Dios trae resultados catastróficos; entre ellos
el abuso sexual de inocentes e indefensos niños por
parte de aquellos que han sido presionados a adop-
tar el voto del celibato.
6. La Transustanciación
La doctrina de la transustanciación fue proclamada
por el Papa Inocente III en el siglo XIII. Según dicha
doctrina, el pan usado en la celebración de la Santa
Cena se convierte literalmente en el cuerpo de
nuestro Señor Jesús; y la copa de vino, en su san-
gre.
60
Es cierto que la Escritura dice que “Mientras co-
mían, Jesús tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo
partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad,
comed; esto es mi cuerpo. Y tomando una copa, y
habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: Bebed
todos de ella; porque esto es mi sangre del nuevo
pacto, que es derramada por muchos para el per-
dón de los pecados.” Mateo 26:26-28 Pero recorde-
mos que Jesús también dijo “Yo soy el pan de la vi-
da. Vuestros padres comieron el maná en el desier-
to, y murieron. Este es el pan que desciende del cie-
lo, para que el que coma de él, no muera.” Juan
6:48-50. Y eso no quiere decir que Jesús sea, literal-
mente, un pedazo de pan.
Las palabras que Jesús dijo en la última cena no sig-
nifican literalmente que el pan sea, o se convierta,
en su carne. El Señor mismo dice en Juan 6:63 “El
Espíritu es el que da vida; la carne para nada apro-
vecha; las palabras que yo os he hablado son espíri-
tu y son vida.”
Reflexione un poco: Cuando usted toma la Santa
Cena, el pan sigue teniendo la consistencia y el sa-
bor a pan. Y el jugo de la vid, sigue teniendo las ca-
racterísticas físicas del jugo de la vid. Si el pan y el
vino se convirtieran en la carne y la sangre de Jesús,
estos elementos experimentarían un cambio físico
que podríamos detectar fácilmente. Pero no ocurre
así. Si bien Jesús está enseñando realidades profun-
das, se sirve de simbolismos para causar mayor im-
61
pacto en su ilustración y palabras.
¿Qué está enseñando Jesús entonces al usar dichos
símbolos? El pan en la Santa Cena no se convierte
literalmente en su cuerpo, pero sí representa su
cuerpo. Y así como el ser humano necesita que se le
dé pan, alimento, para vivir; así Jesús dio su cuerpo,
su carne, su vida en la cruz, por nosotros, para que
tengamos vida eterna. Es en ese sentido que el pan
representa el cuerpo de Jesús: Ambos dan vida,
uno, físicamente; el otro, vida eterna.
En la comunión, al aceptar el sacrificio que hizo Je-
sús en la cruz y lo que ello significa, comemos sim-
bólicamente su carne, y bebemos su sangre.
En cuanto a la declaración de Jesús de que Él es el
pan de vida, esto significa también que nuestro es-
píritu necesita alimentarse de su palabra; es decir,
leerla y aceptarla de corazón, para tener vida; para
ser fortalecido y poder vencer al mundo, la carne y
al diablo; porque tal como leemos en Juan 6:63 la
palabra de Dios es espíritu y vida.
Entendamos que las palabras deben entenderse
dentro del contexto en que son usadas, y no siem-
pre se pueden o deben tomar literalmente; de la
misma manera que no podemos tomar literalmente
las palabras de Jesús cuando dice: “Yo soy el ca-
mino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre
sino por mí.” Juan 14:6. Con ello Jesús no está di-
ciendo ser un camino de polvo, una calle empedra-
da o una avenida pavimentada. Cuando la Biblia
62
dice que Jesús es “el cordero de Dios que quita el
pecado del mundo” tampoco está diciendo que el
Señor es literalmente un cordero de cuatro patas,
cubierto de lana.
¿Qué representa la copa en la Santa Cena? Repre-
senta un nuevo pacto entre Dios y los hombres, un
pacto basado no en la ley de Moisés, sino en el sa-
crificio de Jesús en la cruz. Al entrar en ese pacto
estamos rindiendo nuestras vidas a Dios, para hacer
su voluntad. Ahora le pertenecemos a Él. El jugo de
la vid representa la sangre de Jesús, la sangre del
pacto. Dios pagó con su sangre, nosotros le cede-
mos nuestras vidas. A parte de la sangre de Jesús
no hubiera podido haber pacto de salvación.
El memorial de la Santa Cena es, pues, un memorial
solemne y precioso, instituido por Jesús y lleno de
significado; pero debe entenderse correctamente.
Con este memorial aprovechamos a recordar y pro-
clamar el sacrificio de Jesús en la cruz; su amor y
precio que pagó por nuestra libertad y salvación; y
a recordar que ahora le pertenecemos.
Éste es un recordatorio que nos ayuda a honrar fre-
cuentemente a Jesús por lo que hizo. Nos ayuda a
perseverar en la fe, esperando en Él, sabiendo que
venció el pecado y la muerte resucitando, y subien-
do a la diestra de Dios Padre; abriendo el camino al
cielo, para nosotros los creyentes.
Pero si algo no es la Santa Cena, no es un sacrificio
en el sentido de que Cristo vuelva a ser sacrificado
63
cada vez que se observa; y que el pan y el vino se
conviertan literalmente en su cuerpo y sangre.
7. Autoridad de la Tradición Religiosa
En el año 1545 la tradición religiosa fue declarada
de igual autoridad que la Biblia por el Concilio de
Trento. Como resultado de dicha resolución, doctri-
nas y preceptos nuevos se han introducido en la
iglesia católica, siendo elevados al mismo nivel de
autoridad de las Escrituras, y en la práctica, muchas
de ellas poniéndose por encima de la Biblia. Sí, por
encima de la Biblia, pues muchas de esas normas y
tradiciones la contradicen.
Nuestro Señor Jesús aclaró, sin embargo que la Pa-
labra de Dios está por encima de las tradiciones de
los hombres:
“Se acercaron a Jesús algunos escribas y
fariseos de Jerusalén, diciendo: ¿Por qué
tus discípulos quebrantan la tradición de
los ancianos? Pues no se lavan las manos
cuando comen pan.
Y respondiendo Él, les dijo: ¿Por qué tam-
bién vosotros quebrantáis el mandamiento
de Dios a causa de vuestra tradición?” Ma-
teo 15:1-3
Si una tradición viola la palabra de Dios, no tenga
miedo de descartarla. Más bien, tema el no honrar
la palabra de Dios. “Todo esto lo hizo mi mano, y así
todas estas cosas llegaron a ser- declara el Señor.
Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de
64
espíritu, y que tiembla ante mi palabra.” Isaías 66:2
8. La Inmaculada Concepción y la Virginidad Perma-
nente de María
El Papa Pío IX decretó en 1854, como dogma de fe
católica, que María había nacido sin pecado origi-
nal. Esto elevó a María muy por encima de todos
los hombres, y proveyó la base para llegar a califi-
carla de ‘purísima’, nacida sin una naturaleza peca-
dora, y que nunca pecó; merecedora de nuestra
devoción y dedicación. Dentro de la tradición reli-
giosa se incluye además la creencia de que María se
mantuvo virgen hasta su muerte.
Este movimiento mariano ha continuado evolucio-
nando, al punto que el Papa Pablo VI proclamó a
María ‘Madre de la Iglesia’ en el año de 1965; y el
Papa Juan Pablo II buscó elevarla a la posición de
Co-redentora con Cristo.
Bueno, la Biblia en ningún lugar menciona nada de
eso. No, no estamos quitando mérito al carácter y
persona de María. Ella fue, sin lugar a duda, una
mujer muy piadosa y devota de Dios. María fue una
joven humilde de espíritu, dedicada en su fe, cono-
cedora de las Escrituras, que esperaba la promesa
de Dios, la promesa del Salvador prometido a Israel.
Pero elevar a María a una posición no dada por las
Escrituras es un grave error, que ha resultado en
idolatría, en este caso, ‘mariolatría’. Veamos algu-
nos pasajes de las Escrituras que arrojan luz al
asunto.
La Biblia nos enseña que el pecado entró al
65
mundo por medio de Adán; haciéndonos peca-
dores por naturaleza a todos. En otras palabras,
el pecado en Edén fue como un virus contagio-
so. Todos los que nacemos de la descendencia
de Adán nacemos infectados. Podríamos decir
que, el pecado heredado de Adán es como un
defecto genético espiritual. Todos heredamos la
naturaleza corrupta que nuestro padre Adán
obtuvo al pecar en Edén. En la epístola de Pablo
a los romanos leemos:
“El pecado entró en el mundo por un hom-
bre, y la muerte por el pecado, así también
la muerte se extendió a todos los hombres,
porque todos pecaron [es decir, en Adán];
...si por la transgresión de uno, por éste
reinó la muerte, mucho más reinarán en
vida por medio de uno, Jesucristo, los que
reciben la abundancia de la gracia y del
don de la justicia.*
Así pues, tal como por una transgresión
resultó la condenación de todos los hom-
bres, así también por un acto de justicia
resultó la justificación de vida para todos
los hombres.*
Porque así como por la desobediencia de
un hombre los muchos fueron constituidos
pecadores, así también por la obediencia
de uno los muchos serán constituidos jus-
tos.*” Romanos 5:12-19
*Los que reciben a Jesucristo en sus vidas
66
Sabemos que María murió. Ella no murió por la
humanidad, ella murió entonces por su pecado.
Claro, el sacrificio de Jesús en la cruz proveyó el
pago suficiente para que recibiera el perdón y la
justicia divina basada en la fe, no en sus obras o
justicia personal. Es por esa razón que Jesús
mismo fue su Salvador.
En Mateo 1:18-25 leemos que Dios envió un
ángel para hacerle saber a José que María esta-
ba encinta no por fornicación, sino porque en
su vientre llevaba el fruto del Espíritu Santo. El
ángel le dijo que debía tomar a María por mu-
jer; y que el hijo que nacería lo debía llamar
‘Jesús’, porque salvaría a su pueblo de sus peca-
dos.
José hizo de acuerdo a la revelación e instruc-
ción del ángel de Dios: “... y tomó consigo a su
mujer; y la conservó virgen hasta que dio a luz
un hijo; y le puso por nombre Jesús.” Mateo
1:24-25.
Vemos que José la conservó virgen hasta que
dio a luz a Jesús. Eso indica que una vez María
dio a luz, José cumplió su papel íntimo de espo-
so; y de hecho le dio varios hijos a María; quie-
nes fueron medio-hermanos de Jesús.
En Mateo leemos los nombres de los hermanos
de Jesús. Veamos: “Sucedió que...Jesús... llegan-
do a su pueblo, les enseñaba en su sinagoga, de
tal manera que se maravillaban, y decían:
67
¿Dónde obtuvo éste esta sabiduría y estos pode-
res milagrosos? ¿No es éste el hijo del carpinte-
ro? ¿No se llama su madre María, y sus herma-
nos Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están to-
das sus hermanas con nosotros?...” Mateo
13:53-56
Notemos que los hermanos de Jesús se llama-
ban Jacobo, José, Simón y Judas. No, ellos no
eran primos o parientes cercanos de Jesús, ellos
eran más que eso, eran hermanos de Jesús. En
el evangelio de Mateo tenemos la genealogía
de Jesús por parte de José. En Mateo 1:16 lee-
mos: “Jacob engendró a José, el marido de Ma-
ría, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.”
José puso, pues, al primer hijo después de Je-
sús, el nombre de su padre, Jacobo. Y al segun-
do le dio su propio nombre, José. Esta es una
práctica común en Medio Oriente. Mi padre na-
ció en Belén, en la Tierra Santa; y a su primer
hijo le puso el nombre de su padre, el de mi
abuelo. Entiendo fácilmente, pues, cómo la ge-
nealogía de Jesús por medio de José, y el pasaje
de Mateo 13:53-56, proveen una pista adicional
para confirmar que los hermanos de Jesús fue-
ron exactamente eso, hermanos en la carne por
lado de María su madre. Y más precisamente
diríamos que eran medio hermanos, pues el pa-
dre biológico de Jesús no fue José, sino Dios
mismo que lo engendró por medio del Espíritu
Santo en el vientre de María.
68
Llegar a ver a María como Co-redentora del
mundo es una blasfemia contra Jesús. Conside-
re las Escrituras siguientes:
“Dará a luz un hijo, y le pondrás por nom-
bre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de
sus pecados.” Mateo 1:21
“Nuestro gran Dios y Salvador Cristo Je-
sús... se dio a sí mismo por nosotros, para
redimirnos de toda iniquidad y purificar
para sí un pueblo para posesión suya, celo-
so de buenas obras.” Tito 2:13-14
Sólo Jesús murió en la cruz por los pecados de
la humanidad, sólo Él puede salvar, sólo Él pudo
redimir. Nadie puede compartir esa gloria con
Él. En Apocalipsis 5:12-14 leemos:
“El Cordero que fue inmolado digno es de
recibir el poder, las riquezas, la sabiduría,
la fortaleza, el honor, la gloria y la alaban-
za.
Y a toda cosa creada que está en el cielo,
sobre la tierra, debajo de la tierra y en el
mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí
decir: Al que está sentado en el trono, y al
Cordero, sea la alabanza, la honra, la glo-
ria y el dominio por los siglos de los siglos.
Los cuatro seres vivientes decían: Amén. Y
los ancianos se postraron y adoraron.”
Dios y el Cordero reciben la gloria, no la
69
comparten con María.
9. Infalibilidad del Papa
El Concilio Vaticano declaró en 1870 que el Papa es
infalible, es decir, que no se puede equivocar cuan-
do hace declaraciones formales sobre asuntos de
fe. Pero, ¿qué cuando los dogmas y ordenanzas
contradicen claramente la Palabra de Dios? Dios no
se contradice a sí mismo. O las Escrituras o el Papa
están equivocados. Las Escrituras fueron selladas
con el último libro de la Biblia, el Apocalipsis; y de
acuerdo a ellas, no le podemos quitar ni añadir
más.
“Yo testifico a todos los que oyen las pala-
bras de la profecía de este libro: Si alguno
añade a ellas, Dios traerá sobre él las pla-
gas que están escritas en este libro;
y si alguno quita de las palabras del libro
de esta profecía, Dios quitará su parte del
árbol de la vida y de la ciudad santa descri-
tos en este libro.” Apocalipsis 22:18
Satanás ha engañado, sigue engañando, y seguirá enga-
ñando a las personas; envolviéndolas en ignorancia y oscu-
ridad, para que no conozcan el poder de la palabra de Dios;
para que no la comprendan; para que no la usen.
Una de las estrategias de Satanás es calumniar la integri-
dad y perfección de las Escrituras. Pero no se deje engañar
por las sutilezas del diablo: La palabra de Dios es sin error,
confiable y poderosa. En el Salmo 119, versículos 105, 140
70
y 160 leemos:
“Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi
camino... Es muy pura tu palabra, y tu siervo la
ama... La suma de tu palabra es verdad, y cada
una de tus justas ordenanzas es eterna.”
Leía hace algún tiempo un libro cuyo escritor desarrollaba
el tema de la inspiración de las Escrituras. Él hablaba de
dos posiciones, ambas supuestamente dignas de mención
y de aceptación: Una posición era que Dios inspiró el men-
saje en los escritores, pero que ellos lo expresaron en sus
propias palabras. En esta posición el mensaje, no las pala-
bras, es el inspirado por Dios. La otra posición es que Dios
dictó mecánicamente las palabras a los escritores, quienes
simplemente fueron escribas. El autor deja abierta en su
libro las dos posibilidades. Pero realmente una de esas po-
siciones es muy equivocada y peligrosa.
El contemplar la posibilidad de que las palabras no son ins-
piradas, sino sólo el mensaje, es equivalente a aceptar que
las palabras de la Biblia están contaminadas por error hu-
mano. El lector tendría que juzgar qué es inspirado, qué no
tiene error, y qué pueda tener error. El lector se estaría
poniendo por encima de la Biblia, juzgando su contenido.
En Jeremías 1:9 Dios le dice al profeta: “He aquí, he puesto
mis palabras en tu boca.”
En Proverbios 30:5-6 Dios dice “Probada es toda palabra
de Dios… No añadas a sus palabras no sea que te reprenda
y seas hallado mentiroso.”
71
Jesús mismo dijo en Mat 24:35 “El cielo y al tierra pasarán,
mas mis palabras no pasarán”
En Mateo 5:18 dice “En verdad os digo que hasta que pa-
sen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más peque-
ña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla”
Pablo escribió: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil
para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir
en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,
equipado para toda buena obra.” II Timoteo 3:16-17
Hay muchos textos más que podemos citar para defender
la inspiración de cada palabra de la Biblia en sus manuscri-
tos originales. Claro que Dios usó palabras usadas en la cul-
tura y lenguaje de los escritores; y aun sus propias perso-
nalidades; pero fue el Espíritu Santo quien inspiró cada pa-
labra.
72
VI
Apariciones y Otras Señales Milagrosas
La comunidad latinoamericana se aferra tenazmente a las
enseñanzas y tradiciones religiosas de sus padres, en parte
por no comprender que dicha fe ha experimentado una
evolución gradual que se aleja, drásticamente, de las ense-
ñanzas entregadas a la iglesia por los apóstoles de Jesucris-
to.
Adicionalmente, muchas de las enseñanzas y prácticas que
se han infiltrado en la religión tradicional, se justifican y
defienden con las apariciones milagrosas y eventos sobre-
naturales que dan testimonio de su supuesta legitimidad y
aprobación por parte de Dios. Pero debemos ser astutos, y
no dejarnos engañar, pues como dicen las Escrituras “no es
de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de
luz.” II Corintios 11:14
Como ya vimos anteriormente, las Escrituras mismas nos
exhortan a permanecer fieles a las verdades y enseñanzas
de los apóstoles. Pablo instó a Timoteo, en varias ocasio-
nes, a guardar la fe que le fue entregada; es decir, a rete-
nerla tal como fue recibida, a preservarla intacta:
“Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomenda-
do, y evita las palabrerías vacías y profanas, y las
objeciones de lo que falsamente se llama cien-
73
cia,” I Timoteo 6:20
Guarda lo que se te ha encomendado dice Pablo; evita pa-
labrerías vacías, carentes de solidez bíblica; no pierdas el
tiempo con objeciones levantadas por una ciencia falsa;
evita conocimientos engendrados por una luz nueva y dis-
tinta. Pablo en su segunda carta vuelve a decir:
“Retén la norma de las palabras sanas que has
oído de mí, en la fe y el amor en Cristo Jesús.
Guarda, mediante el Espíritu Santo que habita en
nosotros, el tesoro que te ha sido encomendado.”
II Timoteo 2:13-14
Es decir, retén la palabra de Dios que se te ha trasmitido,
tal como se te ha trasmitido, tal como la habéis recibido de
mí; guarda ese tesoro precioso de la buena enseñanza de
la palabra de Dios; no le añadas, no le quites, no la adulte-
res, no la distorsiones, ¡atesórala!
En la segunda epístola de Pablo a los Tesalonicenses, lee-
mos la advertencia de Pablo sobre los poderes milagrosos
que se manifestarán en los últimos días; engañando a
quienes pongan su fe en ellos, y no en la verdad de las Es-
crituras. Advirtiéndonos del anticristo en los últimos días,
el apóstol escribe:
“El misterio de la iniquidad ya está en acción, só-
lo que aquel que por ahora lo detiene, lo hará
hasta que él mismo sea quitado de en medio. Y
entonces será revelado ese inicuo...
Cuya venida es conforme a la actividad de Sata-
74
nás, con todo poder y señales y prodigios menti-
rosos, y con todo engaño de iniquidad para los
que se pierden, porque no recibieron el amor de
la verdad para ser salvos.
Por esto Dios les enviará un poder engañoso, pa-
ra que crean en la mentira, a fin de que sean juz-
gados todos los que no creyeron en la verdad
sino que se complacieron en la iniquidad.”
II Tesalonicenses 2:7-12
Las fuerzas del mal y el espíritu del anticristo, son un miste-
rio, es decir, obran secreta y encubiertamente; aunque ya
están en acción, llevando a cabo su plan macabro, destruc-
tor y engañador con poder y señales sobrenaturales.
En medio de la confusión y el engaño existente en el mun-
do, la iglesia viva de Cristo está llamada a ser luz, tal como
lo indican las Escrituras en Mateo 5:14-16; a proclamar las
virtudes de Dios, tal como Pedro lo enseña en I Pedro 2:9-
10; a contender por la fe, tal como nos exhorta Judas al
principio de su epístola.
La iglesia es templo e instrumento del Espíritu Santo, para
revelar a Jesús. Cuando ella sea arrebatada para reunirse
con Jesucristo en las nubes, el mundo se quedará en oscu-
ridad espiritual. Entonces, el anticristo será revelado. Su
venida será acompañada de milagros, señales y prodigios;
que ya se han empezado a dar. Estos prodigios y milagros
alimentan doctrinas que tienen apariencia de verdad, pero
que niegan a Jesucristo. Muchos son, y muchos serán, los
75
engañados por poner su fe en ellos.
No me malinterprete. Yo no digo que todo milagro venga
del diablo. No, yo sé que Dios hace milagros hoy en día. Los
milagros son parte de la vida del cristiano. La vida de noso-
tros los creyentes es sobrenatural, llena de la presencia del
Espíritu Santo, de su poder y obrar sobrenatural en noso-
tros y a través de nosotros. Pero, milagros que contradicen
las Escrituras no vienen de Dios. Y además, nuestro enfo-
que no deben ser los milagros, sino Cristo y su palabra. Pa-
blo escribió:
“Porque en verdad los judíos piden señales y los
griegos buscan sabiduría;
pero nosotros predicamos a Cristo crucificado,
piedra de tropiezo para los judíos, y necedad pa-
ra los gentiles;
mas para los llamados, tanto judíos como grie-
gos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios.”
I Corintios 1:22-24
A Timoteo, Pablo le exhortó seriamente a enseñar y a
predicar la palabra de Dios, pues ella es el fundamento
y la luz que debe guiar nuestra vida; no sueños, visio-
nes y doctrinas nuevas que tal vez están respaldados
por milagros, pero que se apartan de las Escrituras:
“Te encargo solemnemente, en la presencia de
Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos
y a los muertos, por su manifestación y por su
reino: Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera
76
de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mu-
cha paciencia e instrucción.
Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la
sana doctrina, sino que teniendo comezón de oí-
dos, acumularán para sí maestros conforme a sus
propios deseos; y apartarán sus oídos de la ver-
dad, y se volverán a mitos.”
Pablo profetizó que vendría el tiempo cuando las per-
sonas no abrazarían la sana doctrina, ni siquiera la so-
portarían o tolerarían; mas correrían tras maestros y
doctrinas que satisfacen sus propios deseos. Apartán-
dose de la verdad se volverían a fábulas, mitos, y visio-
nes. Esas palabras proféticas de Pablo ya se están
cumpliendo en nuestros días.
Millones son los engañados por supuestas apariciones
de María, o de imágenes de Jesús y María en la comi-
da, el suelo, u otro lugar u objeto. Muchos son los que
corren tras el último fenómeno milagroso. No seamos
ingenuos. No necesitamos ser cautivados por cada
aparición o visión. Tenemos la Roca fundamental en la
cual estar anclados: Cristo y su Palabra.
“Nadie os defraude de vuestro premio deleitán-
dose en la humillación de sí mismo y en la adora-
ción de los ángeles, basándose en las visiones
que ha visto, hinchado sin causa por su mente
carnal.” Colosenses 2:18
77
78
VII
La Iglesia de Cristo
La iglesia de Cristo es una sola.
“Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como
también vosotros fuisteis llamados en una misma
esperanza de vuestra vocación;
Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,
Un solo Dios y Padre de todos, que está sobre to-
dos, por todos y en todos.” Efesios 4:4-6
La iglesia es llamada el cuerpo de Cristo en la Biblia. Así
como los brazos, piernas, manos, orejas, ojos, y otras par-
tes integran el cuerpo humano, así los creyentes formamos
parte de un cuerpo, el cuerpo de Cristo. Somos sus miem-
bros; Cristo, la cabeza.
Por supuesto que dentro de ese cuerpo universal, hay gru-
pos geográficos locales, grupos de creyentes que se con-
gregan para estudiar la palabra de Dios y alabarle con ins-
trumentos musicales; para orar, para compartir las cargas
unos con otros, y para la comunión fraternal; pero todos
somos parte de un mismo cuerpo, siervos de un mismo
Señor, compartiendo la misma fe.
Toda persona que ha recibido a Jesucristo como Señor y
79
Salvador; poniendo su fe exclusivamente en Él; reconocien-
do la Palabra de Dios como estándar y guía de su vida; ca-
minando en la luz de Dios, no en pecado; es parte del cuer-
po de Cristo.
Si bien el cuerpo es uno, dentro de ese cuerpo se han ido
formado varios grupos a lo largo de la historia, los cuales
conocemos como denominaciones. Así tenemos a los Pres-
biterianos, a los Metodistas, a los Bautistas, a las Asam-
bleas de Dios, a los Nazarenos, y otros más. Si bien hay di-
ferencias doctrinales entre los distintos grupos cristianos,
todos ellos tienen la misma Biblia, reconociendo sus sesen-
ta y seis libros como inspirados por Dios y sin error; y com-
parten doctrinas fundamentales como la salvación por la fe
en Jesús, no por obras; la deidad de Jesús; creen en un solo
Dios que existe en tres personas distintas; y creen en un
cielo y un infierno literal, entre otras cosas.
Es importante entender que la iglesia de Cristo no está li-
mitada por una denominación, ni es posesión exclusiva de
ningún grupo en particular. Miembros de distintas denomi-
naciones integran la iglesia de Cristo. Y nadie es miembro
del cuerpo de Cristo automáticamente por pertenecer a
una denominación.
En el evangelio de Lucas tenemos un incidente muy impor-
tante en este tema:
“Juan, dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera
demonios en tu nombre, y tratamos de impedír-
selo, porque no anda con nosotros. Pero Jesús le
dijo: No se lo impidáis; porque el que no está con-
80
tra vosotros, está con vosotros.” Lucas 9:49-50
Pablo escribió:
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene mu-
chos miembros, pero todos los miembros del
cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo
cuerpo, así también es Cristo. Pues por un mismo
Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuer-
po, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a
todos se nos dio a beber del mismo Espíritu.
Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino
muchos. Si el pie dijera: Porque no soy mano, no
soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser parte
del cuerpo. Y si el oído dijera: Porque no soy ojo,
no soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser
parte del cuerpo.
Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si
todo fuera oído, ¿qué sería del olfato?
Ahora bien, Dios ha colocado a cada uno de los
miembros en el cuerpo, según le agradó.
Y si todos fueran un solo miembro, ¿qué sería del
cuerpo?
Sin embargo, hay muchos miembros, pero un so-
lo cuerpo.
Y el ojo no puede decir a la mano: No te necesito;
ni tampoco la cabeza a los pies: No os necesito.
Por el contrario, la verdad es que los miembros
del cuerpo que parecen ser los más débiles, son
81
los más necesarios; y las partes del cuerpo que
estimamos menos honrosas, a éstas las vestimos
con más honra; de manera que las partes que
consideramos más íntimas, reciben un trato más
honroso, ya que nuestras partes honestas no lo
necesitan. Mas así formó Dios el cuerpo, dando
mayor honra a la parte que carecía de ella, a fin
de que en el cuerpo no haya división, sino que los
miembros tengan el mismo cuidado unos por
otros.
Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren
con él; y si un miembro es honrado, todos los
miembros se regocijan con él.
Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y
cada uno individualmente un miembro de él.”
I Corintios 12:12-27
En el libro de Hechos de los Apóstoles leemos lo que carac-
terizaba a la iglesia que nació en Pentecostés. En Hechos
2:42 leemos que los creyentes ”se dedicaban continuamen-
te a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al par-
timiento del pan y a la oración.”
La fórmula de los creyentes era sencilla. Su énfasis no era
en edificios suntuosos, programas de crecimiento, o activi-
dades sociales para entretener a sus miembros. Los discí-
pulos se reunían para estudiar las enseñanzas de los após-
toles, las cuales ahora tenemos plasmadas en la Biblia, el
Antiguo y el Nuevo Testamento.
82
También notemos que se dedicaban a la comunión, es de-
cir, al compañerismo fraternal, para conocerse, animarse y
ayudarse unos a otros; para el amor fraternal y la edifica-
ción mutua.
También conmemoraban frecuentemente la Santa Cena, el
memorial que Jesús instituyó en la última cena que com-
partió con sus apóstoles antes de ir a la cruz.
Y finalmente, se dedicaban a la oración. El pueblo de Dios
era un pueblo de oración.
En Hechos 2:46-47 leemos que “Día tras día continuaban
unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares,
comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando
a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor aña-
día cada día al número de ellos los que iban siendo salvos.”
Vemos que el crecimiento de la iglesia no era resultado de
estrategias de mercadeo, u otro tipo de metodología hu-
mana. Dios era quien añadía en la medida que los discípu-
los se dedicaban a lo que importa a Dios.
Si bien la iglesia está formada por miembros de distintas
denominaciones cristianas, es importante reconocer que
no todo grupo que se llama cristiano lo es. Por ejemplo, la
secta de los Testigos de Jehová niega al mismo Jesús como
Dios nuestro; considera al Espíritu Santo como una fuerza
no una persona; y tiene muchas otras desviaciones doctri-
nales fundamentales serias, que se apartan de la palabra
de Dios.
83
Los mormones tienen “otro evangelio de Jesucristo”. Ellos
erran gravemente, pues el mismo apóstol Pablo escribió en
su carta a los gálatas: “Si aun nosotros, o un ángel del cielo,
os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos
anunciado, sea anatema.” Gálatas 1:8. Sus doctrinas están
llenas de herejías, incluyendo la enseñanza de que sus
miembros llegarán a ser dioses.
Aparte de las sectas que se apartan fundamentalmente de
la fe de los apóstoles, es importante aceptar fraternalmen-
te a nuestros hermanos en Cristo, independiente de la de-
nominación cristiana a la que pertenecen.
Ahora bien, vivimos en días en que dentro de las denomi-
naciones protestantes y evangélicas están ocurriendo gran-
des crisis, desviaciones, excesos y abusos ante los cuales
no podemos ni debemos taparnos los ojos. Algunos que
abrazaban las doctrinas fundamentales de la fe cristiana
están dejando de creer que las Escrituras son sin error;
otros están permitiendo y casando parejas homosexuales
en sus congregaciones; y están hasta ordenando para el
ministerio a pastoras lesbianas que conviven abiertamente
con su pareja. La Biblia predice esta apostasía en los últi-
mos días.
Vivimos ciertamente en tiempos peligrosos, tal como lo
profetizó Pablo: “Debes saber esto: que en los últimos días
vendrán tiempos difíciles” II Timoteo 3:1 No podemos,
pues, ser ciegos o ignorantes de lo que está pasando. De-
bemos estar vigilantes, velando y manteniendo un celo sa-
84
ludable por la verdad. Las denominaciones no son las que
permanecerán, sino Cristo y su Palabra. Las puertas del Ha-
des podrán prevalecer contra una denominación; pero no
contra la iglesia viva de Cristo, aquella formada por creyen-
tes fieles a Él y su palabra, no a estructuras eclesiásticas
aberrantes.
Ya que empezamos; creo necesario continuar dando la voz
de alarma en otras áreas. Por ejemplo, muchos están sien-
do arrastrados por la codicia en sus mismas congregacio-
nes. Sus pastores prometen a los congregantes gran pros-
peridad económica dependiendo de sus ofrendas. Es cierto
que Dios ha prometido recompensar nuestras buenas
obras, pero no necesariamente en forma monetaria. Di-
chos pastores están alimentando un espíritu de codicia en
las ovejas, a quienes se les está enseñado a ofrendar no de
corazón, por amor y agradecimiento a Dios; sino como una
inversión para tener más dinero y poder comprar autos y
casas lujosas.
Recuerdo el director de un ministerio que me decía en
cierta ocasión que ya bastaba de tanta pobreza entre el
pueblo cristiano latino; que ya era hora de que los cristia-
nos anduviéramos en carros de lujo, en Mercedes Benz.
Ellos se olvidan que “la raíz de todos los males es el amor
al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron
de la fe y se torturaron con muchos dolores.” I Timoteo
6:10. Santiago escribió: “Pedís y no recibís, porque pedís
con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres.”
Santiago 4:3
85
Dios llama a sus hijos al contentamiento, sea cual fuere
nuestra situación; pues Él nos ama, y está en control sobre
toda situación. Dios permite y usa cada situación y circuns-
tancia para conformarnos a la imagen de Jesús si coopera-
mos con Él creyendo, obedeciendo y sometiéndonos hu-
mildemente a Él. Y es por eso que debemos siempre mos-
trar contentamiento y agradecimiento con Dios. Pablo es-
cribió: “He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi
situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en
todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar sa-
ciado como de tener hambre, de tener abundancia como de
sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortale-
ce.” Filipenses 4:11-13
Eso no quiere decir que no podemos pedir a Dios por nues-
tras necesidades. Jesús mismo nos enseñó a hacerlo. Orar
por nuestras necesidades ¡sí!, pero por nuestros caprichos
¡no! Dios nunca ha prometido satisfacer nuestros capri-
chos. Si Él decide bendecirle con abundancia económica, es
para que sea usado para la gloria de Dios. Y si Él decide sa-
tisfacer sólo sus necesidades básicas; entonces, a través de
su perseverancia y fidelidad, sea glorificado el nombre de
Jesús en su vida. Acumulará así tesoros eternos que nadie
le podrá robar.
86
VIII
Distracciones y Más Desviaciones
Algunos grupos lamentablemente se han distraído con as-
pectos que no son centrales a la fe, descuidando lo funda-
mental. Alejándose del balance bíblico, se han ido a extre-
mos que no son saludables. Sí, son cristianos, pero afectan
negativamente la obra que Dios quiere hacer en ellos, y a
través de ellos. En algunos casos el peligro es grave, dado
que la fe se está distorsionando a tal grado que no sólo se
está comprometiendo la salud y efectividad espiritual de
los miembros, sino hasta su salvación eterna.
Es un serio problema cuando por ofrecer una atmósfera
amigable, proveyendo un ambiente agradable e inclusivo
de todos, no ofensivo de ninguna manera a los visitantes
en los cultos; se evita mencionar la sangre de Jesús, y ex-
hortar al arrepentimiento: Sin ellos ¡no hay salvación! Los
servicios se convierten prácticamente en reuniones socia-
les, no mucho más que eso.
Es problema también cuando en lugar de dar la palabra de
Dios, los cultos se vuelven sesiones de autoestima y su-
peración personal; donde los servicios se convierten en
reuniones motivacionales, basadas en pensamiento positi-
vo y sicología. Sin el consejo completo de la palabra de
87
Dios los creyentes nunca maduran espiritualmente, y son
fácilmente llevados por todo viento de doctrina.
En el condado de Orange, California donde vivo; paso a ve-
ces por un templo que al frente tiene un gran letrero con
las palabras “Pare de Sufrir”. A veces a las personas se les
ofrece prosperidad material; pero no se les exhorta a la
santidad. Las palabras de Pablo encontradas en II Timoteo
3:12 no se mencionan ni enseñan: “Y en verdad, todos los
que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán per-
seguidos.” Las palabras de Pedro en I Pedro 2:20-23 pare-
cen no estar incluidas en la Biblia de algunos:
“Pues ¿qué mérito hay, si cuando pecáis y sois
tratados con severidad lo soportáis con pacien-
cia? Pero si cuando hacéis lo bueno sufrís por ello
y lo soportáis con paciencia, esto halla gracia con
Dios.
Porque para este propósito habéis sido llamados,
pues también Cristo sufrió por vosotros, deján-
doos ejemplo para que sigáis sus pisadas, el cual
no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en
su boca;
y quien cuando le ultrajaban, no respondía ultra-
jando; cuando padecía, no amenazaba, sino que
se encomendaba a aquel que juzga con justicia.”
Hoy en día abunda el énfasis exagerado en las emociones.
Muchos miden la espiritualidad de la persona o la presen-
cia del Espíritu Santo en una reunión, dependiendo de la
intensidad de la experiencia emocional. Entre más fuerte
88
llora la gente, en total descontrol; entre más alto gritan de
alegría; entre mayor desorden en el servicio, supuesta-
mente ha habido mayor libertad y poder del Espíritu. En-
tiendo que tenemos emociones, y son parte integral de
nuestro ser; así hemos sido creados; pero eso no es excusa
para dejarlas correr en total descontrol. Pablo, dando ins-
trucciones sobre la conducta y manera de proceder en las
reuniones de los creyentes, escribió: “Que todo se haga
decentemente y con orden.” I Corintios 14:40
Los pastores, y los servicios de las congregaciones, deben
conducirse con dignidad, integridad y mansedumbre. La-
mentablemente, algunos lugares hoy en día, parecen ser
más un espectáculo de entretenimiento mundano que una
casa de oración. Qué triste cuando los pastores, en lugar
de nutrir al pueblo de Dios con la leche pura de su palabra,
ofrecen enseñanzas sensacionalistas que atraen como dul-
ce melodía los oídos de sus seguidores.
El legalismo es otro serio problema. Éste consiste en la ob-
servancia o imposición de reglamentos externos que su-
puestamente nos hacen más aceptables a Dios. Con ello se
comunica un grave error, el que nuestra aceptación a Dios
ya no es sólo por gracia, sino por nuestras obras. Este gra-
ve error provoca vanagloria y alimenta arrogancia espiri-
tual en quienes lo abrazan.
Ciertos lugares exigen que los hombres vayan vestidos for-
malmente al culto de la iglesia, de traje o con corbata. Al-
gunas veces, cuando llega algún visitante vestido menos
formalmente, se le mira mal, considerándosele irrespetuo-
89
so de Dios; como que si nuestro respeto a Dios se midiera
por la formalidad de la ropa que usamos; o como si para
oír la palabra de Dios es necesario ir de traje. No estamos
proponiendo que se prohíba a la gente el ir de saco y cor-
bata. Pero cuando se impone un estándar de vestido for-
mal, se incomoda y excluye innecesariamente a las perso-
nas. En lugar de poner obstáculos la iglesia debe hacer sen-
tir bienvenido a todo el que esté interesado en escuchar y
conocer de Dios; sin que se le haga sentir mal porque no
viene vestido formalmente.
Algunas congregaciones prohíben que la mujer use maqui-
llaje o joyas, o que se recorte el cabello. Le prohíben usar
pantalones, y requieren que las faldas lleguen hasta el to-
billo. Podemos estar tan preocupados por guardar una jus-
ticia externa y aparente, basada en lo que se usa y no se
usa; y sin embargo descuidar lo más importante, el cora-
zón; descuidando la lengua; descuidando la mente y los
pensamientos que abrigamos.
No estamos proponiendo que las mujeres entren a la igle-
sia cargadas de joyas y embarradas de maquillaje; ni que
vayan vestidas con pantalones bien apretados al cuerpo, o
shorts cortos y blusas reveladoras, llenas de sensualidad,
para provocar sexualmente a las personas del sexo opues-
to. De hecho, a veces es necesario exhortar en esta área a
los miembros de una congregación. Pero el énfasis debe
ser el correcto; y debemos de cuidarnos de no juzgar por
las apariencias.
En resumen, debemos tener cuidado de no buscar tener
90
una justicia mayor a través de códigos exageradamente
restrictivos de vestido, comida, maquillaje, y cosas por el
estilo. De hecho, un poco de perfume, un vestido agrada-
ble, un bonito corte del cabello, y un poco de maquillaje
les haría mucho bien a algunas mujeres; y alegrarían enor-
memente a sus esposos.
El legalismo puede ser extremo, hasta el punto de apartar-
se de la fe. Por ejemplo, algunos prohíben comer carne de
cerdo; demandan que el día de reposo se celebre el sába-
do; y consideran que quienes observan el domingo como
día principal de reunión son personas bajo la influencia del
espíritu del anticristo. En Colosenses 2:16-17 Pablo escri-
bió:
“Por tanto, que nadie se constituya en vuestro
juez con respecto a comida o bebida, o en cuanto
a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo; co-
sas que sólo son sombra de lo que ha de venir,
pero el cuerpo pertenece a Cristo.”
Las desviaciones ocurren cuando se descuida la enseñanza
de las Escrituras. Una congregación donde se enseña toda
la palabra de Dios, desde Génesis hasta Apocalipsis, ver-
sículo por versículo, capítulo por capítulo, libro por libro,
en forma expositiva, es de gran bendición para sus miem-
bros. El pastor que expone la palabra, enseñándola en con-
texto; comparándola con otros textos bíblicos pertinentes;
enseñando varios aspectos relacionados con cada pasaje,
incluyendo el significado de las palabras, el contexto histó-
rico y cultural; y la aplicación en nuestros días, es de gran
91
provecho y edificación para el rebaño encomendado a su
cuidado.
Una congregación que no enseña toda la Escritura, podrá
enseñar el evangelio de salvación y traer almas a Cristo,
pero se verá limitada en su labor primordial de discipular el
rebaño. Dicha congregación se arriesga a convertirse en
terreno fértil para la propagación de prácticas y tradiciones
no productivas. La falta de enseñanza sana abre las puertas
al comercialismo, el abuso y la explotación de las ovejas.
Le doy gracias a Dios, pues, por las congregaciones que en-
señan fiel y correctamente toda la palabra de Dios, guiadas
por su Espíritu Santo, y establecidas en su amor. Se en-
cuentran en algunas denominaciones, y dentro de grupos
no afiliados a denominaciones. Gracias a Dios también por
las congregaciones que mantienen una asociación fraternal
sin exhibir una jerarquía asfixiante y altiva dentro de ellas,
o entre ellas.
92
IX
Bautismo y Salvación
Un área de bastante importancia, pero donde también hay
bastante confusión por la falta de enseñanza bíblica ade-
cuada, es la del bautismo. Trataremos a continuación de
aclarar un poco, dando luz al respecto con la ayuda de Dios
y su palabra.
Los católicos enseñan el bautismo de infantes, considerán-
dolo un requisito indispensable para la salvación. Algunas
iglesias no católicas, de origen evangélico, enseñan tam-
bién que si uno no se ha bautizado, no se puede salvar.
Unos practican bautismo por aspersión, otros por inmer-
sión. ¿Qué dicen las Escrituras al respecto?
Primero, entendamos que el bautismo es una ordenanza
bíblica muy importante. Jesús al comisionar a sus discípu-
los en Mateo 28:19-20 dijo: “Id, pues, y haced discípulos de
todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo
lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros to-
dos los días, hasta el fin del mundo.”
También es muy importante entender que el bautismo no
sólo consiste en un rito externo de agua; debe estar ligado
93
a una experiencia espiritual interna y profunda. El bautis-
mo de Juan Bautista estaba acompañado de un mensaje y
llamado al arrepentimiento sincero. En Mateo 3:7-9 lee-
mos que “cuando vio que muchos de los fariseos y sadu-
ceos venían para el bautismo, les dijo: Camada de víboras,
¿quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? Por tanto,
dad frutos dignos de arrepentimiento; y no presumáis que
podéis deciros a vosotros mismos: “Tenemos a Abraham
por padre", porque os digo que Dios puede levantar hijos a
Abraham de estas piedras.”
Es decir, Juan rehusó bautizar a hombres que claramente
lo hacían sin un arrepentimiento genuino. El mismo Jesu-
cristo, desde que empezó su ministerio, llamó también al
arrepentimiento como requisito para entrar al reino de
Dios. En Marcos 1:14-15 leemos que “Después que Juan
había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea proclamando
el evangelio de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido y
el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el
evangelio.”
Un bebé no tiene la capacidad de reconocer su naturaleza
pecadora, arrepentirse y decidir seguir a Jesús. Primero se
necesita tener edad de conciencia de pecado. Y segundo,
se necesita arrepentimiento y la decisión personal de se-
guir a Jesús. Nadie puede hacer esa decisión por otra per-
sona. La persona que se va a bautizar debe hacerla por sí
misma.
Entendemos, pues, que el bautismo es un rito que obedece
a una decisión personal. Pero ¿qué relación tiene el bautis-
94
mo con la salvación de una persona? ¿Es el bautismo un
rito a observar antes o después de la salvación de una per-
sona? ¿Se recibe la salvación por medio del bautismo?
En el evangelio de Juan 1:11-13 la palabra de Dios nos re-
vela que Jesús: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de lle-
gar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nom-
bre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la car-
ne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.”
La Escritura nos revela que no todos somos hijos de Dios.
Todos los hombres y mujeres son creación de Dios, pero
hijos de Dios son sólo los que reciben a Jesús. ¿Cómo reci-
be usted a Jesús? El texto anterior nos dice que lo recibi-
mos al creer en su nombre, es decir, al creer quién dijo Je-
sús ser, y lo que vino a hacer; creyendo en su palabra, y
aceptando la autoridad de Él como Dios y Señor suyo.
Vea que la Escritura indica que no se llega a ser hijos de
Dios por nacimiento de sangre, ni por voluntad de carne o
de hombre. Eso excluye inmediatamente que uno pueda
ser salvo por parentesco o decisión de otros. Por muy pia-
dosos, o santos, que sean sus padres; la decisión es perso-
nal y demanda creer y escoger voluntaria y personalmente
a Jesús.
En la conversación que tuvo Jesús con Nicodemo, le reveló
la necesidad de nacer de nuevo. Es decir, para ser salvo se
necesita nacer de nuevo. En ese momento ocurre la salva-
ción. El pasaje se encuentra en el evangelio de Juan, parte
95
del cual copiamos a continuación:
“Había un hombre de los fariseos, llamado Nico-
demo, prominente entre los judíos. Este vino a
Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has
venido de Dios como maestro, porque nadie pue-
de hacer las señales que tú haces si Dios no está
con él.
Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te
digo que el que no nace de nuevo no puede ver el
reino de Dios.
Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer
siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segun-
da vez en el vientre de su madre y nacer?
Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo
que el que no nace de agua y del Espíritu no pue-
de entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de
la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu,
espíritu es. No te asombres de que te haya dicho:
"Os es necesario nacer de nuevo."” Juan 3:1-7
Para nacer de nuevo necesitamos, pues, además de nacer
físicamente de agua, es decir, del líquido amniótico de la
madre; nacer también del Espíritu. Jesús en Juan 6:63 dijo
“El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprove-
cha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son
vida.”
Jesús dijo que es necesario nacer del Espíritu (Juan 3:1-7).
Y dijo que sus palabras son espíritu (Juan 6:63). Es al recibir
96
sus palabras que recibimos su espíritu que da vida, y recibi-
mos entonces en ese momento vida eterna. ¿Cuáles son
entonces las palabras, el mensaje que da salvación y vida
eterna?
Pablo las declara en varios lugares de sus escritos. En Ro-
manos 10:8-13 escribió:
“Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu
corazón, es decir, la palabra de fe que predica-
mos:
Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y
crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre
los muertos, serás salvo; porque con el corazón
se cree para justicia, y con la boca se confiesa
para salvación.
Pues la Escritura dice: Todo el que cree en El no
será avergonzado.
Porque no hay distinción entre judío y griego,
pues el mismo Señor es Señor de todos, abundan-
do en riquezas para todos los que le invocan; por-
que:
Todo aquel que invoque el nombre del Señor será
salvo.”
El creer que Dios resucitó a Jesús de la muerte es muy im-
portante, pues al creerlo usted está aceptando el testimo-
nio del Espíritu Santo. Además es importante porque si Je-
sús no ha resucitado de la muerte, no habría vencido sobre
el pecado; y nosotros todavía estaríamos en pecado.
97
Es importante también, porque si Jesús todavía estuviera
muerto, no podría ser su Señor. Y aquí venimos al segundo
punto: No basta creer que Jesús ha resucitado; es necesa-
rio aceptar su señorío en su vida. Es decir, necesita decla-
rarlo Señor suyo; con la intención de obedecer su voz. Al
hacerlo, usted recibe salvación, pasando a ser miembro de
la familia de Dios, naciendo de nuevo como un hijo de
Dios.
Si usted nunca lo ha hecho, éste es el momento oportuno
para que lo haga. Dios le está llamando al arrepentimiento,
a que le pida perdón por sus pecados; y confíe en la obra
redentora de Jesús en la cruz, poniendo su confianza en
Jesús, tal como dice la Escritura.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que
dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que
cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juz-
gar al mundo, sino para que el mundo sea salvo
por Él.
El que cree en Él no es condenado; pero el que no
cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído
en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” Juan
3:16-18
Creer en Jesús es más que creer que Él existe. Los demo-
nios saben que Dios existe y no por eso son salvos. Creer
en Jesús es creer en su palabra y poner su vida en las ma-
nos de Él, decidiendo obedecerle y seguirle. Dios le dará el
98
Espíritu Santo para guiarlo por medio de las Escrituras en el
camino correcto, y para darle el poder que usted necesita
para hacer el bien y rechazar el pecado.
Jesús dijo en Juan 10:10 -11:
“El ladrón sólo viene para robar y matar y des-
truir; yo he venido para que tengan vida, y para
que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pas-
tor; el buen pastor da su vida por las ovejas.”
Si usted cree en Jesús, creerá que seguirle a Él es lo mejor
para su vida, el camino para experimentar vida abundante;
reconociendo que ceder a las tentaciones, y el pecado, só-
lo lo llevarán a la condenación eterna.
Si usted nunca lo ha hecho, le invito a orar y poner su fe en
Jesús en este mismo momento. No lo deje para después. El
Espíritu Santo le está llamando, no lo rechace. Una oración
como la que escribimos a continuación, si la hace en forma
sincera, de corazón, es aceptable a Dios.
Padre celestial, te ruego perdón por mis pecados.
Creo que Jesús murió por mis pecados, y que su
sacrificio en la cruz es pago suficiente y perfecto
por ellos.
También creo que Jesús resucitó de la muerte, y
vive;
y hoy lo recibo como Señor de mi vida.
Dame tu Santo Espíritu, sed de tu palabra, y en-
tendimiento para comprenderla.
99
Dame tu Santo Espíritu para tener el deseo y el
poder para vivir una vida conforme a tu volun-
tad; para hacer el bien y rechazar las tentaciones
y el pecado.
Te lo pido en nombre de nuestro Señor Jesús.
Amén.
Si usted ha expresado lo anterior a Dios de corazón, Él lo
recibe y le da salvación; tal como lo leemos en Juan 5:24-
25
“En verdad, en verdad os digo: el que oye mi palabra y
cree al que me envió, tiene vida eterna y no viene a
condenación, sino que ha pasado de muerte a vida.
En verdad, en verdad os digo que viene la hora, y aho-
ra es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios,
y los que oigan vivirán.”
Note que la Biblia dice que al creer, al recibir la palabra,
‘tiene’ vida eterna. No dice ‘tendrá’, sino ‘tiene’; es algo
actual que se recibe en el momento en que usted cree y
pone su fe en Jesús. En ese momento usted pasa de muer-
te a vida. De hecho, antes de hacer esa decisión, los hom-
bres estamos muertos espiritualmente, separados de Dios.
Al oír la voz de Dios, y responder, es cuando adquirimos
vida eterna y comunión espiritual con Dios.
El apóstol Juan escribió en su primera epístola: “Y el testi-
monio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vi-
da está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida, y el que
no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.” I Juan 5:11-12
100
Notemos que los textos bíblicos anteriores no mencionan
que el bautismo sea requisito indispensable para ser salvo.
Cuando uno de los malhechores moría a la par de Jesús, se
arrepintió de su maldad y confió en Jesús. El Señor le dijo:
“En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.”
Lucas 23:43
El malhechor no tuvo la oportunidad de ser bautizado, sin
embargo Jesús lo recibió en su reino. Y es que la salvación
tal como hemos visto, es por fe. Y si es por fe, ya no es por
obras. Tal como lo declara Pablo en Efesios 2:8-10:
“Porque por gracia habéis sido salvados por me-
dio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es
don de Dios; no por obras, para que nadie se glo-
ríe. Porque somos hechura suya, creados en Cris-
to Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios
preparó de antemano para que anduviéramos en
ellas.”
En este asunto del bautismo es clave entender su significa-
do. Pablo escribió:
“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bau-
tizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en
su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con
Él por medio del bautismo para muerte, a fin de
que como Cristo resucitó de entre los muertos por
la gloria del Padre, así también nosotros ande-
mos en novedad de vida.
Porque si hemos sido unidos a Él en la semejanza
101
de su muerte, ciertamente lo seremos también en
la semejanza de su resurrección, sabiendo esto,
que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él,
para que nuestro cuerpo de pecado fuera destrui-
do, a fin de que ya no seamos esclavos del peca-
do.” Romanos 6:3-6
Las palabras bautismo, y bautizar, vienen de la palabra
griega ‘baptizo’, cuyo significado es ‘sumergir’, tal como se
sumergían las telas para teñirlas.
Cuando la persona se sumerge en el agua durante el rito
del bautismo, se simboliza el entierro del hombre antiguo,
su muerte al pecado; la decisión del nuevo discípulo de no
participar más en una vida de iniquidad.
Al salir el discípulo del agua, se está simbolizando su
‘resurrección’ a una nueva vida en Cristo; una vida recta y
justa; una nueva vida en obediencia a Dios.
Al salir del agua durante el bautismo, también estamos
proclamando nuestra resurrección física. Es decir, con ello
estamos declarando nuestra esperanza de que cuando Je-
sús venga, resucitará nuestro cuerpo mortal, tal como Dios
lo resucitó a Él de la muerte.
Todo este simbolismo es significativo únicamente para la
persona con capacidad de entender su pecado, que arre-
pentida decide seguir a Dios. Un bebé no tiene esa capaci-
dad. Entendamos bien que el agua del bautismo no es lo
que hace al discípulo, sino su arrepentimiento y fe en Je-
102
sús. En Juan 8:31-31 nuestro Señor dijo “a los judíos que
habían creído en El: Si vosotros permanecéis en mi palabra,
verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad,
y la verdad os hará libres.” Pedro aclara en I Pedro 3:21
que lo que salva no es el agua del bautismo en sí, quitando
la suciedad de nuestro cuerpo, sino “la petición a Dios de
una buena conciencia.”
En Pentecostés, cuando los judíos oyeron el discurso de
Pedro, tocados profundamente por el mensaje, le pregun-
taron a él y a los demás apóstoles: “Varones hermanos,
¿qué haremos? Y Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautiza-
dos cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para
perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu
Santo.” Hechos 2:37-38
Pedro dijo, arrepentíos y sed bautizados. No es que el bau-
tismo sea requisito para salvación, pero el arrepentimiento
y la fe en Jesús sí lo es. Y como el bautismo es un mandato
de Jesucristo, Pedro lo menciona muy apropiadamente en
el mismo momento. Es claro que la persona que recibe a
Jesús de corazón le obedecerá en todo, incluyendo en este
rito que Él ordenó. No hay necesidad de esperar; si puede
bautizarse en el momento de su arrepentimiento y deci-
sión de seguir a Jesús, no hay nada que le impida ser bauti-
zado. Y así ocurrió en Pentecostés, cuando Pedro dio el
mensaje de salvación.
El significado bíblico del bautismo, tal como lo hemos pre-
sentado con la ayuda de las Escrituras, implica que si una
persona acaba de recibir a Cristo en la calle, pero camino a
103
casa muere en un accidente; aunque no haya tenido la
oportunidad de bautizarse se salva y va directamente al
cielo, pues puso su fe en Jesús. El limbo no existe, es un
concepto que no aparece en ningún lugar de la Biblia.
Algunas iglesias evangélicas demandan que el bautizante
pase por un tiempo de prueba, y un curso de doctrina que
puede durar varias semanas, antes de ser bautizado. Sin
embargo, Pedro no puso tal requisito a los que se arrepin-
tieron en Pentecostés. En Hechos 16:25-34 vemos que Pa-
blo tampoco requirió más que la fe en Jesús al carcelero en
Filipos, bautizándolo enseguida.
Felipe tampoco demandó otra cosa del eunuco etíope que
creyó en el evangelio. En Hechos 8:35-39 leemos que
“Felipe abrió su boca, y... le anunció el evangelio de Jesús.
Yendo por el camino, llegaron a un lugar donde había
agua; y el eunuco dijo: Mira, agua. ¿Qué impide que yo sea
bautizado? Y Felipe dijo: Si crees con todo tu corazón, pue-
des. Respondió él y dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de
Dios. Y mandó parar el carruaje; ambos descendieron al
agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Al salir ellos del agua,
el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y no lo vio más el
eunuco, que continuó su camino gozoso.”
Vemos primero, que Felipe le anunció el evangelio, el cual
es la base para que una persona pueda creer y ser salva.
Luego, vemos que el eunuco preguntó qué impedía ser
bautizado. Felipe mencionó que el único requisito era
creer de corazón. ¡Un recién nacido no tiene esa capaci-
dad!
104
Vemos también que el eunuco ‘salió del agua’, es decir que
fue sumergido durante el bautismo. Y esto es de importan-
cia en cuanto al simbolismo del rito, lo cual ya explicamos
anteriormente.
Es importante observar que si una persona afirma haber
puesto su fe en Jesús como Señor y Salvador; pero es indi-
ferente a sus mandamientos, incluso al mandamiento del
bautismo; a dicha persona más le valdría examinarse y ver
si realmente está en la fe y es salva. Jesús dijo en Mateo
7:21 “No todo el que me dice: "Señor, Señor", entrará en el
reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre
que está en los cielos.”
Aprovecho a reconocer que en mi práctica pastoral, mi
convicción bíblica me mueve a bautizar por inmersión.
Aclaro sin embargo, que si bien el rito del bautismo es muy
importante; y su forma de gran significado espiritual; la
forma de este rito no es crítica para la salvación del alma.
Alguno se preguntará qué de los infantes que mueren an-
tes de tener uso de razón. Pablo en I Corintios 7:14 nos re-
vela que los niños del padre o la madre creyente son san-
tos, no inmundos, apartados por Dios. El que la Biblia no
dé más información específica, no justifica inventar la doc-
trina de bautismo de infantes y del ‘limbo’.
105
X
El Diezmo
El ofrendar a Dios es bíblico. En alguna ocasión escuché a
un pastor decir que si Dios no había tocado su billetera,
tampoco había tocado su corazón. Y creo que eso tiene
bastante de cierto. Por otro lado, hay demasiada ignoran-
cia, manipulación y abuso en este tema, por lo que aprove-
chamos a dar una pequeña guía al respecto.
En el Antiguo Testamento el pueblo de Dios honraba al Se-
ñor con el fruto de la tierra y del ganado. Tanto los prime-
ros frutos de la tierra, como los primogénitos, y la décima
parte del fruto de la tierra y del ganado, le pertenecían al
Señor. Adicionalmente, el pueblo daba ofrendas volunta-
rias en acción de gracias a Dios por su bondad y fidelidad.
Los diezmos y las ofrendas se usaban para los sacrificios
que se ofrecían al Señor. También se usaban para la obra
del Templo, y para la manutención de los levitas y sacerdo-
tes que estaban a cargo del templo del Señor y sus ministe-
rios.
En el tiempo de los apóstoles los creyentes ofrendaban
también. Las ofrendas eran usadas para la obra del Señor
106
en medio de ellos: Para apoyar a los siervos dedicados a la
enseñanza de la Palabra, para ayudar a los pobres, y para
llevar la Palabra y el amor del Señor a otros lugares del
mundo.
Si bien no estamos bajo la ley, hoy en día tenemos más que
suficientes razones para ofrendar generosamente; lo hace-
mos como expresión de agradecimiento a Dios por su fide-
lidad y amor, adorándole no sólo con los labios mas tam-
bién con nuestros recursos.
El dar a la obra del Señor muestra nuestro compromiso con
Dios y su reino. Si bien Dios no necesita nuestro dinero, Él
hace su obra a través de siervos que le aman con todo su
corazón, alma, mente y fuerzas. Cuando ofrendamos gene-
rosamente a Dios demostramos, además de tener un cora-
zón por el reino de Dios y su justicia, nuestra confianza en
que Él es poderoso y fiel para satisfacer nuestras necesida-
des, tal como lo promete en su palabra.
En algunas congregaciones se pasa el platillo, o bolsa de
ofrenda; en otras los miembros pasan públicamente a de-
positar sus diezmos y ofrendas durante el servicio. En lo
particular me gusta la práctica de ciertas congregaciones
que ponen la caja de diezmos y ofrendas en la entrada u
otro lugar donde se reúnen. De esa manera, los miembros
de la congregación pueden participar en este ministerio y
servicio al Señor, depositando su ofrenda en forma volun-
taria y discreta antes o después del servicio. En todo caso,
es muy importante que quienes ofrendan lo puedan hacer
discretamente, no buscando la aprobación o alabanza de
107
los hombres, sino la honra de Dios.
En varias ocasiones he visto la práctica lamentable donde
el pastor pregunta públicamente quién quiere dar tanto, y
las personas levantan la mano declarando su intención.
Empiezan tal vez preguntado quiénes están dispuestos a
dar $5, luego quiénes $10, luego quiénes $15, y así sucesi-
vamente. Pero el Señor Jesucristo nos enseñó de distinta
manera en Mateo 6:2-4.
“Cuando des limosna, no toques trompeta delan-
te de ti, como hacen los hipócritas en las sinago-
gas y en las calles, para ser alabados por los
hombres. En verdad os digo que ya han recibido
su recompensa.
Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu
mano izquierda lo que hace tu derecha, para que
tu limosna sea en secreto; y tu Padre, que ve en
lo secreto, te recompensará.”
En algunos grupos el pastor, o alguien encargado en la con-
gregación, revisa las ofrendas semanales dadas por cada
miembro. Y si en algún momento determinan que alguien
no ha diezmado, van y le reclaman. Eso no debe ser así. Los
diezmos y las ofrendas son un asunto privado entre cada
persona y Dios. Y Dios se encargará de recompensar a cada
quién conforme a su corazón y acción. Los que den genero-
samente, cosecharán abundantemente. Quienes den esca-
samente, escasamente cosecharán.
A continuación algunos pasajes bíblicos sobre la ofrenda:
108
“…Volved a mí y yo volveré a vosotros- dice el Se-
ñor de los ejércitos. Pero decís: "¿Cómo hemos
de volver?" ¿Robará el hombre a Dios? Pues vo-
sotros me estáis robando. Pero decís: "¿En qué te
hemos robado?" En los diezmos y en las ofren-
das… Traed todo el diezmo al alfolí, para que ha-
ya alimento en mi casa; y ponedme ahora a prue-
ba en esto- dice el Señor de los ejércitos- si no os
abriré las ventanas del cielo, y derramaré para
vosotros bendición hasta que sobreabunde. Por
vosotros reprenderé al devorador, para que no os
destruya los frutos del suelo; ni vuestra vid en el
campo será estéril- dice el Señor de los ejérci-
tos.” Malaquías 3:7-12
En el texto anterior vemos que Dios reprende al pueblo por
su indiferencia y desobediencia respecto a los diezmos y
las ofrendas; prometiendo bendición por la obediencia.
Pablo exhortó a la iglesia de Corinto a ofrendar generosa-
mente para cubrir las necesidades de los santos en Jerusa-
lén. Si bien la manipulación y el abuso que se ve en muchas
iglesias de hoy no son aceptables, la exhortación sana a
ofrendar para las necesidades de la obra de Dios es total-
mente bíblica. En II Corintios 9:5 leemos las palabras de
Pablo:
“Creí necesario exhortar a los hermanos a que se
adelantaran en ir a vosotros, y prepararan de an-
temano vuestra generosa ofrenda, ya prometida,
para que la misma estuviera lista como ofrenda
generosa, y no como por codicia.”
109
Pablo, al igual que el profeta Malaquías, menciona que
Dios bendice al que da. En II Corintios 9:6 escribe:
“El que siembra escasamente, escasamente tam-
bién segará; y el que siembra abundantemente,
abundantemente también segará.”
Y si bien Pablo considera necesario exhortar a los creyen-
tes para que den generosamente, no los manipula ni trata
de hacerlos sentir culpables. Su deseo es que lo hagan de
corazón y con gozo, no por presión, obligación o forzados.
En II Corintios 9:7 escribe:
“Que cada uno dé como propuso en su corazón,
no de mala gana ni por obligación, porque Dios
ama al dador alegre.”
Tal vez una persona no tenga muchos recursos económi-
cos, tal vez vive en pobreza extrema. Pero Dios ve su cora-
zón al dar; y le remunerará ricamente aunque haya dado
una cantidad mucho menor que otros que teniendo rique-
zas dan las sobras. El evangelio de Marcos relata un pasaje
pertinente. Veamos:
“Jesús se sentó frente al arca del tesoro, y obser-
vaba cómo la multitud echaba dinero en el arca
del tesoro; y muchos ricos echaban grandes can-
tidades. Y llegó una viuda pobre y echó dos pe-
queñas monedas de cobre, o sea, un cuadrante. Y
llamando a sus discípulos, les dijo: En verdad os
digo, que esta viuda pobre echó más que todos
los contribuyentes al tesoro; porque todos ellos
110
echaron de lo que les sobra, pero ella, de su po-
breza echó todo lo que poseía, todo lo que tenía
para vivir.” Marcos 12:41-44
Es, pues, importante y bíblico ofrendar, y que la ofrenda se
dé en forma discreta; no convirtiéndose en una oportuni-
dad para vanagloriarse ante los hombres. Vemos también
que Dios mide la ofrenda por lo que uno da respecto a lo
que tiene, no a lo que no tiene.
“Porque si hay buena voluntad, se acepta según
lo que se tiene, no según lo que no se tiene.” II
Corintios 8:12
En algunos lugares se reconoce públicamente a ciertas per-
sonas por sus ofrendas. Se hace de distintas maneras; tal
vez poniendo en la bancas, o en una placa de bronce a la
entrada del templo, los nombres de las personas que
ofrendan ciertas cantidades; o mediante otra forma de re-
conocimiento público; dando mayor honra a la persona
entre mayor haya sido la cantidad dada. Esto no tiene res-
paldo bíblico. Tal vez alguien dio monetariamente menos,
pero dio discretamente, y con mayor sacrificio pues dio
aun de lo que no tenía. De acuerdo a la Biblia, él será quien
reciba mayor honra y tesoros eternos de parte de Dios.
Los pastores deben cuidar su motivación al exhortar a los
miembros de la congregación a ofrendar. En su carta a la
iglesia de Filipos Pablo deja ver su corazón en este asunto.
En Filipenses 4:10-19 escribió:
“Me alegré grandemente en el Señor de que ya al
111
fin habéis reavivado vuestro cuidado para conmi-
go; en verdad, antes os preocupabais, pero os
faltaba la oportunidad. No que hable porque ten-
ga escasez, pues he aprendido a contentarme
cualquiera que sea mi situación.
Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en
todo y por todo he aprendido el secreto tanto de
estar saciado como de tener hambre, de tener
abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo
puedo en Cristo que me fortalece.
Sin embargo, habéis hecho bien en compartir
conmigo en mi aflicción. Y vosotros mismos tam-
bién sabéis, filipenses, que al comienzo de la pre-
dicación del evangelio, después que partí de Ma-
cedonia, ninguna iglesia compartió conmigo en
cuestión de dar y recibir, sino vosotros solos;
porque aun a Tesalónica enviasteis dádivas más
de una vez para mis necesidades.
No es que busque la dádiva en sí, sino que busco
fruto que aumente en vuestra cuenta.
Pero lo he recibido todo y tengo abundancia; es-
toy bien abastecido, habiendo recibido de Epafro-
dito lo que habéis enviado: fragante aroma, sa-
crificio aceptable, agradable a Dios. Y mi Dios
proveerá a todas vuestras necesidades, conforme
a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
Pablo está agradeciendo a los filipenses por la ofrenda que
le enviaron para cubrir sus necesidades. Pero sobretodo,
112
Pablo se gozaba no porque buscara enriquecerse a costa
de los creyentes en Filipo, sino porque esa ofrenda genero-
sa era prueba real del amor sincero que profesaban tener a
Dios; y de su preocupación y amor por Pablo, y por la obra
de Dios que Pablo llevaba a cabo.
Esto es muy distinto, lamentablemente, a lo que ocurre en
más de algún lugar hoy en día, donde algunos pastores en
lugar de preocuparse por alimentar a las ovejas con la pala-
bra de Dios, y velar por su bienestar, las trasquilan. El obre-
ro nunca debe ver el ministerio como una oportunidad pa-
ra enriquecerse a costa de las ovejas. El Señor Jesús dijo:
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida
por las ovejas. Pero el que es un asalariado y no
un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve
venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el
lobo las arrebata y las dispersa. El huye porque
sólo trabaja por el pago y no le importan las ove-
jas.” Juan 10:11-13
El ministerio es una solemne y sagrada responsabilidad; y
un gran privilegio de servir a Dios; no un negocio.
Habiendo aclarado lo anterior, es necesario señalar tam-
bién la importancia de que las congregaciones no ignoren
las necesidades económicas de sus pastores. Es necesario,
bueno y justo apoyar financieramente a los obreros que
cuidan y velan por el rebaño de Jesús; a los que se dedican
a compartir la palabra de Dios sirviendo fielmente en su
obra. Pablo escribió al respecto.
113
“Los ancianos que gobiernan bien sean conside-
rados dignos de doble honor, principalmente los
que trabajan en la predicación y en la enseñanza.
Porque la Escritura dice: No pondrás bozal al
buey cuando trilla, y: El obrero es digno de su sa-
lario.” I Timoteo 5:17-18
El obrero es digno, pues, de su salario.
114
XI
Comercialismo en la Iglesia
En II Corintios 2:17 el apóstol Pablo escribió: “No somos
como muchos, que comercian con la palabra de Dios, sino
que con sinceridad, como de parte de Dios y delante de
Dios hablamos en Cristo.”
Qué triste es ver la comercialización que está ocurriendo a
costa del Reino de los Cielos. En la televisión vemos pro-
gramas religiosos que ofrecen objetos especiales que su-
puestamente traerán mayor protección o bendiciones a su
hogar. ¡Y toda esa bendición será suya al enviar una ofren-
da monetaria! Tal vez le venden alguna cruz de madera,
tallada de árboles de olivo de Tierra Santa; o una botellita
con agua bendita que viene del río Jordán; u otra cosa si-
milar.
Algunos eventos de adoración cobran una suma bastante
elevada para entrar. Álbumes cristianos, a veces, más que
un medio para glorificar a Dios, se vuelven una fuente de
dinero. Algunos están marcados de vanidad, llenos de fo-
tos con distintas poses del autor, como si fuera un artista
mundano.
115
El comercialismo dentro el pueblo de Dios se puede mani-
festar en muchas formas. Bendecir a los miembros de la
iglesia facilitándoles materiales de edificación en los luga-
res de reunión es bueno; pero la motivación debe ser la
edificación del pueblo de Dios. Si no se camina con sabidu-
ría y temor santos, los templos se pueden convertir en cen-
tros marcados de comercialismo mundano. En Mateo
21:12-13 tenemos un pasaje que nos revela el corazón del
Señor sobre este asunto.
“Y entró Jesús en el templo y echó fuera a todos
los que compraban y vendían en el templo, y vol-
có las mesas de los cambistas y los asientos de
los que vendían las palomas. Y les dijo: Escrito
está: "Mi casa será llamada casa de oración, pe-
ro vosotros la estáis haciendo cueva de ladro-
nes.””
116
XII
El Espíritu Santo
El Espíritu Santo es clave en la vida del cristiano. Sin Él no
se puede saber la voluntad de Dios, ni vivir en forma agra-
dable a Él. Es importante no ser ignorante respecto a su
persona, y el rol que tiene en la vida del cristiano.
Jesús antes de ir a la cruz les dijo a sus discípulos que tenía
que partir; que era lo más conveniente para así poder en-
viar al Espíritu Santo, quien al venir al mundo convencería
a las personas de pecado; y a los que recibieran su testimo-
nio, guiarlos a toda verdad. En Juan 16:7-13 leemos:
“Pero os digo la verdad: os conviene que me va-
ya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá
a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. Y cuan-
do Él venga, convencerá al mundo de pecado, de
justicia, y de juicio; de pecado, porque no creen
en mí; de justicia, porque yo voy al Padre y no me
veréis más; y de juicio, porque el príncipe de este
mundo ha sido juzgado.
Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora
no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu
117
de verdad, venga, os guiará a toda la verdad.”
La palabra traducida ‘Consolador’ es ‘Parácletos’ en el idio-
ma griego; alguien llamado al lado de uno para asistirle; así
como un abogado, consejero o asistente legal que viene a
la par de una persona para asistirle en un caso, o interce-
der por dicha persona ante un juez. En este contexto el tér-
mino se refiere al Espíritu Santo, quien nos ha sido enviado
como consejero espiritual, para socorrernos en nuestras
necesidades y situaciones; para darnos entendimiento de
cosas espirituales; y para ayudarnos a orar.
Los apóstoles y discípulos de Jesucristo tenían a Jesús. Los
creyentes en todo el mundo lo necesitamos también.
Cuando Jesús estaba en la tierra, estaba limitado física-
mente. Al subir al cielo, envió al Espíritu Santo para asistir
en forma personal a cada cristiano en su jornada espiritual,
en cualquier lugar del mundo que esté. El Espíritu lo hace
iluminando la senda en que debemos caminar, abriendo
nuestro entendimiento a la palabra de Dios; guiándonos y
aconsejándonos en las decisiones de la vida de acuerdo al
plan y voluntad de Dios. Nos ayuda también dándonos áni-
mo, y refrescándonos cuando la jornada se vuelve difícil y
cansada; de la misma manera que alguien le ofrece agua a
un corredor en una maratón. Él ha sido enviado también
para darnos valor y poder sobrenatural para testificar de
Jesús en un mundo antagónico a Él. Nos da el poder nece-
sario para enfrentar las tentaciones; y resistir las fuerzas
satánicas que buscan hacernos caer.
En cuanto a la relación del Espíritu Santo con el creyente,
118
las Escrituras mencionan tres tipos: El Espíritu Santo está
con el creyente, en el creyente y sobre el creyente. Vea-
mos a continuación estas tres relaciones.
Jesucristo le dijo a los apóstoles: “Si me amáis, guardaréis
mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro
Consolador para que esté con vosotros para siempre; es
decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede re-
cibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le cono-
céis porque mora con vosotros y estará en vosotros.” Juan
14:15
En otras palabras, Jesús les afirma antes de ir a la cruz, que
el Espíritu Santo moraba ‘con’ ellos, que estaba en medio
de ellos acompañándolos en forma invisible pero muy real.
Y que iba a estar no sólo ‘con’ ellos, mas también ‘en’ ellos.
El domingo en que Jesús resucitó, se apareció a los apósto-
les y les dijo: “Paz a vosotros; como el Padre me ha envia-
do, así también yo os envío. Después de decir esto, sopló
sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.” Juan 20:21-
22 Los apóstoles en ese momento recibieron el Espíritu
Santo ‘en’ sus vidas. El Espíritu Santo pasó a morar ‘en’
ellos, es decir, dentro de ellos. Esto habla de una mayor
intimidad.
Lo mismo ocurre con todos los que reciben a Jesús como
su Señor y Salvador. Pablo escribió: “¿O no sabéis que
vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en
vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorifi-
119
cad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cua-
les son de Dios.” I Corintios 6:19-20
Ahora bien, Jesús les dijo también a sus discípulos que es-
peraran a que el Espíritu Santo viniera sobre ellos; para
recibir el poder sobrenatural que necesitaban para ser tes-
tigos suyos en el mundo. En Lucas 24:46-49 leemos: “Y les
dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de
entre los muertos al tercer día; y que en su nombre se pre-
dicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a
todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Vosotros
sois testigos de estas cosas. Y he aquí, yo enviaré sobre vo-
sotros la promesa de mi Padre; pero vosotros, permaneced
en la ciudad hasta que seáis investidos con poder de lo al-
to.”
En Hechos 1:8 leemos una vez más la promesa del Señor,
de que enviaría al Espíritu Santo sobre ellos para darles el
poder necesario para ser testigos suyos: “Recibiréis poder
cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis
testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los
confines de la tierra.”
En el día de Pentecostés el Espíritu Santo vino sobre los
discípulos que estaban reunidos en un solo lugar, orando y
esperando la promesa del Padre. Así fueron investidos del
poder necesario para vivir para Cristo. Ese mismo Espíritu
Santo sigue siendo vital para que los discípulos de Jesús
podamos llevar a cabo la obra a la que nos ha llamado. Es-
ta experiencia en que el Espíritu viene sobre el creyente es
conocida como bautismo del Espíritu Santo.
120
Es muy importante saber que el Espíritu se recibe por fe,
no por nuestra justicia propia o porque lo merezcamos de
alguna manera. Pablo en su epístola a los Gálatas escribió:
“¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado
a vosotros, ante cuyos ojos Jesucristo fue presen-
tado públicamente como crucificado? Esto es lo
único que quiero averiguar de vosotros:
¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o
por el oír con fe?
¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por
el Espíritu, ¿vais a terminar ahora por la carne? “
Gálatas 3:1-3
La pregunta retórica de Pablo asume que efectivamente el
Espíritu no se compra con obras que hagamos, sino que se
recibe por fe.
Jesucristo mismo dijo en Lucas 11:11-13:
“Suponed que a uno de vosotros que es padre, su
hijo le pide pan; ¿acaso le dará una piedra? O si
le pide un pescado; ¿acaso le dará una serpiente
en lugar del pescado? O si le pide un huevo;
¿acaso le dará un escorpión?
Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas
dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro
Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se
lo pidan?”
121
Dios no necesita, pues, que hagamos sacrificios, o nos so-
metamos a todo tipo de ceremonias y procesos religiosos
para poder recibir el Espíritu Santo. Dios nos ama, y dio
gustosamente a su Hijo Jesús en la cruz por nosotros; y con
ese mismo amor nos envía a su Espíritu Santo. Si cuando
éramos enemigos de Dios a raíz del pecado, dio a su Hijo
por nosotros; ahora que le hemos recibido ¿cómo no nos
dará su Espíritu, para que podamos oír su voz y caminar
sana y libremente por la senda en la que debemos cami-
nar?
Todos los creyentes, desde el momento que reciben el
evangelio y ponen su fe en Jesucristo, son sellados con el
Espíritu Santo. Pablo escribió en su carta a los efesios:
“Hemos obtenido herencia, habiendo sido pre-
destinados según el propósito de aquel que obra
todas las cosas conforme al consejo de su volun-
tad, a fin de que nosotros, que fuimos los prime-
ros en esperar en Cristo, seamos para alabanza
de su gloria.
En Él también vosotros, después de escuchar el
mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra
salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados en
Él con el Espíritu Santo de la promesa,
que nos es dado como garantía de nuestra heren-
cia, con miras a la redención de la posesión ad-
quirida de Dios, para alabanza de su gloria.” Efe-
sios 1:11-14
En I Corintios 6:19 Pablo asevera a los cristianos que son
122
templo del Espíritu Santo, el cual habita en ellos: “¿O no
sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que
está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vues-
tros?”
Tal vez usted se preocupa porque no sintió alguna emoción
física especial cuando recibió al Señor. Oró sinceramente a
Dios entregándole su vida; pero no ha sentido lo que otros
dicen haber sentido. Tal vez algún amigo suyo le cuenta
que sintió un calor en el cuerpo, o una corriente; o algo
muy difícil de explicar pero real. Se cuestiona usted, pues,
si el Espíritu Santo entró en su vida. Pero no necesita cues-
tionarlo, o dudar de ello. Sépalo por fe. De la misma mane-
ra que por fe cree que Jesús murió y pagó por sus pecados;
de la misma manera acepte que Dios lo ama y que no sólo
le ha dado salvación, mas también su Espíritu. Dios irá
mostrando que el Espíritu Santo está en usted por medio
del fruto que su vida estará dando.
Ahora bien, si su vida no muestra ningún fruto, si usted si-
gue viviendo en fornicación sin hacer nada al respecto; o si
usted sigue robando, o usando drogas; entonces sí es
bueno que cuestione su salvación. Y lo mejor sería que le
pida a Dios ayuda para poder arrepentirse de corazón.
Recuerde que Jesús prometió enviar al Espíritu Santo sobre
sus discípulos para investirlos del poder necesario para ser
luz en el mundo, poder para ser sus testigos. Si usted no
siente ese poder, pídale a Dios que derrame una medida
llena del Espíritu Santo sobre usted. ¡Él lo hará! Pídalo cada
vez que sienta esa necesidad.
123
“El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo
entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos conce-
derá también con Él todas las cosas?” Romanos
8:32
124
XIII
Dones Espirituales
Uno de los aspectos importantes en la vida del creyente, y
de la iglesia, es la de los dones del Espíritu Santo. Desafor-
tunadamente hay mucha ignorancia, confusión y abusos en
esta área. Con la ayuda de las Escrituras procedemos a
continuación a hacer algunas observaciones pertinentes.
En I Corintios 12:1-11 leemos:
“En cuanto a los dones espirituales no quiero,
hermanos, que seáis ignorantes... hay diversidad
de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay di-
versidad de ministerios, pero el Señor es el mis-
mo. Y hay diversidad de operaciones, pero es el
mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.
Pero a cada uno se le da la manifestación del Es-
píritu para el bien común.
Pues a uno le es dada palabra de sabiduría por el
Espíritu; a otro, palabra de conocimiento según el
mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; a
otro, dones de sanidad por el único Espíritu; a
otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro,
discernimiento de espíritus; a otro, diversas cla-
125
ses de lenguas, y a otro, interpretación de len-
guas.
Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo
Espíritu, distribuyendo individualmente a cada
uno según la voluntad de Él.”
Tal como leemos, Dios desea que salgamos de la ignoran-
cia. “En cuanto a los dones espirituales no quiero, herma-
nos” dice Pablo, “que seáis ignorantes.”
Pablo nos dice que hay diversidad de dones. La palabra en
griego traducida ‘don’, es ‘carisma’: Un favor que uno reci-
be sin mérito, se recibe sin merecerse. Un don es un rega-
lo, algo que no se compra, sino que se recibe gratuitamen-
te. Jesús pagó por ellos en la cruz. Los distintos dones vie-
nen del mismo Espíritu, el Espíritu Santo.
Hay también diversidad de ministerios, es decir, servicios
donde esos dones se usan. Por ejemplo, varias personas
pueden tener el don de enseñanza: Una persona puede
que sea llamada a enseñar dando clases en la escuela do-
minical de su congregación; otra puede que sea llamada a
enseñar escribiendo libros para niños; otra a través del dis-
cipulado personal. Es el don de enseñar, pero ejercido en
distintos ministerios según dirige el Señor, quien es la ca-
beza de su iglesia.
Leemos también que hay diversidad de operaciones, pero
es el mismo Dios. Por ‘operaciones’ Pablo se refiere a
‘resultados’. Así vemos que la enseñanza de la palabra de
Dios durante el servicio dominical puede producir distintos
126
efectos. En una persona puede darle ánimo a seguir en el
camino; tal vez estaba desanimada, pero ahora se siente
fortalecida. En otra persona la misma predicación pude
llevarla al arrepentimiento de sus pecados y a ponerse en
orden con Dios. A otra persona la misma predicación pue-
de animarla a un mayor compromiso con Dios. A otra pue-
de haberle hablado en cuanto al llamado al ministerio. Lo
importante es ver que la obra es de Dios. Es Dios quien
“hace todas las cosas en todos.”
En cuanto a los diversos dones podemos ver que “a uno le
es dada palabra de sabiduría”. Tal vez alguna persona está
necesitada de saber qué hacer ante una circunstancia. Qui-
zá se sienta confundida ante varias opciones; o no ve salida
a su crisis. Pero Dios le da tal vez a usted una palabra de
sabiduría, y al compartirla, la persona se maravilla ante
tanta sabiduría, y resuelve su situación. La persona bende-
cida se da cuenta que realmente esa sabiduría no era natu-
ral, sino sobrenatural. Tanto ella como usted le dan gloria a
Dios por haberle usado para ayudarle.
Otra persona puede recibir “palabra de conocimiento.” Tal
vez usted está teniendo un problema en su negocio, tal vez
una máquina está dando serios problemas en su funciona-
miento, causando grandes desperdicios y costos de opera-
ción. Usted ha llamado a varios técnicos expertos, pero to-
do ha sido en vano pues no pueden hallar la causa. En me-
dio de su desesperación aparece un hermano en la fe que
no conoce nada de esas máquinas, ni los detalles de su ne-
gocio; y sin embargo le dice con autoridad que el problema
está en que usted cambió de suplidor de la materia prima.
127
Usted nunca le mencionó eso a él; pero tiene razón; usted
había cambiado al suplidor. Pausa un momento, sorprendi-
do por el comentario del hermano en la fe, dándose cuen-
ta además que, cuando usted cambió el suplidor empeza-
ron sus problemas. Regresa al suplidor anterior, y los pro-
blemas ¡desaparecen! Dios le dio a esa persona palabra de
conocimiento. Y tanto usted como ella glorifican a Dios.
El Espíritu Santo también da en ciertas ocasiones una fe
muy superior para una crisis o reto extraordinario. Tal vez
las personas de la congregación están descorazonadas, las
circunstancias son un reto enorme; aún las personas que
siempre se ven fortalecidas en su fe han flaqueado, y la
congregación está a punto de cancelar la obra que han em-
pezado. Pero de repente, estando en oración, un miembro
de la congregación se levanta y les asegura que Dios está a
favor de ellos, que no desesperen, que sigan adelante con
el plan que tienen; que aunque los fondos no hayan apare-
cido para pagar los gastos del mes y del ministerio que es-
tán lanzando para ayudar a los necesitados y a los droga-
dictos del barrio, Dios va a suplir muy pronto. Los miem-
bros de la congregación son fortalecidos por la fe del her-
mano, y a raíz de ello continúan con el programa. Al fin de
mes, al último momento, aparece una donación generosa
que cubre la necesidad; y todos ¡dan la gloria Dios!
También el Espíritu da “dones de sanidad”. Dios sana fre-
cuentemente en forma milagrosa. Muchas veces lo hace a
través de personas que Dios usa como sus instrumentos, al
orar éstas por los enfermos. Pablo, Pedro, los apóstoles, y
los discípulos del Señor fueron así usados; y muchos otros
128
son usados en la actualidad para bendición del pueblo de
Dios, y para gloria del nombre de Jesús.
Por supuesto que el peligro de vanagloria está ahí latente.
Y, lamentablemente, mucho abuso, engaño y manipulación
se lleva a cabo hoy en día, por parte de siervos falsos que
explotan a otros en su necesidad.
En el capítulo tres del libro de Hechos leemos la historia de
la sanidad milagrosa de un cojo de nacimiento, y de la co-
rrecta actitud por parte del siervo usado por Dios como
instrumento de sanidad. Cuando la gente se acercó a Pe-
dro asombrados por el gran milagro que había ocurrido, les
dijo: “Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto, o
por qué nos miráis así, como si por nuestro propio poder o
piedad le hubiéramos hecho andar? El Dios de Abraham, de
Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado
a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y repudias-
teis en presencia de Pilato, cuando éste había resuelto po-
nerle en libertad.” Hechos 3:12-13
Vemos, pues, que Pedro inmediatamente le dio la gloria a
Dios, indicando que la sanidad no era debido a piedad, san-
tidad o poder suyo, sino que Dios por medio de dicho mila-
gro estaba glorificando el nombre de Jesús.
Entre los dones mencionados en el capítulo doce de la pri-
mera carta a los corintios, leemos también del “poder de
milagros”. Este se puede manifestar de muchas maneras.
Por ejemplo, tal vez su carro se queda atascado en el fan-
go, en una zona peligrosa; y un hermano en la fe recibe
129
fuerza sobrenatural para sacarlo.
La palabra ‘profecía’ viene del griego ‘profetes’ que se deri-
va de dos palabras: ‘pro’ (antes, por delante) y
‘femí’ (decir, declarar, expresar los pensamientos). Ante-
riormente, en el Antiguo Testamento, el profeta era un ins-
trumento que Dios levantaba, principalmente, para procla-
mar un mensaje de arrepentimiento y de esperanza a su
pueblo; que constantemente se desviaba de su camino.
Muchas veces, pero no siempre, ese mensaje contenía pre-
dicciones de eventos futuros. Si era un verdadero profeta
de Dios, se cumplía lo que predecía. Y si no se cumplía, era
un falso profeta; y había que apedrearlo por haber hablado
falsamente en nombre de Dios.
El Antiguo Testamento relata palabras, obras y eventos
que involucraron a Elías, Eliseo y otros profetas de Dios
que no escribieron Escritura. Los escritos de otros profetas
inspirados por el Espíritu Santo, tales como Isaías, Jere-
mías, Ezequiel, y Daniel, pasaron a formar parte de los li-
bros proféticos de la Biblia. El libro de Salmos contiene mu-
chas profecías también. En Deuteronomio 18:20-22 lee-
mos:
"El profeta que hable con presunción en mi nom-
bre una palabra que yo no le haya mandado ha-
blar, o que hable en el nombre de otros dioses,
ese profeta morirá. Y si dices en tu corazón:
"¿Cómo conoceremos la palabra que el Señor no
ha hablado?" Cuando un profeta hable en el
nombre del Señor, si la cosa no acontece ni se
cumple, esa es la palabra que el Señor no ha ha-
130
blado; con presunción la ha hablado el profeta;
no tendrás temor de él.”
En el tiempo de los apóstoles, éstos fueron usados por Dios
para completar el canon de la Escritura, los veintisiete li-
bros del Nuevo testamento que completan la Biblia con el
libro de Apocalipsis, escrito por el apóstol Juan. Además de
ellos hubo, y sigue habiendo hoy en día, siervos con el don
de profecía; no en el sentido de que den revelación bíblica
nueva; sino en el sentido de que declaran el propósito y
consejo de Dios a su pueblo, basándose en las Escrituras.
El don de profecía se manifiesta, pues, hoy en día, cuando
una persona declara, por revelación del Espíritu Santo, su-
cesos que van a pasar antes que ocurran. Pero, principal-
mente, cada vez que un siervo predica declarando, con el
poder del Espíritu Santo, la palabra de Dios encontrada en
las Escrituras; proclamándola para edificar, exhortar y con-
solar al pueblo de Dios. Pablo escribió: “El que profetiza
habla a los hombres para edificación, exhortación y conso-
lación.” I Corintios 14:3
En este don, Dios usa principalmente a los pastores; pero
puede levantar a otros siervos. En cuanto a la predicción
de eventos futuros como la venida de un terremoto, se-
quia, o inundación en cierta área, Dios puede usar y usa
ocasionalmente a distintos creyentes dentro del cuerpo de
Cristo.
Necesitamos dar sin embargo una palabra de precaución:
¡No todo el que dice ser profeta lo es! Muchos fallan en
131
sus pronósticos. Y, ninguno que se diga ser profeta, y que
trae una nueva revelación bíblica, es profeta de Dios. Las
Escrituras comienzan con el libro de Génesis y terminan
con el libro de Apocalipsis. Nadie que quiera añadir a la
Biblia una nueva revelación o doctrina viene de Dios.
“Yo testifico a todos los que oyen las palabras de
la profecía de este libro: Si alguno añade a ellas,
Dios traerá sobre él las plagas que están escritas
en este libro; y si alguno quita de las palabras del
libro de esta profecía, Dios quitará su parte del
árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en
este libro.” Apocalipsis 22:18-19
Ejerzamos, pues, discernimiento para no dejarnos engañar,
evaluando siempre todas las cosas a la luz de la palabra de
Dios. Si lo que una persona profetiza, o enseña supuesta-
mente por dirección del Espíritu Santo, contradice, anula,
añade o quita a las Escrituras, ¡no viene de Dios!
Esto nos lleva a otro don muy necesario en la iglesia, el don
de “discernimiento de espíritus”. Alguien con este don po-
drá ver más allá de las apariencias. Tal persona puede de-
tectar con habilidad sobrenatural a personas que aparen-
tan ser una cosa pero son otra; a falsos profetas; a falsos
maestros; a personas que aparentan ser algo bueno e
inocente, pero que son nocivos y destructivos; a instru-
mentos del demonio. Este don debe ejercerse con pruden-
cia y sabiduría. Si alguien tiene este don, no es para que lo
use para chismosear; pero sí para traer el asunto al pastor
de la congregación, para orar y actuar con sabiduría prote-
giendo al rebaño de Dios.
132
Los dos últimos dones mencionados por Pablo en esta lista
son el de lenguas, y el de interpretación de lenguas. La per-
sona que tiene el don de lenguas habla en una lengua no
conocida, expresando oraciones y alabanzas a Dios, no con
el intelecto sino por obra del Espíritu Santo.
La persona que habla en lenguas se edifica a sí misma,
pues su espíritu se edifica al orar y alabar a Dios, aunque su
mente no entienda lo que dice. Ahora bien, si no hay nadie
que interprete en una reunión, la persona que habla en
lenguas que guarde silencio; pues en tal caso los demás no
se edifican.
Si hay quien interprete, entonces que hable uno a la vez,
siendo interpretado cuando habla. Pero que no hablen to-
dos a la vez, porque si lo hacen, se vuelve una confusión
que no edifica, y hasta asusta a quienes entren a la
reunión. “Por tanto, si toda la iglesia se reúne y todos ha-
blan en lenguas, y entran algunos sin ese don o incrédulos,
¿no dirán que estáis locos?” I Corintios 14:23
Ahora bien, si en una reunión hay quienes hablen en len-
guas, y quien interprete; Pablo regula que no hablen más
de tres personas, y por turno, por supuesto. De hecho, Pa-
blo prefería, en las reuniones de la iglesia, declarar la pala-
bra de Dios antes que hablar en lenguas. Así lo escribió:
“En la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendi-
miento, para instruir también a otros, antes que diez mil
palabras en lenguas.” I Corintios 14:19
133
En algunas congregaciones hay lamentablemente un gran
desorden ¡en nombre del Espíritu Santo! No, el desorden
no es culpa ni obra del Espíritu Santo. Pablo enseña que
“Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas;
porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz, como en
todas las iglesias de los santos.” I Corintios 14:32-33. Pablo
ordena “que todo se haga decentemente y con orden.” I
Corintios 14:40.
No hay excusa, pues, para que se paren siervos hablando
en lenguas e interrumpiendo al pastor cuando éste está
enseñando la palabra de Dios desde el púlpito. Si la con-
gregación se ha reunido para escuchar la enseñanza de la
palabra, eso es lo que se debe hacer; y no permitir que ter-
mine en caos y desorden en nombre de la libertad espiri-
tual.
Al poco tiempo de mi caminar cristiano veía un programa
de televisión donde el evangelista decía, frecuentemente,
que la persona que no hablaba en lenguas no había recibi-
do el bautismo del Espíritu Santo. Al buscar en las Escritu-
ras evidencia de su afirmación, encontré que dicho evange-
lista estaba incorrecto. En I Corintios 12:28-31 Pablo decla-
ra y luego pregunta en forma retórica lo siguiente:
“En la iglesia, Dios ha designado: primeramente,
apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer
lugar, maestros; luego, milagros; después, dones
de sanidad, ayudas, administraciones, diversas
clases de lenguas.
¿Acaso son todos apóstoles? ¿Acaso son todos
134
profetas? ¿Acaso son todos maestros? ¿Acaso
son todos obradores de milagros? ¿Acaso tienen
todos dones de sanidad? ¿Acaso hablan todos en
lenguas? ¿Acaso interpretan todos?
Mas desead ardientemente los mejores dones.”
En las preguntas retóricas anteriores, es claro que no todos
hablan en lenguas, no todos interpretan, no todos son pro-
fetas, no todos son maestros, no todos son obradores de
milagros. Si el don de lenguas fuera la prueba indispensa-
ble del bautismo del Espíritu Santo en un creyente, Pablo
daría gran atención al ‘problema’ de que alguien no hable
en lenguas, pues su ausencia indicaría la falta de algo muy
importante. Pero no es así. Pablo no lo considera así.
Satanás busca traer confusión y daño a la iglesia promo-
viendo enseñanzas y preceptos contrarios a la palabra de
Dios; alimentando actitudes contrarias al Espíritu Santo. Es
triste que por la interpretación errónea del don de lenguas,
algunos grupos excluyan del liderazgo de la iglesia a siervos
que aman al Señor, simplemente porque carecen de este
don. Cuando algunos hacen vanagloria de sus dones, exhi-
biendo arrogancia espiritual más que humildad y manse-
dumbre; lejos de glorificar a Jesús, lo ofenden y mal repre-
sentan en la iglesia y en el mundo. Dios derrama sus dones
sobre su pueblo, pero ellos no son para vanagloriarnos sino
para servicio y beneficio del cuerpo de Cristo; para su edifi-
cación.
En cuanto al Espíritu Santo, hemos considerado sus dones.
Pero hay otra área muy importante respecto al Espíritu
135
Santo en la vida del creyente: ¡Su fruto!
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, pa-
ciencia, benignidad, bondad, fidelidad, manse-
dumbre, dominio propio; contra tales cosas no
hay ley.
Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la
carne con sus pasiones y deseos.
Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el
Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, provo-
cándonos unos a otros, envidiándonos unos a
otros.” Gálatas 5:22-26
Dios desea ver fruto en nuestra vida. Al estar en Cristo, re-
cibiendo y obedeciendo su palabra; permaneciendo así en
Él, nuestra vida producirá fruto espiritual agradable a Dios.
“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el
sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no
permanece en la vid, así tampoco vosotros si no
permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que per-
manece en mí, y yo en él, ése da mucho fruto,
porque separados de mí nada podéis hacer.
Si alguno no permanece en mí, es echado fuera
como un sarmiento, y se seca; y los recogen, los
echan al fuego y se queman.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen
en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho.
En esto es glorificado mi Padre, en que deis mu-
136
cho fruto, y así probéis que sois mis discípulos.”
Juan 15:4-8
Pablo escribió en I Corintios 13:1-3
“Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero
no tengo amor, he llegado a ser como metal que
resuena o címbalo que retiñe.
Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos
los misterios y todo conocimiento, y si tuviera to-
da la fe como para trasladar montañas, pero no
tengo amor, nada soy.
Y si diera todos mis bienes para dar de comer a
los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser que-
mado, pero no tengo amor, de nada me aprove-
cha.”
Jesucristo dijo en Juan 13:34-35
“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis
los unos a los otros; que como yo os he amado,
así también os améis los unos a los otros. En esto
conocerán todos que sois mis discípulos, si os te-
néis amor los unos a los otros.¨
A unos, la obsesión por los dones más que por Jesús mis-
mo, o la falta de conocimiento sobre la naturaleza y el mi-
nisterio del Espíritu, los ha hecho caer víctimas de todo ti-
po de aberraciones y manifestaciones que falsamente se le
atribuyen al Espíritu Santo. Un ejemplo de estos excesos es
el de la ‘risa santa’, en que las personas caen en un estado
137
de carcajadas sin control.
Algunos pastores dirigen sus manos hacia las personas, o
las ponen directamente sobre sus frentes; haciéndolas
caer de espalda, supuestamente por el poder del Espíritu
Santo. He observado a veces a ministros que no sólo ponen
las manos sobre la frente de las personas, sino que las em-
pujan hacia atrás. Buscando algún precedente en la Biblia a
este tipo de expresión, lo que he encontrado es que, cuan-
do un siervo de Dios experimenta un encuentro con Él, cae
de rodillas en su presencia, o con su rostro sobre el suelo;
pero nunca de espaldas. En el caso de Elí, sacerdote de Is-
rael en los días de Samuel; éste cayó de espaldas y se mató
cuando le dieron la noticia que el Arca del Pacto había sido
capturada por los filisteos, y que sus hijos habían sido
muertos en la batalla. En este caso, Dios estaba juzgando a
Elí por haber honrado más a sus hijos malvados que a Dios.
Hay quienes cuentan que Dios pasó en medio de la congre-
gación, y que les dio tratamiento dental; incluso poniéndo-
les rellenos nuevos de oro. Pienso que Dios, en lugar de
ponerle a usted un relleno nuevo de oro, le sanaría la mue-
la. La realidad de las cosas es que, no todo lo que se dice
ocurre en eventos y cruzadas de sanidad es genuino y ver-
dadero. Es necesario ser “astutos como las serpientes e
inocentes como las palomas.” Mateo 10:16. Inocentes, sí,
debemos serlo. Pero no ingenuos, creyendo todo sin dis-
cernimiento espiritual. Debemos ser astutos, ¡astutos co-
mo serpientes! Es necesario buscar las bases bíblicas a to-
da experiencia que se le atribuya al Espíritu Santo, pues
“no todo lo que brilla es oro”, y más de algún charlatán y
138
falso maestro ha salido al mundo.
Ahora bien, es cierto que hay abusos en esta área del Espí-
ritu Santo, sus dones y manifestaciones; pero tenemos que
tener cuidado de no irnos al otro extremo donde se ignora
por completo o se huye del ministerio del Espíritu Santo.
Obviamente que no deseamos que las reuniones del Señor
sean un circo religioso, pero tampoco queremos que pa-
rezcan un cementerio donde no hay vida espiritual porque
no se le permite al Espíritu operar.
Los dones espirituales fueron necesarios en los días de Pa-
blo, y siguen siendo necesarios ahora. No han cesado de
operar. Cuando el Señor regrese por su iglesia no serán
necesarios más; pero el Señor no ha venido todavía. La
obra es espiritual, y para hacerla se necesita el Espíritu de
Dios y sus dones. Nuestra lucha es contra la carne, el mun-
do, y Satanás y su reino de oscuridad. Yo deseo y necesito
el conocimiento, el discernimiento, el consejo, la sabiduría,
la fe, la fortaleza, y todo lo que Dios tiene disponible para
hacer su obra; y ¡usted también!
Pídale a Dios que le muestre qué don o dones le ha dado, si
no lo sabe. Y empiece a usarlos para su gloria. Y busque
producir fruto agradable a él; entendiendo que eso lo pro-
duce el Espíritu Santo en usted en la medida que perma-
nezca en Jesús. Haga su parte pues, permaneciendo en Je-
sús.
139
XIV
Congregación Local
El autor de la epístola a los hebreos nos exhorta a vivir una
vida espiritual en comunión con el resto del cuerpo de Cris-
to. En Hebreos 10:23-15 leemos:
“Mantengamos firme la profesión de nuestra es-
peranza sin vacilar, porque fiel es el que prome-
tió;
y consideremos cómo estimularnos unos a otros
al amor y a las buenas obras,
no dejando de congregarnos, como algunos tie-
nen por costumbre, sino exhortándonos unos a
otros, y mucho más al ver que el día se acerca.”
Las congregaciones locales están integradas por personas
imperfectas, pecadores arrepentidos, perdonados por
Dios. No hay una congregación de gente perfecta. Si usted
está esperando encontrar una para pertenecer a ella, no
pierda más el tiempo que no la hay. Y si hubiera una con-
gregación perfecta, en el momento que usted entre por
sus puertas, la arruinará. Y es que, usted tampoco es per-
140
fecto, ¡está en proceso!
¿Por qué está usted todavía en este mundo? Porque Dios
está haciendo una obra en usted y a través de usted. Por
eso no lo ha llamado a su presencia todavía. Mientras tan-
to, el pertenecer a una congregación de creyentes es vital.
Un miembro del cuerpo no cumple su función si no está
ligado al resto del cuerpo. Una mano sola, apartada del
cuerpo, no puede funcionar ni llevar a cabo su propósito;
ni recibir los beneficios del resto del cuerpo. Ni la mano
puede proteger al ojo quitándole alguna basurita que se
introdujo en él, ni el ojo puede mostrarle a la mano dónde
está el mango del cuchillo, para que no lo agarre del lado
con filo y se corte.
Bueno, hemos dicho que no hay congregación perfecta,
pero que es necesario que usted pertenezca a una. Eso no
quiere decir que elija ciegamente, sin ejercer juicio y dis-
cernimiento. Busque una congregación que enseñe la pala-
bra de Dios; preferiblemente toda la Biblia, desde Génesis
hasta Apocalipsis; y que la enseña sanamente no en forma
distorsionada; o mezclándola con nueva era, sicología, téc-
nicas de visualización, pensamiento positivo,
‘pseudociencia’ y otras influencias tóxicas. Evite grupos
que promueven doctrinas raras o se enfocan en enseñan-
zas que no edifican.
Pablo escribió:
“Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomenda-
do, y evita las palabrerías vacías y profanas, y las
objeciones de lo que falsamente se llama cien-
141
cia.” I Timoteo 6:20
“Evita controversias necias, genealogías, contien-
das y discusiones acerca de la ley, porque son sin
provecho y sin valor.” Timoteo 3:9
Busque una congregación donde el amor a Dios; y el amor
de Dios son evidentes. Una congregación donde el poder
del Espíritu Santo se manifiesta a través de vidas cambia-
das, una congregación que manifiesta el fruto del Espíritu.
Una congregación donde el celebrado es Jesús, más que
los dones que el Espíritu nos da. Una congregación donde
el énfasis no es la prosperidad material, sino la piedad, y
glorificar a Cristo. Una congregación que evalúa todo a la
luz de las Escrituras, honrándola por encima de las tradicio-
nes de hombres. Una congregación de oración. Una con-
gregación donde los dones y la obra del Espíritu Santo se
hacen presentes.
Le invito pues a buscar y pertenecer a una de ellas. Y si en
su pueblo, villa o ciudad no la hay, pídale a Dios que levan-
te una; recordando mientras tanto las palabras del Señor
Jesús, quien dijo: “Donde están dos o tres reunidos en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mateo 18:20
Cuando integre una congregación local; no sólo piense qué
puede recibir ahí. Apóyela y sirva al cuerpo de Cristo con
los dones que Dios le ha dado, recordando las palabras de
Pablo en Filipenses 2:3-4 “Nada hagáis por egoísmo o por
vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de voso-
142
tros considere al otro como más importante que a sí mis-
mo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más
bien los intereses de los demás.”
Dios permita, y este sea su anhelo, que un día pueda decir
como Pablo:
“He peleado la buena batalla, he terminado la
carrera, he guardado la fe. En el futuro me está
reservada la corona de justicia que el Señor, el
Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a
mí, sino también a todos los que aman su veni-
da.” II Timoteo 4:7-8
Un día “cada uno recibirá su propia recompensa conforme
a su propia labor.” I Corintios 3:8
Esforcémonos para que un día podamos oír de la boca del
Señor:"Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, so-
bre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor." Mateo
25:21. Si usted está sobre la Roca; sirviéndole fielmente en
su iglesia, guiado por la palabra de Dios y el Espíritu Santo;
así será.
143
“Por tanto, así dice el Señor Dios: He aquí,
pongo por fundamento en Sion una piedra,
una piedra probada, angular, preciosa, fun-
damental, bien colocada. El que crea en ella
no será perturbado.”
Isaias 28:16
“Conforme a la gracia de Dios que me fue
dada, yo, como sabio arquitecto, puse el
fundamento, y otro edifica sobre él. Pero
cada uno tenga cuidado cómo edifica enci-
ma.
Pues nadie puede poner otro fundamento
que el que ya está puesto, el cual es Jesucris-
to.”
I Corintios 3:10-11
144
“Por tanto, cualquiera que oye estas
palabras mías y las pone en práctica, será
semejante a un hombre sabio que edificó
su casa sobre la roca;
y cayó la lluvia, vinieron los torrentes,
soplaron los vientos y azotaron aquella
casa; pero no se cayó, porque había sido
fundada sobre la roca.
Y todo el que oye estas palabras mías y no
las pone en práctica, será semejante a un
hombre insensato que edificó su casa sobre
la arena;
y cayó la lluvia, vinieron los torrentes,
soplaron los vientos y azotaron aquella
casa; y cayó, y grande fue su destrucción. “
Mateo 7:24-27
145
“Alma mía, espera en silencio solamente en Di-
os, pues de Él viene mi esperanza.
Sólo Él es mi roca y mi salvación, mi refugio,
nunca seré sacudido.
En Dios descansan mi salvación y mi gloria; la
roca de mi fortaleza, mi refugio, está en Dios.
Confiad en Él en todo tiempo, oh pueblo; der-
ramad vuestro corazón delante de Él; Dios es
nuestro refugio. “
Salmo 62:5-8
“Juan le dijo: Maestro, vimos a uno echando fu-
era demonios en tu nombre, y tratamos de
impedírselo, porque no nos seguía.
Pero Jesús dijo: No se lo impidáis, porque no
hay nadie que haga un milagro en mi nombre, y
que pueda enseguida hablar mal de mí.
Pues el que no está contra nosotros, por no-
sotros está.”
Marcos 9:38-40
146
“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros, que en
otro tiempo estabais lejos, habéis sido acerca-
dos por la sangre de Cristo.
Porque Él mismo es nuestra paz...
porque por medio de Él los unos y los otros
tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo
Espíritu.
Así pues, ya no sois extranjeros ni advenedizos,
sino que sois conciudadanos de los santos y sois
de la familia de Dios,
edificados sobre el fundamento de los apóstoles
y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra
angular,
en quien todo el edificio, bien ajustado, va
creciendo para ser un templo santo en el Señor,
en quien también vosotros sois juntamente
edificados para morada de Dios en el Espíritu.”
Efesios 2:13-22
147
“¡La Roca!
Su obra es perfecta,
porque todos sus caminos son justos;
Dios de fidelidad y sin injusticia,
justo y recto es Él.”
Deuteronomio 32:4
———————
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la
vida; nadie viene al Padre sino por mí.”
Juan 14:6
———————
“Pues, ¿quién es Dios, fuera del Señor?
¿Y quién es roca, sino sólo nuestro Dios”
Salmo 18:31
148
Otros Materiales de Edificación
Otras obras producidas por la organización El Verbo Para
Latino América (The Word For Latin America):
Creados a la Imagen de Dios (CD-Audio, y Folleto)
El Hombre: Su Origen y Destino (Libro)
Reflexiones Sobre El Hijo de Dios (Folleto)
Celebremos la Semana Santa… como le agrada a
Dios (Folleto)
Encuentro con Jesús (CD-Audio)
El Consejo Precioso de Dios (Libro)
Para mayor información o para obtener copias de este libro
escribir a:
El Verbo Para Latino América
P.O. Box 1002
Orange, CA 92856
Teléfono: (714) 285-1190
Página Web: [Link]
El Verbo Para Latino América es una organización cristiana
sin fines de lucro financiero, dedicada a compartir a Cristo
en el mundo hispano.